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1. A modo de introducción
Las causas de la Gran Revolución Francesa
según los historiadores
El autor intenta analizar
que "aún cuando todos los historiadores
reconocen unánimemente un mismo hecho y
su importancia, cada uno de ellos lo presenta
y lo explica a su manera. Se descubren divergencias
esenciales entre los historiadores, no sólo
en la explicación y la interpretación
del hecho histórico, sino también
en la descripción y selección de
los elementos que lo constituyen". En este
caso se analiza la revolución francesa.
De esta manera, los historiadores pueden elaborar
distintas visiones, e incluso a veces contradictorias,
de un mismo y único hecho histórico.
Schaff se pregunta "¿por qué?".
Después de explicar porqué seleccionó
la revolución Francesa como tema (pág
11), explica que solo va a limitarse al problema
de las causas de la Revolución Francesa,
pero sólo sus causas económicas,
y sólo autores franceses.
El autor va a seguir un
orden cronológico, empezando por los autores
contemporáneos a la Revolución.
Aclara que éstos tienen la desventaja de
poseer menor cantidad de fuentes que los que les
siguen, que no pueden ser desligados de la implicación
directa en los hechos, y que "en aquel tiempo
la historia no era aún una ciencia cultivada".
Lo que se propone analizar son "las obras
escritas por hombres que tienen la intención
de trasmitir la verdad objetiva están convencidos
de haberla captado realmente", y no las mentiras
deliberadas (aunque reconoce que también
tienen su utilidad), porque lo que se intenta
analizar es "la deformación del conocimiento
histórico que se produce más allá
de la conciencia del historiador, a pesar de sus
intenciones y aspiraciones". (pág
13).
Comienza con los adversarios
decididos de la Revolución (R). Según
el cura Barruel, "La R fue el resultado de
un complot internacional de los jacobinos"
(el detalle del texto está en la pág
14). Según Schaff esta mirada aparece como
una víctima de la "violencia de las
pasiones" que podría haber sido considerada
como una muestra "del odio ciego de las clases
políticas dominantes a la R". Sin
embargo, Louis Blanc, "desprovisto de odio,
y en un tono objetivo, intenta demostrar que la
R fue obra de una conspiración preparada
por una secta secreta (la francmasonería)".
Aquí puede verse la importancia de la "qué
es lo que se acepta como tal en algunos casos
y se rechaza en otros" (pág 15).
Un tercer autor, Joseph de Maestre cree que la
causa única de la R es la voluntad de Dios.
Así, donde Barruel ve una conspiración
concertada por la acción humana, De Maestre
ve cómo los hombres actúan más
allá de sus intenciones, involuntariamente,
sólo respondiendo a la voluntad divina.
Schaff afirma que el único valor de estas
obras es reflejar el clima de la época.
Historiadores liberales
contemporáneos a la R
Joseph Barnave era un político de la época
partidario de la monarquía constitucional.
Es considerado por algunos, como un precursor
del materialismo histórico de Marx. Plantea
que la "Revolución Francesa (RF) debe
ser analizada en el contexto de la evolución
de los sistemas europeos de la época, y
no como el producto de acciones fortuitas, sino
como el resultado de una necesidad histórica"
(destacado mío) Pág 19. Argumenta
además que "las formas de gobierno
de los hombres dependen de las condiciones sociales
y que, por consiguiente, las primeras cambian
en función de las segundas" [¡igual
que Marx!]. Pág 20.
Luego Barnave analiza la génesis de la
propiedad privada, según él causa
de la desigualdad entre los hombres: la propiedad
de las tierras dio poder a la aristocracia, la
propiedad industrial dio poder al pueblo, y lo
liberó. En sus propias palabras: "En
los pequeños estados (el pueblo) tendrá
tal fuerza que en algunas ocasiones llegará
a adueñarse del gobierno. Una nueva aristocracia,
una especie de aristocracia burguesa y comerciante,
podrá elevarse gracias a este nuevo género
de riquezas".
Por lo tanto, este historiador analiza el problema
estableciendo una cierta jerarquía entre
las causas de la R. La primera es "la transformación
de las relaciones existentes entre las clases
sociales: la expansión de la industria
y del comercio enriqueció a al sector laborioso
del pueblo y arruinó a los grandes terratenientes".
La segunda causa es la debilidad del poder real:
la débil personalidad del rey hizo que
respaldara a la decadente aristocracia en contra
de la creciente y pujante burguesía (que
representaba la única posibilidad de superar
la crisis), pág 22-23.
Schaff cree que Bernave "capta los acontecimientos
en la perspectiva de la burguesía (pero)
no distingue ningún otro problema o conflicto
social, excepto el de la burguesía con
la aristocracia y la monarquía. Y, en particular,
ignora la importancia de los restantes elementos
que constituyen el pueblo: los campesinos y los
obreros de las manufacturas". Así,
el problema d e a miseria provocada por las malas
cosechas en las capas bajas, escapa por completo
a su análisis. Parecería ser que
su posición de clase (él es burgués
y portavoz de sus problemas) condiciona la visión
histórica. Sin embargo, el siguiente ejemplo
nos demuestra que no siempre esto debe ser así.
Madame de Staël, hija del célebre
Necker, aristócrata, escribió: la
RF "ha sido una necesidad y no un efecto
del azar. Las causas deben buscarse en el descontento
de todas las clases de la sociedad de la época:
aristocracia, clero, pueblo. Sin embargo, la causa
profunda de la R procede del cambio operado en
la situación de la burguesía".
Y para esta madame, el poderío de la burguesía
reside en las finanzas. Pero, "la R fue provocada
no sólo por la transformación de
la posición social de la nueva clase, sino
también por la miseria del campesino que
se venía a agregar a la arbitrariedad del
poder". Aquí aparece la miseria del
pueblo como una causa de la R y de su violencia.
Describe la miseria campesina en la página
26, y dice que "la causa (de la miseria campesina)
es el peso de las cargas fiscales que han caído
exclusivamente sobre el pueblo".
El análisis de clase
caracteriza a los historiadores de la Restauración
(período posterior a la RF). Schaff toma
a Laponneray como ejemplo.
El mencionado historiador se propone, según
Schaff, "establecer los hechos reales, exentos
de las deformaciones y prejuicios que lastran
a la mayor parte de los historiadores (y propone
que) las causas profundas de la R residen en el
proceso histórico y en el proceso de las
ideas (y que) las causas concretas de la R deben
buscarse en las contradicciones existentes entre
las clases de la sociedad francesa". Schaff
lo cita largamente en las páginas 28 y
29 y lo compara con el pensamiento de Voltaire
y Rousseau.
Laponneray ve en la crisis financiera y económica
de la época, las causas directas de la
RF; pero en un análisis novedoso para esos
tiempos, profundizando en la búsqueda de
las causas de la R, añade a la lucha de
clases, su expresión ideológica:
la filosofía de la Ilustración.
Fue totalmente innovador en su época, y
desde entonces, no dejó de mencionarse
en los estudios históricos sobre el tema.
Hasta aquí, podemos considerar, afirma
Schaff, que, excepto Laponneray, la labor de estos
historiadores tiene más valor como contexto
de la época que desde un punto de vista
historiográfico. Para ello, hay que llegarse
hasta la mitad del siglo XIX, cuando se inicia
una gran controversia alrededor de las causas
económicas de la R.
A continuación se analizan las obras de
Jules Michelet, Historia de la Revolución,
de 1847, y la de Alexis de Tocqueville, el Antiguo
Régimen y la Revolución, de 1856.
"Para Michelet las causas de la RF son múltiples"
(Schaff lo cita en extenso en las páginas
31-32). "Michelet no recoge la tesis de los
historiadores de la restauración sobre
las contradicciones de clase (y) se esfuma el
papel de la burguesía en la abolición
del régimen feudal. A otros tiempos, otras
preocupaciones y necesidades". Se recupera
el tema de la miseria del pueblo como causa principal
de la R.
Tocqueville, casi al mismo tiempo, presenta una
tesis diametralmente opuesta a la de Michelet:
"la RF no tuvo por causa la miseria, sino
por el contrario el desarrollo económico
del país, desarrollo en el que participó
y se benefició también el campesinado,
y la extensión de las libertades políticas.
Tocqueville documenta y argumenta con rigor esta
tesis que a primera vista sorprende".
Con el paso del tiempo, esta polémica se
profundiza con mayor cantidad de argumentos y
de documentación. A fines del siglo XIX,
Taine se enfrenta a Jaurès, y en el siglo
XX, Labrousse a Mathiez.
El argumento de Tocqueville es presentado por
Schaff en las páginas 34-39. Lo más
destacado es que, según Tocqueville, en
la Francia prerrevolucionaria existía una
"mejor situación económica
y política en la cual los residuos del
feudalismo se hacían cada vez más
agobiantes". Este autor afirma que en Francia
el campesino contaban con libertades que en otros
lugares de Europa (menciona a Alemania) aún
no se disfrutaban: "el campesino francés
se había convertido en propietario territorial
(y) se había escapado por completo al gobierno
de su señor". Y aclara que no se refiere
a casos individuales (pues seguramente no todos
tenían esta posibilidad), sino a las clases,
"sólo ellas deben ocupar la historia".
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII,
se produce en Francia una rápida expansión
económica. Pero junto con esta prosperidad,
crecen también "el descontento y el
odio hacia las antiguas instituciones. La R madura
en las regiones del país en donde el bienestar
es más manifiesto". ¿Por qué
ocurre esto? Porque cuando comienza a desarrollarse
por toda Europa "un movimiento dirigido contra
el feudalismo, este movimiento era mucho más
fuerte en Francia puesto que la rápida
expansión económica del país
y la extensión de las libertades hacían
más evidentes las trabas y las cargas ligadas
a la supervivencia del sistema feudal".
Sin embargo, el aspecto de la situación
campesina, no le hacen perder de vista a Tocqueville
la causas directa de la R: las dificultades financieras
del gobierno que lanzaron a las capas más
conservadoras a la R. "Los rentistas, los
comerciantes, los industriales, y otros negociantes
u hombres acaudalados
solicitaban una R
completa en todo el sistema financiero, sin pensar
que al mover profundamente esta parte del gobierno
se iba a caer todo el resto".
Veinte años después,
la Comuna de París (1870-71) marca una
nueva época en la historia de Francia.
Ahora la perspectiva es otra.
Hippoliyte Taine en 1875 recupera el tema de la
miseria. Examina la correspondencia administrativa
de los treinta años anteriores a la R y
descubre una miseria espantosa, un sufrimiento
excesivo, una vida visiblemente precaria para
el pueblo, campesino, artesano u obrero. Confirma
la tesis de Tocqueville de que el campesino se
había convertido en propietario territorial,
pero no descarta su propia tesis de que la miseria
fue la causa de la R. Y aúna ambas teorías:
"Cuando el hombre es miserable, se amarga;
pero cuando es simultáneamente propietario
y miserable, se amarga mucho más. Se puede
resignar a la indigencia, pero no a la expoliación;
y ésta era la situación del campesino
en 1789, puesto que, durante todo el siglo XVIII,
había adquirido tierras (y) al adquirir
tierras, el campesino asume las cargas correspondientes.
Mientras era un simple jornalero y sólo
disponía de sus brazos, el impuesto solamente
lo afectaba a medias
ahora, por más
pobre que sea y se diga, el fisco hace mella en
él de acuerdo con toda la extensión
de su nueva propiedad".
En este punto, Schaff nos recuerda que sólo
estamos tratando las causas económicas
de la R. Al respecto Taine dice: la miseria del
pueblo.
La oposición en este caso, llega por parte
de Jean Jaurès; dice que la causa de la
R no fue la miseria "sino el fortalecimiento
del poderío del tercer estado tras un rápido
auge económico". Jaurès y Mathiez
coinciden en que "para que estalle una R
no es condición suficiente la opresión
de las clases que emprenden la lucha, sino que
es necesario también que estas clases dispongan
de un mínimo de fuerzas y medios".
Así, dice Schaff, la causa de la R para
Jaurès fue "el crecimiento de la fuerza
de la burguesía, que por ello, aspiraba
a conquistar el poder". Por lo tanto las
causas de la R eran mucho más profundas
que la crisis financiera, se trataba de una lucha
de clases.
Jaurès critica duramente a Taine por desconocer
el papel de la burguesía en la R, y por
pensar que "las puras teorías filosóficas
pudieran perturbar y sublevar a todo un pueblo";
y lo manda a
leer a Marx (página
44).
Schaff destaca que tanto Jaurès como Taine
mencionan el papel de la ideología, pero
lo hacen desde miradas distintas. Mientras que
para Taine "la filosofía de la Ilustración
tenía un carácter abstracto",
para Jaurès "constituye un instrumento
de la conciencia de clase de la burguesía".
Para Jaurès, son los rentistas "amenazados
por el espectro de la quiebra financiera del Estado,
los que favorecen la búsqueda de un orden
social nuevo capaz de garantizar sus derechos".
Y menciona las causas del enriquecimiento de la
burguesía (página 45).
Schaff nos llama la atención sobre el hecho
que en su intento de defender "la tesis de
la prosperidad en vísperas de la R (Jaurès)
no plantea los problemas de paros, ni de alza
de precios". Mientras sí se preocupa
por señalar que la clase obrera aún
no se hallaba desarrollada.
Luego remarca los adelantos que la agricultura
experimentó antes de la R, y los explica
por la participación del capital en la
actividad agraria. Todo bajo documentación
y fuentes concretas. Pero, se pregunta Schaff,
"¿cuál era en esa época
la situación del pueblo trabajador del
campo?". Jaurès no se preocupa demasiado
por ello y afirma: "Un vibrante entusiasmo
responde, desde todos los rincones de la Francia
rural, a los primeros actos de la R". Pero
entonces, lo que Jaurès intenta demostrar
(y lo consigue), el auge rápido de la agricultura
en esta época, no "proporciona ningún
dato sobre las causas económicas concretas
del descontento de los campesinos trabajadores".
Si lo explicarán, dice Schaff, otros historiadores
que abordaremos más adelante.
Frank Funck Brentano estudia
con mayor detalle el problema del campesinado
francés a fines del siglo XVIII, y completa
el vacío dejado por Jaurès.
Brentano postula que "en el siglo XVIII la
agricultura se desarrolla, y la situación
económica del trabajador del campo también
es buena; si los historiadores hablan de miseria,
se debe a que exageran o no han comprendido las
realidades históricas de las realidades
existentes en dicha época en el campo (el
destacado es mío)". ¡Qué
contraste con los escritos de Madame de Staël,
Michelet, y Taine!, se sorprende Schaff [y yo
también].
Brentano realiza una hábil confrontación
de fuentes. Taine había basado su argumentación
en una fuente literaria que hablaba de la miseria
campesina de la Francia prerrevolucionaria. Brentano
le opone otra fuente, también literaria,
de la misma época, "que describe una
boda aldeana como un cuadro idílico".
Concluye que "si se quiere juzgar la realidad,
no hay que dejarse influir por las descripciones
literarias".
Recurre, entonces, a otras fuentes; a testimonios
de gente de la época. Y llega a la conclusión
de que "en la segunda mitad del siglo XVIII
el campo francés se desarrolla y prospera
(
) los campesinos adquieren tierras en todo
el país: existe una auténtica pasión
por poseer. Las tierras se pagan más de
lo que valen [como actualmente en Bariloche]".
Se produce toda una modernización en el
seno del campo francés. Por lo tanto, no
se percibe que "el campo estuvo, siempre
y en todas partes, castigado por conflictos y
la miseria que (se) lanzan a la revuelta".
Sin embargo, luego, Brentano señala dos
cuestiones: una, el azote de las malas cosechas
(potenciadas por las limitaciones de la época
en los trasportes, las aduanas interiores, y la
prohibición de almacenamiento); dos, la
división de las tierras frenaba el progreso
en la agricultura.
Por lo tanto su conclusión es que "el
desarrollo de la agricultura y las condiciones
de vida en el campo (y en la ciudad) eran satisfactorias"
en los veinte años que preceden a la R.
Sin embargo queda algo sin explicar que aparece
en los documentos: una gran cantidad de vagabundos,
ladrones y saqueadores que pululan por el campo;
"de dónde venían? Sise rechaza
la hipótesis de la miseria, ¿cuál
era, pues, la causa de esta plaga social? ¿Este
fenómeno se experimenta solamente durante
los años de mala cosecha, en especial en
1784 y 1789?".
Henri Sée llega a conclusiones semejantes,
y afirma que las revueltas campesinas, inexistentes
desde hacía un largo tiempo, estallan recién
después de la toma de la Bastilla. Geoges
Lefebvre, por su parte, apoya la tesis del desarrollo
agrícola y habla del carácter autónomo
de la R campesina en oposición a los intereses
de la aristocracia y la burguesía. Finalmente,
Pierre Gaxottes, agrega que la pobre apariencia
campesina puede deberse a que servía para
defenderse del sistema tributario vigente.
Schaff nos convoca a volver
a la discusión principal [¡qué
suerte!], que ya en nuestra época [la de
Schaff], mantienen Albert Mathiez y Georges Lefebvre,
por un lado, y Labrousse, por otra.
Albert Mathiez sigue la propuesta de Jaurès:
"la R estallará, no en un país
exhausto, sino en un país floreciente,
en plena expansión. La miseria no puede
generar grandes R, éstas naces siempre
del desequilibrio de clases". Menciona el
crecimiento de la burguesía en detrimento
de las clases privilegiadas. Además, agrega
que "la R sólo podía venir
desde arriba. El pueblo trabajador, cuyo limitado
horizonte no superaba su profesión, era
incapaz de tomar la iniciativa, y, con más
razón aún, de asumir su dirección".
Corrobora esta teoría con los datos del
crecimiento económico de la burguesía
(pág 55). Por lo tanto, dice que "la
R no fue originada por la miseria, a pesar de
que la crisis financiera condujera a la convocatoria
de los Estados Generales y al desencadenamiento
de la primera fase de la R: la R nobiliaria. El
déficit presupuestario era consecuencia
del mal funcionamiento del Estado, en una sociedad
en plena expansión".
Luego menciona la crisis económica y el
paro subsiguiente, las cosechas desastrosas de
1788 y el aumento del precio del pan, pero dentro
de un contexto prerrevolucionario global (pág
56-57).
Georges Lefebvre coincide
con Mathiez, pero sus ideas están más
matizadas. "la R no fue por causa la miseria,
sino las luchas de clases en relación con
un desarrollo económico que favorecía
el amuleto de poder de las nuevas clases".
Asegura que toda Europa se enriqueció durante
el siglo XVIII, y especialmente Francia. Y justamente,
este "enriquecimiento explica el optimismo,
cuya expresión intelectual fue la idea
de progreso, que alentaba a los hombres de esta
época a emprender con confiada audacia
las reformas que las transformaciones concomitantes
de la sociedad y de la mentalidad parecían
exigir".
Por otro lado, afirma que el campesinado francés
también se benefició con este crecimiento;
sin embargo, no ocurrió lo mismo con el
proletariado urbano y rural que permanecía
al margen de la sociedad y que vivía en
"una condición cada vez más
miserable que empeoraba en los años de
malas cosechas y paro (esta situación)
engendraba el vagabundeo que degeneraba en bandolerismo
pululaba la gente errante a la búsqueda
de trabajo
una mala cosecha y la infalible
crisis industrial consiguiente propagaban el mal".
Entonces, Schaff dice que a partir de esta argumentación,
la tesis sobre el desarrollo económico
del país, sufre una modificación
importante: un 20% de la población francesa
queda al margen de ese crecimiento.
Para Lefebvre, son varias las causas de la R:
la más importante es la lucha de clases
entre la monarquía, la aristocracia y la
burguesía (los nobles iniciaron la R, pero
luego fue continuada y profundizada por la burguesía).
Pero la causa directa fue la crisis económica
que produjo un aumento exorbitante del pan y un
agravamiento del paro. Entonces Lefebvre nos dice
que: "conviene no engañarse sobre
el alcance social del enriquecimiento provocado
por los progresos en la economía";
Jaurès destacó el crecimiento económico
para explicar el crecimiento de la burguesía,
"y de esta manera se objeta razonadamente
a Michelet que la R surgió en una sociedad
en plena expansión". No obstante,
esta expansión no afectó a todos
por igual, "de modo que el trabajo nacional
no sacaba de ello el provecho que se imagina",
y los beneficios que percibían los grandes
propietarios y los burgueses de las alzas de larga
duración, no se reflejaban en los salarios
de la clase trabajadora, que se devaluaban proporcionalmente.
"Como se sabe, durante la década que
precedió a la R, la producción se
desequilibró y debilitó y parece
cierto que la existencia de las masas fue haciéndose
paulatinamente más difícil, hasta
que finalmente la carestía los aplastó".
Esta conclusión, dice Schaff, "ya
no apoya de modo total la teoría de Tocqueville
y Jaurès sobre la prosperidad que reinaba
en Francia en vísperas de la R".
Schaff nos dice que C.
E. Labrousse "analiza las causas de la R
partiendo de dos cuestiones económicas
concretas: el movimiento de los precios y los
ingresos en Francia en el siglo XVIII y la crisis
económica en vísperas de la R".
Estos dos estudios "son los primeros que
se emprenden con tal amplitud y a la vez con tal
deseo de rigor que se convierten de este modo
en un nuevo hecho histórico (en el sentido
de hecho científico)". Apoyándose
en una "documentación abundante y
precisa (confirma) que de 1726 a 1789, los precios
habían aumentado un 62%, y los salarios,
menos de un 26%".
A partir de estos datos, Labrousse afirma que
la causa directa de la R es "la grave crisis
económica de 1788-1789 y sus efectos fueron
el alza de precios y el paro". "Súbita,
violenta, general, la crisis agrícola de
subproducción estalla en un país
afectado ya por una grave crisis industrial".
Pero Schaff se pregunta: "¿qué
relación puede establecerse entre este
fenómeno y los acontecimientos políticos?".
Lo describe este mismo autor: "En vísperas
de la R, los precios (y los impuestos) no cesan
de aumentar; crecen los ingresos de unos mientras
disminuyen los de otros; se extiende el paro.
Ya no se trata de prosperidad sino, por el contrario,
de miseria para las masas populares". Más
detalles en las páginas 62-65.
De esta manera, Labrousse se opone a Mathiez y
Lefebvre, ya que en su argumento la miseria de
las masas populares es el origen de la R. En este
sentido, se alinea con Michelet y Taine, "pero
simultáneamente formula reservas que precisan
más puntos de vista y proyectan más
claridad sobre el mismo problema". Una: durante
el siglo XVIII, la economía creció,
pero muy irregularmente, con flujos y reflujos.
Dos: Las R nacen "del retroceso del beneficio
y del salario, del malestar industrial, del artesano,
del colono, del propietario explotador y de la
miseria del obrero, del asalariado. Una coyuntura
desfavorable reúne e una oposición
común a la burguesía y al proletariado.
A continuación Schaff
nos muestra "cómo dos tesis que a
primera vista son contradictorias, pueden, por
el contrario, ser consideradas como complementarias:
la expansión económica caracteriza
ciertamente al siglo XVIII en su conjunto, pero
el período que precede directamente a la
R está marcado por una crisis y, por consiguiente,
por la miseria". De esta manera, ambas posiciones
son válidas: tanto "las que la causa
de la R en el desarrollo económico y en
el fortalecimiento de clase de la burguesía
(como las que) consideran a la miseria como el
impulso inmediato
todo depende de cómo
unos y otros formulan y desarrollan sus tesis
respectivas". Pero, afirma Schaff, en el
caso de la RF, "la verdad histórica
es mucho más compleja que una simple reducción
de las causas de la R a la miseria o a la prosperidad".
"No nos proponemos establecer quién
tiene razón en esta discusión, o
en qué medida y en qué sentido puede
darse razón más a uno que a otro".
Lo que se somete a estudio y reflexión
es el hecho de "la diversidad y de la variabilidad,
es decir, de la incompatibilidad de los puntos
de vista de los historiadores que potencialmente
disponen de las mismas fuentes y subjetivamente
aspiran a la verdad".
En las páginas 68-70, Schaff resume el
eje de la argumentación de todos los autores
tratados, para que podamos comparar sus discursos.
A continuación, se hace una pregunta, "¿es
posible la verdad objetiva en la ciencia de la
historia? Pero no la responde [aunque todos nosotros
a esta altura de la carrera, ya sabemos que la
respuesta es negativa] porque para él,
"esta cuestión aparentemente simple
encubre toda una serie de nuevas preguntas (pág
70)", que le servirán como punto de
partida para los análisis que va a desarrollar
a lo largo de la presente obra [de la cual nosotros
sólo tenemos la introducción].
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