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Adam Schaff : Historia y verdad by Pukas

1. A modo de introducción
Las causas de la Gran Revolución Francesa según los historiadores

El autor intenta analizar que "aún cuando todos los historiadores reconocen unánimemente un mismo hecho y su importancia, cada uno de ellos lo presenta y lo explica a su manera. Se descubren divergencias esenciales entre los historiadores, no sólo en la explicación y la interpretación del hecho histórico, sino también en la descripción y selección de los elementos que lo constituyen". En este caso se analiza la revolución francesa.
De esta manera, los historiadores pueden elaborar distintas visiones, e incluso a veces contradictorias, de un mismo y único hecho histórico. Schaff se pregunta "¿por qué?".
Después de explicar porqué seleccionó la revolución Francesa como tema (pág 11), explica que solo va a limitarse al problema de las causas de la Revolución Francesa, pero sólo sus causas económicas, y sólo autores franceses.

El autor va a seguir un orden cronológico, empezando por los autores contemporáneos a la Revolución. Aclara que éstos tienen la desventaja de poseer menor cantidad de fuentes que los que les siguen, que no pueden ser desligados de la implicación directa en los hechos, y que "en aquel tiempo la historia no era aún una ciencia cultivada".
Lo que se propone analizar son "las obras escritas por hombres que tienen la intención de trasmitir la verdad objetiva están convencidos de haberla captado realmente", y no las mentiras deliberadas (aunque reconoce que también tienen su utilidad), porque lo que se intenta analizar es "la deformación del conocimiento histórico que se produce más allá de la conciencia del historiador, a pesar de sus intenciones y aspiraciones". (pág 13).

Comienza con los adversarios decididos de la Revolución (R). Según el cura Barruel, "La R fue el resultado de un complot internacional de los jacobinos" (el detalle del texto está en la pág 14). Según Schaff esta mirada aparece como una víctima de la "violencia de las pasiones" que podría haber sido considerada como una muestra "del odio ciego de las clases políticas dominantes a la R". Sin embargo, Louis Blanc, "desprovisto de odio, y en un tono objetivo, intenta demostrar que la R fue obra de una conspiración preparada por una secta secreta (la francmasonería)".
Aquí puede verse la importancia de la "qué es lo que se acepta como tal en algunos casos y se rechaza en otros" (pág 15).
Un tercer autor, Joseph de Maestre cree que la causa única de la R es la voluntad de Dios. Así, donde Barruel ve una conspiración concertada por la acción humana, De Maestre ve cómo los hombres actúan más allá de sus intenciones, involuntariamente, sólo respondiendo a la voluntad divina.
Schaff afirma que el único valor de estas obras es reflejar el clima de la época.

Historiadores liberales contemporáneos a la R
Joseph Barnave era un político de la época partidario de la monarquía constitucional. Es considerado por algunos, como un precursor del materialismo histórico de Marx. Plantea que la "Revolución Francesa (RF) debe ser analizada en el contexto de la evolución de los sistemas europeos de la época, y no como el producto de acciones fortuitas, sino como el resultado de una necesidad histórica" (destacado mío) Pág 19. Argumenta además que "las formas de gobierno de los hombres dependen de las condiciones sociales y que, por consiguiente, las primeras cambian en función de las segundas" [¡igual que Marx!]. Pág 20.
Luego Barnave analiza la génesis de la propiedad privada, según él causa de la desigualdad entre los hombres: la propiedad de las tierras dio poder a la aristocracia, la propiedad industrial dio poder al pueblo, y lo liberó. En sus propias palabras: "En los pequeños estados (el pueblo) tendrá tal fuerza que en algunas ocasiones llegará a adueñarse del gobierno. Una nueva aristocracia, una especie de aristocracia burguesa y comerciante, podrá elevarse gracias a este nuevo género de riquezas".
Por lo tanto, este historiador analiza el problema estableciendo una cierta jerarquía entre las causas de la R. La primera es "la transformación de las relaciones existentes entre las clases sociales: la expansión de la industria y del comercio enriqueció a al sector laborioso del pueblo y arruinó a los grandes terratenientes". La segunda causa es la debilidad del poder real: la débil personalidad del rey hizo que respaldara a la decadente aristocracia en contra de la creciente y pujante burguesía (que representaba la única posibilidad de superar la crisis), pág 22-23.
Schaff cree que Bernave "capta los acontecimientos en la perspectiva de la burguesía (pero) no distingue ningún otro problema o conflicto social, excepto el de la burguesía con la aristocracia y la monarquía. Y, en particular, ignora la importancia de los restantes elementos que constituyen el pueblo: los campesinos y los obreros de las manufacturas". Así, el problema d e a miseria provocada por las malas cosechas en las capas bajas, escapa por completo a su análisis. Parecería ser que su posición de clase (él es burgués y portavoz de sus problemas) condiciona la visión histórica. Sin embargo, el siguiente ejemplo nos demuestra que no siempre esto debe ser así.
Madame de Staël, hija del célebre Necker, aristócrata, escribió: la RF "ha sido una necesidad y no un efecto del azar. Las causas deben buscarse en el descontento de todas las clases de la sociedad de la época: aristocracia, clero, pueblo. Sin embargo, la causa profunda de la R procede del cambio operado en la situación de la burguesía". Y para esta madame, el poderío de la burguesía reside en las finanzas. Pero, "la R fue provocada no sólo por la transformación de la posición social de la nueva clase, sino también por la miseria del campesino que se venía a agregar a la arbitrariedad del poder". Aquí aparece la miseria del pueblo como una causa de la R y de su violencia. Describe la miseria campesina en la página 26, y dice que "la causa (de la miseria campesina) es el peso de las cargas fiscales que han caído exclusivamente sobre el pueblo".

El análisis de clase caracteriza a los historiadores de la Restauración (período posterior a la RF). Schaff toma a Laponneray como ejemplo.
El mencionado historiador se propone, según Schaff, "establecer los hechos reales, exentos de las deformaciones y prejuicios que lastran a la mayor parte de los historiadores (y propone que) las causas profundas de la R residen en el proceso histórico y en el proceso de las ideas (y que) las causas concretas de la R deben buscarse en las contradicciones existentes entre las clases de la sociedad francesa". Schaff lo cita largamente en las páginas 28 y 29 y lo compara con el pensamiento de Voltaire y Rousseau.
Laponneray ve en la crisis financiera y económica de la época, las causas directas de la RF; pero en un análisis novedoso para esos tiempos, profundizando en la búsqueda de las causas de la R, añade a la lucha de clases, su expresión ideológica: la filosofía de la Ilustración. Fue totalmente innovador en su época, y desde entonces, no dejó de mencionarse en los estudios históricos sobre el tema.
Hasta aquí, podemos considerar, afirma Schaff, que, excepto Laponneray, la labor de estos historiadores tiene más valor como contexto de la época que desde un punto de vista historiográfico. Para ello, hay que llegarse hasta la mitad del siglo XIX, cuando se inicia una gran controversia alrededor de las causas económicas de la R.
A continuación se analizan las obras de Jules Michelet, Historia de la Revolución, de 1847, y la de Alexis de Tocqueville, el Antiguo Régimen y la Revolución, de 1856.
"Para Michelet las causas de la RF son múltiples" (Schaff lo cita en extenso en las páginas 31-32). "Michelet no recoge la tesis de los historiadores de la restauración sobre las contradicciones de clase (y) se esfuma el papel de la burguesía en la abolición del régimen feudal. A otros tiempos, otras preocupaciones y necesidades". Se recupera el tema de la miseria del pueblo como causa principal de la R.
Tocqueville, casi al mismo tiempo, presenta una tesis diametralmente opuesta a la de Michelet: "la RF no tuvo por causa la miseria, sino por el contrario el desarrollo económico del país, desarrollo en el que participó y se benefició también el campesinado, y la extensión de las libertades políticas. Tocqueville documenta y argumenta con rigor esta tesis que a primera vista sorprende".
Con el paso del tiempo, esta polémica se profundiza con mayor cantidad de argumentos y de documentación. A fines del siglo XIX, Taine se enfrenta a Jaurès, y en el siglo XX, Labrousse a Mathiez.
El argumento de Tocqueville es presentado por Schaff en las páginas 34-39. Lo más destacado es que, según Tocqueville, en la Francia prerrevolucionaria existía una "mejor situación económica y política en la cual los residuos del feudalismo se hacían cada vez más agobiantes". Este autor afirma que en Francia el campesino contaban con libertades que en otros lugares de Europa (menciona a Alemania) aún no se disfrutaban: "el campesino francés se había convertido en propietario territorial (y) se había escapado por completo al gobierno de su señor". Y aclara que no se refiere a casos individuales (pues seguramente no todos tenían esta posibilidad), sino a las clases, "sólo ellas deben ocupar la historia".
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, se produce en Francia una rápida expansión económica. Pero junto con esta prosperidad, crecen también "el descontento y el odio hacia las antiguas instituciones. La R madura en las regiones del país en donde el bienestar es más manifiesto". ¿Por qué ocurre esto? Porque cuando comienza a desarrollarse por toda Europa "un movimiento dirigido contra el feudalismo, este movimiento era mucho más fuerte en Francia puesto que la rápida expansión económica del país y la extensión de las libertades hacían más evidentes las trabas y las cargas ligadas a la supervivencia del sistema feudal".
Sin embargo, el aspecto de la situación campesina, no le hacen perder de vista a Tocqueville la causas directa de la R: las dificultades financieras del gobierno que lanzaron a las capas más conservadoras a la R. "Los rentistas, los comerciantes, los industriales, y otros negociantes u hombres acaudalados … solicitaban una R completa en todo el sistema financiero, sin pensar que al mover profundamente esta parte del gobierno se iba a caer todo el resto".

Veinte años después, la Comuna de París (1870-71) marca una nueva época en la historia de Francia. Ahora la perspectiva es otra.
Hippoliyte Taine en 1875 recupera el tema de la miseria. Examina la correspondencia administrativa de los treinta años anteriores a la R y descubre una miseria espantosa, un sufrimiento excesivo, una vida visiblemente precaria para el pueblo, campesino, artesano u obrero. Confirma la tesis de Tocqueville de que el campesino se había convertido en propietario territorial, pero no descarta su propia tesis de que la miseria fue la causa de la R. Y aúna ambas teorías: "Cuando el hombre es miserable, se amarga; pero cuando es simultáneamente propietario y miserable, se amarga mucho más. Se puede resignar a la indigencia, pero no a la expoliación; y ésta era la situación del campesino en 1789, puesto que, durante todo el siglo XVIII, había adquirido tierras (y) al adquirir tierras, el campesino asume las cargas correspondientes. Mientras era un simple jornalero y sólo disponía de sus brazos, el impuesto solamente lo afectaba a medias … ahora, por más pobre que sea y se diga, el fisco hace mella en él de acuerdo con toda la extensión de su nueva propiedad".
En este punto, Schaff nos recuerda que sólo estamos tratando las causas económicas de la R. Al respecto Taine dice: la miseria del pueblo.
La oposición en este caso, llega por parte de Jean Jaurès; dice que la causa de la R no fue la miseria "sino el fortalecimiento del poderío del tercer estado tras un rápido auge económico". Jaurès y Mathiez coinciden en que "para que estalle una R no es condición suficiente la opresión de las clases que emprenden la lucha, sino que es necesario también que estas clases dispongan de un mínimo de fuerzas y medios".
Así, dice Schaff, la causa de la R para Jaurès fue "el crecimiento de la fuerza de la burguesía, que por ello, aspiraba a conquistar el poder". Por lo tanto las causas de la R eran mucho más profundas que la crisis financiera, se trataba de una lucha de clases.
Jaurès critica duramente a Taine por desconocer el papel de la burguesía en la R, y por pensar que "las puras teorías filosóficas pudieran perturbar y sublevar a todo un pueblo"; y lo manda a… leer a Marx (página 44).
Schaff destaca que tanto Jaurès como Taine mencionan el papel de la ideología, pero lo hacen desde miradas distintas. Mientras que para Taine "la filosofía de la Ilustración tenía un carácter abstracto", para Jaurès "constituye un instrumento de la conciencia de clase de la burguesía".
Para Jaurès, son los rentistas "amenazados por el espectro de la quiebra financiera del Estado, los que favorecen la búsqueda de un orden social nuevo capaz de garantizar sus derechos". Y menciona las causas del enriquecimiento de la burguesía (página 45).
Schaff nos llama la atención sobre el hecho que en su intento de defender "la tesis de la prosperidad en vísperas de la R (Jaurès) no plantea los problemas de paros, ni de alza de precios". Mientras sí se preocupa por señalar que la clase obrera aún no se hallaba desarrollada.
Luego remarca los adelantos que la agricultura experimentó antes de la R, y los explica por la participación del capital en la actividad agraria. Todo bajo documentación y fuentes concretas. Pero, se pregunta Schaff, "¿cuál era en esa época la situación del pueblo trabajador del campo?". Jaurès no se preocupa demasiado por ello y afirma: "Un vibrante entusiasmo responde, desde todos los rincones de la Francia rural, a los primeros actos de la R". Pero entonces, lo que Jaurès intenta demostrar (y lo consigue), el auge rápido de la agricultura en esta época, no "proporciona ningún dato sobre las causas económicas concretas del descontento de los campesinos trabajadores". Si lo explicarán, dice Schaff, otros historiadores que abordaremos más adelante.

Frank Funck Brentano estudia con mayor detalle el problema del campesinado francés a fines del siglo XVIII, y completa el vacío dejado por Jaurès.
Brentano postula que "en el siglo XVIII la agricultura se desarrolla, y la situación económica del trabajador del campo también es buena; si los historiadores hablan de miseria, se debe a que exageran o no han comprendido las realidades históricas de las realidades existentes en dicha época en el campo (el destacado es mío)". ¡Qué contraste con los escritos de Madame de Staël, Michelet, y Taine!, se sorprende Schaff [y yo también].
Brentano realiza una hábil confrontación de fuentes. Taine había basado su argumentación en una fuente literaria que hablaba de la miseria campesina de la Francia prerrevolucionaria. Brentano le opone otra fuente, también literaria, de la misma época, "que describe una boda aldeana como un cuadro idílico". Concluye que "si se quiere juzgar la realidad, no hay que dejarse influir por las descripciones literarias".
Recurre, entonces, a otras fuentes; a testimonios de gente de la época. Y llega a la conclusión de que "en la segunda mitad del siglo XVIII el campo francés se desarrolla y prospera (…) los campesinos adquieren tierras en todo el país: existe una auténtica pasión por poseer. Las tierras se pagan más de lo que valen [como actualmente en Bariloche]". Se produce toda una modernización en el seno del campo francés. Por lo tanto, no se percibe que "el campo estuvo, siempre y en todas partes, castigado por conflictos y la miseria que (se) lanzan a la revuelta".
Sin embargo, luego, Brentano señala dos cuestiones: una, el azote de las malas cosechas (potenciadas por las limitaciones de la época en los trasportes, las aduanas interiores, y la prohibición de almacenamiento); dos, la división de las tierras frenaba el progreso en la agricultura.
Por lo tanto su conclusión es que "el desarrollo de la agricultura y las condiciones de vida en el campo (y en la ciudad) eran satisfactorias" en los veinte años que preceden a la R. Sin embargo queda algo sin explicar que aparece en los documentos: una gran cantidad de vagabundos, ladrones y saqueadores que pululan por el campo; "de dónde venían? Sise rechaza la hipótesis de la miseria, ¿cuál era, pues, la causa de esta plaga social? ¿Este fenómeno se experimenta solamente durante los años de mala cosecha, en especial en 1784 y 1789?".
Henri Sée llega a conclusiones semejantes, y afirma que las revueltas campesinas, inexistentes desde hacía un largo tiempo, estallan recién después de la toma de la Bastilla. Geoges Lefebvre, por su parte, apoya la tesis del desarrollo agrícola y habla del carácter autónomo de la R campesina en oposición a los intereses de la aristocracia y la burguesía. Finalmente, Pierre Gaxottes, agrega que la pobre apariencia campesina puede deberse a que servía para defenderse del sistema tributario vigente.

Schaff nos convoca a volver a la discusión principal [¡qué suerte!], que ya en nuestra época [la de Schaff], mantienen Albert Mathiez y Georges Lefebvre, por un lado, y Labrousse, por otra.
Albert Mathiez sigue la propuesta de Jaurès: "la R estallará, no en un país exhausto, sino en un país floreciente, en plena expansión. La miseria no puede generar grandes R, éstas naces siempre del desequilibrio de clases". Menciona el crecimiento de la burguesía en detrimento de las clases privilegiadas. Además, agrega que "la R sólo podía venir desde arriba. El pueblo trabajador, cuyo limitado horizonte no superaba su profesión, era incapaz de tomar la iniciativa, y, con más razón aún, de asumir su dirección". Corrobora esta teoría con los datos del crecimiento económico de la burguesía (pág 55). Por lo tanto, dice que "la R no fue originada por la miseria, a pesar de que la crisis financiera condujera a la convocatoria de los Estados Generales y al desencadenamiento de la primera fase de la R: la R nobiliaria. El déficit presupuestario era consecuencia del mal funcionamiento del Estado, en una sociedad en plena expansión".
Luego menciona la crisis económica y el paro subsiguiente, las cosechas desastrosas de 1788 y el aumento del precio del pan, pero dentro de un contexto prerrevolucionario global (pág 56-57).

Georges Lefebvre coincide con Mathiez, pero sus ideas están más matizadas. "la R no fue por causa la miseria, sino las luchas de clases en relación con un desarrollo económico que favorecía el amuleto de poder de las nuevas clases". Asegura que toda Europa se enriqueció durante el siglo XVIII, y especialmente Francia. Y justamente, este "enriquecimiento explica el optimismo, cuya expresión intelectual fue la idea de progreso, que alentaba a los hombres de esta época a emprender con confiada audacia las reformas que las transformaciones concomitantes de la sociedad y de la mentalidad parecían exigir".
Por otro lado, afirma que el campesinado francés también se benefició con este crecimiento; sin embargo, no ocurrió lo mismo con el proletariado urbano y rural que permanecía al margen de la sociedad y que vivía en "una condición cada vez más miserable que empeoraba en los años de malas cosechas y paro (esta situación) engendraba el vagabundeo que degeneraba en bandolerismo … pululaba la gente errante a la búsqueda de trabajo … una mala cosecha y la infalible crisis industrial consiguiente propagaban el mal".
Entonces, Schaff dice que a partir de esta argumentación, la tesis sobre el desarrollo económico del país, sufre una modificación importante: un 20% de la población francesa queda al margen de ese crecimiento.
Para Lefebvre, son varias las causas de la R: la más importante es la lucha de clases entre la monarquía, la aristocracia y la burguesía (los nobles iniciaron la R, pero luego fue continuada y profundizada por la burguesía). Pero la causa directa fue la crisis económica que produjo un aumento exorbitante del pan y un agravamiento del paro. Entonces Lefebvre nos dice que: "conviene no engañarse sobre el alcance social del enriquecimiento provocado por los progresos en la economía"; Jaurès destacó el crecimiento económico para explicar el crecimiento de la burguesía, "y de esta manera se objeta razonadamente a Michelet que la R surgió en una sociedad en plena expansión". No obstante, esta expansión no afectó a todos por igual, "de modo que el trabajo nacional no sacaba de ello el provecho que se imagina", y los beneficios que percibían los grandes propietarios y los burgueses de las alzas de larga duración, no se reflejaban en los salarios de la clase trabajadora, que se devaluaban proporcionalmente. "Como se sabe, durante la década que precedió a la R, la producción se desequilibró y debilitó y parece cierto que la existencia de las masas fue haciéndose paulatinamente más difícil, hasta que finalmente la carestía los aplastó".
Esta conclusión, dice Schaff, "ya no apoya de modo total la teoría de Tocqueville y Jaurès sobre la prosperidad que reinaba en Francia en vísperas de la R".

Schaff nos dice que C. E. Labrousse "analiza las causas de la R partiendo de dos cuestiones económicas concretas: el movimiento de los precios y los ingresos en Francia en el siglo XVIII y la crisis económica en vísperas de la R". Estos dos estudios "son los primeros que se emprenden con tal amplitud y a la vez con tal deseo de rigor que se convierten de este modo en un nuevo hecho histórico (en el sentido de hecho científico)". Apoyándose en una "documentación abundante y precisa (confirma) que de 1726 a 1789, los precios habían aumentado un 62%, y los salarios, menos de un 26%".
A partir de estos datos, Labrousse afirma que la causa directa de la R es "la grave crisis económica de 1788-1789 y sus efectos fueron el alza de precios y el paro". "Súbita, violenta, general, la crisis agrícola de subproducción estalla en un país afectado ya por una grave crisis industrial".
Pero Schaff se pregunta: "¿qué relación puede establecerse entre este fenómeno y los acontecimientos políticos?". Lo describe este mismo autor: "En vísperas de la R, los precios (y los impuestos) no cesan de aumentar; crecen los ingresos de unos mientras disminuyen los de otros; se extiende el paro. Ya no se trata de prosperidad sino, por el contrario, de miseria para las masas populares". Más detalles en las páginas 62-65.
De esta manera, Labrousse se opone a Mathiez y Lefebvre, ya que en su argumento la miseria de las masas populares es el origen de la R. En este sentido, se alinea con Michelet y Taine, "pero simultáneamente formula reservas que precisan más puntos de vista y proyectan más claridad sobre el mismo problema". Una: durante el siglo XVIII, la economía creció, pero muy irregularmente, con flujos y reflujos. Dos: Las R nacen "del retroceso del beneficio y del salario, del malestar industrial, del artesano, del colono, del propietario explotador y de la miseria del obrero, del asalariado. Una coyuntura desfavorable reúne e una oposición común a la burguesía y al proletariado.

A continuación Schaff nos muestra "cómo dos tesis que a primera vista son contradictorias, pueden, por el contrario, ser consideradas como complementarias: la expansión económica caracteriza ciertamente al siglo XVIII en su conjunto, pero el período que precede directamente a la R está marcado por una crisis y, por consiguiente, por la miseria". De esta manera, ambas posiciones son válidas: tanto "las que la causa de la R en el desarrollo económico y en el fortalecimiento de clase de la burguesía (como las que) consideran a la miseria como el impulso inmediato … todo depende de cómo unos y otros formulan y desarrollan sus tesis respectivas". Pero, afirma Schaff, en el caso de la RF, "la verdad histórica es mucho más compleja que una simple reducción de las causas de la R a la miseria o a la prosperidad".
"No nos proponemos establecer quién tiene razón en esta discusión, o en qué medida y en qué sentido puede darse razón más a uno que a otro". Lo que se somete a estudio y reflexión es el hecho de "la diversidad y de la variabilidad, es decir, de la incompatibilidad de los puntos de vista de los historiadores que potencialmente disponen de las mismas fuentes y subjetivamente aspiran a la verdad".
En las páginas 68-70, Schaff resume el eje de la argumentación de todos los autores tratados, para que podamos comparar sus discursos. A continuación, se hace una pregunta, "¿es posible la verdad objetiva en la ciencia de la historia? Pero no la responde [aunque todos nosotros a esta altura de la carrera, ya sabemos que la respuesta es negativa] porque para él, "esta cuestión aparentemente simple encubre toda una serie de nuevas preguntas (pág 70)", que le servirán como punto de partida para los análisis que va a desarrollar a lo largo de la presente obra [de la cual nosotros sólo tenemos la introducción].


 

ISSN 1853-5593
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Proverbio árabe:
Cree en Alá...
... pero ata tu camello...