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Georges Lefebvre
(Lille, 1874-1959)
Fue un historiador francés, considerado
autoridad en la Revolución francesa. Fue
responsable de Annales historiques de la Révolution
française, la publicación más
prestigiosa de su ámbito, y catedrático
de Historia de la Revolución Francesa en
la Sorbona. Socialista durante toda su vida, se
influenció cada vez más por el marxismo
desde la Segunda Guerra Mundial. Solía
escribir desde el punto de vista que consideraba
que un campesino de la época de la Revolución
habría tenido, como explicita en Les Paysans
du Nord pendant la Révolution française
(1924). Lefebvre fue influenciado por el concepto
central del materialismo histórico de que
todo proceso histórico depende en última
instancia de las relaciones de producción,
que producen de la lucha de clases entre la clase
trabajadora y la clase dirigente. No obstante,
es en primer lugar un historiador y no un polemista,
y ve la historia en su entera complejidad, como
resultado de la interrelación de factores
sociales, económicos y políticos.
Expuso su visión del origen de la Revolución
francesa en Quatre-Vingt-Neuf, publicada en 1939,
durante su sesquicentenario, pero el régimen
de Vichy suprimió el libro al año
siguiente, ordenando la quema de ocho mil ejemplares.
La obra fue por tanto virtualmente desconocida
en Francia hasta su reedición de 1970.
En el mundo anglosajón su reputación
se garantizó con la traducción al
inglés (The Coming of the French Revolution,
1947), que se considera un clásico. Sigue
tomándose como modelo de explicación
marxista ortodoxa de las causas de la Revolución,
aunque haya sido discutido por otros autores (véase
Debate historiográfico sobre la Revolución
Francesa)
Otras obras suyas son La Révolution française
(edición revisada, 1951) y la biografía
Napoléon (4ª edición 1953).
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Lefebvre"
LA REVOLUCIÓN
FRANCESA Y LOS CAMPESINOS
GEORGE LEFEBVRE
BY CARLOS L.
1. El campo en 1789
Capítulo I
Lefebvre:
El Hambre
Los campesinos en 1789 poseían el 1/3 del
total. Pero esta proporción varía
mucho de una región a otra y de una a otra
parroquia. Los campos de los campesinos propietarios
eran poco extensos. La crisis hubiera sido peor
de no ser porque el campesino francés era
el mejor posicionado de toda Europa. Esa era la
diferencia con Inglaterra donde los propietarios
eran en su mayoría terratenientes y en
Francia había de todo. Esto determinaba
que muchas personas pudieran cultivar y se note
menos la crisis.
La gran afluencia de gente
al campo para buscar trabajo bajaba el costo de
la mano de obra y eran empleados en talleres que
se iban de la ciudad al campo. Los campesinos
alternaban entre su actividad de taller y su trabajo
en el campo según las actividades.
La suerte del pueblo dependía
de la cosecha. Por lo tanto los campesinos no
les gustaba que los comerciantes vendieran los
cereales fuera de la región y que introdujeran
cultivos de oleaginosos. Todo esto disminuía
pues no quedaba almacenado trigo para las épocas
malas. Francia se había convertido en país
exportador por lo cual cualquier factor tal como
una guerra o un aumento de arancel aduanero repercutía
en la pérdida de trabajo para el obrero
francés.
En 1788 la cosecha fue
pobrísima y junto a la situación
de Europa Central y la política de Luis
XV de liberar las exportaciones sin restricciones
para aumentar así la fuente de trabajo
produjo que los graneros estuvieran vacíos
debido a la venta de grandes cantidades de alimentos.
Se abrieron la fronteras a los productos ingleses
para bajar el precio en Francia pero esto produjo
el cierre de miles de talleres.
Capítulo II
Los vagabundos
Se incrementaba la cantidad de vagabundos por
toda Francia. La iglesia mantenía su vieja
tradición de ayudar al necesitado. Había
todo tipo de gente vagabundeando y la movilidad
producía en las ciudades una población
flotante. También se unían y se
convertían en bandoleros. El miedo gana
los caminos y los propietarios.
Capítulo III
Los Motines
Se producían en todas partes. Los motines
se suscitaban y fortificaban el pánico.
El pueblo nunca admitió que fuera la naturaleza
la única causa de su miseria. Se esperaba
que la reunión de Estados Generales pudiera
arengar los disturbios pero no fue así.
El ejército tampoco actuaba con la firmeza
que debiera haberlos hecho. La amenaza era más
grave en las ciudades pero en el campo la inquietud
no era menor. Se asaltaban las carretas de trigo
y no había posibilidad de defensa ni aún
un convoy escoltado. El campesino pagaba los derechos
feudales además de otras cargas.
Los campesinos azotados
por el hambre no tardaron en amenazar a la aristocracia.
Los burgueses también peligraban pues tenían
como los nobles tierras y no pagaban impuestos,
desempeñaban cargos administrativos claves.
Los disturbios en la ciudad repercutían
en el campo y viceversa. Los campesinos se resistían
a las bandas de ladrones y al mismo tiempo admitían
en cierta forma su existencia.
Capítulo IV
Los comienzos de la Revolución y las primeras
sublevaciones campesinas
Los más sensatos aconsejaban poner en orden
las finanzas del reino. La repartición
de los impuestos era un atentado contra la justicia
y el sentido común porque menos se pagaba
cuanto más rico se era. Algunos pensaban
aceptar el hecho de pagar los impuestos otros
estaban en contra. La alta burguesía, los
que vivían "noblemente" de sus
rentas no era hostil a la conciliación
de percibir impuestos. La burguesía de
los letrados que arrastraron a los comerciantes
y artesanos devolvieron golpe por golpe y un conflicto
de clases de desató en todo el país.
A fines de 1788 afluyeron innumerables pedidos
de otorgamiento de igualdad de cantidad de diputados
por estado. Esto fue aceptado por el Rey y aparecieron
las voces en contra encarnadas en los "protestantes".
Se sucedieron las insurrecciones y motines.
Capítulo V
Los comienzos del armamento popular y los primeros
pánicos
Las autoridades fueron desbordadas por la creciente
anarquía. Las diferentes jurisdicciones
no pudieron ponerse de acuerdo celosas de unas
de otras, el ejército no estuvo monolítico
en su accionar. Los oficiales subalternos y de
carrera no simpatizaban con los nobles porque
estos recibían los mejores cargos en los
cuadros castrenses. Los soldados salidos del pueblo
adherían a la causa de este último.
Muchas ciudades fueron eximidas de la talla pero
debían cuidarse por sí mismas. Se
veía al peligro en cada lugar aunque no
lo hubiera.
2. El Complot aristocrático
Capítulo VI
Paris y la idea del complot
En cuanto los Estados Generales se reunieron en
Versalles entraron en conflicto por el voto por
cabeza. El clero, la nobleza y el Rey estaban
aliados. La corte era su cómplice y la
llegada de tropas a Versalles hace temer en la
disolución de los Estados Generales. Se
corre el rumor de que los vagabundos se han enrolado
al servicio de los aristócratas.
Capítulo VII
La propagación de las noticias
Por medio de correos se mantenía contacto
y enviaba noticias a las ciudades del interior.
Las ciudades de menor tamaño se enteraban
aún más tarde que las mayores.
Capítulo VIII
La reacción de la provincia contra el complot
1. Las ciudades
Las noticias de Versalles y París encontraron
en provincias oyentes y complacientes y dispuestas
a creer en el complot aristocrático. En
las ciudades más pequeñas se hacía
sentir mucho más el poder de la nobleza.
La gran mayoría de esas sublevaciones fueron
provocadas por la carestía del pan. La
insurrección de París y las revueltas
urbanas alarmaron a las campañas, por el
otro, incitaron a los campesinos a sublevarse,
mientras que por su lado, las revueltas agrarias
se convirtieron en causa del pánico.
Capítulo IX
La reacción de la provincia contra el complot
Las campañas
Desde la ciudad la noticia del complot aristocrático
se difundió como ya hemos visto. Pero de
las aldeas no sabemos mucho ya que el campesinado
casi no leía. En los diversos incidentes
no hay pruebas de que los campesinos debieran
de haber sido exhortados para cooperar con los
burgueses de las ciudades. Sería un error
creer que si en todas las campiñas se creía
en el complot aristocrático esto se debía
a las noticias llegadas desde París y Versalles.
Capítulo X
Las sublevaciones campesinas
Estos levantamientos no fueron muy diferentes
de los ocurridos en la primavera. Su origen está
en el hambre, escasez y desocupación. Los
insurrectos se levantaron contra los impuestos,
los representantes del Rey y contra los privilegiados.
Hay una acentuación de carácter
antiseñorial provocada por la influencia
del complot aristocrático y de la insurrección
parisiense, distingue al movimiento de Julio de
los disturbios de primavera. Si bien debe atribuirse
el primer impulso a las convulsiones que agitaban
a las ciudades no cabe duda de que en muchas aldeas
surgieron hombres bastante audaces como para predicar
la rebelión contra la aristocracia y ponerse
a la cabeza del movimiento. Sin embargo la Asamblea
nunca había deliberado sobre los derechos
feudales y del diezmo. En verdad la población
campesina decidió defender por sí
misma su propia causa.
Pero para estudiar la historia
del gran pánico interesan especialmente
las sublevaciones a mano armada en Bocage, en
el Franco Condado, en Alsacia, en Henao etc. Cada
una de estas sublevaciones tiene rasgos originales,
pero entre todas ellas hay más caracteres
comunes que diferencias. Lo mismo que los rebeldes
de la primavera, los de julio son bandidos según
el vocabulario de la época aunque muchos
lo eran la gran mayoría no lo eran. Los
actos de bandolerismo no eran frecuentes los campesinos
no se han reunido para robar: han venido para
destruir y lo hacen a conciencia.
Aunque los campesinos estuvieron
convencidos de que existían órdenes
no se puede hablar de complot. Las revueltas tienen
un carácter evidentemente anárquico
no hay plan ni jefe. Por supuesto había
líderes pero su injerencia no es determinante.
Para los campesinos se trata de liberarse de cargas
abrumadoras de impuestos directos, el diezmo y
los derechos feudales. Pero estas condiciones
no eran para todas las regiones iguales por lo
cual las exigencias de los sublevados eran muy
distintas. Si bien estas revueltas agrarias tienen
mayor interés para la historia de la abolición
de los derechos feudales, del diezmo y los derechos
feudales que constituían la armadura del
antiguo régimen están en relación
íntima con el rumor del complot aristocrático
sin el cual el gran pánico no podría
concebirse. El gran pánico no se necesitaba
para que el campesino se sublevara cuando éste
llegó el campesino ya estaba en marcha.
Capítulo XI
El temor ante los saqueadores
El rumor de que existía un complot aristocrático
había creado una gran alarma que no había
calmado con la victoria popular pues se seguía
esperando una respuesta. La reacción del
Tercer Estado contra el complot había provocado
perturbaciones tanto en las ciudades como en el
campo y a su vez estas perturbaciones habían
aumentado la inseguridad general. Por un lado
porque multiplicaron las posibilidades de que
estallaran pánicos locales en el momento
mismo en que se aproximaba la cosecha y por otro
lado porque generalizaron y precisaron el temor
a los saqueadores y a la convicción de
que actuaban de común acuerdo con la aristocracia.
Las ciudades pretendían
mantener el orden dentro de sus muros y en la
campaña vecina estaban libradas a sí
mismas y trataban de aliarse entre ellas o con
las aldeas de su circunscripción. Como
no había autoridades se corría el
riego de que los conflictos por la falta de alimentos
degeneraran en una guerra civil. Esto ocurrió
principalmente en los alrededores de París.
Una de las consecuencias de estas sublevaciones
era que el interior se pensaba que después
del 14 de Julio las autoridades iban a tomar medidas
tendientes a controlar los desmanes y que los
saqueadores se diseminarían en el interior
del país. París centro urbano que
podría hacer esto, había otros como
Burdeos. Para la generación del gran pánico
este rumor tuvo gran importancia.
Era una idea muy difundida
que los saqueadores inundaban París. El
mismo Rey la utilizó para llevar tropas
a la ciudad, así como la burguesía
la utilizaba para formar milicias. Esos bandidos
cuyo peligro se invocaba políticamente
eran el pueblo sin trabajo. Los disturbios en
París y sus alrededores contribuían
a la inseguridad general. El hecho de que los
agitadores en las ciudades trataran de armar a
las milicias era por este temor difundido y además
para sus propios fines políticos.
3. El gran pánico
Capítulo XII
Los caracteres del gran pánico
El miedo a los bandidos que comenzó a fines
del invierno alcanzó su paroxismo en la
segunda quincena de junio y se extendió
a casi toda Francia. Si bien engendró el
gran pánico se distingue de él.
Hasta ese momento la llegada de los bandidos era
posible y se la temía pero ahora se había
convertido en una certidumbre: estaban presentes
se los veía y oía. En general esta
situación podía engendrar un pánico
pero esto no siempre ocurría y muchas veces
las poblaciones recurrían a tomar medidas
de defensa o alistaban las milicias para la defensa
o para combatir a los aristócratas. La
característica del gran pánico reside
en que esas alarmas recorrían grandes distancias
en vez de seguir siendo locales.
Como se había admitido
que el pánico se había declarado
en todas partes al mismo tiempo, se dedujo, naturalmente
que había sido provocado por algunos agentes
y que era el resultado de un a conspiración.
Los revolucionarios vieron en él una nueva
prueba de autenticidad del complot aristocrático:
pensaban que se había aterrorizado a las
poblaciones para someterlas al antiguo régimen
o para provocar el desorden. Los revolucionarios
no se imaginaban que al denunciar el complot aristocrático
ellos estaban creando el gran pánico. El
gran pánico aceleró que el pueblo
se armara y provocó nuevas revueltas agrarias.
El gran pánico no fue generalizado y hay
zonas en las cuales apenas apareció. Por
otra parte la teoría del complot apenas
resiste un estudio de origen y el mecanismo de
propagación del pánico. El argumento
básico del complot es que el gran pánico
debía de favorecer a los contrarrevolucionarios
mientras que para otros debía de favorecer
al armamento de las milicias y los disturbios
agrarios. El temor ante los bandidos y los aristócratas,
la revuelta campesina, el armamento y el gran
pánico son cuatro hechos distintos aunque
haya entre ellos conexiones evidentes.
Capítulo XIII
Los pánicos primitivos
A fines de julio la inseguridad parecía
más amenazadora que nunca y porque en víspera
de cosecha existía inquietud. El complot
aristocrático y la noticia de que los bandidos
habían salido de París así
como también de las grandes ciudades adjudicaban
importancia a cualquier sospechoso. Porque los
saqueadores se habían convertido en los
instrumentos del Tercer Estado y pareció
muy natural apelar a la solidaridad nacional y
a esa federación que ya se esbozaba entre
las ciudades y Burgos. Y por las mismas razones,
aquellos cuyo auxilio se pedía no dudaron
ni un instante de que la noticia fuera verdadera,
de modo que a su vez ellos mismos la propagaron.
Capítulo XIV
La propagación de los pánicos
Los personajes que propalaban las noticias y las
falsas alarmas eran la misma población,
las autoridades, los correos, autoridades militares,
el clero. La incredulidad también era peligrosa
porque podría tomarse como una complicidad
con los bandidos. Podemos decir que algunas autoridades
no cayeron bajo el influjo del pánico ya
que en determinadas ciudades no tuvo efecto. La
expansión del rumor de los bandidos que
provocara el gran pánico fue por difusión
espontánea y parece que fue bastante rápida
pero si lo pensamos como un rumor esparcido a
través de correos por conspiradores parece
un proceso bastante lento.
Capítulo XV
Los pánicos del anuncio
No debemos confundir el temor a los bandidos con
el gran pánico. Se creía más
en el rumor propagado oralmente que los anuncios.
Podemos hablar entonces de varios pánicos
entre ellos el pánico de los anuncios.
La actitud de muchos nobles
de participar en las defensas con mucho celo no
apartaba la sospecha de que estuvieran actuando.
Los que permanecieron indiferentes fueron mal
mirados y cuando se descubrió que los bandidos
no existían se pensó en había
sido una maniobra. Por lo tanto el principal resultado
del gran pánico fue profundizar el odio
que ya se sentía contra la aristocracia
y fortificar el movimiento revolucionario.
Capítulo XVI
Los relevos
El gran pánico se expandió tanto
gracias a otros pánicos que se multiplicaron
y le sirvieron de relevos. Muchos fueron una consecuencia
del pánico de los anuncios. Los movimientos
de los campesinos para la defensa muchas veces
fueron confundidos con los propios bandidos. Las
sublevaciones que acompañaron al gran pánico
constituyeron relevos eficaces. También
podemos hablar de autosugestión como el
polvo levantado por los animales corriendo libres
por los campos dejados allí por sus dueños
que se refugiaron con algunos petates en el bosque
o las iglesias. Columna de humo por quema de hierbas
podía ser un anuncio de desmanes producto
de los bandidos.
Capítulo XVII
Las corrientes del gran pánico
Si se imagina que el gran pánico se propagó
desde París en olas concéntricas
pero dos olas se dirigieron hacia ella en vez
de salir. El estudio de las corrientes es en base
a documentación de la época y es
muy trabajoso reconstruir el mapa que siguió
el gran pánico al diseminarse por Francia.
Pero si bien es un trabajo engorroso es importante
dar una idea de cómo fue su expansión.
El gran pánico no se produjo en Bretaña
y en Baja Normandía. Es decir que la expansión
no fue homogénea ni mucho menos el cual
se desató sobretodo a causa de las advertencias
enviadas por las autoridades y de algunos incidentes
locales que parecieron justificarlas.
Capítulo XVIII
Los pánicos ulteriores
El temor a los bandidos que había realizado
la síntesis de todas las causas de inseguridad
y provocado el gran pánico no desapareció
cuando se comprobó que los mismos no llegaban
pues aún subsistían las razones
que hacían plausible su aparición:
el período crítico de la cosecha
por lo menos hasta fines de agosto y sus consecuencias,
la escasez y la desocupación, la miseria
y la mendicidad continuaron por un período
más largo todavía. El complot aristocrático
siguió sobre el tapete se lo negó
y se lo recriminó a los revolucionarios
por haber creído en él. Aunque hoy
en día sabemos que tenían buenas
razones para seguir creyendo en él ya que
en julio la corte preparaba un golpe a la Asamblea.
Para fines de 1789 se preparaban en algunas provincias
ligas contrarrevolucionarias y simultáneamente
los emigrados y el Rey Luis XVI procuraran conseguir
en el extranjero el apoyo de los ejércitos
monárquicos. De modo que si se tiene en
cuenta el estado general de la opinión
no sorprende que ocurrieran numerosas alarmas
locales en las semanas posteriores al gran pánico.
Tres semanas después un violento pánico
puso en evidencia otros factores esenciales de
estas convulsiones que era el temor a las maquinaciones
de la aristocracia.
A fines de Julio se supo
que las tropas austríacas avanzaban para
sofocar un levantamiento en los países
bajos y en virtud de un tratado de 1769 el gobierno
francés los autorizaba a atravesar territorio
de Francia. Las poblaciones de esa zona creyeron
que era un pretexto para llevar fuerzas militares
para destruir a la revolución. Esto provocó
alarmas en esos pueblos que derramaron rumores
de quema de sembrados que se los adjudicaban a
los austríacos o a los bandidos. Los pánicos
continuaron mientras la revolución estuvo
en peligro.
Capítulo XIX
Las consecuencia del gran pánico
Durante el período del gran pánico
tanto en las ciudades como en el campo se produjeron
muchos movimientos y perturbaciones políticas
a los que aquellos que adoptan las tesis del complot
acusan de haberlo provocado. No hay que unir entre
el 20 de julio y el 6 de agosto puesto que el
pánico no estalló en todos lados
al mismo tiempo. También hay que recordar
que el temor a los bandidos y el gran pánico
son cosas distintas y por último hay que
saber que la relación de causa y efecto
tal como se observa en la regiones donde el temor
ya existía antes de la llegada del gran
pánico.
La formación de
reservas o comités y el armamento popular
comenzaron mucho antes del pánico y es
un error suponer que, después que ocurrió,
todas las aldeas tenían una milicia, pues
muchas esperaron hasta la proclamación
del 10 de agosto y algunas solo tuvieron guardia
nacional.
Pero estas reservas no
disminuyeron el gran pánico como en la
mayoría de los casos, los comités
y las milicias de las ciudades estaban en estado
embrionario o sólo existían en el
papel, entonces el gran pánico aceleró
la organización de los comités y
les dio oportunidad de actuar, así como
obligó a las milicias a reunirse y procurarse
armas y municiones. También la idea del
armamento penetró a las los pequeños
Burgos y aldeas. Creó lazos de solidaridad
entre las ciudades y regiones circundantes y entre
las ciudades entre sí. Es muy importante
desde el punto de vista nacional la reacción
al gran pánico pues fue un esbozo de reclutamiento
de masas. Aparecen los sentimientos de unidad
y orgullo nacional son inseparables de la efervescencia
revolucionaria. El pueblo se levantó para
luchar contra el complot de los bandidos y de
las tropas extranjeras que eran meros instrumentos
de la aristocracia. El gran pánico influyó
sobre el conflicto social: el tercer Estado manifestó
con gran energía y solidaridad de clase
entre sus miembros y adquirió una conciencia
clara de su propia fuerza.
Frecuentemente el gran
pánico se volvía contra el clero
y la aristocracia a los que se los acusaba de
instigarlo. El gran pánico tuvo consecuencias
más graves en el campo que en la ciudad,
precipitó la ruina del régimen señorial
y agregó una nueva revuelta a las que lo
habían precedido y sus rasgos más
notables pertenecen a la historia del campesinado.
Conclusiones
El gran pánico nació del temor al
bandido que se explica por las circunstancias
económicas, sociales y políticas
en que se encontraba Francia en1789. La mendicidad
fue una plaga que se acentuó a partir de
1789 agravada por la desocupación y la
carestía de la vida ya que con esto aumentaron
las revueltas y el desorden existente. Se veía
un bandido y la crisis política aportó
lo suyo haciendo muy turbulento los ánimos
de los franceses. Al comenzar la cosecha, el conflicto
que enfrentaba el Tercer Estado y a la aristocracia
(sostenida por el poder real) y que va en varias
provincias había impreso un carácter
social a las revueltas del hambre se convirtió
de golpe una guerra civil. La insurrección
parisiena y las medidas de seguridad destinadas
a expulsar a la gente indeseable de la capital
y de las grandes ciudades generalizaron el temor
a los bandidos en el mismo momento en que se esperaba
ansiosamente el golpe que los aristócratas
vencidos, ayudados por los extranjeros, asestarían
al Tercer Estado para vengarse de él. No
se dudó de ninguna manera que habían
pagado a los bandidos y de este modo la crisis
económica y la crisis política y
social multiplicó sus efectos, crearon
el mismo terror en todos los ánimos y permitieron
que ciertas alarmas locales se propagaran por
todo el reino.
Pero si bien el temor a
los bandidos fue un fenómeno universal
no pasó lo mismo con el gran pánico
y es grave error confundirlos. En la génesis
del gran pánico no aparece ningún
indicio de complot. Si bien el miedo a los vagabundos
no carecía de fundamento, el bandido aristócrata
era un mero fantasma. Es cierto que los revolucionarios
contribuyeron a evocarlo pero lo hicieron de buena
fe y si difundieron el rumor del complot aristocrático
era porque creían en él. El armamento
de las ciudades fue anterior al gran pánico
y no necesitaba de él para conseguir el
apoyo de las ciudades. La burguesía uso
el argumento de los bandidos para armarse contra
la realeza incluso el Rey usó el mismo
argumento.
No podemos llegar a la
conclusión de que el gran pánico
no ejerció la menor influencia ya que provocó
una poderosa reacción donde por primera
vez se manifestó el ardor guerrero de la
revolución después esa reacción
se volvió contra la aristocracia pues al
reunir a los campesino le dio conciencia de su
fuerza y fortaleció el ataque que destruiría
el régimen señorial. Por eso constituye
uno de los episodios más importantes de
la revolución francesa.
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