|
Hobsbawm: "La revolución"
I
La bibliografía sobre la "revolución"
se incrementa notablemente entre 1960 y mediados
de 1970. Según Hobsbawm pueden hacerse
tres observaciones acerca de la historiografía
sobre este tema: 1) en sufran mayoría tratan
sobre las "grandes revoluciones": por
ejemplo, china, francesa, y rusa. 2) Todas las
demás revoluciones se juzgan a partir de
estos ejemplos. 3) La historiografía sobre
revoluciones (R) es muy desigual, por lo cual
es difícil establecer comparaciones o generalizaciones.
La mayor parte de los estudios sobre este tema,
tratan de las causas o el desarrollo de las revoluciones,
Hobsbawm (H) se propone, en cambio, estudiar cómo
y cuándo terminan. Así parte de
tres premisas fundamentales: 1) el estudio histórico
de las R no puede separarse del período
histórico en los que se producen. 2) nunca
puede separarse de la historia del período
en el que el investigador realiza su trabajo,
ni de su inclinación personal. 3) H descarta
cualquier versión según la cual
"la R siempre puede evitarse si se puede
realizar el potencial creativo de la organización
política".
II
Según H carece de interés en este
estudio analizar detalladamente las numerosas
definiciones del término R. Todas ellas
proponen una aplicabilidad universal del concepto;
pero hoy día los historiadores tienen sus
dudas acerca de esta universalidad. De todos modos,
se intenta no remontar demasiado lejos en el pasado
la idea de las R como causantes de un "cambio
de sistema". Se lo piensa más como
un concepto moderno.
Las definiciones más útiles son
descriptivas o sintéticas. H resalta la
existencia del elemento de movilización
de masas, sin la cual pocos historiadores identificarían
como tal a una R. Así, la R sería
una combinación de síntomas más
que la aparición de uno o varios de ellos
por separado. Esta definición sintética
aúna dos elementos fundamentales: el carácter
de "rebelión" y el cambio de
poder de un "antiguo régimen"
a un "nuevo régimen". Aunque
no siempre sean victoriosas.
Por muy prolongadas en el tiempo que puedan ser
esas "eras revolucionarias", hay que
distinguirlas de los macrofenómenos históricos
en los cuales están insertas, como el cambio
de las sociedades precapitalistas a las sociedades
capitalistas. Además, estos macrofenómenos
de transformación histórica no implican
el microfenómeno de la R.
Por otro lado, desde hace mucho tiempo se acepta
la idea de que la teoría "contrarrevolucionaria"
aspira a proteger el orden social frente a una
forma de cambio drástico, atendiendo de
forma distinta a las exigencias de cambio. En
este caso, el mismo análisis puede aplicarse,
trátese de R o de contraR. Así,
cualquier forma específica de transferencia
insurreccional del poder, es tan sólo una
de las varias formas posibles que adoptan esos
cambios.
De todas formas, no pueden existir discrepancias
respecto de los dos principios, según los
cuales desde el siglo XVI han sido inevitables
algunos cambios funcionalmente revolucionarios,
y algunas revoluciones han sido evitables aunque
sólo sea porque de hecho se han evitado
[¿?].
Pero para lo que le interesa a H, no es necesario
llevar más allá este análisis
[¡gracias a Dios!, diría mi abuela].
Sin embargo, nos deja otras tres observaciones:
1) una época de R social sin una serie
de Rs concretas y significativas es muy difícil
de concebir en teoría e improbable en la
práctica. 2) Deben aspirar a la "transformación
social". Deben implicar cambios drásticos
y radicales. 3)Las diferentes formas de conseguir
esas transformaciones, sean revolucionarias o
de otro tipo, producen resultados socioeconómicos
y políticos muy diferentes.
III
Las Rs son episodios en los que grupos de individuos
persiguen una serie de objetivos, sean cuales
fueren las causas y motivos que les llevan a actuar
o la diferencia que existe entre sus intenciones
y los resultados de la acción.
Aquí H plantea el margen de acción
que los individuos tienen en estas instancias:
la historia la hacen las acciones de los hombres
y sus elecciones son concientes y pueden ser significativas,
pero las acciones planificadas se desarrollan
en un contexto de fuerzas incontrolables (Lenin).
De hecho, la situación puede ser tan estructurada
que el margen de acción puede resultar
muy limitado. Las Rs tiene un alto componente
de incontrolabilidad, por lo cual las teorías
que ponen un énfasis excesivo en los elementos
voluntaristas o subjetivos, deben ser tomadas
con cautela.
Desde el punto de vista de los historiadores,
las fuerzas organizadas de los revolucionarios
y sus estrategias son secundarias, su logro consiste
en aprovechar en beneficio propio una situación
cambiante. Los intentos de planear desde abajo
el estallido de las Rs han fracasado casi siempre.
Al igual que los ejércitos y las guerras,
los movimientos revolucionarios y las Rs engendran
modelos de comportamiento identificables y tienden
a reclutar a aquellos a los que apelan. Según
Lenin, en esas situaciones pasan a ser revolucionarios
unos individuos que no lo son en una situación
normal. Qué intereses persiguen los grupos
sociales movilizados no se corresponden con su
comportamiento en ese momento histórico
particular, no se puede prever cuál será
su actitud subjetiva. Las consecuencias de un
mismo comportamiento de grupo varían debido
al contexto situacional. La estructura y la situación
interactúan y determinan los límites
de la decisión y de la acción, pero
es la situación la que delimita fundamentalmente
las posibilidades de acción.
IV
Durante la generación pasada, los estudiosos
de la R que seguían el método comparativo
concentraron su atención en las causas
y circunstancias determinantes de su estallido
y su éxito. Pero estos estudios tienen
limitaciones. 1) Aquellos que se basan en el supuesto
de que la R es fundamentalmente una forma de inestabilidad
u lucha civil, sólo aportarán datos
sobre las condiciones de esa lucha. 2) Los que
se preocupan sólo en la predicción
del estallido se concentrarán en las causas
y perderán el interés cuando las
R ocurren o han sido evitadas. 3) también
pueden ser muy abstractas. Las generalizaciones
basadas en realidades históricas objetivas
no presentan en gran medida esos inconvenientes
(por ejemplo la dicotomía ["díada",
diría Ansaldi] ciudad-campo).
En Genaro, los análisis tienden a distinguir
entre "condiciones previas" (causas
subyacentes a largo plazo) y "desencadenantes"
(factores fortuitos que generan el estallido).
Esta distinción presenta tres inconvenientes
[a este tipo no le gusta nada
]: 1) tienden
a sumir que ninguna R es evitable alargo plazo.
2) muchas veces no es posible distinguir entre
"condiciones previas" y "factores
desencadenantes". 3) Tiende a minimizar la
interconexión fundamental entre los factores
estructurales-coyunturales y los situacionales.
Ahora H pasa a analizar dos aspectos sintomáticos
de la R: "las crisis históricas"
y "las situaciones revolucionarias".
El análisis de las rupturas contemporáneas
se ha centrado en el estudio comparativo; pero
la posibilidad de comparar distintas R es muy
insegura, dado que éstas se producen en
sociedades y estructuras políticas diferentes.
La difusión de modelos comunes a través
de la ideología, el mercado o el simple
poder es característica de un sistema y,
cuando éste no existe, la simple sensibilidad
a un motivo común de perturbación
no suele ser suficiente para construirlo. Las
diferencias estructurales, históricas y
de otro tipo entre los diferentes componentes
han resultado decisivas.
De todas forma el concepto de "crisis general"
es útil para recordarnos que se producen
revoluciones de otro tipo de rupturas en los sistemas,
que atraviesan por períodos de descomposición
y de reestructuración y, al mismo tiempo,
para corregir la tendencia a generalizar sobre
la R en abstracto, reduciendo el análisis
concreto de las Rs a la suma de ejemplos distintos.
La crisis general a largo plazo que atraviesa
el mundo desde comienzos del siglo XIX contiene
cuatro períodos de conmoción de
todo el sistema: las dos guerras mundiales, la
depresión económica 1929-1933, y
la depresión mundial de 1970.
Por otro lado, una "situación
revolucionaria" puede ser definida como una
crisis a corto plazo dentro de un sistema con
tensiones internas a largo plazo, que ofrecen
posibilidades de un estallido revolucionario.
En consecuencia, su existencia es discutible hasta
que realmente se produce la R. Así, las
"situaciones revolucionarias" se mueven
en el ámbito de las posibilidades y su
análisis no resulta profético. Según
Lenin, el análisis de estas situaciones
comprende: 1) La crisis en la política
de las clases dirigentes. 2) Agudización
del descontento en las clases inferiores. 3) Un
incremento considerable de la actividad de las
masas.
Según H, el punto central del análisis
leninista reside en la interacción de una
"crisis de las clases altas", indispensable,
y de la rebelión de las masas, empujadas
a realizar una acción histórica
independiente, siendo ambos elementos necesarios
e interconectados. Cada uno de ellos puede provocar
el otro o pueden aparecer de forma independiente.
Lenin añade que la conjugación de
ambos fenómenos es independiente no sólo
de la voluntad de grupos y facciones separados,
sino incluso de las distintas clases. Esto indica
que una situación revolucionaria es incontrolable.
De hecho su incontrolabilidad es una de sus características
fundamentales.
Obviamente, no todas esas situaciones desembocan
en un estallido revolucionario. En realidad, hay
más probabilidades de que no se produzca
la ruptura revolucionaria.
V
H dice que no es su objetivo analizar aquí
la evolución política olas etapas
de las Rs después de su inicio. Por el
contrario, cree que tal vez puede ser más
útil centrar los trabajos en el contexto
de las consecuencias e la R. Esto implica analizar
su "conclusión". Y afirma que
este tema suele interesar poco a los historiadores.
La condición mínima para el éxito
es el establecimiento y mantenimiento de un poder
estatal o su equivalente. Sin embargo, esa función
no agota el tema del resultado de las Rs.
De algunas revoluciones triunfantes no ha surgido
una fuerza dominante, ni una orientación,
ni instituciones estatales eficaces, ya sea porque
el grupo social dominante no necesita una política
estatal de desarrollo nacional, o porque ninguna
fuerza posrevolucionaria consigue una primacía
decisiva sobre las demás.
El primer caso puede darse cuando el principal
impulso de la R es negativo, como ocurre cuando
su objetivo fundamental es eliminar la superestructura
política o socioeconómica, y cuando
se considera que no son necesarios otros cambios.
El segundo caso produce el resultado más
interesante de soluciones de compromiso o "Rs
incompletas". Éstas no son necesariamente,
Rs incompletas o frustradas. Es perfectamente
posible que en el curso de las movilizaciones
de masas aparezca una fuerza capaz de controlar
el proceso. Como veremos, las "Rs burguesas"
son más adecuadas para alcanzar soluciones
de compromiso.
Sea cual fuera la naturaleza de la solución
revolucionaria, llega un momento en que el período
de convulsión deja paso a la historia posrevolucionaria.
Ello no puede ocurrir a menos que el (o un) régimen
revolucionario sobreviva y supere el peligro externo
o interno se ser derrocado. No se puede afirmar
que las Rs "hayan concluido" hasta que
el régimen revolucionario ha sido derrocado
o ha superado por completo el peligro de serlo.
En ocasiones, es difícil saber cuándo
ha llegado ese momento: cuando el objetivo de
la R es negativo, como en el caso de las sublevaciones
hasta alcanzar la independencia o el derrocamiento
de una tiranía, el problema puede parecer
sencillo; pero igual se debe proceder con cautela.
Sin embargo, aunque el tema de la datación
es un tanto incierto, hay una cierta seguridad
respecto al momento en que "terminan"
las Rs, porque no pueden ir más allá,
por ejemplo, cuando han alcanzado los límites
de su capacidad para producir el cambio, dada
la configuración de las fuerzas posrevolucionarias
(revolución boliviana).
Sólo el arma última y definitiva
que tiene el historiador, la retrospección,
permite calificar ciertas fechas como "terminales"
que no lo parecían en el momento de producirse
los acontecimientos.
Ahora bien, no hay duda de que la creación
de una estructura permanente de poder no constituye,
en sí misma, un criterio adecuado. Además,
incluso cando la revolución continúa
únicamente "desde arriba", un
criterio meramente político es inadecuado.
Por otro lado, pueden existir profundos desacuerdos
entre los constructores del nuevo marco respecto
a los objetivos preestablecidos y acordados, y
respecto a los medios para conseguirlos.
En resumen, la transformación subsiguiente
de un país no es un simple corolario del
establecimiento de un nuevo régimen permanente,
eficaz e incluso inamovible.
En este momento es posible
alcanzar un cierto consenso sobre las Rs del período
burgués-liberal. Su consecuencia, desde
luego en Europa, fue la orientación general
hacia una economía capitalista, con diversos
grados de éxito.
Esto no significa que tengamos que aceptar el
modelo de "R burguesa" como una operación
política conciente, realizada por una burguesía
con "conciencia de clase". Seguramente,
las Rs posteriores a la R Francesa fueron más
burguesas en el sentido de que contaban con la
experiencia de Francia.
Perece que también puede haber consenso
respecto al hecho de que una economía y
una sociedad civil capitalistas exigían
una serie de instituciones que podrían
definirse como "liberales", dentro de
los límites políticos que protegían
al sistema de posibles riesgos. El objetivo más
obvio de las Rs de la era burguesa liberal era
la construcción de estados con esos sistemas
de instituciones (una constitución y sistemas
políticos adecuados).
Así pues, es extraordinariamente difícil
emitir un juicio histórico sobre estas
revoluciones y sobre los diferentes tipos de economías
y de regímenes mixtos que han emergido
del torbellino del siglo XX. Sólo es posible
presentar tres conclusiones generales al respecto:
1) Algunos de esos regímenes no pueden
ser calificados como "burgueses" o "capitalistas".
2) en la gran mayoría de ellos, el modelo
político de democracia representativa no
ha sido duradero ni viable. 3) la máquina
oficial del estado o las instituciones estatales
cumplieron un papel decisivo.
De esta manera, los criterios para determinar
a conclusión del periodo revolucionario
son diferentes en cada uno de los dos grandes
tipos o fases de la revolución moderna.
La "conclusión" de las Rs liberales
burguesas puede situarse cuando, asegurada la
supervivencia del nuevo régimen, se crearon
las condiciones político-legales (en forma
de una constitución) que permitieron e
impulsaron un desarrollo informal por medio del
juego de las fuerzas privadas. El Estado fue fundamental,
y el resultado, el Estado nacional. Estas revoluciones
permitieron que los acontecimientos siguieran
su curso.
Las Rs posliberales, en cambio, han necesitado
desarrollar complicadas instituciones de poder
público, de administración, planificación
y desarrollo nacional desde el principio. Pero
no estaban claras cuál era la naturaleza
exacta de sus tareas y de los medios necesarios
para llevarlas a cabo. En este sentido, en estas
Rs, es necesario un grado mayor de desarrollo
tras la transferencia del poder, para que se pueda
considerar que ha llegado "a su término".
Por otro lado, estas Rs han degradado o ignorado
el marco político-legal de la constitución
y la política. Las instituciones pueden
tener poca importancia (China, Cuba). No hacen
esfuerzos por institucionalizar la política
de competitividad, negociación o debate.
Por lo tanto, más que incompletas, resultan
deficientes. Naturalmente la política perdura,
pero por otros caminos no constitucionales. De
hecho, estos regímenes crean sus propios
modelos de funcionamiento de la política.
Una forma pertinente de
datar el cambio puede ser la fecha en que aparece
en la escena pública la primera generación
adulta de los "hijos de la revolución",
aquellos cuya educación y cuyas carreras
e han realizado plenamente en la nueva era. Para
los hijos de la R, la R concluida constituye,
por definición, un hecho histórico.
La R "ha terminado" cuando sube al poder
una generación que sólo conoce la
R por referencias indirectas.
Pero, finalmente, el historiador puede recurrir,
una vez más, al análisis retrospectivo.
Lo que una R consigue, es de hecho, lo que aparece
después de la R (más allá
de cuáles hayan sido las intenciones originales).
Algunas de las consecuencias más obvias
no forman parte de ningún programa. Esto
puede plasmarse en una curiosa dialéctica
de revolución y conservación.
Las intenciones y los programas sólo interesan
al historiador como tema de discurso político
y como estudio de la viabilidad del programa revolucionario.
VI
Una última cuestión. ¿Qué
importancia tiene que la transformación
de una "época de Rs" se produzca
a través de levantamientos revolucionarios
o de otra forma? Las medidas más drásticas
y de mayores consecuencias para cambiar las instituciones
o reorientar la política pueden tomarse
mediante un decreto desde arriba, ya sea por gobernantes
establecidos, por conquistadores, o por gobiernos
revolucionarios.
Sin duda, los cambios impuestos mediante una R
aspiran a una transformación más
radical y son más incontrolables, pero
esto no demuestra que las Rs sean indispensables.
Pero son únicas en un sentido: en los efectos
subjetivos de la movilización de masas
sobre aquellos a quienes movilizan. Este efecto
puede ser tan profundo que pueden producirse cambios
absolutos de valores y esfuerzos por alcanzar
objetivos que de otra manera serían imposibles.
La R no es simplemente un medio para alcanzar
esos cambios, sino, de alguna manera, la única
forma para alcanzar esos cambios.
Los efectos más profundos de las expectativas
revolucionarias sobre la personalidad humana no
ocurren frecuentemente en gran escala y tienden
a ser efímeros. Generalmente quedan reducidos
a grupos concretos de la población, y especialmente,
a un cuadro relativamente reducido de activistas
políticos.
De una u otra forma, esta inspiración tiende
a desaparecer cuando los regímenes revolucionarios
dejan atrás su ímpetu original.
Cuando no desaparece, el "ímpetu revolucionario"
se vuelve rutinario y pierde poder. Hasta cuando
dura este "impulso revolucionario" es
una cuestión aún sin resolver.
H cierra con esta frase de Max Weber: "Toda
la experiencia histórica confirma que los
hombres tal vez no alcanzarían lo posible
si no intentaran, de vez en cuando, conseguir
lo imposible".
|