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Debates
entre Historiadores
(O cuando los especialistas discuten entre sí)
Fuente:http://www.nuevaalejandria.com/archivos-curriculares/sociales/nota-003.htm
Uno de los mayores déficits
de la enseñanza tradicional de la historia en
las escuelas, era la presentación de los contenidos
como unidades de sentido rígidas, cristalizadas,
establecidas de una vez y para siempre. Sin embargo,
como cualquier otro pensamiento científico, el
conocimiento histórico es un conocimiento construido.
En ocasiones, trabajosamente construido. Como en cualquier
otra ciencia -exacta, natural o social- las conclusiones
son siempre provisionales, las teorías son siempre
transitorias. En ocasiones, la comunidad de historiadores
acepta canónicamente diversas tesis que décadas
más adelante serán consideradas erradas.
La enseñanza de la historia
debe también poder dar cuenta de estas características
epistemológicas de la construcción del
conocimiento histórico. Y para ello, nada mejor
que conocer los más célebres debates en
que participó la comunidad académica internacional
en el último siglo. Estas polémicas pueden
también formar parte de la enseñanza de
la historia en las aulas.
EL DEBATE SOBRE LA REVOLUCIÓN
DE LOS PRECIOS EN EL SIGLO XVI
Luego de la extendida crisis
del siglo XIV, que afecta profundamente al sistema socioeconómico
feudal e inicia la lenta transición hacia el
capitalismo industrial, Europa asiste en el siglo XVI
a una última fase de desarrollo en el seno de
las viejas estructuras pre-industriales.
Una de las características
de este desarrollo económico de Antiguo Régimen,
que coincide con el apogeo del Renacimiento, de la Reforma
y de los viajes de descubrimiento, fue una persistente
inflación de los precios de los alimentos básicos.
Entre 1500 y 1600 los precios de los cereales y productos
derivados de la actividad agropecuaria en general, no
dejaron de subir constantemente todos y cada uno de
los años del siglo. De tal manera que el precio
del pan era 6 o 7 veces más elevado en 1600 que
en 1500. A este enigmático fenómeno se
lo conoce en la bibliografía como LA REVOLUCIÓN
DE LOS PRECIOS DEL SIGLO XVI. En tanto comportamiento
económico sin precedentes, los propios contemporáneos
percibieron la existencia de esta imparable inflación
de los precios. ¡Nunca antes había ocurrido
nada semejante en la historia de la economía
europea!
En 1934, la Universidad de Harvard
publica un trabajo del historiador Earl J. Hamilton,
American Treasure and the Price Revolution in Spain,
1501-1650 (El tesoro americano y la revolución
de los precios en España). En este libro, Hamilton
propone por primera vez una explicación integral
de las causas de la misteriosa revolución de
los precios renacentista.
Todo comenzó cuando Hamilton
comenzó a trazar diferentes curvas basándose
en estadísticas del período. Construyó
así, por ejemplo, una curva dedicada al aumento
de los precios y otra dedicada al arribo de metales
preciosos a Europa (oro y plata) desde las recientemente
descubiertas minas americanas. Para su sorpresa, Hamilton
encuentra que el superponer ambos gráficos, las
curvas coinciden de manera casi absoluta. La conclusión
resultaba obvia: el responsable de la persistente suba
crónica de precios en el siglo XVI había
sido el arribo masivo de toneladas de metal precioso,
consecuencia del descubrimiento y conquista de América.
La teoría se reforzaba por el hecho de que las
estadísticas demostraban que en el siglo XVII,
siglo de baja de los precios, habían también
disminuido notablemente los arribos de metal precioso
desde América.
Hamilton se basaba, a su vez,
en las teorías económicas de Irving Fisher
y Lord Keynes. Del primero extrajo el fundamento de
su hipótesis, la denominada "teoría
cuantitativa de la moneda", que suponía
la existencia de una relación directa entre la
masa monetaria circulante y el nivel de los precios.
Durante 25 años la teoría
de Hamilton se convirtió en la explicación
canónica del fenómeno de la revolución
de los precios, aceptada y reproducida por la mayoría
de los grandes especialistas internacionales. Sin embargo,
cuando parecía que el gremio de los historiadores
había logrado ya resolver uno de los más
complejos problemas de la historia económica
europea, fueron publicadas nuevas evidencias que comenzaron
a demostrar las debilidades de la teoría cuantitativa
de Hamilton.
En el número 77 de la
revista Hispania, publicada en 1959 por el Consejo Superior
de Investigaciones Científicas de Madrid, el
historiador catalán Jordi Nadal Oller debilita
profundamente los fundamentos del libro del norteamericano.
Luego de una serie de críticas
menores, Jordi Nadal arremete con la artillería
pesada: ¡ la curva y los gráficos realizados
por Hamilton están mal construidos ¡. Hamilton
utilizó un método aritmético o
de base fija, en el que los aumentos de los precios
de cada año del siglo se comparan con los precios
bases del año 1500. Pero de esa manera, si bien
lograba establecer el incremento en términos
absolutos, no lograba medir los ritmos del crecimiento
de los precios. Para ello era necesario utilizar otro
método estadístico para la construcción
de las curvas: un método logarítmico o
de base móvil. En este caso, los precios de cada
año son referidos, ya no al año 1500,
sino al comienzo de cada década. Los precios
de 1543 son comparados con los de 1540, los de 1567
son comparados con los de 1560, y así sucesivamente.
Sorprendentemente, los resultados
de esta nueva curva fueron absolutamente diferentes
que los obtenidos con la curva de Hamilton. El resultado
final seguía siendo el persistente aumento de
los precios a lo largo de la centuria. Pero el gráfico
de Jordi Nadal demostraba que el ritmo de crecimiento
había sido mucho mayor en los primeros cincuenta
años (1500-1550) que en la segunda mitad del
siglo. ¿ Y por qué esta constatación
afectaba duramente a la teoría de Hamilton ?.
Pues, porque las mayores remesas de metal precioso llegan
a Europa en el último tercio del siglo, cuando
a partir de la década de 1570 se implementan
en las minas de plata de los Andes Centrales un nuevo
procedimiento para el refinamiento del mineral argentífero.
En consecuencia, no existía una relación
tan directa entre arribos de metal precioso y suba de
precios, por cuanto éstos subieron más
y a mayor velocidad cuando todavía no llegaban
a Europa cantidades significativas de oro y plata; en
tanto que, cuando los arribos comenzaron a ser masivos,
el ritmo de crecimiento de los precios comenzó
a disminuir.
Pero faltaba aún un último
y más definitivo ataque contra la, hasta entonces,
indiscutida teoría cuantitativa de Earl Hamilton.
Si Jordi Nadal había puesto el acento en los
aspectos técnico-estadísticos de la construcción
del conocimiento histórico, el francés
Michel Morineau atacaría en el área más
sensible del trabajo del historiador: el uso de las
fuentes y los documentos.
Morineau escribe sus artículos
entre 1969 y 1978, los cuales aparecen publicados en
las más prestigiosas revistas de historia de
circulación internacional. Todos ellos son reunidos
en un único libro, aparecido en 1985, y cuyo
título revela el carácter novedoso de
la propuesta del francés: Incroyables gazettes
et fabuleaux metaux. Les retours des tresors americains
d´apres les gazettes hollandaises (XVI-XVIII siècles)
(Increíbles gacetas y fabulosos metales. Los
arribos de los tesoros americanos según las gacetas
holandesas, siglos XVI a XVIII).
Morineau logró demostrar
que no sólo se podían realizar fuertes
reparos a las curvas de Hamilton, sino que el material
documental utilizado para trazar dichos gráficos
tampoco era el más apropiado. El norteamericano
había utilizado las fuentes de la Casa de Contratación
de Sevilla, es decir documentación oficial. Pero
por definición, fenómenos como el contrabando
y el tráfico ilegal de metálico no pueden
ser detectados por las fuentes oficiales, precisamente
por su carácter ilícito. Esta es una circunstancia
particularmente grave en un siglo como el XVII, en el
cual el contrabando en la América Española
alcanzó ribetes sorprendentes. Un fenómeno
frecuente era el subregistro masivo: es decir, los documentos
oficiales de los galeones españoles reflejaban
muchas menos toneladas de plata que las que realmente
se hallaban en las bodegas del barco. Veamos algunos
ejemplos: el pirata Blake captura en 1656 dos galeones.
En uno había 100% más de plata que lo
que estaba registrado en la documentación oficial
del navío. En otro, 300%. En 1659, cinco o seis
millones de plata llegaban a España desde América,
pero en El Callao (Perú), se hallaban listos
para zarpar 20 millones. ¿ Quién se quedaba
con la diferencia ?. Pues las potencias enemigas de
España, entre ellas Holanda.
Es por ello que Morineau decidió
investigar en las fuentes holandesas y no en las fuentes
españolas. En efecto, hurgando en las gacetas
portuarias holandesas, publicaciones periódicas
que daban cuenta de la llegada de los barcos y sus cargas,
el historiador francés logró demostrar
que en el siglo XVII la llegada de metal precioso americano
a Europa no sólo no había disminuido con
relación al siglo XVI, sino que luego de 1660
se baten todos los récords de la centuria anterior.
Sólo que las fuentes oficiales utilizadas por
Earl Hamilton no habían podido detectar este
fenómeno.
¿Por qué
motivos los hallazgos de Morineau terminaban de desacreditar
la otrora prestigiosa teoría cuantitativa de
Hamilton ?. Porque el siglo XVII fue un período
de estancamiento y aún baja de los precios, y
sin embargo el metálico americano siguió
llegando en proporciones similares y aún mayores
a las del siglo de la inflación. En consecuencia,
los arribos masivos de oro y plata no podían
haber sido los responsables de la persistente y enigmática
suba de precios del Renacimiento europeo.
La crítica conjunta
de Jordi Nadal y Michel Morineau había logrado
demostrar la falta de fundamentos de una de las teorías
más influyentes de la historia económica
del siglo. Cuando la disciplina creía haber resuelto
un problema complejo, resultó que debió
nuevamente ponerse a trabajar en la dilucidación
de las causas de la revolución de los precios.
De hecho, Morineau cree que el responsable último
de la inflación fue la anormal acumulación
de muchos años de malas cosechas en el siglo
XVI (debido tal vez a sutiles alteraciones en el clima,
las manchas solares, el inicio de pequeñas edades
glaciales, etc.) que dispararon los precios hacia arriba
persistentemente a lo largo de cien años. En
cualquier caso, los doblones de oro y plata parecen
haber tenido poco que ver.
Prof. Fabián Campagne (UBA)
Bibliografía Básica
Earl Hamilton, El tesoro americano
y la revolución de los precios en España,
1501-1650, Barcelona, Ariel, 1983 (1934).
Jordi Nadal Oller, "La revolución
de los precios españoles en el siglo XVI. Estado
actual de la cuestión", Hispania. Revista
española de historia, tomo XIX, nº LXXVII,
Madrid, 1959.
Michel Morineau, Incroyables gazettes
et fabuleux métaux. Les retours des trésors
américains d´après les gazettes
hollandaises (XVI-XVIIIe siècles), Cambridge/Paris,
Cambridge University Press-Éditions de la Maison
des Sciences de l´Homme, 1985.
Ruggiero Romano, Coyunturas
opuestas. La crisis del siglo XVII en Europa e Hispanoamérica,
México, FCE, 1993.
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