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El suelo griego
Antes de penetrar en la historia de Grecia es
necesario echar una mirada al escenario en que
se desarrolló esa historia. Si pensamos
en la teoría de Toynbee acerca de la génesis
de las civilizaciones, como una respuesta a un
reto y, especialmente, al reto del medio geográfico,
no hay duda de que el suelo griego, el mar que
lo rodea y el cielo luminoso que lo enmarca fueron,
desde el principio de la instalación humana
en esta región, un incentivo para la acción
y un estímulo para la creacion. No podemos
pensar como Hipólito Taine que el genio
griego es el resultado de la.belleza de su cielo
o la bonanza de su clima, pero es indudable que
estos factores han contribuido grandemente a la
formion del espíritu y el carracter griegos.
La Grecia propiamente dicha forma el extremo sur
de la península baca. Su tamaño
es modesto pues hay poco más de 400 km
desde el monte Olimpo, al norte de Tesála,
hasta el cabo Matapán, extremo meridional
del Peloponeso. Pero este pequeño país
está completamente dividido por las montañas,
ya que se trata de un territoriomontañoso
en un 80%. Esta complicada fragmentación
del terreno y Ice hundimientos que fueron debidos
a frecuentes movimientos sísmcos dan como
resultado un paisaje rico en variedad de formas
y aspectos. Esta multiplicidad de paisajes es
la causa de la belleza del suelo griego y también
la razón de la variedad de cultivos, de
recursos y generos de vida.
Los dos únicas llanuras de alguna importancia
son la de Beocia al centro y la de Tesalia al
norte. En el resto del territorio no hay entre
las montañas sino pequeñas cuencas
interiores cuyo tamaño no excede los 20
km2
A causa de su poca elevación las montañas
de Grecia no constituyen un obstáculo para
las comunicaciones. De un valle a otro se abren
gargantas que ponen en comunicación los
cantones montañosos. Sin embargo, Grecia
no conoció nunca los magníficos
caminos que. tuvieron los imperios persa y romano.
Pero el mar, deslizándose profundamente
en el territorio, constituye una cómoda
vía de comunicion; ningún punto
de Grecia continental se encuentra a más
de 90 km del mar.
Suele ser un tópico el atribuir la fragmentación
política de Grecia a la estructura geográfica
en forma de compartimientos naturales. Así,
el lo se impuso en tal forma al hombre que los
griegos no consiguieron librarse de él
para constituir un gran estado único. Sin
desconocer la verdad que tiene esta afirmación,
no debemos caer en un determinismo geográfico
pues comprobamos frecuentemente la formación
de estados griegos por sinecismo (o acuerdo) o
por conquista de otros territorios saliendo del
marco fijado estrictamente por a geografía.
Sin duda, la naturaleza señaló aproximadamente
el emplazamiento de cada polis, pero luego el
hombre intervino para fijar los contornos convencionales
de su dominio. Desde luego y cualquiera que haya
sido la influencia de la naturaleza, se comprueba
el pequeño tamaño de los estados
griegos. Ese tamaño reducido imprimió
su huella en el espíritu griego. Como rasgo
sobresaliente y que diferencia notablemente al
griego del bárbaro, tenemos el amor del
griego por su ciudad. Ese sentimiento se vio favorecido
por la poca extensión de su patria a la
que no conoció de modo abstracto, sobre
un mapa, sino que podía recorrerla íntegramente
a pie. Los sentimientos que a nosotros nos inspira
la ciudad natal, la patria chica, con sus recuerdos
de infancia, los paisajes queridos recorridos
diariamente, la cara de nuestros amigos y parientes,
todo podía hacerlo el griego extensivo
a su patria, a su polis.
La Grecia continental, con las características
físicas que hemos señalado, se complementa
con las islas, sobre todo las del mar Egeo. Este
mar está prácticamente sembrado
de islas hasta el punto que los navíos
pocas veces pierden de vista la tierra.
La mayor parte de estas islas tienen suelo rocoso,
poco apto para la vegetación. Sólo
algunas de las Cícladar, mayores, como
Naxos, Andros, Paros o Melos, ofrecen mejores
condiciones para la vida. Más ricas son
las grandes islas cercanas a la costa asiática
como Lesbos, Quíos y Samos y que participan
de la vida del litoral de Asia Menor.
Al norte del Egeo tenemos las Espóradas,
y al sur, además de
Rodas, la gran isla de Creta. Por el oeste encontramos
las islas Jonicas,
mas desvinculadas del corazón de Grecia.
A pesar de las diferencias y contrastes notables
del paisaje griego, el clima mediterráneo
le confiere unidad. Ya desde la Antigüedad
este fue elogiado por su benevolencia. El verano
es ardiente, pero la proximidad del mar y los
vientos etesios lo hacen soportables.El invierno,
suave, es la estación de las lluvias, aunque
es difícil que falte el sol en todo un
día. El hielo y la nieve no son desconocidos,
pero estos rigores no duran mucho. El cielo es
luminosamente azul y de una transparencia elogiada
ya por los poetas griegos. En esta atmosfera transparente
y luminosa, aun los objetos alejados se distinguen
con gran nitidez. El ojo, y a través de
él el espíritu, se habitua a la
precisión. Nada impreciso ni brumoso hay
en el paisaje griego como tampoco lo hay en su
pensamiento.
Los ríos verdaderos por su extensión
y caudal, son muy escasos,como el Peneo en Tesalia
y el Aqueloo en Acarmania. La mayoría son
`pequeños hilos de agua que discurren entre
bancos de arena Por suerte no faltan las fuentes
que proporcionan el agua aunque las islas ¡m
¡ñu Cícladas deben recurrir
al uso de cisternas por carecer de fuentes en
su mayoriaa.
En cuanto a los cultivos estos son variados:
cereales, vid, olivo, higueras. El ganado mayor
es escaso, aunque algunas regiones, como Tesalia,
eran famosas en la antiguedad por sus caballos.Abunda
en cambio, el ganado menor: ovejas, cabras y cerdos.
En la Antiguedad la caza era muy abundante: jabalies,
cievos, gamos, liebres, conejos y pájaros.
Tambien habia fieras: osos, lobos y leones. El
mar ofrecia abundancia de peces, tales como anchoas,
sardinas y atunes. En cuanto a la vegetacion natural,
diremos que en tiempos remotos las montañas
estaban cubiertas de bosques que, ya en la antiguedad,
comenzaron a talarse y actualmente han desaparecido
casi por completo. En su mayor parte la vegetacion
forma el monte achaparrado, tipico en la region
mediterreanea.
En cuanto a la riqueza mineral, podemos señalar
la piedra para la construccion, los marmoles de
Paros y Atica. Hay tambien metales: cobre, plata
y oro.
En sintesis, comprobamos que el medio geografico
ofrece al hombre conodiciones favorables para
su instalacion. Sin embargo, junto a esto hay
no pocos incovenientes que exigen una actividad
y un esfuerzo continuos. Señalamos entre
ellos: frecuentes temblores y terremotos, y una
tierra apta para cultivos, pero escasa. Ademas
hay que defenderla constantemente de la erosion
y la sequia. Por otra parte, si bien el mar ha
favorecido el trueque comercial desde la antiguedad,
Grecia solo puede exportar productos elaborados
mediante tecnicas complejas, como vino, aceite,
ceramicas, perfumes, etc en tanto que tiene constante
necesidad de ciertas materias primas, sobre todo
de trigo. Vemos pues , que el medio ofrece un
reto constante al hombre, y el griego siempre
estuvo forzado a usar de una actividad inteligente
y creadora para sobrevivir y desarrollarse como
pueblo civilizador.
El poblamiento de Grecia.
En general, el mar Egeo y el mundo cultural que
se desarrolló en torno de sí presenta
un aspecto de unidad. Ese mar es como un camino
o mejor un cruce de caminos, por el que hombres
e ideas viajaban ya desde los tiempos neolíticos
y continuaron haciéndolo durante la edad
del bronce y los tiempos históricos.
Esta zona tiene características físicas
similares en cuanto a clima, suelo y recursos
materiales. Por consiguiente también su
cultura material es similar. Sin embargo, esto
no debe llevarnos a pensar que los pueblos que
vivieron en sus costas tuvieron tan una evolución
histórica similar, pues esa unifícacion
cultural bajo el o de Grecia sólo se logro
mucho más tarde.
Creta y Grecia tuvieron historias distintas hasta
que ambas entraron en contacto activo hacia el
aM 1.600 a.C. Lo mismo sucedió con Grecia
y las costas de Asia Menor.
Comenzaremos por estudiar la ocupación
humana de Grecia propiamente dicha. El hombre
más antiguo que conocemos como habitante
de Grecia es el de Nehanderthall. De él
se ha encontrado un solo craneo roto fosilizado
que fue hallado junto al mar en la Grecia noroccidental
en 1961. Este craneo y algunos otros huesos paleolíticos
encontrados en Tesalia en 1958 remontan la historia
de Grecia unos 60 o 70 mil años.
Los nómadas del paleolítico medio
y superior penetraron en el territorio griego
hasta las llanuras de Tesalia y Beocia. No existe
un vínculo directo entre ellos y los griegos
posteriores; sus restos están enterrados
debajo de capas de barro tan profundas que llegan
a medir cinco metros o bien se hallan en cuevas
que sólo raramente fueron ocupadas en fechas
posteriores.
El neolítico contó en Grecia con
algunos centros importantes cuyos habitantes desempeñaron
un gran papel en el desarrollo de la riqueza potencial
del país.
La aldea más antigua que conocemos es Nea
Nicomedia, en Macedonia, comenzada a excavar en
1961. Al parecer ya se utilizaba allí la
cerámica hacia el 6.200 a.C. - Los agricultores
que poblaban esta aldea cultivaban trigo, cebada,
lentejas y habían domesticado ovejas, cerdos,
cabras y ganado bovino.
Se han encontrado ídolos hechos en barro
y también de piedras suaves como la esteatita.
El 99% de estos ídolos representan
mujeres rollizas, con cabezas largas, narices
agudas, vientres y posaderas prominentes.
En las llanuras de Tesalia se han encontrado
numerosos montículos neolíticos
en los cuales las excavaciones han desenterrado
centros importantes de los cuales los más
famosos son los de Sesklo y Dimeni (Dimini).
Sesklo corresponde a una fase anterior (Neolítico
A). Las casas están agrupadas en aldeas
pequeñas cuya población no era superior
a las 150 personas. Cultivaban trigo, cebada,
centeno, higos, peras, bellotas, etc. Aunque abundaba
la caza mayor de jabalíes, ciervos, lobos
y tal vez leones, estas gentes eran esencialmente
agricultores, pastores, pescadores y marinos.
La existencia de barcos supone habilidad para
trabajar la madera, dominio de, las técnicas
de navegacion e instintos comerciales. Eran también
excelentes ceramistas con un delicado gusto artístico
que sugiere afinidades raciales y culturales con
el Cercano Oriente. Esto es también indicio
de una organizacion social lo suficientemente
compleja como para asignar tareas específicas
dentro de la aldea.
El montículo de Dimeni (Neolítico
B), cercano ,a Sesklo, nos revela un acontecimiento
importante ya que, al parecer, un nuevo pueblo
invadió estos valles de Tesalia. Algunas
aldeas fueron quemadas y otras muchas fueron cubiertas
por los restos de una cultura extranjera. Esto
ocurrió tal vez a principios del cuarto
milenio a.C. Sin duda estos pueblos poseían
superioridad militar basada probablemente en el
manejo de una nueva arma, el arco. Una flecha
voladora debió ser algo terrible para quienes
siempre habían luchado con cuchillos o
con hondas. La novedad más importante de
esta cultura es una muralla de fortificación
de cinco o seis anillos concéntricos y
una especie de casa rectangular que con frecuencia
suele considerársela como antepasado del
'mégaron micénico. No se sabe de
dónde vino el pueblo que ocupó Dimeni
y su procedencia puede ser tanto de Ántolia
(mégaron largo, aldea amurallada) o de
la península balcánica.
Estos pobladores neolíticos fueron el
grupo humano que usufructuó la tierra griega
durante mucho más tiempo que cualquier
otro. Su lengua se extendió mucho y tuvo
una excelente oportunidad de sobrevivi en algunos
lugares aislados que no fueron conquistados por
invasores posteriores. Aun en los tiempos clásicos
los griegos se dieron cuenta de que había
entre ellos grupos de extranjeros que hablaban
una antigua lengua o varias. Herodoto agrupó
a todos ellos bajo el nombre de "pelasgos".
Históricamente el nombre de Pelasgiotis
o pais de los pelasgos pertenece solamente a la
región de Tesalia limitada por Sesklo al
oriente y los montículos del valle del
río Peneios at occidenote. Las regiones
de este país siguieron siendo neolíticas
hasta mediada la edad del bronce.
En cunato a la religión de estos pobladores
neolíticos era del tipo caracteristico
de todas las culturas neolíticas mediterráneas
con abundancia de idolos femeninos y cuevas como
lugares de culto. Podemos afirmar que en toda
Grecia se adoraba en este período el mismo
tipo de madre tierra fértil, con ídolos
similares, sacrificios himnos. El extraordinario
poder de persistencia de esta religión,
tan profundamente arraigada en la vida agrícola,
se manifiesta en el hecho de que nunca murió
en Grecia. Pudo haber sido proscripta, no oficial,
transformada, suprimida o puesta en equilibrio
político con las religiones mas nuevas,
pero cualquier estudioso de la religión
reconoceria en ella uno de los principales dones
de la civilización neolítica para
sus herederos en Grecia y en el Cercano Oriente.
La Edad del Bronce
O período neolítico es el tramo
histórico más largo sin interrupcion
en la historia griega, más de tres mil
años apenas perturbados por una o dos invasiones
locales y por alguna mezcla de tipos humanos.
Este periodo es diez veces más largo que
el período clásico en Grecia y tres
veces más largo que todo el período
de su historia antigua escrita. Sin embargo, esta
civilizaciones neolíticas no pudieron haber
continuado como estaban más allá
del tercer milenio a.C., aun cuando a lo nuevo
hubiese desembarcado en sus costas. Se habían
inventado demasiadas cosas para que una economía
de la edad de piedra sobreviviera la competencia.
Los grandes progresos en la metalurgica tuvieron
lugar en las regiones de recursos abundantes:
El Caucaso, la costa de Anatolia, las mesetas
de Mesopotamia, Chipre y el sur de Egipto. Las
propias vetas de metal de plata y oro de Grecia
todavía no serían descubiertas ni
exploradas en miles de años y nunca sería
rica en cobre, hierro o estaño. Todavía
en plena Edad del Bronce en el continentegriego,
las nuevas herramientas de cobre fueron raras
durante muchas graciones y la mayor parte de los
trabajadores continuaban utilizando la obsidiana
y el pedernal.
Una tecnología del metal especializada
afecta profundamente la estructura social en las
aldeas, aun en aquellos lugares en donde el metal
no es muy abundante.
Los que no están adiestrados para extraer
el metal de las minas deben producir excedentes
agrícolas para comprar las nuevas herramientas
o bien continuar trabajando con una menor efectividad
utilizando las tradicionales herramientas de piedra.
Por el contrario, los que pueden ponerse a tono
con las nuevas tecnologías desarrollan
un modelo de vida comercial que supera en mucho
la organización agrícola neolítica.
Este desarrollo del comercio y aumento de la riqueza
personal, además de producir un crecimiento
de la población antes del año 3.000
a.C., creó las impresionantes- estructuras
urbanas del Cercano Oriente. Estos cambios afectaron
de dos maneras las regiones periféricas:
a) la arquitectura y la industria en los, lugares
colonizados se hicieron más complejas cuando
las aldeas se convirtieron en ciudades; b) se
aumentó la movilidad entre las tribus que
conocían las nuevas técnicas pero
que no tenían territorios propios. Esto
condujo
a colonizar nuevas costas e islas. Se produjo
así una gran variedad de movimientos desde
Anatolia, a través de las islas egeas hasta
la mitad oriental de Grecia. Creta también
recibió sin duda a grupos de marinos anatolios,
lo mismo que Macedonia y Tesalia.
Con la Edad del Bronce comienza el tradicional
sistema cronológico de tríadas adoptado
por los arqueólogos a partir del sistema
creado por sir Arthur Evans para la cronología
cretense. Se denomina Heládico al período
del bronce de la Grecia propiamente dicha, Minoico
al de Creta y Cicládico al de las islas.
Cada uno de ellos ha sido subdividido en tríadas:
Antiguo, Medio y Tardío (o Reciente), las
que, a su vez, han recibido otras subdividones:
I, II, III. Por ejemplo el Heládico Antiguo
puede ser dividido así: H A I,,H-AII, H
A III
Estas subdivisiones, que a simple vista son de
un gran atractivo lógico, resultan claramente
desafortunadas en la práctica a causa del
diferente ritmo existente entre el Heladico, el
Minoico y el Cicládico. Es una verdadera
camisa de fuerza para los investigadores actuales
impuesta por los -del siglo XIX.
Heládico Antiguo:
El heládico Antiguo dura probablemente
la mayor parte del tercer milenio a.C. y corresponde,
con cierto margen de seguridad, Reino Antiguo
y al primer periodo intermedio en Egipto; al Protoliterarioa,
al Dinástico Anterior:-(.Ur I), al Acadio
y Neosumerio en Meotamia; a Troya I y II, etc.
Debido a que Lerna es el lugar excavado más
recientemente (1952-1958) y el más impresionante
en cuanto a edificios, bien puede servir para
mostrarnos las características básicas
del período. Lerna, está en el fondo
de la bahía de Nauplia en la Argólida.
Hay dos motivos para asegurar que en Lerna se
conervaba riqueza: la ambiciosa construcción
denominada Casa de las Tejas y los sellos de los
nes que se conservaban en su interior.
La Casa de las Tejas debe su nombre a la gran
cantidad de tejas caídas del techo dentro
del edificio cuando éste ardió y,
se derrumbó. Tiene 25 m de largo por 12
m de ancho y poseía fortificacíones.
Este tipo de palacio, sí bien rudimentario,
causa la impresión de un poder concentrado,
aunque no debemos pensar en términos de
"palacios" y "reyes" en el
sentido histórico posterior. Como la polis
clásica, pero en menor escala, cada población
controlaba las tierras agrícolas y la cercanías
a la costa dentro de un radio de aproximadamente
10 o 15 km.
La sociedad del H A era agrícola y comerciante.
Cultivaban el trigo, la cebada, el olivo y a fines
del período ya comienzan a plantarse viñedos.
Se criaban los mismos animales domésticos
que en el período neolítico: ovejas,
cabras, cerdos. Los bueyes eran poco comunes y
probablemente costaban mucho. Las mujeres del
H A eran buenas tejedoras si juzgamos por las
dimensiones de los telares que sobreviven.
Dos tipos de en entierros aparecen como propios
de este período: la inhumación simple
y la costumbre de amontonar varios cuerpos en
hendeduras en la roca viva. Comienza a aparecer
la costumbre de colocar artículos de arreglo
personal junto a los muertos, lo que supone indudablemente
una creencia en la supervivencia de ultratumba.
Poco más es lo que podemos saber acerca
de su religión.La Grecia del H A no hizo
ídolos femeninos en la cantidad y el gran
estilo del Neolítico, lo cual sugiere un
cambio en las creencias religiosas. Sólo
se han encontrado unas cuantas figuras de terracota,
vestidas y regordetas, con caras picudas, que
a veces tienen fajas de pintura vidriada. A partir
de estas figuras poco es lo que podemos reconstruir
de las creencias religiosas, salvo que la fuerte
impresión que causa el culto neolítico
a la fertilidad y al matriarcado se ha esfumado.
El H A es un mundo de contactos costeros. El comercio
era realmente activo entre el continente griego
y las islas vecinas, en el que los productos cicladicos
como ídolos, diademas, artículos
de cosmética y algo de cerámica
se cambian en las poblaciones costeras seguramente
por productos agrícolas.
Las Cícladas
El grupo de pequeñas islas llamadas Cícladas
desempeñó un papel de importancia
en la edad del bronce griega. Estas islas forman
el puente central sobre el Egeo, entre Grecia
y Asia. Su tamaño varía entre el
de Naxos (442 kM2) y el de los pequeños
promontorios rocosos que emergen del mar. Aunque
muchas son inhospitas y ofrecen pocas posibilidades
de vida¡ algunas poseen un interior bastante
fértil. La mayoría de sus habitantes
vivían, entonces como ahora, de la agricultura,
la cría de animales pequeño, y la
pesca. Sus costas rocosas, son, salvo excepciones,
impracticables para los barcos modernos, pero
ofrecían mejores puertos a los barcos de
la Edad del Bronce. Ello explica su importancia
para los contactos comerciales de ésta
época.
Carecieron de fase neolítica importante
pero alcanzaron un rápido florecimiento
a principios de la Edad del Bronce hasta lograr
un apogeo que no volvieron a conocer en tiempos
posteriores. Las causas de este florecimiento
permanecen, en la mayoría de los casos,
en la oscuridad, como también las causas
de su decadencia. De las Cícladas partió
la producción de unas figurillas humanas
muy estilizadas y despersonalizadas que se distribuyeron
ampliamente por Grecia continental y Creta. De
un tamaño que oscila entre unos pocos centímetrcia
y, en uno o dos casos, metro y medio, parecen
haber sido hechas para acompañar a los
muertos en sus tumbas y satisfacer sus necesidades.
A diferencia de las figuras neolíticas,
las esculturas femeninas cicladicas carecían
de rasgos sexuales exagerados, de modo que no
puede aplicarse a ellas la denominación
de "diosas de la fertilidad".
En cuanto a la isla de Chipre, los testimonios
arqueológicos sugieren que, a principios
de la Edad del Bronce, Chipre estaba más
orientada hacia las influencias del Levante que
hacia Occidente. Los siglos siguientes presenciaron
un rápido crecimiento de la población
y la aparición de centros notablemente
ricos en la costa meridional y la oriental en
clara relación con el comercio oriental.
Luego, durante los siglos XV y XIV a.C., los influjos
y los objetos egeos parecen desplazar gradualmente
a los orientales, tanto que a fines de la Edad
del Bronce puede decirse que Chipre pertenece
al ámbito egeo. No cabe duda de que este
cambio está en relación con el florecimiento
de la cultura micénica en la península
griega. Seguramente en esta época Chipre
constituía una verdadera potencia hasta
que los llamados Pueblos del Mar acabaron con
ella junto con muchos otros núcleos de
Siria y Asia Menor.
El Heládico Medio. La llegada de los griegos
Aproximadamente alrededor del 2.200 a.C. se advierte
en Grecia la destrucción más o menos
completa de buen número de yacimientos
importantes en la Argólida; algo similar
parece haber ocurrido en el Ática y las
Cícladas. Hasta el momento se ignora hasta
dónde puede haberse extendido la devastación
en Grecia. Coincide en forma llamativa, al otro
lado del Egeo, en Anatolia, con el desastre más
o menos simultáneo de Troya II. Los testimonios
arqueológicos están plagados de
cambios de toda índole, pero no es frecuente
algo tan masivo y abrupto como lo que parece haber
sucedido en este momento. En Grecia no habría
de volver a ocurrir nada parecido hasta fines
de la Edad del Bronce, mil años más
tarde.
Centros que eran ricos y poderosos, con una larga
historia de estabilidad y continuidad, se derrumbaron
literalmente y lo que vino después fue
completamente diferente. Cabe preguntarse si no
existe relación entre estos cambios y la
llegada simultánea de gentes que hablaban
griego (o lo que había de ser el griego)
a un lado del Egeo y de pueblos que hablaban otras
lenguas indoeuropeas emparentadas entre sí
(hitita, luvita, palaíta), a la orilla
oriental.
La difusión de lenguas indoeuropeas reconocibles
en el segundo milenio a.C. es el más complejo
proceso histórico en la arqueología
lingüística. Se extendieron desde
la India hasta las Hébridas y suscitaron
las emociones nacionalistas de los investigadores
románticos en el siglo XIX. Los estudiosos
serios han abandonado la concepción del
"pueblo indoeuropeo" como dotado de
temperamento, maneras e instituciones caracteristicas,
el cual había barrido la tierra reemplazando
las culturas que encontraba por la que traía
consigo desde algún hogar de origen hipotético.
Ni en Grecia ni en Anatolia hay testimonios válidos
de que tal cosa haya sucedido. El gran poderío
de -la cultura hítita en la da mitad del
segundo milenio y la cultura micenica son, casi
con certeza producto de perfeccionamientos ocurridos
en Anatolia y Grecia respectivamente, no algo
importado en el ímportado en el area por
una única inmigración de conquistadores.
A pesar de ello, es necesario tener en cuenta
una serie importante de hechos reales. Llego un
momento en que Grecia y las islas es unificadas
lingüísticamente, con diferencias
meramente dialectales que son fáciles de
explicar. La lengua griega pertenece a la familia
indoeuropeo, la que ya en la Antigüedad se
extendía desde las orillas del Atlántico
hasta Armenia y el norte de la India. Por sus
características específicas los
filólogos han distinguido dentro de esta
familia dos grupos designados con el nombre correspondiente
al número cien en sánscrito y en
latín respectivamente.
El grupo satem (o grupo oriental) y el centum
(u occidental) al que corresponde el griego. Hay
testimonios convincentes de que estas lenguas
no eran indígenas en esos territorios y
que tropezaron con lenguas anteriores, quizá
más ricas, que no podían dejar de
influir en ellas.
No es posible, pues, evitar llegar a la conclusión
de que un movimiento de pueblos acompañó
a la expansión territorial de estas lenguas.
Lo que debe descartarse es que se tratara de un
único movimiento masivo, y sí de
oleadas sucesivas a partir de centros de expansión
diferentes y en diversas direcciones.
Hipotéticamente puede sugerirse que este
movimiento se refleja en las ya mencionadas destrucciones
en Grecia, Troya y seguramente en Anatolia, a
principios del segundo milenio a.C.
Sin embargo, no debemos caer en la tentacion
de pensar en una afinidad racial bien definida
entre estos primeros griegos y los de la época
clásica. Tampoco podemos asegurar que la
lengua que hablaban pudiera identificarse con
el griego posterior, el cual en sus dialectos
conocidos: jónico, dorico, eolio y sus
variantes, quedó definitivamente constituido
en el período que siguio al hundimiento
del mundo micénico, es decir, después
del 1.200 a.C..
La mayoría de los investigadores vinculan
la llegada de estos primeros griegos con la aparición
de la cerámica denominada "miniana".
Schliemann le dio este nombre porque encontró
las primeras manifestaciones en Orcomenos (Beocia)
donde vivió el legendario y fabulosamente
rico rey Minyas. Esta cerámica es de un
estilo característico, hecha ya en torno,
con una textura jabonoso, inspirada sin duda en
utensilios metálicos. Se difundió
notablemente por Grecia, las islas y parte occidental
de Anatolia desde el 1.900 a.C., o sea, desde
principios del H. M. I. Ya dijimos que para muchos
esta cerámica fue traída por inmigrantes
que se identifican con los griegos. Sin embargo,
se ha hallado en Lerna y en otros lugares,cerámica
hecha en tomo, correspondiente al H. A. I[II,
que se distingue poco de la miniana salvo por
ser más primitiva. ,
El período del heládico medio es
de una característica pobreza cultural.
No hay una arquitectura ni un arte notables, salvo
en lo que se refiere a la cerámica. Se
introdujeron pocas innovaciones, en el campo de
la agricultura; en el de la ganadería la
más importante fue la introducción
del caballo traído sin duda por los indoeuropeos.
Aparaece así una nueva costumbre funeraria
desde principios del H M. Se cavan tumbas en forma
de cajas poco profundas, las llamadas cistas,
cubiertas con lajas de piedra. Al principio eran
tan pequeñas que los cuerpos se colocaban
en ella contraídos en posición fetal,
y sin ningún acompañamiento de bienes.
Luego se hacen más grandes, con el muerto
en posición extendida y acompañado
con ofrendas. En realidad, ninguno de estos rasgos
funerarios es nuevo pues estaban extendidos en
las Cícladas desde hacía siglos.
Lo nuevo es la costumbre de situar las tumbas
de los niños, y a veces de los adultos,
bajo el suelo, dentro de las casas. Esta costumbre,
nueva en Grecia aunque vieja en Oriente, no ha
encontrado todavía una explicación
satiafactoria. La pobreza cultural del H M, el
que solo podemos conocer por los datos arqueológicos
pues falta completamente la escritura, contrasta
notablemente con la explosión de grandeza
y magnificencia del, Heládico Tardío
o Reciente. El hecho más significativo
revelado por la arqueología es que, desde
el principio mismo del H M, aparecen objetos e
influjos cretenses.
Conviene, pues, dar una ojeada a la cultura desarrollada
en esta isla.
Creta y su cultura
Situada a igual distancia de Europa, Asia y África,
la isla de Creta era considerada en la Antigüedad
como el centro del mundo. Segunda isla del Mediterráneo
Oriental después de Chipre, tiene una superficie
de 8.275 km2. Su longitud es de 260 km y su ancho
oscila entre los 60 y los 12 km.
Actualmente es un territorio inhóspito
y en gran parte desierto a causa del mal trato
dado por el hombre. Está recorrida la isla
por una cadena de montañas. calcáreas,
las Montañas Blancas, que por el oeste
son casi inaccesibles.
En la Antigüedad, Creta gozaba de una justa
reputación por sus prados y sus pastos,
sus bosques de encinas y cipreses, sus vinos y
la abundancia de buenos puertos en la costa norte
y oriental.
Los asentamientos neolíticos en Creta
se remontan aproximadamente al 6.000 a.C. y se
encuentran especialmente en las cuevas que abundan
en las montañas. Hay allí enterramientos
y lugares de culto. Sin duda durante este período
hubo contacto con las Cícladas, especialmente
con Melos, de donde llega la preciosa obsidiana
para fabricar instrumentos.
El cobre y luego el bronce aparecieron tardíamente
en Creta, no antes del 2.300 a.C. Para esta época
los habitantes de la isla se habían agrupado
en aldeas, abandonando las cuevas (nunca del todo),
habían crecido en número y habían
progresado mucho en la técnica. Al principio
de la Edad del Bronce los principales asentamientos
se encontraban en la parte oriental de la isla,
pero luego fueron desplazandose hacia el centro.
Las nuevas influencias culturales que acompañaron
la introduccion de los metales proceden especialmente
de Anatolia, Siria, e indirectamente de Egipto.
Sir Arthur Evans, quien fue el primero en iniciar
las excavaciones arqueologicas en Creta y el descubridor
del palacio de Cnosos, trato de reconstruir la
cronología de la Creta antigua y de establecer
correspondencias con la historia de Troya, las
Cícladas, la Hélade y tambien con
Egipto y Mesopotamia. Para ello se basó
en los objetos anatolios , sirio-fenicios y egipcios
encontrados en Creta y los objeto cretenses que
los arqueólogos habían encontrado
en Oriente.
Denominó al período comprendido
entre fines del Neolítico y la invasión
de los dorios con el nombre del legendario rey
de Cnosos, Minos. Califico, pues, de minoica a
la civilización desarrollada en Creta.
Basándose en la cerámica distinguió
dentro del minoico tres épocas; un Minoico
Antiguo (con cerámica ahumada, frecuentemente
de un solo color), un Minoico Medio (con la cerámica
llamada de Camares de decoración policroma
sobre fondo oscuro) y un Minoico Reciente (con
cerámica de decoración oscura sobre
fondo claro). Estas épocas se dividen a
su vez en períodos y fases.
La cronología de Evans tiene sus puntos
débiles y ha tenido que ser rectificada
pues recientes hallazgos arqueológicos
han introducido profundas transformaciones en
la cronología del -Oriente Antiguo.
Durante el Minoico Antiguo comienza el gran desarrollo
comercial de Creta, especialmente los puertos
situados al oriente de la isla. Cuando aún
Cnosos está en una fase subneolítica,
el emplazamiento de Mallia es una verdadera metrópoli.
El papel de la Creta oriental, abierta a las influencias
de Anatolia, parece esencial en el desarrollo
de la civilización minoica.
Esta civilización que comienza a esbozarse
en el M A llega a un súbito esplendor en
el M M (entre el 2.000 y el 1.600 a.C.). Fue la
edad de oro de Creta durante la cual se acabó
de realizar la "revolucion urbana",
se edificaron los grandes palacios decorados con
frescos de asombrosa belleza, las artes menores
(vasos, joyas, sellos) alcanzaron su perfección
y se organizó un tipo de sociedad que poseía
valores muy diferentes a todos los de su época.
Uno de -les aspectos más interesantes
y originales de esa cultura es indudablemente,
la escritura. Su evolución primero consistió
en una especie de pictografía a la que
Evans denominó "jeroglífico"
por analogía con la escritura egipcia.
Más tarde este tipo de escritura se esquematiza
en un sistema en el que cada signo representa
una sílaba. Evans llamó a esta escritura
"lineal A", de la que salió un
tercer tipo de escritura utilizada en Cnosos:
el "lineal B". Este último tipo
no se ha hallado en el resto de Creta, aunque
si en la Grecia continental. Todos los esfuerzos
realizados para descifrar el lineal A han sido
infructuosos. No ocurre lo mismo con el lineal
B. El búlgaro Georgiev sostuvo la hipótesis
de que las tablillas encontradas en Creta y en
Grecia, escritas con el sistema del lineal B,
reproducían una lengua indoeuropea muy
próxima al griego. Esta idea fue compartida
por el filólogo inglés Chadwick,
quien ayudado por Ventris, descifrador de claves
de la RAF durante la guerra, logró el desciframiento
de las tablillas y con ello demostró que
estaban escritas en griego arcaico.
El hecho de que hacia el 1.450 a.C., fecha en
que el palacio de Cnosos alcanza su apogeo, se
habla allí el griego,nos indica que los
verdaderos amos del palacio no son ya cretenses
sino los aqueos continentales.
Estos tipos de escritura cretense los conocemos
a través de unas cuatrocientas tablillas
de arcilla en forma de hoja, la mayoría
de las cuales son simples fragmentos. Estas tablillas
han sobrevivido por casualidad pues no se cocían
y se tiraban cuando no eran neas; sólo
los grandes incendios que acompañaron la
destrucción de los palacios conservaron
las tablülas que estaban en uso. Los textos
consignados en ellas son breves y muy poco importantes
en lo relativo a la vida espiritual pues se componen
de listas de artículos, registros de propiedades,
nombres de-servidores y funcionarios, etc.
Aun cuando el desciframiento (no logrado aún
con absoluta certeza) de estas tablillas escritas
en lineal B nos haya proporcionado algunos datos
interesantes, especialmente en lo que se refiere
a la historia de la lengua griega, la mayor parte
de nuestros conocimientos relativos a la cultura
cretense proceden de los restos materiales.
Puede afirmarse que las necesidades del poder
impulsaron al desarrollo de la escritura con más
fuerza que las exigencias intelectuales o espirituales.
El rápido crecimiento de los recursos naturales
y humanos, unido a . una concentración
social y geográfica del poder, determinaron
la edificación de los grandes palacios
cretenses desde los cuales era dirigida toda la
administración económica. Esto se
comprueba con el hallazgo en Cnosos de tablillas
en las que abundan las listas de personal e inventarias.
de mercancías.
El indudable poderío económico de
Creta, y especialmente Cnosos, nos lleva al discutido
tema de la talasocracia o imperio marítimo
minoico al que hacen referencia los historiadores
griegos de la época clásica. Herodoto
y Tucídides hablan de este dominio, pero
su relato es demasiado tardío para que
el dato pueda tomarse muy en serio. Suele apelarse
a la leyenda de Teseo y el Minotauro para hablar
de la sujeción de Atenas al señorío
cretense. Sin embargo, es curioso que, precisamente,
Atenas no muestre restos arqueólogicos
de influencia cretense que tanto abundan en el
resto de Grecia.
También se aduce el carácter abierto
de los palacios cretenses y la falta absoluta
de fortificaciones, para reafirmar la existencia
de ese dominio marítimo. Debemos tener
en cuenta que las amenazas por mar no han sido
nunca la única causa de las fortificaciones.
Ellas no explicarían, sin duda, las formidables
murallas de Micenas y Tirinto.
Posiblemente la falta de esas fortificaciones
deba mejor atribuirsele al caracter pacífico
de la civilización cretense que tan bien
se manifiesta en la ausencia de elementos guerreros
en las pinturas murales o en los ajuares funerarios.
Estos elementos guerreros en las pinturas murales
o en los ajuares funerarios aparecen únicamente
cuando individuos de habla griega, procedentes
del continente, dominan el palacio de Cnosos.
De cualquier modo, aunque no haya existido un,
imperio marítimo cretense en el estricto
sentido de la palabra, no puede negarse un predominio
cultural que se manifestó en gran parte
del mundo egeo. Veamos algunos aspectos sobresalientes
de esta original civilización.
Religión
Como en todas las sociedades, especialmente las
antiguas, la religión ocupaba un lugar
destacado. No podemos, sin embargo, tener una
idea exacta de ella pues carecemos de textos escritos,
al menos por el momento, ya que su escritura no
ha podido ser descifrada. Hay abundancia de restos
arqueológicos y artísticos pero
el significado profundo de estos restos se nos
escapa.
Sin duda, uno de los rasgos más característicos
de esta religión es la abundancia de símbolos
cuya presencia bastaba para crear una atmósfera
divina, sin necesidad de la epifanía del
dios.
Pero este simbolismo se combina también
con un innegable
antropomorfismo.
Entre los símbolos más importantes
está el pilar. Sin duda, en tiempos remotos,
los betilos (rocas que emergen del suelo, aerolitos
caídos del cielo, estalactitas de las cavernas)
fueron objeto de culto. Posteriormente este culto
se cambio por el del pilar que, mas que un elemento
arquitectónico, aparece como el símbolo
de los poderes estabilizadores de la divinidad.
La doble hacha o bipennis es un símbolo
tan característico de la religión
cretense como la cruz para el cristianismo o,la
media luna para el islamismo. Se la encuentra
en los frescos murales, en los vasos, las gemas,
sortijas, ete. ¿Cuál es su significado?
Existe una palabra de origen cario, "labrys",
que significa doble hacha. En Labranda, en Caria
(Asia Menor), se adoraba en tiempos históricos
a Zeus Labrandeo, el dios de la doble hacha. Como
los pueblos primitivos de Creta y de Caria estaban
indudablemente relacionados, resulta natural suponer
que también en Creta se adoraba al dios
de la doble hacha. Esa doble hacha puede identificarse
con el rayo. Pero si nos atenemos exclusivamente
a los testimonios cretenses comprobamos que la
doble hacha nunca aparece en las manos de un dios
masculino. Esto descarta " la posibilidad
de que simbolice el rayo pues éste siempre
es atributo de divinidades masculinas. Es' posible
pensar que la doble hacha fuera el instrumento
destinado al sacrificio de los animales consagrados
a la divinidad. Con el tiempo este instrumento
pudo llegar a convertirse en un símbolo
del culto.
El escudo bilobulado es otro frecuente símbolo
de la religión cretense. Como arma defensiva
pudo en un principio simbolizar la fuerza antes
de pasar a ser atributo de una diosa.
Los cuernos de consagración aparecen frecuentemente
'sobre los altares y lugares de culto. Es un objeto
formado por dos puntas córneas reunidas
en pareja sobre un grueso travesaño. Sin
duda están ligados al culto del toro, procedente
de Anatolia, y que tuvo en Creta mucha importancia,
como se desprende de la representación
de escenas de tauromaquia, desde luego con un
carácter sagrado. Con seguridad puede decirse
que estos cuernos constituían el lugar
de consagración pues los objetos sagrados
están colocados entre ellos. El árbol
ocupa también un lugar destacado en las
representaciones de escenas relacionadas con el
culto. El pino, la palmera, el olivo, el ciprés,
son honrados en Creta. No se trata de un culto
simple y primitivo del árbol sino que está
relacionado con los dioses antropomórficos.
En esas escenas representativas del culto arboreo
desciende por el aire un dios con lanza o escudo
o bien un pájaro. Este ultimo constituye
generalmente la forma que adoptan los dioses para
manifestarse. Quizá se viera una manifestación
del dios en cualquier pajaro que volara cerca
en el momento de realizarse un sacrificio.
Un aspecto indudable dentro de la religión
cretense es el predominio de las divinidades femeninas;
las masculinas aparecen mucho menos y se distinguen
por la lanza o el escudo.
Aunque subsisten abundantes dudas o discrepancias,
puede aventurarse la opinión de que en
Creta, lo mismo que en Anatolia, existe una supurioridad
de las divinidades femeninas sobre las masculinas,
contrariamente a lo que es frecuente en las sociedades
patriarcales de origen indoeuropeo. En las frecuentes
representaciones de estas divinidades femeninas
hay indudables reminiscencias del culto de la
gran Madre de Asia Menor. Sentada al pie del árbol
de la vida, aparece generalmente acompañada
por animales: serpientes, leones, palomas, etc.
Se la encuentra también con casco y armas,
convertida en diosa guerrera, que dispensa la
muerte igual que da la vida. Representada sobre
una barca, se supone que protege la navegación.
También tiene dominio sobre el mundo subterráneo,
infernal. La presencia a su lado de la serpiente
atestigua su origen ctónico.
Esto no debe inducirnos a suponer la existencia
de un monoteísmo cretense. Abundan, en
cambio, las divinidades femeninas con atributos
diferentes la que, a través de la religión
micénica, sobrevivieron en el panteón
griego.
Los cretenses no elevaron templos a sus dioses
sino que tenían lugares especiales destinados
al culto. Entre ellos se destacan las cuevas,
tan abundantes en el territorio montañoso
de la isla. En tiempos remotos constituyeron lugar
de habitación que, al ser abandonadas por
las aldeas, continuaron como recinto sagrado.
No olvidemos que
en el posterior culto de Zeus, el mito lo relacionaba
con el monte Ida, en una de cuyas cuevas encontró
refugio al escapar de la vorade su padre Cronos.
También en las cumbres de las montañas
aparecen instalaciones de culto, las que por otra
parte, abundan en las moradas sobre todo en los
palacios.
Las ceremonias consistían en sacrificios
de animale, libaciones, ofrendas de las primicias
de frutos o granos, procesiones, danzas y juegos.
El más importante era el de la tauromaquia,
muy bien representado por las pinturas murales
del palacio de Cnosos.
En cuanto a las creencias en una vida después
de la muerte, estan manifiestas por la abundancia
de objetos usuales colocados junto al -muerto
en sus tumbas. De esa manera quedaba asegurada
su subsistencia en el más allá.
Se desarrolló un culto funerario que incluía
hasta sacrificios sobre las tumbas. Posiblemente
el culto griego posterior del héroe tenga
su origen en estos rituales cretenses.
El arte cretense
Aunque ya durante el neolítico la cerámica
cretense revela caracteres originales, el arte
de la isla cobra esplendor en el Minoico Antiguo,
posiblemente por influencias orientales.
Tres artes sobresalen en esta época: la
cerámica, la orfebrería y la glíptica.
Hay una fuerte tendencia al realismo que se manifiesta
en la representación de muchos animales,
tanto en los vasos cerámicos como en las
joyas y los abundantes sellos de piedra o marfil.
Al final de este período se introduce en
Creta el empleo del torno de alfarero, factor
decisivo para la industrialización de la
cerámica. Estos progresos técnicos
y el refinamiento del gusto dan al arte cretense
una supremacía y originalidad que supera
sus modelos orientales y egipcios.
En arquitectura, el Minoico Medio es la época
en que se cons-
truyen los primeros palacios, los que serán
destruidos hacia el 1.700 a.C., seguramente por
un cataclismo, y posteriormente restaurados.
Se trata de construcciones poco imponentes: una
yuxtaposicion de salas unidas por corredores,
sin preocupación alguna por la unidad,
pero dotadas de un encanto sorprendente que nace
de las terrazas superpuestas, las hileras de pórticos
y las entradas monumentales. Abundan los pequeños
patios interiores para ofrecer luz y aire a los
habitantes del palacio y se muestra una preocupación
por el confort en el empleo de conductos que llevan
el agua a las dependencias. Estos palacios los
encontramos principalmente en Cnosos Festos y
Mallia.
Estas residencias principescas estaban ricamente
adornadas con frescos para los cuales los artistas
se inspiraban en el mundo vegetal y animal. Sin
embargo, al final del período las escenas
con animales se hacen más raras, los paisajes
desaparecen, la pintura reserva el fresco para
las ceremonias del culto y otorga el primer lugar
a la figura humana.
En escultura se muestra, como siempre, la falta
de obras de gran tamaño, el artista gusta
de las obras pequeñas y- fáciles
de transportar, prefiere la esteatita, el marfil
o la arcilla al mármol. Abundan las representaciones
desfiguras femeninas vinculadas sin duda al culto,
como por ejemplo la llamada "diosa de la
serpiente".
En la cerámica se logran sorprendentes
y maravillosos resultados utilizándose
abundante colorido, esmaltes y elementos decorativos
de gran belleza, como los animales marinos y las
plantas. Surge así el llamado "estilo
de Camares".
En cuanto a la orfebrería los artistas
cretenses se convierten en maestros del trabajo
en oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas.
Sus joyas constituyen un verdadero tesoro artístico.
A principios del Minoico Reciente, entre 1580
y 1450 a.C., el arte cretense alcanza su culminacion,
que coincide con el apogeo de Cnosos en la isla.
Las obras de los artistas no sólo se acumulan
en los palacios, sino también en las casas
de los ricos particulares.
Entre los más famosos frescos de esta
época figuran el llamado "Rey sacerdote"
y la "Parisiense". En la cerámica
triunfa el estilo naturalista con adornos de delfines,
flores y pulpos. Son también abundantes
las estatuillas votivas, las joyas y los sellos
de ónix y hematita.
En el Minoico Reciente II, posiblemente en coincidencia
con la instalación de un dominio continental
grecoparlante en el palacio de Cnosos, advertimos
un cierto estancamiento en el arte cretense, preanuncio
de una futura decadencia. Todavía encontramos
hermosos frescos como el de los Toreros o de la
Procesion. El primero se destaca por los moviminentos
de los personajes y él segundo por la belleza
de una de sus figuras, el "portador del ritón".
También hay al modificaciones arquitectónicas,
como el agregado del salón del trono al
palacio de Cnosos. En cerámica florece
el llamado "estilo palacio", en que
la estilización reemplaza al naturahsmo
anterior y se emplean motivos lineales y vegetales
con una gran fuerza decorativa.
Contrariamente a lo que se ha afirmado tradicionalmente,
la instalación de los griegos en Cnosos
no trajo aparejada la ruina de Creta. Las tablillas
en lineal B y la cerámica nos muestran
que toda Creta prosperaba bajo esta dominación,
sin interrupción de su comercio exterior
e interior. Desde luego se, notan influencias.
nuevas en la vida de la isla, sobre todo en el
arte en que los temas militares se convierten
en populares. Además también las
tumbas revelan en sus ajuares una fuerte tendencia
militarista. Pero nada hace suponer la catástrofe
que acabaría con el poderío de Cnosos
y de la cultura cretense.
Se desconoce cuándo (posiblemente hacia
el 1400 a.C.) y por qué cayó Cnosos.
Algunoa afirman que su destrucción fue
obra de la violencia humana, pero otros piensan
que sólo un terremoto podría ser
el responsable de la ruina simultánea de
tantas poblaciones distantes entre sí,
como Festos, Hagia Triada, Mallia, Goumia, etc.
Si se trató de una guerra, pueden aventurarse
muchas explicaciones pero no probarse ninguna
de ellas.
Al no conocer los detalles de este colapso de
la civilización cretense sólo podemos
observar cómo ésta se transformó
en el mundo griego posterior.
El Heládico Reciente. La civilización
Micénica o Aquea.
En la época de los grandes palacios cretenses,
es decir, hacia el MM, ocurrió algo en
la tierra griega que dio un giro radicalmente
nuevo a los acontecimientos de esta región
y de todo el Egeo. Al apagado mundo del H M, sin
grandes contactos con el Mediterráneo,
siguio el deslumbrante mundo del HE, que se abrió
plenamente hacia Creta, el Oriente, y aun Occidente.
Permanece en el misterio lo que pueda haber ocurrido
exactamente, dando pie a continuas especulaciones
y controversias. Para algunos fue la influencia
de la Creta minoica lo que sacó a Grecia
de su letargo. Para otros (por ej., para M.P.
Nilsson), la influencia cretense no bastaría
para explicar por completo esta transformación.
Hay también influencias nórdicas
que podrían explicarse por la llegada de
nuevos griegos, los denominados posteriormente
aqueos. Estos, procedentes de los Balcanes, se
instalaron primero en Tesalia pero luego se extendieron
por otros lugares de Grecia, especialmente por
el Peloponeso.
Cualquiera sea la explicación de este
fenómeno, lo que interesa son sus consecuencias.
Micenas, en la Argolida, se convirtió repentinamente
en el centro poderoso y rico de una civilización
de guerreros sin parangón en esta región.
Pronto surgieron otros centros importantes en
el centro y sur de Grecia, desde donde irradiaron
influjos culturales hacia las islas del Egeo,
las costas de Asia Menor y Siria por el Este,
y hacia Sicilia y el sur de Italia por el Oeste.
El hecho de que Micenas constituya uno de los
focos más importantes de esta civilizacion
ha llevado a aplicar el término "micenica"
a toda ella. Sin embargo, es necesario evitar
el error de creer que alude a una autoridad política
centralizada, a una sociedad repartida por una
extensa zona y gobernada desde Micenas. No existe
ningún indicio que pueda respaldar esta
afirmación.
Como preludio de esta floreciente civilización
encontramos en Micenas, y sólo en Micenas,
las llamadas "tumbas de fosa vertical",
correspondientes al período de transición
entre el H M y el HR (hacia el 1.600 a. C.).
El descubrimiento de estas tumbas constituye
el más famoso de la Grecia de la Edad del
Bronce y sus tesoros son, sin duda, los más
admirados de todos los entierros prehistóricos.
Schliemann descubrió estas tumbas en 1876
y de esa manera introdujo la civilización
micenica en el mundo de la investigación,
la cual, en cierto modo, todavía está
en sus comienzos. El círculo de tumbas
de fosa vertical descubierto por Schliemann recibe
el nombre de "Círculo A". Mucho
tiempo después, en 1951, un grupo de arqueologos
griegos descubrió
otro, el "Círculo B".
El "Círculo A" tenía
seis profundas tumbas de fosa vertical, así
como otras inhumaciones anteriores. Era el punto
central de un gran cementerio prehistórico
que se extendía hacia abajo, a lo largo
de las laderas ubicadas al oeste de la población
de Micenas. Posteriormente este grupo de tumbas
quedó dentro del recinto de la ciudad cuando
la Puerta de los Leones y el muro sudoccidental
fueron construidos después del 1.300 a.C..
El "Círculo B", situado fuera
de los muros, es mayor, más pobre y más
antiguo. Del total de 24 tumbas, 14 son verdaderas
fosas verticales. Por las excavaciones realizadas
en el "Círculo B" puede ahora
verse claramente cómo se hicieron estas
tumbas. En el lecho rocoso se excavaba un pozo
rectangular que llega a tener hasta 4 metros de
profundidad. Despues los trabajadores hacían
paredes artificiales formadas por piedras pequeñas
o por ladrillos contra las murallas de roca, hasta
la altura de la cintura del hombre, y extendían
una capa de guijarros sobre el piso. El cadáver
se hacía descender sobre una piel o por
medio de cuerdas. Su atavío funerario se
completaba con piezas de oro y, especialmente,
con mascarillas del mismo metal que seguramente
recibían su forma sobre el rostro mismo
del muerto. Luego se colocaban vigas a través
de la parte superior de las paredes interiores
para sostener un techo de ramas unidas con barro.
Después se llenaba con tierra la parte
superior de la excavación casi hasta la
superficie; se celebraba alguna ceremonia fúnebre
consistente en comer carne y beber vino, se arrojaban
sobre la tierra los huesos y las copas rotas.
Luego se cubría todo con tierra hasta formar
un pequeño montículo y se ponía
una estela funeraria cuando se trataba de una
tumba importante. Como estas tumbas contenían
varios cadáveres, en cada entierro posterior
habíá que ir abriendo la tumba desde
arriba, colocar el nuevo cuerpo y rehacer el trabajo.
El ajuar funerario de estas tumbas es riquísimo.
Se empleaban todos los materiales suntuarios tradicionales,
el oro sobre todo, y éste en tal cantidad
y tan bien trabajado que solo puede compararse,
en la Antiguedad,con los hallazgos de las tumbas
escitas, posteriores en mil años. Además
de muchos ornamentos y joyas trabajados en delicada
filigrana, hay cantidad de espadas y atributos
guerreros. Tanto en las técnicas empleadas
como en los estilos artísticos hay influencias
de otras culturas, especialmente orientales e
incluso de Creta, pero hay muchos rasgos originales
atribuibles exclusivamente a artesanos micenios.
Quienes quiera que fuesen los hombres y mujeres
enterrados en -estas tumbas, no hay duda de que
poseían una estructura de poder económica
y política diferente a todo lo que Grecia
había conocido hasta entonces. Si fueron
aventureros nativos procedentes del Heládico
Medio hay que tratar de explicarse cómo
llegaron a poseer tantas riquezas y por qué
se apartaron tanto de la tradición.
Si son extranjeros,., sus víncidos apuntan
especialmente hacia el norte. De lo que no cabe,
duda es que esta aristocracia guerrera abrió
nuevos horizontes a medida que se posesionó
de Grecia con lo que puso los cimientos de lo
que podemos llamar ya civilización micenia.
La duración de esta civilización
odemos limitarla entre las fechas 1550 a.C. y
1.100 a.C., fecha esta última en que se
produce la llegada de los dorios.
El Heládico Reciente, en sus períodos
I y II, nos demuestra un incremento en la técnica
y el arte, así como una mayor concentracion
de poder. Desde el punto de vista arquitéctonico
no encontramos todavía los grandes palacios
fortificados que causarán la admiración
de los arqueologos, sino un tipo especial de construcción
funeraria: las tumbas de bóveda o "tholoi".
No se puede determinar con precision de dónde
proceden las influencias que dieron origen a este
espectacular tipo de tumba. Seguramente es el
resultado de una serie de factores: un gusto megalítico
propio de los micenios, datos recibidos acerca
de'las pirámides de Egipto, nuevas técnicas
aprendidas de Creta sobre el modo de cortar las
piedras y, seguramente, un afán en los
príncipes por superar a sus rivales en
las construcciones funerarias.
Se trata de cámaras circulares abiertas
en la ladera de un promontorio rocoso; un corredor
o "dromos" conduce hasta la cámara
desde el nivel natural de la superficie del suelo.
Por una entrada profunda o "stomium"
se penetra en el interior de la cámara.
Esta ha sido techada mediante una estructura cupular
de piedras dispuestas en anillos decrecientes
hasta que una piedra fundamental puede taponar
y pesar sobre el hoyo en la parte más alta.
Lo que se ve exteriormente es un, pequeño
montículo de tierra por encima del nivel
del suelo, pues toda la construcción era
cubierta con tierra. Podemos hacemos una idea
del tamaño de estas tumbas por una de las
más conocidas y tardías. El llamado
"tesoro de Atreo", construido seguramente
hacia el 1.300 a.C.. La cámara tiene 14,5
m de diámetro y 13,2 m de altura; el dromos
es de 36 m de largo y el dintel sobre la puerta
de entrada pesa unas 100 toneladas.
La época de las tumbas de tholos corresponde,
sin duda, a un período de concentración
de poder de tipo monárquico durante el
cual se intenta cambiar el centro del poder de
Creta a Grecia, en que se comienzan a introducir
ciertos elementos de civilización como
la escritura y en que los aventureros griegos
se hacen presentes en Cnosos.
La forma en que estas dinastías reales
se van extendiendo por la Grecia central y meridíonal
puede determinarse en un mapa en que se señalen
las "tholoi" erigidas, la mayoría
de las cuales se construyeron durante el siglo
XV a.C.
La riqueza artístico que nos muestran
las ofrendas abundantes encontradas en estas tumbas
revelan todavía la influencia cultural
cretense, especialmente en la cerámica.
En pocos años, sin embargo, vemos cambiarse
la dirección de estas influencias. El poderío
de esta cultura micénica se nos manifiesta
en los múltiples hallazgos dé cerámica
en Sicilia y en el sur de Italia, en Rodas, Chipre,
costas de Asia Menor y otros muchos puntos del
Egeo. Las relaciones entre estos lugares donde
se ha encontrado abundante cerámica micénica
y los centros políticos de la Grecia continental,
son muy difíciles de precisar. Algunos
autores afirman que Rodas y Mileto eran colonias
micenias pero ésta es una hipótesis
imposible de demostrar, al menos por el momento.
Después del 1.400a.C. tuvo lugar en Grecia
un cambio trascendental: en lugar de levantarse
grandes cámaras funerarias se comenzaron
a erigir los palacios-fortalezas. Los cinco principales
encontrados hasta ahora son: Micenas, Tirinto,
Atenas, Tebas y Pilos. Todos ellos, y también
los de menor importancia, se asemejan más
a los castillos medievales que a los complejos
palaciegos abiertos de Creta.
De los palacios excavados, Tirinto y Pilos son
los mejor conservados y los más interesantes.
La mayor parte del palacio de Micenas cayó
sobre la colina en que se levantaba; la Acrópolis
de Atenas fue nivelada completamente y se construyó
sobre ella; la fortaleza-palacio Cadmea en Tebas
descansa debajo de una zona elegante de la poblacion
moderna.
Estos palacios han sido construidos en colinas
de elevación importante y sus muros tienen
varias puertas o entradas desde las cuales se
dominan los principales caminos que convergen
hacia ellos.
La población interior puede tener varias
calles principales, como en Micenas, y el palacio
está situado en el montículo más
alto por encima de las casas particulares y en
ocasiones se comunica con ellas por medio de una
rampa o de escaleras. El bienestar de la población
era incrementado mediante la construcción
de caminos y el abastecimiento de agua. Él
sistema de caminos micenio era extraordinariamente
avanzado para su época y formaba una larga
red que conectaba a las principales poblaciones
de Argólida y de Mesenia, y probablemente
también a Beocia y el Ática. Había
puentes de piedra y con frecuencia su superficie
estaba cubierta con grava. Los carros de guerra
y los agrícolas podían viajar por
ellos con menos saltos que en la época
clásica posterior. Los abastecimientos
de agua eran también refinados. El agua
pasaba por los barrios industriales y por el palacio
en tubos de terracota y era sacada por medio de
un sistema de canales subterráneos, algunos
de ellos revestidos con piedra. En realidad, los
micenios anticiparon casi todas las realizaciones
que en el campo de la hidráulica conocieron
los tiempos clásicos, salvo la invencion
del cemento impermeable; cuando deseaban impermeabilizar
utilizaban barro refinado o un emplasto de cal.
Los talleres de los artesanos, así como
las salas de los guardias, los almacenes y las
cocinas están junto a los palacios, en
la parte posterior o a sus lados. El palacio siempre
es el centro económico e industrial del
conjunto, así como el centro civil y militar.
Las poblaciones
aldeanas tenían sus habitaciones fuera
del recinto amurallado, pero podían buscar
protección en él en caso de ataque.
El palacio de Pilos, en Mesenia, ilustra con
gran claridad el diseño de una población
micenia. Las excavaciones que allí se hicieron,
dirigidas por el profesor Blegen, han sacado a
la luz uno de los planos más completos
de un palacio de la Grecia micénica. Las
abundantes tablillas escritas en lineal B que
allí se encontraron ofrecen más
información específica acerca de
la función del palacio que cualquier otro
sitio. La habitación principal, como en
todos los demás palacios micénicos,
es el "mégaron", compuesto por
un porche anterior con columnas y una larga habitación
cerrada, con un hogar central rodeado por cuatro
columnas que sostienen una claraboya para expulsar
el humo. Tras esta habitación hay una cámara
destinada a almacén.
El mégaron es el núcleo principal
del palacio, pero hay abundantes cuartos subsidiarios
que son muy interesantes para comprender las actividades
que allí se desarrollaban. Aunque estos
palacios pueden válidamente ser comparados
con los castillos medievales, no debemos llevar
la comparación demasiado lejos. En efecto,
una población como Pilos era mucho más
que un albergue para el gobernante, su familia,
servidores y tropas especiales. También
servía como un depósito seguro de
toda clase de productos y como central de intercambio
tanto de los productos elaborados en los talleres
del palacio como de los que procedían de
las aldeas colocadas bajo su dominio economico.
Estas ciudadelas representaban, por primera vez
en Grecia, verdaderos centros de población.
Debido a sus funciones de almacenamiento y de
intercambio gran parte del palacio estaba destinada
a finalidades comerciales, aunque sorprende la
gran cantidad de habitaciones adornadas y decoradas
con pinturas. Estos frescos, de indudable influencia
cretense, muestran escenas de la vida diaria;
damas sentadas en las ventanas contemplando lo
que ocurre en el exterior, soldados ejercitándose,
animales, elementos decorativos como escudos bilobulados,
ete.
El moblaje de estos palacios debía ser
muy simple, aunque poco es lo que ha sobrevivido
ya sea al incendio o a la destrucción.
Estaba, constituido por mesas, sillas, escabeles,
lechos pequeños, perchas para colgar las
ropas o algún cofre.
Como ya dijimos, lo más característico
de estos palacios, en el aspecto artístico,
es la pintura al fresco: es la expresión
más ilustratíva de la cultura micénica
y más llena de espíritu.
A pesar de ello no hay diferencias esenciales
con respecto a la pintura cretense.
Se muestra allí la misma afición
por la decoración abstracta y floral, las
mismas procesiones, las mismas figuras estáticas,
propias de los modelos cretenses.
Abundan más los temas guerreros que en
las pinturas cretenses y hay un movimiento mayor,
con fuerza dramática, pero en lo relativo
a las formas siguen siendo de inspiración
cretense. Afirmaciones similares pueden hacerse
respecto de la cerámica micénica.
En cuanto a la escultura, lo mismo que en Creta,
está ausente lo monumental, con excepción
de la Puerta de los Leones de Micenas. Hay un
gusto por lo pequeño, la miniatura, tanto
en los marfiles como en la terracota y las gemas
talladas. Parece extraño que estas dos
civilizaciones, tan bien dotadas, hayan pasado
por alto el progreso de la escultura monumental
en Egipto y Anatolia. En Grecia, la ausencia de
una tradición escultórica de gran
tamaño es particularente extraña
pues se extraía buena piedra de las canteras,
la que sí era utilizada en una arquitectura
monumental. La falta de modelos minoicos fue,
probablemente, lo que demoró la aparición
de una gran escultura. La ya mencionada Puerta
de los Leones es una expresión tardía,
cuando históricamente la cultura micénica
estaba proxima a morir. Se trata de un altorrelieve
tallado en el revestimiento del triangulo colocado
sobre el dintel de la puerta de la ciudad. Son
dos leones con el cuerpo de perfil y las cabezas
(que han desaparecido) mirando hacia el frente.
Ambos aparecen custodiando el pilar, elemento
simbólico ya mencionado. Sin duda tenían
un sentido religioso y alusivo, al mismo tiempo,
a la doble autoridad, divina y política
del rey. Están talladas con mucho realismo
y su modelado es claro y limpio como si estuvieran
talladas sobre marfil.
Donde sobresalieron sin duda los micenos fue
en el trabajo
de orfebrería. Las piezas más hermosas
se han reunido en el museo nacional de Atenas,
donde podemos apreciar todo el esplendor de Micenas
"rica en oro" según las palabras
de Homero. Además de las famosas mascarillas
encontradas por Schliemann en las tumbas del Círculo
A, contamos con hermosos ritones de plata y copas
como la que responde a la descripción que
Homero nos trae de la copa de Néstor. En
Vafio se encontraron dos vasos de oro en forma
de cubilete con un firme sentido de la composición,
y una claridad, muy alejados de los principios
estéticos cretenses. En ellos estamos tratando
de descubrir las primeras manifestaciones del
espíritu griego. Uno de ellos muestra un
paisaje montañoso con escenas de la vida
de toros salvajes: un toro ha quedado prisionero
en una red, en tanto que otros dos embisten furiosos.
En el otro vaso aparecen ya, en un paisaje llano,
dos toros domesticados.
Merecen también especial mención
las armas de lujo que enriquecen las tumbas de
los príncipes aqueos.
Un sincretiemo similar al que encontramos en
el arte se nos muestra en la religion micénica.
Tropezamos con enormes dificultades para conocerla
con alguna precisión pues las tablillas
en lineal B nos proporcionan muy pocos indicios,
al menos por el momento. En cuanto al testimonio
de Homero resulta sumamente peligroso pues hay
en él numerosos agregados posteriores.
Tampoco las manifestaciones artísticas
nos proporcionan mayores datos y siempre están
sujetas a interpretaciones diferentes. La abundancia
de figuras divinas femeninas tanto en la cerámica
y pintura como en la escultura puede inducirnos
-de hecho ocurrió así durante mucho
tiempo- a pensar que la religión cretense
y la micénica eran idénticas. Gracias
a los recientes trabajos de M. Parson Nilson y
de Charles Picard se han podido establecer diferencias
entre ellas.
La religión micénica es la síntesis
de elementos nórdicos con elementos mediterráneos.
Los indoeuropeos llevaron a Grecia su religion
que adoraba divinidades uranias y pastoríles.
Estas divinidades tropezaron con las que eran
propias de las poblaciones agrarias mediterráneas,
es decir, ctonicas y predominantemente femeninas.
De la fusión de estas dos religiones diferentes
surgió la religión micénica,
con algunas otras influencias procedentes de Egipto
y Oriente.
Este sincretismo explica por qué la religión
griega posterior se aparta de otras religiones
indoeuropeas, como la germana, la de Roma o de
la India en las que sobreviven mejor los rasgos
primitivos de las creencias indoeuropeas. Desde
luego en la religión micénica los
dioses tienen una importancia que equilibra o
supera en algunos casos la de las diosas. Además
hay en su panteón una organización
jerárquica similar a la que encontramos
en la sociedad humana.
En lo que se refiere al culto, las influencias
cretenses-fueron mayores. Lo mismo que en Creta
los lugares de culto están estrechamente
vinculados a la vivienda humana y faltan también
los templos. Abundan los ídolos, preferentemente
femeninos, y también los símbolos
sagrados.
En cuanto a las costumbres funerarias, éstas
fueron variadas aunque, en. general, los muertos
eran inhumados y no incinerados. Algunos de ellos,
los antiguos dueños de estos palacios,
designados con el nombre cretense de "heros"
(posiblemente señor) recibirán un
culto especial, como antepasados de las familias
reinantes. Adquirirán así el carácter
de potencias sobrenaturales, intermediarias entre
los dioses y los hombres. Nace así, en
el período micénico, el culto de
los héroes, que continuará más
allá de las invasiones doricas.
Relacionada con este culto hará su aparición
la mitología heroica que atravesando la
época, enriquecerá la literatura
y el arte de la Grecia arcaica y clásica.
En cuanto a la organización social y política,
el testimonio proporcionado por las tablillas
en Lineal B viene a completar los datos bastante
confusos brindados por Homero.
De acuerdo con esas tablillas comprobamos que
la sociedad aquea estaba completamente jerarquizada.
A la cabeza se encontraba el rey (Wanax en las
tablillas; basileus en Homero). Estaba asistido
por un funcionario llamado en las tablillas "lawagetas",
cuyas funciones no han podido establecerse con
precisión. Tal vez se trataba de una especie
de gran visir o un comandante en jefe de las tropas.
Por debajo de ambos existía una larga serie
de funcionarios cuyos nombres conocemos, pero
no sus funciones. Algunos de ellos cumplirían
tareas administrativas, y otros, militares. También
figuran en las tablillas nombres de sacerdotes
y sacerdotisas, de acuerdo con las importantes
tareas que cumplían dentro de la sociedad.
Por debajo de esta capa privilegiada se encontraba
el "damos" o pueblo, para el cual existía
una sistemática división del trabajo.
Había profesionales, burócratas,
artesanos de todo tipo, campesinos, y en la última
escala, los esclavos. Estos procedían de
las expediciones de saqueo como, seguramente,
fue la toma y destrucción de Troya.
Los trabajos realizados por Georges Dumézil
sobre mitología comparada muestran que
la sociedad divina de los indoeuropeos se basaba
en una división tripartita y trifuncional
que se trasladaba a la sociedad humana. A las
tres clases sociales de sacerdotes, guerreros
y campesinos, correspondían tres tipos
divinos que encarnaban la soberanía, la
fuerza y la fecundidad. De allí la existencia
de tríadas tan frecuentes en los pueblos
indocuropeos. Tomemos por ejemplo a los pueblos
indoiranios: la soberanía está representada
por Varuna y Mitra, la fuerza por Indra, y la
fecundidad por los Nasatya. (Para ampliar esta
teoría puede consultarse la obra de G.
Dumézil: Los Dioses de los Indoeuropeos.
La sociedad en castas de la India manifiesta con
rigidez esta división tripartita: los brahmanes
cumplen funciones de gobierno y sacerdotales;
los chatrias son los guerreros y los vaisias son
la casta productora.
También en la sociedad aquea podemos encontrar
resabios de la organización trifuncional
de los indoeuropeos: dos clases privilegiadas
nobles (funcionarios y guerreros) y sacerdotes,
las que dirigían la clase productora del
damos.
Los fundamentos económicos de esta sociedad
los encontramos en la agricultura, ganadería,
industria y comercio. Todas estas actividades
alcanzaron un gran desarrollo en la época
del apogeo micénico. La abundancia de objetos
de esta cultura, encontrados tanto en el Mediterráneo
oriental como en el occidental, revelan la expansión
comercial de un mundo pleno je vitalidad.
Sin embargo, la existencia de tan macizas fortificaciones
construidas en torno a los palacios aqueos parece
indicarnos que entre ellos no se disfrutaba de
mucha paz y concordia. El peligro que amenazaba
a estos grandes señores no procedía
tanto del mar como del propio continente. Las
guerras entre ellos deben haber sido frecuentes
y su poderío ya estaría muy debilitado
y decadente cuando irrumpieron los dorios. Sin
duda, el canto del cisne de esta civilización
fue la expedición conjunta llevada a cabo
contra Troya, al otro lado del Egeo.
La historia de Troya es, arqueologicamente hablando,
una de lo más complicadas del mundo. Esta
ciudadela, situada sobre una cadena de promontorios
a pocos kilómetros del mar Egeo y los Dardanelos,
que dominaba y gobernaba una fértil llanura
adyacente, carece de restos del neolítico.
Luego, a partir del 3.200 a.C. aproximadamente
el lugar fue ocupado de manera ininterrumpida
hasta el 1.100 a.C. De allí en adelante
y hasta el 720 a.C. no volvió a ser habitado.
Se ha tomado la costumbre de distinguir en Troya
ocho niveles arqueológicos diferentes cuya
cronología aproximada es la siguiente:
Troya I 3.200 - 2.600 a.C.
Troya Il 2.600 - 2.300 a.C.
Troya HI 2.300 - 2.200 a.C.
Troya IV 2.200 - 2.050 a.C.
Troya V 2.050 - 1.900 a.C
Troya VI 1.900 - 1.300 a.C.
Troya VII a '1.300 - 1.240 a.C.
Troya VII b 1.240 - 1.100 a.C.
Troya VIIII después del 720 a.C.
Durante toda su larga fase de la Edad del Bronce
Antigua, hasta quizá el 1.800 a.C., la
arqueología troyana revela una notable
continuidad cultural. No es que los tiempos fueran
completamente pacíficos; hubo una serie
de catástrofes periódicas que explican
la existencia de cinco estratos superpuesto, pero
a cada ruptura parece haber seguido una reconstrucción
inmediata y no se muestran indicios de la aparición
de elementos nuevos en la población. De
todas estas Troyas, la da es la más rica
y floreciente como lo demuestran los abundantes
tesoros hallados por Schliemann, quien, equivocadamente,
los atribuyó a Príamo.
Luego, hacia el 1.800 a.C., surge con Troya VI
una nueva ciivilizacion que aparece sin prevío
aviso, como aconteció en todo el Egeo con
similares innovaciones importantes. Este período
muestra una técnica militar avanzada, con
murallas complejas y arquitectura en general perfeccionada,
pero carece de tesoros y de obras estéticamente
importantes. No es una coincidencia que las ruinas
de Troya VI estén llenas de huesos de caballos,
pues fue el caballo lo que dio a los nuevos ocupantes
una ventaja militar decisiva sobre sus predecesores.
Las cantidades de cerámica miniana primero
y luego de la micénica encontradas en Troya
VI indican una íntima vinculación
con Grecia, hasta el punto que muchos arqueologos
han lanzado la hipótesis de que en aquel
momento Troya estaba en manos griegas o al menos
de una clase dirigente griega.
El más grande misterio que rodea a Troya
es que los troyanos no parecen haber enterrado
a sus muertos. No se ha descubierto más
que un pequeño cementerio de umas funerarias
a 500 m de la ciudadela, y que parece haber pertenecido
a Troya V. En consecuencia, el largo tiempo de
ocupación y de esplendor de Troya VI que
dura 600 años implica seguramente más
de un millón de muertos en ese lugar. ¿A
donde han ido a parar sus restos? Es un misterio.
En cualquier caso la ausencia de tumbas convierte
a la reconstrucción de la historia troyana
en algo particularmente difícil. Por lo
demás, los troyanos no tenían escritura
o, si escribían, lo hacían sobre
materiales perecederos tales como la madera o
el cuero. No nos ha quedado nada. La arquitectura
de Troya VI es más cuidadosa y menos megalítica,que
la de Micenas. Casi da una impresion de lujo.
Los Aqueos construían de un modo utilitario,
únicamente para defenderse; los soberanos
de Troya eran más amantes de la apariencia.
Troya estaba aislada del mundo asiático
con el cual no tenía buenas comunicaciones
naturales. Particularmente los troyanos parecen
haber ignorado y haber sido ignorados por los
soberanos hititas. Salvo dos pequeños sellos
cilíndricos, no se ha encontrado, en todos
los trabajos efectuados en el nivel de Troya VI,
ningún objeto de origen oriental. Todas
las importaciones son micénicas y la mayor
parte son objetos de lujo. Esto prueba la gran
afinidad de cultura existente entre Troya y el
mundo egeo.
Troya era un reino habitado por una población,
si no griega, al menos fuertemente helenizada,
que se dedicaba principalmente a la cría
de caballos y de ganado menor. Esto le permitió
desarrollar una floreciente industria textil a
fin de intercambiar sus tejidos por los productos
de lujo venidos del mundo micénico.
Troya VI fue destruida por una catástrofe
tan grande que es más razonable atribuirla
a un movimiento sísmico que a causas humanas.
Troya.VIIa representa la continuación
directa de Troya VI, pero todo esplendor ha desaparecido.
Esta ciudad disminuida es la que coincide con
la última gran fase de Grecia que comienza
hacia el 1.300 a.C.. La cerámica miniana
persiste, pero esta sociedad arruinada no estaba
en condiciones de importar la magnífica
cerámica micénica, orgullo de los
banquetes de Troya VI. La industria textil parece
haberdesaparecido y ya no existen artículos
para el intercambio. Este aspecto es de mucha
importancia para comprender las causas que impulsaron
a los aqueos a emprender la guerra contra Troya.
Troya VIIA desapareció en una inmensa conflagración
producida por la mano del hombre alrededor de
1240 o 1230. La fecha de su caída está
en relación con todos los problemas que
afectaron el final del mundo micénico.
Es obvio que no pudo organizarse una invasión
micénica de Troya después de 1.200
a.C., pues las propias potencias griegas estaban
sufriendo ataques y siendo destruidas.
En cuanto a las razones que pudieron impulsar
a los aqueos a esta guerra, dejando de lado a
Homero y la tradición épica, parecen
haber sido simplemente las de un saqueo a fondo
de esta ciudad que, si bien ya no era tan poderosa
como la Troya VI, guardaba sin duda suficientes
recuerdos del pasado esplendor como para despertar
la codicia de los señores aqueos. Esta
es, sin embargo, una de las tantas conjeturas
y posibilidades que han sido formuladas sin comprobación,
hasta este momento.
El final de la Edad de Bronce
En los archivos hititas se conservan unos veinte
textos en los que se hace referencia al reino
de Akhkhiyawa. Desde que se descifró la
escritura hitita se ha intentado reconocer en
los pobladores de este reino a los aqueos, denominación
que los poemas Homéricos aplican a los
griegos que participaran en la guerra de Troya
y, probablemente, el nombre con que se designaban
a sí mismos en la época micénica.
La mayoría de los especialistas acepta
hoy esta identificación, pero subsiste
el problema de la ubicación de este reino.
Algunos piensan
que estaba en el continente, pero todas las probabilidades
están en contra de opinión. Puesto
que tal reino de Akhkhiyawa estaba lo suficientemente
cerca del reino hitita como para amenazarle en
la última etapa de su historia, es casi
seguro que se trata de un reino aqueo ubicado
en Rodas. En todo caso, los datos hititas no nos
informan sino que las gentes de este reino, fueran
o no griegos micénicos, tomaron parte,
en la segunda mitad del siglo XIH a.C., en las
hostilidades y actos de piratería que se
produjeron contra las fronteras del reino hitita.
Este fue destruido entre 1.200 y 1.190 a.C. Aunque
no tenemos testimonios acerca del pueblo que lo
destruyo, parece cada vez más probable
que su ruina está vinculada a las devastaciones
provocadas en el Mediterráneo oriental
por una coalición de pueblos, mencionada
por dos veces en las fuentes egipcias, con la
equívoca denominación de "Pueblos
del Mar". Al parecer se trataba de pueblos
de la más variada procedencia que aún
no han podido ser identificados, con excepcion
de los filisteos.
Alrededor de esa fecha (1.200 a.C.) se produjo
el abrupto final de la mayor parte de estas civilizaciones
del bronce. Desde Tesalia en el norte hasta Laconia
en el sur, hay al menos una docena de fortalezas
arrasadas, entre ellas Yolco, Gla, Pfios, Micenas,
etc.
Tanta destrucción es difícil imaginarla
independientemente de los actos de piratería
de los pueblos del mar y de los destructores del
imperio hitita. También se registraron
trastornos en regiones tan alejadas como Mesopotamia
en el este e Italia en el oeste. Ello indica un
amplio movimiento de pueblos no organizados en
forma de una auténtica coalición,
sino provocado por alguna causa que expulsara
a aquellas gentes de algún lugar. Algunos
piensan que el centro originario de estos movimientos
estuvo en la región cárpato-danubiana
de Europa. Otros prefieren creer que en el Asia
Menor.
Por lo que se refiere a Grecia el ataque vino
del norte, fuesen cuales fuesen sus orígenes
remotos. Los intrusos penetraron con éxito
y consiguieron destruir tanto las fortalezas del
Peloponeso como la organizacion política
que sostenían. Como el Peloponeso y Creta
fueron en siglos posteriores la sede del dialecto
dorico, muchos historiadores creen que estos invasores
fueron "dorios", una rama de la inmigración
de lengua griega que se había asentado
en la parte noroccidental de la penínstúa,
permaneciendo allí tal vez durante mil
años, al margen de la brillante civilización
del bronce que se desarrolló en el resto
de Grecia. Luego comenzaron a moverse lentamente
hacia el sur y su desplazamiento fue quizá
una consecuencia del movimiento de pueblos producido
en los Balcanes. Cuando hacia el 1.200 a.C. se
rompió el equilibrio de poder existente
en el mundo griego, aprovecharon su oportunidad.
En realidad, ellos no ocasionaron la caída
del imperio micénico sino que se aprovecharon
de las condiciones generales existentes en ese
momento y que, de todos modos, lo hubieran hecho
caer.
La tradicion ha conservado un recuerdo muy vivo
de este amplio movimiento de pueblos en el mito
del retorno de los Heráclidas. Se decía
que, después de muerto Héracles,
sus hijos tuvieron que huir del Peloponeso por
causa de su primo, el cruel Euristeo.
Varias veces sus descendientes intentaron retomar
al Peloponeso pero fracasaron. Finalmente, un
siglo después de la muerte de Heracles,
sus descendientes recuperaron su reino. La tradición
consideraba a los Heráclidas como los jefes
y conductores de unos invasores nórdicos,
los dorios. La ruta que siguieron los dorios en
su marcha hacia el Peloponeso ofrece muchas dudas.
Al parecer unos penetraron en esta región
atravesando el golfo de Corinto en Naupacta y
se instalaron en la Élida,
Acaya y Laconia. Otros penetraron por tierra a
través del istmo de Corinto y se instalaron
sobre todo en Argos, Corinto y Megara.
La marejada dorica abarcaba casi toda Grecia.
Solo algunas regiones escaparon indemnes; tal
es el caso de Arcadia, en el centro del Peloponeso,
y Atenas, que no sabemos si fue dejada a un lado
por los invasores o si resistió su ataque
logrando rechazarlo.
No hay duda que la Regada de los dorios coincidió,
en Grecia, con múltiples trastornos. En
consecuencia, los investigadores se inclinaron
a ver en estos invasores el origen de tales trastornos
y a atribuirles una se-
rie de cambios importantes.
Durante mucho tiempo se ha sostenido que los
dorios introdujeron dos novedades de gran importancia:
la metalurgia del hierro y la cerámica
de estilo geométrico. De esa manera podía
explicarse fácilmente su conquista del
Peloponeso ya que sus armas de hierro eran muy
superiores a las de bronce de los aqueos. Actualmente,
sin embargo, no existe ninguna duda de que fue
en Anatolia donde primero se conoció el
trabajo del hierro, cuyo monopolio tuvieron los
hititas durante mucho tiempo. Una vez producida
la ruina del imperio hitita, hacia 1.200 a.C.,
el manejo del hierro, se extendió por Palestina
y Creta y de allí, seguramente, pasó
a Grecia continental.
Fue en Grecia donde los dorios se familiarizaron
con el hierro.
Tampoco podemos atribuir a los dorios la introducción
en Grecia del estilo geométrico. Este parece
haber sido una derivación del arte micénico
sobre el cual actuaron influencias orientales.
Además, este estilo alcanzó sus
más brillantes manifestaciones en Chipre
y en Atenas, que no habían sido afectadas
por la invasión de los dorios. En cuanto
a la incineración de los cadáveres,
tampoco parece haber sido una aportación
exclusiva de los dorios ya que la civilización
micénica había comenzado a utilizarla,
aunque muy rara vez.
En el terreno de lo social encontramos algunas
aportaciones de los invasores, especialmente en
lo que se refiere a la implantación de
un sistema férreamente patriarcal según
la tradición indoeuropeo. El ideal de esta
sociedad es el caballeresco, que exalta las virtudes
varoniles, la fuerza, el valor, la fidelidad.
En todas las regiones donde se establecieron aplicaron
su dura mano sobre las poblaciones sometidas,
convirtiéndolas en esclavas. El caso más
conocido es el de los flotas de Esparta.
En el campo religioso hubo asimismo innovaciones
pues allí también se puso de manifiesto
la superioridad masculina. Es el momento en que
dos divinidades masculinas, Zeus y Apolo, afirman
su dominio por todas partes a expensas de las
divinidades femeninas vinculadas a la tierra.
No debemos pues, sobreestimar las aportaciones
de los dorios y atribuirles la destrucción
de la brillante civilización del bronce
griego.
Esta ya estaba en decadencia como resultado del
complejo movimiento de pueblos y migraciones que
durante los siglos XIII y XII a.C. habían
afectado el Mediterráneo oriental. Su llegada
sólo sirvió para acelerar el proceso.
Durante los dos o tres siglos siguientes se puede
apreciar un vacío de poder en todo el Mediterráneo
oriental. Fortalezas y palacios se derribaron
sin ser reedificados y todo parece indicar que
se produjo un descenso notable en el nivel de
vida, así como grandes movimientos migratorios
y una considerable reducción de la población.
Desaparecen los grandes imperios característicos
de la Edad de Bronce y el comercio se paraliza
notablemente.
Como también desaparece el manejo de la
escritura, lo poco que sabemos es a través
de la arqueología.
Sin embargo, en estos siglos oscuros se estaba
gestando un nuevo tipo de sociedad y de cultura
griega. Por esa razón, al calificar de
oscuros los siglos que corren entre el 1200 a.C.
y el 800 a.C. aproximadamente, debemos señalar
que los que estamos a oscuras somos nosotros.
En medio de esa evidente pobreza material, se
estaba dando forma a un nuevo mundo.
La Edad del Bronce
O período neolítico es el tramo
histórico más largo sin interrupcion
en la historia griega, más de tres mil
años apenas perturbados por una o dos invasiones
locales y por alguna mezcla de tipos humanos.
Este periodo es diez veces más largo que
el período clásico en Grecia y tres
veces más largo que todo el período
de su historia antigua escrita. Sin embargo, esta
civilizaciones neolíticas no pudieron haber
continuado como estaban más allá
del tercer milenio a.C., aun cuando a lo nuevo
hubiese desembarcado en sus costas. Se habían
inventado demasiadas cosas para que una economía
de la edad de piedra sobreviviera la competencia.
Los grandes progresos en la metalurgica tuvieron
lugar en las regiones de recursos abundantes:
El Caucaso, la costa de Anatolia, las mesetas
de Mesopotamia, Chipre y el sur de Egipto. Las
propias vetas de metal de plata y oro de Grecia
todavía no serían descubiertas ni
exploradas en miles de años y nunca sería
rica en cobre, hierro o estaño. Todavía
en plena Edad del Bronce en el continentegriego,
las nuevas herramientas de cobre fueron raras
durante muchas graciones y la mayor parte de los
trabajadores continuaban utilizando la obsidiana
y el pedernal.
Una tecnología del metal especializada
afecta profundamente la estructura social en las
aldeas, aun en aquellos lugares en donde el metal
no es muy abundante.
Los que no están adiestrados para extraer
el metal de las minas deben producir excedentes
agrícolas para comprar las nuevas herramientas
o bien continuar trabajando con una menor efectividad
utilizando las tradicionales herramientas de piedra.
Por el contrario, los que pueden ponerse a tono
con las nuevas tecnologías desarrollan
un modelo de vida comercial que supera en mucho
la organización agrícola neolítica.
Este desarrollo del comercio y aumento de la riqueza
personal, además de producir un crecimiento
de la población antes del año 3.000
a.C., creó las impresionantes- estructuras
urbanas del Cercano Oriente. Estos cambios afectaron
de dos maneras las regiones periféricas:
a) la arquitectura y la industria en los, lugares
colonizados se hicieron más complejas cuando
las aldeas se convirtieron en ciudades; b) se
aumentó la movilidad entre las tribus que
conocían las nuevas técnicas pero
que no tenían territorios propios. Esto
condujo
a colonizar nuevas costas e islas. Se produjo
así una gran variedad de movimientos desde
Anatolia, a través de las islas egeas hasta
la mitad oriental de Grecia. Creta también
recibió sin duda a grupos de marinos anatolios,
lo mismo que Macedonia y Tesalia.
Con la Edad del Bronce comienza el tradicional
sistema cronológico de tríadas adoptado
por los arqueólogos a partir del sistema
creado por sir Arthur Evans para la cronología
cretense. Se denomina Heládico al período
del bronce de la Grecia propiamente dicha, Minoico
al de Creta y Cicládico al de las islas.
Cada uno de ellos ha sido subdividido en tríadas:
Antiguo, Medio y Tardío (o Reciente), las
que, a su vez, han recibido otras subdividones:
I, II, III. Por ejemplo el Heládico Antiguo
puede ser dividido así: H A I,,H-AII, H
A III
Estas subdivisiones, que a simple vista son de
un gran atractivo lógico, resultan claramente
desafortunadas en la práctica a causa del
diferente ritmo existente entre el Heladico, el
Minoico y el Cicládico. Es una verdadera
camisa de fuerza para los investigadores actuales
impuesta por los del siglo XIX.
Creta y su cultura
Situada a igual distancia de Europa, Asia y África,
la isla de Creta era considerada en la Antigüedad
como el centro del mundo. Segunda isla del Mediterráneo
Oriental después de Chipre, tiene una superficie
de 8.275 km2. Su longitud es de 260 km y su ancho
oscila entre los 60 y los 12 km.
Actualmente es un territorio inhóspito
y en gran parte desierto a causa del mal trato
dado por el hombre. Está recorrida la isla
por una cadena de montañas. calcáreas,
las Montañas Blancas, que por el oeste
son casi inaccesibles.
En la Antigüedad, Creta gozaba de una justa
reputación por sus prados y sus pastos,
sus bosques de encinas y cipreses, sus vinos y
la abundancia de buenos puertos en la costa norte
y oriental.
Los asentamientos neolíticos en Creta
se remontan aproximadamente al 6.000 a.C. y se
encuentran especialmente en las cuevas que abundan
en las montañas. Hay allí enterramientos
y lugares de culto. Sin duda durante este período
hubo contacto con las Cícladas, especialmente
con Melos, de donde llega la preciosa obsidiana
para fabricar instrumentos.
El cobre y luego el bronce aparecieron tardíamente
en Creta, no antes del 2.300 a.C. Para esta época
los habitantes de la isla se habían agrupado
en aldeas, abandonando las cuevas (nunca del todo),
habían crecido en número y habían
progresado mucho en la técnica. Al principio
de la Edad del Bronce los principales asentamientos
se encontraban en la parte oriental de la isla,
pero luego fueron desplazandose hacia el centro.
Las nuevas influencias culturales que acompañaron
la introduccion de los metales proceden especialmente
de Anatolia, Siria, e indirectamente de Egipto.
Sir Arthur Evans, quien fue el primero en iniciar
las excavaciones arqueologicas en Creta y el descubridor
del palacio de Cnosos, trato de reconstruir la
cronología de la Creta antigua y de establecer
correspondencias con la historia de Troya, las
Cícladas, la Hélade y tambien con
Egipto y Mesopotamia. Para ello se basó
en los objetos anatolios , sirio-fenicios y egipcios
encontrados en Creta y los objeto cretenses que
los arqueólogos habían encontrado
en Oriente.
Denominó al período comprendido
entre fines del Neolítico y la invasión
de los dorios con el nombre del legendario rey
de Cnosos, Minos. Califico, pues, de minoica a
la civilización desarrollada en Creta.
Basándose en la cerámica distinguió
dentro del minoico tres épocas; un Minoico
Antiguo (con cerámica ahumada, frecuentemente
de un solo color), un Minoico Medio (con la cerámica
llamada de Camares de decoración policroma
sobre fondo oscuro) y un Minoico Reciente (con
cerámica de decoración oscura sobre
fondo claro). Estas épocas se dividen a
su vez en períodos y fases.
La cronología de Evans tiene sus puntos
débiles y ha tenido que ser rectificada
pues recientes hallazgos arqueológicos
han introducido profundas transformaciones en
la cronología del -Oriente Antiguo.
Durante el Minoico Antiguo comienza el gran desarrollo
comercial de Creta, especialmente los puertos
situados al oriente de la isla. Cuando aún
Cnosos está en una fase subneolítica,
el emplazamiento de Mallia es una verdadera metrópoli.
El papel de la Creta oriental, abierta a las influencias
de Anatolia, parece esencial en el desarrollo
de la civilización minoica.
Esta civilización que comienza a esbozarse
en el M A llega a un súbito esplendor en
el M M (entre el 2.000 y el 1.600 a.C.). Fue la
edad de oro de Creta durante la cual se acabó
de realizar la "revolucion urbana",
se edificaron los grandes palacios decorados con
frescos de asombrosa belleza, las artes menores
(vasos, joyas, sellos) alcanzaron su perfección
y se organizó un tipo de sociedad que poseía
valores muy diferentes a todos los de su época.
Uno de -les aspectos más interesantes
y originales de esa cultura es indudablemente,
la escritura. Su evolución primero consistió
en una especie de pictografía a la que
Evans denominó "jeroglífico"
por analogía con la escritura egipcia.
Más tarde este tipo de escritura se esquematiza
en un sistema en el que cada signo representa
una sílaba. Evans llamó a esta escritura
"lineal A", de la que salió un
tercer tipo de escritura utilizada en Cnosos:
el "lineal B". Este último tipo
no se ha hallado en el resto de Creta, aunque
si en la Grecia continental. Todos los esfuerzos
realizados para descifrar el lineal A han sido
infructuosos. No ocurre lo mismo con el lineal
B. El búlgaro Georgiev sostuvo la hipótesis
de que las tablillas encontradas en Creta y en
Grecia, escritas con el sistema del lineal B,
reproducían una lengua indoeuropea muy
próxima al griego. Esta idea fue compartida
por el filólogo inglés Chadwick,
quien ayudado por Ventris, descifrador de claves
de la RAF durante la guerra, logró el desciframiento
de las tablillas y con ello demostró que
estaban escritas en griego arcaico.
El hecho de que hacia el 1.450 a.C., fecha en
que el palacio de Cnosos alcanza su apogeo, se
habla allí el griego,nos indica que los
verdaderos amos del palacio no son ya cretenses
sino los aqueos continentales.
Estos tipos de escritura cretense los conocemos
a través de unas cuatrocientas tablillas
de arcilla en forma de hoja, la mayoría
de las cuales son simples fragmentos. Estas tablillas
han sobrevivido por casualidad pues no se cocían
y se tiraban cuando no eran neas; sólo
los grandes incendios que acompañaron la
destrucción de los palacios conservaron
las tablülas que estaban en uso. Los textos
consignados en ellas son breves y muy poco importantes
en lo relativo a la vida espiritual pues se componen
de listas de artículos, registros de propiedades,
nombres de-servidores y funcionarios, etc.
Aun cuando el desciframiento (no logrado aún
con absoluta certeza) de estas tablillas escritas
en lineal B nos haya proporcionado algunos datos
interesantes, especialmente en lo que se refiere
a la historia de la lengua griega, la mayor parte
de nuestros conocimientos relativos a la cultura
cretense proceden de los restos materiales.
Puede afirmarse que las necesidades del poder
impulsaron al desarrollo de la escritura con más
fuerza que las exigencias intelectuales o espirituales.
El rápido crecimiento de los recursos naturales
y humanos, unido a . una concentración
social y geográfica del poder, determinaron
la edificación de los grandes palacios
cretenses desde los cuales era dirigida toda la
administración económica. Esto se
comprueba con el hallazgo en Cnosos de tablillas
en las que abundan las listas de personal e inventarias.
de mercancías.
El indudable poderío económico de
Creta, y especialmente Cnosos, nos lleva al discutido
tema de la talasocracia o imperio marítimo
minoico al que hacen referencia los historiadores
griegos de la época clásica. Herodoto
y Tucídides hablan de este dominio, pero
su relato es demasiado tardío para que
el dato pueda tomarse muy en serio. Suele apelarse
a la leyenda de Teseo y el Minotauro para hablar
de la sujeción de Atenas al señorío
cretense. Sin embargo, es curioso que, precisamente,
Atenas no muestre restos arqueólogicos
de influencia cretense que tanto abundan en el
resto de Grecia.
También se aduce el carácter abierto
de los palacios cretenses y la falta absoluta
de fortificaciones, para reafirmar la existencia
de ese dominio marítimo. Debemos tener
en cuenta que las amenazas por mar no han sido
nunca la única causa de las fortificaciones.
Ellas no explicarían, sin duda, las formidables
murallas de Micenas y Tirinto.
Posiblemente la falta de esas fortificaciones
deba mejor atribuirsele al caracter pacífico
de la civilización cretense que tan bien
se manifiesta en la ausencia de elementos guerreros
en las pinturas murales o en los ajuares funerarios.
Estos elementos guerreros en las pinturas murales
o en los ajuares funerarios aparecen únicamente
cuando individuos de habla griega, procedentes
del continente, dominan el palacio de Cnosos.
De cualquier modo, aunque no haya existido un,
imperio marítimo cretense en el estricto
sentido de la palabra, no puede negarse un predominio
cultural que se manifestó en gran parte
del mundo egeo. Veamos algunos aspectos sobresalientes
de esta original civilización.
El suelo griego
Antes de penetrar en la historia de Grecia es
necesario echar una mirada al escenario en que
se desarrolló esa historia. Si pensamos
en la teoría de Toynbee acerca de la génesis
de las civilizaciones, como una respuesta a un
reto y, especialmente, al reto del medio geográfico,
no hay duda de que el suelo griego, el mar que
lo rodea y el cielo luminoso que lo enmarca fueron,
desde el principio de la instalación humana
en esta región, un incentivo para la acción
y un estímulo para la creacion. No podemos
pensar como Hipólito Taine que el genio
griego es el resultado de la.belleza de su cielo
o la bonanza de su clima, pero es indudable que
estos factores han contribuido grandemente a la
formion del espíritu y el carracter griegos.
La Grecia propiamente dicha forma el extremo sur
de la península baca. Su tamaño
es modesto pues hay poco más de 400 km
desde el monte Olimpo, al norte de Tesála,
hasta el cabo Matapán, extremo meridional
del Peloponeso. Pero este pequeño país
está completamente dividido por las montañas,
ya que se trata de un territoriomontañoso
en un 80%. Esta complicada fragmentación
del terreno y Ice hundimientos que fueron debidos
a frecuentes movimientos sísmcos dan como
resultado un paisaje rico en variedad de formas
y aspectos. Esta multiplicidad de paisajes es
la causa de la belleza del suelo griego y también
la razón de la variedad de cultivos, de
recursos y generos de vida.
Los dos únicas llanuras de alguna importancia
son la de Beocia al centro y la de Tesalia al
norte. En el resto del territorio no hay entre
las montañas sino pequeñas cuencas
interiores cuyo tamaño no excede los 20
km2
A causa de su poca elevación las montañas
de Grecia no constituyen un obstáculo para
las comunicaciones. De un valle a otro se abren
gargantas que ponen en comunicación los
cantones montañosos. Sin embargo, Grecia
no conoció nunca los magníficos
caminos que. tuvieron los imperios persa y romano.
Pero el mar, deslizándose profundamente
en el territorio, constituye una cómoda
vía de comunicion; ningún punto
de Grecia continental se encuentra a más
de 90 km del mar.
Suele ser un tópico el atribuir la fragmentación
política de Grecia a la estructura geográfica
en forma de compartimientos naturales. Así,
el lo se impuso en tal forma al hombre que los
griegos no consiguieron librarse de él
para constituir un gran estado único. Sin
desconocer la verdad que tiene esta afirmación,
no debemos caer en un determinismo geográfico
pues comprobamos frecuentemente la formación
de estados griegos por sinecismo (o acuerdo) o
por conquista de otros territorios saliendo del
marco fijado estrictamente por a geografía.
Sin duda, la naturaleza señaló aproximadamente
el emplazamiento de cada polis, pero luego el
hombre intervino para fijar los contornos convencionales
de su dominio. Desde luego y cualquiera que haya
sido la influencia de la naturaleza, se comprueba
el pequeño tamaño de los estados
griegos. Ese tamaño reducido imprimió
su huella en el espíritu griego. Como rasgo
sobresaliente y que diferencia notablemente al
griego del bárbaro, tenemos el amor del
griego por su ciudad. Ese sentimiento se vio favorecido
por la poca extensión de su patria a la
que no conoció de modo abstracto, sobre
un mapa, sino que podía recorrerla íntegramente
a pie. Los sentimientos que a nosotros nos inspira
la ciudad natal, la patria chica, con sus recuerdos
de infancia, los paisajes queridos recorridos
diariamente, la cara de nuestros amigos y parientes,
todo podía hacerlo el griego extensivo
a su patria, a su polis.
La Grecia continental, con las características
físicas que hemos señalado, se complementa
con las islas, sobre todo las del mar Egeo. Este
mar está prácticamente sembrado
de islas hasta el punto que los navíos
pocas veces pierden de vista la tierra.
La mayor parte de estas islas tienen suelo rocoso,
poco apto para la vegetación. Sólo
algunas de las Cícladar, mayores, como
Naxos, Andros, Paros o Melos, ofrecen mejores
condiciones para la vida. Más ricas son
las grandes islas cercanas a la costa asiática
como Lesbos, Quíos y Samos y que participan
de la vida del litoral de Asia Menor.
Al norte del Egeo tenemos las Espóradas,
y al sur, además de
Rodas, la gran isla de Creta. Por el oeste encontramos
las islas Jonicas,
mas desvinculadas del corazón de Grecia.
A pesar de las diferencias y contrastes notables
del paisaje griego, el clima mediterráneo
le confiere unidad. Ya desde la Antigüedad
este fue elogiado por su benevolencia. El verano
es ardiente, pero la proximidad del mar y los
vientos etesios lo hacen soportables.El invierno,
suave, es la estación de las lluvias, aunque
es difícil que falte el sol en todo un
día. El hielo y la nieve no son desconocidos,
pero estos rigores no duran mucho. El cielo es
luminosamente azul y de una transparencia elogiada
ya por los poetas griegos. En esta atmosfera transparente
y luminosa, aun los objetos alejados se distinguen
con gran nitidez. El ojo, y a través de
él el espíritu, se habitua a la
precisión. Nada impreciso ni brumoso hay
en el paisaje griego como tampoco lo hay en su
pensamiento.
Los ríos verdaderos por su extensión
y caudal, son muy escasos,como el Peneo en Tesalia
y el Aqueloo en Acarmania. La mayoría son
`pequeños hilos de agua que discurren entre
bancos de arena Por suerte no faltan las fuentes
que proporcionan el agua aunque las islas ¡m
¡ñu Cícladas deben recurrir
al uso de cisternas por carecer de fuentes en
su mayoriaa.
En cuanto a los cultivos estos son variados:
cereales, vid, olivo, higueras. El ganado mayor
es escaso, aunque algunas regiones, como Tesalia,
eran famosas en la antiguedad por sus caballos.Abunda
en cambio, el ganado menor: ovejas, cabras y cerdos.
En la Antiguedad la caza era muy abundante: jabalies,
cievos, gamos, liebres, conejos y pájaros.
Tambien habia fieras: osos, lobos y leones. El
mar ofrecia abundancia de peces, tales como anchoas,
sardinas y atunes. En cuanto a la vegetacion natural,
diremos que en tiempos remotos las montañas
estaban cubiertas de bosques que, ya en la antiguedad,
comenzaron a talarse y actualmente han desaparecido
casi por completo. En su mayor parte la vegetacion
forma el monte achaparrado, tipico en la region
mediterreanea.
En cuanto a la riqueza mineral, podemos señalar
la piedra para la construccion, los marmoles de
Paros y Atica. Hay tambien metales: cobre, plata
y oro.
En sintesis, comprobamos que el medio geografico
ofrece al hombre conodiciones favorables para
su instalacion. Sin embargo, junto a esto hay
no pocos incovenientes que exigen una actividad
y un esfuerzo continuos. Señalamos entre
ellos: frecuentes temblores y terremotos, y una
tierra apta para cultivos, pero escasa. Ademas
hay que defenderla constantemente de la erosion
y la sequia. Por otra parte, si bien el mar ha
favorecido el trueque comercial desde la antiguedad,
Grecia solo puede exportar productos elaborados
mediante tecnicas complejas, como vino, aceite,
ceramicas, perfumes, etc en tanto que tiene constante
necesidad de ciertas materias primas, sobre todo
de trigo. Vemos pues , que el medio ofrece un
reto constante al hombre, y el griego siempre
estuvo forzado a usar de una actividad inteligente
y creadora para sobrevivir y desarrollarse como
pueblo civilizador.
El final de la Edad de Bronce
En los archivos hititas se conservan unos veinte
textos en los que se hace referencia al reino
de Akhkhiyawa. Desde que se descifró la
escritura hitita se ha intentado reconocer en
los pobladores de este reino a los aqueos, denominación
que los poemas Homéricos aplican a los
griegos que participaran en la guerra de Troya
y, probablemente, el nombre con que se designaban
a sí mismos en la época micénica.
La mayoría de los especialistas acepta
hoy esta identificación, pero subsiste
el problema de la ubicación de este reino.
Algunos piensan
que estaba en el continente, pero todas las probabilidades
están en contra de opinión. Puesto
que tal reino de Akhkhiyawa estaba lo suficientemente
cerca del reino hitita como para amenazarle en
la última etapa de su historia, es casi
seguro que se trata de un reino aqueo ubicado
en Rodas. En todo caso, los datos hititas no nos
informan sino que las gentes de este reino, fueran
o no griegos micénicos, tomaron parte,
en la segunda mitad del siglo XIH a.C., en las
hostilidades y actos de piratería que se
produjeron contra las fronteras del reino hitita.
Este fue destruido entre 1.200 y 1.190 a.C. Aunque
no tenemos testimonios acerca del pueblo que lo
destruyo, parece cada vez más probable
que su ruina está vinculada a las devastaciones
provocadas en el Mediterráneo oriental
por una coalición de pueblos, mencionada
por dos veces en las fuentes egipcias, con la
equívoca denominación de "Pueblos
del Mar". Al parecer se trataba de pueblos
de la más variada procedencia que aún
no han podido ser identificados, con excepcion
de los filisteos.
Alrededor de esa fecha (1.200 a.C.) se produjo
el abrupto final de la mayor parte de estas civilizaciones
del bronce. Desde Tesalia en el norte hasta Laconia
en el sur, hay al menos una docena de fortalezas
arrasadas, entre ellas Yolco, Gla, Pfios, Micenas,
etc.
Tanta destrucción es difícil imaginarla
independientemente de los actos de piratería
de los pueblos del mar y de los destructores del
imperio hitita. También se registraron
trastornos en regiones tan alejadas como Mesopotamia
en el este e Italia en el oeste. Ello indica un
amplio movimiento de pueblos no organizados en
forma de una auténtica coalición,
sino provocado por alguna causa que expulsara
a aquellas gentes de algún lugar. Algunos
piensan que el centro originario de estos movimientos
estuvo en la región cárpato-danubiana
de Europa. Otros prefieren creer que en el Asia
Menor.
Por lo que se refiere a Grecia el ataque vino
del norte, fuesen cuales fuesen sus orígenes
remotos. Los intrusos penetraron con éxito
y consiguieron destruir tanto las fortalezas del
Peloponeso como la organizacion política
que sostenían. Como el Peloponeso y Creta
fueron en siglos posteriores la sede del dialecto
dorico, muchos historiadores creen que estos invasores
fueron "dorios", una rama de la inmigración
de lengua griega que se había asentado
en la parte noroccidental de la penínstúa,
permaneciendo allí tal vez durante mil
años, al margen de la brillante civilización
del bronce que se desarrolló en el resto
de Grecia. Luego comenzaron a moverse lentamente
hacia el sur y su desplazamiento fue quizá
una consecuencia del movimiento de pueblos producido
en los Balcanes. Cuando hacia el 1.200 a.C. se
rompió el equilibrio de poder existente
en el mundo griego, aprovecharon su oportunidad.
En realidad, ellos no ocasionaron la caída
del imperio micénico sino que se aprovecharon
de las condiciones generales existentes en ese
momento y que, de todos modos, lo hubieran hecho
caer.
La tradicion ha conservado un recuerdo muy vivo
de este amplio movimiento de pueblos en el mito
del retorno de los Heráclidas. Se decía
que, después de muerto Héracles,
sus hijos tuvieron que huir del Peloponeso por
causa de su primo, el cruel Euristeo.
Varias veces sus descendientes intentaron retomar
al Peloponeso pero fracasaron. Finalmente, un
siglo después de la muerte de Heracles,
sus descendientes recuperaron su reino. La tradición
consideraba a los Heráclidas como los jefes
y conductores de unos invasores nórdicos,
los dorios. La ruta que siguieron los dorios en
su marcha hacia el Peloponeso ofrece muchas dudas.
Al parecer unos penetraron en esta región
atravesando el golfo de Corinto en Naupacta y
se instalaron en la Élida,
Acaya y Laconia. Otros penetraron por tierra a
través del istmo de Corinto y se instalaron
sobre todo en Argos, Corinto y Megara.
La marejada dorica abarcaba casi toda Grecia.
Solo algunas regiones escaparon indemnes; tal
es el caso de Arcadia, en el centro del Peloponeso,
y Atenas, que no sabemos si fue dejada a un lado
por los invasores o si resistió su ataque
logrando rechazarlo.
No hay duda que la Regada de los dorios coincidió,
en Grecia, con múltiples trastornos. En
consecuencia, los investigadores se inclinaron
a ver en estos invasores el origen de tales trastornos
y a atribuirles una se-
rie de cambios importantes.
Durante mucho tiempo se ha sostenido que los
dorios introdujeron dos novedades de gran importancia:
la metalurgia del hierro y la cerámica
de estilo geométrico. De esa manera podía
explicarse fácilmente su conquista del
Peloponeso ya que sus armas de hierro eran muy
superiores a las de bronce de los aqueos. Actualmente,
sin embargo, no existe ninguna duda de que fue
en Anatolia donde primero se conoció el
trabajo del hierro, cuyo monopolio tuvieron los
hititas durante mucho tiempo. Una vez producida
la ruina del imperio hitita, hacia 1.200 a.C.,
el manejo del hierro, se extendió por Palestina
y Creta y de allí, seguramente, pasó
a Grecia continental.
Fue en Grecia donde los dorios se familiarizaron
con el hierro.
Tampoco podemos atribuir a los dorios la introducción
en Grecia del estilo geométrico. Este parece
haber sido una derivación del arte micénico
sobre el cual actuaron influencias orientales.
Además, este estilo alcanzó sus
más brillantes manifestaciones en Chipre
y en Atenas, que no habían sido afectadas
por la invasión de los dorios. En cuanto
a la incineración de los cadáveres,
tampoco parece haber sido una aportación
exclusiva de los dorios ya que la civilización
micénica había comenzado a utilizarla,
aunque muy rara vez.
En el terreno de lo social encontramos algunas
aportaciones de los invasores, especialmente en
lo que se refiere a la implantación de
un sistema férreamente patriarcal según
la tradición indoeuropeo. El ideal de esta
sociedad es el caballeresco, que exalta las virtudes
varoniles, la fuerza, el valor, la fidelidad.
En todas las regiones donde se establecieron aplicaron
su dura mano sobre las poblaciones sometidas,
convirtiéndolas en esclavas. El caso más
conocido es el de los flotas de Esparta.
En el campo religioso hubo asimismo innovaciones
pues allí también se puso de manifiesto
la superioridad masculina. Es el momento en que
dos divinidades masculinas, Zeus y Apolo, afirman
su dominio por todas partes a expensas de las
divinidades femeninas vinculadas a la tierra.
No debemos pues, sobreestimar las aportaciones
de los dorios y atribuirles la destrucción
de la brillante civilización del bronce
griego.
Esta ya estaba en decadencia como resultado del
complejo movimiento de pueblos y migraciones que
durante los siglos XIII y XII a.C. habían
afectado el Mediterráneo oriental. Su llegada
sólo sirvió para acelerar el proceso.
Durante los dos o tres siglos siguientes se puede
apreciar un vacío de poder en todo el Mediterráneo
oriental. Fortalezas y palacios se derribaron
sin ser reedificados y todo parece indicar que
se produjo un descenso notable en el nivel de
vida, así como grandes movimientos migratorios
y una considerable reducción de la población.
Desaparecen los grandes imperios característicos
de la Edad de Bronce y el comercio se paraliza
notablemente.
Como también desaparece el manejo de la
escritura, lo poco que sabemos es a través
de la arqueología.
Sin embargo, en estos siglos oscuros se estaba
gestando un nuevo tipo de sociedad y de cultura
griega. Por esa razón, al calificar de
oscuros los siglos que corren entre el 1200 a.C.
y el 800 a.C. aproximadamente, debemos señalar
que los que estamos a oscuras somos nosotros.
En medio de esa evidente pobreza material, se
estaba dando forma a un nuevo mundo.
Heládico Antiguo:
El heládico Antiguo dura probablemente
la mayor parte del tercer milenio a.C. y corresponde,
con cierto margen de seguridad, Reino Antiguo
y al primer periodo intermedio en Egipto; al Protoliterarioa,
al Dinástico Anterior:-(.Ur I), al Acadio
y Neosumerio en Meotamia; a Troya I y II, etc.
Debido a que Lerna es el lugar excavado más
recientemente (1952-1958) y el más impresionante
en cuanto a edificios, bien puede servir para
mostrarnos las características básicas
del período. Lerna, está en el fondo
de la bahía de Nauplia en la Argólida.
Hay dos motivos para asegurar que en Lerna se
conervaba riqueza: la ambiciosa construcción
denominada Casa de las Tejas y los sellos de los
nes que se conservaban en su interior.
La Casa de las Tejas debe su nombre a la gran
cantidad de tejas caídas del techo dentro
del edificio cuando éste ardió y,
se derrumbó. Tiene 25 m de largo por 12
m de ancho y poseía fortificacíones.
Este tipo de palacio, sí bien rudimentario,
causa la impresión de un poder concentrado,
aunque no debemos pensar en términos de
"palacios" y "reyes" en el
sentido histórico posterior. Como la polis
clásica, pero en menor escala, cada población
controlaba las tierras agrícolas y la cercanías
a la costa dentro de un radio de aproximadamente
10 o 15 km.
La sociedad del H A era agrícola y comerciante.
Cultivaban el trigo, la cebada, el olivo y a fines
del período ya comienzan a plantarse viñedos.
Se criaban los mismos animales domésticos
que en el período neolítico: ovejas,
cabras, cerdos. Los bueyes eran poco comunes y
probablemente costaban mucho. Las mujeres del
H A eran buenas tejedoras si juzgamos por las
dimensiones de los telares que sobreviven.
Dos tipos de en entierros aparecen como propios
de este período: la inhumación simple
y la costumbre de amontonar varios cuerpos en
hendeduras en la roca viva. Comienza a aparecer
la costumbre de colocar artículos de arreglo
personal junto a los muertos, lo que supone indudablemente
una creencia en la supervivencia de ultratumba.
Poco más es lo que podemos saber acerca
de su religión.La Grecia del H A no hizo
ídolos femeninos en la cantidad y el gran
estilo del Neolítico, lo cual sugiere un
cambio en las creencias religiosas. Sólo
se han encontrado unas cuantas figuras de terracota,
vestidas y regordetas, con caras picudas, que
a veces tienen fajas de pintura vidriada. A partir
de estas figuras poco es lo que podemos reconstruir
de las creencias religiosas, salvo que la fuerte
impresión que causa el culto neolítico
a la fertilidad y al matriarcado se ha esfumado.
El H A es un mundo de contactos costeros. El comercio
era realmente activo entre el continente griego
y las islas vecinas, en el que los productos cicladicos
como ídolos, diademas, artículos
de cosmética y algo de cerámica
se cambian en las poblaciones costeras seguramente
por productos agrícolas.
Religión
Como en todas las sociedades, especialmente las
antiguas, la religión ocupaba un lugar
destacado. No podemos, sin embargo, tener una
idea exacta de ella pues carecemos de textos escritos,
al menos por el momento, ya que su escritura no
ha podido ser descifrada. Hay abundancia de restos
arqueológicos y artísticos pero
el significado profundo de estos restos se nos
escapa.
Sin duda, uno de los rasgos más característicos
de esta religión es la abundancia de símbolos
cuya presencia bastaba para crear una atmósfera
divina, sin necesidad de la epifanía del
dios.
Pero este simbolismo se combina también
con un innegable antropomorfismo. Entre los símbolos
más importantes está el pilar. Sin
duda, en tiempos remotos, los betilos (rocas que
emergen del suelo, aerolitos caídos del
cielo, estalactitas de las cavernas) fueron objeto
de culto. Posteriormente este culto se cambio
por el del pilar que, mas que un elemento arquitectónico,
aparece como el símbolo de los poderes
estabilizadores de la divinidad.
La doble hacha o bipennis es un símbolo
tan característico de la religión
cretense como la cruz para el cristianismo o,la
media luna para el islamismo. Se la encuentra
en los frescos murales, en los vasos, las gemas,
sortijas, ete. ¿Cuál es su significado?
Existe una palabra de origen cario, "labrys",
que significa doble hacha. En Labranda, en Caria
(Asia Menor), se adoraba en tiempos históricos
a Zeus Labrandeo, el dios de la doble hacha. Como
los pueblos primitivos de Creta y de Caria estaban
indudablemente relacionados, resulta natural suponer
que también en Creta se adoraba al dios
de la doble hacha. Esa doble hacha puede identificarse
con el rayo. Pero si nos atenemos exclusivamente
a los testimonios cretenses comprobamos que la
doble hacha nunca aparece en las manos de un dios
masculino. Esto descarta " la posibilidad
de que simbolice el rayo pues éste siempre
es atributo de divinidades masculinas. Es' posible
pensar que la doble hacha fuera el instrumento
destinado al sacrificio de los animales consagrados
a la divinidad. Con el tiempo este instrumento
pudo llegar a convertirse en un símbolo
del culto.
El escudo bilobulado es otro frecuente símbolo
de la religión cretense. Como arma defensiva
pudo en un principio simbolizar la fuerza antes
de pasar a ser atributo de una diosa.
Los cuernos de consagración aparecen frecuentemente
'sobre los altares y lugares de culto. Es un objeto
formado por dos puntas córneas reunidas
en pareja sobre un grueso travesaño. Sin
duda están ligados al culto del toro, procedente
de Anatolia, y que tuvo en Creta mucha importancia,
como se desprende de la representación
de escenas de tauromaquia, desde luego con un
carácter sagrado. Con seguridad puede decirse
que estos cuernos constituían el lugar
de consagración pues los objetos sagrados
están colocados entre ellos. El árbol
ocupa también un lugar destacado en las
representaciones de escenas relacionadas con el
culto. El pino, la palmera, el olivo, el ciprés,
son honrados en Creta. No se trata de un culto
simple y primitivo del árbol sino que está
relacionado con los dioses antropomórficos.
En esas escenas representativas del culto arboreo
desciende por el aire un dios con lanza o escudo
o bien un pájaro. Este ultimo constituye
generalmente la forma que adoptan los dioses para
manifestarse. Quizá se viera una manifestación
del dios en cualquier pajaro que volara cerca
en el momento de realizarse un sacrificio.
Un aspecto indudable dentro de la religión
cretense es el predominio de las divinidades femeninas;
las masculinas aparecen mucho menos y se distinguen
por la lanza o el escudo.
Aunque subsisten abundantes dudas o discrepancias,
puede aventurarse la opinión de que en
Creta, lo mismo que en Anatolia, existe una supurioridad
de las divinidades femeninas sobre las masculinas,
contrariamente a lo que es frecuente en las sociedades
patriarcales de origen indoeuropeo. En las frecuentes
representaciones de estas divinidades femeninas
hay indudables reminiscencias del culto de la
gran Madre de Asia Menor. Sentada al pie del árbol
de la vida, aparece generalmente acompañada
por animales: serpientes, leones, palomas, etc.
Se la encuentra también con casco y armas,
convertida en diosa guerrera, que dispensa la
muerte igual que da la vida. Representada sobre
una barca, se supone que protege la navegación.
También tiene dominio sobre el mundo subterráneo,
infernal. La presencia a su lado de la serpiente
atestigua su origen ctónico.
Esto no debe inducirnos a suponer la existencia
de un monoteísmo cretense. Abundan, en
cambio, las divinidades femeninas con atributos
diferentes la que, a través de la religión
micénica, sobrevivieron en el panteón
griego.
Los cretenses no elevaron templos a sus dioses
sino que tenían lugares especiales destinados
al culto. Entre ellos se destacan las cuevas,
tan abundantes en el territorio montañoso
de la isla. En tiempos remotos constituyeron lugar
de habitación que, al ser abandonadas por
las aldeas, continuaron como recinto sagrado.
No olvidemos queen el posterior culto de Zeus,
el mito lo relacionaba con el monte Ida, en una
de cuyas cuevas encontró refugio al escapar
de la vorade su padre Cronos. También en
las cumbres de las montañas aparecen instalaciones
de culto, las que por otra parte, abundan en las
moradas sobre todo en los palacios.Las ceremonias
consistían en sacrificios de animale, libaciones,
ofrendas de las primicias de frutos o granos,
procesiones, danzas y juegos. El más importante
era el de la tauromaquia, muy bien representado
por las pinturas murales del palacio de Cnosos.
En cuanto a las creencias en una vida después
de la muerte, estan manifiestas por la abundancia
de objetos usuales colocados junto al -muerto
en sus tumbas. De esa manera quedaba asegurada
su subsistencia en el más allá.
Se desarrolló un culto funerario que incluía
hasta sacrificios sobre las tumbas. Posiblemente
el culto griego posterior del héroe tenga
su origen en estos rituales cretenses.
HISTORIA DE LA GRECIA ANTIGUA
El suelo griego
Antes de penetrar en la historia de Grecia es
necesario echar una mirada al escenario en que
se desarrolló esa historia. Si pensamos
en la teoría de Toynbee acerca de la génesis
de las civilizaciones, como una respuesta a un
reto y, especialmente, al reto del medio geográfico,
no hay duda de que el suelo griego, el mar que
lo rodea y el cielo luminoso que lo enmarca fueron,
desde el principio de la instalación humana
en esta región, un incentivo para la acción
y un estímulo para la creacion. No podemos
pensar como Hipólito Taine que el genio
griego es el resultado de la.belleza de su cielo
o la bonanza de su clima, pero es indudable que
estos factores han contribuido grandemente a la
formion del espíritu y el carracter griegos.
La Grecia propiamente dicha forma el extremo sur
de la península baca. Su tamaño
es modesto pues hay poco más de 400 km
desde el monte Olimpo, al norte de Tesála,
hasta el cabo Matapán, extremo meridional
del Peloponeso. Pero este pequeño país
está completamente dividido por las montañas,
ya que se trata de un territoriomontañoso
en un 80%. Esta complicada fragmentación
del terreno y Ice hundimientos que fueron debidos
a frecuentes movimientos sísmcos dan como
resultado un paisaje rico en variedad de formas
y aspectos. Esta multiplicidad de paisajes es
la causa de la belleza del suelo griego y también
la razón de la variedad de cultivos, de
recursos y generos de vida.
Los dos únicas llanuras de alguna importancia
son la de Beocia al centro y la de Tesalia al
norte. En el resto del territorio no hay entre
las montañas sino pequeñas cuencas
interiores cuyo tamaño no excede los 20
km2
A causa de su poca elevación las montañas
de Grecia no constituyen un obstáculo para
las comunicaciones. De un valle a otro se abren
gargantas que ponen en comunicación los
cantones montañosos. Sin embargo, Grecia
no conoció nunca los magníficos
caminos que. tuvieron los imperios persa y romano.
Pero el mar, deslizándose profundamente
en el territorio, constituye una cómoda
vía de comunicion; ningún punto
de Grecia continental se encuentra a más
de 90 km del mar.
Suele ser un tópico el atribuir la fragmentación
política de Grecia a la estructura geográfica
en forma de compartimientos naturales. Así,
el lo se impuso en tal forma al hombre que los
griegos no consiguieron librarse de él
para constituir un gran estado único. Sin
desconocer la verdad que tiene esta afirmación,
no debemos caer en un determinismo geográfico
pues comprobamos frecuentemente la formación
de estados griegos por sinecismo (o acuerdo) o
por conquista de otros territorios saliendo del
marco fijado estrictamente por a geografía.
Sin duda, la naturaleza señaló aproximadamente
el emplazamiento de cada polis, pero luego el
hombre intervino para fijar los contornos convencionales
de su dominio. Desde luego y cualquiera que haya
sido la influencia de la naturaleza, se comprueba
el pequeño tamaño de los estados
griegos. Ese tamaño reducido imprimió
su huella en el espíritu griego. Como rasgo
sobresaliente y que diferencia notablemente al
griego del bárbaro, tenemos el amor del
griego por su ciudad. Ese sentimiento se vio favorecido
por la poca extensión de su patria a la
que no conoció de modo abstracto, sobre
un mapa, sino que podía recorrerla íntegramente
a pie. Los sentimientos que a nosotros nos inspira
la ciudad natal, la patria chica, con sus recuerdos
de infancia, los paisajes queridos recorridos
diariamente, la cara de nuestros amigos y parientes,
todo podía hacerlo el griego extensivo
a su patria, a su polis.
La Grecia continental, con las características
físicas que hemos señalado, se complementa
con las islas, sobre todo las del mar Egeo. Este
mar está prácticamente sembrado
de islas hasta el punto que los navíos
pocas veces pierden de vista la tierra.
La mayor parte de estas islas tienen suelo rocoso,
poco apto para la vegetación. Sólo
algunas de las Cícladar, mayores, como
Naxos, Andros, Paros o Melos, ofrecen mejores
condiciones para la vida. Más ricas son
las grandes islas cercanas a la costa asiática
como Lesbos, Quíos y Samos y que participan
de la vida del litoral de Asia Menor.
Al norte del Egeo tenemos las Espóradas,
y al sur, además de
Rodas, la gran isla de Creta. Por el oeste encontramos
las islas Jonicas,
mas desvinculadas del corazón de Grecia.
A pesar de las diferencias y contrastes notables
del paisaje griego, el clima mediterráneo
le confiere unidad. Ya desde la Antigüedad
este fue elogiado por su benevolencia. El verano
es ardiente, pero la proximidad del mar y los
vientos etesios lo hacen soportables.El invierno,
suave, es la estación de las lluvias, aunque
es difícil que falte el sol en todo un
día. El hielo y la nieve no son desconocidos,
pero estos rigores no duran mucho. El cielo es
luminosamente azul y de una transparencia elogiada
ya por los poetas griegos. En esta atmosfera transparente
y luminosa, aun los objetos alejados se distinguen
con gran nitidez. El ojo, y a través de
él el espíritu, se habitua a la
precisión. Nada impreciso ni brumoso hay
en el paisaje griego como tampoco lo hay en su
pensamiento.
Los ríos verdaderos por su extensión
y caudal, son muy escasos,como el Peneo en Tesalia
y el Aqueloo en Acarmania. La mayoría son
`pequeños hilos de agua que discurren entre
bancos de arena Por suerte no faltan las fuentes
que proporcionan el agua aunque las islas ¡m
¡ñu Cícladas deben recurrir
al uso de cisternas por carecer de fuentes en
su mayoriaa.
En cuanto a los cultivos estos son variados:
cereales, vid, olivo, higueras. El ganado mayor
es escaso, aunque algunas regiones, como Tesalia,
eran famosas en la antiguedad por sus caballos.Abunda
en cambio, el ganado menor: ovejas, cabras y cerdos.
En la Antiguedad la caza era muy abundante: jabalies,
cievos, gamos, liebres, conejos y pájaros.
Tambien habia fieras: osos, lobos y leones. El
mar ofrecia abundancia de peces, tales como anchoas,
sardinas y atunes. En cuanto a la vegetacion natural,
diremos que en tiempos remotos las montañas
estaban cubiertas de bosques que, ya en la antiguedad,
comenzaron a talarse y actualmente han desaparecido
casi por completo. En su mayor parte la vegetacion
forma el monte achaparrado, tipico en la region
mediterreanea.
En cuanto a la riqueza mineral, podemos señalar
la piedra para la construccion, los marmoles de
Paros y Atica. Hay tambien metales: cobre, plata
y oro.
En sintesis, comprobamos que el medio geografico
ofrece al hombre conodiciones favorables para
su instalacion. Sin embargo, junto a esto hay
no pocos incovenientes que exigen una actividad
y un esfuerzo continuos. Señalamos entre
ellos: frecuentes temblores y terremotos, y una
tierra apta para cultivos, pero escasa. Ademas
hay que defenderla constantemente de la erosion
y la sequia. Por otra parte, si bien el mar ha
favorecido el trueque comercial desde la antiguedad,
Grecia solo puede exportar productos elaborados
mediante tecnicas complejas, como vino, aceite,
ceramicas, perfumes, etc en tanto que tiene constante
necesidad de ciertas materias primas, sobre todo
de trigo. Vemos pues , que el medio ofrece un
reto constante al hombre, y el griego siempre
estuvo forzado a usar de una actividad inteligente
y creadora para sobrevivir y desarrollarse como
pueblo civilizador
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