BOLIVIA. SI NO HAY TINKU,
HABRÁ T'INKU.
Andreas L. Doeswijk
En términos generales, la Constitución
del MAS crea dos repúblicas -una indígena
y otra no indígena- como hizo en su momento
la Colonia o posteriormente el Apartheid, sólo
que esta vez se lo hace precisamente en nombre
de la descolonización.
Diría que me hice la ilusión de
otro tipo de texto constitucional de corte más
bien diárquico, según el modelo
del ayllu, que reconciliara las dos Bolivias:
la Urin, occidental monoteísta y la Aran,
amerindia animista, en un pacto de tipo federal:
complementariedad de opuestos. .
¿A dónde va Bolivia? Caminos que
se bifurcan, Las dos Bolivias, ¿Indianismo
o mestizaje? Federalismo contra centralismo: son
todos títulos posibles para analizar la
situación política actual del Alto
Perú, pero todos dejan un cierto sentimiento
de malestar como que algo estuviera errado en
esos análisis y que la cuestión
no sólo pasa por un pacto social e interregional
de gobernabilidad, sino que la tradición
revolucionaria de la cultura indígena debe,
necesariamente, ocupar el centro del escenario
para que su revolución no le sea enajenada
como aconteció en 1899, 1952 y 1970.
La segunda reflexión inicial es la que
sigue: como historiador no puedo sino enfatizar
que nada sobre la Bolivia actual se entenderá
si no se tiene en cuenta la historia: la de Tiahuanaco,
la de Collasuyo, la de las insurrecciones tupakataristas,
de Wilka Zárate y las de 1952 y 1970 hasta
llegar a las luchas de los últimos años.
Esa historia no es lineal ni unívoca como
lo presenta la historia escolar. Liberales, nacionalistas,
socialistas e indigenistas utilizan la historiografía
como materia prima sobre la cual edificar sus
mitemas fundantes de una nación liberal-occidental,
central-nacional, o indo-socialista; sólo
que entre ellos hay una gran diferencia: en cuanto
liberales y nacionalistas escriben desde el lugar
de la elite y de sus intereses económicos
y raciales, la historia socialista e indianista
escribe defendiendo los intereses del pueblo.
Además el indianismo de la llamada "Nueva
Izquierda", dejando de lado el culturalismo
de los "pachamámicos" y el integracionalismo
del liberalismo modernizante, postula a los pueblos
originarios como sujetos sociales que politizan
su cultura, su idioma, su historia y su piel,
justamente los elementos por los cuales habían
sido marginados secularmente.
La ponderación que sigue es un desdoblamiento
de la anterior. Hasta inicios de este siglo, en
todos los movimientos rebeldes y revolucionarios
en que participaron los campesinos, mineros y
sectores populares, éstos fueron vencidos
o traicionados. Siempre que las clases populares
se aliaron a movimientos "nacionales"
o pluriclasistas perdieron. Sino veamos qué
pasó con Wilka Zárate en la Guerra
Federal de 1899 y, sobretodo con los mineros y
campesinos que apoyaron la Revolución de
1952 liderada por el populismo del MNR de Paz
Estensoro y la logia militar Razón de Patria.
Fueron partidos como el MNR y el MIR (fundado
como revolucionario y marxista por Jaime Paz Zamora)
que aplicaron en Bolivia la receta neoliberal
de las privatizaciones. La conclusión de
esto resulta obvia: son las clases trabajadoras
que deben hegemonizar todo movimiento de cambio
y alglutinar la diversidad nacional en su proyecto
plurinacional. Y es obvio que la clase trabajadora
se compone no sólo de asalariados urbanos
sino por todos los productores directos rurales,
urbanos y periurbanos; campesinos, asalariados
y cuentapropistas. Ya no se puede desvincular
la cuestión de clase de la étnica,
ni la economía del mundo de la cuestión
de las representaciones.
Una última reflexión previa al análisis
de la Constitución -sin duda la más
avanzada de América latina. La nueva Carta
Magna intenta reparar la existencia de dos negaciones
que primaron en toda la historia de Bolivia: la
negación de la opresión económica
y social de una clase rural, minera y urbana y
la negación de la cuestión social
indígena; o sea la elite boliviana (y los
actuales movimientos autonomistas y separatistas)
niegan la existencia de clases con intereses antagónicos
y la cuestión de los derechos y reclamos
de los pueblos originarios. Todos los bolivianos
son subsumidos en la categoría de "ciudadanos",
"bolivianos"; todos pertenecen a la
misma nación y eso debería bastarles.
A los que buscan develar las mistificaciones que
encubren esas dos negaciones se los acusa de sectarios
que procuran dividir a Bolivia en dos: la indo-socialista,
animista y campesina y la "blanca",
occidental, católica, urbana y monoteísta.
Cuando, en Enero pasado, visité el Cerro
Rico de Potosí, un minero me dijo que allí,
afuera, el boliviano era católico pero
dentro del socavón lo absorbía el
mundo animista y dual. "El Tío"
de la mina era un dios y un diablo -un tanto voluble
y caprichoso, por cierto- a quien había
que sobornar con coca y chicha para no caer en
su desgracia. Argumentaba que todo la realidad
era dual: el sol y la luna, la mujer y el hombre,
el día y noche. (Y podríamos agregar:
el bien y el mal, los ricos y los pobres, los
colonizadores y los colonizados, los k'ara y los
aymaras...).
Ahora bien, la nueva Constitución (descalificada
como un "panfleto masista" por sus detractores)
expresa bastante bien ese mundo dual indígena,
pero intenta amalgamarlo con el ideario de la
modernidad occidental. En realidad le extiende
la mano al mundo k'ara para fundar, no sólo
una nueva Bolivia, sino un Pacto Social, un protocolo
de convivencia pacífica, un tinku, una
vida armoniosa como había propuesto José
María Arguedas en Todas las Sangres. Sólo
que la oposición anti-evista no entendió
ese ofrecimiento y quiere mantener las brechas
sociales y raciales tales como se encuentran.
Quizás para entender la originalidad de
esta Carta Magna, aprobada "en grande"
en Oruro el 9 de diciembre pasado, hay que sacarse
el software monoteísta y entrar en los
meandros de la dualidad del altiplano. Veamos
un pasaje del Preámbulo: En tiempos inmemoriales
se erigieron montañas, se desplazaron ríos,
se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco,
nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se
cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta
sagrada Madre Tierra con rostros diferentes y
comprendimos, desde entonces, la pluralidad vigente
de todas las cosas y nuestra diversidad como seres
y culturas. (...). Cumpliendo el mandato de nuestros
pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama
y gracias a Dios, refundamos Bolivia.
Se habla también de construir un Estado
Unitario social de Derecho Plurinacional (que
no es lo mismo que un Estado de Derecho); se declaran
idiomas oficiales del Estado el castellano y todos
los idiomas de las naciones y pueblos indígena
originario campesinos (36 en total); cada Departamento
debe utilizar al menos dos idiomas oficiales;
en todo momento se expresa el femenino y el masculino
(en ese orden); no sólo se legitima la
propiedad privada sino también la comunaria;
continuamente se rescatan los saberes populares
al lado del conocimiento científico; no
sólo se debate la autonomía de los
Departamentos sino también de las regiones
de los pueblos preexistentes, o sea existen autonomías
superpuestas; se legitima la aplicación
de la justicia en los ayllus y pueblos.
El gobierno "evista" o "masista"
tiene sus bases de apoyo en el Altiplano aymara
y quechua, en Potosí, Oruro y La Paz. Chuquisaca
y Cochabamba se hallan divididos (no triunfó
el voto por la autonomía) y la llamada
"Media Luna" -que va de Pando, Beni,
Santa Cruz a Tarija- se opone totalmente. Ahora
bien, ¿con qué argumentos la oposición
desconoce la Constitución y aboga por una
autonomía que limita en la secesión
total? Por lo que se lee en los periódicos
y se escucha en la calle, argumentan que "no
todos los bolivianos somos indios" y que
justamente la región de la media luna es
la que más crece económica y demográficamente.
Otras banderas que se agitan son las neoliberales
contra la economía cerrada, la reforma
agraria y la pequeña producción
familiar; contra las cooperativas mineras y la
cultura india del atraso. Los Departamentos quieren
más participación en las regalías
de los hidrocarburos y evitar que se destine una
gran parte de esa renta a la educación
y al régimen previsional. Jurídicamente
no reconocen a la nueva Constitución porque
fue aprobada en Oruro y no en Sucre y no por los
dos tercios del total de los constituyentes, sino
por la mayoría de los que se hallaban presente
ya que la mayoría de los constituyentes
de la oposición habían abandonado
la Asamblea...
En este momento los problemas políticos
más graves de Bolivia son dos: las autonomías
regionales y la aprobación y aplicación
efectiva de la nueva Constitución. Las
preguntas son muchas: ¿Hasta qué
punto la clase política dirigente de los
departamentos de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija
podrán llevar su movimiento autonomista
y secesionista? ¿El gobierno del MAS, finalmente,
podrá imponer la Constitución en
todo el país sin hacer demasiadas concesiones
a las elites opositoras? Podrá aplicar
integralmente la reforma agraria, educativa, financiera
y provisional?. ¿Podrá refundar
una Bolivia plurinacional, comunitaria que combine
los elementos de un Estado/sociedad modernos con
las culturas milenarias de los pueblos preexistentes?.
Desde la oposición de derecha se considera
que la nueva Constitución intenta imponer
una "republiqueta aymara" a toda Bolivia
y que el poder dual que se está instalando
en Bolivia puede llevar a la guerra civil étnica
y regional. Se critica la supresión del
Senado y la cuota del 62% de los legisladores
que le correspondería a los pueblos originarios.
También a la dualidad de las competencias
jurídicas. Asimismo se cuestiona al gobierno
su alianza con Lula y Kirchner y, sobretodo, su
amistad con Chávez y Fidel ya que el socio
privilegiado debería ser los Estados Unidos.
Considera que la Constitución no representa
un "Pacto Social" y quieren eliminarla
o practicar la desobediencia civil, no acatándola.
Sin embargo esta oposición no es homogénea:
el MNR continúa en decadencia y los otros
partidos (como Nueva Fuerza Republicana; Unidad
Nacional y PODEMOS) son organizaciones más
regionales que nacionales. Por otra parte, los
partidos antisistémicos como CONDEPA de
La Paz y Unidad Cívica Solidaridad de Santa
Cruz, (populistas conservadores, "lúmpenes",
muy fuertes en la década del 90) se desintegraron
por sus alianzas espurias y disensiones internas.
Desde la izquierda también hay severos
reparos al proyecto de la nueva sociedad masista.
Felipe Quispe Huanca de Pachakutik considera que
el MAS está haciendo demasiadas concesiones
a las autonomías y al poder de los Departamentos
en desmedro de las autonomías indígenas,
reducidas éstas a la esfera de los municipios.
Se posiciona en contra de un pacto integrador
de las comunidades indígenas y postula
redefinir totalmente el modelo de sociedad/ Estado.
En esta redefinición - escribe una editorial
de Pukara- habría que tomar a los pueblos
originarios no como minorías ansiosas por
una pseudo autodeterminación, sino como
el pueblo mayoritario que puede ser el aglutinante
de la diversidad nacional en la realización
de un proyecto nacional único.
Si no hay tinku, habrá t'inku postuló
el escritor Javier Medina. Por tinku se entiende
un encuentro pulsacional para crear una comunidad;
es un tipo de música y es beber chicha
juntos. En cambio t'inku es la guerra étnica,
el pachakutik. Según Medina: La violencia
histórica que viene, empero, no será
la de una guerra civil clásica porque,
entre otras cosas, no hay sociedad civil en Bolivia;
será por iniciativa católica, blanca
y urbana, como ya han dejado ver Santa Cruz, Cochabamba,
Sucre y Cobija, un enfrentamiento racial entre
blancos e indígenas; un enfrentamiento
entre pobres y ricos: lucha de clases étnica;
un enfrentamiento entre una mayoría rural
y periurbana activa, y una minoría urbana
pasiva, salvo sus grupos de choque.
Después de leer algunos diarios y artículos
en revistas especializadas y deambular unas semanas
por el Altiplano, no me atrevería a suscribir
ningún pronóstico sobre lo que pasará
en Bolivia en el próximo trienio. Si estuviera
obligado a emitir un vaticinio diría que
no habrá tinku ni t'inku, sino una guerrilla
(más ideológica y mediática
que armada) de media intensidad. La oposición
no permitirá que la Constitución
se aplique en su integridad ya que ninguna burguesía
acepta su autoeliminación. (De hecho, Pando,
Beni, Santa Cruz, Tarija y Cochabamba ya desconocieron
la legitimidad de la Carta Magna). Por otra parte,
Evo Morales Ayma es un político sabio y
paciente y su vice Álvaro García
Linera un intelectual perspicaz; el MAS posee
políticos y pensadores de prestigio y sus
posibilidades de éxito son razonables siempre
que mantenga sus estrechos vínculos con
sus bases y no se pierda en alianzas donde siempre
ganan los conservadores. Entre la gobernabilidad
y el cambio el gobierno de Bolivia (al contrario
de sus vecinos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay)
está apostando por el cambio. ¡Que
Viracoccha lo proteja!
Febrero de 2008
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