| MARIÁTEGUI: GÉNESIS
DE UN PENSAMIENTO LATINO-AMERICANO
Por Manoel L. Bellotto y Anna Maria M. Corrêa
José Carlos Mariátegui elaboró
una forma de pensar original para América
latina, fundamentada en el socialismo, cuyas raíces
buscó en las antiguas civilizaciones andinas.
Ese socialismo debería ser adaptado a una
sociedad ya modificada por el capitalismo. Tales
ideas, expuestas en su obra Siete Ensayos de Interpretación
de la Realidad Peruana, fueron fruto de una elaboración
gradual y permanente, a partir de su experiencia
europea y de su vivencia de la realidad peruana.
La "Edad de Piedra"
José Carlos Mariátegui nació
el 14 de junio de 1895. Existen controversias
sobre su lugar de nacimiento: en Lima para algunos;
en Moquegua, en el sur del país, entre
Arequipa y Tacna, para otros. Pasó la mayor
parte de su vida en Lima.
Su nacimiento coincidió con el período
de gestación de las grandes transformaciones
que irían a caracterizar el Perú
moderno en la década del 20. El fin del
siglo XIX todavía era un período
de hegemonía del Partido Civil. Sin embargo,
ya se notaba una tentativa de organización
obrera que acompañaba el movimiento internacional.
En esa tentativa de organización predominaba
el mutualismo, de fuerte tendencia anarquista,
de línea bakuninista, traída a América
latina por inmigrantes europeos, muchos de ellos
militantes de la Primera Internacional. Ese movimiento,
que tuvo en Manuel González Prada su mentor
intelectual, no se restringió sólo
a la organización del proletariado; reivindicaba,
por medio del diario Voz Obrera, el aumento salarial,
mejores condiciones de trabajo, estabilidad en
el empleo y la disminución del costo de
vida.
En 1902, a los 7 años de edad, José
Carlos Mariátegui fue llevado a Huacho,
ciudad litoraleña al norte de Lima, en
virtud de problemas familiares -la separación
de sus padres- y de problemas de salud -el organismo
frágil de Mariátegui exigía
un clima más saludable que el de Lima.
Su padre, Francisco Mariátegui, era funcionario
del Tribunal Mayor de Cuentas; su madre, Amalia
de la Chira, era natural de Huacho. En esa localidad
los remanentes de la familia -madre y 4 hijos-
encontraron condiciones de supervivencia a través
del oficio de costurera desempeñada por
Amalia de la Chira. Fue en 1902 y en Huacho que
Mariátegui comenzó a frecuentar
la escuela primaria. Fue también en esa
época que sufrió un accidente, un
violento golpe en la rodilla izquierda, que marcó
toda su vida. Tuvo que someterse a sucesivas intervenciones
quirúrgicas en la pierna izquierda, lo
cual no impidió su renguera y, casi al
final de su vida, de que le amputaran esa pierna.
Ese mal, acabó llevándolo a la muerte
en 1930 a los 35 años de edad. Ese desaparecimiento
cortó una vida en su punto más alto
de producción intelectual.
En 1909, a los 14 años de edad, comenzó
a trabajar en Lima en el diario La Prensa como
ayudante de linotipista. Esa actividad le permitió
el acceso a informaciones de lo que ocurría
en Lima, en el resto de Perú en el mundo.
Los civilistas mantenían aún la
hegemonía del poder. Aumentaba el poder
de las organizaciones de trabajadores y, a causa
del aumento de precio de los productos alimenticios,
se intensificó el malestar en el movimiento
obrero. Desde 1904 se sucedían las huelgas:
en los puertos de Callao y Mollendo se luchaba
por la reducción de la jornada laboral
y en 1906 eclosionó la primera huelga solidaria.
En 1908, los anarquistas se agruparon en el Centro
de Estudios Sociales 1º de Mayo y convocaron
a una huelga general de los trabajadores industriales
y de los portuarios de Callao, Lima y Huacho.
Al año siguiente, los trabajadores de Cerro
de Pasco Railway exigieron la reducción
de la jornada laboral. En ese mismo año,
hubo una tentativa de golpe encabezada por la
familia Piérola y7 reprimida por el General
Augusto Leguía. Las instalaciones de La
Prensa, opositora al régimen, fueron invadidas
y empastadas.
En ese ambiente convulsionado, ya como revisor
del diario, Mariátegui dio sus primeros
pasos en su carrera periodística. Fue en
esa época que, al resguardo de toda conturbación
política y social, escribió sus
primeros poemas religiosos y patrióticos.
En el período inmediatamente anterior a
la Primera Guerra Mundial, el poder político
en Perú pasó por una crisis, ocasionada
por una división en el Partido Civil, lo
que permitió el acceso a la presidencia
de Guillermo Billinghurst, un comerciante del
salitre de Arica. La efímera presidencia
de Billinghurst, apenas de 16 meses de duración,
era un preanuncio de la pérdida de poder
político de parte de los hacendados latifundistas.
Se renovaba por esa época la cuestión
del dominio de la región salitrera entre
Perú y Chile, herencia de la Guerra del
Pacífico y motivo de arduos debates políticos.
Al mismo tiempo, González Prada organiza
con los anarquistas el grupo La Protesta que tuvo
una actuación importante en las futuras
huelgas. Ese grupo propuso también la organización
de la Federación Obrera Peruana que inició
contactos con los obreros chilenos en una tentativa
de integración del proletariado peruano
en un movimiento internacional. Esa organización
tuvo también su equivalente en el medio
rural con el desencadenar de una serie de huelgas
violentamente reprimidas, como aquella que se
inició en 1912 con la ocupación
de la Hacienda Casa Grande, importante ingenio
azucarero de la región de Trujillo; esas
ocupaciones se expandieron luego a Catarvio, Laredo
y Chiquitoy.
La Primera Guerra Mundial, al desorganizar la
economía y las relaciones entre Europa
y América, vino a agravar en Perú
la crisis política resultantazo de la sublevación
de Lima, en febrero de 1914, que depuso a Billinghurst
y colocó en el poder al general Benavides.
El nuevo gobierno fue atacado de inmediato por
los diarios La Lucha, de González Prada,
y El Motín de Carlos del Barzo que protestaban
contra la restauración del régimen
militar.
En mayo de 1915, asumió el gobierno José
Pardo. Durante la campaña electoral de
1918 se observó una gran agitación
entre los partidos políticos. Augusto Leguía,
ex presidente, lanzase como oposición al
civilismo de Pardo, apoyado por el diario El Tiempo
que organizó su campaña electoral.
Los universitarios de Lima lo eligieron como el
"maestro de la juventud". Su plataforma
contenía una promesa de renovación
de métodos, de saneamiento nacional y de
recuperación de Tacna-Arica.
Los años de la I Guerra Mundial, gracias
a la demanda de los países industrializados,
posibilitaron el crecimiento de la producción
azucarera, beneficiando al Estado y al sector
ligado a esa actividad. La abertura del canal
de Panamá, en agosto de 1914, facilitó
ese proceso.
También en 1914, Mariátegui, que
ya se había iniciado en la crónica
periodística, se popularizó bajo
el seudónimo de "Juan Croniqueur",
escribiendo versos, crítica teatral, artística
y literaria, cuentos y artículos sobre
la actualidad peruana e internacional. En esa
ocasión colaboró con la revista
literaria Mundo Limeño, destinada a un
público aristocrático, principalmente
femenino. Fue co-editor de El Turf, escribiendo
crónicas y notas sociales. También
colaboró en la revista femenina Lulú.
En 1916 fue uno de los fundadores del Círculo
de Periodistas y junto con el poeta futurista
Juan Valdelomar, formó un grupo de tertulias
literarias responsable por la publicación,
sobretodo en La Prensa, de "Diálogos
Máximos". Su relación al grupo
de Valdelomar lo llevó a intentar a publicar
un libro de poesías, al cual dio el nombre
Tristeza, lo cual, finalmente, no se pudo realizar.
Mariátegui incursionó en el Teatro
y fue autor de dos textos de fundamento histórico:
Las Tapadas, escrito en colaboración con
Julio de la Paz, y La Mariscala, que contó
con la colaboración de Valdelomar. Tuvo
momentos de misticismo, como aquel que lo llevó
a pasar unos días en el Convento de los
Descalzos cuando escribió el poema místico
"Elogio de la celda ascética"
publicado en El Tiempo, y "Los salmos del
dolor", en la revista literaria Colónida,
publicación modernista lanzada por un grupo
de jóvenes intelectuales, entre los cuales
estaban Mariátegui, Valdelomar y César
Falcón. Sólo se publicaron 4 números
de esa revista entre enero y mayo de 1916. El
conocido incidente del cementerio, ocurrido a
fines de 1917 y que traumatizó a la sociedad
limeña, fue provocado por un grupo de jóvenes
artistas e intelectuales, entre los cuales se
encontraba Mariátegui, revelaba una característica
del futurismo de la época. Una noche de
noviembre, el grupo Colónida, acompañado
por una bailarina clásica suiza, de pasada
por Lima, y de un violinista, se dirigió
al cementerio de la ciudad, donde Norka Rouskaya
bailó con los acordes de la Marcha Fúnebre
de Chopin. Ese acontecimiento fue objeto de un
artículo de Mariátegui publicado
en El Tiempo, el 10 de noviembre de 1917, bajo
el título, "El asunto de Norka Rouskaya.
Palabras de justificación y de defensa".
Ese año ganó el premio Municipalidad
de Lima, organizado por el Círculo de Periodistas,
por su artículo "La procesión
tradicional", también publicado por
El Tiempo, sobre la procesión del Señor
de los Milagros.
A partir de 1916 amplió su actividad de
periodista colaborando con varios periódicos,
entre los cuales se destacaba El Tiempo, con comentarios
políticos y humorísticos en una
columna denominada "Voces". El Tiempo
era un periódico de oposición de
gran difusión. En 1917 fundó un
diario llamado La Noche en oposición a
El Día del presidente José Pardo.
1918 significó un momento decisivo en la
vida de Mariátegui. A partir de ese año
intentó definir su posición intelectual
y política. El 22 de junio, el grupo de
jóvenes de Colónida fundó
loa revista Nuestra Época, inspirada en
la revista España de Araquistain. Pretendía
ser una revista de combate, mostrando un esfuerzo
de revisión ideológica del grupo.
Sus objetivos eran superar las preocupaciones
meramente literarias y actuar en la vida política
del país difundiendo ideas nuevas; buscaban
alcanzar un público mayor, diferente de
aquel del Café Concert, recuerdo de la
belle époque de Lima y donde actuara aquel
joven grupo de intelectuales en sus tertulias.
Sus artículos en Nuestra Época ya
no traían más el seudónimo
de Juan Croniqueur. En el primer número
de la revista la redacción informaba: "Nuestro
compañero José Carlos Mariátegui
renunció totalmente a su seudónimo
de Juan Croniqueur, bajo el cual es conocido y
resolvió pedir perdón a Dios y al
público por los muchos pecados que, escribiendo
con ese seudónimo, cometió".
En su libro Siete ensayos de interpretación
de la realidad peruana, al hacer el balance crítico
de su producción intelectual de los años
precedentes, confesaba haber sido un, "Escritor
infestado de decadentismo y bizantinismo de fin
de siglo". También confesaba que en
su adolescencia literaria se alimentaba de, "decadentismo,
modernismo, esteticismo, individualismo y escepticismo".
Encerrábase así la etapa de la vida
de Mariátegui conocida como la "edad
de piedra".
La iniciación política
En el primer número de Nuestra Época,
Mariátegui firmó un artículo
que llevaba el título: "Malas tendencias:
el deber del Ejército y el deber del Estado".
Declarase ahí en contra de una política
armamentista y de militarización del país.
Recomendaba que se explorase el territorio y que
se acabara con el analfabetismo. Sólo después
de eso es que se debería gastar dinero
con soldados para la defensa del territorio peruano.
Identificábase pues, con uno de los puntos
de la oposición que pedía la reducción
de los gastos militares. La publicación
del artículo provocó a reacción
de los militares que invadieron las oficinas de
El Tiempo donde se imprimía Nuestra Época
y agredieron físicamente a Mariátegui.
Hubo actos de solidaridad para con los militares
que contaron con la presencia del propio presidente
de la República, José Pardo. Pero
estos actos no impidieron las renuncias del Ministro
del Ejército y del Jefe del Estado Mayor.
1919, como todos los años electorales,
despertaba inquietud en todos los sectores de
la población peruana. A esto se agregaba
la inquietud provocada por el fin de la Gran Guerra,
el crecimiento económico, el aumento de
la organización obrera y la crisis político-partidaria.
En ese contexto político y social aconteció
el retorno de Leguía, desde su exilio de
Londres, ahora en condiciones de catalizar las
oposiciones al civilismo de Pardo.
Esa perspectiva de cambio incentivó la
formación del Partido Socialista. Mariátegui,
que ya había participado, en 1918 con Falcón
y otros, de una fracasada tentativa de organizar
un Comité de Propaganda Socialista, en
1919 formó parte del grupo fundador de
ese partido. Ya en abril de ese año el
Partido Socialista fue disuelto por la violenta
represión gubernamental. Por otro lado,
esa perspectiva de cambio incrementó, poderosamente,
la actividad de las organizaciones obreras.
La Reforma Universitaria también contribuyó
para la intranquilidad generalizada galvanizando
a estudiantes y profesores de la Universidad de
San Marcos. El movimiento fue apoyado por la prensa
independiente como el diario La Razón,
fundado por Mariátegui y Falcón
en mayo de 1919. La razón apoyaba también
las causas obreras y las reivindicaciones de los
empleados de comercio. Se alineó en contra
de la candidatura de Leguía a la presidencia.
El 3 de julio de 1919 la rebelión estalló
en Lima. El día 4, el presidente Pardo
fue depuesto y preso. Leguía asumió
el poder. Liberó a los obreros presos y
esa actitud fue recibida como una tentativa de
conciliación con la clase trabajadora.
A continuación cesaron las huelgas y las
manifestaciones de solidaridad para con los presos
sociales. En esa ocasión, Mariátegui,
hablando a los líderes obreros que visitaban
la redacción de La Razón, les recomendó
que fundaran una organización obrera estable,
la Federación Obrera Peruana.
La Razón continuó en su oposición
a Leguía, ahora en el poder. La atención
dada a los movimientos obreros y estudiantiles
les valió que el Arzobispado de Lima les
vedara que continuara utilizando su imprenta.
Sin medios para continuar su impresión
e insistiendo en su línea de oposición
a Leguía, Mariátegui y Falcón
anunciaron el fin de la publicación a partir
del 8 de agosto de 1919.
Los consejeros de Leguía le indujeron a
cooptar los directores de La Razón, Mariátegui
y Falcón, los cuales ya mostraban su insatisfacción
con ciertas medidas del gobierno, propiciando
su designación como agentes de propaganda
del Perú en Italia y España. Para
eso contribuyó una cierta relación
de parentesco que unía Mariátegui
con Leguía, específicamente con
la esposa de éste, Doña Julia Swayne
y Mariátegui. Los intermediarios, entre
ellos Foción Mariátegui, eran familiares
del presidente y personas de su confianza.
Leguía, viendo en Mariátegui un
opositor organizado y permanente del gobierno,
procuró neutralizarlo ofreciéndole
la oportunidad de una viaje a Europa, subsidiada
por el Estado. Mariátegui lo aceptó
y, el 8 de octubre de 1919, se embarcó
para Europa. Esta actitud le valió acerbas
críticas y censuras por parte de sus amigos,
compañeros y enemigos.
El viaje a Europa.
El viaje siguió la ruta marítima
de Callao, Nueva York y La Rochelle, en Francia.
La escala en Nueva York a fines de octubre, aunque
breve, permitió a Mariátegui observar
la organización obrera norteamericana en
ocasión de una huelga portuaria. El 10
de noviembre desembarcó en La Rochelle.
Su permanencia en Europa se extendió de
1919 a 1923. Primero se dirigió a Paris,
donde permaneció poco tiempo. Por cuestiones
de salud, se trasladó a Italia; para Navidad
ya se encontraba en el puerto de Génova
donde lo aguardaba Palmiro Machiavello, cónsul
peruano en esa ciudad. Permaneció en Italia
dos años y medio. Se dirigió a Alemania,
país en que vivió durante 6 meses.
También realizó breves viajes a
Suiza, Austria, Hungría y Checoslovaquia.
Pero parece que no llegó a concretizar
su gran deseo: conocer Rusia. En Italia se casó,
en 1921, con Ana Chiape, natural de Siena y residente
en Florencia. Tuvo 4 hijos, uno nacido en Italia
y los otros en Perú.
Es probable que el interés de Mariátegui
por Italia tuviese su origen en su relación
con Valdelomar, su antiguo compañero de
Colónida, ambos admiradores de D´Anuncio.
Valdelomar se dejó influenciar por el futurismo
de D´Anuncio y de Marinetti en ocasión
de su visita a Italia (1913-1914) y, de regreso
a Perú, trasmitió su entusiasmo
a su grupo.
Mariátegui llegó a Europa en un
momento de grandes transformaciones. Terminada
la guerra, se abrían nuevas perspectivas.
Había una búsqueda de nuevas formas
de organización política, acompañada
por una efervescencia generalizada en lo estético.
Políticamente se confrontaban un liberalismo
decadente pero que buscaba se reformulación
y un socialismo nuevo y combativo, pujante pero
sin experiencia y que, por eso, cedió lugar
a una forma autoritaria del liberalismo que se
configuró en el fascismo. Estéticamente,
se podía observar una sucesión de
tendencias tales como el modernismo, el futurismo
y el pragmatismo. Mariátegui, sensible
a esas transformaciones, se dejó envolver
por ese cuadro político, social y cultural,
procurando acompañar y comprender esas
situaciones. Aseguraba que quería ver a
Italia, sin su literatura, mas con sus propios
ojos. A pesar de eso, sólo conoció
parcialmente Italia. Sus contactos se redujeron
a la Italia capitalista, la del Norte, donde,
a causa del desarrollo industrial, el movimiento
obrero era mayor. No llegó a conocer a
la Italia meridional, menos desarrollada, y que
desafiaba la capacidad de los estudiosos preocupados
con la integración de Italia como nación.
En Europa se entrevistó con personalidades
relevantes del momento, asistió a conferencias,
participó de congresos y acompañó
las actividades del movimiento obrero. Su larga
permanencia en Roma sólo fue interrumpida
por su ida, en enero de 1921, a Livorno, a fin
de asistir al congreso socialista que se realizó
en aquella ciudad. Los contactos de Mariátegui
en Italia, revelan más al escritor y al
hombre preocupado con cuestiones estéticas
que a un político activo. Sin embargo,
su producción intelectual de ese período
se refieren a cuestiones políticas y sociales
que agitaban Italia de la inmediata posguerra.
Se relacionó con Benedetto Croce, D´Anuncio,
Gobetti, Papini, Marinetti, Prezzolini y Gorki,
entre otros. Además del contacto con esas
personalidades hay que considerar las lecturas
de De Sanctis, Borghese, Tilger, Gramsci, Vonelli,
Bontempelli, Malaparte, Pirandello, Govoni y Corrazini.
Además, divulgó para el público
latinoamericano nombres como los de Missiroli,
Amendola, Rocco, Corradini y Sentinelli.
Mariátegui se mostró receptivo a
las propuestas de transformación de la
sociedad posbélica, a las contribuciones,
resultado de contactos múltiples, con escritores,
periodistas, filósofos y líderes
obreros y a las reflexiones fruto de sus lecturas.
Tales contribuciones fueron, muchas veces, contradictorias.
No por eso las negaba. Al contrario, las almacenaba
y registraba para una reflexión más
demorada. Esa fermentación intelectual
comenzaría a florecer, primero, en la publicación
en 1925 de La Escena Contemporánea y, después,
en sus escritos de 1928/29, proceso que sería
violentamente cortado en 1930 con su muerte, sin
que pudiera llegar a una completa madurez intelectual.
Durante su permanencia en Italia escribió
para los diarios peruanos, en especial para El
Tiempo, dando su visión personal sobre
los acontecimientos europeos. De esta manera,
de mayo de 1920 a mayo de 1922, disertó
sobre política, economía, arte y
literatura. Los temas más frecuentes se
referían a las cuestiones de la posguerra.
Allí, por primera vez, se refirió
al fascismo. En el caso particular de Italia,
su preocupación mayor era la de relatar
los problemas de reorganización económica
después de la guerra y las dificultades
del gobierno delante de cuestiones como la inflación
y los movimientos político-partidarios
que involucraban a las nuevas tendencias derivadas
del socialismo, fascismo y de la actuación
de la Iglesia Católica a través
del Partido Popular Católico. Toda esa
contribución periodística fue compilada
después en el volumen Cartas de Italia,
publicado, en 1969, por la editora Amauta. El
título era el mismo de la columna que Mariátegui
mantenía en el diario El Tiempo. Varios
de esos artículos eran firmados por Juan
Croniqueur o, simplemente, Jack.
El contacto con la cultura italiana dio origen
a dos libros: el ya mencionado La escena contemporánea
y El alma matinal y otras estaciones del hombre
de hoy, de publicación póstuma (1949).
Esta última obra es una recolección
de artículos sobre Italia, publicados en
la prensa limeña de 1925 a 1929 y seleccionados
por su autor, poco antes de su muerte.
Su relación con la cultura italiana se
mantuvo aun después de su regreso a Perú,
ya sea por la correspondencia que mantuvo con
personalidades de aquel país ya sea a partir
de las lecturas de las publicaciones italianas.
La "edad de la revolución"
El 23 de marzo de 1923 se produjo el retorno
de Mariátegui a Perú. Todavía
era visto como el "poeta de auténtica
inspiración y refinado gusto estético",
según un artículo publicado en Variedades
el 26 de mayo de ese año. Aun no había
dejado de ser Juan Croniqueur.
De vuelta a Perú se vio envuelto por el
grupo de Víctor Haya de la Torre, núcleo
de la futura Alianza Popular Revolucionaria Americana
(APRA). Haya, líder estudiantil, era uno
de los fundadores de la Federación Estudiantil
Peruana, en 1917. Esta Federación promovió
el movimiento por la reforma universitaria. En
el espíritu de ese clima, Haya proponía,
en el Congreso Estudiantil de Cuzco de 1920, la
instalación de escuelas nocturnas para
trabajadores que darían origen a las Universidades
Populares. La organización de las Universidades
Populares se fundamentaba en el principio de que
el proletariado debía ser conscientizado
social y políticamente a través
de la acción docente de intelectuales,
reformulando así la relación entre
obreros e intelectuales. A partir de 1921 se constituyen
las Universidades Populares bajo la orientación
de su principal promotor haya de la Torre. A estas
universidades se les dio el nombre de González
Prada (UPGP), como homenaje a la acción
revolucionaria de ese pensador anarquista. Mariátegui,
como autodidacta, se manifestaba en contra de
la enseñanza universitaria tradicional
como la que ofrecía la Universidad de San
Marcos. Invitado por Haya de la Torre a colaborar
en las UPGP, aceptó dar cursos a los trabajadores
sobre el movimiento obrero en Europa y Perú,
sobre las revoluciones de Rusia, Alemania y México
y sobre aspectos de la crisis europea después
de la guerra.
El inicio de la actividad de Mariátegui
en las UPGP fue en junio de 1923 habiéndose
enterado, en los meses anterior, de la programación
y asistido a las conferencias de otros intelectuales
de aquella institución. Nada define mejor
su pensamiento sobre esta práctica que
sus palabras iniciales de su curso: "No tengo
la pretensión de venir a esta tribuna libre
de una universidad libre para enseñar la
historia de esta crisis mundial, sino estudiarla
junto con ustedes". Sus conferencias -publicadas
post-mortem en 1959- dieron origen a la obra llamada
Historia de la crisis mundial.
A fines de septiembre se articuló un golpe
contra el gobierno de Leguía. Hubo numerosas
prisiones entre ellas la de Haya de la Torre ya
enemistado con Leguía desde el acontecimiento
(el 23 de mayo de de ese año) de la consagración
de Perú al Sagrado Corazón de Jesús,
lo que había dado origen a una violenta
manifestación callejera de estudiantes
y obreros liderado por Haya de la Torre. Éste
fue deportado a Panamá el 9 de noviembre
de 1923, después que inició una
semana de huelga de hambre. Su expulsión
motivó otra manifestación de protesta
de sus correligionarios reprimida, con nuevas
detenciones, por la policía limeña.
Entre los detenidos se encontraba Mariátegui.
La deportación de Haya creó un vacío
en el liderazgo político que Mariátegui
intentó rellenar. Por de pronto, asumió
la coordinación de las UPGP y la dirección
de la revista Claridad.
1924 fue un año decisivo en la vida de
Mariátegui. Su salud, ya debilitada, se
volvió aún más precaria con
el agravamiento de la infección en una
de sus piernas que determinó su amputación.
Ese incidente, ocurrido a mediados de 1924, significó
una paralización de sus actividades periodísticas,
especialmente en Variedades y El Mundial. Durante
su largo período de convalecencia, consciente
de su debilidad física, en lugar de desesperarse,
se entregó a reordenar sus concepciones
intelectuales y, forzado por esa situación
personal, revisó sus concepciones estéticas
y políticas y reprogramó su metodología
crítica. Para ello fue muy importante sus
contactos con los obreros limeños, alumnos
de la Universidad Popular. Desde ese momento,
comenzó a preocuparse definitivamente con
los problemas específicamente peruanos.
Por septiembre de 1924, retomó sus actividades
de periodista en Variedades y Mundial. Continuó
informando sobre asuntos internacionales, demostrando
estar actualizado con lo que ocurría en
Europa, en especial en Francia e Italia. Pero
ese fue el momento en que comenzó a preparar
los artículos que irían a integrar
en el futuro, los Siete ensayos de interpretación
de la realidad peruana, su obra capital. También
demostró su preocupación por comprender
los problemas comunes a América latina,
relacionados con el debate internacionalismo-nacionalismo.
El largo período de convalecencia y la
profunda meditación a la que se entregó,
lo prepararon para una fecunda y copiosa producción
intelectual y periodista en el año 1925.
Fue en Escenas de la vida contemporánea,
colección de artículos ya publicados
en Variedades y Mundial, que Mariátegui
destacó su preocupación por la crisis
de la democracia y del socialismo, a causa del
surgimiento del fascismo, y por la posición
de los intelectuales delante de las nuevas cuestiones
estéticas.
Retomó, con ímpetu mayor, su actividad
periodista sin abandonar su línea de interpretación
sobre los hechos internacionales. Pasó
a prestarle una atención mayor a temas
educacionales, hasta llegar al proyecto de creación
del Ateneo de Estudios Sociales y Económicos,
dividido en las secciones Economía Peruana,
Sociología Peruana y Educación,
lo que le permitiría entablar un debate
a nivel nacional y, al mismo tiempo, investigar
y definir la realidad peruana.
Ese año también se dedicó
a perfeccionar su plan de elaboración de
su obra cumbre: los Siete Ensayos... Finalmente
retomó su antiguo proyecto de publicar
una revista crítica, inicialmente abierta
a escritores y artistas peruanos e hispano-americanos
de vanguardia. Ese proyecto se vio interrumpido
por su enfermedad, pero se pudo realizar, en septiembre
de 1926, cuando salió el primer número
de la revista mensual Amauta, dedicada a temas
de cultura, arte, literatura filosofía,
política y ciencias. La primera editorial,
escrita por José Carlos, traza los objetivos
y directrices de la publicación:
...Amauta no es sólo una tribuna libre,
abierta a todos los vientos del espíritu.
Los que fundamos esta revista no concebimos una
cultura y ana arte agnósticas. Nos sentimos
una fuerza beligerante, polémica. No hacemos
ninguna concesión al criterio, generalmente
falaz, de la tolerancia de ideas. Para nosotros
existen ideas buenas e ideas malas. ... Ya escribí
que soy hombre con una filiación y una
fe. Lo mismo puedo decir de esta revista que rechaza
todo lo que es contrario a su ideología
así como todo aquello que no expresa ningún
tipo de ideología.
Los objetivos de Amauta son los de,
...situar y conocer los problemas peruanos desde
los puntos de vista doctrinario y cientifico.
Pero siempre trataremos a Perú dentro del
panorama mundial. Estudiaremos todos los grandes
movimientos de renovación política,
filosófica, artística, literaria
y científica. Todo lo humano es nuestro.
Amauta tuvo una vida que no puede ser considerada
efímera dado su carácter de revista
cultural mensual -32 números entre septiembre
de 1926 y septiembre de 1930- habiendo sufrido
una interrupción sólo entre los
meses de junio y noviembre de 1927 y agosto de
1928.
La dirección de Amauta no alejó
a Mariátegui de su actividad periodística
normal la que cada vez demostraba un espacio mayor
para la discusión de los problemas peruanos
sin dejar de lado los comentarios sobre problemas
internacionales de la actualidad. A pesar de esa
gran producción periodística, Amauta
era la tribuna para la acción política
de Mariátegui. Fue a través de esa
publicación que mantuvo una polémica
política con César Falcón,
uno de sus antiguos compañeros. Fueron
los artículos de Amauta que denunciaron
la acción del imperialismo yanqui en América
latina, en general, y en Perú, en particular,
que desencadenaron una reacción violenta
de parte del gobierno peruano en 1927. Fue a través
de Amauta que Mariátegui participó
del II Congreso Obrero de Lima (1927). El mensaje
que envió, en enero de 1927, a la sesión
de apertura del Congreso, marcó su apoyo
y su presencia política, definiendo su
posición marxista.
El número 9 de Amauta, publicado en mayo
de 1927, constituido de artículos sobre
la penetración del imperialismo norteamericano
en América latina, llamó la atención
del gobierno peruano sobre el carácter
político de la revista, identificada ahora
con la acción comunista, ligada a la orientación
del II Congreso Obrero de Lima. Según Mariátegui
y Martínez de la Torre, el gobierno de
Leguía simuló la existencia de un
complot comunista, pretexto que desencadenó
una represión que llevó a la prisión
a intelectuales, estudiantes y obreros y determinó
la clausura de Amauta. El motivo de esa represión
policial fue la realización, el 5 de junio
de 1927, de una reunión del grupo Claridad,
considerada por el gobierno como una reunión
obrera clandestina. El acontecimiento había
sido divulgado, con anterioridad, por la prensa
local. Entre los intelectuales presos se encontraba
Mariátegui, cuya casa fue invadida por
policías que expurgaron su biblioteca.
Debido a su precario estado de salud, fue trasladado
al hospital Militar san Bartolomé donde
permaneció 6 días. De vuelta a su
casa se encontraba en la situación de libertad
vigilada. El 10 de junio envió a La Prensa
una carta escrita en el, en la cual desmentía
enérgicamente la existencia de un complot
comunista y la acusación gubernamental
de una supuesta conexión con la Central
Comunista de Rusia o con cualquier otra organización
de Europa o América, rechazando todas las
acusaciones levantadas contra Amauta y sus redactores.
Una carta de tenor semejante fue enviada a Correspondencia
Sudamericana de Buenos Aires con el objetivo de
esclarecer la opinión pública latinoamericana.
La reapertura de Amauta sólo aconteció
en diciembre de ese año con la publicación
de su número 10, cuya editorial -"Segundo
Acto"- de autoría de Mariátegui,
hace el relato y las aclaraciones de la clausura
de la revista.
En medio de todas esas perturbaciones, Mariátegui
no deja de pronunciarse sobre el movimiento político
de Haya de la Torre en el exterior. Éste,
desde su expulsión a México, en
1923, había iniciado una organización
con un programa de acción revolucionaria
para América latina que adoptó,
en 1926, el nombre de APRA (Alianza Popular Revolucionaria
Americana). El APRA defendía los puntos
siguientes: 1º) Acción contra el imperialismo
yanqui; 2º) la unidad política de
América latina; 3º) la nacionalización
de las tierras y de la industria; 4º) la
internacionalización del Canal de Panamá;
5º) la solidaridad para con todos los pueblos
y clases oprimidos del mundo. Proponía,
además, la creación de partidos
nacionales que debían realizar el programa
del APRA. A pesar de concordar en algunos puntos
con el programa aprista, Mariátegui dejaba
entrever, en sus comentarios, su discordancia
con otros.
El 16 de abril de 1928, Mariátegui envió
una carta a Haya, entonces en México, en
que manifestó su desacuerdo con el programa
del APRA. Criticó la transformación
del APRA de alianza en partido y también
al tipo de nacionalismo pregonado por la organización.
En respuesta a su carta, Haya acusó a Mariátegui
de exceso de europeísmo y de haber caído
en el tropicalismo, esto es, de tener una visión
europea sobre América. Según Haya,
el problema de América era combatir el
imperialismo. Mariátegui le contestó
a Haya de la Torre con una "carta colectiva",
firmada por él y los compañeros
que lo apoyaban, donde manifestaba: 1º) su
posición a favor de una organización
socialista, de orientación definida, contando
con liberales y pequeños burgueses que
estuvieran de acuerdo en trabajar en la divulgación
de las ideas socialistas entre las masas; 2º)
pedía una definición del APRA- como
Alianza, como Frente único o como Partido.
Desde ese momento, Mariátegui aprovechaba
todas las oportunidades para demostrar su discordancia
con las posiciones asumidas por el APRA; así
ocurrió en ocasión del segundo aniversario
de Amauta. En la editorial del número 17
llamado "Aniversario y Balance", reafirmó
su convicción socialista y su independencia
delante de la idea de un partido nacionalista
pequeño burgués. Coherente con esos
principios, el 16 de septiembre de ese año
propuso la creación de una célula
política llamada "célula secreta
de los 7", que sería el punto de partida
del Partido Socialista (PS) de orientación
marxista. Se creó así la Secretaría
del PS -partido obrero-campesino- y Mariátegui
fue elegido, en Octubre, secretario general del
partido. Investido de esa función, redactó
los Principios programáticos del Partido
Socialista, cuyos fundamentos consistían
en el carácter internacional de la economía
y en el movimiento revolucionario. El PS, según
Mariátegui, debía adaptar su acción
a las condiciones sociales peruanas pero obedeciendo
a criterios más amplios ya que las circunstancias
nacionales estaban subordinadas al ritmo de la
historia mundial. El método de lucha sería
el marxismo-leninismo y la forma sería
la revolución. La evolución natural
no lleva al socialismo. El país encontraba
se dominado por el capitalismo monopolista. Solamente
la acción del proletariado podría
inducirlo a una revolución socialista.
Finalmente afirmaba que tales reivindicaciones
deberían ser sustentadas por el proletariado
y por los elementos más concientes de la
clase media. Una vez organizado, el PS recibió
invitaciones para participar del Congreso Sindical
Latinoamericano, a ser realizado en Montevideo,
en mayo de 1929, y de la I Conferencia Comunista
Latinoamericana, a realizarse en Buenos Aires,
en junio del mismo año.
1928 fue el momento decisivo en la vida intelectual
de Mariátegui. Ese año prefació
el libro de Valcárcel, Tempestad en los
Andes; publicó en Mundial, el artículo
"El alma matinal", que daría
origen al libro del mismo título; comenzó
a publicar, a partir de julio, en Variedades y
Mundial, una serie de artículos de crítica
y afirmación de posiciones políticas,
reproducidas más tarde en los números
17 y 24 de Amauta bajo el título "Defensa
del marxismo, publicados en forma de libro después
de su muerte. Sin embargo fue en noviembre que
publicó su obra maestra, el cual, según
José Aricó, "el mayor esfuerzo
teórico realizado en América latina
para introducir una crítica socialista
a los problemas y a la historia de una sociedad
concreta y determinada".
Evidentemente se trata de los Siete ensayos de
interpretación de la realidad peruana,
que Mariátegui consideró como resultados
provisorios de la aplicación del método
marxista. En esa misma , en carta al editor Glusberg,
de Buenos Aires, anunció el proyecto de
nuevos libros como Ideología y política
en el Perú, a ser editado en España,
e Invitación a la vida heroica. Tales trabajos
permanecieron inéditos y no se tienen mayores
informaciones sobre el destino de sus originales.
Aún en noviembre, participó de la
fundación de Labor, periódico quincenal.
Órgano de clase, pretendía dotar
al proletariado peruano de un medio de información
y combate. Fue a través de Labor que Mariátegui
realizó su acción política;
y fue esa acción, más directa y
objetiva que las anteriores, lo que lo enfrentó,
definitivamente, al gobierno de Leguía.
Labor tuvo una existencia conturbada; habiendo
sido repetidas veces clausurada, ya fuera por
dificultades financieras o por persecuciones políticas
hasta que, el 7 de septiembre de 1929, el gobierno
peruano lo cerró definitivamente. La editorial
de presentación de Labor, muestra su relación
con Amauta y su intención de alcanzar un
público ampliado. La actuación política
de Mariátegui quedó claramente caracterizada
con la publicación de su artículo
-"Nuestras reivindicaciones primarias: libertad
de asociación sindical"- publicado
en Labor del 24 de noviembre de 1928, cuando propuso
la libertad sindical y la expansión de
la organización sindical a los trabajadores
del campo y de las minas. La fundación
de la Asociación para el Fomento del Mutualismo
en el Perú, enero de 1929, le indujo a
escribir un artículo en Labor, en el cual
criticaba esa institución de carácter
patronal. Esto dio origen a un debate entre Mariátegui
y el presidente de esa institución lo que
permitió al primero analizar la cuestión
del sindicato libre.
En 1929 le dedicó varios artículos
al análisis de la Revolución Mexicana.
Desde 1924 escribía sobre ese tópico
pero fue en 1929 que le comenzó a prestar
una atención mayor. Tal vez quiso ver en
la Revolución Mexicana un modelo a ser
seguido por otras naciones latinoamericanas. Por
ese motivo acompañó el proceso intentando
entenderlo. Veía en esa revolución
una lucha constante contra las tendencias reaccionarias,
una sucesión de momentos revolucionarios
y reaccionarios. Se decepcionó con los
momentos de reacción que, a su manera de
ver, eran producto del compromiso de la pequeña
burguesía con el imperialismo norteamericano.
El 1º de mayo de 1929, Mariátegui
lanzó el "Manifiesto a los Trabajadores
de la República". Ese manifiesto contiene
una historia de las organizaciones obreras peruanas;
una crítica a los grupos anarquistas que,
por su preocupación por la pureza de la
revolución, preferían permanecer
fuera de la legalidad. Este Manifiesto proponía
una organización obrera general, no más
a nivel de oficios, mas que congregase a todos
los trabajadores; una organización dentro
de la ley, para que pudiese actuar legalmente.
Esa organización sería la Confederación
General de los Trabajadores del Perú (CGTP).
Para su divulgación necesitaría
de una publicación obrera. Fue entonces,
en ese sentido, que se propuso reabrir Labor con
su nº 8. En el día 10 de mayo aconteció
la fundación de la CGTP, primer esfuerzo
parea centralizar la acción obrera.
En esa misma línea de pensamiento, Mariátegui
elaboró sus tesis para el Congreso Sindical
Latino-americano de Montevideo y la I Conferencia
Comunista de América Latina de Buenos Aires.
Una delegación de 5 miembros, encabezada
por Julio Portocarrero, se dirigió a Montevideo
llevando las tesis redactadas por Mariátegui
como Antecedentes y desarrollo de la acción
clasista, en el cual hizo un histórico
del movimiento obrero y estudiantil peruanos hasta
1928. Para la conferencia de Buenos Aires llevó
El problema de las razas en América Latina
y Punto de vista anti-imperialista. En ese trabajo,
publicado el 29 de mayo de 1929, quedó
patente la divergencia de Mariátegui con
el APRA. Para Mariátegui, la penetración
del imperialismo en América Latina en una
situación semi-colonial, acentuó
el carácter de dependencia. La burguesía
latinoamericana colaboró con el imperialismo,
manteniendo la ilusión de la soberanía
nacional. Esa clase no tenía una posición
nacionalista revolucionaria; por eso el posicionamiento
de Mariátegui en contra del APRA, que aceptaba
esa alianza de clases. Para Mariátegui
el imperialismo no anulaba el antagonismo entre
las clases y sólo la revolución
socialista sería capaz de oponer una barrera
al avance imperial. Las tesis presentadas por
Mariátegui a esos congresos fueron muy
criticadas por el hecho de no ajustarse a los
moldes impuestos por la III Internacional, particularmente
en lo que se refiere a la cuestión del
indigenismo y a la organización de un partido
proletario.
Una de las decisiones de la CGTP fue la creación
de un organismo oficial de cultura proletaria,
denominado Oficina de Auto-educación Obrera.
Mariátegui fue incumbido de organizar esa
institución. Pretendía informar
y formar militantes obreros y campesinos. Consistía
en una formación básica, con el
asesoramiento permanente a los alumnos, de acuerdo
con un plan predeterminado, contando con centros
de consulta, material educativo y metodología
adecuada. Se organizaron dos niveles de cursos:
cursos elementales de Historia de Perú,
Geografía de Perú, Historia Universal,
Castellano y Sindicalismo. Cursos superiores de
Sociología, Historia, de las Ideas Sociales,
Economía, Biología y Sindicalismo.
La política adoptada por Mariátegui
-su acción periodística; su actuación
junto a los obreros; su defensa intransigente
de una política obrera independiente; sus
tesis presentadas a los Congresos de trabajadores-
provocó una fuerte reacción de los
sectores del Gobierno. El momento decisivo de
esa reacción fue la publicación
de los estatutos de la CGTP, en la edición
del 7 de septiembre de 1929, en Labor. Los estatutos,
cuyo lema era "Unidad proletaria", proponían
la unión de todos los asalariados en defensa
de sus derechos, intereses y reivindicaciones.
Al mismo tiempo fue publicado el Manifiesto de
la CGTP a la Clase trabajadora del País,
en el cual se discutían temas como el problema
del proletariado industrial, de la juventud, de
la mujer, del campesino, del indio, de la inmigración,
de las leyes sociales y de la política
agrícola. Al mismo tiempo, Mariátegui
se solidarizaba con el movimiento huelguista de
de Chicama. El nº 11 de Labor ya estaba impreso
e iba a aparecer el 22 de septiembre, cuando su
redacción fue invadida, las oficinas cerradas
y la publicación prohibida. También
fue invadida por la policía la residencia
de Mariátegui. Esa fecha dirigió
una carta al Presidente del Consejo de Ministros
reafirmando la posición de Labor como la
de una expresión de defensa de los derechos
de los trabajadores contra los intereses de las
grandes empresas mineras y del gamonalismo latifundista.
La ausencia de una respuesta a esta carta, el
silencio en torno de Siete Ensayos... y la ruptura
definitiva con el APRA aumentaron su desencanto,
agravado por su ya precario estado de salud. De
esta forma empezó se sensibilizó
ante los insistencias reclamos de Samuel Glusberg
para trasladarse a Buenos Aires, donde encontraría
mejores condiciones para publicar Amauta y sus
libros y donde encontraría también
una atención médica mejor para atender
su enfermedad. De la correspondencia mantenida
con Glusberg, se desprende que planificaba ese
viaje para mayo de 1930.
Conciente que no podría alterar el proceso
político y sin perspectivas de incidir
directamente en la realidad peruana a través
de sus análisis publicados en Labor, luchando
constantemente contra la censura y la represión
del gobierno de Leguía, Mariátegui
echó mano a un último recurso: referirse
indirectamente a la situación peruana en
sus artículos sobre América latina,
particularmente a la Revolución Mexicana,
para demostrar la necesidad de la revolución
proletaria de carácter socialista. Fue
justamente sobre el tópico de la Revolución
Mexicana que escribió, otra vez más,
en Marzo de 1930, sobre el tema revolución-Reacción.
Demostró que el estado mexicano, en 1930,
no garantizaba al trabajador ni siquiera las conquistas
liberales de la Constitución de 1917. Mariátegui,
que había sido un entusiasta de la Revolución
Mexicana, constató, melancólicamente,
que la tesis del estado regulador, del Estado
mediador, ofrecida por los teóricos de
la política mexicana, según sus
palabras, "se asemeja como una gota de agua
a otra gota, a la tesis del estado fascista".
Mientras tanto se agravó su dolencia y
se tuvo que someter, en marzo, a una operación
quirúrgica de urgencia. Renunció
a la Secretaría General del Partido Socialista.
El 16 de Abril de 1930, José Carlos Mariátegui
falleció en Lima a los 34 años de
edad.
Influencias sobre el pensamiento de José
Carlos Mariátegui.
Mariátegui vivió un momento de
crisis del liberalismo y del socialismo de la
II Internacional. El elaborar su pensamiento se
esforzó para mantener una posición
heterodoxa con relación a las proposiciones
marxistas de ese momento, intentando establecer
una relación original con la realidad en
que vivió. Su formación marxista
fue, básicamente, italiana. La particularidad
del caso italiano está en que el gran movimiento
de masas de fines del siglo XIX no aconteció
bajo el prisma de una fuerte tradición
marxista sino, en cambio, positivista y burguesa.
Después de la Primera Guerra Mundial, el
marxismo italiano ya poseía un carácter
original de crítica al evolucionismo y
al fatalismo de la II Internacional. Existía
una recusa a la pasividad política, en
especial por parte de los intelectuales turineses
reunidos en torno al diario L´Ordine Nuovo.
Fue con ese marxismo de inspiración idealista,
fuertemente influenciado por Benedetto Croce,
Giovanni Gentile y, en especial, por el bergsonismo
soreliano; fue con ese movimiento de renovación
intelectual y moral de la cultura italiana y europea
que Mariátegui se identificó. Es
cierto que era tendencialmente socialista antes
de partir para Europa. Pero su e4xpectativa en
relación al marxismo requería no
sólo una comprensión teórica
sino una referencia práctica; exigía
un movimiento con la suficiente densidad para
constituirse en una acción de clase. Fue
en Italia, a través de Croce, que pudo
concretizar su conocimiento de la realidad europea
y establecer contactos con sus intelectuales.
Tal vez de forma inconsciente, haya incorporado
algo del historicismo de Croce, pero más
que la influencia directa y personal de Croce,
influenció su pensamiento la lectura de,
Materialismo Storico ed Economia marxistica, del
filósofo italiano.
La convicción soreliana de Mariátegui
-Georges Sorel se volvió una presencia
obsesiva en toda su obra- no era el fruto de un
entusiasmo juvenil. Desde la lectura de la obra
de Sorel, entre la cual se destaca Reflexiones
sobre la violencia, su vinculación al marxismo
soreliano permaneció inalterada. Esto es
más llamativo si se tiene en cuenta que
Mariátegui continuamente cuestionaba y
reformulaba sus posiciones teóricas.
Se apropió del mito de la huelga general
de Sorel, pero entendía que que las especificidades
históricas de Perú, diferirían
de aquellas que constituían las preocupaciones
de Sorel. El concepto soreliano de mito de la
huelga general no se aplicaba a Perú, donde
las organizaciones obreras se encontraban todavía
en una etapa de formación y donde los trabajadores
estaban vinculados a su origen artesanal y su
procedencia campesina. Transformó, así,
el mito soreliano de la huelga general en el mito
de la revolución social, este sí
aplicable a la realidad peruana de aquel momento
histórico. Estas ideas se expresan muy
bien en el artículo denominado "El
hombre y el mito"; también aparecen
explícitamente en Siete Ensayos... y en
los artículos publicados en la obra Defensa
del Marxismo; asimismo se encuentran, diluidas
pero claramente caracterizadas, en los escritos
posteriores a 1925. La influencia de Sorel se
siente también en la crítica que
Mariátegui hace a Henri de Man y a Max
Eastman. También se percibe la influencia
de Sorel en la simpatía que Mariátegui
siente por el sindicalismo revolucionario como
asimismo en la polémica que mantuvo con
Tizón Bueno, en Enero de 1929, en que defendía
una clara posición antimutualista.
Fue a través de Sorel que llegó
a Bergson, Renan y Proudhon. Henri Bergson no
era del todo desconocido en Perú y, por
lo tanto, por Mariátegui antes de viajar
a Italia. Ya en Europa, lo que despertó
su interés por Bergson, fue la referencia
que le hizo Sorel. Éste, en la opinión
del pensador peruano, fue el que mejor supo aprovechar
el pensamiento bergsoniano a favor del socialismo.
Al psicoanálisis y, por ende, a Freíd,
llegó a través de la obra de Bergson.
Entre los intelectuales con los que se relacionó
en Europa, Piero Gobetti fue uno de los que más
mereció su admiración y entusiasmo.
Joven periodistra de Turín, expulsado de
Italia por la policía fascista por sus
ideas comunistas, convivió con Mariátegui
en su pasaje por Europa y dejó en él
una fuerte impresión. En su retorno a Perú,
Mariátegui defendió el nombre de
Gobetti en contra de los escritores promocionados
por el fascismo. La influencia de Gobetti aparece
en varios de sus escritos, particularmente en
los Siete Ensayos... Fue a través de Gobetti
que completó su formación soreliana,
esto es, capotó la visión de la
clase obrera, el significado de su autonomía
y su tendencia para transformarse en una clase
dirigente. La interpretación de Gobetti
sobre el Risorgimento, en la parte donde se refiere
a la unidad italiana, se asemejaba a los escritos
de Mariátegui sobre la historia peruana,
en especial a los escritos sobre la peruanización
de Perú.
En Europa se dejó envolver por todas esas
formas de pensamiento que terminaron por definir
un ideario en muchos puntos incompleto aún.
En su retorno a Perú, se relacionó
con las organizaciones político-partidarias
buscando realizar una política adecuada
a las necesidades históricas del pueblo
peruano.
Polémicas en torno de José Carlos
Mariátegui
En el análisis crítico de su obra,
Mariátegui fue identificado por sus comentadores
como marxista-leninista, como aprista de izquierda
o como soreliano lo que provocó no pocos
debates. Dentro de estas polémicas vale
la pena destacar las de los apristas y de los
comunistas. Unos y otros reivindican para su grupo
la figura de Mariátegui pero, al mismo
tiempo, tejen numerosas críticas a él.
Los apristas de izquierda lo homenajearon dedicándole
el número de 1930 de la revista argentina
Claridad. En una tentativa de hacer un balance
crítico del pensamiento de Mariátegui,
Claridad enfatiza un desencuentro entre una formación
romántica -que lo tenía siempre
listo para luchar por una revolución irrealizable-,
y una vocación para la acción política.
De acuerdo con la publicación, Mariátegui,
al pretender escribir para el pueblo, en realidad
escribía para una elite. Era más
un hombre de la Palabra que de la Acción.
Evidentemente que, para los apristas, el hombre
de la Acción era Víctor Raúl
Haya de la Torre.
Mariátegui también fue criticado
por los comunistas. Sintomáticamente, el
Partido Comunista Peruano fue fundado un mes después
de su muerte. Las propuestas políticas
de Mariátegui fueron consideradas perjudiciales
a la organizaci´ñon del Partido Comunista.
Tales propuestas fueron consideradas por los comunistas
como un "desvío pequeño burgués"
y, de ahí en adelante, "mariateguismo".
Mariátegui fue considerado apenas como
un precursor intelectual del movimiento histórico
que dio origen al Partido Comunista Peruano.
Durante el período de 1934-1935, la misma
revista Claridad fue el vehículo de una
nueva polémica sobre Mariátegui.
De esta vez los responsables fueron el aprista
Carlos Manuel Cox y el comunista Juan Vargas.
En sus artículos Cox intentó demostrar
una contradicción entre los Siete Ensayos...
-elaborado conforme una ideología marxista-
y la propuesta de Mariátegui de la formación
de un Partido Socialista y no de un Partido Comunista.
Con ello Cox intentó identificar a Mariátegui
más con el APRA que con el PC. Además,
según Cox, la ruptura de Mariátegui
con Haya no tuvo un carácter ideológico
sino político. A su vez, Vargas afirmaba
que Mariátegui pasó, por una evolución
natural, "del error aprista a la verdad marxista"
y que la relación de Mariátegui
con el APRA ocurrió en una etapa anterior
a su evolución intelectual y política.
Aún en la década de 1930, en una
circular que el PCP dirigía a la Central
Obrera, se afirmaba que el PCP luchaba contra
el APRA y contra los restos del "mariateguismo".
De acuerdo a las críticas contenidas en
ese documento, Mariátegui no había
conseguido desligarse de su pasado aprista, vaciló
en la cuestión de la creación de
un Partido Comunista y conservó su ilusión
con referencia al papel revolucionario de la burguesía
peruana. En esa época, las críticas
a Mariátegui eran frecuentes en las publicaciones
soviéticas: críticas al "populismo",
a los supuestos desvíos provenientes de
sus posiciones liberales acerca del problema de
los indios, a sus concesiones al APRA y a su recusa
en participar en la formación de un partido
proletario, bajo la hegemonía de la clase
obrera. En esa época en que se privilegiaba
el proletariado urbano, cualquier intento de búsqueda
de caminos de transición revolucionaria,
como el de la revalorización del potencial
de las masas rurales (indígenas: A.D.),
era condenada a la herejía. A mediados
de la década del 30, era evidente la hegemonía
del Partido Comunista de la Unión Soviética
sobre los partidos comunistas de otras nacionalidades
con fuertes contingentes campesinos, como el de
China, por ejemplo. A propósito, la orientación
de la III Internacional se regía por los
principios siguientes:
1. la revolución debería sugerir
modelos y no caminos a seguir;
2. el desprecio a la potencialidad revolucionaria
del sector rural, marginalizado en una zona de
"atraso";
3. marginalizado el sector rural a su condición
de "mundo atrasado", los comunistas
debían optar por la destrucción
ideológica y política de las formaciones
intelectuales que propugnaban armonizar y autonomizar
los movimientos rurales, emergentes del proceso
de descomposición de las sociedades, provocado
por el desarrollo capitalista.
En el VII Congreso de la Internacional, en 1935,
hubo una tentativa de reinterpretar el pensamiento
de Mariátegui. En ese momento las organización
asumió una nueva orientación delante
de los problemas surgidos durante la década
de 1930 y que afectaban básicamente el
proletariado; proponía, para eso, un frente
amplio contra el fascismo y contra el imperialismo.
Esto posibilitó una nueva aproximación
entre el PCP y el APRA.
El pensamiento de Mariátegui era buscar
las raíces del socialismo en las antiguas
civilizaciones de América, socialismo que
el proletariado peruano debía realizar
en el Perú ya modificado por las nuevas
condiciones capitalistas. Aquello que aprendió
de sus lecturas y de sus contactos en Europa fue
reformulado delante de la singularidad nacional
del Perú. En Mariátegui, la Revolución
de Octubre de 1917 había impactado fuertemente
en la formulación de su pensamiento sobre
el proceso revolucionario; ahora bien, en cuanto
al papel de las masas campesinas en el movimiento
revolucionario, las dos grandes experiencias históricas
del momento eran para él: los comienzos
de la revolución china y la revolución
mexicana.
Otra cuestión que suscitó numerosas
discusiones es la posición asumida por
Mariátegui delante del indigenismo. La
intelectualidad peruana siempre ignoró
la realidad del indigenismo en razón del
temor latente de una rebelión como la de
Tupak Amaru, de Huaraz o de Rumi Maqui, presión
permanente sobre una sociedad de clases. Esa amenaza
latente permitió a la formación
de un bloque solidario en la represión
del movimiento indígena y, por extensión,
del movimiento campesino. Ya González Prada
había destacado que la fragilidad demostrada
por Perú en la Guerra del Pacífico
residía, exactamente, en la negativa de
la clase dirigente en admitir como elemento decisivo
de la nacionalidad a las masas indígenas.
Partiendo del criterio de que el problema del
indio no era una cuestión racial que podía
solucionarse en términos pedagógicos,
mas que presuponía una transformación
económica y social, llegaba a la conclusión
que los indios debían ser los propios artífices
de su liberación social. Tal posición
operó un cambio profundo en la orientación
de los intelectuales, principalmente en aquellos
que organizaron, en 1909, la Asociación
Pro Indígena (API). Cuando la penetración
del imperialismo y el desarrollo del capitalismo
pensionaron el mundo rural peruano, se multiplicaron
los levantamientos de las masas indígenas.
Fue entonces que, desde el interior del API, surgió
un grupo más radical que se proponía
colocar la cuestión en términos
de "cuestión nacional". Mariátegui
estaba ligado a ese grupo pero se negó
a considerar la cuestión indígena
como "nacional". Vinculando el problema
indígena al problema de la tierra, esto
es, al problema de las relaciones de producción,
Mariátegui encontró en la estructura
agraria peruana, las raíces de la fragilidad
de la nación. De allí la identificación
del problema del indio con el problema de la tierra
que sólo la revolución socialista
podría resolver.
Mientras tanto ese socialismo debía surgir
de la realidad y convertir el marxismo en la expresión
propia y originaria de la acción teórica
y práctica de las clases subalternas, para
conquistar su autonomía histórica.
Ese concepto socialista no era una simple cuestión
de nomenclatura sino que se relacionaba con una
concepción particular de alianzas, a una
determinación divergente de la Internacional
en cuanto a los componentes de clase -obreros,
campesinos e intelectuales- y a una visión
heterodoxa en cuanto al proceso de formación
del partido, emergente de varios núcleos
dispersos por el Perú.
La intensidad, la naturaleza y el nivel de las
polémicas suscitadas por la producción
intelectual y las actitudes de Mariátegui
confirman que su acción estremeció
la estructura tradicional del pensamiento latinoamericano.
A pesar de su vinculación con la cultura
europea, José Carlos Mariátegui
es responsable por su esfuerzo de originalidad
en que se va delineando una forma de pensamiento
singularmente latinoamericano.
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