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MARIÁTEGUI: GÉNESIS DE UN PENSAMIENTO LATINO-AMERICANO

Por Manoel L. Bellotto y Anna Maria M. Corrêa

José Carlos Mariátegui elaboró una forma de pensar original para América latina, fundamentada en el socialismo, cuyas raíces buscó en las antiguas civilizaciones andinas. Ese socialismo debería ser adaptado a una sociedad ya modificada por el capitalismo. Tales ideas, expuestas en su obra Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, fueron fruto de una elaboración gradual y permanente, a partir de su experiencia europea y de su vivencia de la realidad peruana.


La "Edad de Piedra"

José Carlos Mariátegui nació el 14 de junio de 1895. Existen controversias sobre su lugar de nacimiento: en Lima para algunos; en Moquegua, en el sur del país, entre Arequipa y Tacna, para otros. Pasó la mayor parte de su vida en Lima.
Su nacimiento coincidió con el período de gestación de las grandes transformaciones que irían a caracterizar el Perú moderno en la década del 20. El fin del siglo XIX todavía era un período de hegemonía del Partido Civil. Sin embargo, ya se notaba una tentativa de organización obrera que acompañaba el movimiento internacional. En esa tentativa de organización predominaba el mutualismo, de fuerte tendencia anarquista, de línea bakuninista, traída a América latina por inmigrantes europeos, muchos de ellos militantes de la Primera Internacional. Ese movimiento, que tuvo en Manuel González Prada su mentor intelectual, no se restringió sólo a la organización del proletariado; reivindicaba, por medio del diario Voz Obrera, el aumento salarial, mejores condiciones de trabajo, estabilidad en el empleo y la disminución del costo de vida.
En 1902, a los 7 años de edad, José Carlos Mariátegui fue llevado a Huacho, ciudad litoraleña al norte de Lima, en virtud de problemas familiares -la separación de sus padres- y de problemas de salud -el organismo frágil de Mariátegui exigía un clima más saludable que el de Lima. Su padre, Francisco Mariátegui, era funcionario del Tribunal Mayor de Cuentas; su madre, Amalia de la Chira, era natural de Huacho. En esa localidad los remanentes de la familia -madre y 4 hijos- encontraron condiciones de supervivencia a través del oficio de costurera desempeñada por Amalia de la Chira. Fue en 1902 y en Huacho que Mariátegui comenzó a frecuentar la escuela primaria. Fue también en esa época que sufrió un accidente, un violento golpe en la rodilla izquierda, que marcó toda su vida. Tuvo que someterse a sucesivas intervenciones quirúrgicas en la pierna izquierda, lo cual no impidió su renguera y, casi al final de su vida, de que le amputaran esa pierna. Ese mal, acabó llevándolo a la muerte en 1930 a los 35 años de edad. Ese desaparecimiento cortó una vida en su punto más alto de producción intelectual.
En 1909, a los 14 años de edad, comenzó a trabajar en Lima en el diario La Prensa como ayudante de linotipista. Esa actividad le permitió el acceso a informaciones de lo que ocurría en Lima, en el resto de Perú en el mundo. Los civilistas mantenían aún la hegemonía del poder. Aumentaba el poder de las organizaciones de trabajadores y, a causa del aumento de precio de los productos alimenticios, se intensificó el malestar en el movimiento obrero. Desde 1904 se sucedían las huelgas: en los puertos de Callao y Mollendo se luchaba por la reducción de la jornada laboral y en 1906 eclosionó la primera huelga solidaria.
En 1908, los anarquistas se agruparon en el Centro de Estudios Sociales 1º de Mayo y convocaron a una huelga general de los trabajadores industriales y de los portuarios de Callao, Lima y Huacho. Al año siguiente, los trabajadores de Cerro de Pasco Railway exigieron la reducción de la jornada laboral. En ese mismo año, hubo una tentativa de golpe encabezada por la familia Piérola y7 reprimida por el General Augusto Leguía. Las instalaciones de La Prensa, opositora al régimen, fueron invadidas y empastadas.
En ese ambiente convulsionado, ya como revisor del diario, Mariátegui dio sus primeros pasos en su carrera periodística. Fue en esa época que, al resguardo de toda conturbación política y social, escribió sus primeros poemas religiosos y patrióticos.
En el período inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, el poder político en Perú pasó por una crisis, ocasionada por una división en el Partido Civil, lo que permitió el acceso a la presidencia de Guillermo Billinghurst, un comerciante del salitre de Arica. La efímera presidencia de Billinghurst, apenas de 16 meses de duración, era un preanuncio de la pérdida de poder político de parte de los hacendados latifundistas. Se renovaba por esa época la cuestión del dominio de la región salitrera entre Perú y Chile, herencia de la Guerra del Pacífico y motivo de arduos debates políticos. Al mismo tiempo, González Prada organiza con los anarquistas el grupo La Protesta que tuvo una actuación importante en las futuras huelgas. Ese grupo propuso también la organización de la Federación Obrera Peruana que inició contactos con los obreros chilenos en una tentativa de integración del proletariado peruano en un movimiento internacional. Esa organización tuvo también su equivalente en el medio rural con el desencadenar de una serie de huelgas violentamente reprimidas, como aquella que se inició en 1912 con la ocupación de la Hacienda Casa Grande, importante ingenio azucarero de la región de Trujillo; esas ocupaciones se expandieron luego a Catarvio, Laredo y Chiquitoy.
La Primera Guerra Mundial, al desorganizar la economía y las relaciones entre Europa y América, vino a agravar en Perú la crisis política resultantazo de la sublevación de Lima, en febrero de 1914, que depuso a Billinghurst y colocó en el poder al general Benavides. El nuevo gobierno fue atacado de inmediato por los diarios La Lucha, de González Prada, y El Motín de Carlos del Barzo que protestaban contra la restauración del régimen militar.
En mayo de 1915, asumió el gobierno José Pardo. Durante la campaña electoral de 1918 se observó una gran agitación entre los partidos políticos. Augusto Leguía, ex presidente, lanzase como oposición al civilismo de Pardo, apoyado por el diario El Tiempo que organizó su campaña electoral. Los universitarios de Lima lo eligieron como el "maestro de la juventud". Su plataforma contenía una promesa de renovación de métodos, de saneamiento nacional y de recuperación de Tacna-Arica.
Los años de la I Guerra Mundial, gracias a la demanda de los países industrializados, posibilitaron el crecimiento de la producción azucarera, beneficiando al Estado y al sector ligado a esa actividad. La abertura del canal de Panamá, en agosto de 1914, facilitó ese proceso.
También en 1914, Mariátegui, que ya se había iniciado en la crónica periodística, se popularizó bajo el seudónimo de "Juan Croniqueur", escribiendo versos, crítica teatral, artística y literaria, cuentos y artículos sobre la actualidad peruana e internacional. En esa ocasión colaboró con la revista literaria Mundo Limeño, destinada a un público aristocrático, principalmente femenino. Fue co-editor de El Turf, escribiendo crónicas y notas sociales. También colaboró en la revista femenina Lulú. En 1916 fue uno de los fundadores del Círculo de Periodistas y junto con el poeta futurista Juan Valdelomar, formó un grupo de tertulias literarias responsable por la publicación, sobretodo en La Prensa, de "Diálogos Máximos". Su relación al grupo de Valdelomar lo llevó a intentar a publicar un libro de poesías, al cual dio el nombre Tristeza, lo cual, finalmente, no se pudo realizar.
Mariátegui incursionó en el Teatro y fue autor de dos textos de fundamento histórico: Las Tapadas, escrito en colaboración con Julio de la Paz, y La Mariscala, que contó con la colaboración de Valdelomar. Tuvo momentos de misticismo, como aquel que lo llevó a pasar unos días en el Convento de los Descalzos cuando escribió el poema místico "Elogio de la celda ascética" publicado en El Tiempo, y "Los salmos del dolor", en la revista literaria Colónida, publicación modernista lanzada por un grupo de jóvenes intelectuales, entre los cuales estaban Mariátegui, Valdelomar y César Falcón. Sólo se publicaron 4 números de esa revista entre enero y mayo de 1916. El conocido incidente del cementerio, ocurrido a fines de 1917 y que traumatizó a la sociedad limeña, fue provocado por un grupo de jóvenes artistas e intelectuales, entre los cuales se encontraba Mariátegui, revelaba una característica del futurismo de la época. Una noche de noviembre, el grupo Colónida, acompañado por una bailarina clásica suiza, de pasada por Lima, y de un violinista, se dirigió al cementerio de la ciudad, donde Norka Rouskaya bailó con los acordes de la Marcha Fúnebre de Chopin. Ese acontecimiento fue objeto de un artículo de Mariátegui publicado en El Tiempo, el 10 de noviembre de 1917, bajo el título, "El asunto de Norka Rouskaya. Palabras de justificación y de defensa". Ese año ganó el premio Municipalidad de Lima, organizado por el Círculo de Periodistas, por su artículo "La procesión tradicional", también publicado por El Tiempo, sobre la procesión del Señor de los Milagros.
A partir de 1916 amplió su actividad de periodista colaborando con varios periódicos, entre los cuales se destacaba El Tiempo, con comentarios políticos y humorísticos en una columna denominada "Voces". El Tiempo era un periódico de oposición de gran difusión. En 1917 fundó un diario llamado La Noche en oposición a El Día del presidente José Pardo.
1918 significó un momento decisivo en la vida de Mariátegui. A partir de ese año intentó definir su posición intelectual y política. El 22 de junio, el grupo de jóvenes de Colónida fundó loa revista Nuestra Época, inspirada en la revista España de Araquistain. Pretendía ser una revista de combate, mostrando un esfuerzo de revisión ideológica del grupo. Sus objetivos eran superar las preocupaciones meramente literarias y actuar en la vida política del país difundiendo ideas nuevas; buscaban alcanzar un público mayor, diferente de aquel del Café Concert, recuerdo de la belle époque de Lima y donde actuara aquel joven grupo de intelectuales en sus tertulias. Sus artículos en Nuestra Época ya no traían más el seudónimo de Juan Croniqueur. En el primer número de la revista la redacción informaba: "Nuestro compañero José Carlos Mariátegui renunció totalmente a su seudónimo de Juan Croniqueur, bajo el cual es conocido y resolvió pedir perdón a Dios y al público por los muchos pecados que, escribiendo con ese seudónimo, cometió".
En su libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, al hacer el balance crítico de su producción intelectual de los años precedentes, confesaba haber sido un, "Escritor infestado de decadentismo y bizantinismo de fin de siglo". También confesaba que en su adolescencia literaria se alimentaba de, "decadentismo, modernismo, esteticismo, individualismo y escepticismo". Encerrábase así la etapa de la vida de Mariátegui conocida como la "edad de piedra".


La iniciación política

En el primer número de Nuestra Época, Mariátegui firmó un artículo que llevaba el título: "Malas tendencias: el deber del Ejército y el deber del Estado". Declarase ahí en contra de una política armamentista y de militarización del país. Recomendaba que se explorase el territorio y que se acabara con el analfabetismo. Sólo después de eso es que se debería gastar dinero con soldados para la defensa del territorio peruano. Identificábase pues, con uno de los puntos de la oposición que pedía la reducción de los gastos militares. La publicación del artículo provocó a reacción de los militares que invadieron las oficinas de El Tiempo donde se imprimía Nuestra Época y agredieron físicamente a Mariátegui. Hubo actos de solidaridad para con los militares que contaron con la presencia del propio presidente de la República, José Pardo. Pero estos actos no impidieron las renuncias del Ministro del Ejército y del Jefe del Estado Mayor.
1919, como todos los años electorales, despertaba inquietud en todos los sectores de la población peruana. A esto se agregaba la inquietud provocada por el fin de la Gran Guerra, el crecimiento económico, el aumento de la organización obrera y la crisis político-partidaria. En ese contexto político y social aconteció el retorno de Leguía, desde su exilio de Londres, ahora en condiciones de catalizar las oposiciones al civilismo de Pardo.
Esa perspectiva de cambio incentivó la formación del Partido Socialista. Mariátegui, que ya había participado, en 1918 con Falcón y otros, de una fracasada tentativa de organizar un Comité de Propaganda Socialista, en 1919 formó parte del grupo fundador de ese partido. Ya en abril de ese año el Partido Socialista fue disuelto por la violenta represión gubernamental. Por otro lado, esa perspectiva de cambio incrementó, poderosamente, la actividad de las organizaciones obreras.
La Reforma Universitaria también contribuyó para la intranquilidad generalizada galvanizando a estudiantes y profesores de la Universidad de San Marcos. El movimiento fue apoyado por la prensa independiente como el diario La Razón, fundado por Mariátegui y Falcón en mayo de 1919. La razón apoyaba también las causas obreras y las reivindicaciones de los empleados de comercio. Se alineó en contra de la candidatura de Leguía a la presidencia.
El 3 de julio de 1919 la rebelión estalló en Lima. El día 4, el presidente Pardo fue depuesto y preso. Leguía asumió el poder. Liberó a los obreros presos y esa actitud fue recibida como una tentativa de conciliación con la clase trabajadora. A continuación cesaron las huelgas y las manifestaciones de solidaridad para con los presos sociales. En esa ocasión, Mariátegui, hablando a los líderes obreros que visitaban la redacción de La Razón, les recomendó que fundaran una organización obrera estable, la Federación Obrera Peruana.
La Razón continuó en su oposición a Leguía, ahora en el poder. La atención dada a los movimientos obreros y estudiantiles les valió que el Arzobispado de Lima les vedara que continuara utilizando su imprenta. Sin medios para continuar su impresión e insistiendo en su línea de oposición a Leguía, Mariátegui y Falcón anunciaron el fin de la publicación a partir del 8 de agosto de 1919.
Los consejeros de Leguía le indujeron a cooptar los directores de La Razón, Mariátegui y Falcón, los cuales ya mostraban su insatisfacción con ciertas medidas del gobierno, propiciando su designación como agentes de propaganda del Perú en Italia y España. Para eso contribuyó una cierta relación de parentesco que unía Mariátegui con Leguía, específicamente con la esposa de éste, Doña Julia Swayne y Mariátegui. Los intermediarios, entre ellos Foción Mariátegui, eran familiares del presidente y personas de su confianza.
Leguía, viendo en Mariátegui un opositor organizado y permanente del gobierno, procuró neutralizarlo ofreciéndole la oportunidad de una viaje a Europa, subsidiada por el Estado. Mariátegui lo aceptó y, el 8 de octubre de 1919, se embarcó para Europa. Esta actitud le valió acerbas críticas y censuras por parte de sus amigos, compañeros y enemigos.


El viaje a Europa.

El viaje siguió la ruta marítima de Callao, Nueva York y La Rochelle, en Francia. La escala en Nueva York a fines de octubre, aunque breve, permitió a Mariátegui observar la organización obrera norteamericana en ocasión de una huelga portuaria. El 10 de noviembre desembarcó en La Rochelle.
Su permanencia en Europa se extendió de 1919 a 1923. Primero se dirigió a Paris, donde permaneció poco tiempo. Por cuestiones de salud, se trasladó a Italia; para Navidad ya se encontraba en el puerto de Génova donde lo aguardaba Palmiro Machiavello, cónsul peruano en esa ciudad. Permaneció en Italia dos años y medio. Se dirigió a Alemania, país en que vivió durante 6 meses. También realizó breves viajes a Suiza, Austria, Hungría y Checoslovaquia. Pero parece que no llegó a concretizar su gran deseo: conocer Rusia. En Italia se casó, en 1921, con Ana Chiape, natural de Siena y residente en Florencia. Tuvo 4 hijos, uno nacido en Italia y los otros en Perú.
Es probable que el interés de Mariátegui por Italia tuviese su origen en su relación con Valdelomar, su antiguo compañero de Colónida, ambos admiradores de D´Anuncio. Valdelomar se dejó influenciar por el futurismo de D´Anuncio y de Marinetti en ocasión de su visita a Italia (1913-1914) y, de regreso a Perú, trasmitió su entusiasmo a su grupo.
Mariátegui llegó a Europa en un momento de grandes transformaciones. Terminada la guerra, se abrían nuevas perspectivas. Había una búsqueda de nuevas formas de organización política, acompañada por una efervescencia generalizada en lo estético. Políticamente se confrontaban un liberalismo decadente pero que buscaba se reformulación y un socialismo nuevo y combativo, pujante pero sin experiencia y que, por eso, cedió lugar a una forma autoritaria del liberalismo que se configuró en el fascismo. Estéticamente, se podía observar una sucesión de tendencias tales como el modernismo, el futurismo y el pragmatismo. Mariátegui, sensible a esas transformaciones, se dejó envolver por ese cuadro político, social y cultural, procurando acompañar y comprender esas situaciones. Aseguraba que quería ver a Italia, sin su literatura, mas con sus propios ojos. A pesar de eso, sólo conoció parcialmente Italia. Sus contactos se redujeron a la Italia capitalista, la del Norte, donde, a causa del desarrollo industrial, el movimiento obrero era mayor. No llegó a conocer a la Italia meridional, menos desarrollada, y que desafiaba la capacidad de los estudiosos preocupados con la integración de Italia como nación.
En Europa se entrevistó con personalidades relevantes del momento, asistió a conferencias, participó de congresos y acompañó las actividades del movimiento obrero. Su larga permanencia en Roma sólo fue interrumpida por su ida, en enero de 1921, a Livorno, a fin de asistir al congreso socialista que se realizó en aquella ciudad. Los contactos de Mariátegui en Italia, revelan más al escritor y al hombre preocupado con cuestiones estéticas que a un político activo. Sin embargo, su producción intelectual de ese período se refieren a cuestiones políticas y sociales que agitaban Italia de la inmediata posguerra. Se relacionó con Benedetto Croce, D´Anuncio, Gobetti, Papini, Marinetti, Prezzolini y Gorki, entre otros. Además del contacto con esas personalidades hay que considerar las lecturas de De Sanctis, Borghese, Tilger, Gramsci, Vonelli, Bontempelli, Malaparte, Pirandello, Govoni y Corrazini. Además, divulgó para el público latinoamericano nombres como los de Missiroli, Amendola, Rocco, Corradini y Sentinelli.
Mariátegui se mostró receptivo a las propuestas de transformación de la sociedad posbélica, a las contribuciones, resultado de contactos múltiples, con escritores, periodistas, filósofos y líderes obreros y a las reflexiones fruto de sus lecturas. Tales contribuciones fueron, muchas veces, contradictorias. No por eso las negaba. Al contrario, las almacenaba y registraba para una reflexión más demorada. Esa fermentación intelectual comenzaría a florecer, primero, en la publicación en 1925 de La Escena Contemporánea y, después, en sus escritos de 1928/29, proceso que sería violentamente cortado en 1930 con su muerte, sin que pudiera llegar a una completa madurez intelectual.
Durante su permanencia en Italia escribió para los diarios peruanos, en especial para El Tiempo, dando su visión personal sobre los acontecimientos europeos. De esta manera, de mayo de 1920 a mayo de 1922, disertó sobre política, economía, arte y literatura. Los temas más frecuentes se referían a las cuestiones de la posguerra. Allí, por primera vez, se refirió al fascismo. En el caso particular de Italia, su preocupación mayor era la de relatar los problemas de reorganización económica después de la guerra y las dificultades del gobierno delante de cuestiones como la inflación y los movimientos político-partidarios que involucraban a las nuevas tendencias derivadas del socialismo, fascismo y de la actuación de la Iglesia Católica a través del Partido Popular Católico. Toda esa contribución periodística fue compilada después en el volumen Cartas de Italia, publicado, en 1969, por la editora Amauta. El título era el mismo de la columna que Mariátegui mantenía en el diario El Tiempo. Varios de esos artículos eran firmados por Juan Croniqueur o, simplemente, Jack.
El contacto con la cultura italiana dio origen a dos libros: el ya mencionado La escena contemporánea y El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, de publicación póstuma (1949). Esta última obra es una recolección de artículos sobre Italia, publicados en la prensa limeña de 1925 a 1929 y seleccionados por su autor, poco antes de su muerte.
Su relación con la cultura italiana se mantuvo aun después de su regreso a Perú, ya sea por la correspondencia que mantuvo con personalidades de aquel país ya sea a partir de las lecturas de las publicaciones italianas.


La "edad de la revolución"

El 23 de marzo de 1923 se produjo el retorno de Mariátegui a Perú. Todavía era visto como el "poeta de auténtica inspiración y refinado gusto estético", según un artículo publicado en Variedades el 26 de mayo de ese año. Aun no había dejado de ser Juan Croniqueur.
De vuelta a Perú se vio envuelto por el grupo de Víctor Haya de la Torre, núcleo de la futura Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Haya, líder estudiantil, era uno de los fundadores de la Federación Estudiantil Peruana, en 1917. Esta Federación promovió el movimiento por la reforma universitaria. En el espíritu de ese clima, Haya proponía, en el Congreso Estudiantil de Cuzco de 1920, la instalación de escuelas nocturnas para trabajadores que darían origen a las Universidades Populares. La organización de las Universidades Populares se fundamentaba en el principio de que el proletariado debía ser conscientizado social y políticamente a través de la acción docente de intelectuales, reformulando así la relación entre obreros e intelectuales. A partir de 1921 se constituyen las Universidades Populares bajo la orientación de su principal promotor haya de la Torre. A estas universidades se les dio el nombre de González Prada (UPGP), como homenaje a la acción revolucionaria de ese pensador anarquista. Mariátegui, como autodidacta, se manifestaba en contra de la enseñanza universitaria tradicional como la que ofrecía la Universidad de San Marcos. Invitado por Haya de la Torre a colaborar en las UPGP, aceptó dar cursos a los trabajadores sobre el movimiento obrero en Europa y Perú, sobre las revoluciones de Rusia, Alemania y México y sobre aspectos de la crisis europea después de la guerra.
El inicio de la actividad de Mariátegui en las UPGP fue en junio de 1923 habiéndose enterado, en los meses anterior, de la programación y asistido a las conferencias de otros intelectuales de aquella institución. Nada define mejor su pensamiento sobre esta práctica que sus palabras iniciales de su curso: "No tengo la pretensión de venir a esta tribuna libre de una universidad libre para enseñar la historia de esta crisis mundial, sino estudiarla junto con ustedes". Sus conferencias -publicadas post-mortem en 1959- dieron origen a la obra llamada Historia de la crisis mundial.
A fines de septiembre se articuló un golpe contra el gobierno de Leguía. Hubo numerosas prisiones entre ellas la de Haya de la Torre ya enemistado con Leguía desde el acontecimiento (el 23 de mayo de de ese año) de la consagración de Perú al Sagrado Corazón de Jesús, lo que había dado origen a una violenta manifestación callejera de estudiantes y obreros liderado por Haya de la Torre. Éste fue deportado a Panamá el 9 de noviembre de 1923, después que inició una semana de huelga de hambre. Su expulsión motivó otra manifestación de protesta de sus correligionarios reprimida, con nuevas detenciones, por la policía limeña. Entre los detenidos se encontraba Mariátegui. La deportación de Haya creó un vacío en el liderazgo político que Mariátegui intentó rellenar. Por de pronto, asumió la coordinación de las UPGP y la dirección de la revista Claridad.
1924 fue un año decisivo en la vida de Mariátegui. Su salud, ya debilitada, se volvió aún más precaria con el agravamiento de la infección en una de sus piernas que determinó su amputación. Ese incidente, ocurrido a mediados de 1924, significó una paralización de sus actividades periodísticas, especialmente en Variedades y El Mundial. Durante su largo período de convalecencia, consciente de su debilidad física, en lugar de desesperarse, se entregó a reordenar sus concepciones intelectuales y, forzado por esa situación personal, revisó sus concepciones estéticas y políticas y reprogramó su metodología crítica. Para ello fue muy importante sus contactos con los obreros limeños, alumnos de la Universidad Popular. Desde ese momento, comenzó a preocuparse definitivamente con los problemas específicamente peruanos.
Por septiembre de 1924, retomó sus actividades de periodista en Variedades y Mundial. Continuó informando sobre asuntos internacionales, demostrando estar actualizado con lo que ocurría en Europa, en especial en Francia e Italia. Pero ese fue el momento en que comenzó a preparar los artículos que irían a integrar en el futuro, los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, su obra capital. También demostró su preocupación por comprender los problemas comunes a América latina, relacionados con el debate internacionalismo-nacionalismo.
El largo período de convalecencia y la profunda meditación a la que se entregó, lo prepararon para una fecunda y copiosa producción intelectual y periodista en el año 1925. Fue en Escenas de la vida contemporánea, colección de artículos ya publicados en Variedades y Mundial, que Mariátegui destacó su preocupación por la crisis de la democracia y del socialismo, a causa del surgimiento del fascismo, y por la posición de los intelectuales delante de las nuevas cuestiones estéticas.
Retomó, con ímpetu mayor, su actividad periodista sin abandonar su línea de interpretación sobre los hechos internacionales. Pasó a prestarle una atención mayor a temas educacionales, hasta llegar al proyecto de creación del Ateneo de Estudios Sociales y Económicos, dividido en las secciones Economía Peruana, Sociología Peruana y Educación, lo que le permitiría entablar un debate a nivel nacional y, al mismo tiempo, investigar y definir la realidad peruana.
Ese año también se dedicó a perfeccionar su plan de elaboración de su obra cumbre: los Siete Ensayos... Finalmente retomó su antiguo proyecto de publicar una revista crítica, inicialmente abierta a escritores y artistas peruanos e hispano-americanos de vanguardia. Ese proyecto se vio interrumpido por su enfermedad, pero se pudo realizar, en septiembre de 1926, cuando salió el primer número de la revista mensual Amauta, dedicada a temas de cultura, arte, literatura filosofía, política y ciencias. La primera editorial, escrita por José Carlos, traza los objetivos y directrices de la publicación:

...Amauta no es sólo una tribuna libre, abierta a todos los vientos del espíritu. Los que fundamos esta revista no concebimos una cultura y ana arte agnósticas. Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No hacemos ninguna concesión al criterio, generalmente falaz, de la tolerancia de ideas. Para nosotros existen ideas buenas e ideas malas. ... Ya escribí que soy hombre con una filiación y una fe. Lo mismo puedo decir de esta revista que rechaza todo lo que es contrario a su ideología así como todo aquello que no expresa ningún tipo de ideología.

Los objetivos de Amauta son los de,

...situar y conocer los problemas peruanos desde los puntos de vista doctrinario y cientifico. Pero siempre trataremos a Perú dentro del panorama mundial. Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación política, filosófica, artística, literaria y científica. Todo lo humano es nuestro.

Amauta tuvo una vida que no puede ser considerada efímera dado su carácter de revista cultural mensual -32 números entre septiembre de 1926 y septiembre de 1930- habiendo sufrido una interrupción sólo entre los meses de junio y noviembre de 1927 y agosto de 1928.
La dirección de Amauta no alejó a Mariátegui de su actividad periodística normal la que cada vez demostraba un espacio mayor para la discusión de los problemas peruanos sin dejar de lado los comentarios sobre problemas internacionales de la actualidad. A pesar de esa gran producción periodística, Amauta era la tribuna para la acción política de Mariátegui. Fue a través de esa publicación que mantuvo una polémica política con César Falcón, uno de sus antiguos compañeros. Fueron los artículos de Amauta que denunciaron la acción del imperialismo yanqui en América latina, en general, y en Perú, en particular, que desencadenaron una reacción violenta de parte del gobierno peruano en 1927. Fue a través de Amauta que Mariátegui participó del II Congreso Obrero de Lima (1927). El mensaje que envió, en enero de 1927, a la sesión de apertura del Congreso, marcó su apoyo y su presencia política, definiendo su posición marxista.
El número 9 de Amauta, publicado en mayo de 1927, constituido de artículos sobre la penetración del imperialismo norteamericano en América latina, llamó la atención del gobierno peruano sobre el carácter político de la revista, identificada ahora con la acción comunista, ligada a la orientación del II Congreso Obrero de Lima. Según Mariátegui y Martínez de la Torre, el gobierno de Leguía simuló la existencia de un complot comunista, pretexto que desencadenó una represión que llevó a la prisión a intelectuales, estudiantes y obreros y determinó la clausura de Amauta. El motivo de esa represión policial fue la realización, el 5 de junio de 1927, de una reunión del grupo Claridad, considerada por el gobierno como una reunión obrera clandestina. El acontecimiento había sido divulgado, con anterioridad, por la prensa local. Entre los intelectuales presos se encontraba Mariátegui, cuya casa fue invadida por policías que expurgaron su biblioteca. Debido a su precario estado de salud, fue trasladado al hospital Militar san Bartolomé donde permaneció 6 días. De vuelta a su casa se encontraba en la situación de libertad vigilada. El 10 de junio envió a La Prensa una carta escrita en el, en la cual desmentía enérgicamente la existencia de un complot comunista y la acusación gubernamental de una supuesta conexión con la Central Comunista de Rusia o con cualquier otra organización de Europa o América, rechazando todas las acusaciones levantadas contra Amauta y sus redactores. Una carta de tenor semejante fue enviada a Correspondencia Sudamericana de Buenos Aires con el objetivo de esclarecer la opinión pública latinoamericana. La reapertura de Amauta sólo aconteció en diciembre de ese año con la publicación de su número 10, cuya editorial -"Segundo Acto"- de autoría de Mariátegui, hace el relato y las aclaraciones de la clausura de la revista.
En medio de todas esas perturbaciones, Mariátegui no deja de pronunciarse sobre el movimiento político de Haya de la Torre en el exterior. Éste, desde su expulsión a México, en 1923, había iniciado una organización con un programa de acción revolucionaria para América latina que adoptó, en 1926, el nombre de APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana). El APRA defendía los puntos siguientes: 1º) Acción contra el imperialismo yanqui; 2º) la unidad política de América latina; 3º) la nacionalización de las tierras y de la industria; 4º) la internacionalización del Canal de Panamá; 5º) la solidaridad para con todos los pueblos y clases oprimidos del mundo. Proponía, además, la creación de partidos nacionales que debían realizar el programa del APRA. A pesar de concordar en algunos puntos con el programa aprista, Mariátegui dejaba entrever, en sus comentarios, su discordancia con otros.
El 16 de abril de 1928, Mariátegui envió una carta a Haya, entonces en México, en que manifestó su desacuerdo con el programa del APRA. Criticó la transformación del APRA de alianza en partido y también al tipo de nacionalismo pregonado por la organización. En respuesta a su carta, Haya acusó a Mariátegui de exceso de europeísmo y de haber caído en el tropicalismo, esto es, de tener una visión europea sobre América. Según Haya, el problema de América era combatir el imperialismo. Mariátegui le contestó a Haya de la Torre con una "carta colectiva", firmada por él y los compañeros que lo apoyaban, donde manifestaba: 1º) su posición a favor de una organización socialista, de orientación definida, contando con liberales y pequeños burgueses que estuvieran de acuerdo en trabajar en la divulgación de las ideas socialistas entre las masas; 2º) pedía una definición del APRA- como Alianza, como Frente único o como Partido.
Desde ese momento, Mariátegui aprovechaba todas las oportunidades para demostrar su discordancia con las posiciones asumidas por el APRA; así ocurrió en ocasión del segundo aniversario de Amauta. En la editorial del número 17 llamado "Aniversario y Balance", reafirmó su convicción socialista y su independencia delante de la idea de un partido nacionalista pequeño burgués. Coherente con esos principios, el 16 de septiembre de ese año propuso la creación de una célula política llamada "célula secreta de los 7", que sería el punto de partida del Partido Socialista (PS) de orientación marxista. Se creó así la Secretaría del PS -partido obrero-campesino- y Mariátegui fue elegido, en Octubre, secretario general del partido. Investido de esa función, redactó los Principios programáticos del Partido Socialista, cuyos fundamentos consistían en el carácter internacional de la economía y en el movimiento revolucionario. El PS, según Mariátegui, debía adaptar su acción a las condiciones sociales peruanas pero obedeciendo a criterios más amplios ya que las circunstancias nacionales estaban subordinadas al ritmo de la historia mundial. El método de lucha sería el marxismo-leninismo y la forma sería la revolución. La evolución natural no lleva al socialismo. El país encontraba se dominado por el capitalismo monopolista. Solamente la acción del proletariado podría inducirlo a una revolución socialista. Finalmente afirmaba que tales reivindicaciones deberían ser sustentadas por el proletariado y por los elementos más concientes de la clase media. Una vez organizado, el PS recibió invitaciones para participar del Congreso Sindical Latinoamericano, a ser realizado en Montevideo, en mayo de 1929, y de la I Conferencia Comunista Latinoamericana, a realizarse en Buenos Aires, en junio del mismo año.
1928 fue el momento decisivo en la vida intelectual de Mariátegui. Ese año prefació el libro de Valcárcel, Tempestad en los Andes; publicó en Mundial, el artículo "El alma matinal", que daría origen al libro del mismo título; comenzó a publicar, a partir de julio, en Variedades y Mundial, una serie de artículos de crítica y afirmación de posiciones políticas, reproducidas más tarde en los números 17 y 24 de Amauta bajo el título "Defensa del marxismo, publicados en forma de libro después de su muerte. Sin embargo fue en noviembre que publicó su obra maestra, el cual, según José Aricó, "el mayor esfuerzo teórico realizado en América latina para introducir una crítica socialista a los problemas y a la historia de una sociedad concreta y determinada".
Evidentemente se trata de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, que Mariátegui consideró como resultados provisorios de la aplicación del método marxista. En esa misma , en carta al editor Glusberg, de Buenos Aires, anunció el proyecto de nuevos libros como Ideología y política en el Perú, a ser editado en España, e Invitación a la vida heroica. Tales trabajos permanecieron inéditos y no se tienen mayores informaciones sobre el destino de sus originales.
Aún en noviembre, participó de la fundación de Labor, periódico quincenal. Órgano de clase, pretendía dotar al proletariado peruano de un medio de información y combate. Fue a través de Labor que Mariátegui realizó su acción política; y fue esa acción, más directa y objetiva que las anteriores, lo que lo enfrentó, definitivamente, al gobierno de Leguía. Labor tuvo una existencia conturbada; habiendo sido repetidas veces clausurada, ya fuera por dificultades financieras o por persecuciones políticas hasta que, el 7 de septiembre de 1929, el gobierno peruano lo cerró definitivamente. La editorial de presentación de Labor, muestra su relación con Amauta y su intención de alcanzar un público ampliado. La actuación política de Mariátegui quedó claramente caracterizada con la publicación de su artículo -"Nuestras reivindicaciones primarias: libertad de asociación sindical"- publicado en Labor del 24 de noviembre de 1928, cuando propuso la libertad sindical y la expansión de la organización sindical a los trabajadores del campo y de las minas. La fundación de la Asociación para el Fomento del Mutualismo en el Perú, enero de 1929, le indujo a escribir un artículo en Labor, en el cual criticaba esa institución de carácter patronal. Esto dio origen a un debate entre Mariátegui y el presidente de esa institución lo que permitió al primero analizar la cuestión del sindicato libre.
En 1929 le dedicó varios artículos al análisis de la Revolución Mexicana. Desde 1924 escribía sobre ese tópico pero fue en 1929 que le comenzó a prestar una atención mayor. Tal vez quiso ver en la Revolución Mexicana un modelo a ser seguido por otras naciones latinoamericanas. Por ese motivo acompañó el proceso intentando entenderlo. Veía en esa revolución una lucha constante contra las tendencias reaccionarias, una sucesión de momentos revolucionarios y reaccionarios. Se decepcionó con los momentos de reacción que, a su manera de ver, eran producto del compromiso de la pequeña burguesía con el imperialismo norteamericano.
El 1º de mayo de 1929, Mariátegui lanzó el "Manifiesto a los Trabajadores de la República". Ese manifiesto contiene una historia de las organizaciones obreras peruanas; una crítica a los grupos anarquistas que, por su preocupación por la pureza de la revolución, preferían permanecer fuera de la legalidad. Este Manifiesto proponía una organización obrera general, no más a nivel de oficios, mas que congregase a todos los trabajadores; una organización dentro de la ley, para que pudiese actuar legalmente. Esa organización sería la Confederación General de los Trabajadores del Perú (CGTP). Para su divulgación necesitaría de una publicación obrera. Fue entonces, en ese sentido, que se propuso reabrir Labor con su nº 8. En el día 10 de mayo aconteció la fundación de la CGTP, primer esfuerzo parea centralizar la acción obrera.
En esa misma línea de pensamiento, Mariátegui elaboró sus tesis para el Congreso Sindical Latino-americano de Montevideo y la I Conferencia Comunista de América Latina de Buenos Aires. Una delegación de 5 miembros, encabezada por Julio Portocarrero, se dirigió a Montevideo llevando las tesis redactadas por Mariátegui como Antecedentes y desarrollo de la acción clasista, en el cual hizo un histórico del movimiento obrero y estudiantil peruanos hasta 1928. Para la conferencia de Buenos Aires llevó El problema de las razas en América Latina y Punto de vista anti-imperialista. En ese trabajo, publicado el 29 de mayo de 1929, quedó patente la divergencia de Mariátegui con el APRA. Para Mariátegui, la penetración del imperialismo en América Latina en una situación semi-colonial, acentuó el carácter de dependencia. La burguesía latinoamericana colaboró con el imperialismo, manteniendo la ilusión de la soberanía nacional. Esa clase no tenía una posición nacionalista revolucionaria; por eso el posicionamiento de Mariátegui en contra del APRA, que aceptaba esa alianza de clases. Para Mariátegui el imperialismo no anulaba el antagonismo entre las clases y sólo la revolución socialista sería capaz de oponer una barrera al avance imperial. Las tesis presentadas por Mariátegui a esos congresos fueron muy criticadas por el hecho de no ajustarse a los moldes impuestos por la III Internacional, particularmente en lo que se refiere a la cuestión del indigenismo y a la organización de un partido proletario.
Una de las decisiones de la CGTP fue la creación de un organismo oficial de cultura proletaria, denominado Oficina de Auto-educación Obrera. Mariátegui fue incumbido de organizar esa institución. Pretendía informar y formar militantes obreros y campesinos. Consistía en una formación básica, con el asesoramiento permanente a los alumnos, de acuerdo con un plan predeterminado, contando con centros de consulta, material educativo y metodología adecuada. Se organizaron dos niveles de cursos: cursos elementales de Historia de Perú, Geografía de Perú, Historia Universal, Castellano y Sindicalismo. Cursos superiores de Sociología, Historia, de las Ideas Sociales, Economía, Biología y Sindicalismo.
La política adoptada por Mariátegui -su acción periodística; su actuación junto a los obreros; su defensa intransigente de una política obrera independiente; sus tesis presentadas a los Congresos de trabajadores- provocó una fuerte reacción de los sectores del Gobierno. El momento decisivo de esa reacción fue la publicación de los estatutos de la CGTP, en la edición del 7 de septiembre de 1929, en Labor. Los estatutos, cuyo lema era "Unidad proletaria", proponían la unión de todos los asalariados en defensa de sus derechos, intereses y reivindicaciones. Al mismo tiempo fue publicado el Manifiesto de la CGTP a la Clase trabajadora del País, en el cual se discutían temas como el problema del proletariado industrial, de la juventud, de la mujer, del campesino, del indio, de la inmigración, de las leyes sociales y de la política agrícola. Al mismo tiempo, Mariátegui se solidarizaba con el movimiento huelguista de de Chicama. El nº 11 de Labor ya estaba impreso e iba a aparecer el 22 de septiembre, cuando su redacción fue invadida, las oficinas cerradas y la publicación prohibida. También fue invadida por la policía la residencia de Mariátegui. Esa fecha dirigió una carta al Presidente del Consejo de Ministros reafirmando la posición de Labor como la de una expresión de defensa de los derechos de los trabajadores contra los intereses de las grandes empresas mineras y del gamonalismo latifundista. La ausencia de una respuesta a esta carta, el silencio en torno de Siete Ensayos... y la ruptura definitiva con el APRA aumentaron su desencanto, agravado por su ya precario estado de salud. De esta forma empezó se sensibilizó ante los insistencias reclamos de Samuel Glusberg para trasladarse a Buenos Aires, donde encontraría mejores condiciones para publicar Amauta y sus libros y donde encontraría también una atención médica mejor para atender su enfermedad. De la correspondencia mantenida con Glusberg, se desprende que planificaba ese viaje para mayo de 1930.
Conciente que no podría alterar el proceso político y sin perspectivas de incidir directamente en la realidad peruana a través de sus análisis publicados en Labor, luchando constantemente contra la censura y la represión del gobierno de Leguía, Mariátegui echó mano a un último recurso: referirse indirectamente a la situación peruana en sus artículos sobre América latina, particularmente a la Revolución Mexicana, para demostrar la necesidad de la revolución proletaria de carácter socialista. Fue justamente sobre el tópico de la Revolución Mexicana que escribió, otra vez más, en Marzo de 1930, sobre el tema revolución-Reacción. Demostró que el estado mexicano, en 1930, no garantizaba al trabajador ni siquiera las conquistas liberales de la Constitución de 1917. Mariátegui, que había sido un entusiasta de la Revolución Mexicana, constató, melancólicamente, que la tesis del estado regulador, del Estado mediador, ofrecida por los teóricos de la política mexicana, según sus palabras, "se asemeja como una gota de agua a otra gota, a la tesis del estado fascista".
Mientras tanto se agravó su dolencia y se tuvo que someter, en marzo, a una operación quirúrgica de urgencia. Renunció a la Secretaría General del Partido Socialista.
El 16 de Abril de 1930, José Carlos Mariátegui falleció en Lima a los 34 años de edad.


Influencias sobre el pensamiento de José Carlos Mariátegui.

Mariátegui vivió un momento de crisis del liberalismo y del socialismo de la II Internacional. El elaborar su pensamiento se esforzó para mantener una posición heterodoxa con relación a las proposiciones marxistas de ese momento, intentando establecer una relación original con la realidad en que vivió. Su formación marxista fue, básicamente, italiana. La particularidad del caso italiano está en que el gran movimiento de masas de fines del siglo XIX no aconteció bajo el prisma de una fuerte tradición marxista sino, en cambio, positivista y burguesa. Después de la Primera Guerra Mundial, el marxismo italiano ya poseía un carácter original de crítica al evolucionismo y al fatalismo de la II Internacional. Existía una recusa a la pasividad política, en especial por parte de los intelectuales turineses reunidos en torno al diario L´Ordine Nuovo. Fue con ese marxismo de inspiración idealista, fuertemente influenciado por Benedetto Croce, Giovanni Gentile y, en especial, por el bergsonismo soreliano; fue con ese movimiento de renovación intelectual y moral de la cultura italiana y europea que Mariátegui se identificó. Es cierto que era tendencialmente socialista antes de partir para Europa. Pero su e4xpectativa en relación al marxismo requería no sólo una comprensión teórica sino una referencia práctica; exigía un movimiento con la suficiente densidad para constituirse en una acción de clase. Fue en Italia, a través de Croce, que pudo concretizar su conocimiento de la realidad europea y establecer contactos con sus intelectuales. Tal vez de forma inconsciente, haya incorporado algo del historicismo de Croce, pero más que la influencia directa y personal de Croce, influenció su pensamiento la lectura de, Materialismo Storico ed Economia marxistica, del filósofo italiano.
La convicción soreliana de Mariátegui -Georges Sorel se volvió una presencia obsesiva en toda su obra- no era el fruto de un entusiasmo juvenil. Desde la lectura de la obra de Sorel, entre la cual se destaca Reflexiones sobre la violencia, su vinculación al marxismo soreliano permaneció inalterada. Esto es más llamativo si se tiene en cuenta que Mariátegui continuamente cuestionaba y reformulaba sus posiciones teóricas.
Se apropió del mito de la huelga general de Sorel, pero entendía que que las especificidades históricas de Perú, diferirían de aquellas que constituían las preocupaciones de Sorel. El concepto soreliano de mito de la huelga general no se aplicaba a Perú, donde las organizaciones obreras se encontraban todavía en una etapa de formación y donde los trabajadores estaban vinculados a su origen artesanal y su procedencia campesina. Transformó, así, el mito soreliano de la huelga general en el mito de la revolución social, este sí aplicable a la realidad peruana de aquel momento histórico. Estas ideas se expresan muy bien en el artículo denominado "El hombre y el mito"; también aparecen explícitamente en Siete Ensayos... y en los artículos publicados en la obra Defensa del Marxismo; asimismo se encuentran, diluidas pero claramente caracterizadas, en los escritos posteriores a 1925. La influencia de Sorel se siente también en la crítica que Mariátegui hace a Henri de Man y a Max Eastman. También se percibe la influencia de Sorel en la simpatía que Mariátegui siente por el sindicalismo revolucionario como asimismo en la polémica que mantuvo con Tizón Bueno, en Enero de 1929, en que defendía una clara posición antimutualista.
Fue a través de Sorel que llegó a Bergson, Renan y Proudhon. Henri Bergson no era del todo desconocido en Perú y, por lo tanto, por Mariátegui antes de viajar a Italia. Ya en Europa, lo que despertó su interés por Bergson, fue la referencia que le hizo Sorel. Éste, en la opinión del pensador peruano, fue el que mejor supo aprovechar el pensamiento bergsoniano a favor del socialismo. Al psicoanálisis y, por ende, a Freíd, llegó a través de la obra de Bergson.
Entre los intelectuales con los que se relacionó en Europa, Piero Gobetti fue uno de los que más mereció su admiración y entusiasmo. Joven periodistra de Turín, expulsado de Italia por la policía fascista por sus ideas comunistas, convivió con Mariátegui en su pasaje por Europa y dejó en él una fuerte impresión. En su retorno a Perú, Mariátegui defendió el nombre de Gobetti en contra de los escritores promocionados por el fascismo. La influencia de Gobetti aparece en varios de sus escritos, particularmente en los Siete Ensayos... Fue a través de Gobetti que completó su formación soreliana, esto es, capotó la visión de la clase obrera, el significado de su autonomía y su tendencia para transformarse en una clase dirigente. La interpretación de Gobetti sobre el Risorgimento, en la parte donde se refiere a la unidad italiana, se asemejaba a los escritos de Mariátegui sobre la historia peruana, en especial a los escritos sobre la peruanización de Perú.
En Europa se dejó envolver por todas esas formas de pensamiento que terminaron por definir un ideario en muchos puntos incompleto aún. En su retorno a Perú, se relacionó con las organizaciones político-partidarias buscando realizar una política adecuada a las necesidades históricas del pueblo peruano.


Polémicas en torno de José Carlos Mariátegui

En el análisis crítico de su obra, Mariátegui fue identificado por sus comentadores como marxista-leninista, como aprista de izquierda o como soreliano lo que provocó no pocos debates. Dentro de estas polémicas vale la pena destacar las de los apristas y de los comunistas. Unos y otros reivindican para su grupo la figura de Mariátegui pero, al mismo tiempo, tejen numerosas críticas a él.
Los apristas de izquierda lo homenajearon dedicándole el número de 1930 de la revista argentina Claridad. En una tentativa de hacer un balance crítico del pensamiento de Mariátegui, Claridad enfatiza un desencuentro entre una formación romántica -que lo tenía siempre listo para luchar por una revolución irrealizable-, y una vocación para la acción política. De acuerdo con la publicación, Mariátegui, al pretender escribir para el pueblo, en realidad escribía para una elite. Era más un hombre de la Palabra que de la Acción. Evidentemente que, para los apristas, el hombre de la Acción era Víctor Raúl Haya de la Torre.
Mariátegui también fue criticado por los comunistas. Sintomáticamente, el Partido Comunista Peruano fue fundado un mes después de su muerte. Las propuestas políticas de Mariátegui fueron consideradas perjudiciales a la organizaci´ñon del Partido Comunista. Tales propuestas fueron consideradas por los comunistas como un "desvío pequeño burgués" y, de ahí en adelante, "mariateguismo". Mariátegui fue considerado apenas como un precursor intelectual del movimiento histórico que dio origen al Partido Comunista Peruano.
Durante el período de 1934-1935, la misma revista Claridad fue el vehículo de una nueva polémica sobre Mariátegui. De esta vez los responsables fueron el aprista Carlos Manuel Cox y el comunista Juan Vargas. En sus artículos Cox intentó demostrar una contradicción entre los Siete Ensayos... -elaborado conforme una ideología marxista- y la propuesta de Mariátegui de la formación de un Partido Socialista y no de un Partido Comunista. Con ello Cox intentó identificar a Mariátegui más con el APRA que con el PC. Además, según Cox, la ruptura de Mariátegui con Haya no tuvo un carácter ideológico sino político. A su vez, Vargas afirmaba que Mariátegui pasó, por una evolución natural, "del error aprista a la verdad marxista" y que la relación de Mariátegui con el APRA ocurrió en una etapa anterior a su evolución intelectual y política.
Aún en la década de 1930, en una circular que el PCP dirigía a la Central Obrera, se afirmaba que el PCP luchaba contra el APRA y contra los restos del "mariateguismo". De acuerdo a las críticas contenidas en ese documento, Mariátegui no había conseguido desligarse de su pasado aprista, vaciló en la cuestión de la creación de un Partido Comunista y conservó su ilusión con referencia al papel revolucionario de la burguesía peruana. En esa época, las críticas a Mariátegui eran frecuentes en las publicaciones soviéticas: críticas al "populismo", a los supuestos desvíos provenientes de sus posiciones liberales acerca del problema de los indios, a sus concesiones al APRA y a su recusa en participar en la formación de un partido proletario, bajo la hegemonía de la clase obrera. En esa época en que se privilegiaba el proletariado urbano, cualquier intento de búsqueda de caminos de transición revolucionaria, como el de la revalorización del potencial de las masas rurales (indígenas: A.D.), era condenada a la herejía. A mediados de la década del 30, era evidente la hegemonía del Partido Comunista de la Unión Soviética sobre los partidos comunistas de otras nacionalidades con fuertes contingentes campesinos, como el de China, por ejemplo. A propósito, la orientación de la III Internacional se regía por los principios siguientes:

1. la revolución debería sugerir modelos y no caminos a seguir;
2. el desprecio a la potencialidad revolucionaria del sector rural, marginalizado en una zona de "atraso";
3. marginalizado el sector rural a su condición de "mundo atrasado", los comunistas debían optar por la destrucción ideológica y política de las formaciones intelectuales que propugnaban armonizar y autonomizar los movimientos rurales, emergentes del proceso de descomposición de las sociedades, provocado por el desarrollo capitalista.

En el VII Congreso de la Internacional, en 1935, hubo una tentativa de reinterpretar el pensamiento de Mariátegui. En ese momento las organización asumió una nueva orientación delante de los problemas surgidos durante la década de 1930 y que afectaban básicamente el proletariado; proponía, para eso, un frente amplio contra el fascismo y contra el imperialismo. Esto posibilitó una nueva aproximación entre el PCP y el APRA.
El pensamiento de Mariátegui era buscar las raíces del socialismo en las antiguas civilizaciones de América, socialismo que el proletariado peruano debía realizar en el Perú ya modificado por las nuevas condiciones capitalistas. Aquello que aprendió de sus lecturas y de sus contactos en Europa fue reformulado delante de la singularidad nacional del Perú. En Mariátegui, la Revolución de Octubre de 1917 había impactado fuertemente en la formulación de su pensamiento sobre el proceso revolucionario; ahora bien, en cuanto al papel de las masas campesinas en el movimiento revolucionario, las dos grandes experiencias históricas del momento eran para él: los comienzos de la revolución china y la revolución mexicana.
Otra cuestión que suscitó numerosas discusiones es la posición asumida por Mariátegui delante del indigenismo. La intelectualidad peruana siempre ignoró la realidad del indigenismo en razón del temor latente de una rebelión como la de Tupak Amaru, de Huaraz o de Rumi Maqui, presión permanente sobre una sociedad de clases. Esa amenaza latente permitió a la formación de un bloque solidario en la represión del movimiento indígena y, por extensión, del movimiento campesino. Ya González Prada había destacado que la fragilidad demostrada por Perú en la Guerra del Pacífico residía, exactamente, en la negativa de la clase dirigente en admitir como elemento decisivo de la nacionalidad a las masas indígenas. Partiendo del criterio de que el problema del indio no era una cuestión racial que podía solucionarse en términos pedagógicos, mas que presuponía una transformación económica y social, llegaba a la conclusión que los indios debían ser los propios artífices de su liberación social. Tal posición operó un cambio profundo en la orientación de los intelectuales, principalmente en aquellos que organizaron, en 1909, la Asociación Pro Indígena (API). Cuando la penetración del imperialismo y el desarrollo del capitalismo pensionaron el mundo rural peruano, se multiplicaron los levantamientos de las masas indígenas. Fue entonces que, desde el interior del API, surgió un grupo más radical que se proponía colocar la cuestión en términos de "cuestión nacional". Mariátegui estaba ligado a ese grupo pero se negó a considerar la cuestión indígena como "nacional". Vinculando el problema indígena al problema de la tierra, esto es, al problema de las relaciones de producción, Mariátegui encontró en la estructura agraria peruana, las raíces de la fragilidad de la nación. De allí la identificación del problema del indio con el problema de la tierra que sólo la revolución socialista podría resolver.
Mientras tanto ese socialismo debía surgir de la realidad y convertir el marxismo en la expresión propia y originaria de la acción teórica y práctica de las clases subalternas, para conquistar su autonomía histórica. Ese concepto socialista no era una simple cuestión de nomenclatura sino que se relacionaba con una concepción particular de alianzas, a una determinación divergente de la Internacional en cuanto a los componentes de clase -obreros, campesinos e intelectuales- y a una visión heterodoxa en cuanto al proceso de formación del partido, emergente de varios núcleos dispersos por el Perú.
La intensidad, la naturaleza y el nivel de las polémicas suscitadas por la producción intelectual y las actitudes de Mariátegui confirman que su acción estremeció la estructura tradicional del pensamiento latinoamericano. A pesar de su vinculación con la cultura europea, José Carlos Mariátegui es responsable por su esfuerzo de originalidad en que se va delineando una forma de pensamiento singularmente latinoamericano.

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Cree en Alá...
... pero ata tu camello...