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Vellinga: "Industrialización y
burguesías industriales: comentarios finales
by Pukas
El autor cree que la comparación del proceso
industrial británico con los procesos industriales
latinoamericanos no es del todo pertinente dado
la especificidad del caso británico.
Un análisis profundo del proceso industrial
británico debe tener en cuenta no sólo
los factores primordiales como "el aumento
de la demanda de productos industriales"
y "la incapacidad de satisfacer esta demanda
dentro del marco de las organizaciones de producción
existentes y el nivel de la tecnología",
sino también los factores secundarios internos
y externos. En ambos casos, el caso británico,
también es único.
Sin embargo, algunos aspectos del proceso industrial
británico pueden ser tomados como modelo
comparativo: formación de capitales previos,
el papel de los mercados, la transferencia de
esos capitales a la industria, el contexto sociopolítico.
Este trabajo toma tres casos de la Europa Latina
(Cataluña, el norte de Italia, y el País
Vasco) y cuatro de América Latina (San
Pablo, Antioquia, Monterrey, y Arequipa) "para
un análisis comparativo, en especial en
lo que hace a la influencia histórica de
los factores externos".
La historiografía tradicional consideró
la influencia de los factores externos como negativa
para el desarrollo industrial latinoamericano.
Los teóricos tradicionales del imperialismo
(Luxemburg, Lenin, Bujarin, Hobson, Sternberg)
veían el proceso de "industrialización
de las colonias o la "periferia" como
consecuencia de la expansión del imperialismo".
Esta visión fue seguida por la teoría
de la dependencia, y sus visiones más radicales
como la de Frank sostenían la industrialización
de los países del Tercer Mundo sólo
como "una pura prolongación de las
economías industriales occidentales".
Desde esta perspectiva, faltaba una burguesía
auténticamente nacional y los respectivos
empresarios eran sólo "agentes del
imperialismo", que, por lo tanto, no se preocupaban
por alcanzar la modernización del país.
Entonces, para el caso de América Latina,
no parecen ser buenas las comparaciones con los
casos europeos y estadounidenses; de este lado
del Atlántico, el proceso parece ser muy
diferente. Allí, ya desde el siglo XVIII
existía una burguesía fuerte que
remodelaba las estructuras sociales y políticas
según los modelos liberales; aquí,
durante la época colonial, el Estado había
impedido el desarrollo de la actividad industrial.
De esta manera, la posibilidad de acumulación
de capital estaba restringida; más bien
se produjo una desacumulación por el drenaje
del metálico a Europa (el período
liberal borbónico fue demasiado breve y
muy localizado).
A partir de mediados del siglo XIX, el crecimiento
económico en Latinoamérica fue producto
de la industrialización que se producía
en Europa y Estados Unidos como consecuencia de
la demanda de materias primas y productos alimentarios
generada por aquellos países. El desarrollo
de los trasportes, y la conquista de la revolución
industrial permitieron la incorporación
de Latinoamérica a la economía mundial
en condición de proveedor de artículos
primarios. Esta incorporación tardía
a un capitalismo industrial ya desarrollado limitó
la posibilidad de un desarrollo industrial dinámico
y autoregenerativo de índole capitalista-competidor
en países que no fueran los ya industrializados.
Así, la producción local en Latinoamérica
quedó reducida a la elaboración
intensiva de bienes de consumo en pequeñas
empresas y no se desarrollaron la producción
de bienes de capital y bienes intermedios (que
sí se desarrollaron en los países
industrializados y que posibilitaron el crecimiento
de un aparato ampliamente ramificado e integrado,
dentro del cual se institucionalizó el
progreso tecnológico). En América
Latina, en cambio, al tener que surtirse de estos
bienes de capital y bienes intermedios en los
países ya industrializados, además
del crédito para su adquisición,
e incluso de los técnicos para operar la
maquinaria, creó un aparato industrial
desintegrado incapaz de generar un sector fabril
apto para generar innovaciones tecnológicas.
De esta manera, la industrialización latinoamericana
en su conjunto no resultó capaz de realizar
su potencial dinámico.
Los teóricos de la dependencia nos enseñan
que la dependencia exterior va más allá
de las estructuras económicas para prolongarse
también en las pautas sociales, políticas,
y culturales. Por lo tanto, en América
latina se formaron configuraciones sociales y
políticas que no estimularon el proceso
de industrialización competitivo. La teoría
de la dependencia señala el papel de los
inmigrantes como empresarios industriales, la
subordinación de los empresarios locales
frente al Estado, y la dependencia del sector
exportador, para marcar la presencia de unos empresarios
industriales sin fuerza económico-política
independiente y dinámica. Sin embargo,
siguen calificando como "burguesía"
a este grupo social, ¿por qué?.
El panorama se modifica en los años 1930
cuando a partir de la crisis de 1929 se desarrolló
el modelo sustitutivo de importaciones. Es en
este contexto, que se cae la teoría clásica
de la dependencia. En realidad de lo que se habría
tratado sería de una relación mutuamente
fortificante entre sectores productores para el
mercado mundial y para la naciente industria.
En tal caso, la cuestión no pasaría
por el problema de la "dependencia",
sino por la investigación precisa de los
mecanismos que pueden desempeñar, en ciertos
casos históricos, un papel de transición
hacia la producción industrial capitalista.
Cardoso y Faletto ponen énfasis en la importancia
del análisis de la correlación entre
el sistema económico internacional y las
relaciones de fuerzas sociopolíticas de
orden nacional. Ambos autores llaman la atención
sobre la importancia decisiva del control interior
del sector (o sectores) más importante(s)
de las economías exportadoras latinoamericanas
después de 1850. Sin embargo, es preciso
indicar cuál es la índole de este
control interior, a fin de poder interpretar las
condiciones de formación de un sector industrial
y el origen de una burguesía, regional
o nacional. Los autores atribuyen a dicha burguesía
un papel central en tales procesos (aunque diferente
al papel jugado en los países europeos
y Estados Unidos). Creen que, además del
componente económico, los factores sociopolíticos
e ideológicos también son ingredientes
indispensables del proceso de desarrollo.
A continuación, se presentan una serie
de conclusiones obtenidas a partir de siete estudios
de caso: Antioquia (Ant), Monterrey (Mont), San
Pablo (SP), y Arequipa (Are) en América
Latina, y Cataluña (Cat), Italia del Norte
(It), y el País Vasco (PV), en la Europa
Latina. La comparación de los diferentes
casos con los factores que se enuncian, muestra
paralelos en cuanto a desarrollo, pero también
indica, en distintos puntos, una idiosincrasia
individual dictada por un contexto específicamente
histórico cultural.
1. La importancia del papel económico
y administrativo de la región durante la
época colonial no parece ser importante,
ya que los casos estudiados se encontraban en
la periferia del reino colonial, y dentro de la
estructura colonial fueron considerados lugares
de poco interés.
2. El análisis de la ubicación de
la región respecto a las materias primas,
rutas de acceso, transportes, mercados, y estructura
física-geográfica que favoreciera
el desarrollo industrial, muestra que no todos
los factores necesariamente se repiten en cada
caso.
3. Cómo se formó el capital que
luego fue transferido a la industria fue bien
a través de la transferencia directa o
a través de actividades prestamistas (Are,
SP, It). En Ant y Cat se remonta al siglo XVIII.
4. Modelo de estructura económica, social,
y política
a. Economía: en Ant, Mont, PV, It, Cat,
la economía estaba ya muy diversificada
y la industria era una actividad más. En
SP, la economía se caracterizaba unilateralmente
por las plantaciones de café. En Are, comercio
lanero [¿y?].
b. Estructura social: menos diversificada que
la economía. Excepto Cat, las sociedades
eran fuertemente jerárquicas. Estaban dominadas
por un grupo pequeño de familias sólidamente
integradas por vínculos económicos
y de parentesco. Para todos los casos impera la
ausencia de una aristocracia latifundista establecida
que imprimiera su sello a la sociedad.
En los casos latinoamericanos se dio la circunstancia
de que paralelamente a las actividades comerciales
solían adquirirse amplias propiedades.
c. En la política, la tendencia de los
grupos empresariales era influir abiertamente
en la política regional como una consecuencia
lógica de su poder económico y social.
Con el nacimiento de los estados nacionales, surgió
la necesidad de imponer estos intereses al gobierno
central. Surgieron así, fuertes bastiones
regionales que se opusieron al poder central.
5. El papel de los factores ideológicos
estuvo marcado por el regionalismo. Este tema
aún debe ser investigado (dice el autor).
6. La participación del Estado nacional
se verificó en algunos casos tempranamente
sobre todo a través de los efectos intencionales
y no intencionales de la política arancelaria.
La relación estrecha entre despegue de
la industria y origen del estado nacional -este
último como requisito indispensable para
el primer fenómeno- también reza
para América Latina.
7. Con respecto a la importancia del factor externo,
se manifestó al principio en la demanda
de productos regionales de exportación:
café (SP, Ant), lana (Are), vino (Cat),
con los cuales se pudo acumular capital que luego
sirvió para el surgimiento de actividades
productivas. Escaseaban las inversiones extranjeras
en la industria naciente; el capital regionalmente
acumulado fue preponderante.
8. El papel de los inmigrantes en los casos latinoamericanos
fue menos importante de lo que tradicionalmente
creían los teóricos de la dependencia.
En el curso del siglo XIX, la mayoría se
asimiló por completo al ambiente regional,
mezclándose con las familias relevantes
de la región [eran inmigrantes, ¡pero
no boludos!]. En los tiempos de la transición
hacia la industria ya había que considerarlos,
de hecho, como empresarios regionales [¿y
trepadores?].
9. El traslado de capital hacia las actividades
industriales fue un proceso complicado y relativamente
gradual, en el que intervinieron factores múltiples
(detalle, pág 283).
10. El mercado obviamente resultó vital
en este proceso (detalles, pág 284).
11.
Todos estos factores enumerados, a nivel macroeconómico,
explicarían la transición en un
momento histórico y en determinadas regiones.
Sin embargo, detrás de este complejo se
esconde una dinámica social. Combinados
los macro-factores fueron una condición
necesaria pero no determinante para la puesta
en marcha del proceso. A pesar de las condiciones
generales objetivas, fue necesario que se tomaran
decisiones acerca de la creación de unidades
productivas, inversiones de capital, tecnología,
disponibilidad de mano de obra con los niveles
de preparación adecuados, y la comercialización
de los productos. La transición hacia la
actividad manufacturera se transformó así,
en un proceso eminentemente social. Un proceso
social con empresarios y trabajadores como primeras
figuras.
La existencia de un empresario a adoptar decisiones
es un requisito indispensable para el éxito
de estos procesos. En Ant, Mont, y Are este proceso
fue agilizado por la composición bastante
homogénea del grupo empresarial; en Cat,
PV, e It, la composición social era menos
homogénea; en SP, los orígenes de
los empresarios eran diversos [¿y qué?].
Las actividades fueron, en primer lugar, actividades
familiares. Segundo, la importancia de la familia
en las actividades económicas ha influido
en la formación clasista de los empresarios.
La ideología de los empresarios solía
ser un reflejo del modo de organización
de sus actividades económicas. La práctica
de la empresa familiar llevó, dentro de
las empresas, a formas paternalistas de relaciones
laborales. La definición de la empresa
como una "gran familia" permite verla
como unidad orgánica, cuyos componentes
colaboran con una concordancia de objetivos. En
esta perspectiva no figuran los conflictos. Esta
ideología unitaria les ofrece a los empresarios
una confortable definición de su propio
papel. Les permite justificar el paternalismo
en sus relaciones con los trabajadores, el cual
funciona como un instrumento eficaz de control
social (encubriendo situaciones de explotación,
a veces intensa).
En Europa meridional este modelo se dio sobre
todo durante la primera fase de desarrollo industrial.
Pero las grandes empresas pronto experimentaron
la formación de una conciencia de clase
entre los trabajadores, que se plasmó en
la aparición de un movimiento obrero con
posiciones político-ideológicas
radicales.
En la mayoría de los casos, el trasvase
de la pertenencia de clase a la actividad política,
resultó un proceso complejo de articulación
y expresión de intereses.
Además, el regionalismo inspiró
movimientos de composición pluriclasista
que entraron en la arena política con una
cartera más amplia de reivindicaciones.
El dominio regional fue fruto del ejercicio de
poder por una clase local que aspiró a
reforzar la base económica de su dominio
social mediante la libre influencia sobre el aparato
administrativo gubernamental local. La reacción
de las clases dominadas ante este proyecto constituyó
un factor importante que dio forma a una identidad
específicamente regional. Y esta identidad
se formó cuando aún el mercado nacional
no estaba integrado, lo cual reforzó aún
más el regionalismo. Lo particular de los
casos aquí tratados fue que, después
de la articulación de un mercado nacional
y de la consolidación del estado nacional,
el regionalismo encontraría nuevo caldo
de cultivo en las tendencias centralizadoras del
poder político, y concentradoras del aparato
productor en las capitales, que pronto se hicieron
sentir. De esta manera, las burguesías
se convirtieron en "burguesías regionales".
El proceso de formación como clase social,
el desarrollo objetivo y subjetivo de estas agrupaciones
empresariales justifica el empleo del concepto
de "burguesía". El hombre burgués,
como señala Cerutti, estaba presente antes
de iniciar la transición hacia la producción
capitalista. Dentro del sistema de índole
patrimonial-capitalista que surgía regionalmente,
perduraban vínculos verticales precapitalistas,
juntamente con las solidaridades horizontales
organizadas en base a fidelidades de clase. En
vez de desaparecer con la transición, adquirieron
un nuevo acento como mecanismos de control de
clase. La aspiración de los empresarios
a hegemonizar su ámbito regional, gestó
la necesidad de dominar al posible competidor
por el poder en la escena regional: el proletariado.
El paternalismo y el regionalismo inspiraron fórmulas
políticas capaces de encuadrar el movimiento
obrero, coartándolo y neutralizándolo
como poder político independiente. De este
modo la burguesía creó también
una plataforma regional de poder que presionó
con éxito al Estado para adoptar medidas
que sirvieran a sus intereses. La formación
de los empresarios como burguesía y su
consolidación como burguesía industrial
fueron requisitos absolutamente indispensables
para cumplir con éxito la transición
hacia actividades productivas.
En cuanto a los orígenes de la burguesía,
el estudio de estos casos ofrece una serie de
interesantes observaciones [¡huy, sí,
interesantísimas!].
Dobb ha señalado que en Inglaterra la iniciativa
para las inversiones industriales no fue tomada
por los grandes comerciantes, sino por una pequeña
burguesía provincial más humilde.
Maluquer de Motes coincide con Dobb en afirmar
que en Cataluña fueron llevadas a cabo
por los artesanos de las pequeñas ciudades
de provincia. Castronovo señala algo similar
para el Norte de Italia. Lo mismo en Arequipa.
Sin embargo, se trataba aquí de los primeros
pasos. El crecimiento de una empresa industrial
moderna implica una organización de la
producción muy diferente a la del artesano
tradicional. La aplicación de una tecnología
más compleja tuvo consecuencias en la estructura
de la empresa y en la división y organización
del trabajo. Al cabo de algún tiempo fue
necesario importar maquinaria. Los grandes negociantes
estuvieron involucrados en este proceso a través
de sus actividades prestamistas.
El los otros casos, los grandes comerciantes participaron
en el proceso desde el principio: En Monterrey
y en el País Vasco, indudablemente, porque
la industrialización tuvo su arranque en
el sector pesado, que difícilmente podría
haberse desarrollado a partir del artesanado.
Antioquia tuvo una tradición Artesanal
muy pobre, y en San Pablo los negociantes y plantadores
estuvieron implicados indirectamente a través
de sus préstamos a los industriales.
Un factor de gran importancia en algunos casos
latinoamericanos fue la posición periférica
dentro del marco regional. Ello hacía posible
el "escape" del régimen económico
y administrativo, para adquirir experiencia empresarial
a través del comercio. Dicha experiencia
se profundizó con la independencia. Así
se desarrollaron el valor por el trabajo duro,
el espíritu de ahorro, la toma de riesgos,
la diversificación de las actividades,
la innovación. Pero esto no resulta nada
excepcional [¿?]. Los negociantes funcionaron
como un grupo de referencia cultural para otros
sectores de la sociedad, que adoptaron sus normas
de comportamiento con la carga cultural de otros
rasgos importantes (familia, religión,
política) hasta cristalizar un conjunto
de entendimientos culturales comunes. La no existencia
de una aristocracia latifundista, que desde un
estilo de vida señorial, habrían
podido conferir a la identidad regional otra carga
cultural, significó en la mayoría
de los casos la ausencia de una influencia que
habría podido actuar contradictoriamente
en el conjunto.
De lo dicho se deduce que, probablemente, había
un talento empresarial dormido. Cuando determinadas
coyunturas político-económicas nacionales
e internacionales facilitaron aperturas para una
rápida acumulación de ganancias
y para una reproducción expansiva del capital,
se supo aprovechar la oportunidad. Se puso en
marcha, así, un proceso que llevaría
a estos hombres a definirse, en términos
de clase, como una burguesía industrial.
Una vez consolidado este tránsito, dirigirían
en décadas posteriores la prolongación,
cada vez más compleja, del crecimiento
industrial.
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