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SAFFORD, capítulo 2: "Política,
Ideología, y Sociedad". by Pukas
Nota: los números entre paréntesis
y en negrita indican la página en caso
de querer ampliar la información.
El autor se propone caracterizar la política
hispanoamericana (hisp- Hisp) durante el medio
siglo que siguió a la independencia (ind).
Por un lado, no todos los países tenían
una composición étnica igual; por
otro, los países también eran muy
distintos geográficamente. Los países
costeros, de mayor relación con Europa,
tuvieron desarrollar bases financieras más
firmes, y por ende fueron más estables
políticamente.
Además, le herencia colonial también
difería notablemente. El sistema político
y sus instituciones no fueron los mismos para
todos. Asimismo, las guerras por la ind afectaron
a estos países de diferente manera.
Finalmente, además de los problemas inherentes
a la heterogeneidad de los países de América
Latina, también resulta difícil
generalizar debido a la ausencia de investigaciones
sistemáticas sobre la política de
los años que siguieron a la ind.
El aspecto quizá más importante
de la historia política de Hisp en este
período sea lo difícil que fue establecer
nuevos estados una vez conseguida la separación
de España. Se crearon sistemas constitucionales
formales, la mayoría de los cuales fueron
constituidos para transferir el poder a través
de elecciones y garantizar las libertades individuales.
Pero generalmente estas disposiciones se convirtieron
en letra muerta. Los que detentaron el poder se
apartaron de los principios constitucionales,
y a menudo reprimieron duramente la oposición
a fin de retener el gobierno en sus manos.
Otro conjunto de cuestiones tiene que ver con
la desintegración de las instituciones
coloniales españolas, ya fueran políticas,
sociales o económicas. La mayoría
de la elite hisp adhirió a los principios
liberales de los poderosos, y avanzados económicamente,
países de la Europa occidental. Por esto,
fueron abolidas o debilitadas las estructuras
coloniales de las corporaciones y las castas.
Aunque no siempre se consiguió en la práctica
(45).
La Iglesia y el Ejército, las dos mayores
corporaciones que habían existido durante
la colonia, continuando siendo importantes aunque
no dominantes. Los gobiernos republicanos por
un lado, recortaron el poder de la Iglesia, y
por otro, no pudieron sostener ejércitos
muy numerosos. Desaparecieron, así, los
fueron militares y eclesiásticos.
Los intentos de implantar tanto sistemas políticos
republicanos como principios individualistas en
términos jurídicos y económicos
se complementaron con el esfuerzo de crear sistemas
educativos (bajo control del Estado) que incluían
a las masas populares y propagarían conocimientos
prácticos.
Sin embargo, muchos de estos cambios ideológicos
e institucionales tenían sus raíces
en el período colonial del reformismo borbónico.
Pero si bien la liberalización que tuvo
lugar en Hisp en el siglo XIX pudo tener alguna
raíz en el siglo anterior, ello se aceleró
y amplió con la Ind. El proceso tuvo tres
fases: 1) en un primer momento se llevaron a cabo
reformas políticas, jurídicas, sociales,
económicas, fiscales, y educativas. 2)
En un segundo momento, frente a las crisis económicas
y la inestabilidad política, muchas de
estas reformas fueron resistidas y se instaló
un marcado conservadurismo hasta mediados de 1845.
3) Finalmente, a partir de 1860 una nueva generación,
llena de optimismo, reemprendió el proceso
de liberalización.
Por último, son muy importantes las consecuencias
políticas consecuencia de la vinculación
y dependencia, que entre 1810 y 1870, tuvieron
los nuevos países hisp con la Europa desarrollada.
Hasta mediados de 1840, dominó un comercio
muy desigual y por lo tanto el endeudamiento de
aquéllos. A partir de esa fecha, el crecimiento
de las economías de exportación
y la expansión del comercio impulsaron
nuevamente las ideas liberales.
Las elites hisp tuvieron que afrontar el problema
principal y permanente de construir sistemas políticos
que ejercieran una autoridad efectiva y duradera.
Debieron conjugar elementos contradictorios: por
un lado, la tradición política española
heredada, pero por otro, los modernos ejemplos
políticos francés, inglés,
y estadounidense.
El primer problema, ante la ausencia del rey,
era reinstaurar una autoridad legítima.
Ante la ausencia del rey, ¿se debía
seguir el modelo liberal o el autoritarismo tradicional
español? ¿Serían capaces
los nuevos estados de ejercer una autoridad efectiva
sobre la Iglesia y el Ejército?
Esto no debió resolverse sino hasta la
definitiva ruptura con Fernando VII. Al principio,
la autoridad de las Juntas era muy incompleta;
por lo cual se volvió muy importante controlar
a la Iglesia, pero al mismo tiempo, recibir su
apoyo. Éste provino especialmente, del
bajo clero.
Los nuevos gobiernos, excepto el Río de
la Plata, redactaron rápidamente Constituciones
basadas en la idea del contrato social. El deseo
general se ejercería a través del
gobierno representativo. En Venezuela, Nueva Granada,
y Chile, este constitucionalismo liberal fracasó
prontamente debido a los enfrentamientos regionales
internos; el poder cayó en dictadores supremos,
y finalmente estos países fueron reconquistados
por los españoles. En realidad, la adopción
de la estructura federal fue resultado de la realidad
política existente, donde las diferentes
provincias desarrollaron gobiernos autónomos
que se resistieron tenazmente a aceptar un poder
centralizador (N Granada y Venezuela 1810-1811,
México 1822-1824, y Chile 1826).
A partir de 1825 hubo una tendencia general a
crear gobiernos con ejecutivos fuertes y que ejercían
un control centralizado sobre la administración
provincial. Este fenómeno fue en parte
fomentado por la movilización que hubo
que hacer para defenderse de las fuerzas realistas
españolas en el campo de batalla. Además,
los líderes criollos creían que
gobiernos fuertes serían bien vistos en
Europa, no sólo para obtener préstamos,
sino también para el reconocimiento diplomático
de la ind. Sin embargo, esta tendencia prosiguió
aún luego de haber alcanzádose estos
objetivos.
La centralización se acentuó sobre
todo entre 1826 y 1845. Los ideales constitucionales
de 1810-1811 fueron rápidamente abandonados.
Después de 1825, los continuos desórdenes
políticos y las graves crisis económicas,
crearon una atmósfera pesimista sobre el
orden social y las perspectivas políticas
y económicas de Hisp.
Sin embargo, no se estaba de acuerdo en cómo
se podía conseguir. En Argentina (1814-1818)
y Chile (1818) existieron propuestas de regímenes
monárquicos constitucionales con príncipes
europeos. Después, esta propuesta política
fue sólo defendida por México (1830).
Este sistema fracasó rotundamente en este
país con la ejecución de Maximiliano
de Austria en 1867 (53).
Después de 1820, la mayoría de los
intentos por consolidar un poder central fueron
de carácter republicano. Se discutieron
dos modelos de constituciones: las de las repúblicas
centralizadas (parecidas a la Constitución
de Cádiz), defendidas por las elites civiles,
abogados, y universitarios; y las del Estado napoleónico,
apoyadas por los militares (entre ellos, Bolívar).
La mayoría de las constituciones nacidas
entre 1820 y 1830, respondieron al primer modelo
que permitía introducir los ideales liberales
y constitucionales anglo-franceses en la estructura
política española. Pero hubo una
diferencia fundamental entre la constitución
española y las hisp: la primera buscaba
limitar el poder absoluto del rey, mientras que
las segundas, por el contrario, buscaban fortalecer
el poder central. Además, éstas
incorporaban poderes extraordinarios para los
presidentes en caso de amenazas externas o disturbios
internos. Muchas veces, estas atribuciones extras
anulaban las libertades que las mismas constituciones
proclamaban.
De todos modos, algunos países que aceptaron
estas constituciones, no aceptaron fácilmente
la existencia de un poder centralizador. Algunos
individuos de la elite política continuaron
defendiendo el sistema federal (Colombia, Chile,
Argentina, México) por los fuertes regionalismo
existentes, por desconfianza hacia el poder central,
y porque consideraban que ese sistema podía
actuar como barrera al establecimiento de una
posible tiranía. Pero los federalistas
fueron vencidos por temor a que el sistema federal
condujera a la anarquía.
En teoría los centralistas, hubiesen preferido
también el federalismo por sus principios
constitucionales liberales, pero sostenían
que el sistema era impracticable en Hisp. Argumentaban
que el dominio español, al mantener a la
gente en la ignorancia y al no haberle permitido
adquirir experiencia política, no le había
preparado para adoptar un tipo de gobierno democrático
y republicano tan extremo. Las masas populares
no tenían no tenían suficiente instrucción
y responsabilidad cívica para poder hacer
elecciones amplias a nivel local. Además,
no había suficiente hombres competentes
para ocupar todos los cargos provinciales que
se requerían. Los centralistas decían
que se debía sacrificar un poco de libertad
para poder tener orden; ya que, de todos modos,
las libertades cívicas proseguían
porque serían adecuadamente protegidas
por la división de poderes, la alternancia
en los cargos, y otras limitaciones que a nivel
nacional establecía la constitución
(const) según el modelo gaditano (de Cádiz).
La desconfianza en la capacidad política
de la gente se refleja en el hecho de que el derecho
a participar en la vida política estaba
limitado por la propiedad.
De todas maneras, en Hisp hubo algunas excepciones
a la tendencia general a la centralización
en este período (1820-1830) (56).
Entre 1820 y 1845, mientras estas const satisfacían
a muchos políticos, otros individuos de
la elite política, sobre todo militares,
creían que este modelo no era lo suficientemente
fuerte como para asegurar un gobierno estable
en Hisp. Bolívar fue su más fiel
representante. Para éste y otros, los modelos
constitucionales más atrayentes eran la
monarquía constitucional británica
y las constituciones consulares napoleónicas.
Éstas establecían una permanencia
muy larga de los presidentes [¿Querría
tal vez Bolívar perpetuarse en algún
gobierno?] así como de los diferentes cuerpos
legislativos, uno de los cuales tendría
miembros vitalicios o hereditarios [¿o
tal vez aspiraba aunque sea a algún puestito
en algún Congreso?]. Pero estas const bolivarianas
tuvieron vida corta (57-58); fracasó en
todos lados porque se parecía mucho a la
monarquía.
Entonces, entre 1820 y 1830, las ideas const moderadas
europeas predominaron en Hisp [Aquí habla
de algunos teóricos europeos (58, al final)].
Así pues, entre 1820 y 1845, el const liberal
moderado europeo constituía la base intelectual
de todos los líderes que habían
recibido educación universitaria, fueran
exaltados, moderados, o conservadores.
Sin embargo, estas ideas const no siempre eran
puestas en práctica, ni eran motivo de
preocupación para todos (60-61).
A menudo, no se consiguió incorporar la
autoridad en las instituciones formales establecidas
en muchas const hisp. La autoridad, que más
bien se encarnó en personas concretas,
estuvo en manos de líderes fuertes que
tendían a situarse por encima de las leyes
y las const. Estos líderes eran los caudillos.
Se entiende por caudillo a cualquier tipo de líder
preeminente, y cobró este sentido entre
1810 y 1870. Generalmente eran líderes
militares que habían alcanzado algún
renombre durante las batallas por la indep. Entre
el caudillo y sus seguidores existían lazos
de lealtad personal. Muchos trabajos recientes.
Si bien no niegan las características de
la personalidad del caudillo, tienden a plantear
de otra manera la red de las relaciones existentes
entre los líderes y sus seguidores (63).
En términos de clases sociales se contempla
al caudillo como a alguien que asciende socialmente,
un hombre de orígenes relativamente modestos
cuya ansia de poder en parte es impulsada por
el deseo de riqueza y de status social [no comparto
para nada esta idea].
Puesto que los caudillos ascendían al poder
por métodos violentos, la legitimidad de
su poder siempre estaba en entredicho.
A menudo, el liderazgo personalista de los caudillos
se expresó en revueltas contra los gobiernos
constituidos; sin embargo, en algunos casos el
caudillo usó su autoridad para reforzar
las jóvenes e inexpertas estructuras gubernamentales
(ejemplos: 64).
La clase alta criolla fue la que más se
benefició con la indep de América
Latina [¡obvio!]. A fines del período
colonial la mayoría de sus miembros poseían
tierras, algunos habían entrado en el cuerpo
eclesiástico y unos pocos estaban inmersos
en el comercio internacional a gran escala. Otros,
compraban puestos en la administración.
Con la indep a los criollos se les multiplicaron
las oportunidades de hacer una carrera en la administración
y en la política, no sólo por el
desplazamiento de los españoles de los
cargos, sino por los nuevos cargos que proponía
el nuevo sistema republicano.
Estas nuevas oportunidades dieron lugar a una
gran movilidad territorial de los criollos. Esta
tendencia a converger en las capitales dio lugar
a una consecuencia inesperada: las provincias,
al drenar sus elites profesionales, minaron su
propio desarrollo.
Las familias más ricas y tradicionales
generalmente no participaban en la vida política;
sin embargo, a menudo los hombres ricos se movían
detrás del escenario, dirigiendo, o al
menos influenciando a los caudillos militares
que tanto parecían dominar la vida política.
A excepción de los criollos, pocos se beneficiaron
de las conquistas políticas de la indep
(67). Aunque la elite resolvió el problema
que para ella representaba la presencia de unos
pocos oficiales mulatos preeminentes eliminándolos
con algunas ejecuciones [¡qué frialdad
tiene este muchacho para escribir!], tuvo que
afrontar la cuestión mucho más problemática
de distribuir el poder entre los criollos civiles
y los militares.
Entre 1810 y 1830, la militarización de
la vida política fue un hecho que los políticos
civiles no pudieron evitar. Al principio, los
militares fueron vistos como necesarios, pero
luego de la indep, los civiles intentaron reducir
el número de los oficiales, lo cual condujo
a una gran hostilidad entre ambos bandos (68).
De todos modos, el recorte realizado en el poder
del ejército no implicó necesariamente
la expulsión de los militares de la política.
Incluso donde la elite civil se mostraba dominante,
muchas veces eran nombrados generales para gobernar
el estado. La autoridad de un general prestigioso
prevendría las revueltas de los soldados
o los movimientos regionales de oposición
al gobierno.
Los líderes militares también fueron
importantes para imponer orden allí donde
el poder del estado aparecía más
débil (descentralizado y fragmentado).
Así, pues, la militarización de
la política presentó dos formas
básicas: 1) En México y Perú
los caudillos contaban con el apoyo del ejército
regular, 2) El mejor ejemplo es el Río
de la Plata, los caudillos eran apoyados localmente.
A pesar de que las fuerzas armadas (ejército
nacional o caudillos a nivel local) a menudo decidían
quién tenía el poder, esto no quiere
decir que necesariamente estos militares dictaran
a los políticos las acciones a seguir.
Muchas veces se describe a los caudillos como
aliados de los grandes propietarios cuyos recursos
económicos y peones constituyen la base
esencial de la acción militar del caudillo.
Pero esta elite económica no constituía
el único grupo de civiles vinculado a los
caudillos. A menudo éstos eran manipulados
por ex universitarios que se constituían
en secretarios o consejeros de estos líderes.
De esta manera, la relación entre los caudillos
y los políticos se caracterizaba por la
sospecha y una dependencia mutua.
Por tanto, ni los caudillos monopolizaban el poder,
ni tampoco eran ignorados por las elites urbanas.
Ni los grandes propietarios controlaban absolutamente
la política. Muchas veces, éstos
preferían mantenerse al margen del gobierno,
ya que estaban alejados de los centros de poder
y no necesitaban de los servicios del estado [¿no?].
Esto daba lugar a que los miembros de la elite
intelectual, si bien menos poderosos económicamente,
pudieran acceder a las esferas de gobierno.
Muchos, si no la mayoría de los conflictos
políticos que hubo en Hisp en este período
que siguió a la indep se produjeron simplemente
por decidir quien controlaría el estado
y sus recursos. Pero esta situación varió
con cada país (aquí da varias especificaciones
que tal vez conviene leer del texto, 72).
Este conflicto tendió a quedar sumergido
entre 1835 y 1845; pero entre 1845 y 1870 se produjo
una segunda ola federalista en México,
Nueva Granada, Venezuela, y más débilmente
en Perú (73).
De todos modos, si bien en la cuestión
de la forma política hubo diferencias de
un país a otro, e la conflictividad política
la cuestión subyacente fue más o
menos común a todos: la modernización.
Si bien este proceso se había iniciado
durante la época de los Borbones, los republicanos
del siglo XIX pretendieron objetivos que se habían
desarrollado poco en la última época
de la colonia: el individualismo liberal inglés
y francés en las instituciones y en el
comportamiento social, político y económico
(73). En definitiva, la creación de una
sociedad liberal individualista significaba, en
términos económicos, el establecimiento
del mercado libre.
Muchos aspectos de este programa reformista contaban
con el apoyo de la elite intelectual, si bien
había distintas opciones de cómo
se debían llevar a cabo (74).
La tendencia a un consenso en materia económica
entre los grupos políticos, tan evidente
entre 1825 y 1845, se hizo aún más
fuerte después de esta última fecha,
especialmente a partir de la incorporación
al sistema comercial atlántico. La creciente
demanda europea y norteamericana de materias primas
hisp permitió que la mayoría de
estos países pudieran equilibrar su comercio
con el exterior, por lo que parecía justificada
la fe económica liberal en el libre comercio.
Al igual que ocurrió con la política
económica, la política fiscal no
fue por lo general una cuestión de partidos
o grupos. Todos lo partidos políticos coincidieron
en condenar el sistema impositivo de los españoles
por ser irracional y no liberal, y emprendieron
una reforma durante el período optimista
de los años veinte.
Este acuerdo en materia económica se mantuvo
también en lo referente a la política
social concerniente a la esclavitud y a las comunidades
indias (75 y 76).
Así pues, varios aspectos de los proyectos
de reedificar la sociedad y la economía
hisp bajo los principios liberales no provocaron
conflictos entre las elites políticas.
La elite sólo se dividió cuando
se refirieron al poder y a los privilegios de
la Iglesia. Para los liberales doctrinarios la
Iglesia constituía el principal obstáculo
para la modernización económica,
social, y política (76). L Iglesia contaba
con varios aliados (77). Y en esto, al igual que
en otros aspectos, cada país tuvo su propio
ritmo.
Entre 1830 y 1845 en algunas zonas de Hisp predominó
una relativa estabilidad política, especialmente
en Chile, Venezuela, y Buenos Aires, y en menor
medida en Nueva Granada y Ecuador. Pero a partir
de 1845, la unidad de la elite comenzó
a facturarse. La generación nacida durante
la indep, sobre todo los civiles, comenzaron a
preguntarse cuándo llegaría su momento.
De esta manera, la dinámica del período
puede entenderse como el resultado de la presión
que la nueva generación produjo dentro
de la clase alta. Por otro lado, fue importante
también, en varios lugares, la lucha de
clases.
Entre 1845 y 1860 [no olvidar memorizar todos
los "entre"; ¡este Ranke es inmortal!!!],
junto a los jóvenes instruidos de las provincias
empezó a figurar otro grupo social: los
artesanos urbanos. Aunque durante un tiempo actuaron
conjuntamente, parece que los dos grupos se movían
por razones bastantes distintas e incluso contradictorias
entre sí [no sé a qué viene
esto
(79)].
La naciente generación política
de la clase alta, que buscaba desarrollar su propia
identidad política, frente a la generación
anterior, fue receptiva de las nuevas influencias
europeas que tenían poco atractivo para
los políticos maduros y establecidos. El
impacto de estas nuevas influencias externas junto
con las tensiones intergeneracionales ayudó
a polarizar las ideas políticas en el período
que transcurrió desde mediados de 1840
hasta 1870, es decir, hasta que la nueva generación
se asentó en el poder (particularidades,
pág 79).
La revolución europea de 1848 hizo que
se llamara la atención y cristalizaran
las ideas socialistas en Hisp. Esta revolución
fue bien recibida en Nueva Granada, Chile, y Perú.
La nueva generación de políticos
liberales que emergió en los años
cuarenta en muchos aspectos perseguía lo
mismo que sus progenitores políticos, los
reformadores liberales de los años veinte.
Pero ellos lo hicieron con un nuevo ímpetu
e intensidad. Fueron constitucionalistas libertarios,
pero tendieron a ser más absolutos en su
individualismo y más fervientes en su retórica
liberadora [más mentirosos].
En la política económica y social,
los reformistas de mediados de siglo también
insistieron en el individualismo liberal y en
el ideal de la igualdad ante la ley, objetivos
que consideraron que sus predecesores habían
dejado comprometidos. En consecuencia, se buscó
limitar los privilegios de la Iglesia y el Ejército.
También persiguieron la igualdad jurídica.
Sin embargo, aunque los liberales de 1845-1870
se veían a sí mismos como continuadores
de la obra de los reformadores de 1810-1825, el
contenido y el espíritu de sus objetivos
eran distintos en algunos aspectos: 1) los privilegios
de la Iglesia se plantearon como un tema mucho
más crucial. 2) estaban influenciados por
el socialismo francés.
Pero de la misma manera que el liberalismo desde
mediados de 1840 desarrolló un mayor fervor,
a partir de ese mismo momento, el conservadurismo
también desarrolló una forma más
articulada. Antes, al no tener una oposición
política importante, no habían necesitado
elaborar una doctrina política (83).
A pesar de las diferencias regionales, en general
los conservadores se opusieron al discurso socialista
y se apoyaron en la Iglesia como garante del orden
social. La defensa de la seguridad personal y
la propiedad fueron sus principios más
importantes.
A continuación, el autor se explaya largamente
acerca del problema del Estado con la Iglesia
(86-87).
En ningún país de América
Latina, antes de 1850 -y raramente después-,
hubo organizaciones que movilizaran a las masas.
Sólo unos cuantos países tuvieron
partidos con anterioridad a esa fecha (88). En
este proceso de movilización de las fuerzas
políticas fue importante el accionar de
los periódicos.
Los partidos políticos (o facciones) de
la época se formaban principalmente para
lograr el control del gobierno y los cargos que
ponía a su disposición.
En el pasado, la mayor parte de los intentos de
analizar sociológicamente las divisiones
existentes entre las elites políticas han
planteado las cuestiones en términos de
clase y de función económica (por
ejemplo la coalición conservadora formada
por los grandes terratenientes, la Iglesia, y
los militares de alto rango, contra la burguesía
liberal; o la "díada" ciudad-campo);
pero estas afirmaciones se están poniendo
cada vez más en duda (90).
Estudios recientes sobre diferentes regiones de
Hisp han llegado a la conclusión de que
los propietarios, los comerciantes, y los profesionales
figuraban de forma prominente en la mayoría
de los grupos políticos. Un individuo se
inclinaba a ser conservador si, en términos
sociales, ocupaba una posición central,
que por supuesto [no podía ser de otra
manera] implicaba poderío económico.
Los conservadores provenían especialmente
de las ciudades en donde se concentraba el poder
económico, o bien de familias de propietarios
importantes o de familias de comerciantes o empresarios.
Los liberales, en cambio, ocupaban una posición
social más periférica. A menudo
procedían de ciudades provinciales que
durante el período colonial habían
tenido menor importancia económica, administrativa
o cultural, y en las que la estratificación
social era menos pronunciada. Con frecuencia tenían
menos acceso a la educación superior (que
constituía una vía para acceder
a la elite política) (91).
En el otro extremo político se situaban
los federalistas de los años veinte y treinta,
o los puros de los años cuarenta, que perseguían
un programa de igualdad ante la ley y la destrucción
de los privilegios militares y eclesiásticos
(especificidades regionales: 93-96).
Tuvieran las preferencias que tuvieran los miembros
de la elite hisp, sorprende ver la poca confianza
que tenían en sus propios países
[¿sorprende?]. Las elites, en su mayoría
descendientes de españoles, de ninguna
manera se identificaban con los indios, los negros,
y los mulatos de la clase baja [¿con esa
"mersa"] y en cambio se asociaban más
a la burguesía europea [ah, eso ya es otra
cosa
]. Pensando que la mayoría de
su población era atrasada e ignorante,
la elite creía que sería difícil
formar una nación con tal tipo de gente.
Debido en parte a este motivo, en casi todos los
lugares de Hisp se impulsó entusiastamente
la inmigración europea [disiento totalmente
con el autor].
Por otro lado, las nuevas naciones perdían
confianza en sí mismas al tener que soportar
la presión de las potencias extranjeras.
Éstas intimidaban, pero a la vez seducían
a las elites. Las facciones de la elite a menudo
se sentían tentadas a comprometer la independencia
nacional a cambio de obtener la ayuda de una potencia
europea [nada a cambiado desde entonces
]
(96-97). Una excepción fue Chile [para
el autor].
La inestabilidad política de Hisp entre
1820 y 1870 se ha explicado de diversas maneras.
Las explicaciones se agrupan en dos grandes categorías:
1) la explicación cultural que pone su
atención en los modelos culturales e institucionales
y centra su análisis en planteamientos
de muy largo alcance, y 2) la explicación
socioeconómica que se centra en el análisis
de sucesos más puntuales y atiende las
consecuencias de las variables sociales y económicas.
La explicación cultural atribuyó
la inestabilidad política hisp al individualismo
anárquico, intolerante, y exclusivista
que invadía a la cultura española
[¿?]. Esta parte es definitivamente un
embole (97, al final, hasta la 100).
Contrastando con las interpretaciones culturales,
otros análisis subrayan las causas económicas
de la inestabilidad política en Hisp. Pone
de relieve el peso de los conflictos entre regiones
y grupos sociales que se generaron por tener intereses
distintos en la economía internacional.
Recientemente se han puesto en duda estas interpretaciones
de conflicto interregional. Si bien entre los
comerciantes o los propietarios rurales podían
haber, a título individual, disputas civiles
o privadas por préstamos o contratos, casi
nunca se plantearon conflictos políticos
entre los comerciantes o los grandes propietarios
como grupo [ya lo dice el viejo adagio: "donde
se come, no se caga" (a no ser, claro está,
que se trate de "cagar" al pueblo)],
porque en una economía de exportación
a largo plazo sus intereses tendían a coincidir.
Si bien en algunos casos se podía discernir
que había intereses económicos regionales
en conflicto, era improbable que generaran grandes
conflictos políticos. Además, en
a mayoría de los países hisp los
transportes estaban tan atrasados y eran tan caros
que las regiones apenas formaban parte de la misma
economía y había pocas oportunidades
de que sus intereses entraran agudamente en conflicto.
Los conflictos interregionales difícilmente
podían llegar a afectar al gobierno nacional.
De hecho, en estas economías desintegradas,
la inestabilidad más bien se podía
deber a la falta de intereses económicos
que a la existencia de intereses económicos
enfrentados. Justamente, el estancamiento económico
sin duda jugó un papel importante en las
frecuentes rebeliones; mientras que las regiones
que estaban integradas de forma más efectiva
a la economía de exportación, tendían
a ser políticamente más estables.
Varias interpretaciones sustentan que, antes de
1870, la escasa integración en la economía
mundial y la falta de una economía nacional
integrada retrasaron la aparición de una
burguesía dominante que pudiera, aliada
con los intereses extranjeros, actuar efectivamente
para garantizar el orden y la estabilidad política
en Hisp. Debido al carácter de la economía
estancada de la hacienda, los terratenientes no
eran suficientemente cohesivos para formar alianzas
políticas que pudieran controlar la política
de su país. Por lo tanto, los ambiciosos
y socialmente emergentes caudillos ocuparon el
vacío de poder. Sin embargo, éstos
sólo pudieron satisfacer temporalmente
a sus seguidores, por lo cual su periodo de dominio
fue corto.
Las interpretaciones de la inestabilidad que subrayan
la falta de una clase fuerte y unida dedicada
a sostener el Estado se completan destacando también
la debilidad financiera de los nuevos gobiernos.
Tuilo Halperín Donghi, en su interpretación
de la inestabilidad política, recurre tal
vez tanto a la explicación de carácter
fiscal como a la que subraya la falta de una clase
fuerte que sirviera de apoyo. Atribuye la debilidad
financiera en parte a las consecuencias de la
relación de Hisp con la economía
atlántica (leer: 102, al final).
En oposición a la inestabilidad política
de 1810-1870, las décadas entre 1870 y
1910 fueron años de consolidación
y centralización política generalmente
bajo gobiernos de tipo secular y modernizador,
pero más o menos autoritarios y no democráticos
(Por ejemplo en México fue una dictadura
-el Porfiriato- y en Argentina un gobierno oligárquico
-la Generación del 80-). Estos regímenes
liberales autoritarios son notorios por haberse
desvestido de toda la ideología liberal
(menos los atavíos externos) y por haber
adoptado un estilo político más
práctico y autoritario. Así pues,
se puede considerar que estos regímenes
retrocedieron a algo que se acercaba mucho a un
sistema de gobierno de tradición española;
sin embargo, se sentaron las bases económicas
del nuevo orden. La necesidad de materias primas
por parte de Europa y Estados Unidos llevó
a una afluencia de préstamos e inversiones
en infraestructura que mejoró las condiciones
de exportación. Las ganancias obtenidas
a partir de estas exportaciones, más los
beneficios generados por las inversiones extranjeras,
más los ingresos aduaneros por las importaciones,
dio lugar a la formación de gobiernos fuertes
financieramente que ahora sí, fueron capaces
de mantener ejércitos modernos que se encargaron
de reprimir a los opositores que no podían
ser comprados. Para los sectores superiores de
la sociedad [nuca para el resto], la nueva era
se caracterizaría más bien por la
posibilidad de hacer dinero que por la conflictividad
política, por el predominio de un sentido
práctico más que de una cruzada
ideológica. Fue una era de "orden
y progreso".
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