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Andrés Reséndez Fuentes: "Guerra
e identidad nacional"
by Pukas
Andrés Reséndez Fuentes
Guerra e identidad Nacional
Introducción
La historiografía mexicana sobre la guerra
de 1847 no pudo escaparse de las acusaciones partidistas
e imputaciones personales. Sin embargo, una nueva
historiografía propone un contexto más
amplio de estudio: la guerra, como ningún
otro episodio, evidenció la "debilidad"
de México como nación.
En vísperas del conflicto con Estados
Unidos (EU), México contaba con elementos
de unión indiscutibles:
a) Antes de la colonia: las alianzas locales
y regionales hechas por los mexicas
b) Durante la colonia: la religión católica
y la administración colonial
c) Después de la colonia: la gesta independentista
con sus héroes y símbolos patrios
ampliamente difundidos
Sin embargo, el conflicto con EE.UU. reveló
que había enormes debilidades.
Hubo muchos ejemplos:
a) Poblados que no opusieron ninguna resistencia
a los ejércitos de EE.UU.
b) Algunos federalistas radicales que preferían
la derrota del partido conservador
c) Comerciantes de la frontera norte que vivían
del comercio con EE.UU.
d) Algunos caciques con el fin de obtener algunas
libertades
Reséndez afirma que una interpretación
de la "debilidad" de México puede
verse en tres sectores:
a) Las disputas internas entre los partidos políticos
b) Las divisiones étnicas
c) Intereses regionales con intereses contrapuestos
a los nacionales
d) No fue una guerra entre dos naciones, sino
entre un ejército invasor y varios grupos,
que no todos estaban de acuerdo en resistir la
invasión.
¿Hasta qué punto la gente que vivía
en lo que es hoy el territorio mexicano y el suroeste
estadounidense se sentía parte de la nación
mexicana? La guerra fue un parte aguas dramático
donde diversas regiones y localidades, distintas
clases sociales, diversos grupos étnicos,
y bandos políticos tuvieron que definirse
respecto a la nación.
Facciones políticas y nacionalismo
El partido liberal-federalista era acusado de
"anexionista". En 1835-1836 con la separación
de Texas, el liderazgo federalista se escindió.
Algunos rechazaron el proyecto independentista
de los colonos texanos. Otros la apoyaron. Igualmente
quedaron tildados de "separatistas".
Un nuevo problema de patriotismo político
surgió cuando EE.UU. aprobó la entrada
de Texas a la Unión en 1845. Ambos partidos
políticos aprobaron o rechazaron el hecho,
respondiendo sólo a intereses políticos.
En 1847, una vez iniciada la guerra, y cuando
EE.UU. invadió el país, las pugnas
políticas, lejos de ceder (como con la
invasión española o francesa), adquirieron
mayor encono. La lógica del fraccionalismo
político dictó la respuesta del
gobierno mexicano a la invasión y terminó
paralizando la resistencia. La guerra no dejó
dudas de las extremas divisiones políticas
existentes en el país (desde antes del
conflicto y profundizadas durante el mismo), que
ni siquiera la guerra pudo reducir. Después
de la independencia, la debilidad del Estado había
permitido la fragmentación del poder político
entre regiones y caudillos con distintas clientelas
políticas.
El problema étnico
La historiografía destacó el choque
entre dos culturas: la anglosajona y protestante
(EE.UU.) y la española y católica
(México). Había habido intentos
de forjar una nacionalidad mexicana, entre ellos
el de Lucas Alamán (a partir de los elementos
culturales españoles) y el de Bustamante
(a través del patriotismo criollo). Pero
todos fracasaron ante una unidad que no existía,
ni se pudo construir, ni siquiera con la noción
de ciudadanía).
La invasión estadounidense exarcebó
esas diferencias, y en el trance de la guerra,
las identidades étnicas, tribales, primigenias,
afloraron por encima de la identidad nacional.
El norte de México era un verdadero mosaico
étnico. Algunas de estas tribus ya habían
sido hispanizadas, pero para muchas otras recién
llegadas (sobre todo a partir de la ocupación
de sus tierras por la expansión de EE.UU.),
la noción de "mexicanidad" era
vaga, o prácticamente nula. Esta idea también
era vaga incluso, para los grupos más allegados
a los españoles.
Como consecuencia de esto, una ola de rebeliones
indígenas se sucedió durante la
guerra. Incluso en el centro y el Bajío,
el área más hispanizada, quedaban
áreas con profundas divisiones étnicas.
El ejército, además, se mostró
también tan heterogéneo como la
sociedad misma. La religión católica
y el guadalupanismo resultaron ser los elementos
más unificadores. La defensa de la religión
católica y la simbología religiosa
fomentaron la unidad y resistencia entre los habitantes
del país, incluso ante las tropas enemigas
(algunos soldados de EU desertaron con argumentos
religiosos). La religión podía aglutinar
tanto a mestizos y criollos, como a indígenas
(especialmente en contra de la religión
protestante). De todos modos, pese a este papel
aglutinador de la religión, lo común
fueron las rebeliones étnicas por encima
de cualquier identidad nacional.
La guerra y las regiones
El proyecto nacional impulsado desde la capital
a partir de 1821 encontró grandes obstáculos
entre las regiones. La guerra vino a exacerbar
estas divisiones y a revelar la diversidad de
intereses subyacentes. Algunos estados llegaron
a resumir en menor o mayor grado su autonomía.
Bustamante dividía a los estados del país
en tres regiones, cuya relación se puede
resumir como un centro en conflicto con los dos
extremos. La actuación de los estados durante
la guerra da sustento a la hipótesis de
Bustamante:
1) Centro: eran los estados más ricos
y los mejor posicionados para defender el país,
ya que sus habitantes habían estado más
expuestos a la retórica nacionalista. Sin
embargo, hacia dentro mismo de esta región,
hubo algunas posiciones enfrentadas con respecto
a la guerra.
2) Norte: tenían intereses antagónicos
a los del centro. Ofrecieron menor o nula resistencia
al avance exterior. Reséndez cree que fueron
los lazos comerciales los que empujaron a la población
a esta actitud, y por ello mismo, seguramente
resistían los proyectos que llegaban desde
el centro. Algunos estados intentaron secesionarse
bajo protección británica o francesa.
Otros directamente apoyaron la causa de EU.
3) Sur: querían separar su poder de las
pretensiones del centro. Tenían similares
tendencias separatistas, aunque no contaban con
la influencia ideológica de un país
como EU.
Las diferencias de intereses y la falta de articulación
local e integración nacional, quedaron
expuestas con la guerra.
Conclusión
La lucha de facciones puso de manifiesto la ausencia
de un Estado nacional. Las coaliciones federalistas
y centralistas que siguieron al poder español,
no lograron imponer una hegemonía efectiva
en todo el territorio. La guerra debe entenderse
como un hito en un proceso de formación
nacional más amplio. México perdió
más de la mitad del territorio. Vista las
lealtades del norte, la guerra no fue más
que la culminación de una serie de procesos
que habían afectado a la frontera norte
por décadas.
Así, la guerra fue un punto de inflexión
que dio fin a un ciclo de proyectos nacionales
fallidos, pero que sentó las bases de donde
surgiría un verdadero estado nacional y
una verdadera nación [¡¿sí?!].
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