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Fr Moyá Pons, La independencia de Haití
y Santo Domingo
por Ricardo y Ana María
A finales del XVIII, la colonia francesa de Saint
Domingue- el tercio occidental de La Española-
era la más productiva de las Antillas.
Los franceses, con costos de producción
más bajos que las plantaciones británicas,
competían con los ingleses en el mercado
europeo del azúcar y más aún
cuando EE.UU se independizó y comenzó
a abastecerse de las colonias francesas, especialmente
de Sainte Domingue.
Los plantadores de Saint Domingue eran predominantemente
blancos y habían importado esclavos africanos
a un promedio de 30.000 anuales en los años
que precedieron a la revolución francesa.
La relación de los comerciantes y financistas
franceses con los plantadores nunca fueron muy
buenas a causa de la dependencia de estos últimos
con los primeros y en 1789 existía una
gran animosidad de los grand blancs, hacia el
sistema colonial francés.
Otro sector de la sociedad - el de los affranchis,
o gente de color libre, en su mayoría mulatos-
era aún mas opuesto al colonialismo francés.
Algunos eran propietarios de tierra y esclavos
y controlaban una tercera parte de las plantaciones
y padecían los recelos de 40.000 blancos
que no podían tolerar que los descendientes
de esclavos tuvieran una posición preminente
en la sociedad. Así una serie de leyes
discriminatorias fueron puestas en vigor para
detener su ascenso social, dando lugar a una larga
enemistad.
A fin de defender sus derechos los mulatos que
vivían en París organizaron la Societé
des Amis des Noirs que, cuando en 1789 se inició
la revolución, ofrecieron 6.000.000 de
libras tornesas para ayudar al nuevo gobierno
a pagar la deuda pública pensando que a
cambio obtendrían de la Asamblea Nacional
un decreto que los reconociera como ciudadanos
con todos los derechos. La burguesía francesa
dudó mucho sobre esto pensando que luego
le pedirían la emancipación del
medio millón de esclavos negros de Saint-Domingue
(el 85-90% de la población) con la consecuente
ruina de la colonia.
La isla se encontraba en una gran efervescencia
revolucionaria. Los grands blancs buscaban su
autonomía, los mulatos buscaban su igualdad
con los blancos y eventualmente su independencia.
Lo que ninguno planteaba era que los esclavos
tenían o merecían derechos. Pero
estos tomaron conciencia de su condición
y de las posibilidades que se abrían para
escapar de ella, tanto que en Agosto de 1791 estalló
una revuelta en las plantaciones del norte. Amenazados,
los propietarios blancos y los mulatos formaron
un frente común, pero este acercamiento
no podía ser duradero a causa del odio
mutuo entre ambos grupos.
Los esclavos negros encontraron un aliado en los
españoles de Santo Domingo, que veían
la oportunidad de recuperar los territorios perdidos
hacía más de un siglo.
Los mulatos recibieron el apoyo francés
cuando en 1792 el gobierno revolucionario reconoce
la igualdad de mulatos y blancos, en tanto que
los blancos buscaron el apoyo inglés. Pero
lo que comenzó como una revuelta de esclavos
era ya una guerra internacional con la participación
de Francia, España e Inglaterra.
Francia hubiera sido derrotada si el jacobino
antiblanco Sonthonax no hubiera tomado la decisión
de decretar la abolición de la esclavitud
en Saint-Domingue, incorporando a los negros al
ejército y aplastando la intervención
inglesa a favor de los blancos. Fue así
que consiguió que uno de los caudillos
negros Toussaint Louverture se pasara al lado
francés con 4000 hombres. Quienes no se
acogieron al decreto francés quedaron al
servicio de los españoles en tanto los
mulatos se dividieron pasando algunos al lado
francés y otros pasando con los grands
blancs aliados a los ingleses.
El esfuerzo militar francés se vió
favorecido por el apoyo de generales negros y
mulatos, en tanto los españoles fueron
obligados a retroceder a su propio territorio.
Los ingleses luego de 5 años de guerra
y cuantiosas pérdidas, abandonaron la isla
en 1798, no sin antes firmar un tratado secreto
con Toussaint que les concedía ciertos
beneficios comerciales y ofreciéndole la
independencia bajo el amparo de Inglaterra, cosa
que Toussaint no aceptó.
Los mulatos no se sometieron al mando de Toussaint
y querían establecer un gobierno propio
rebelándose en 1799, pero gracias a la
superioridad numérica de los negros y la
dirección de Toussaint fueron derrotados
en 1800.
Toussaint era gobernador general y comandante
de Saint-Domingue y estableció unas leyes
para regular la producción agrícola.
Los esclavos de 1789 debían trabajar en
las plantaciones como ¿asalariados? (hay
un NO manuscrito en la fotocopia). 1/4 de la producción
iría a parar a manos de los aparceros,
½ al tesoro, y el resto quedaría
en manos de los propietarios (la fotocopia dice,
en manuscrito, "grueso error conceptual",
eran administradores). Cuando los "propietarios"
vieron que tendrían que compartir la producción
con sus antiguos esclavos lanzaron una campaña
de propaganda contra Toussaint, que llegó
a Francia a oídos de Bonaparte quien se
propuso devolver a Saint-Domingue su antiguo status,
apoyando a la burguesía que lo había
ayudado a acceder al poder, y a fin de recuperar
el ingreso que antes le brindaba la colonia.
Napoleón planeaba enviar una fuerza a Santo
Domingo (parte oriental de la isla) para desde
allí desalojar a Toussaint del poder. Pero
este se le adelantó e invadió la
parte oriental de la isla procediendo a unificarla.
Napoleón no aceptó el nuevo orden
y envió una gran fuerza invasora que atacó
por varios frentes, para reimponer el control
de la metrópoli. Toussaint fue traicionado
y cayó en manos francesas, pero negros
y mulatos se unieron bajo el mando de Jean Jacques
Dessalines, lugarteniente de Toussaint, para emprender
la última etapa de la carrera por la independencia.
Los franceses no pudieron alcanzar la victoria
pues los negros y mulatos contaron con la fiebre
amarilla como aliado y en enero de 1804 Dessalines
y otros generales proclamaron la independencia
de Haití (nombre amerindio de La Española).
Los propietarios de esclavos de USA, Brasil y
el Caribe se sintieron menos seguros, pues Haití
era el primer estado independiente de América
Latina y la primera república negra del
mundo.
El gobernador de Santo Domingo había soportado
desde 1795 una larga serie de calamidades para
mantener funcionando una colonia que ya no pertenecía
a España pero que Francia se negaba a ocupar
hasta reunir fuerzas suficientes, luego de la
cesión mediante el tratado de Basilea.
Durante la ocupación de las tropas de Toussaint
del territorio dominicano (1801-1802) la emigración
de familias españolas se aceleró,
pues estaban atemorizadas de los horrores de la
revolución. Toussaint pretendió
transformar un territorio dedicado a la cría
de ganado, sin más agricultura que la de
subsistencia, en una colonia agrícola con
cultivos para exportación según
el modelo de Saint-Domingue, pero la invasión
francesa de 1802 frustró sus planes. Los
propietarios del sector español pensaron
que era preferible apoyar a los franceses que
ser gobernados por los negros de Saint-Domingue.
Pero pagaron cara esta ayuda pues al finalizar
la guerra y declarada la independencia de Haití
en 1804, Dessalines se preparó para castigar
a los enemigos de la revolución en la parte
española y expulsar a los franceses concentrados
en Santo Domingo.
Un decreto del comandante francés en Santo
Domingo autorizando a los que quisieran cruzar
la frontera para cazar esclavos fue el detonante
de la invasión haitiana. La ciudad se salvó
de caer gracias a la aparición de una escuadra
francesa que venía hostigando a los británicos
en la antillas.
Los haitianos se retiraron dejando una devastación
a su paso que estimuló una migración
masiva de dominicanos, que llegaron a la conclusión
que su debilidad militar los haría caer
en manos haitianas tarde o temprano.
Los franceses hicieron grandes esfuerzos para
reconstruir la economía dominicana a pesar
de los sentimientos prohispánicos de la
población. Pero la armonía se rompió
cuando el gobernador francés prohibió
la venta de ganado a los haitianos, pero sobre
todo cuando Napoleón invadió España.
Los dominicanos exiliados en Puerto Rico con el
terrateniente Juan Sánchez Ramírez
a la cabeza, obtuvieron en 1808 el apoyo del gobernador
para expulsar a los franceses de Santo Domingo.
Sánchez Ramírez regresó a
Santo Domingo y en la batalla de Palo Hincado
derrotó a los franceses pero no pudo tomar
la ciudad de Santo Domingo a la que sitió
8 meses. Entre tanto los ingleses de Jamaica bloquearon
el puerto.
Cuando los franceses se rindieron a las fuerzas
navales de los ingleses en 1809, los dominicanos
recibieron el golpe de ver que la capital del
país se entregaba a los ingleses y no a
ellos. Los ingleses evacuaron la ciudad tras una
difícil negociación en que los dominicanos
debieron comprometerse a permitir el acceso de
los barcos británicos a la colonia con
igual trato que las manufacturas españolas.
Irónicamente, los dominicanos restauraron
el dominio español cuando toda la América
española se preparaba para rechazar el
colonialismo español.
En Haití la independencia no alteró
la política económica de Toussaint,
conservando intactas las plantaciones con los
trabajadores adscritos a la tierra. Dessalines
confiscó plantaciones de blancos y les
prohibió tener propiedades. Pero a los
que habían sido esclavos les prohibió
abandonar las plantaciones sin permiso del gobierno,
lo que significaba que los esclavos, caídos
en el régimen servil, continuarían
así indefinidamente.
Dessalines se hizo impopular entre los negros
a quienes trataba de alejar de sus antiguas lealtades
tribales del África para poder formar un
estado nacional. Tampoco era popular entre los
mulatos por su política de confiscar tierras,
que a su muerte (asesinado en 1806), estaban 2/3
en manos del estado.
Las pugnas entre negros y mulatos dividieron a
Haití en dos unidades antagónicas
e independientes a la muerte de Dessalines. El
norte negro al mando del general Cristophe, sucesor
de Dessalines, que intentó conservar las
plantaciones y la fuerza de trabajo permitiendo
que sus generales y oficiales arrendaran las tierras
entregando ¼ al estado, ¼ a los
trabajadores y el resto para ellos. En 1811 reorganizó
el estado transformandolo en una monarquía
a imitación de las europeas.
En tanto en el oeste y en el sur los generales
affranchis habían establecido una república
que tenía como presidente al mulato Alexander
Pétion quien distribuyó tierras
a oficiales y hombres del ejército (mulatos
y negros) ganándose su lealtad. También
restituyó a los antiguos propietarios mulatos
las tierras que Dessalines les había confiscado,
volviendo así la mayor parte de la tierra
a manos privadas.
El resultado fue que la mayoría de los
propietarios de predios pequeños abandonaron
la agricultura de exportación, pasando
a la de subsistencia, decayendo la exportación
y como todos tenían tierra nadie quería
trabajar para los terratenientes. La caña
de azúcar fue la principal perjudicada
y sólo el café logró evitar
la ruina total de la república.
En 1818 Pétion fue sucedido por el general
Boyer en tanto en 1820 el rey del norte, Christophe
sufrió una apoplejía, que dio lugar
a una conspiración de sus hombres cansados
de su absolutismo. Inválido y traicionado
se suicidó. Los rebeldes norteños
llamaron entonces a Boyer quien reunificó
Haití y aprovechó el tesoro acumulado
por Christophe, distribuyendo las tierras y plantaciones
disponibles entre las masas negras, al igual que
había hecho Pétion en el sur.
En tanto Boyer ponía también sus
ojos en la parte oriental de la isla donde ya
había quien estaba pensando en la emancipación
política tal como ocurría en las
demás colonias españolas.
Sin embargo la sociedad dominicana de principios
del XIX era muy diferente de la de Haití.
Los mulatos libres-que se consideraban más
cerca de los españoles que de los esclavos
de quienes descendían- y los blancos pobres
constituían el grueso de una pequeña
población a quienes el sistema de propiedad
anterior había permitido un proceso de
nivelación social que había relegado
el problema racial a una cuestión insignificante.
Como en otras partes del Caribe los mulatos dominicanos
no querían ser considerados negros, por
lo que no apoyaron ninguna rebelión de
esclavos.
La lealtad dominicana hacia Fernando VII comenzó
a disminuir tras su restauración en 1814
pues la ayuda que esperaban recibir de España
no llegaba ni a la 3ra parte de los gastos de
la antigua colonia. Boyer sabía todo eso
y sabía que había grupos que estaban
a favor de la unión con Haití, pues
veían a este país presidido por
un mulato que prometía eliminar los impuestos
al comercio de ganado y como el descontento contra
España era casi general, entonces el terreno
estaba fértil para la unión.
En 1820 llegaron a Santo Domingo las noticias
de que habia agentes de Boyer recorriendo las
fronteras prometiendo grados militares, tierras
y empleo a los líderes que secundaran sus
planes. Al mismo tiempo se estaba gestando un
movimiento independentista entre la burocracia
y los militares de Santo Domingo donde ahora los
criollos blancos, entusiasmados con los éxitos
de Bolívar, y liderados por Núñez
de Cáceres (funcionario político
de la corona) buscaban la proclamación
de la independencia y unión de Santo Domingo
como estado confederado de la Gran Colombia que
Bolívar trataba de forjar. Así en
1821 sorprendieron al gobernador español
y establecieron el "estado independiente
del Haití español". Esto coincidió
con la llegada a Santo Domingo de enviados de
Boyer que venían a comunicar a las autoridades
españolas la decisión de Haití
de apoyar a los independentistas fronterizos.
Preocupado por este movimiento y sus consecuencias,
Boyer le envió una nota a Cáceres
informádole que era imposible mantener
dos gobiernos en la isla y que además estaba
avanzando con un ejército de 12000 hombres.
Cáceres no tenía más opción
que aceptar.
Así terminó la dominación
española de Santo Domingo iniciándose
la ocupación haitiana de la parte oriental
de la isla, que duró 22 años.
Boyer declaró abolida la esclavitud en
esta parte de la isla y ofreció tierras
a todos los hombres libres para que se ganaran
la vida. Sin embargo trabas legales surgidas por
el derecho de propiedad hicieron que esta entrega
se demorara casi dos años.
Como muchos de los grandes propietarios se encontraban
endeudados a causa de la decadencia económica,
Boyer quiso halagarlos rebajando las deudas contraídas
cuando hipotecaron sus propiedades a la iglesia
a quienes les había confiscado sus propiedades.
En compensación a los religiosos les otorgó
un sueldo anual de 240 pesos y al arzobispo el
estado lo mantendría con unos $3000 anuales
de sueldo, pese a lo cual este se negó
a aceptar el sueldo asignado.
Para sorpresa de Boyer no sólo el obispo
se negó a colaborar sino también
los campesinos, quienes no entendían porque
debían cultivar cacao, caña de azúcar
y algodón, en lugar de continuar con las
actividades desarrolladas por décadas como
el corte de caoba, el tabaco y el ganado, que
eran exportables.
En 1826 y ante la penuria del estado haitiano
Boyer presentó ante el senado un conjunto
de leyes destinadas a reorganizar la economía.
Estas se basaban en que el trabajo de los campesinos
en las plantaciones era obligatorio y el ejército
era el encargado de custodiar su cumplimiento.
Pero esto no resultó pues los campesinos
estaban interesados sólo en la economía
de subsistencia, con intereses opuestos a los
de los grandes propietarios, y como los soldados
eran pequeños propietarios de origen rural
no se sentían inclinados a aplicar la ley.
Además el gobierno haitiano había
firmado un acuerdo con Francia para indemnizarla
por la pérdida de su colonia, por el cual
la disciplina militar se relajó a causa
de quitarse el peso de la invasión francesa
de encima. Los soldados empezaron a preocuparse
más por su familia que por la defensa del
territorio.
Lo irónico de todo esto es que estas leyes
habían sido concebidas para aumentar el
saldo exportable y poder así pagar los
150.000.000 de francos de la indemnización
a Francia por su reconocimiento de la independencia
haitiana. Boyer se vió obligado así
a aplicar impuestos extraordinarios.
Los habitantes del sector oriental no estaban
dispuestos a pagar una deuda que consideraban
no les pertenecía y los haitianos también
se rebelaron al pago porque creían que
la libertad la habían obtenido por las
armas en la revolución. Boyer tuvo que
emitir moneda, iniciándose un proceso de
devaluación que lo obligó a tomar
préstamos a costos altísimos que
llevaron al tesoro a la bancarrota.
El descontento fue en aumento y fue liderado por
la oposición en el parlamento. En tanto
en la parte oriental iba creciendo el sentimiento
anti haitiano por las medidas tomadas para "haitianizar
a la población": servicio militar
obligatorio, prohibición de la lengua española
en los documentos oficiales, limitaciones para
celebrar las fiestas religiosas tradicionales,
enseñanza escolar en lengua francesa. Pero
sobre todo era la legislación haitiana
sobre la tenencia de la tierra y la organización
agraria lo que mantenía encendida a la
oposición en la parte oriental de la isla.
A Boyer se le hizo imposible incorporar a la nación
otras propiedades que no fueran las que habían
pertenecido a la Iglesia o habían sido
confiscadas a los dominicanos ausentes. Pese a
sus insistentes demandas en 1834 no había
conseguido que los grandes propietarios entregaran
sus títulos. Su objetivo era abolir la
organización territorial dominicana.
En 1838 un grupo de comerciantes de Santo Domingo,
liderados por Juan Pablo Duarte, organizó
una sociedad secreta (La Trinitaria) con el objetivo
de volver a separar la parte oriental de la isla.
En tanto en el oeste, los opositores haitianos
también se organizaron en una sociedad
llamada de los derechos del Hombre y el Ciudadano
con el propósito de derrocar a Boyer.
Cuando en 1842 un terremoto destruyó Cap-Haitien
y Santiago, las 2 ciudades más importantes
del norte, se acentuó la oposición
a Boyer, acusado de insensibilidad frente a la
desgracia de sus ciudadanos.
La revuelta estalló en 1843 y se la llamó
Movimiento de la Reforma. Boyer ordenó
la movilización del ejército, pero
la población del sur se negó a cederles
provisiones y lo dejó sin posibilidades
de defender Puerto Príncipe, obligándolo
a huir al exilio.
Asumió el poder el general Charles Hérard.
La noticia llegó a Santo Domingo, donde
la atmósfera era de agitación y
conspiración, por lo que luego de algunos
incidentes los partidarios de Boyer entregaron
la ciudad a la Junta Popular Revolucionaria. La
agitación política a favor de la
independencia de Santo Domingo creció rápidamente
y el presidente Hérard debió actuar
rápido para frustrar algunos movimientos
en esa dirección.
En 1844 un grupo que quería terminar con
el dominio haitiano, con el apoyo de Francia,
publicó un manifiesto a favor de la separación
y días después otro grupo (los trinitarios)
dio otro manifiesto a favor de la separación
enumerando los agravios cometidos por los haitianos
contra los dominicanos durante 22 años.
Estos manifiestos no hacían más
que exaltar las diferencias de lengua, raza, religión
y costumbres existentes entre ambos sectores de
la isla.
Hérard no podía tolerar la división
de la isla que reduciría los recursos necesarios
para pagar la indemnización a Francia,
por lo que invadió el sector oriental desde
el norte hasta Santiago, pero fue obligado a retirarse
tras sufrir graves pérdidas. Esto sumado
a la extendida agitación de Puerto Príncipe
por los seguidores de Boyer, culminó con
el derrocamiento de Hérard y su sustitución
por el general negro Philippe Guerrier quien detentó
el poder sólo un año a causa de
su muerte y fue reemplazado por el general Jean
Louis Pierrot.
Éste estaba decidido a escarmentar a los
dominicanos, pero su ofensiva de 1845 fue detenida
en la frontera. Cuando un año más
tarde intentó repetir la acometida, su
ejército no recibió con agrado la
noticia y se amotinó destituyéndolo
como presidente. Su sucesor el general Jean-Baptiste
Riché no estaba interesado en preparar
otra invasión, sumándose a esto
un levantamiento por la caída de Pierrot
que llevó a Haití a una nueva guerrra
civil.
Desde el derrocamiento de Boyer la fuerza del
movimiento campesino estaba al sur de Haití.
Allí tres dirigentes campesinos negros
denunciaban la hegemonía mulata en la política
haitiana y pidieron la nacionalización
y distribución de la tierra de los ricos.
Su ejército armado con lanzas machetes
y piquetas era conocido como los piquets. Este
grupo atemorizaba a los políticos mulatos
de Puerto Príncipe quienes habían
nominado a 3 generales negros (Guerrier, Pierrrot
y Riché) para conformar a las masas, a
pesar que estos generales eran títeres
del poder mulato. Durante algún tiempo
y gracias a algunas concesiones hechas a los negros,
los piquets se mantuvieron tranquilos, pero cuando
Riché fue elegido presidente, Haití
cayó en la guerra civil antes mencionada.
A pesar del triunfo de 1845 los dominicanos temían
una nueva invasión y creían que
necesitarían la protección de una
potencia extranjera, que reconociera la independencia
de República Dominicana, por lo que enviaron
una misión diplomática ante los
gobiernos de España, Francia e Inglaterra
en 1846 pero no tuvieron los resultados esperados
(los españoles aún creían
que harían valer sus derechos sobre este
territorio).
Riché murió en 1846 y fue reemplazado
por el general Faustin Soulouque, políticamente
inexperto y analfabeto, fue considerado un instrumento
ideal por los políticos haitianos que creyeron,
equivocadamente, que podrían gobernar por
su intermedio.
Cuando en 1848 Francia reconoció a la república
Dominicana como estado libre e independiente los
haitianos protestaron inmediatamente pues esto
reducía la posibilidad de recuperar el
sector oriental. Soulouque decidió entonces
invadir Dominicana antes que el gobierno francés
ratificara el tratado pero fue derrotado en la
batalla decisiva.
Los dominicanos buscaron la ayuda de España,
Francia, Inglaterra y los Estados Unidos para
que los defendieran de los haitianos. Francia
y USA deseaban hacerse con la bahía y la
península de Samaná antes que el
otro lo hiciera. Los ingleses no querían
que ninguno de estos lo lograra pues perderían
las ventajas comerciales de que gozaban y por
ello trataron de convencer a Soulouque que firmara
una tregua de 10 años con los dominicanos
y aunque este la firmó por sólo
2 meses la presión diplomática impidió
que invadiera Dominicana logrando una paz relativa
por 5 años (1851-1855).
Esta paz se vió turbada cuando Dominicana
inició negociaciones con USA para un tratado
de amistad, comercio y navegación, pues
Haití no veía con buenos ojos que
un país esclavista como USA extendiera
su influencia militar en la isla haciendo peligrar
su independencia. Fue entonces que Soulouque,
que se había proclamado emperador de Haití
con el nombre de Faustino I, invadió por
segunda vez a República Dominicana y tras
una serie de encarnizadas batallas fue rechazado.
Faustino atribuyó la derrota a sus generales
y los juzgó y sentenció a muerte.
Tras este intento fallido por la vía militar,
Faustino intentó llegar a un acuerdo diplomático
y le propuso a los dominicanos formar una confederación
con Haití, al menos para evitar la anexión
de USA. Esto fue rechazado por los dominicanos
que consideraron la propuesta como una ofensa.
Faustino I quería volver a movilizar sus
tropas, pero sus generales, conscientes de su
tiranía, lo derrocaron bajo el mando de
Fabre Geffrard en 1860, quien en su primera acción
de gobierno comunicó a los dominicanos
que su gobierno no pensaba en ninguna invasión.
Los dominicanos no lo creyeron y el presidente
Santana envió una misión diplomática
a España para pedir a Isabel II ayuda y
armas para fortificar los puertos costeros codiciados
por los norteamericanos, a cambio de un acuerdo
que establecería un protectorado español
sobre Santo Domingo que los ayudaría a
conservar su independencia de Haití. Así
en 1861 las autoridades dominicanas comunicaron
que el país se había unido nuevamente
a España.
Los españoles descubrieron pronto que el
país que habían venido a gobernar
no era tan hispánico como esperaban. Diferencias
raciales y, costumbres distintas, hicieron que
rápidamente se implantara la segregación
racial, el no reconocimiento del grado militar
de los oficiales del viejo ejército, maltrato
a los campesinos, persecución de las logias
masónicas por parte del arzobispo español
quien además insistió en la obligatoriedad
de casarse por Iglesia, creación de un
monopolio que favorecía los intereses comerciales
españoles, imposición a los comerciantes
de tasas de importación que favorecían
a barcos y productos españoles, etc.
Esto creó un clima de descontento general
que estalló en 1863 con el apoyo del gobierno
haitiano, que cuando comenzó el descontento
había comenzado a surtir de armas y víveres
a los rebeldes dominicanos. Estalló una
guerra que duró dos años que le
costó 10.000 bajas a los españoles,
pues lo que había comenzado como una rebelión
de campesinos terminó como una guerra de
razas y de guerrilla popular.
La presencia española en la isla fue un
poderoso motivo para que el presidente Geffrard
viera amenazada la seguridad e independencia de
Haití y diera su apoyo a los rebeldes dominicanos.
La guerra de restauración de la independencia
dominicana culminó en 1865, pero el país
quedó fragmentado y dominado por docenas
de caudillos militares que empezaron a luchar
entre sí, tanto que entre 1865 y 1879 hubo
21 gobiernos distintos y no menos de 50 golpes
y levantamientos militares.
En tanto Haití, a la caída de Geffrard
en 1867, vivió dos años de guerra
civil en una lucha sin fin entre negros y mulatos
cuya separación se hizo cada vez mayor.
La deuda con Francia se convirtió en una
carga insostenible para el estado haitiano. La
propiedad de los campesinos se fragmentó
más y los minifundistas se encerraron cada
vez más en si mismos. La hegemonía
mulata se mantuvo a pesar de los movimientos noiristes
que conmovieron a la sociedad durante la segunda
mitad del XIX. Pero al menos los dirigentes haitianos
reconocieron finalmente la imposibilidad de unir
la isla bajo un solo gobierno.
Nota del ¿resumidor?:
Para quienes creíamos que borombonbon,
borombonbon negros y mulatos un solo corazón
esta
historia es un duro golpe de realidad. Perdón
por la cantidad de nombres y fechas pero creo
que hubiera sido imposible seguir la trama de
esta novela centroamericana que tanto se parece
a todas las que hemos estudiado hasta aquí,
sólo que aquí actúan los
negros y hacen de buenos y malos al mismo tiempo.
Ah!! Los franchutes mucha liberté e igualité
pero allá, en París y para los burgueses.
Si quieren la independencia póganse con
150 palos muchachos
.
Consejo: denle una mirada a los mapas que aparecen
en el texto para entender un poco mejor.
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