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Coaliciones nacionalistas y antiestatales
en la guerra del Pacífico: Junín
y Cajamarca , 1879-1902. Florencia E Mallon. (Cajamarca
no entra al parcial)
By Ricardo Gaussmann
En 1882 y 1883, mientras el Perú se hallaba
ocupado por el ejército chileno, los campesinos
de la sierra central se levantaron contra el invasor
extranjero en defensa de sus hogares y sus tierras.
Organizados en bandas guerrilleras basadas en
las aldeas, se enfrentaron a 2 grandes expediciones
chilenas, con poco más que hondas y piedras.
Fueron los campesinos de la región quienes
persistieron en una guerra de desgaste, constituyéndose
en la base de la campaña de La Breña,
iniciada por Andrés A. Cáceres.
Al terminar la guerra, una conjunción de
colaboración terrateniente y autonomía
campesina, desataron un conflicto de clase que
duraría cerca de 20 años. Los terratenientes
peruanos habían sido incapaces de unirse
a los campesinos en aras de la defensa nacional,
reaccionando frente a ellos como enemigos de clase
y prefiriendo aliarse con los invasores chilenos.
A estos movimientos campesinos sería injusto
llamarlos nacionales o nacionalistas, pero en
la medida que combatieron contra un invasor foráneo,
convocando a una alianza de clases para unirse
en la defensa del interés común
que llamaron peruano, puede decirse que fue nacionalista.
Las aproximaciones a la definición del
nacionalismo comparten dos problemas generales
que dificultan su utilización para analizar
el tipo de movimiento descrito. Por un lado basan
la teoría en la economía o la cultura,
es decir atribuyen el desarrollo del nacionalismo
a la burguesía o al desarrollo de la identidad
nacional y las revoluciones políticas del
XVIII-XIX, presentando una visión unilineal
que no asigna ningún rol a las clases no
burguesas, a la política pre-ilustración
o a las regiones no occidentales del mundo. Por
otro sea que el nacionalismo se considere enraizado
cultural, territorial, económica o políticamente,
las teorías tienden a verlo "ya maduro",
sin hacer un análisis de su evolución
como una forma de conciencia a partir de experiencias
y conflictos humanos concretos.
Un ensayo relativamente desconocido escrito en
1905 por el socialista ruso Ber Borojov, explora
algunas posibles explicaciones de la relativa
autonomía de la cuestión nacional
con respecto a las cuestiones de clase. Dice que,
las sociedades o formaciones sociales se desarrollan
en relación a una base material específica:
un conjunto de condiciones dadas por su localización
física, el carácter específico
de la población humana y animal, y su relación
histórica con la naturaleza. A esto lo
denomina condiciones sociales de producción,
distintas de las fuerzas productivas o las relaciones
de producción. Son estas condiciones de
producción, en sus formas materiales y
culturales, las que constituyen la base para el
desarrollo de la nacionalidad y el nacionalismo.
Borojov dice que un pueblo, categoría
anterior desde el punto de vista histórico,
es una sociedad que se desenvuelve en las mismas
condiciones de producción, pero sin desarrollar
una conciencia de si misma como tal. Una nación,
en cambio, es un pueblo que ya se ha unido de
modo consciente en torno a un propósito
común y con un sentido común del
pasado histórico. Para que un pueblo devenga
en nación debe estar involucrado en alguna
clase de conflicto nacional que lo ubique en contradicción
con otro pueblo.
¿Cuándo surge la condición
nacional? Cuando hay una contradicción
entre el desarrollo de las fuerzas productivas
y el estado de las condiciones de producción;
cuando por ejemplo una sociedad con condiciones
de producción menos favorables desea apropiarse
de las mejores condiciones de sus vecinos, o cuando
en su proceso de crecimiento y desarrollo una
sociedad necesita más espacio y acceso
a recursos. Esto sólo puede suceder cuando
las sociedades han desarrollado sus fuerzas productivas.
Borojov explora también los tipos de nacionalismo
desarrollados por distintas clases sociales. La
oligarquía terrateniente, por ej., asociará
la defensa de sus condiciones de producción
con la posesión de la tierra; los trabajadores
con la defensa de su lugar de trabajo. Es decir
que cada clase social puede desarrollar una forma
distinta de nacionalismo y por deducción
estas pueden entrar en conflicto entre sí.
Si se aplican estos criterios generales sobre
nacionalismo al caso peruano durante la guerra
del Pacífico (1879-1884), es posible comprender
mejor los movimientos de resistencia que surgieron
a partir de la ocupación chilena. La guerra
fue un momento en que emergió la condición
nacional por conflicto entre dos sociedades por
condiciones de producción, inicialmente
las provincias sureñas del Perú
ricas en salitre.
En la medida en que los habitantes de las distintas
regiones confrontaron directamente la presencia
de un invasor, la ocupación se convirtió
en una cuestión nacional. De este modo
surgió la posibilidad de transformar un
pueblo en una Nación. La autora trata a
partir del estudio de caso en la sierra central
poner sobre el tapete estas cuestiones teóricas
en un contexto concreto y empírico. Para
ello parte de dos hipótesis:
1. A pesar de su existencia como país
independiente, al estallar la guerra del pacífico,
Perú no era una nación unificada
donde la mayoría de su población
no había desarrollado una conciencia nacionalista
y el estado había sido incapaz de extender
efectivamente su autoridad a la totalidad del
territorio.
2. En la década anterior a la guerra la
élite costeña que usufructuó
el boom guanero había realizado un primer
intento de unificación nacional tomando
el control del aparato estatal en Lima e iniciado
negociaciones con las oligarquías regionales,
que querían el control de las condiciones
locales de producción, sobre las condiciones
bajo las cuales las diferentes regiones económicas
podrían ser integradas a la estructura
estatal en desarrollo. Pero estas condiciones
variaban de región a región dependiendo
de las condiciones naturales y de las relaciones
sociales, políticas y culturales previas.
Por lo tanto la ocupación chilena planteó
una cuestión nacional en el contexto de
un proceso interrumpido de unificación
nacional. Y si bien la invasión chilena
planteó la cuestión nacional para
todos aquellos cuyas condiciones de producción
resultaron afectadas, el grado limitado de integración
nacional existente en el Perú significó
que las implicaciones de tal situación
fueran procesadas regionalmente, a nivel local,
a partir de las condiciones más relevantes
para la vida de las gentes.
La Sierra central 1879-1902. Cuando Andrés
Cáceres viajó por primera vez a
la sierra central luego de la ocupación
de Lima en 1881, estableció su campamento
en una región donde las comunidades campesinas
habían logrado mantener un control consistente
sobre recursos estratégicos, desarrollando
y defendiendo una forma viable y autónoma
de economía doméstica, y de cultura
comunal y política local. Este estilo probó
ser lo bastante exitoso como para que hacia 1870
existieran sólo 40 haciendas en la zona,
relegadas a las tierras menos fértiles
de la puna y con menos de un cuarto de la población
regional.
Esta economía campesina se convirtió
en foco de tensión en los años posteriores
a la independencia cuando un nuevo grupo empresarial
intentó tomar el control de la sierra central
y modernizar la producción. Los campesinos
resistieron los intentos de hacerlos trabajar
en las minas o haciendas, por lo que se vio afectada
la disponibilidad de mano de obra, que se convirtió
en el problema de clases dominante de la sierra
central.
Cuando los intentos de formación del estado
comenzaron a rendir sus primeros frutos, cada
clase tenía una idea distinta del rol local
que el estado debía jugar. La clase dominante
pensaba que debía garantizar su control
sobre la fuerza de trabajo, en tanto los campesinos
creían que el estado debía permitirles
una mayor independencia frente a los centros regionales
de poder minero, mercantil y terrateniente.
Es en este contexto que la legislación
sobre gobiernos locales de 1860 adquiere mayor
relevancia. Los distritos o municipalidades fueron
investidos de autoridad para hacer cumplir las
leyes, recolectar impuestos y reclutar mano de
obra para propósitos municipales. Las disputas
giraron en torno a los límites distritales
y en tanto la élite apoyó el mantenimiento
de los límites previos, las clases campesinas
estaban interesadas en dividir las unidades distritales
para esquivar las estructuras de poder regional,
descentralizando el control de las rentas y la
mano de obra.
La historia de conflicto regional entre clases
en el período anterior a la guerra podía
dificultar la creación de un frente nacional
pluriclasista, pero en abril de 1881 cuando comenzó
la movilización para la confrontación
con las fuerzas de ocupación estas contradicciones
no estaban en la mente de nadie. Cáceres
y sus partidarios exhortaban a los habitantes
a contribuir con recursos y formar bandas guerrilleras
tratando de armar un frente nacionalista y pluriclasista.
El campesinado formaría las montoneras,
como fuerzas irregulares de apoyo táctico
y se esperaba que la élite colaborara con
apoyo material, oficiales de alto nivel y funcionarios.
En 1881 Cáceres gozó de amplio apoyo
de diversos sectores de las ciudades de la sierra
central, pero en 1882, con la llegada del coronel
chileno Estanislao del Canto, al mando del ejército
de ocupación, la situación comenzó
a cambiar. Los campesinos empezaron a sentir lo
que significaba la ocupación de un ejército
hostil, por lo que las autoridades de comunidades
campesinas comenzaron a convocar a la población
para formar las bandas guerrilleras que debían
enfrentar a los chilenos en forma autónoma
pues Cáceres había sido forzado
a retirarse al sur con el avance de canto.
Cuando Cáceres pudo reiniciar el combate
en la zona la composición de la alianza
nacionalista había cambiado notablemente
y los campesinos luchaban entusiasta y exitosamente.
En tanto los terratenientes y comerciantes que
habían sufrido exacciones y contribuciones
forzadas de los comandantes chilenos comenzaron
a preguntarse si continuar la resistencia podría
resultar no sólo inútil sino también
peligroso. Así con la esperanza de proteger
los bienes que les quedaban, algunos colaboraron
con el ejército invasor, retirándose
de la alianza cacerista e iniciando confrontaciones
cada vez más directas con los campesinos
nacionalistas.
Para los campesinos, cuando la ocupación
llegó a la sierra central, amenazó
directamente su base de subsistencia, sus condiciones
de producción y se hizo evidente que la
única forma de defender su terruño
era en alianza con todos aquellos que compartían
su preocupación para defender las condiciones
de producción de la invasión foránea.
Así se forjó la alianza cacerista.
En tanto los sectores de la élite, a medida
que avanzaba la ocupación, empezaron a
discernir sobre una vía alternativa de
defensa de sus condiciones de producción:
la colaboración con los invasores, pues
además en el contexto de movilización
de los campesinos podría ser que el mayor
enemigo a la larga, de quien tendrían que
defender sus propiedades, no fuera el ejército
chileno sino los campesinos peruanos. La vía
más rápida para lograr este objetivo
era colaborando con las fuerzas chilenas a fin
de lograr un tratado de paz, con concesiones territoriales.
Así en agosto de 1882 la brecha entre
clases se ensanchaba y más todavía
cuando el terrateniente norteño y ex piorelista
Miguel Iglesias lanzó el Grito de Morán,
en el cual aceptaba buscar la paz incluso con
la fragmentación del territorio peruano.
Cáceres se vio forzado a elegir entre la
paz bajo condiciones inaceptables o apoyarse en
un campesinado crecientemente radicalizado. Al
aliarse con estos dio a las guerrillas del sur
del valle la legitimidad para enfrascarse en una
guerra de clases bajo el manto de una guerra nacional.
A lo largo de 1883, las batallas de la sierra
central enfrentaron al ejército chileno,
conducido por guías peruanos colaboracionistas
contra las guerrillas peruanas. En tanto los campesinos
apoyaran a los caceristas se les dejó el
control del campo del modo en que ellos consideraran
apropiado, y así cerca de Comas a mediados
de 1884 la montonera controlaba las principales
haciendas del área. Hacia mediados de 1884
existía ya en el sur del valle una guerra
de la ciudad contra el campo, simbolizada por
la clase alta colaboracionista, interesada en
la paz lo antes posible y forzada a encontrar
refugio en el ejército chileno.
A esta altura Cáceres tomó una
decisión que cambiaría el carácter
del conflicto local, aceptando el tratado de ancón
y admitiendo que las condiciones de paz con Chile
no podían ser mejoradas. Transformó
así una guerra nacional contra un invasor
extranjero en una guerra civil por el control
del palacio presidencial, para lo que necesitaba
el control de todas las montoneras en su lucha
con el ejército iglesista. No podía
admitir más la autonomía campesina
y decidió hacer las paces con los hacendados
movilizándose contra sus antiguos aliados
campesinos.
Entre octubre de 1884 cuando inició la
guerra civil contra Iglesias y 1888 cuando ya
era presidente, la estrategia de Cáceres
para controlar la movilización campesina
en la sierra central tuvo 3 puntales:
1. En el norte, con la incorporación de
las aldeas locales a la estructura del estado,
beneficiando a los campesinos más ricos
que habían mediado entre los caceristas
y el campesinado local.
2. En el sur utilizó una juiciosa combinación
de represión selectiva, removilización
y negociación, dependiendo de la reacción
de las guerrillas locales. Así por ejemplo
ejecutó a 3 dirigentes claves de la montonera
autónoma de Chongos.
3. El único caso donde la represión
cacerista no resultó exitosa fue en la
zona de Comas, cuyas aldeas fueron la vanguardia
de la resistencia a los chilenos por lo que no
resulta sorprendente que estas comunidades hubieran
desarrollado las montoneras mas activas e independientes.
Cuando Cáceres empezó a negarles
su legitimidad como soldados patriotas, los comasinos
y sus vecinos, consolidaron su control sobre la
región y desarrollaron una visión
o proyecto de cómo debía estar organizada
la sociedad. A principios de 1888 esta visión
llegó a estar bastante cerca de construir
un proyecto nacional alternativo, proponiendo
a la comunidad vecina de Uchubamba formar una
confederación campesina independiente,
que ocuparía tres haciendas y 5 comunidades.
El papel de "su Estado federal" daba
independencia económica y política
a cada uno de sus integrantes, facilitando la
defensa común, la administración
de justicia, y el desarrollo de la educación
y el comercio.
Lo que enfatizaban los comasinos era la necesidad
e importancia de recibir ayudar de consejeros
foráneos -en el sentido de personas competentes-
en la elaboración del proyecto, y que incluían
a un juez y un cura, es decir necesitaban la perspectiva
política e intelectual de otras clases.
Esto significaba que estaban dispuestos a formar
coaliciones con otros grupos a favor de la reforma,
siempre y cuando la democracia y la prosperidad
local estuvieran enfatizadas. Pero dicha coalición
en un país con fuerte presencia terrateniente
probó ser imposible, y si bien duró
durante el gobierno de Cáceres, bajo Nicolás
de Piérola se emprendería un nuevo
intento de "pacificación" y aún
así debieron enviarse dos expediciones
militares y una política de contrainsurgencia
conducida por el terrateniente Cevallos para derrotar
finalmente a la confederación de Comas
en 1902.
Conclusiones
Los eventos acaecidos antes y durante la guerra
en la sierra central, sentaron las condiciones
para el desarrollo de una conciencia nacionalista.
Sin embargo la intensidad del conflicto de clase
previo actuó contra la conservación
de una única visión. A eso contribuyó
la prolongada y destructiva ocupación de
las tropas chilenas. Para los terratenientes,
el resultado final fue un intento de defender
sus condiciones de producción tanto en
contra de los chilenos como de los campesinos
peruanos, buscando la paz a cualquier precio.
Para los campesinos el resultado fue el desarrollo
de un nacionalismo campesino independiente, el
cual fue más o menos hostil, dependiendo
de la zona, a la clase terrateniente.
Al terminar la guerra los terratenientes habían
perdido el control de la zona de Comas, donde
una confederación campesina, con un proyecto
nacional rudimentario sobrevivió hasta
el siglo XX. Al carecer de base para construir
un poder independiente la oligarquía participó
en el proceso de unificación nacional a
cambio de la represión estatal al campesinado
y la ayuda en el control de la fuerza de trabajo.
Muchos intelectuales peruanos se planteaban a
fines del XIX, cuando Perú no era una nación
unificada ¿en quienes debería basarse
esa unidad? Para muchos, de un modo más
o menos romántico, la unidad debería
basarse en las masas indígenas que conformaban
la amplia mayoría del país. Sin
embargo la forma de lograr este objetivo aparecía
siempre borrosa.
En este contexto la experiencia de Comas adquiere
mayor significado, pues en combinación
con la aspereza de la invasión chilena
y la capacidad de adaptación de sus propias
instituciones comunales, la tradición andina
proporcionó a los campesinos de Comas los
recursos para forjar su propia visión particular
de la nación y a pesar de que continuaban
existiendo en una economía precapitalista
los comasinos fueron de veras capaces de desarrollar
nacionalismo.
Este emergió de su relación de
las condiciones de producción, con una
base campesina, imaginando una sociedad en la
cual la autonomía local podría fomentar
la prosperidad, sin la opresión terrateniente
o las exacciones estatales y donde una confederación
mayor podría manejar el comercio, la infraestructura
y la defensa común. Ese nacionalismo reconocía
la necesidad de una alianza con otras clases y
de la ayuda de líderes políticos
con una visión y preparación más
amplias.
Pero el desarrollo de la conciencia nacionalista
entró en conflicto con el proceso de unificación
nacional apoyado por la oligarquía terrateniente
al finalizar la guerra. En las décadas
posteriores, cuando los intelectuales reconocieron
la conveniencia de construir una nación
basada en las necesidades de la mayoría
de la población, los comasinos ya no estaban
en condiciones de hacer algo al respecto.
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