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Holloway by Laura Roncati

Holloway, Thomas. Capítulo XII: "El colono del café de Sao Paulo, Brasil: Migración y movilidad. 1880-1930.

El autor se propone analizar la transición del esclavismo al trabajo libre, la expansión acelerada del cultivo de café y la inmigración europea en gran escala a Sao Paulo. El período ha estudiar será entre 1880 a 1930.
El período comprendido entre 1880 y 1920 marcó la "Época de Oro" del café en Sao Paulo occidental. Santos, el único puerto principal de Sao Paulo reemplazó a Río de Janeiro como el centro exportador de café más importante del mundo para 1894. La participación de Santos en el mercado mundial del café se elevó de menos del 25 % a fines de los años 1880 al 50% en los primeros años del siglo XX, y siguió abasteciendo más de la mitad del café del mundo hasta después de la primera guerra mundial.
Durante ese período, en Sao Paulo, se organizó el trabajo agrícola a través del "contrato de colono".

Inmigración y fuerza de trabajo rural

Los colonos del café fueron predominantemente inmigrantes europeos de primera generación. Con una población base en 1886 de unos 1250000 habitantes, aproximadamente 2750000 de inmigrantes ingresaron a Sao Paulo desde ese año hasta principios de los 1930. En su mayoría eran italianos, sobre todo del norte. También llegaron portugueses, españoles, alemanes, entre otros. Estos trabajadores eran en su mayoría campesinos o agricultores que se vieron obligados a emigrar por cambios políticos, problemas económicos y presiones demográficas en sus países de origen. Si bien algunos que comenzaron como vendedores ambulantes pudieron entrar a la elite comercial e industrial; como grupo, los inmigrantes traían escaso capital o pocas capacidades empresariales. La fuerza de trabajo industrial siguió siendo reducida en comparación con el número de trabajadores ocupados en la producción de café.
Atraídos por el café, los inmigrantes al llegar contaban sólo con la fuerza de sus manos y se fueron a trabajar en las plantaciones.
La característica sobresaliente del colono del café era el movimiento. El primer movimiento fue el desarraigo y la transferencia a América. Una vez que los inmigrantes llegaban a Sao Paulo, la movilidad adquiría diversas formas, no siempre implicaba un mejoramiento social o económico. Existía la migración de una plantación a otra de la zona cafetalera, hacia la frontera del café con las tierras vírgenes del oeste, a los centros urbanos regionales y a la capital del estado; y con el tiempo algunos inmigrantes volvían a sus tierras de origen. Tampoco hay que pensar que estaban en continuo movimiento, hubo casos de colonos que permanecieron gran parte de sus vidas productiva en una sola plantación.
Menciona datos sobre el número de inmigrantes llegados a Santos entre 1886 a 1935, lo que refuerza su idea de la movilidad, si la fuerza de trabajo que existía en las plantaciones hubiera sido relativamente estable, una gran proporción de los nuevos inmigrantes no hubiera tenido empleo. Los cultivadores se quejaban de la escasez de trabajadores, como consecuencia de eso había subsidios del gobierno para la inmigración.
Ahora analizará el sistema de organización laboral bajo el que trabajaban los inmigrantes en las plantaciones de Sao Paulo; el sistema que hizo posible que los cultivadores de café atrajeran y conservaran una fuerza de trabajo durante la transición del esclavismo al trabajo libre, así como la expansión acelerada de la industria del café.

Experimentación inicial con el trabajo libre

A partir de 1847 y durante los años 1859, varios cultivadores de Sao Paulo occidental intentaron sustituir sus esclavos con inmigrantes europeos libres bajo el sistema de aparcería.
La expansión continua del café en Sao Paulo occidental dependía de la disponibilidad de mano de obra, y para 1851 los gobiernos inglés y brasileño habían detenido de manera efectiva el comercio trasatlántico de esclavos. Los cultivadores dependían de las transferencias interregionales de esclavos para satisfacer sus crecientes necesidades de mano de obra. Por eso, algunos terratenientes van a experimentar con trabajo libre.
Los esclavos realizaban casi todo el trabajo de la plantación en la zona cafetalera. Los trabajadores que no eran esclavos constituían el grupo relativamente sin importancia de los agregados (arrendatarios a los que se permitía usufructuar tierras marginales de las propiedades a cambio de la prestación ocasional de servicios) quienes, en su relación con los terratenientes, parecían más criados informales que empleados asalariados. Tampoco eran significativos en las plantaciones, los camaradas, trabajadores independientes, contratados por un salario diario. Ante esta situación, la idea de pagar salarios a los trabajadores incluía cierto grado de incertidumbre a los cultivadores. Éstos tenían una idea aproximada de cuál sería el rendimiento total del café o de cuáles serían las condiciones del mercado dentro de un año. La aparcería obligó al terrateniente a renunciar a una parte de los ingreso potenciales que era de su propiedad exclusiva en el esclavismo, pero prevenía la remota pero temida posibilidad de que los salarios pudieran absorber una suma superior los ingresos de la cosecha.
En el sistema de aparcería inicial los cultivadores pagaban los costos del transporte de los inmigrantes desde Europa y les adelantaban fondos suficientes para ayudar a los recién llegados hasta que pudieran cosechar alimentos en sus propias parcelas de plantación. Cada familia debía recibir la mitad de las ganancias por la venta del café de los cafetos bajo su cuidado, así como la mitad de la producción de los alimentos de las parcelas que excedieran las necesidades de subsistencia, y un lugar para vivir. En condiciones ideales, tomaría varios años pagar la deuda con el terrateniente, haciendo del aparcero un auténtico equivalente a un sirviente obligado por contrato o de un esclavo que tuviera la intención de comprar su libertad. Esta fue una de las razones del fracaso de la aparcería. Recién a mediados de los años 1880, el gobierno provincial e imperial comenzó a subsidiar la inmigración de europeos a Sao Paulo.
En este sistema, precursor del sistema de colonos, los ingresos monetarios del trabajador dependían de la productividad de los cafetos bajo su cuidado y de los precios del café que prevalecieran en el mercado de Santos. En la aparcería el trabajador compartía cualquier pérdida por partes iguales con el terrateniente, Pero el aparcero rara vez sobrepasaba mucho el nivel de subsistencia y para él una helada o un mal giro del mercado del café significaba no sólo una pérdida de la inversión de capital, sino también la perdida de cualquier ingreso monetarios. Además de encontrarse a merced de la naturaleza y del mercado de café, el trabajador estaba expuesto al fraude después de que el cultivo pasaba a manos del terrateniente. Otra causa del fracaso de las aparcerías, fue la desconfianza de los trabajadores, recelosos de las actividades del terrateniente en operaciones como pesar, embarcar, vender, etc...con alguna parte de su producción.
En este período, el número de trabajadores libres siguió siendo reducido en comparación con la fuerza de trabajo esclavo. Para los cultivadores, la esclavitud seguía siendo más económica que el reclutamiento, el transporte y el pago de inmigrantes, además todavía había suficiente trabajo esclavo (hasta 1887). Los trabajadores libres recién tuvieron cierta importancia numérica en la industria del café en el período de transición de 1886 a 1888.
Los cultivadores paulistas, se dieron cuenta de que con el trabajo libre los incentivos positivos tenían que sustituir a la coerción como dinámica del sistema de trabajo.
Después de 1860 el sistema de aparcería se cambió de carias maneras, En vez de dividir porcentualmente el producto de la venta del cultivo, algunas plantaciones empezaron a pagar a cada trabajador una tarifa a destajo fija por cada unidad de volumen de café cosechado de los cafetos bajo su cuidado. Además, el terrateniente renunció a su derecho a la mitad de los cultivos alimentarios que el trabajador sembraba en tierras de la hacienda. La única ventaja aparente de este cambio de la aparcería al trabajo a destajo era la disminución del grado de incertidumbre bajo el que trabajaban los inmigrantes.
Con el contrato de aparcería, el terrateniente y el trabajador compartían todos los riesgos implícitos en la producción de café. Con el contrato a destajo, los riesgos se dividieron, correspondiéndole algunos al terrateniente y otros al trabajador. Los costos del trabajo por unidad de producción para el cultivador eran ahora más o menos fijos, independientemente de la abundancia o exigüidad del rendimiento por cafeto o por unidad agraria. Por otra parte, asumía los riesgos incluidos en el mercado del café y las fluctuaciones del tipo de cambio. El trabajador se liberó de los cambios del mercado a corto plazo y se redujo la probabilidad de fraude en las etapas de procesamiento y transporte, pero la tarifa a destajo no daba al trabajador un ingreso monetario fijado contractualmente. Se le dejaban los riesgos que implicaban las heladas, las sequías y la delicada naturaleza de la mata de café.

El sistema de contrato de colono

Al mismo tiempo que el sistema de trabajo a destajo reemplazaba en términos generales a la aparcería en los años 1860 y 1870, algunas plantaciones con trabajadores libres de Sao Paulo avanzaron un paso más en la reducción de la incertidumbre de los trabajadores. Separaron el pago del cultivo anual de los cafetales de la tarifa a destajo de la cosecha. Este fue el último paso en la evolución de la aparcería al contrato de colono. El salario por el cuidado de los cafetos era independiente de la cosecha, el trabajador ya no dependía por completo de los cambios naturales. Se redujo la participación del colono en los riesgos de la industria del café y sus ingresos monetarios se hicieron más estables, mientras que se permitía aún la flexibilidad basada en la iniciativa individual y en la composición variable de la familia.
El terrateniente asumía el grado de riesgo que el colono perdía con la separación de los pagos del cultivo de los de la cosecha. El costo del cultivo estaba determinado por el número total de cafetos de la plantación, en vez de la magnitud de la cosecha. Existía ahora la posibilidad, que no había en la aparcería, de que si la cosecha era reducida debido al daño por heladas, por ejemplo, los salarios podrían excederlos ingresos totales de la venta. Pero para los años 1880 la expansión del sistema ferroviario había disminuido el riesgo y el costo del transporte del café, además de que había dotado a los cultivadores con un mejor conocimiento de las condiciones del mercado. Los cultivadores sabían como las diferentes tarifas de pago afectarían los costos de producción y los márgenes de utilidades.
La continuación del pago por separado de la cosecha, ahora a una tarifa menor, todavía le amortiguaban aun poco al cultivador los efectos de un rendimiento reducido. La parte de la cosecha en la cuenta salarial total del cultivador se mantenía fija por unidad de café producido. Otra ventaja para el fazendeiro era que los ingresos monetarios del colono dependían en gran medida de uso máximo de su propio trabajo y el de su familia tanto en la cosecha como en el cultivo. Por lo general los terratenientes podían estar seguros de que los incentivos integrados en este sistema de trabajo a destajo y por tareas, extraería todo el potencial del total de mano de obra que existía en cada plantación.
En los años 1880, antes de la abolición final de la esclavitud este tipo de contrato mixto llegó a ser común en la parte occidental de Sao Paulo. Después de 1888 se adoptó casi en todos los lugares de la meseta. Al margen de las particularidades, las estipulaciones esenciales del contrato de clono eran las siguientes: se contrataba a la familia de cada colono para mantener a cierto número de plantas de café libres de malezas durante todo el año. Los salarios anuales de cultivo constituían aproximadamente la mitad de los ingresos monetarios de la familia del colono. La otra mitad provenía del trabajo a destajo de la cosecha. A diferencia de los ingresos por cultivar, la parte de la cosecha de los ingresos del colono fluctuaba de manera considerable.
Era importante como parte del contrato de colono, una casa, un permiso para sembrar productos de subsistencia entre los surcos de café o bien en parcelas separadas, y el forraje para los animales domésticos. Las variaciones en la suficiencia y la calidad de estas disposiciones monetarias estimularon la movilidad geográfica y con frecuencia fueron motivo de controversias. [al margen, figura en el texto, que esto es diferente en Souza Martins] . Pero los gazendeiros sabían que no podían eliminar estos incentivos y los trabajadores sabían que podían tener la esperanza de obtenerlos. El colono de café no pagaba renta, ni en dinero, productos o trabajo, a cambio de estas gratificaciones, ni tampoco le correspondía al terrateniente con lealtad o servicios ocasionales como en una relación patrón-cliente. La casa, la parcela y el forraje se consideraban por separado y como algo adicional a los pagos monetarios por el cultivo y la cosecha. La tierra era un recurso relativamente abundante en el complejo cafetalero de Sao Paulo y las parcelas que se asignaban a los colonos por lo general se encontraban en el fondo de los valles donde los rendimientos del café eran pobres. Al usar sus tierras de esta manera, el terrateniente podía ofrecer incentivos a los trabajadores y mantener la cuenta de salarios en efectivo en un nivel más reducido de lo que podría haber sido en otras circunstancias.
La variación más importante del contrato de colono era el sistema empleado para establecer nuevos cafetales. En Sao Paulo los nuevos cafetales se plantaban en la selva virgen. Los trabajadores naturales brasileños preparaban el terreno y luego la tierra se ponía al cuidado de un trabajador inmigrante (el formador) bajo el sistema de "contrato de desarrollo". El formador plantaba la extensión estipulada en el contrato y cuidaba las plantas por un período de 4 6 años, manteniendo el terreno limpio de malezas y replantando las plantas que murieran. Las matas empezaban a producir pequeñas cantidades el cuarto año de crecimiento. Del cuarto al sexto año, dependiendo de la duración del contrato, el formador conservaba el producto de la venta de estas cosechas. Al término del período el formador ponía el cafetal en producción en manso del fazendeiro, quien conseguía colonos para que lo cuidaran bajo el contrato anual común. Durante el auge de fines de los años 1880 y principios de los 1890, el terrateniente le pagaba al formador una pequeña suma por planta al final del período de desarrollo, pero después de 1896 la crisis del café hizo que estos pagos fueran eliminados.
El contrato de desarrollo permitió que el terrateniente tuviera nuevos cafetales a bajo costo su cuidado durante los años iniciales sin producción. Al trabajador lo que le importaba era el permiso par usar el espacio entre los surcos de las matas jóvenes de café, para sembrar maíz y frijol. Cuidaba los cafetales y también sus cultivos. Sus productos de subsistencia eran vendidos en los mercados locales, ya que el consumo del formador constituía una pequeña porción del rendimiento total. Era frecuente que la familia del formador aumentara los ingresos trabajando, junto a los colonos regulares, durante la cosecha de los cafetales en producción. Los formadores podían acumular ahorros considerables en un período relativamente corto.
El contrato de desarrollo difería del contrato de colono sobre todo en cuanto a su duración y en la proporción diferente del salario por el cultivo y las disposiciones de cultivos alimentarios en el "paquete" total de los ingresos. El colono se hallaba limitado en cuanto a la cantidad de alimentos que podía producir en las tierras de la fazenda, pero recibía un salario monetario por el cultivo anual de los cafetos maduros. Una parte importante de los ingresos del formador provenían de la venta en efectivo de sus cosechas, pero el pago que recibía por la escarda del café era reducido o nulo. Otra diferencia era que el formador vivía en una choza aislada libre del control directo de un administrador. El colono vivía en una casa permanente cerca de otras familias de colonos y se encontraban bajo la estrecha supervisión del centro de operaciones de la plantación.
Cuando la situación del café entra en crisis (por sobreproducción, precios bajos) los expertos en economía agrícola sostuvieron que el contrato de colono había facilitado la transición hacia el trabajo libe pero que sus condiciones debían alterarse. Otros aconsejaron adoptar un modelo de rentas, o volver a la aparcería. Pero la competencia entre los cultivadores por una fuerza de trabajo considerable pero móvil, limitó las posibilidades de un cambio a pesar de dichos esfuerzos. El contrato de colono en Sao Paulo, continuó hasta 1930, cuando el colapso económico mundial cambio las condiciones generales que habían prevalecido durante el medio siglo anterior. El contrato de colono fue una combinación única de un salario anual, pagos de trabajo a destajo en las cosechas, salarios diarios y las gratificaciones no monetarias del alojamiento y del usufructo de tierras de la plantación para cultivos alimentarios y animales domésticos, adaptada a la industria del café de Sao Paulo según se desarrolló después de 1880.

Movilidad ascendente de los inmigrantes

Incluso en las buenas épocas el trabajo del colono era un trabajo servil. Los cultivadores mantenían un estricto control sobre la rutina diaria de los trabajadores, se los contrataba para explotar su fuerza de trabajo y para muchos su estancia en las plantaciones fue una experiencia negativa. Las condiciones de vida eran duras: falta de atención médica, no había escuelas para los hijos de colonos, se les cobraba precios exorbitantes en las tiendas de las plantaciones, sufrían castigos corporales. Si bien este era el panorama general, también algunos trabajadores estaban bien alimentados, acumularon ahorros y se convirtieron en agricultores independientes.
Muchos de los trabajadores inmigrantes del café de la primera generación lograron un grado notable de movilidad económica ascendente. No se discute el hecho de que los inmigrantes de Sao Paulo eran indigentes al momento de su llegado, por lo tanto el capital necesario para comprar una finca o para establecerse en el territorio virgen junto a la zona fronteriza lógicamente debe haberse acumulado mientras trabajaban como colonos de café. [a continuación analiza datos estadísticos para demostrar su afirmación]

El sistema de trabajo de colonos y la movilidad ascendente

Cuando se analiza la elación entre el trabajo como colono del café y la eventual movilidad ascendente de los inmigrantes de Sao Paulo hay que tener en cuenta varis factores. Primero, los trabajadores se caracterizaban por u movilidad geográfico. No tenían lazos culturales o familiares que los ataran a una localidad dada y los agricultores no pudieron crear un medio efectivo para restringir el movimiento de los trabajadores además del contrato anual común. Los inmigrantes podían desplazarse a los lugares y ocupaciones que pudieran satisfacer mejor sus intereses. Los cultivadores, al competir entre sí por trabajadores, siguieron ofreciendo incentivos. Segundo, el contrato de colono premiaba la cooperación familiar en la asignación de los recursos laborales y en la acumulación de capital. Las familias numerosas sin niños pequeños podían contratarse para cuidar más cafetos, podían recolectar más alquileres durante la cosecha y sembrar más cultivo alimentarios para autoconsumo y venta. Tercero, los incentivos no monetarios del contrato de colono ejercían para el trabajador una acción amortiguadora contra las fluctuaciones en la estructura local de salarios y precios. En condiciones ideales, los colonos podían vivir de sus salarios de la cosecha y de los ingreso por la venta de gallinas, cerdos, maíz, frijol, etc, y ahorrar los salario que recibían del cultivo anual de los cafetos.
Estos aspectos específicos de organización del trabajo hicieron posible que bajo ciertas circunstancias los trabajadores inmigrantes acumularan capital. Pero aún así, el número significativo de colonos no podían convertirse en agricultores independientes sin la economía regional en expansión de Sao Paulo y sin la disponibilidad continua de tierras fértiles. El usufructo de tierras que tenían los trabajadores en las plantaciones, hizo posible que el agricultor complementara los gastos por salarios monetarios, y satisfizo las necesidades que de lo contrario el colono habría tenido que comprar. Como había tierras cultivables disponibles y era relativamente baratas, e mantenían dentro del alcance de la familia de colonos que tenía ahorros para invertir.
La movilidad ascendente de los trabajadores inmigrantes en el sector rural de Sao Paulo no fue generalizada. Solo una pequeña proporción de todos ellos se convirtieron en terratenientes, a costa de arduos años de trabajo y de un nivel reducido de consumo. Los inmigrantes llegaron en gran escala después de 1866. Los inmigrante de primera generación poseían más del 15% de la unidades rurales de la meseta occidental para 1905; más del 25% de las fincas de todo el estado para 1920 y más del 40% de las fincas cafetaleras de la meseta occidental para 1923.


ISSN 1853-5593
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