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CHUST, M., Insurgencia y revolución en Hispanoamérica. Sin castillos hubo bastillas, en "Historia social", Nº 20, Valencia, 1994.
por Ricardo y Ana María

El artículo se propone repasar los diferentes aportes historiográficos sobre la relación entre el Estado español y sus antiguas colonias. En particular, los procesos que llevaron a "las revoluciones burguesas de los distintos países hispanoamericanos que se inician" en diversos movimientos respecto de la estructura feudal del Estado español. Transformación social que se inicia en las Juntas de 1808, "pone en marcha un cambio profundo en las relaciones de producción" y tiene lugar en unos "países americanos en donde la contradicción señor-campesino aparece complicada por la simbiosis de la colonización, por su mestizaje, y por un importante elemento local en discordancia, la esclavitud."
Chust hace un repaso por diferentes corrientes historiográficas que aplicaron tesis explicativas que van desde las tesis circulacionistas de André Gunder Frank, los debates de Sweezy-Dobb y todos y cada uno de los que combatieron o adhirieron a sus teorías (a los interesados, remitirse al bardo de páginas 67 a 74). Para explicar la situación en América parecían no alcanzar los 5 estadíos de la evolución histórica propuestos por la Academia de Ciencias de la URSS: comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo. A ellas ya se había sumado un sexto modo de producción, el asiático. No contento con esto, en los 70 Ciro F. S. Cardoso, "ferviente militante contra las importaciones de procesos evolutivos" y defensor de la especificidad americana, agregó un séptimo modo: el colonial americano. Esta tesis explicaba la coexistencia de tres modalidades de explotación: esclavitud, feudalismo (entendido como servidumbre) y trabajo asalariado. Ciro Cardoso concluía que la independencia no acabó, necesariamente, con estos modos de producción coloniales.
Otra interpretación es la que concibe a la América colonial como un modo de producción feudal "en tanto y en cuanto fue un estado feudal quien había conquistado primero y colonizado después, bajo relaciones de producción feudales, los territorios americanos prevaleciendo y siendo dominantes, fundamentalmente, estas relaciones en las instituciones en donde la coerción extraeconómica era una de sus máximas características y su deux ex machina para la extracción del excedente colonial: encomienda, mita, reparto, peonaje, etc."
El análisis historiográfico posterior se ocupó de matizar esta interpretación con calificativos para la palabra feudalismo del tipo "colonial", "subsidiario" o "articulado" y de aclarar que la burguesía americana (aderezada con prefijos como "neo", "proto", "para", "semi", "casi") no consumó una revolución burguesa o esta fue inconclusa.
El autor se encuadra dentro de la interpretación historiográfica "que entiende como feudal la formación económico social americana colonial", partidario "del concepto de feudalismo elaborado por Maurice Dobb identificado como servidumbre", es decir, "modo de producción en el que la coerción extraeconómica es fundamental para extraer la renta de la tierra al campesino con independencia de su conciencia y voluntad".
De todas maneras, se muestra contrario a trasladar modelos esquemáticos a una realidad compleja y tan diversificada como la de Hispanoamérica y prefiere concentrarse en algunos elementos que entiende estaban presentes: "1) predominio de una relación básica de servidumbre entre terratenientes y campesinos, 2) expropiación del excedente por medio de coacciones extraeconómicas, 3) existencia de elementos de la superestructura del feudalismo español implantados y existentes en Hispanoamérica, 4) una ideología señorial predominante, 5) régimen en donde las condiciones económicas se crean y reproducen dentro de la misma explotación y se pueden reproducir a partir del producto bruto obtenido de la misma."
Su segunda premisa es que "las denominadas independencias americanas hay que inscribirlas dentro de un proceso revolucionario burgués que superará a la formación económico social feudal en la América colonial", imponiendo un sistema capitalista que tendrá que abolir al encomienda y la mita. Dice de la encomienda que "determinaba una relación de fidelidad y dependencia personal entre el Rey y los encomenderos, cuyos rasgos esenciales permiten que sea definida como una institución feudal." "Institución que quedará definitivamente abolida no por los parlamentos de las futuras naciones hispanoamericanas sino por las Cortes en las cuales también se habían integrado como representantes <provinciales> miembros americanos." Mientras los diputados españoles liberales intentaban abolir el régimen señorial español, los americanos hacían lo propio con su realidad colonial: "la propuesta abolicionista encomendera en Cádiz se revela como un ataque frontal contra parte de la nobleza indiana en Castilla que aún seguía percibiendo rentas de la Corona por este concepto."
Ya los autores contemporáneos, muchos de ellos protagonistas de los sucesos, eran conscientes de que se estaban produciendo cambios políticos revolucionarios. Más adelante, el Primer Congreso Hispanoamericano de Historia, en 1949, concluía que "la revolución americana no es un episodio aislado, cuya explicación debe buscarse en la brusca actuación de una o varias causas concretas, sino un proceso espiritual completo, vinculado con la Historia Universal, y para cuya comprensión es menester el conocimiento profundo de la historia pre-revolucionaria." Desde entonces, se han sucedido explicaciones para un proceso revolucionario sin parangón, "en cuanto que afectó en un tiempo corto, 1808-1825, a una pluralidad de regiones, culturas, etnias que se transformaron, asimismo, en una pluralidad enorme de naciones."
Las tesis más importantes sobre las causas de la independencia son:
1) Tesis de la historia tradicional hispanoamericana, "historia oficial", "historia patria", "historia de bronce". Explicación de la "historia événementielle en donde los sujetos históricos serán semidioses en lucha por una sociedad <libre, justa y heroica> contra la <opresión bárbara colonial hispana>". Historia productora de mitos y panteones nacionales, una "historiografía nacionalista tan enervante que suscitó una revisión científica de la independencia desde diversas corrientes historiográficas".
2) Tesis de la historia de los "traidores", en la que "la independencia hispanoamericana había sido obra de una <traición> a la Madre Patria pues habría aprovechado la coyuntura desfavorable metropolitana de la invasión francesa para proceder a la constitución de Juntas que bajo la <máscara> de defender los <Derechos> de Fernando VII terminaron proclamando la independencia."
3) Tesis que explica la independencia por razones políticas. Implica interpretaciones que van desde la conspiración británica que buscaba un mercado sin monopolios coloniales ajenos, pasando por el complot de la masonería internacional, por explicaciones más idealistas que "interpretan las independencias como la extensión de las ideas de la Ilustración y de las teorías liberales, así como de las decisivas influencias de experiencias victoriosas" como la francesa o la norteamericana.
4) Tesis de la emancipación. "Interpretación por la cual los países hispanoamericanos habrían alcanzado un notable desarrollo, una madurez, una mayoría de edad, en todas las esferas de la sociedad que les conducirían, sin dramatismos, linealmente a ser independientes."
5) Tesis de la crisis del imperio español. Explica "las independencias a partir de la coyuntura de la invasión napoleónica, el fracaso de las posiciones autonomistas en las Cortes de Cádiz de los diputados y de las burguesías criollas que apostaban por una entente autonomista." Hay que matizar las diferentes posturas que alberga esta corriente y "señalar que la invasión napoleónica sería la coyuntura, no el motivo principal que conduciría a la independencia, puesta se estaba gestando por las contradicciones que suscitaban las reformas borbónicas del siglo XVIII". Esta es la tesis formulada por John Lynch y de la que participan buena parte de los historiadores anglosajones. Lynch analiza, desde una perspectiva general, el contexto independentista aplicando su tesis del "neoimperialismo" carolino como explicación de la emancipación. "interpretaba estas independencias como cambios políticos en las que, desarrollando el concepto de elites, serían unos grupos dominantes restringidos quienes obtendrían al margen del <pueblo>, el poder de la nueva nación"; "el criollismo se rebelaría contra la metrópoli por las intolerables reformas carolinas que supusieron un nuevo imperialismo español", que provocaría "como reacción, el surgimiento de un nacionalismo hispanoamericano que finalmente fracasaría dando paso a los nacionalismos de cada región." Chust encuentra esta tesis "tan famosa como cuestionable". También menciona la interpretación de Halperin Donghi, "imbuido de premisas braudelianas y dentro del contexto metodológico y conceptual de la escuela de los Annales" y que propone la historia como ciencia de lo cambiante, más allá de las anécdotas. Su propuesta, espacial y temporal, plantea que las revoluciones de la independencia afectaron a todos los sectores de la sociedad americana. "No obstante, esa transformación tuvo un ámbito circunscrito a las elites criollas urbanas en respuesta a su marginación de cargos políticos por los españoles. Explicación un tanto confusa porque el lector no llega a precisar las bases de ese cambio, sus agentes sociales, el alcance de sus transformaciones."
6) Tesis del conflicto de razas. A partir de movimientos sociales caracterizados como étnicos y protagonizados por indios o por indios y castas.

Luego analiza algunas interpretaciones de las consecuencias de la independencia. Así, el materialismo histórico interpreta las independencias como revoluciones burguesas; mientras que la historiografía revisionista política (Guerra) hablan de un cambio hacia la Modernidad y otros, como Miquel Izard, proponen una transición desde una economía autosuficiente a la excedentaria.
En la corriente marxista encuadra a Manfred Kossok cuya tesis central plantea que las independencias fueron revoluciones burguesas, "pero en última instancia inconclusas" a causa de la debilidad de la burguesía. Esa no consumación de la revolución debe explicarse en el contexto de un proceso más amplio en tiempo y espacio y, en parte, debido al movimiento popular que condicionaba el carácter de la revolución y que fue excluido en determinado momento impidiendo la formación de un "bloque revolucionario". Independencia y revolución se producirían, según Kossok, en función del "carácter de la época y la relación dialéctica entre condiciones internas y externas de la revolución, la orientación fundamentalmente anticolonial, la ideología burguesa basada sobre todo en la Ilustración, la existencia de una burguesía localmente desarrollada y especialmente comercial, y la posición claramente antifeudal del movimiento popular tanto en sentido político como social." Define el problema racial como un conflicto de clases, entre poseedores y desposeídos, entre propietarios y jornaleros, entre esclavistas y esclavos. Chust realiza algunas consideraciones entre la que incluye su crítica al concepto de revolución inconclusa. Kossok identifica el concepto de revolución burguesa con el de revolución democrática burguesa, en la que, no sólo se combatan los aspectos feudales de la sociedad, sino que se vaya hacia la conquista de aspectos democráticos sociales y políticos de tipo jacobino (reparto de tierras, sufragio universal, etc.), lo que obviamente no se materializó en Hispanoamérica.
Otro historiador que habla de revoluciones burguesas, pero desde una perspectiva no marxista, es Jaime E. Rodríguez O., quien cuestiona la tesis tradicional de "inevitabilidad" de la independencia al mantener la viabilidad de otros caminos y propuestas no estrictamente independentistas sino autonomistas. Además, propone una base de estudio del gobierno desde la perspectiva, condicionamientos y razones de su fracaso y no estrictamente desde la inevitabilidad del triunfo insurgente. Cree necesario contextualizar las independencias hispanoamericanas con la realidad histórica española: "es conveniente insistir cómo la táctica revolucionaria es similar en ambos hemisferios, por utilizar la metodología constitucional gaditana, desde instituciones de poder, revolucionarias por su composición, por su creación y por sus decretos, como son las Juntas." Insiste en explicar como una de las causas que decanta a la burguesía a la insurgencia sería la creencia en el triunfo francés en la Península. Por otra parte, encuentra muchas similitudes entre el proceso americano y la revolución francesa: lucha por el poder entre las clases altas, tensiones que precipitaron violencia, guerra civil y terror, líderes militares que encontraron la oportunidad de obtener poder, riqueza y posición social, diferencias regionales y el hecho de que hubo españoles que apoyaron y criollos que se opusieron a la revolución, al igual que hubo aristócratas franceses que apoyaron a los revolucionarios y burgueses que no. Finalmente, dice que "al igual que la revolución fue fundamentalmente un proceso político que dio como resultado el triunfo de los criollos, la burguesía americana."
Como reacción a los análisis sociales y económicos aparece el análisis de François Xavier Guerra que realiza un análisis político y cultural centrado en el "imaginario colectivo". Para él la independencia, a la que hay que inscribir dentro de un contexto de análisis global que incluya la monarquía española, implica la creación de una nueva "escena pública", que dará paso al triunfo de una nueva legitimidad, una nueva política. Esos cambios serán la Modernidad. Los actores de esos cambios a partir de la independencia, tendrán un vínculo cultural y no socioeconómico. Los aspectos del individualismo y de sistemas representativos estarán en función de los cambios políticos y culturales de la sociedad, lo cual explica las mutaciones en lo político y la persistencia de las estructuras coloniales anteriores. "Sugestivo pero discutible, el análisis de Guerra es un intento por recuperar la importancia de la historia política".
Miquel Izard es un historiador de los "vencidos" que, "moviéndose entre las concepciones del desarrollo desigual, entre presupuestos marxistas y un ecologismo histórico", plantea que las independencias "supondrían el paso de una sociedad autosuficiente a la excedentarización." De esta forma, la construcción de un estado después de las independencias estaría condicionada por los "escamoteos" ocasionados por una oligarquía terrateniente que se haría con el control del estado y mantendría en la pobreza al resto del "pueblo".
Finalmente, Chust dice que el debate acerca de si las independencias fueron una transformación exclusivamente política, no supusieron ninguna transformación o por el contrario dieron lugar a cambios estructurales es una falacia, no existe. La misma insurgencia conllevaba una revolución social, entendida como una transformación cualitativa de las estructuras feudales de las colonias españolas. Cambio cualitativo que llevará hacia unas relaciones de producción fundamentalmente capitalistas. "No obstante, es evidente que estos procesos revolucionarios burgueses comenzados a partir de las independencias no tuvieron una dirección unitaria, entre otros aspectos porque la burguesía americana, como clase social que se formaba en el mismo momento de la independencia, tampoco era homogénea, ni en sus intereses económicos, ni en los políticos o sociales." De allí que algunos tuvieran posiciones autonomistas o directamente contrarrevolucionarias. Se puede pensar que "la vía menos revolucionaria, o incluso nada revolucionaria, es la que se acabó imponiendo." Pero que "acaba triunfando porque reúne las condiciones objetivas y subjetivas adecuadas para superar los obstáculos del régimen pretérito que se le oponen y las reivindicaciones, normalmente hacia la democracia, de clases populares aglutinadas por la ambigua ideología liberal y motivadas por aspectos anticoloniales, en cuanto a feudales."
Esta revolución "contó con la participación de capas populares, indias y mestizas, que fueron vanguardia en ocasiones o actuaron como fuerzas contrarrevolucionarias, cuyas reivindicaciones fueron asumidas, despreciadas o instrumentalizadas por las capas burguesas, y cuya actuación y participación asustó a la burguesía americana más que a los españoles." La insurgencia fue el inicio de distintos procesos revolucionarios burgueses que no alcanzaron el marco de la revolución democrática burguesa, al marginar a los campesinos, la mayoría indígenas, del acceso o mantenimiento en los medios de producción, que provocó y acentuó una progresiva proletarización.
La interpretación de Chust "contempla como un proceso revolucionario burgués el marco temporal que acabaría predominantemente con las relaciones feudales en las colonias y daría paso a relaciones predominantemente capitalistas en las nuevas naciones", proceso que tendría sus avances y retrocesos.
Los puntos en discrepancia serían si esas transformaciones produjeron o no un cambio revolucionario y cuándo acontecieron. Según el autor, se puede constatar que se produjeron procesos desamortizadores y desvinculadotes, que fueron subastados bienes nacionales y hubo planes de colonización y redistribución de la tierra (que se tradujeron en grandes latifundios, expulsando o proletarizando a los campesinos), que se creó un marco jurídico, que se produjeron procesos que suponían una verdadera acumulación de capital. Además, se abolieron aspectos fundamentales del régimen colonial, como la encomienda, el reparto, la mita, la mesta, el tributo indígena, los mayorazgos, las matrículas de mar, los diezmos, las primicias. Se redujeron las alcabalas y se abolió la esclavitud, se conformaron estados nacionales con diversas características, corpus jurídico liberal, profusión de constituciones conservadoras y progresistas, sistemas federales o centralistas, parlamentos, tribunales de justicia independientes, igualdad jurídica, derechos civiles, unidad de territorio, unificación de la enseñanza, creación de ejércitos nacionales, profusión de la prensa, aparición de partidos políticos, de la política como manifestación pública, aunque con participación restringida. Todas estas características con un claro contenido burgués. No obstante, el autor vuelve a preguntarse "¿hubo revolución? ¿hubo cambio? ¿pudo haber feudalismo sin castillos y revolución aunque no hubieran Bastillas? (¿para qué tanto artículo, digo yo?)


ISSN 1853-5593
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