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ALAN KNIGHT. Pueblo, política y nación,
siglos XIX y XX.. por Emilce Parente
El autor se propone analizar la compleja relación
entre pueblo, política y nación
durante los siglos XIX y XX. Sus argumentos derivan
principalmente del caso mexicano (tratará
de aplicarlos a otros casos pero adelanta que
los conoce menos).
Con la caída del muro de Berlín
y el fin del sistema internacional bipolar, los
sentimientos nacionalistas cobraron fuerzas, mas
obviamente en Europa del Este, incluso Rusia.
Al mismo tiempo en Europa central y Occidental
vemos la paradoja de la integración económica
y política representada por la unión
Europea, por un lado, y el fortalecimiento de
lealtades regionales, nacionalistas, xenofobitos
(partidos neofascistas, derecha conservadora inglesa,
brotes de xenofobia callejera en Alemania y Francia).
De ahí surge la pregunta (relevante para
el México pos TLC), si el fin de la guerra
fría combinado con el proceso de integración
económica conllevan una reacción
nacionalista incluso xenofobica.
El énfasis puesto en el nacionalismo como
fuerza histórica y "concepto organizador"
del análisis del tercer Mundo es bien conocido.
Sin embargo, en América latina, el análisis
del nacionalismo ha sido poco riguroso, especialmente
en términos comparativos. Los intelectuales
mexicanos con su "obsesión por el
tema de la patria", a veces no prestan mucha
atención a los demás países
para hacer comparaciones y contrastes. El nacionalismo
no solo constituye un tema sino que también
influye su metodología. Los analistas mas
generales suelen desantender América Latina,
enfocándose en Europa, Asia o África.
Incluso Eric Hobsbawm, que conoce Perú
y Colombia de primera mano. Sin embargo, América
Latina es sumamente importante para el análisis
comparativo del nacionalismo por dos razones:
1- Las Américas experimentaron los primeros
esfuerzos para establecer naciones, es decir,
estados-naciones, a raíz del derrocamiento
de los imperios europeos.
2- El proceso de "nation-building" (forjar
patria), especialmente en torno al papel de las
clases subalternas, implicaba inculcar lealtades
nacionales y asegurar que la "nación"
penetre también en la imaginación
de los que no saben leer y escribir, del populacho,
analfabetos, campesino e indígenas. Entonces,
¿Cuándo se puede comparar a las
naciones de América Latina como verdaderas
naciones?¿Eran los campesinos e indígenas
del siglo pasado miembros de la nación
o mas bien "localistas" apegados a sus
lealtades primordiales?. ¿Cómo se
explican lealtades que parecen a veces contradecir
ciertas ideas en cuanto a la formación
del nacionalismo?
El autor propone antes de seguir con éste
tema, decir algo sobre la teoría y la tipología
del nacionalismo, distinguiendo cinco especies
de nacionalismo:
1- El patriótico político
2- El nacionalismo cultural
3- El nacionalismo económico
4- La xenofobia
5- "nation-building", el proceso de
forjar patria, o básicamente nacionalismo
Se referirá al primero como patriotismo,
el cual se refiere a un sentimiento, a una actitud,
una lealtad y un comportamiento que tiene que
ver con la patria, definida como una entidad territorial,
una "comunidad imaginada" que merece
defensa, apoyo y respeto. El patriotismo implica
la defensa de la soberanía, las fronteras,
la dignidad nacional, y se ve mas claramente en
épocas de guerras, de duelos entre pueblos.
El nacionalismo cultural es la valorización
de una cultura distintivamente "nacional",
que puede servir como brazo derecho del patriotismo
y/o del nacionalismo. El folclor indigenista,
los símbolos arquitectónicos, e
incluso cruzando las barreras territoriales, se
ve en la literatura y en lazos de solidaridad
política (ej, protestas latinoamericanas
contra el vice-presidente Nixon en 1958)
El nacionalismo económico y la xenofobia
muchas veces se confunden, pero el autor prefiere
distinguirlos (ambos importantes en los periodos
1810-60 y 1930-70). El nacionalismo económico
representa un refuerzo para controlar los recursos
económicos, privilegiando a los nacionales
en lugar de los extranjeros, ya sea por medio
de protección, subsidios, ayuda estatal,
regulación, impuestos y expropiación.
Esta categoría difiere de la xenofobia
en cuanto a sus modalidades y muchas veces su
apoyo social.
La xenofobia fu un sentimiento mas bien popular
dirigido contra grupos extranjeros residentes
en América, quienes tenían relaciones
cotidianas con los nacionales, en mercados de
trabajo o comerciales. En el siglo XIX la xenofobia
y el nacionalismo económico se combinaban,
pero luego amabas corrientes divergieron.
Por ultimo, quizás la categoría
mas compleja y tramposa, que el autor define "nacionalismo".
Desde la independencia, los países de América
Latina se han esforzado para "forjar patria"
y al mismo tiempo "forjar estado", los
dos proyectos casi indistinguibles, dado el hecho
que le modelo de Estado que ha prevalecido en
todo el mundo moderno ha sido el de Estado- nación,
basado en la idea de la complementariedad necesaria
entre el Estado y la nación. Obviamente,
la nación se puede concebir en términos
distintos, por ej, las naciones de descendencia,
"naciones" raciales (Alemania, Hungría,
Japón); naciones "cívicas"
basadas en el republicanismo, la inmigración
(Francia, EEUU, Argentina). Chiste por Knight:
Los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos
de Los Incas, y los argentinos?
de los barcos!.
Lo importante es la norma global de la dualidad
dominante estilo europeo de Estado-nación.
El autor no comparte el punto de vista que limita
el surgimiento del Estado-nación al periodo
posterior a la Revolución francesa, lo
ve como un proceso mas largo, incluso con raíces
medievales. Se debe reconocer que cada Estado-nación
duradero, ha tenido que perseguir políticas
de nacionalización, como los británicos
en Irlanda, las elites latinoamericanas frente
a la población indígena (refiriéndose
a la mexicanización).
El proceso de nacionalización de la población
es casi inseparable del proceso de formación
de Estado. Sin combinar lealtad al Estado con
lealtad a la nación, los dos proyectos
arriesgan fracasar, porque una nación sin
Estado está amenazada por la extinción.
Ernest Gellner calcula que en comparación
con los 200 estados actuales en el mundo, hay
quizás 800 nacionalidades con cierto potencial
de forjar un Estado (Kurdo, catalanes, los mosquito,
los quechua). Al mismo tiempo, un Estado moderno
que carece de los lazos compartidos por el nacionalismo
es un mero esqueleto, que depende de la coerción
mas que de la legitimidad.
El Estado moderno, que exige el monopolio de la
violencia (al estilo weberiano) y una gama de
derecho a sobre sus ciudadanos, se ve claramente
en el caso de México posrevolucionario,
cuando el gobierno se esforzó por educar,
moralizar, controlar, organizar y "mejorar"
al pueblo confiado a su cuidado. Sin embargo,
la apropiación acaparadora del patriotismo
por los revolucionarios, con su doble proyecto
de "forjar patria" y "forjar Estado",
nos ha llevado a cierta confusión porque
el patriotismo no es la misma cosa que el nacionalismo,
ambos proyectos son distintos, aunque están
relacionados. La patria, en ciertos casos, es
anterior y no tiene relación incestuosa
con el Estado moderno, centralizado y burocrático.
La cuestión del idioma es crucial, dado
que ciertos expertos consideran que la emergencia
de distintos idiomas conlleva la segregación
cultural de la humanidad y un incipiente sentido
de etnicidad que se puede comparar con el patriotismo
o conduce a él.
Hobsbawm afirma que el nacionalismo es producto
del Estado y de los esfuerzos de los estadistas,
es decir, el Estado precede al nacionalismo. Y
aquí Knight tiene una discrepancia en cuanto
a la antigüedad del nacionalismo y a los
motivos que lo empujan: por un lado, motivos amplios,
populares, orgánicos, "desde abajo",
y por otro, motivos deliberados, elitistas, instrumentales,
"desde arriba". Para los instrumentalistas
existen motivos para los estadistas, para fomentar
un nacionalismo que sirva para fortalecer el poder
y la autoridad de ese Estado.
Conforme al modelo marxista, el nacionalismo representa
la ideología y el proyecto de la burguesía,
que necesita un mercado nacional desarrollado,
protegido y fiable. Por lo que el nacionalismo
serviría como cemento ideológico
para el proyecto burgués-capitalista. ¿Es
posible entonces concebir una verdadera nación
peruana en pleno siglo XIX, antes de la penetración
del capitalismo y la formación de un mercado
nacional? El autor considera la teoría
como lógico pero algo parcial.
El enfoque funcionalista-económico que
ve al nacionalismo como una fuerza que impone
o se difunde de arriba hacia abajo, descarta la
posibilidad de un nacionalismo patriótico
protagonizado por grupos subalternos, analfabetos
y campesinos. Knight cree que ésta postura
surge de la opinión de las propias elites
quienes a lo largo del siglo XIX lamentaban la
falta de nacionalismo de sus supuestos compatriotas
plebeyos, que permanecían pasivos, inertes
e indiferentes al bien nacional. ¿Es esto
reflejo de la realidad? Knight considera que los
de abajo entienden mejor a los de arriba que viceversa,
por lo que deberíamos cuidarnos de las
confiadas afirmaciones de las elites acerca de
las mentalidades populares.
Si bien la escuela es una poderosa fabrica de
patriotismo-nacionalismo, hay otras maneras menos
oficiales de construir una nación.
De lo dicho hasta aquí, surge la hipótesis
que la relación entre nación y masas,
patria y pueblo, se queda establecida en época
temprana, conforme experiencias históricas
que pueden ser contingentes e imprevistas, es
decir, experiencias que no forman parte de un
proyecto "de arriba", que no resultan
de una ingeniería social deliberada, y
que derivan de la acción popular como elitista.
El autor sostiene, basándose en el caso
mexicano, que tanto la perspectiva "primordial"
como la "instrumental" tienen algo de
razón, dependiendo bastante del caso histórico.
La primera puede tener razón cuando propone
un patriotismo orgánico y popular, aunque
exagera sus raíces antiguas. La perspectiva
moderna yerra al confundir Estado y nación
reduciendo el proceso de "forjar patria"
al proceso de "forjar Estado".
Eric Van Young, quien ha trabajado mucho sobre
la insurgencia, tiende a descartar la idea de
un patriotismo, proponiendo la de "campanillismo"
(tendencia de los campesinos a no extender su
horizonte social y político mas allá
de lo que se ve desde la torre de su iglesia).
En México, el patriotismo precedió
y contribuyó a la formación del
Estado-nación independiente. Quizás
Chile tuvo una experiencia semejante. Perú
y América Central parecen carecer de éstos
sentimientos proto-patrióticos (quizás
porque en estos países la Iglesia colonial
no jugó el papel formativo que tuvo en
México). Tal vez Chile tuvo más
éxito debido a la relativa homogeneidad*
de su población y la facilidad con que
conquisto su independencia. (*Nota del lector:
esto no parece coincidir con lo que propone el
texto de Holdenis Casanova).
En México, el patriotismo criollo no pudo
convertirse en una ideología hegemónica;
la independencia de México conllevó
inestabilidad tanto dentro como fuera: se consiguió
bajo un régimen conservador y luego los
gobiernos de la república se enfrentaron
a amenazas externas (española, norteamericana,
francesa) e internas (caudillos y regiones celosas
de sus privilegios frente al "centro"
e indios). Aquí es posible observar el
lamento de las elites por la falta de patriotismo,
excusa de su propia incapacidad. Por otro lado,
los "instrumentalistas" se equivocan
al poner tanto énfasis en el proyecto nacionalista
desde arriba descartando un proyecto patriótico
más popular, orgánico y contingente.
Florencia Mallon sostiene que la intervención
chilena en Perú, como la francesa en México,
estimuló una fuerte resistencia popular
y campesina (mientras que varias elites optaron
por colaborar con los invasores). Y demuestra
en su comparación entre México y
Perú, que en ambos casos, una vez terminada
la guerra (con triunfo en México, derrota
en Perú) las nuevas elites nacionales abandonaron,
desarmaron y, a veces reprimieron a sus aliados
populares. Tenían ganas de forjar no solamente
una patria, libre y soberana, sino también
un Estado fuerte, estable y centralizado; que
implicaba aplanar el particularismo local, someter
a los caudillos y caciques locales, y convertir
a los campesinos en mexicanos.
En el centenario de 1910, las elites vestidas
de frac se codearon con el cuerpo diplomático
en lujosos banquetes capitalinos, mientras que
los jefes políticos impidieron que los
campesinos entraran a las ciudades provincianas
en su vergonzoso traje rustico. Lo que estaba
en disputa no era una falta de patriotismo, sino
conceptos rivales de la patria: uno "instrumentalista",
elitista, centralizador, enfocado en el Estado;
otro más "orgánico", popular
descentralizador, enfocado tanto en la patria
chica como en la patria grande.
El desafío popular y revolucionario dejó
huellas hondas en la política mexicana.
El Estado revolucionario tuvo más éxito
porque pudo combinar su propio modelo de Estado-nación
(centralizado y capitalista) con suficientes elementos
del patriotismo popular para legitimar su obra.
La xenofobia broto durante la revolución
popular, dirigida contra gachupines y chinos,
y las elites emergentes incorporaron elementos
de esta protesta en su "política de
masas". Surgio también un nacionalismo
económico, un esfuerzo constante y pragmático
para apretar a las empresas extranjeras, sin aniquilarlas.
¿Y ahora, en pleno auge neoliberal? El
nacionalismo económico, antes marchito,
ahora parece muerto, no solamente en México,
sino en otros países (Chile, Argentina),
donde el anterior proyecto nacionalista de desarrollo
hacia adentro ha sido rotundamente rechazado.
En política domestica, sin embargo, el
neoliberalismo, no obstante su ideología
formal de "adelgazar" el Estado, ha
dado resultados ambiguos: apenas representa una
abdicación del Estado pero las exigencias
neoliberales (competencia, innovación,
mercado de trabajos flexibles) necesitan un Estado
fuerte.
Friedrich List dijo hace más de un siglo:
la teoría del liberalismo económico
no ha tenido en cuenta más que a la humanidad
y a los individuos, pero nunca a las naciones.
La lógica actual neoliberal, pone a la
patria y quizás al propio Estado en tela
de juicio
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