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Tema para el coloquio de América I
- Maximiliano J. Lezcano
Las reformas de los Borbones en Hispanoamérica
La Reforma en España
La dinastía de los Habsburgo, con el broche
final del reinado de Carlos II (el "hechizado")
entre 1664 y 1670 había dejado un saldo
derrotas militares (con Francia), bancarrota real,
regresión intelectual, hambre (malas cosechas
de 1680), una economía "subdesarrollada"
(exportación de productos agrícolas
y una empresa manufacturaera descuidada) que se
distanciaba de la prosperidad europea de la época.
El retroceso del imperio español se había
acentuado en la década de 1680, cuando
varios países habían avanzado sobre
las fronteras y poseciones españolas en
América: portugueses con Sacramento en
el estuario del Río de la plata, franceses
en el sur de Canadá con Nueva Orleans,
bucaneros ingleses y franceses atacaban las costas
del pacífico, con saqueos a las ciudades
de Panamá, Cartagena, Veracruz y Guayaquil,
los indígenas de Nuevo México se
habían revelado, y expulsaron a colonos
y misioneros, otras rebeliones se sucedían
en diferentes partes del Virreinato del Perú
y Nueva España (VER esto).
El principal problema era el debilitamiento de
la Corona: derrotada por Francia en su lucha por
el dominio de Europa, la aristocracia territorial
dominaba España. Las tropas y los letrados
se rebajaron en sus funciones, la recaudación
de impuestos y la provisión de armas y
suministros militares había sido tercerizada.
El estado de postración de la Corona había
ocasionado la guerra civil, la invasión
extranjera y la fragmentación del patrimonio
dinástico a raíz de la guerra de
sucesión luego de la muerte de Carlos II
en 1700. El tratado de Utrecht (1713) implicó
la pérdida de grandes porciones de territorio
y la sesión de derechos comerciales.
La llegada al trono de Felipe V (Felipe de Anjou),
sumado a la amenaza de guerra civil e invasión
extranjera permitió el pronto establecimiento
de un Estado Absolutista en España, instrumento
fundamental de la Reforma que permitió
la reorganización política y administrativa
de las colonias y de la propia España.
En España Felipe excluyó a las aristocracias
de los altos consejos del Estado (con lo cual
dejaron de influir en las direcciones del gobierno
de la corona), creó secretarías
de Estado (redujo el papel de los consejos tradicionales
a funciones de asesoramiento y judiciales) y se
reformó el ejército (con unidades
distintas, regimientos al estilo francés,
guardias reales, clase de oficiales de carrera).
Para subvencionar todo esto se mejoró la
recaudación fiscal. Estas reformas fueron
perdiendo efecto, hasta 1759, cuando asume Carlos
III (1759-1788). Este monarca fue el primero realmente
comprometido con una verdadera reforma; durante
su reinado España mostró prosperidad
y fue considerada nuevamente como potencia europea.
Durante la época borbónica fue la
élite ministerial la que produjo una verdadera
revolución administrativa. La aristocracia
fue excluida de los consejos de Estado y se atacó
severamente a la iglesia. La expulsión
en 1767de los jesuitas, leales al Papa, fue ejemplificadora
en este sentido.
El principal desafío de la élite
administrativa era el progreso económico.
En este sentido, el renacimiento de la autoridad
y los recursos de la Corona, de la mano del Estado
Absolutista, fue precursor del despertar de la
Economía; en principio relacionado con
la estimulación de las manufacturas, orientada
en buena medida a satisfacer las demandas de las
fuerzas armadas y de la corte. Un nuevo sistema
administrativo posibilitó estos cambios;
centrado en funcionarios de carrera, militares
y civiles, sujetos a evaluación y promoción
reguladas que vivían de sueldos fijos en
lugar de gratificaciones o beneficios del cargo.
A la cabeza del nuevo régimen estaban los
ministros, los secretarios de Estado, Hacienda
Justicia, Guerra, Armada e Indias, que reemplazaron
a los antiguos Consejos de los Austria.
Los intendentes fueron la figura clave del nuevo
orden; a partir de 1749 se encargaron de recolectar
impuestos, dirigir al ejército, promover
las obras públicas y en general la economía.
Esta burocracia fiscal asalariada incluso superó
a la de Francia, donde la venta de cargos y asientos
siguió vigente hasta la época de
la revolución. Los ingresos públicos
subieron un 700% entre 1700 y 1790, aspecto clave
del resurgir político español.
La administración imperial en Hispanoamérica
antes de la Reforma
El aspecto de deterioro colonial que más
importaba a la Corona era el hecho de que en cada
provincia del imperio americano la administración
había llegado a estar en manos de un pequeño
aparato de poder colonial compuesto por la élite
criolla: letrados, grandes propietarios y eclesiásticos,
unos pocos funcionarios peninsulares con muchos
años de servicio y los grandes mercaderes
dedicados a la importación. El elemento
clerical, religioso (principalmente jesuitas)
y secular era el que ejercía la autoridad
real en la sociedad, desempeñando el papel
de dirigentes intelectuales y espirituales de
la élite y de los consejeros y guardianes
de las masas.
Entre 1687 y 1712 y posteriormente en 1740 la
venta de cargos era lo más común
en todos los niveles de la administración.
El reinado de Felipe V había perpetuado
los abusos cometidos durante la época de
los últimos Austrias. Los letrados criollo
ricos compraban judicaturas a tal punto que en
1760 las audiencias de México, Lima y santiago
de Chile tenían mayoría de españoles
americanos, todos parientes por sangre o matrimonio
de la élite terrateniente local.
Desde 1678 las magistraturas de distrito (alcaldes
mayores y corregidores encargados de la recolección
de los tributos indios) estaban en venta, situación
que no cambió en los primeros tiempos de
los Borbones; incluso empeoró, ya que se
les habían reducido o mantenido los sueldos.
Dado que los beneficios laborales no cubrían
las necesidades de subsistencia, muchos magistrados
se involucraron en el comercio, distribuyendo
mercancías y ganado a crédito y
adelantando dinero por productos como cochinilla,
índigo y algodón. Estos eran los
llamados repartimientos mercantiles, ilegales
al principio pero reconocidos por la Corona en
1751.
A principio del siglo XVII la corona había
dejado de pagar los salarios a sus principales
funcionarios en América: los alcaldes y
corregidores. A cambio permitían conseguir
ingresos al margen de la ley, comerciando con
los indios que tenían bajo su jurisdicción
y manteniendo el monopolio económico en
sus distritos. Estos personajes forzaban a los
indios a la dependencia financiera y al peonaje
por deudas; los indios eran obligados a producir
y a consumir, reducidos a una virtual servidumbre.
De esta forma se beneficiaban los funcionarios
reales, los comerciantes e incluso la Corona al
ahorrarse los salarios; aunque el costo era alto:
la disminución del control imperial sobre
la política y los intereses locales.
Estos repartimientos funcionaban en su mayor parte
en zonas de población indígena donde
se generaban situaciones que provocaban un gran
malestar popular. La revolución tupamarista
de 1780 fue un claro ejemplo de ello.
La recaudación de impuestos internos, las
alcabalas, era concedida a cambio de una suma
anual contratada a los consulados, las asociaciones
mercantiles y sus delegados provinciales.
Así las cosas, si los Borbones querían
optimizar los beneficios a partir de las colonias
debían primero retomar la administración
colonial y crear nuevas instituciones de gobierno.
Las reformas administrativas en lo civil
Las pretensiones imperiales de España,
una vez reducidas sus posesiones europeas luego
del tratado de Utrech, veían una esperanza
en la explotación de los recursos coloniales.
Si bien personajes como Alberoni y Patiño
insistieron en que la clave del renacimiento de
España tendría que encontrarse en
el nuevo mundo, las guerras tanto en Europa como
en las Indias y la propia formación del
nuevo sistema de gobierno en España había
absorbido casi toda la atención de la élite
administrativa, con lo cual se había deteriorado
el poder imperial en América. Fue recién
en 1754 cuando se nombró a Julián
de Arriaga como secretario de Armada y de Indias,
que el imperio pudo disponer de un ministro con
experiencia americana capaz de encarar una verdadera
reforma del sistema político administrativo
en América.
El posterior renacimiento del poder español
durante el reinado de Carlos III fue en gran medida
una consecuencia del éxito de la implementación
de las reformas económicas, políticas
y administrativas en Hispanoamérica, con
el florecimiento del comercio y el aumento de
las rentas que éste producía.
La revolución gubernamental y la expansión
de la economía de exportación fueron
desesperadas acciones para alejar la expropiación
inglesa de las posesiones ultramarinas de España
y después explotar sus recursos con el
fin de reforzar la monarquía. Sin embargo,
según Linch (1981), el principal objetivo
era controlar a los criollos, detener la primer
emancipación de Hispanoamérica.
A raíz de las consecuencias de la guerra
con Inglaterra y de la tardía intromisión
en la guerra de los siete años (1756-1763),
los ministros de Carlos III retomaron el programa
de reforma que había sido presentado por
Campillo y Cossio en 1743: "Nuevo Sistema
de gobierno económico para la América".
Entre otras propuestas, este texto proponía
la vuelta a las visitas generales como las que
habían llevado a cabo los Austrias, a las
que seguiría la instalación de intendencias
permanentes. También se advertía
sobre el poder excesivo y la riqueza de la Iglesia.
La propuesta básicamente se refería
a la aplicación en Hispanoamérica
de las reformas ya aplicadas en España.
En el caso de las colonias, las reformas fueron
iniciadas por soldados y funcionarios peninsulares,
por lo que tomó el cariz de una "reconquista"
de América.
De las reformas administrativas, la de mayor alcance
y eficacia fue la reforma radical de la administración
civil. En 1776 se creó el Virreinato del
río de La Plata (o Buenos Aires ¿?),
con capital en Buenos Aires y amplio alcance en
los hoy países de Argentina, Uruguay, Paraguay
y Bolivia. La inclusión de Lima en el nuevo
virreinato obedeció a la intención
de desviar sus beneficios fiscales hacia Buenos
Aires.
En el virreinato de Nueva España y en el
de Nueva Granada (1739) los cambios fueron menos
radicales, con la designación de algunos
cargos administrativos.
Carlos III también reactivó una
práctica de los Austrias para revertir
problemas de gobierno en las colonias: la "visita
general". De ellos, José de Gálvez
fue particularmente exitoso en sus gestiones en
como visitador general de Nueva España
(1765-1771), Perú (1776) y Nueva Granada
(1778), hecho que le valió un lugar en
el Consejo de Indias, en particular como secretario
de indias entre 1776 y 1787.
Este funcionario promovió el monopolio
del tabaco, la reorganización de la recaudación
de la alcabala, el aumento de la producción
de plata mediante la exención de impuestos
y la reducción de los costos de materiales
monopolizados como el mercurio y la pólvora,
la creación del virreinato del río
de la Plata, la designación de Juan Antonio
de Areche como visitador General del Perú,
la expulsión de los jesuitas y una serie
de medidas tendientes a acabar con la jurisdicción
y autonomía eclesiásticas (el control
del diezmo y de la inmunidad judicial) como parte
esencial de la política borbónica
de oposición a las corporaciones de privilegio,
la represión de las movilizaciones a raíz
de esa medida y el intento de colonización
de Sonora.
Donde más se hizo evidente el impacto de
las reformas administrativas civiles fue en el
cambio de composición de las audiencias,
los altos tribunales de justicia cuyos jueces
aconsejaban al virrey en todas las cuestiones
importantes del Estado. Si bien Arriaga inició
acciones para acabar con la venta de cargos, fue
Gálvez quien revocó definitivamente
esta práctica y llevó a acabo la
exclusión sistemática de los criollos
hasta lograr quitarles el predominio en las audiencias.
Gálvez siempre prefirió a los candidatos
peninsulares antes que a los criollos para ocupar
cargos administrativos. El acceso a los cargos,
tanto judicaturas como consejerías, dejó
de ser por compra y volvió a ser por promoción.
Otro cambio introducido por Gálvez fue
la creación de un nuevo cargo judicial:
el regente para reemplazar a los virreyes que
presidían las audiencias. También
trasladó regentes y oidores al Consejo
de Indias, con lo cual éste logró
por primera vez contar con un cuerpo funcionarios
con experiencia en el imperio americano.
Con estas medidas tomaba forma una verdadera burocracia
judicial cuya autonomía se basaba en la
procedencia española de sus miembros.
Una reforma fundamental introducida también
por José de Gálvez fue el de los
Intendentes, leales en todo punto a los intereses
intervencionistas y ejecutivos del Estado borbónico.
Estos vinieron a reemplazar al viciado sistema
de alcaldes mayores y corregidores, con el argumento
de que los magistrados de distrito oprimían
a los indios y defraudaban a la Corona el dinero
de los tributos. La propuesta consistía
en que si los indígenas se veían
liberados del monopolio forzoso de estos funcionarios
entrarían libremente en el mercado como
productores y trabajadores. Esta reforma se hizo
realmente efectiva entre 1780 y 1782, con el nombramiento
de numerosos intendentes en los principales puntos
de Hispanoamérica, aunque el éxito
logrado distó no satisfizo las expectativas
de la Corona, sobre todo en los distritos locales
menores. Sin embargo, los intereses coloniales
encontraban inhibitoria en la nueva política
y se resistieron a la presión impuesta
por la metrópoli. Los repartimientos reaparecieron
en Perú y en México los nuevos funcionarios
fueron persuadidos de volver a las viejas prácticas:
el control irrestricto de la mano de obra era
demasiado importante como para renunciar él.
La administración colonial, liberada de
su anterior dependencia respecto al crédito
mercantil, se reforzó enormemente con el
nombramiento de burócratas de carrera,
que mantenían su independencia respecto
a la sociedad que gobernaban sobre la base de
su origen peninsular.
Por otra parte, Gálvez tomó medidas
para reducir los poderes de los virreyes; como
los superintendentes subdelegados de Real Hacienda
(abolidos en 1787 a la muerte de Gálvez),
que los relevaban de las cuestiones de Hacienda.
También estableció una Junta Central
de Hacienda para supervisar la actividad de los
Intendentes y controlar aspectos de la recaudación
de rentas.
El éxito relativo de las intendencias en
parte tuvo que ver con que el sistema de rentas
ya había sido ampliamente reformado. Las
innovaciones clave en este sentido fueron el nombramiento
de una burocracia fiscal asalariada y el establecimiento
de nuevos monopolios de la Corona. En 1754 las
alcabalas (impuestos internos) de la Ciudad de
México se confiaron a funcionarios asalariados
y en 1776 el nuevo sistema de administración
directa se extendió por toda la colonia.
En 1768 tuvo lugar otra gran innovación:
la del monopolio del tabaco en Nueva España.
Resultados de la Reforma en América
El nombramiento de una burocracia asalariada,
respaldada por un considerable ejército
de guardias, permitió a la monarquía
española recoger una extraordinaria cosecha
fiscal como consecuencia de la expansión
de la actividad económica producida por
sus reformas en el comercio y su fomento de las
exportaciones coloniales.
El notable aumento de los ingresos anuales, con
crecimiento entre 1765 y 1782 del 300 %, refleja
el significado de los cambios en el gobierno colonial.
La revolución administrativa creó
un nuevo Estado Absolutista basado, como en el
caso de Europa, en un ejército permanente
y en una burocracia profesional.
Con la creación del Virreinato del Río
de la Plata la balanza geopolítica del
extremo sur del continente se inclinó hacia
Buenos Aires, mientras que Lima, siempre capital
de todo el imperio español en América,
quedó relegada.
El éxito del visitador Galvez, funcionario
clave de la política borbónica de
Carlos III, se edificó sobre la base de
un alto precio: la exclusión de la élite
criolla. Su accionar creó más de
una motivación para la revolución
indepentista de los criollos.
En Nueva España, el establecimiento del
monopolio del tabaco, la formación de la
milicia y, lo que es más importante, la
expulsión de los jesuitas produjeron tumultos
urbanos y abiertas revueltas.
En Nueva Granada y en tierras andinas las medidas
de recaudación más eficiente de
las alcabalas, la rigurosa supervisión
de los pagos de tributos y la restricción
del cultivo del tabaco fueron la chispa que disparó
revueltas como la de Túpac Amaru II (José
Gabriel Condorcanqui), además de levantamientos
comuneros como los de Nueva Granada. En este aspecto
hay que tener en cuenta que los reclamos también
se debían al sistema de repartimientos
(Madrazo), que al poco tiempo fue abolido (1874)
por la nueva administración reformista
de la Corona. Como respuesta a las rebeliones,
en Nueva Granada se anularon los decretos fiscales
impopulares.
La base común de estas rebeliones populares
era el resentimiento generado contra los nuevos
impuestos decretados por el Estado Borbónico.
El ataque a la Iglesia deterioró sensiblemente
la tradicional lealtad hacia la Corona como mandato
divino: el obispo de Michoacán advertía
que una similar quita de los privilegios eclesiásticos
había permitido a los filósofos
en Francia llevar adelante sus planes de cambiar
la sociedad (el rol de Montesquieu, Kant, etc.),
socavando el poder de la nobleza y la iglesia
para destruir la Monarquía.
La élite administrativa que siguió
los planteamientos del despotismo ilustrado socavó
los cimientos de las instituciones y de la cultura
que había reverenciado a la monarquía
como un mandamiento del cielo: los ejercicios
devotos y las liturgias fueron reemplazándose
por la moralidad práctica, las buenas obras
y la educación. La sociedad se estaba "secularizando"
rápidamente, alejando a la Iglesia del
poder político.
En resumen: las reformas administrativas de los
Borbones en América tuvieron efectos diametralmente
opuestos; mientras por un lado la economía
de la Corona se veía visiblemente beneficiada,
por el otro el desplazamiento permanente de la
élite criolla sentaba las bases de las
revoluciones criollas que conducirían a
la pérdida total del dominio de España
sobre sus colonias en América.
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| Situación de España
(según Brading, 1990)
Reinado de Carlos II El Hechizado 1664-1700
· Desastre total
· Bancarrota
· Derrotas militares
· Hambre-descenso población
· Deudas
· Corona debilitada
· Guerras por el trono a la muerte de Carlos
II
· División del territorio luego
del tratado de paz de Utrecht, 1713
Quitadas sus posesiones después del tratado
a España le quedaba América para
salir de la crisis
Colonias (según Linch, 1985)
· van adquiriendo identidad
· desarrollan más fuentes de riqueza
· reinvierten en la producción
· se desarrolla un comercio independiente
de la red trasatlántica
· hay crecimiento económico acompañado
de cambio social
· se forma una elite criolla, sus intereses
no siempre coincidían con la corona
· va disminuyendo el tesoro mandado a España
· se apropia de su propio producto cubren
sus necesidades
· se va convirtiendo en metrópoli
(Ej: Perú la mayor parte de la renta se
gastaba en Perú)
· tenían una independencia de facto
Objetivo de la nueva política
Aplicación de control
Controlar a los criollos detener la emancipación
de Hispanoamérica
Restaurar poder y prestigio
Aumentar la renta hacia España
Se habla de una segunda conquista, burocrática
Jesuitas
Según Linch 1991
Imperio español en América descansaba
en un equilibrio de poder entre 3 grupos: La administración
la Iglesia y la Elite local que se imponían
al débil gobierno imperial
Según Brading 1990
Administración en manos de la elite criolla:
letrados, propietarios y eclesiásticos
"El elemento clerical religioso y secular,
más que los delegados formales de la corona
era el que ejercía la autoridad real en
la sociedad desempeñando el papel de dirigentes
intelectuales y espirituales de la elite y de
consejeros y guardianes espirituales de las masas."
(Brading, 1990:90)
· Brading 1990 Eran las tropas de choque
de la contrareforma
· La orden operaba a escala internacional
bajo la autoridad monárquica del Papa
· Hombres letrados con influencia política
y manejo de las argucias legales
· Misiones a lo largo del mundo entero
(caso Paraguay obtuvieron privilegios del rey)
Avellaneda
· Establecimiento de colegios interconectados
· Se diferenciaban de las ordenes mendicantes
quienes los criticaban
· Atendían las necesidades de los
ricos
· Se dedicaban a la educación de
la elite
· Solo admitían a los mejores dotados
entre sus filas
· Riqueza
· Influencia
· Independencia
· Tenían enormes capitales que hacía
de la Iglesia el banco principal, la principal
sociedad inmobiliaria y el principal deudor hipotecario
· Este complejo de intereses eclesiásticos
-un punto central de la independencia- era uno
de los principales objetivos de los reformadores
borbónicos
· Se defendieron de las acusaciones que
les hacían publicando crónicas
Si querían obtener beneficio de sus posesiones
(Brading 1990)
· Tenían que controlar la administración
colonial para luego proceder a otras reformas
económicas
· Controlar a la elite dentro de la que
estaban incluidos los jesuitas
· Uno de los aspectos esenciales de la
política borbónica era la oposición
a las organizaciones de privilegio dentro del
Estado; así, debilitaron a la Iglesia expulsando
en 1767 a los jesuitas y expropiando y vendiendo
sus tierras. Buscaron la forma de poner al clero
bajo la jurisdicción de los tribunales
seculares.
Expulsión (Brading 1990)
· Carlos III siguiendo el ejemplo de Portugal
y a sus ministros jansenitas decreta la expulsión
en 1767
· Expulsión como un ataque a la
semi-independencia y a la afirmación del
control imperial. (Linch 1985)
· Expulsan a la "flor y nata"
de la elite criolla
· Reivindican su poder sobre la Iglesia
· Acusados de perturbar el orden público
en España
· Debían tener obediencia (absoluta
lealtad solo al Papa)
· Se enfatiza la autoridad real sobre la
Iglesia
· Se acabó con la inmunidad clerical
frente a cualquier jurisdicción real-secular
· Se trata de regular la recolección
de los diezmos
· Se restringen privilegios y exoneraciones
fiscales
· Se inspeccionan y expropian sus propiedades.
Confiscan bienes y escritos.
· Se les prohíbe todo tipo de crónicas
o escritos bajo pena
· Bajo clero enajenado para siempre
Resultados
· Descontento y resentimiento
· en los sectores afectados, como pasó
con el bajo clero, que participaría luego
en la guerrilla libertadora.
· La mayoría de los expulsados eran
criollos
· Expulsión vista como un acto de
despotismo implico una afirmación del control
Imperial y un ataque a la semiindependencia
· Los borbones, a la vez que limitaban
los privilegios en América, ejercían
un mayor control económico, orientando
la producción y las ganancias cada vez
más a España, incrementando los
ingresos imperiales. Las cargas impositivas, exigencias
contributivas y confiscaciones generales y en
particular a la Iglesia se agravaron con la guerra
con Inglaterra (1779-1783) y en los primeros años
del siglo XIX. Estas medidas afectaron los intereses
de varios sectores sociales, tanto españoles
como criollos, que mostraron su descontento.(
Linch 1991)
· Ante la presión la independencia
se hizo inminente muchos intereses estaban en
juego
· Trataron de frenar el manejo ideológico
jesuita
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