|
|
|
|
|
| |
Universidad Nacional
del Comahue (CRUB)
Facultad de Humanidades - Departamento de historia
América Colonial
Parcial N° 2
Profesor Titular: Lic. Carla Manara
Ayudante: Virginia Habegger
Alumno: Viviana Marcela Fernández -
leg. 110660
Conformación y organización de la
sociedad americana colonial
A. Analizar, explicar y relacionar el aporte de
los siguientes autores:
Lockhart (1990), de Ramón (1999) y Crespi
(2001)
B. Elaborar una introducción al tema
C. Identificar, diferenciar y priorizar a lo largo
del análisis las ideas centrales que sostiene
cada autor sobre el tema (recurrir a citas textuales
o a referencias sobre los mismos).
D. Conclusión personal que articule los
aspectos trabajados sobre el tema
Conformación y organización
de la sociedad americana colonial
Introducción
En el presente trabajo se evaluaran los diferentes
aportes de los autores proporcionados por la cátedra:
Lockhart (1990), de Ramón (1999) y Crespi
(2001).
La conquista española de las Indias permitió
a España convertirse en el primer imperio
de dimensiones mundiales. Se verá la importancia
de los centros urbanos como estrategia para la
conquista y dominación de las Indias; la
dominación de este nuevo espacio territorial
y de sus habitantes con el fin de poder explotar
las riquezas americanas que fluirán hacia
la metrópoli.
Se tomaran en cuenta las diferentes categorías
étnicas, sus características, el
comportamiento de las mismas dentro de la sociedad
y su interrelación, y como a partir de
esta interacción se gesta una sociedad
diferente que resulta del mestizaje no sólo
físico sino también cultural y de
la movilidad física y social de los individuos.
La importancia de las ciudades en el proceso
de conquista y dominación.
Según de Ramón (1999), la conquista
se llevó adelante gracias al establecimiento
de poblaciones españolas. Los centros urbanos
se convirtieron en la principal herramienta política
de expansión que permitió a los
conquistadores acceder a los recursos y a la mano
de obra necesaria para explotarlos (de Ramón,
1999:6-7).
Estos centros urbanos fueron indispensables en
el funcionamiento del modelo económico
y
"el fin último de estos centros
urbanos fue el constituirse en eslabones esenciales
de los mecanismos que hicieron posible el flujo
ininterrumpido de riquezas americanas hacia la
Metrópoli." (de Ramón, 1999:5)
Lockhart (1990) comenta que la sociedad española
tendió a formar núcleos y a desarrollarse
en lugares de riqueza; donde no existían
riquezas no se asentaban.
Allí donde el núcleo estaba más
consolidado las ganancias eran mayores, la ciudad
contaba con su consejo municipal autónomo,
familias prominentes que formaban aristocracias
locales uniéndose mediante el matrimonio
que organizaban la producción de extensas
regiones y a través de su planificación
interna mantenían la dominación
de los indígenas (Lockhart, 1990).
De Ramón (1999) también opina que
la ciudad era necesaria para el proceso de aculturación
y dominación a través de la evangelización.
El autor afirma que cuando hay desurbanización
dentro de un territorio se debilitaban los principios
religiosos, las costumbres hispanas, "indianizándose"
los mismos españoles. El hecho de vivir
apartado de la ciudad implicaba que los españoles
imitaran o tomaran prácticas de los naturales
como idolatrías o las prácticas
de brujería.
La ciudad debía ser capaz de asegurar tres
objetivos 1. Dominación política
de un territorio, 2. La explotación económica
de espacio geográfico y 3. Que se diera
el traspaso de modelos culturales hispanos (de
Ramón, 1999:7).
Las primeras poblaciones en la Antillas como el
caso de la Isabela siguieron un modelo de poblamiento
que fracasó porque si bien se logró
sojuzgar y explotar a los nativos, no fue un campo
propicio para la evangelización, que permitía
la aculturación y la dominación
mental de la población indígena.
Este modelo inicial de poblamiento cambió
con el propuesto por Ovando que constaba de una
plaza central y calles en damero, una nueva concepción
urbana que permitió la asimilación
de los nativos al modelo impuesto por los colonizadores.
De Ramón (1999) considera que el éxito
del proceso fundacional de ciudades se dio gracias
a los poderes del fundador en cuanto a sus poderes
gubernamentales ilimitados que le permitieron
mantener una política urbana, como dirigir
la confección de la nueva planta urbana,
establecer la función de este centro y
su destino (de Ramón, 1999:8).
Las fundaciones de las ciudades fueron el principal
mecanismo de una planificación económica
y social establecida y mantenida con el fin de
lograr los medios para que la Metrópoli
pudiera continuar manteniéndose como primera
potencia militar del mundo europeo (de Ramón,
1999:9). Dicha planificación daba una función
específica a cada población urbana.
Por ejemplo la fundación de Santiago fue
fundamental para el avance de la dominación
española, sin embargo más tarde,
su función fue cambiando teniendo como
finalidad la explotación económica
del territorio. En el caso del nacimiento de Potosí,
esta aparece en respuesta al descubrimiento de
minas de plata. Mas allá de la función
que podía tener la ciudad al principio,
esta se iba modificando de acuerdo a las necesidades,
"puede sostenerse que el porvenir de
las poblaciones levantadas en las Indias estuvo
prefijado, aunque el desarrollo de los sucesos
históricos hiciera que el destino original,
en la mayoría de los casos, fueran modificados
sustancialmente." (de Ramón, 1999:12),
debido al desarrollo que naturalmente seguía
el centro urbano en busca del éxito de
la fundación.
El proceso fundacional de estos centros se desarrollaba
de manera gradual y les llevaba un tiempo consolidarse.
El establecimiento implicaba una cuidadosa planificación
que requería conocimiento de donde, por
ejemplo, era el lugar más propicio para
asentarse, la traza de solares para su posterior
ocupación, etc. Sin embargo no todos los
centros surgían luego de una planificación,
como en el caso de Potosí que apareció
espontáneamente debido a los buscadores
de fortuna que llegaban atraídos por las
minas descubiertas (de Ramón 1999:21).
Las fases de desarrollo que seguían a una
fundación eran: el poblamiento, la dominación
y el reparto de los nativos, la incautación
de las riquezas del territorio circundante, más
tarde la explotación; todo esto generaba
un capital originario que se desplazaba a través
de redes comerciales entre España y sus
posesiones (de Ramón 1999:12).
Los españoles se apropiaron de las riquezas
americanas, obtuvieron la mano de obra que necesitaban
para satisfacer sus ambiciones, para el trabajo
en las minas, en la agricultura, etc., a través
de instituciones como la encomienda, el peonaje,
la esclavitud de indígenas rebeldes y de
africanos más tarde. Y en esto las ciudades
cumplieron un importante papel, fueron las que
permitieron mantener este sistema, las que controlaban,
organizaban a la población tratando de
mantener el centro urbano sectorizado de manera
de facilitar las tareas de dominación,
evangelización, de tener control sobre
el sector indígena.
Como comenta Lockhart (1990), las ciudades españolas
se dividían en una sección central
para los españoles y los suburbios para
los indígenas.
Dentro de la sección española vivían
y trabajaban personas de todas las categorías
étnicas.
En la zona indígena vivían también
mestizos y negros pero los límites entre
la sección central y los suburbios eran
difusos, pues la parte central de la ciudad crecía
y se expandía hacia el sector indígena.
Como vemos a pesar de la sectorización,
los tres grupos (españoles, indios y negros)
interactuaban intercambiando sus costumbres mezclándose
biológica y culturalmente. En algunos lugares
los negros también se concentraron en una
zona. Pero aunque indios negros y españoles
vivían en lugares diferentes existían
contactos, puesto que los negros como los indios
trabajaban en la zona española dándose
una importante interrelación entre los
diferentes mundos.
La ciudad y su estructura social
Dentro de la ciudad, podemos mencionar a tres
grupos étnicos principales: europeos, africanos
y amerindios que interactuaban y se aculturizaban
mutuamente (Lockhart, 1990).
De Ramón (1999) plantea que dentro de estos
centros existía una estructura social rígida,
segregada y piramidal, existiendo en la cúspide
una pequeña elite que manejaba el sistema
de explotación económico y se beneficiaba
de él. Entre estos personajes podemos mencionar
a las autoridades políticas, mercaderes,
mineros y hacendados.
La familia española
Según Lockhart (1990), la sociedad era
esencialmente urbana. Esta dominaba los aspectos
legales, el comercio, la producción, como
así también las situaciones cotidianas.
Dentro de la ciudad se daban relaciones familiares
que creaban, a través de los matrimonios,
extensos grupos de parentesco (Lockhart, 1990:65).
La organización familiar fue creando solidaridades
y a través del matrimonio se daba la alianza
entre dos linajes. Cada familia tenía su
estrategia familiar para colocar así a
sus hombres en diferentes ocupaciones, en los
negocios familiares y a sus mujeres uniéndolas
en el matrimonio más conveniente a una
alianza con otra familia. En caso de ser grande
el número de hijos, algunos de ellos eran
enviados a formar parte del sacerdocio o los conventos.
En general la familia vivía en la misma
casa liderados por el hombre más viejo.
Por otra parte, la cohesión familiar abarcaba
distintos niveles y linajes, puesto que los hombres
de la familia solían tener también
familias informales con hijos naturales antes
de casarse, teniendo gran cantidad de parientes
ilegítimos que formaban parte de la familia
pues no eran rechazados, pero aún así
no eran considerados como iguales, sino que en
general estaban en la escala de sirvientes o administradores.
La posición social
Las posiciones sociales más altas, según
Lockhart (1990), eran restringidas y de difícil
acceso, para acceder a ellas se necesitaba aumentar
las riquezas o pertenecer a altas posiciones oficiales.
A su vez dentro de esta categoría había
diferentes tipos o grados de nobleza o riqueza.
La riqueza posibilitaba acceder a una posición
nobiliaria. Las rentas y el principio social estuvieron
en relación con la ganadería y la
tierra. La propiedad y la familia condicionaban
al funcionamiento de los otros principios de la
organización social. "El principal
objetivo del propietario era la consolidación
general de un elevado y permanente lugar en todos
los aspectos básicos de la economía,
sociedad y gobierno provincial." (Lockhart,
1990:71).
Supervisaban las operaciones parientes pobres
o ilegítimos y un administrador o supervisor
de alto nivel que supiera leer, escribir y manejar
la contabilidad.
Los mayordomos comunes se responsabilizaban de
la producción y venta si bien eran respetados
estaban obviamente en una categoría debajo
del propietario.
El siguiente escalón hacia abajo era el
trabajador permanente que tenía una habilidad
u oficio específico en la propiedad o empresa
y luego trabajadores temporales, pertenecientes
al mundo indígena más que al español.
Todos estos actores eran importantes en la organización
de la propiedad (Lockhart, 1990:72).
En cuanto a las profesiones letradas, como medicina,
derecho o la carrera eclesiástica, permitían
acceder rápidamente a altas posiciones,
incluso a aquellos pertenecientes a los sectores
medios.
Por otra parte también el comercio permitía
la movilidad social hacia posiciones altas, aun
el pequeño tratante podía llegar
a escalar posiciones.
Los artesanos y plateros especializados podían
vivir holgadamente e incluso a veces actuar como
banqueros.
Dentro de la categoría más baja
de la sociedad se encontraban los taberneros,
arrieros y marineros (Lockhart, 1990).
Los indígenas
El modelo social español con respecto
a la sociedad indígena de tipo sedentaria
fue el de una sociedad española separada,
urbana, localizada en un espacio central y alrededor
se ubicaban las entidades indígenas que
funcionaban semiautónomamente, de forma
separada. Esta separación era lo pretendido
por los españoles y la configuración
de la urbanización así lo destacaba
(Lockhart, 1990:76).
El mundo indígena a nivel local era muy
resistente y estable a pesar de la movilidad de
la gente hacia fuera o hacia dentro de las unidades.
La unidad provincial indígena fue la que
determino la circunscripción de la encomienda,
la parroquia o el pueblo indígena a establecerse.
Una vez establecida la agrupación, eran
dirigidas por alcaldes, sacristanes, etc. La introducción
de nuevos conceptos, de la nueva organización
contribuyó al cambio social y a la aculturación
(Lockhart, 1990).
Las pautas sociales o estructuras indígenas
que no entraban en conflicto con las españolas
eran mantenidas.
Por otro lado en las sociedades indígenas
semi-sedentarias, no se podía dar este
patrón de centro urbano debido a la movilidad
y características sociales de estos grupos.
Los españoles intentaron establecer la
mita o reclutamiento rotativo de la mano de obra,
pero esto solo podía hacerse existiendo
previamente una base organizativa social indígena.
Las estructuras españolas introducidas
funcionaban con mayor dificultad. Por otra parte
la mezcla tanto racial y cultural entre los dos
mundos, el español y el aborigen, se produjo
más rápidamente.
Con respecto a los indígenas no sedentarios,
el contacto con los españoles o con otras
sociedades indígenas sedentarias fue más
difícil o imposible hasta más tarde.
A través de las misiones trataron de asimilarlos.
Debido a su belicosidad eran tomados por esclavos
que enviaban a las áreas centrales donde
al final tomaban las costumbres y la legua española
(Lockhart, 1990:79).
Allí el esclavo indígena estaba
en similar posición que el africano e incluso
en un status más bajo.
La posición social de los dependientes
indígenas iba desde ser considerados como
por debajo de los plebeyos comunes a en algunos
casos ser poderosos, amparados bajo un generoso
señor (Lockhart, 1990:75).
Eran considerados como más semejantes a
los españoles físicamente hablando,
pero en el status social estaban debajo de los
negros.
Los indígenas eran utilizados como mano
de obra para diferentes tareas, y por medio de
instituciones como la mita eran distribuidos y
organizados hacia diferentes lugares, se convirtieron
en siervos dependientes y en otro tipo de trabajadores
permanentes (Lockhart, 1990:78).
La explotación y los abusos sobre todo
en la explotación minera hizo que fueran
desapareciendo físicamente por lo que fue
necesario introducir mano de obra africana.
Los africanos
Dentro del mundo español había
gran cantidad de personal auxiliar, entre ellos
se encontraban los africanos que no conformaban
un mundo en si mismo pues no existían como
sector separado sino que se hallaban distribuidos
entre las familias españolas y sus propiedades
(Lockhart, 1990).
Según Crespi (2001), los africanos participaron
en todo tipo de labor a causa de la desaparición
física de la mano de obra indígena
debido a los abusos y al trabajo forzado al que
fueron sometidos.
Para luchar contra el problema de la falta de
mano de obra, sobre todo en el ámbito minero
algunos funcionarios españoles intentaron
traer mano de obra esclava africana. El problema
de esto era por un lado, el alto precio de los
esclavos en el mercado puesto que el comercio
se hallaba en manos extranjeras (Crespi, 2001:132)
y por otro las dificultades físicas que
tenían los africanos a causa de la altura
y el frío, viéndose así dificultado
el trabajo de estos en las minas. Aún así
aparece un
"temprano interés
de los empresarios mineros por el trabajo esclavo."
(Crespi, 2001:131) ya que a falta de indígenas
no les quedaba otra opción que el trabajo
con esclavos.
El problema con el costo de los esclavos se atempera
por el contrabando llegado desde el Río
de la Plata durante el siglo XVII que logro bajar
el valor de los esclavos pudiendo así obtenerlos
de forma más accesible para toda una gama
de tareas diferentes (Crespi, 2001:132).
La autora propone que
"la plata peruana
fue la promotora del arribo sistemático
de navíos negreros al Río de la
Plata y como ciudad-puerto albergaba entre sus
vecinos más prominentes a tratantes que
introducían mercaderías y remesas
de esclavos a lo largo de la ruta Buenos Aires-Potosí."(Crespi,
2001:132-133). Pero también los esclavos
fueron utilizados mayormente en los ingenios y
en lugares donde las condiciones climáticas
fueran más propicias para ellos. "En
suma, fuera de las minas de oro en las zonas tropicales
el rol del esclavo fue relativamente escaso."
(Crespi, 2001:134).
Por otra parte los africanos y sus descendentes
libres o esclavos se utilizaron en el sistema
de transporte, en las fundiciones y también
fueron usados como mano de obra agrícola
pues la mita minera producía la migración
de indígenas fuera de sus comarcas. "La
demanda de mano de obra para las minas dejaba
sin trabajadores a los campos de cultivos."(Crespi,
2001:136) Esto perjudicaba el abastecimiento de
alimentos a los mismos centros mineros.
En cuanto a los ingenios azucareros y a los viñedos
ante las prohibiciones por parte de la Corona
de usar mano de obra indígena pues había
que liberarla para el trabajo en las minas, teniendo
que recurrir entonces al uso de esclavos.
La inclusión de esclavos se dio paulatinamente
por los altos costos que implicaban en la producción
agrícola.
Por otro lado la mayor concentración de
mano de obra esclava se uso a lo largo de la costa
peruana.
Los esclavos también fueron empleados en
el servicio personal, en el público, en
la Iglesia, en la Misiones, en la milicia, etc.
(Crespi, 2001:139).
La presencia de esclavos en diferentes zonas mineras
y circundantes del Alto Perú se debió
no solo a la ausencia de mano de obra indígena
sino también a la posibilidad de conseguir
esclavos a mejor precio gracias al contrabando
de esclavos proveniente del Río de la Plata.
La interacción de las categorías
étnicas o mestizaje
No solo hubo mezcla racial sino cultural. "La
mezcla racial no solo es inseparable de la mezcla
y fusión cultural sino que es más
una función de otros procesos que un proceso
autónomo y bien definido en sí mismo".
(Lockhart, 1990:88)
Podemos mencionar a tres grupos étnicos
principales según Lockhart (1990) europeos,
africanos y amerindios.
Tanto el mundo indígena como el español
constituyeron un conjunto que operó dentro
de las mismas estructuras y se interrelacionaron.
Por otra parte los negros no constituyeron un
mundo en sí mismos, sino que estuvieron
dispersos entre las familias y empresarios españoles,
sin embargo no se puede negar que también
formaron parte de esta "mezcla étnica"
en la que se amalgamaron costumbres, creencias,
etc.
"Una faceta crucial del esquema étnico
hispanoamericano fue el reconocimiento del mestizaje
en el sentido amplio del termino". (Lockhart,
1990:81).
Las mezclas étnicas jugaron un papel muy
importante en la formación de la América
española.
Los mestizos o mulatos ocuparon posiciones hispánicas
marginales y mediaron entre el sector indígena
y español.
Ciertas mezclas fueron concedidas como grupos
étnicos separados.
Las dos categorías intermedias fueron la
de mestizo (español-indio) y la de mulato
(negro-español).
Los negros-indios entraron dentro de la categoría
de mestizo por la similitud física con
el español.
Este mestizaje no solamente se dió en lo
biológico sino también en lo cultural.
La visión hacia estos "mezclados"
en algunos ámbitos, como en la alta sociedad,
era negativa, se los veía como escoria,
pues sus intereses se nutrían de dos sociedades
separadas y tanto mestizos como mulatos eran perturbadores
(Lockhart, 1990:82).
La categoría mestizo está sobre
la de negro-indio. La progresión es español,
mestizo, mulato negro e indio (Lockhart, 1990:82).
El esquema responde mas bien al "grado de
españolidad" o sea cuanto estaba la
categoría incluida en el mundo español.
Los límites de las categorías eran
flexibles. "Durante la mayor parte del siglo
XVI, la tendencia era llamar mestizo solo a aquellas
personas que eran abandonadas, destituidas o de
otro modo, desafortunadas. A lo largo del periodo
colonial, los mestizos y mulatos que tenían
parientes españoles influyentes o aquellos
que habían adquirido algún tipo
de riqueza oposición, podían escapar
de las categorías biológicas y ser
considerados españoles." (Lockhart,
1990:83)
En el mundo español tanto africanos como
indígenas eran denominados "mediante
un epíteto étnico" que desplazaba
al apellido, sin embargo si alcanzaban cierta
riqueza o cierto grado de "hispanización"
se quitaba el epíteto, pasando a versele
como si fuera español.
Cuando se usaba un nombre sin epíteto étnico
es que se trataba de un español, usando
el nombre del oficio, la ocupación que
ejercía, la palabra don, o en caso de la
mujer el estado civil.
Podía decirse que la situación económica
les permitía cierto movimiento social.
En general los españoles ocupaban funciones
altas pero también ocuparon puestos medios
y bajos como así también los indígenas
o mestizos podían realizar tareas medias.
El mestizaje permitió una suerte de intercambio
de culturas, ideas, costumbres entre negros indios
y españoles debido a la convivencia en
las ciudades. Los habitantes locales pasaron a
comportarse igual que los españoles y sus
empleados o esclavos negros.
Se puede decir que "no existió un
papel especial permanente para los étnicamente
mezclados" (Lockhart, 1990:89), tuvieron
papeles intermedios pero muchos de ellos entraron
al mundo español y se convirtieron en españoles
con más o menos grado de marginalidad.
Los mestizos como ya se ha dicho no formaban corporaciones,
hay poco registro de ellos lo que no significa
que hubiera pocos en la ciudad sino que estaría
mostrando lo que significaba para la sociedad
colonial su posición.
En el campo quienes se asemejaban al español,
eran considerados como tal, así que la
categoría mestizo prácticamente
no existió.
Al comienzo la aparición de mestizos y
mulatos se daba por las uniones ilegítimas
pero luego se fueron dando uniones legítimas
cuyos padres ya eran de categorías mezcladas,
siendo los mestizos la regla y ya no la excepción.
A finales del siglo XVIII
"el número
de personas de descendencia mezclada, sobre todo
mestizos biológicos, creció de forma
explosiva" (Lockhart, 1990:91) produciendo
el traspaso de estos sectores a posiciones intermedias.
El exceso de mestizos fue invadiendo el mundo
indígena.
Alianzas y categorías étnicas
En general se escogía con quien casarse
dentro del mismo grupo étnico o con alguno
cercano inmediatamente superior o inferior permitiendo
esto mantener una cohesión y lazos de solidaridad,
sin embargo se daban también uniones entre
categorías distantes a través de
uniones informales, en este caso la mujer podía
ser escogida de cualquier grupo étnico.
"La organización de la familia ibérica,
transpuesta al nuevo mundo favoreció el
reconocimiento limitado y la absorción
parcial de personas étnicamente mezcladas
entre los españoles, que son el fruto de
tales uniones mediante la adjudicación
a los vástagos ilegítimos de un
lugar entre los sirvientes y parientes."(Lockhart,
1990:89).
En el caso que los hijos ilegítimos fueran
varones llevaban el apellido familiar, eran administradores
o trabajaban en los negocios de la familia, recibían
parte de la propiedad pero siempre estaban en
un plano subordinado en relación a los
hijos legítimos.
En cuanto a las mujeres su padre trataba de arreglar
su matrimonio con españoles quizá
de rango inferior al padre como personas que trabajasen
para el. Si no había herederos los ilegítimos
heredaban sus riquezas y posición social.
Otra de las maneras de fortalecer lazos se daba
a través del parentesco espiritual sirviendo
de nexo entre personas muy separadas étnicamente.
Esta formación de la subcomunidad étnica
también se da en las cofradías o
hermandades religiosas quienes proveían
de un lugar de contención, proyectos en
común, ayuda mutua a ciertos grupos de
la población.
En un comienzo las cofradías no eran muchas,
eran mas globales existiendo uno o dos en cada
ciudad, mas tarde se van dando nuevas cofradías
basándose en dos principios, el de la profesión
y el de grupo étnico y continuaron con
el tiempo especializándose por ejemplo
dentro del profesional e incluso separándose
por sexo.
En el mundo español las cofradías
disponían solidaridades según el
nivel de riqueza y prestigio social.
Existieron también cofradías especializadas
por cada grupo étnico como por ejemplo,
los negros venidos de tal lugar específico
de Africa.
Por otro lado los mestizos raramente formaban
cofradías específicas.
En el mundo indígena también existieron
cofradías que ayudaron a unir diferentes
grupos dentro de ellas, sin embargo también
hubo lugares donde no se dio esta especialización
y por lo tanto no se producía la unión
de diferentes grupos.
La movilidad de la sociedad y el cambio social
Lockhart (1990) plantea que el desplazamiento
de individuos fue la manera fundamental mediante
el cual estuvieron relacionados el mundo indígena
y el español.
Esta movilidad se daba hacia otros centros urbanos,
hacia centros mineros o haciendas, por diferentes
motivos, como cumplir con la encomienda, o ir
en busca de trabajo en el caso de los indígenas
dando lugar este hecho al intercambio y contacto
entre españoles, indígenas y negros.
En estos lugares a los cuales se desplazaban se
encontraban trabajadores permanentes y temporeros.
Estos últimos muchas veces se transformaban
en trabajadores semipermanentes o permanentes.
Llevaban consigo su propia lengua y costumbres,
como así también regresaban a su
lugar de origen influenciados por las formas organizativas
españolas, dándose así el
enlace de los dos mundos, de los diferentes grupos
étnicos (Lockhart, 1990:94), por eso Lockhart
opina que la relación entre los trabajadores
temporales y permanentes fue clave para que se
produzca el cambio social en la América
española, una transformación cultural
y social (Lockhart, 1990:94).
En las ciudades o centros de interés se
daban fenómenos de atracción y marginalización
que se daban de forma complementaria producían
el crecimiento del mundo español.
La atracción también funcionó
en los niveles más altos, con comerciantes
que buscaban el progreso económico en otras
partes, con familias que querían cambiar
de residencia, etc.
Por otra parte la marginalización que implicaba
la expulsión de la población española
marginal desde el centro a las afueras de la ciudad
también ayudó a la nuclearización
pues en el centro quedaban los niveles sociales
más altos y los más bajos en contacto
con el sector indígena, reforzando así
el entretejido español (Lockhart, 1990:94-95).
Algunas familias u organizaciones, enviaban a
los jóvenes o más pobres a realizar
diferentes tareas en el campo, algunos volvían
y otros se radicaban tratando de mantener en los
nuevos lugares una vida similar a la que llevaban
antes a nivel material y social, o de mejor nivel,
produciéndose con esto la españolización
y la urbanización del campo (Lockhart,
1990:95).
Con respecto a la inmigración, esta estaba
relacionada con los otros procesos (marginalización
y atracción) originando un aumento del
sistema local, y sirvió para el mantenimiento
y crecimiento del sector español, permitiendo
cambios.
Algunos llegaban de España a las Indias
donde a veces tenían parientes o conocidos,
lo cual era una gran ventaja, o venían
a ocupar puestos en el gobierno o en la iglesia.
"Aparte de representar un movimiento de población
más duradero, la inmigración española
fue un mecanismo común del proceso de renovación
familiar en América." (Lockhart, 1990:99).
Este proceso de renovación se da en mayor
medida en los centros de gran riqueza.
Estos tres procesos marginalización, atracción
e inmigración hicieron de las Indias un
lugar caracterizado por una gran movilidad de
personas de todos los niveles sociales y tendían
a producir mayor cantidad de personas de cultura
hispánica que era fundamental para mantener
al sistema total (Lockhart, 1990:100).
La sociedad española formó núcleos
y se desarrolló y estabilizó alrededor
de lugares ricos. Este proceso Lockhart (1990:104)
lo denomina consolidación y un lugar estaba
más consolidado en la medida que tuviera
mayor cantidad de gente. La mayor consolidación
promovía el establecimiento de su propio
consejo municipal y a menudo las ciudades más
consolidadas extendían su influencia a
otras ciudades menores.
Para redondear, este autor propone que "Casi
todas las diferencias sociales entre las regiones
no directamente atribuibles a la base indígena,
son producidas por los mecanismos que ya se han
examinado: atracción, marginalización,
inmigración y consolidación como
respuesta a la riqueza." (Lockhart, 1990:104).
La inmigración fue atraída hacia
las regiones ricas y los estamentos altos se concentraron
en el centro y los bajos se colocaron hacia las
periferias, tomando estos últimos como
modelo al centro. La periferia fue ocupada por
población marginal llegada desde el centro,
por inmigrantes, extranjeros, mestizos, yanaconas
y negros.
A modo de conclusión
Los tres autores analizados, Crespi (2001), de
Ramón (1999) y Lockhart (1990) Plantean
diferentes ejes que permiten acercarnos a un panorama
de la organización y conformación
de la América Colonial.
A partir de lo expuesto vemos lo que sigue:
1. Según de Ramón (1999) el establecimiento
de los centros urbanos fue una herramienta política
de expansión por medio del cual los españoles
accedieron a los recursos y a la mano de obra
necesaria para la explotación de los mismos.
2. Por medio de estos centros urbanos se dominaba,
se aculturizaba al nativo usando otra herramienta,
la evangelización.
3. Las ciudades fueron necesarias para mantener
el sistema socio-político-económico.
Tenían una funcionalidad y una coherencia
interna (sectorización) que apuntaba al
dominio sobre los "otros".
4. Dentro de la ciudad se daban alianzas entre
diferentes actores que tenían un interés
en común, estas alianzas daban coherencia
y mantenían el sistema social poniendo
a cada uno en su lugar y por otro lado creaba
solidaridades.
5. Siguiendo a Crespi (2001) la mano de obra esclava
africana fue introducida a causa de la desaparición
física de los indígenas (que eran
muy necesarios para el trabajo sobre todo en las
minas) gracias a la explotación a la que
fueron sometidos y debido a la importancia de
este comercio para la elite porteña. Fue
difícil el reemplazo hacia la mano de obra
esclava por los altos costos de estos en el mercado,
pero el contrabando llegado desde Buenos Aires
permitió que los valores fueran más
accesibles, creándose toda una red de distribución
desde Buenos Aires hacia Lima, Chile y otras partes
de la América colonial.
6. Para Lockhart (1990) el desplazamiento físico
de los individuos, que puede verse a través
de los procesos de atracción, marginalización
e inmigración, permitió la transformación
cultural y social, el mestizaje.
7. La mezcla de etnias, la mezcla de españoles,
aborígenes y africanos fue muy importante
en la conformación de la América
Española.
Palabras finales
Después de lo trabajado podemos decir
que es evidente que la instalación de centros
urbanos, ubicados estratégicamente para
cumplir con diferentes funciones, fue la manera
de avanzar, colonizar y conquistar que tuvieron
los españoles en las Indias.
A partir de estos centros se logró la captación
de los recursos existentes y la obtención
de mano de obra indígena.
La ciudad fue el medio propicio para aculturizar
al indígena a través de la evangelización
y poder así dominarlos para lograr los
fines españoles: obtener riquezas que fluirían
hacia el Viejo Mundo que estaba pasando por verdaderos
problemas económicos y para la elite americana.
Pero después de la desaparición
física de grandes cantidades de nativos
y la demanda en aumento de mano de obra, más
las substanciosas ganancias que implicaba para
ciertos grupos de la elite el contrabando de esclavos
negros, y por otra parte, no debemos olvidar a
aquellos que protestaban ante los abusos a los
que eran sometidos los indígenas; quizás
todas estas razones llevaron a la utilización
de esclavos negros que de a poco comenzaron a
ocupar los puestos vacantes en diferentes tareas.
La ciudad fue el ámbito en el que interactuaban,
convivían y se mezclaban las diferentes
costumbres, culturas. El indígena tomo
la forma de vida española, no fue el único
que tomó las costumbres del otro, el español
también asimiló muchas costumbres
locales como ser comidas, creencias en algunos
casos, etc., todo ello como resultado del contacto
y la convivencia. Lo mismo ocurrió con
los africanos, estos si bien tomaron las costumbres
española, llevaron consigo su bagaje cultural.
Todos ellos se fundirían.
En la América colonial se dio una mestización
no solo física, sino también cultural
entre todas las categorías étnicas
que convivían allí: españoles,
indígenas y africanos, dando lugar a un
cambio, a una nueva sociedad que iría teniendo
su identidad propia, una sociedad en la que la
elite iba tejiendo una trama de relaciones, estableciendo
alianzas que le permitían mantenerse en
el poder y enriquecerse, una sociedad que más
tarde reclamaría su independencia de la
Madre Patria.
Bibliografía
LOCKHART, James. "Organización y
cambio social en la América española
colonial". En: Bethell, L,. (ed..), Historia
de América Latina. Quito, Cambridge University
Press, Ed. Crítica, 1990, tomo 4, cap 3.
(texto 38)
De RAMÓN, Armando: "Urbanización
y dominación. Reflexión acerca del
rol de las ciudades en América Latina.
(1535-1625)". En: Boletín de Historia
y geografía. Universidad Católica
Blas Cañas, 1999, N°12, pp.5-31 (texto
39)
CRESPI, Liliana: "Utilización de mano
de obra esclava en áreas mineras y subsidiarias".
En: Picotti, Diana (comp.): El negro en la Argentina.
Presencia y negación. Bs. As., Ed. América
Latina, 2001.(texto 40)
|
| |
Universidad Nacional
del Comahue (CRUB)
Facultad de Humanidades - Departamento de historia
América I
Parcial Domiciliario
Profesora Titular: Lic. Carla Manara
Ayudante: Virginia Habegger
Alumno: Maximiliano Javier Lezcano - Leg.
110661
Consigna: En cuanto a las rebeliones sociales
en tiempos del Estado Borbónico; analizar,
explicar y relacionar el aporte de los siguientes
autores: Glave (2005), Madrazo (2001) y Horlent
(1997).
1. Elaborar una introducción al tema.
2. Identificar, diferenciar y priorizar a
lo largo del análisis las ideas centrales
que sostiene cada autor sobre el tema (recurrir
a citas textuales o a referencias sobre los mismos).
3. Conclusión personal que articule
los aspectos trabajados sobre el tema
Rebeliones populares en la hispanoamérica
colonial (1750 - 1824)
"cuando no podemos comprender un proverbio,
un chiste, un rito o un poema, estamos detrás
de la pista de algo importante. Al examinar un
documento en sus partes más oscuras, podemos
descubrir un extraño sistema de significados.
Esta pista nos puede conducir a una visión
del mundo extraña y maravillosa."
"apartarse del camino trillado quizá
no es una metodología, pero así
se tiene la posibilidad de disfrutar de visiones
poco usuales, que pueden ser muy reveladoras."
Robert Darnton: "La gran matanza de gatos
y otros episodios de la historia de la cultura
francesa", Fondo de Cultura Económica,
México, 1987.
Introducción
El contexto de época en el cual analizaremos
las rebeliones indígenas en la Hispanoamérica
del siglo XVIII está signado por una profunda
aculturación, en el marco de un marcado
paternalismo religioso e ideológico, estimulado
por una constante sobrecodificación (Madrazo
2001). Este paternalismo se construyó sobre
la base de la conquista e imposición de
sistemas de organización ajenas a los nativos,
comenzando por el establecimiento de una Ley que
es más respetada por el poder que detenta
que por la justicia que administra. Estas rebeliones
se distancian así de aquellas del siglo
XVI, en donde actuaban grupos aún sin dominar
tanto como otros que habían sufrido sólo
un corto lapso de dominación y consiguiente
aculturación.
Para el siglo XVIII se ha instaurado en las sociedades
hispanoamericanas de origen indígena un
paternalismo regido principalmente por la Iglesia,
que influenciará conciente o inconcientemente
las actitudes de los caudillos rebeldes y sus
seguidores, lo cual provocaría el fracaso
de estos movimientos (Madrazo 2001:41).
Glave, Madrazo y Horlent son tres autores que
interrogan a los actores sociales que vehiculizaron
de muy variadas maneras sublevaciones contra el
orden colonial; son esas "otras rebeliones"
de las cuales nos habla Van Young a través
del texto de Glave. Estas manifestaciones populares,
campesinas; de indios y pobres, muchas veces sin
coordinación y dispersas fueron poco tenidas
en cuenta en el proceso de emancipación
de la Nueva España, subsumidas por los
movimientos mayoritarios que llevaron adelante
los criollos. Se plantea la necesidad de estudiar
los "discursos subalternos" para llegar
a las creencias del pueblo, diferenciándolos
de los de la elite.
Las otras rebeliones: sublevaciones populares
en México y en los Andes
Glave (2005) comenta los avances historiográficos
sobre la participación popular en las independencias
suramericanas y en la cultura política
de la época. Parte del comentario historiográfico
de la obra de Eric Van Young "The other rebellion.
Popular violence, ideology and the Mexican struggle
for indpendence, 1810-1821", referida a esa
era de luchas que llevaron a la emancipación
de la Nueva España. Se detiene en aspectos
de la polémica que mantiene Knight (2004)
con este autor y continúa con comentarios
de obras de otros autores que tocaron el tema
de las rebeliones populares en México y
en Los Andes, comparando los procesos políticos
que se dieron en ambos casos.
Glave se plantea un revisionismo historiográfico
de la producción moderna sobre el estudio
de las independencias; la forma de construir esa
Historia. Propone
"leer nuevamente
las fuentes y los testimonios, así como
dotar a los continuadores de nuevas herramientas
de comprensión y de elementos de juicio."
En su análisis comparado se va a detener
en la problemática de la existencia y valoración
de las "otras rebeliones" (parafraseando
a Eric Van Young), la revaloración del
protagonismo de los actores populares, la participación
de las múltiples caras de las sublevaciones
campesinas en el proceso indepentista, las aparentes
contradicciones del actuar de los insurgentes
campesinos, los diferentes intereses de las sociedades
rurales y de los criollos, el rol de la cultura
letrada en los sectores populares y los métodos
historiográficos para estudiar estos temas.
La obra de Eric Van Young
Van Young analiza las formas de participación
y la violencia popular en las luchas por la independencia
novohispana. Es un autor crítico y de producción
depurada; enfrenta testimonios y los documentos,
usa diversas herramientas, incluso las del psicoanálisis.
El planteo central de su obra se basa en que lo
que se buscaba con esas "otras rebeliones"
no era tanto la "liberación nacional"
sino la defensa de las identidades locales y los
niveles de explotación como aspectos locales
de las relaciones sociales, como también
opinan otros autores.
El argumento central de Van Young reside en el
estudio de las manifestaciones sociales menores,
como tumultos y otras conmociones locales que
están desvinculadas de las grandes rebeliones
pero que las preceden y acompañan; esas
"otras rebeliones", de carácter
popular, que en la historiografía pueden
denominarse "resistencias adaptativas"
o "economía moral" (Glave 2005:290).
La obra de Young retrata a los rebeldes como actor
social multifacético, con el papel de los
indios, los líderes, tanto laicos como
religiosos y finalmente los actos de violencia
y su interpretación cultural.
Este autor identifica factores etnoculturales
como motivación de la participación
rural en la insurgencia mexicana de 1810. Separa
la rebelión rural y popular de la insurrección
liderada por los criollos. Discrimina dos tipos
de rebeliones; la de la elite y la de los campesinos.
En esta visión dual se aleja de la idea
de que los indios participaran en una liberación
nacional; más bien sí defender su
identidad comunal, reinterpretarse y contrariar
a los sectores que afectaban sus relaciones con
la economía y la política coloniales.
Para Brian Hamnett (2002, en Glave 2005), que
también analiza la obra de Van Young, este
autor efectúa una interpretación
"comunalista" de la movilización
rural, lejos de una actitud nacionalista e indepentista.
Estudia la doctrina y la cultura popular; asegura
que no hubo "doctrina" o macropolítica
que guiara a las movilizaciones campesinas, pero
admite que algo del discurso político anti-régimen
entra en la vida cotidiana de pueblo; de lo cual
pueden quedar vagos rastros que es necesario seguir.
En este sentido, Glave efectúa algunos
comentarios sobre diferentes visiones del rol
de la cultura letrada en los sectores populares.
Deja claro que a la luz de la historiografía
actual la postura de que los sectores populares
quedaban al margen de la cultura letrada, en sus
múltiples formas y soportes, es un argumento
vencido por los profundos estudios efectuados
al respecto. En este tema destaca el aporte de
la Historia Cultural y de la lectura. Leer fue
lo más común y estimulado por la
ideología dominante, aunque poco a poco
el pueblo fue apropiándose de la escritura.
Su manejo fue un logro social, una forma de desafiar
al poder establecido. La literatura "de cordel",
los pliegos sueltos, pasquines, los resúmenes
manuscritos de libros, coplas, comedias, etc.,
en sus versiones escritas y orales, atraían
la atención del pueblo.
En esta línea, Glave (2005:305-306) se
refiere a un estudio microhistórico de
comunidades aymaras en el altiplano surandino.
Destaca el caso de un pasquinista que en 1819
fue sentenciado a muerte por la difusión
de mensajes de desobediencia, de deslegitimación
de la monarquía y la soberanía popular.
Unos quince indígenas que lo secundaban
también fueron enjuiciados. Sus pasquines
se dispersaron por varios poblados y seguramente
alcanzaron a un importante sector campesino. El
autor se pregunta entonces: "¿Las
formas de expresión de la ilustración
causaron un cambio en las mentalidades populares,
o fue que el ámbito cultural del pueblo
permitió la difusión y la lectura
no letrada, humilde, de la ilustración?".
El rol del pueblo en el proceso indepentista
Young insiste en que no hubo patriotismo entre
los campesinos; mas bien "campanillismo",
es decir una lealtad al pueblo que precede al
patriotismo. Así, para Knight el planteo
del autor deja de lado claramente la inclusión
del campesino en la lucha por la independencia.
Por el contrario Tutino (1990 en Glave 2005:291)
piensa que
"es absurdo excluir estas
movilizaciones populares que pelearon la autonomía
provincial y local de la categoría de los
movimientos indepentistas."
Analizando diferentes posturas, como expresa Glave
(2005:284), las interpretaciones sobre el rol
del pueblo en el proceso indepentista
"van
desde la visión patriótica de la
participación épica del pueblo dentro
del frente común liderado por los criollos
para emancipar la patria común y formar
una nación, hasta ésta donde los
pobladores rurales, los indios y pobres mayoritarios
del "pueblo" mexicano, si bien participan
violentamente en la insurgencia, eran ajenos a
las ideas de nación o a alguna representación
discursiva colectiva; se movían defensivamente,
mirando hacia atrás, para rescatar su identidad
y su ser colectivo, moral, social y político,
tenían "otra rebelión"
y, a la postre, la independencia les era ajena."
Un punto intermedio podría ser el que plantea
Castro Gutiérrez (2003 en Glave 2005:284)
en cuanto a que entre los indios y la plebe existió
un sentimiento de identidad que incorporaba a
los "españoles americanos" en
contra de los "españoles peninsulares",
en una suerte de conciencia "protonacional".
En este sentido también aporta Alberto
Flores Galindo (en Glave 2005:299) cuando plantea
que el hecho de que Túpac Amaru convocara
tanto a indios como a blancos nacidos en los Andes
"puede apuntar a una incipiente formación
de una discreta comunidad imaginada interracial."
Algo así como lo que sostiene Glave al
considerar testimonios que el mismo Van Young
aporta y que le hacen pensar en que existía
"una corriente subterránea
que cuestionara la legitimidad de la conquista
y la hegemonía colonial".
Una realidad sobre la que trabajan autores como
Van Young es la marginación de la participación
de los indios en los movimientos indepentistas.
Su participación, muchas veces sin coordinación
centralizada y dispersas, quedó subsumida
por las movilizaciones colectivas de mayor envergadura
y con liderazgo marcado. Como expresa Glave (2005:291)
"Eso ocurrió por la forma como se
divulgó luego y se recepcionó la
historia de la emancipación. En las visiones
de la independencia, los nacionalistas centralistas
deslegitimaron a los localistas y regionalistas,
crearon un concepto de independencia que coincidía
con su interés centralizador, usurparon
el lenguaje y negaron la participación
popular en los conflictos."
Un planteo de Young es que en los resultados de
movimientos sociales populares no se encuentra
necesariamente la explicación de las razones
de los actos que condujeron a ellos.
Contra el rey por el rey
Van Young enfoca en su obra la aparente contradicción
de campesinos que se revelaban en nombre del rey
mientras mataban españoles, así
como las diferentes formas de mesianismo contemporáneas
a estos movimientos.
Según Glave (2005:280), "El fenómeno
de la "escisión" (splitting)
se utiliza de manera insistente -y no como simple
comentario- para explicar la aparente contradicción
entre la reverencia de los insurgentes hacia Fernando
VII y su disposición a matar gachupines
[españoles]."
Glave también analiza el texto de Landavazo,
quien ante la postura de la instrumentación
y utilización de la figura del rey como
una forma de legitimizar los alzamientos, sostiene
que se trata de una genuina forma de creencia
popular en el rey y un fidelismo especialmente
fuerte hacia Fernando VII. En esto parece coincidir
Glave, al expresar que se mantiene la idea de
que efectivamente se defendían los derechos
del rey (Glave 2005:281). Otros argumentos que
consideran a la devoción al rey por parte
de los insurgentes como una forma de "enmascarar"
el objetivo de la independencia son descartados
por la evidencia histórica.
La nueva historia cultural
El autor explica brevemente el derrotero de las
formas de pensar y de hacer la historia en las
tres últimas décadas; con el regreso
de la historia narrativa, el predominio de lo
social sobre lo económico de la década
del 70' y la confluencia de tendencias en una
Historia Cultural en los ochenta. Para esa fecha
ya se había dado el "giro lingüístico"
y se habían expresado los postulados posestructuralistas
y deconstruccionistas. En el caldero de la Historia,
se mezclaron con los revisionismos históricos
y dieron lugar al "giro cultural" o
"nueva historia cultural", precediendo
al "giro historiográfico". Este
nuevo paradigma fue alimentado con los enfoques
de numerosos autores, desde la microhistoria,
la cultura popular, la antropología, la
sociología (que se hizo histórica),
la historia de las mentalidades, el marxismo culturalista.
Temas como la historia de vida cotidiana, la antropología
histórica, historia de género, del
discurso, de los conceptos, la memoria, las mentalidades
colectivas e identidades que parten del narrativismo
revitalizado, etc. confluyen en obras como las
de Van Young; se trata de conocer la producción
de símbolos, sus formas de percepción
y las prácticas asociadas.
La corriente historiográfica de la nueva
Historia Cultural está presente en el libro
de van Young y en el análisis de Glave
(2005:294):
"se trata de asumir la
verdadera naturaleza de la cultura popular para
entender los comportamientos de las mayorías
rurales, indígenas y campesinas, de la
plebe urbana, de los estamentos de lo que luego
sería el pueblo en las sociedades americanas
en sus transiciones poscoloniales."
Como también expresa Glave (2005:305),
"la nueva historia cultural analiza
los comportamientos de los sectores populares
en las movilizaciones políticas que antecedieron
a las independencias hispanoamericanas. Pretende
escuchar las voces múltiples del pueblo
que se alzaron por medio de actitudes, creencias
y acciones -individuales o en redes- dentro de
un proceso mayor de crisis de representación
en el conjunto del estado virreinal. Al analizar
las relaciones entre las vivencias del pueblo
y los procesos de cambio, ubicamos más
certeramente a los actores populares y les damos
el protagonismo que viejas visiones políticas
o nacionalistas les habían arrebatado."
Agitaciones populares en el mundo andino
Glave (2005:297) estudia los movimientos sociales
y la revolución en el sur andino a inicios
del siglo XIX, coincidiendo con Van Young en que
las formas de hacer la historia cultural
"surgen como necesidad para ahondar en el
conocimiento de un tema que ha sido visitado de
mil maneras previamente y que sigue tan escurridizo
como necesario es darle una interpretación
que no sea un dogma o una visión parcial."
En una introducción a la comparación
con los procesos que se dieron en el mundo andino,
comenta que en general los historiadores dedicados
a esta temática suelen asociar los episodios
de violencia popular con las grandes rebeliones
del siglo XVIII más que con la coyuntura
previa a la emancipación. En ese sentido,
niegan la participación rural y popular
en el proceso emancipatorio (Glave 2005:298).
Sin embargo, una relectura de estos aportes y
nuevas investigaciones de archivos hacen que otros
autores se inclinen por la segunda alternativa,
además de inclinarse por la existencia
en los pueblos indígenas de potente socialización
política.
Otro autor que comenta Glave es Ward Stavig, que
estudia el área donde se dio la revuelta
de Túpac Amaru. Este autor destaca el uso
que hizo el indígena del sistema estatal
y legal español, al cual recurría
como protesta contra los abusos y la corrupción
de la ley, nunca contra el sistema mismo.
En relación con la temática de interés
del estudio de Glave, Cahill (2002 en Glave 2005:303)
se planteó un plan de trabajo que buscaba
"aclarar el nivel de participación
popular en las protestas, la participación
de los campesinos en procesos políticos
de naturaleza urbana, si las masas eran instrumentos
de la política patricia o en qué
grado y con qué contradicciones y si las
protestas fiscales por ejemplo fueron un plasma
de una ideología popular de más
larga duración." Esta visión
viene a resumir la problemática planteada
por la diversidad de autores que trata Glave.
El autor reflexiona sobre las divergencias que
se observan entre los puntos de vista de los autores
que analiza, en relación a la obra de Van
Young, aunque reconoce en ellos similares herramientas
y perspectivas metodológicas. Sostiene
la idea de comparar los procesos en México
y en los Andes.
La figura del paternalismo colonial en la revolución
tupamarista de 1780-1781 en los Andes
Madrazo (2001) se propone analizar características
de la rebelión andina de Tupac Amaru (José
Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru) en 1780,
dentro de las cuales pone énfasis en las
actitudes de los caudillos, en particular ante
la justicia española. El autor intenta
explicar estas actitudes en el marco de los factores
subjetivos y culturales que actuaron en la rebelión,
sostenidos por una estructura paternalista como
herramienta de dominación, entendiéndose
como Padre a la ley española, el rey y
la Iglesia. El complejo de Edipo existe en las
sociedades, dice el autor, en ocasiones como estructura
omnipresente. Así, enfoca el tema de la
gesta tupamarista mediante la "exploración
de motivaciones inconcientes que son altamente
explicativas y que pueden estar vinculadas o no
con un padre todopoderoso". (Madrazo 2001:
39).
Madrazo formula preguntas y ensaya respuestas.
Articula su análisis en torno a ellas,
siempre siguiendo un eje claro: la figura omnipresente
de doble identificación filial, con una
estructura paternalista encabezada por Dios y
el rey, continuado por el virrey, el visitador,
el corregidor (literalmente mencionado como "padre"
por los españoles), etc. En toda respuesta
que elabora se encuentra esta figura y en ella,
justamente, reside su propuesta de análisis.
El autor asume una dualidad de la Historia que
se refleja en, por un lado, en lo que la gente
desea y, por el otro, en el conjunto de condicionamientos
externos propios de cada sociedad y cultura en
la que se desarrollen los acontecimientos. Madrazo
pone a Túpac Amaru en el diván del
psicoanalista y trasciende las figuras ya míticas
de un subversivo que hacía renacer una
y otra vez los miedos más profundos de
españoles y mestizos adinerados, o bien
la de un líder justiciero y admirable que
perdura hasta hoy. El autor hurga en los documentos
históricos y llega a descubrir un Túpac
Amaru atrapado en las redes del paternalismo agobiante
en el que estaba sumida la sociedad hispanoamericana
de la cual formaba parte.
En este ambiente de sometimiento y religiosidad,
caracterizado por una constante sobrecodificación,
los actores del drama tupamarista actúan
influenciados por la jerarquía socio-religiosa
paternalista que los domina, con la figura de
Dios como Padre al cual conducen todos los caminos.
En este sentido, destaca el autor, la formación
religiosa recibida de los jesuitas por Túpac
Amaru va a influir posteriormente en sus actos.
Aún así, su devoción religiosa
no le impediría criticar y sancionar a
representantes de la Iglesia, cuya jerarquía
eclesiástica muchas veces formaba parte
del propio sistema de explotación y se
prestaba a diversos actos de corrupción.
La propuesta de Túpac Amaru
Qué quería lograr Tupac Amaru?,
se pregunta el autor. Nuevamente aquí tratará
de desbrozar el conocimiento histórico
para alcanzar otras respuestas posibles. Analiza
la supuesta intención independentista,
en el marco de una determinada concepción
del estado y la sociedad de la época, de
doble filiación, tanto incaica y española.
El concepto organicista, de hondas raíces
en el mundo incaico, caracterizó a la rebelión
tupamarista. Así, el movimiento no perseguía
cambiar la estructura básica del estado,
sino que "Lo que se pretendía cambiar
con este proyecto era la posición relativa
de los actores sociales y la participación
en el acceso a los bienes, con exclusión
de los españoles peninsulares en la nueva
sociedad." (Madrazo 2001:42). Tupac Amaru
se reconocía como descendiente de los incas
y por lo tanto veía legitimizada su inclusión
en un estamento superior dentro de la estructura
del estado español. Reclamaba el reconocimiento
de su ascendencia incaica y de los derechos correspondientes.
El autor no cree que la independencia fuera el
objetivo final del movimiento tupamarista; de
hecho expresa, "el programa revolucionario
de Túpc Amaru no altera la concepción
vigente de la república de indios dentro
del orden colonial, sino que intenta una recomposición
del poder, con la probable intervención
del virrey-inca como interlocutor inmediato del
rey" (Madrazo 2001:58). En la lucha tupamarista,
dice el autor, "Dios y el rey guían
en calidad de padres al visitador, a la real audiencia
y a Túpac Amaru. En la instancia de la
lucha, los contendientes invocan al mismo rey
y al mismo dios como única inspiración
de todos sus actos, mientras se matan sin cargo
de conciencia por intereses contrapuestos y deseos
totalmente terrenales."
Túpac Amaru propone la restauración
de un estado autóctono en líneas
generales continuador del ya existente, pero rescatando
la identidad que pervive en los pueblos andinos.
Los reclamos del movimiento tupamarista fueron
más allá de la abolición
de los corregimientos y las injusticias que se
generaban en torno a ellos: se estaba cuestionando
el aumento de tributos, las ventas forzosas, la
obligación de la mita en la forma que había
adquirido dentro del sistema colonial, la explotación
por deudas, etc. Esta suma de demandas representaba
una amenaza directa al equilibrio que había
alcanzado el sistema colonial de sometimiento
y explotación. Sobre todo afectaba al "pacto"
imperialista que prometía protección
a cambio de sujeción, del cual el Rey era
el garante por su condición de "padre".
Dentro de este marco de paternalismo y pseudoreciprocidad,
en este sistema de relaciones se reiteraban situaciones
de injusticia que iban acumulando resentimientos
y una sensación de descontento que movería
a los indígenas a la búsqueda de
una identidad ya lejana en el tiempo. Los funcionarios
poco o nada hacían en favor de los indígenas,
que por lo demás y como expresa el autor
"Eran más burócratas que ilustrados,
mas borbónicos que reformistas, porque
esas eran las condiciones requeridas por el régimen."
El movimiento tupamarista fue una revolución
porque pese a enmarcarse dentro del sistema verticalista
impuesto por la Ley española de dominación
y sometimiento,
"intenta subvertir
las relaciones sociales y las normas desde abajo
hacia arriba y con un ideal reivindicatorio"
(Madrazo 2001:46).
La racionalidad del movimiento destaca aún
más los factores culturales que lo condicionaron
y que a la vez, según el autor, pueden
haber conducido a su fracaso. El proyecto tupamarista
encontraba su principal obstáculo en la
aceptación y validación del nuevo
orden político de la dominación
española que había reemplazado al
de la aristocracia incaica. La subordinación
étnica del mundo indígena se reflejaba
en la adopción de la religión de
los vencedores, de donde adquirieron la noción
de culpa que aplastaría toda esperanza
de cambio. Como expresa el autor, el convencimiento
y la conversión religiosa llevada a cabo
por los frailes van a consolidar, o más
bien a realizar la conquista. La dominación
de las mentes es más duradera que la de
los cuerpos. El adoctrinamiento religioso tiende
a la instauración de un orden basado en
la explotación y en el autoritarismo, con
la pérdida de la libertad individual. Este
proceso de alguna forma pasa desapercibido para
lo dominados porque el nuevo orden se encarga
de generar las estructuras de autolegitimación
que acompañarán su crecimiento.
El autor utilizará en el análisis
esta noción de concentración de
poder y su institucionalización, pero además
destacará la variable fundamental del símbolo
paterno.
Ahora bien, este paternalismo puede encontrar
un efecto colateral no deseado, como el que plantea
el autor para la coyuntura histórica que
analiza: el propio fundamento ideológico
del paternalismo se vuelve en su contra cuando
los indígenas repudian a los españoles
por ser "malos cristianos". Esto no
invalida la legitimidad del sistema, aunque sí
la de algunos de sus miembros, como los curas
corruptos. En este marco, el nuevo orden reavivó
viejas rivalidades entre los indígenas,
frecuentemente estimuladas como parte de una estrategia
contrarrevolucionaria. Este sería para
el autor otro factor de fracaso de los movimientos
sociales andinos hasta el presente.
Las actitudes aparentemente contradictorias de
la revolución tupamarista
El autor extrae de los documento información
que le permite explicar una serie de actitudes
de Túpac Amaru, que considera estrechamente
relacionadas y que fueron sujetas de explicaciones
erróneas:
1. teniendo todas las posibilidades a su favor
no atacó al Cuzco.
2. hasta último momento proclamó
su fidelidad al rey de España y a la Iglesia
que lo había excomulgado.
3. en el interrogatorio que precedió a
su condena y muerte mantuvo un comportamiento
de aparente sumisión ante un juez que era
su enemigo acérrimo.
Más adelante en el texto agrega otras actitudes,
como las de denunciar sin vacilar a sus colaboradores,
incluso a los más cercanos y caros a su
persona aunque mantuvo un silencio hermético
en cuanto a supuestos funcionarios cómplices
y la de solicitar ampliar su declaración
incriminadora, incluso aún después
de conocer la sentencia de muerte dictada por
el juez Areche.
El autor recurre a la propia historia de vida
de Túpac Amaru antes de ensayar su explicación
de estas actitudes, en las que reconoce la convergencia
de influencias recibidas a lo largo de su vida,
donde fue madurando un rol mesiánico de
liderazgo y aspiración de justicia.
Madrazo se despoja de las estructuras de pensamiento
y prejuicio de nuestra época y analiza
al personaje desde su particular cosmovisión.
La actuación de Túpac Amaru está
profundamente marcada por la ritualidad y las
creencias, donde lo imaginario se convierte en
verdadero y se vuelve un motor poderoso que guía
sus acciones y relativiza el valor de la vida.
Se considera bajo la protección de Dios
y teme al infierno. Cree que está próximo
el Apocalipsis y la resurrección de los
muertos. Estos conceptos son fundamentales para
el autor porque considera que es lo que impide
a Túpac Amaru mentir en el juicio al que
es sometido, aún en contra de su vida y
la de sus seguidores, a la vez que le da esperanzas
de resurrección.
Un enigma en la historia de esta revolución
es la extraña y recurrente decisión
de Túpac Amaru de no tomar al Cuzco, cuando
estaban dadas todas las condiciones para ello.
Su estrategia fue de defensiva, en vez de la de
ofensiva que a todas luces era esperable que tomara.
Como expresa el autor, nuevamente vemos en estas
actitudes el peso de su doble filiación
cultural y del carácter de símbolo
sagrado como centro del poder anterior y actual
que poseía el Cuzco. El mismo Túpac
Amaru expresa su intención
"de
no maltratar ni inquietar a sus moradores por
causa de algunos extraños, más los
interesados corregidores alborotaron la ciudad
figurando que yo iba a demolerla a fuego y sangre,
cuyo hecho era directamente contra la corona del
rey mi señor"
El Cuzco encarnaba
una figura paternalista en la que coexistía
el pasado y el presente; una figura que Túpac
Amaru no podía dañar.
El peso de la Iglesia y la Ley
El autor destaca en todo momento el peso de la
iglesia como figura paterna que recibe la obediencia
al dios cristiano por parte de los indígenas
como una "herencia" de la religión
antigua, activa en la vida inconciente de cada
creyente, en sus prácticas diarias y en
determinadas ceremonias anuales y ritos iniciáticos.
Como expresa el autor "La iglesia adquiere
su poder convocante a partir del propio rol de
mensajera de dios pero también lo hereda
de una vieja tradición, de una antigua
disposición de obediencia a la divinidad
que proviene de la sobrecodificación andina.
Esto ha contribuido a la consolidación
del nuevo dios de la cristiandad, que se erige
sobrepuesto a un mundo sincrético de prácticas
y creencias de doble filiación y, además,
apoyado en el poder de la iglesia como piedra
molar." (Madrazo 2001:64).
Sin embargo, durante la revolución tupamarista
la iglesia perdió poder; su prédica
fue desoída e incluso acusada de falsa.
La promesa de un rey inca por un momento difuminó
la imagen patriarcal omnipresente que emanaba
de la iglesia, aunque la idea misma no fue abandonada
y posteriormente los "hijos" regresaron
a su amparo.
El mérito de Túpac Amaru consistió
en haber contrariado a un sistema aplastante,
atrayendo a multitudes que se alineaban en torno
a una promesa representada por él mismo.
Su figura actuó como forma de inducción
del deseo y el acto de creer en una transformación,
latente en el mundo andino. Sin embargo, llama
la atención las deserciones de los seguidores
de Túpac Amaru y las liberaciones de culpa
de muchos de ellos, que el autor explica a partir
del miedo, de la inevitable y omnipresente figura
de la figura paterna, que una vez amenazada la
figura del líder revolucionario, volvía
con todo su devastador poder. Los sentimientos
de culpa y arrepentimiento que se muestran a través
de los documentos son la expresión del
regreso a la mente de los revolucionarios de esa
figura paterna que había sido cuidadosamente
elaborada por los españoles a través
de más de dos siglos de dominación.
Por eso, aún antes de haber se definido
la confrontación, tanto los cabecillas
como muchos subordinados aceptaron el indulto.
Entre otros factores desencadenantes de esta situación,
el autor considera al indulto como la nueva promesa
conservadora ofrecida por las autoridades españolas.
Las penas por las faltas cometidas son conmutadas
a cambio de retornar a la protección paternal,
al consabido sistema de relaciones coloniales.
Los españoles logran revertir así
los efectos liberales de la promesa tupamarista,
trocándola por la promesa de perdón
que restablecería el orden vertical preexistente.
Represión y luego persuasión, dice
el autor, son las dos cartas a las que recurría
el sistema virreinal. Así se restableció
nuevamente la percepción para el indígena
de que todo lo que atentara contra el "orden
natural" de "suave sometimiento"
al que era "conveniente" estar sujeto
era equivocado y culposo.
El juicio y las acusaciones
El fracaso de la revolución tupamarista
deja expuestos a los actores frente a la Ley que
cuestionaban, siendo sujetos de un juicio en el
que ya habían sido prejuzgados. No hubo
imparcialidad, no hubo derecho a apelación,
se desconocía la Legislación de
Indias y en todo momento se dejó entrever
la intensión de represalia aleccionadora
por el grave delito de desconocer la autoridad
del rey y de la Iglesia, todo esto dentro de un
terrorismo de estado que desconoció los
atenuantes previstos por la misma ley para estos
casos.
Los valores coloniales vigentes inducían
a la convicción de un "orden natural";
de arriba hacia abajo, de una cultura dominante
a una dominada. Túpac Amaru es acusado
del gravísimo delito de atentar contra
ese orden natural, lo cual lo deja al margen de
todo recurso real en su defensa. Su crítica
al sistema involucraba a la alta jerarquía
burocrática virreinal. La mala conducta
de los corregidores, uno de los puntos centrales
de sus reclamos, era adjudicada a la irresponsabilidad
de los ministros reales. El monopolio que mantenían
los corregidores sobre los precios era la base
de un complejo sistema de endeudamiento y contraprestaciones
en trabajo que producían la sobreexplotación
de los indígenas. Tal es así que
el tema era utilizado por el propio Túpac
Amaru como argumentación para demostrar
que los intereses del rey eran afectados, conduciendo
al despoblamiento y al deterioro social. Esta
situación sería, para el autor,
uno de los desencadenantes de la violencia que
signó la revolución tupamarista,
aún en contra de los deseos de su propio
dirigente. Sin embargo, no deja de tener en cuenta
la perspectiva cultural como factor explicativo:
se refiere al simbolismo de ciertos actos que
no pueden ser superficialmente tildados de "crueldad"
(como extraer el corazón , beber la sangre,
etc.), que en cambio remiten a antiguas prácticas
sacrificiales andinas. Esta perspectiva incluso
puede aplicarse a la misma muerte de Túpac
Amaru en manos de los españoles; como expresa
el autor "La muerte brutal de Túpac
amaru por desmembramiento simbolizó la
ruptura final del fantasma del Tahuantinsuyu;
su lengua cortada, el fin de la palabra subvertidora."
(Madrazo 2001:72).
Además de estas acusaciones, Madrazo destaca
que Túpac Amaru había hecho algo
más grave todavía; había
matado al "padre", claramente identificado
por los mismos españoles con el corregidor
al que diera muerte. La defensa desenmascaró
la figura ficticia de ese "padre" simbólico,
pero ningún esfuerzo fue positivo ni aun
siquiera atenuante: Túpac Amaru ya había
sido sentenciado a muerte antes del mismo juicio.
Pese a la constante intensión de verdad
sostenida en el juicio por Túpac Amaru,
el autor lo "sorprende" en una mentira
previa al juicio durante un encuentro con un soldado.
Madrazo cree encontrar aquí una clave del
paternalismo del cual era sujeto el dirigente
revolucionario: "no puede mentir bajo juramento
porque Dios es, sobre todo Dios-Padre, el padre
primero, el padre de la Ley con mayúscula,
un ser de quien él mismo pensó en
un momento que recibiría el don del mando
sobre los hombres americanos en su tierra. Este
temor y fascinación ante los sagrado terrible
explica su conducta durante el interrogatorio
y también en toda su actuación."
(Madrazo 2001:57-58).
Cuatrerismo y justicia colonial en Tucumán
(1750-1810)
En la segunda mitad del siglo XVIII la seguridad
en los caminos de Tucumán era escasa; los
robos por salteadores y cuatreros eran moneda
corriente. Las repetidas quejas de los vecinos,
en particular de la elite, llegaron a la justicia
y generaron numerosos expedientes judiciales criminales
tramitados en la ciudad de San Miguel de Tucumán
entre 1750 y 1810, los cuales analiza Horlent
(1997). El cuatrerismo en particular era muy común
en esa época, del cual quedó un
registro que permite acceder a las prácticas
de los "sectores subalternos" en el
ámbito rural.
La autora introduce al contexto histórico
de la época y en él encuentra las
claves que permiten comprender la ocurrencia los
procesos que va a estudiar. La autora se pregunta
sobre la influencia de la delincuencia rural en
las actividades comerciales: se comerciaban productos
de castilla y de las grandes haciendas, chacras
y fincas dedicadas al ganado y a la agricultura.
Se propone caracterizar la delincuencia en una
sociedad colonial y rural como la de San Miguel
de Tucumán y por ende del funcionamiento
de la justicia colonial: la identidad de los considerados
delincuentes, los delitos más frecuentes,
el tipo de peligro representaban para los vecinos,
etc., sin descuidar el propio perfil de los delincuentes
y su relación con los distintos sectores
sociales de la colonia.
Destaca el valor de los papeles administrativos
y judiciales para acceder al conocimiento de aspectos
de la vida de los "sectores subalternos"
de la colonia, entendidos como aquellos subordinados
socialmente (indios, "vagos", pobres,
delincuentes, conchabados en general, etc.), en
términos de clase, casta, edad, género,
oficio o cualquier otro modo (Klor de Alva 1995
en Horlent 1997:174). Como expresa Taylor (1987,
en Horlent 1997:175) para enfocar una historia
social de los campesinos
"los expedientes
de los procesos criminales resultan ser una buena
vía. Suministran pruebas especialmente
abundantes y bastante continuas del comportamiento
de los campesinos, y es posible oír la
voz de los propios campesinos hablar del mundo
en que vivían.". Sin embargo y como
expresa la autora, la utilización de esta
información demanda una serie de filtros
desde el punto que es generada por el Estado mismo.
La autora se detiene en el análisis de
las prácticas judiciales; en el funcionamiento
concreto del sistema judicial en la jurisdicción
de Tucumán. Las denuncias de los vecinos
ponen en evidencia la notable escasez de medios
judiciales (falta de cárcel, guardiacárceles
y efectivos policiales estables, etc.) y las arbitrariedades
y excesos de los jueces inferiores. Pese a esto,
el aparato legal, al cual recurrían tanto
poderosos como comunidades indígenas, no
dejaba de tener una presencia importante en la
vida colonial. En este sentido, el aspecto que
más interesa a los fines del trabajo de
Horlent es el del control social que se ejerció
a través del aparato judicial, que aportaba
una legislación dura que perseguía
el control de todos los aspectos de la vida social.
En las penas que se aplicaban a los transgresores
se evidencian las valoraciones sociales, que obviamente
favorecían a los españoles mismos.
La autora enfoca su análisis en los expedientes
de cuatrerismo, a los cuales divide en tres tipos
según las diferentes modalidades delictivas
y a los fenómenos sociales que involucran:
"El primer tipo corresponde al robo de reses.
Es una forma de hurto en pequeña escala
orientada a mejorara las condiciones de vida cotidiana.
Es un actividad de poco riesgo, muy extendida,
practicada por peones, agregados y habitantes
pobres de la campaña"
"El
segundo tipo es el de robos de mulas destinadas
a la venta en las ferias de Salta y Jujuy. Es
una actividad casi "empresarial", está
orientada al mercado, requiere de alianzas y participan
personajes más encumbrados. Los campesinos
que participaron en esta modalidad lo hicieron,
por lo general, en calidad de peones de quienes
organizaban este tráfico."
"El tercer tipo es el más complejo.
Corresponde a lo que se conoce como actos de bandolerismo.
Se trató de personas cuya situación
social era más precaria -desertores, prófugos
de la justicia, etc. acusados de delitos de más
peso y envueltos por lo general en episodios de
violencia.". Horlent se dedica en esta oportunidad
a los dos primeros tipos de delitos.
En el caso de los robos menores, de los cuales
hay pocos expedientes, la autora se pregunta si
estos casos se daban entre los propios habitantes
rurales (como en dos casos estudiados) o bien
se efectuaban mayoritariamente en perjuicio de
los "patrones". La evidencia disponible
la orienta en ese sentido, lo cual implicaría
una relevante evidencia de comportamientos sociales
relacionados con fenómenos de resistencia
campesina. Como expresa la autora (Horlent 1997:184)
"Esta modalidad de robo -el hurto de piezas
sueltas destinadas al consumo inmediato- es una
práctica característica de muchas
poblaciones campesinas en todas partes del mundo.
Scout (1985) la considera una de las formas más
típicas de resistencia campesina, entendida
ésta como el conjunto de acciones que llevan
a cabo los campesinos para mitigar o rechazar
las demandas de las clases superiores."
La autora encuentra que su caso de estudio reúne
los requisitos que propone Scout para caracterizar
a estas acciones de hurto como resistencias de
los "sectores subalternos": los robos
están dirigidos hacia los hacendados como
miembros de la elite y existe un conflicto entre
campesinos y ese sector. En relación al
segundo punto y al contexto histórico de
la época, la importancia creciente de la
ruta comercial atlántica y las reformas
borbónicas (como el Libre Comercio) estimularon
la actividad comercial de una elite emprendedora
(López de Albornoz en Horlent 1997:174)
que debió aumentar su mano de obra en las
haciendas y chacras, lo cual trajo aparejado la
presión sobre los campesinos, con legislación
coercitiva que obligaba a conchabarse en las haciendas
y chacras y una mayor presión sobre las
tierras, incluso con el desplazamiento de comunidades
indígenas.
Horlent (1997:185) propone así que "Esta
modalidad de robos de ganado vacuno en pequeña
escala, orientada al consumo inmediato, podría
encuadrarse, entonces, en un proceso de resistencia
de la población rural frente a la presión
de los comerciantes y hacendados tucumanos. Presión
ejercida como compulsión al asalaramiento
y despojo de tierras sobre una población
que lograba la autosubsistencia a través
del cultivo de pequeñas parcelas y la cría
de unos pocos animales."
En cuanto al segundo tipo de delito, el del robo
de mulas y tráfico interregional, se relaciona
con la reactivación minera en Potosí
durante el siglo XVIII, que generó una
intensa demanda de mulas y caballos. Los animales
robados tanto en la jurisdicción de Tucuman
como en las de Catamarca, Córdoba o incluso
Buenos Aires, eran conducidos través de
la ruta que unía a Buenos Aires con el
Alto Perú. El centro de este comercio,
que se vio seriamente afectado por la Revolución
de Mayo, estaba en la ciudad de Salta. Este tipo
de delito evidentemente se distanciaba mucho del
primero; no estaba orientado a la subsistencia,
se dirigía a un mercado externo e implicaba
toda una organización, que incluía
a diferentes actores sociales.
En resumen la autora plantea en este punto
"la existencia de circuitos de robo de ganado
mular más o menos permanentes. Estos circuitos
abarcaban varias provincias y terminaban todos
en las ferias de Salta y Jujuy. La principal mercancía
fue la mula y en menor medida yeguas y caballos.
Los pagos se hacían frecuentemente en metálico
aunque también en bienes. A diferencia
del robo de reses ésta fue una actividad
más claramente orientada al mercado. En
este circuito clandestino participaron españoles
y criollos bien establecidos. Alrededor de ellos
se formaron extensas redes de relaciones en las
que estaban involucrados peones, soldados, esclavos,
etc.". (Horlent 1997:190). En este contexto
sugiere la existencia de algún tipo de
clientelismo, aunque le faltan datos.
Comentarios sobre los textos analizados
El tema central que enfocan los autores en mayor
o menor medida es el estudio y valoración
de las manifestaciones de resistencia de los "sectores
subalternos", frecuentemente disimulados
o incluso negados dentro de movimientos mayoritarios.
El texto de Glave aporta el marco metodológico
en el que se insertan los trabajos de Madrazo
y de Horlent, que no hacen expreso los autores,
dentro de la nueva historia Cultural.
Un enfoque como el de la nueva historia cultural
se aleja de lo económico (hecho criticado
por ejemplo por Landavazo, según Glave);
intenta la explicación de comportamientos
sociales hurgando, como expresa Duby, en los pliegues
de la historia; incluso en las creencias y en
la psique de los actores. Un claro ejemplo de
este enfoque es el análisis que efectúa
Madrazo (2001) sobre las actitudes de insurgentes
tupamaristas en los Andes. La historia cultural
permite visiones de la historia que van más
allá de los dogmas y las parcialidades.
Esta es justamente la situación que plantea
Madrazo, cuando enfoca un tema que ha sido sujeto
de múltiples y a su juicio erróneas
interpretaciones.
Hay repetidas coincidencias entre el planteo de
Van Young y algunos autores en relación
a lo expuesto por Madrazo, aunque no con otros,
en particular en cuanto a la idea de que el movimiento
indígena no buscaba la independencia sino
la defensa de identidades e intereses locales
o a lo sumo regionales. Aún así
y si bien el mismo Van Young no comparte la idea
de una influencia doctrinaria en las movilizaciones
campesinas, ciertos rasgos de estos movimientos
alertan en ese sentido.
En el caso del tema que ocupa a Madrazo y tangencialmente
a ciertos autores que comenta Glave, la revolución
tupamarista estuvo signada por los condicionamientos
e influencias propias de una sociedad españolizada
y dominante como la de la época. En este
sentido, no se puede subestimar la influencia
que habrían ejercido los españoles
americanizados, que iban manifestando actitudes
incipientes de independencia con la corona, en
el marco de un pensamiento de entronque iluminista
a la española. Como el mismo Madrazo menciona
en el texto, españoles y mestizos apoyaron
(obligados o nó por las circunstancias)
a la rebelión tupamarista: escribientes
(que aportaron matices extraculturales en ocasiones
de carácter emancipatorio), curas, algún
ex jesuita, personajes de la alta sociedad (como
el caso de Cisneros, funcionario que se había
desempeñado como teniente de corregidor
y declarado anticlerical ya antes de su participación
en la revolución tupamarista). Cabría
pensar que estos personajes tuvieran otros intereses
que los planteados por Túpac Amaru y sus
seguidores, los cuales podrían alcanzar
a expensas de los cambios socio políticos
y económicos que se producirían
de prosperar la revolución tupamarista.
Incluso varios autores (Castro Gutiérrez,
Flores Galindo y Madrazo) ven en esta "asociación"
entre indios, pobres y criollos y mestizos una
posible impronta protonacionalista y pluricultural.
En el texto de Madrazo no queda tan claro el poder
de "inducción del deseo", en
palabras del autor, que habrían tenido
en la revolución tupamarista estos sectores
criollos y mestizos.
En ese sentido y como también expresa el
autor
"la impresión que dejan
los acontecimientos posteriores [a los primeros
momentos de la rebelión] es la de una identificación
de estos mestizos y criollos con el movimiento
rebelde, seguramente por motivos en parte distintos
a los que impulsaban a los indígenas a
la lucha. Algunos de ellos con toda seguridad
alimentarían la idea de una entera separación
de España." (Madrazo 2001:50). El
movimiento independista criollo perseguía
principalmente la apertura y el control del mercado
externo, a los que según el autor se habría
llegado a través de las situaciones de
conflicto que se habrían sucedido a partir
del triunfo de la rebelión tupamarista.
Considero que la aparente contradicción
de los campesinos que se revelaban contra el sistema
en nombre del rey, situación que obviamente
no se dio en los movimientos indepentistas criollos,
está marcando una diferencia básica
entre los discursos y connotaciones políticas
e ideológicas de las sublevaciones campesinas
y criollas. Este tema es tocado por Madrazo, que
esboza una explicación, basada en la fijación
cultural de una figura paterna que trasciende
las problemáticas locales y a la que recurren
constantemente tanto las fuerzas coloniales como
los mismos insurgentes. En este punto es nuevamente
coincidente la postura de Madrazo con la de otros
autores, como Stavig (según Glave), en
el sentido que la lealtad al rey siempre se mantenía
y que lo que se atacaba no era el sistema mismo
sino las partes que más afectaban la vida
socio-económica del indígena.
Por su parte Horlent hace una interesante valoración
y uso de los expedientes judiciales como vía
para acceder a los "sectores subalternos",
que raramente pueden dejar otro testimonio de
sus vidas. Esto de alguna manera lo discute Glave
en los comentarios que efectúa sobre el
acceso del pueblo a la cultura letrada y los materiales
que dispone el historiador en ese sentido (literatura
de cordel, pasquines, etc.). Aún así,
es cierto que el grueso de la información
disponible se compone de fuentes indirectas, es
decir se trata de documentos que más que
escritos por la gente, en su mayoría analfabeta,
se refieren a ella.
En el caso de los expedientes judiciales, a los
que básicamente recurre Madrazo, Horlent
advierte que si bien aportan mucha información,
son documentos generados por el Estado; guiado
por los intereses de la metrópoli y de
la elite local. En el caso de la revolución
tupamarista, es claro que los intereses directamente
afectados eran los de la elite local, más
que los de la misma metrópoli. Prueba de
ello es el comentario que hace Horlent (1997:186)
sobre la importante reducción en la venta
de mulas en el mercado altoperuano luego de la
sublevación de Túpac Amaru.
La postura de la autora en cuanto a considerar
a los robos a pequeña escala de vacunos
como estrategias de resistencia hacia sectores
privilegiados se enmarca perfectamente en el concepto
de "las tretas del débil", concepto
que mencionan varios autores, de amplia vigencia
temporal, incluso hasta nuestros días.
Cabe destacar que esta práctica trasciende
claramente el ámbito rural, alcanzando
zonas urbanas, en especial los sectores fabriles.
Bibliografía
Glave, Luis 2005. Las otras rebeliones: cultura
popular e independencias. Anuario de
Estudios Americanos, 62,1, pp.275-312, Sevilla,
España.
Horlent, Laura 1997. Cuatrerismo y justicia colonial.
San Miguel de Tucumán, 1750-
1810. Memoria Americana, N° 6, pp. 173-191,
Facultad de Filosofía y Letras, Buenos
Aires.
Madrazo, Guillermo 2001. Tupac Amaru. La rebelión,
Dios y el rey. Revista Andes, N° 12, pp.39-81,
Univ. Nacional de Salta, Salta.
|
|
|