|
La frontera surandina: centro de la confrontación
política a principios del siglo XIX (1)
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S1515-59942005000100009&lng=pt&nrm=iso
Carla G. Manara
CEHIR. Universidad Nacional del Comahue
Resumen
La preocupación de la historiografía
chilena y argentina por explicar la formación
de los estados nacionales a partir de las guerras
de independencia ha minimizado, cuando no ignorado,
la movilización social y política
que surgió rápidamente en las fronteras
del sur, tierras que estaban efectivamente bajo
el control indígena. Este mundo fronterizo
comprendía de antaño una vasta región
articulada por circuitos mercantiles y contactos
interétnicos que se extendían desde
las pampas bonaerenses hasta la Araucanía.
Dinámicas redes favorecieron la movilización
de una guerrilla realista asentada en el actual
noroeste neuquino entre 1822 y 1832 bajo el liderazgo
de José Antonio Pincheira.En tal contexto,
el objetivo de este trabajo consiste en estudiar
dicha movilización, los recursos, las estrategias
y las alianzas entre los grupos para explicar
la emergencia de esta frontera como espacio de
la confrontación política. A través
del trabajo documental realizado y la relectura
de la producción historiográfica
tradicional intentamos revertir la escasa relevancia
dada a esta frontera en el proceso emancipador
y poner en consideración el protagonismo
de todos los actores involucrados.
Palabras claves: Independencia-fronteras-guerrilla-indígenas-pugna
política
1. Introducción
A comienzos del siglo XIX se produjo en Hispanoamérica
un panorama general de manifestaciones independentistas,
claros indicadores de la crisis del orden colonial.
Los textos fundantes de la historia nacional de
Argentina como la de Chile legitimaron versiones
muy recortadas y parciales acerca de la transición
política entre la vieja tradición
monárquica y los nuevos estados-nación.
De tal modo, la historia de ambos países
se construyó tendiendo a sobredimensionar
algunos aspectos del proceso emancipador y omitiendo
otros.
Estas historias contadas desde los centros de
poder presentaron una imagen estereotipada de
los espacios fronterizos así como de todos
y cada uno de los actores sociales vinculados
a éstos. Las versiones tradicionales terminaron
por consolidar tales estereotipos enmascarando
situaciones conflictivas y relativizando protagonismos
adversos a las elites republicanas. En la actualidad,
una buena parte de la historiografía argentina
y chilena, más allá de los visibles
esfuerzos por revisar el período emancipador,
sigue manteniendo las imágenes heredadas.
En tal sentido, las fronteras sureñas a
partir de 1810 siguen siendo abordadas como periferias
de acción secundaria frente a la preeminencia
que conservan los estados en formación.
Como punto de partida, consideramos entonces
a los espacios fronterizos no sólo como
simples periferias de los centros de poder, sino
como un centro en sí mismo. Sin duda el
ámbito fronterizo surandino constituyó
un espacio social de múltiples interacciones
y las sociedades indígenas que lo controlaban
tuvieron un protagonismo significativo durante
el proceso de emancipación y de formación
de los estados. En particular, el sector noroeste
cordillerano de la actual provincia de Neuquén
adquirió especial relevancia durante el
proceso estudiado como sede de la disputa por
el poder entre "realistas", "patriotas"
y los mismos líderes indígenas.
Desde mucho antes de las guerras de independencia,
esta región había estado dominada
por grupos pehuenches que asentados en valles
de ricas pasturas tenían el control de
los estratégicos pasos cordilleranos. La
región, lejos de estar aislada, interactuaba
con otras conformando una macro región
cohesionada en su conjunto por complejos circuitos
mercantiles que se extendían desde la Araucanía
hasta las pampas bonaerenses. De este modo, distintas
parcialidades mantenían una permanente
circulación de individuos e intercambio
de ganados y bienes, entretejiendo vínculos
sociales, económicos y políticos
muy importantes a la hora de comprender la dinámica
de todo el espacio fronterizo durante el siglo
XIX.
Las fronteras surandinas pasaron a ser el centro
operativo de la confrontación política
a partir del inicio de la Guerra a Muerte entre
"realistas" y "patriotas"
en 1818. La organización de una guerrilla
pro realista en medio de la Araucanía y
su posterior traslado a tierras neuquinas alimentó
una compleja y violenta pugna por el poder que
mantuvo en vilo a los gobiernos de ambos lados
de los Andes. En este contexto, el objetivo central
del trabajo consiste en analizar la organización
y la movilización de estas fuerzas resistentes
al avance revolucionario hasta su derrota en 1832.
La idea de que los mismos circuitos de intercambio
se convirtieron en arterias para la politización
de toda la región fronteriza a partir de
las guerras de independencia, es uno de los aspectos
relevantes en este trabajo. Por su propia dinámica,
los circuitos facilitaron el tráfico de
lealtades partidarias, influencias políticas
y redes de venganzas generando una trama de compromisos
inter e intra étnicos que incidieron directamente
en la violenta guerra entre "realistas"
y "patriotas" a la que se sumó,
la no menos violenta pugna entre unitarios y federales.
Los avances aquí presentados son el resultado
de la revisión y confrontación de
obras clásicas y vigentes en la historiografía
de Chile (2) sumado a los aportes de investigaciones
más actuales (3) y a una diversidad de
fuentes primarias relevadas en distintos archivos
de ambos países (4). Dado que la información
se encuentra básicamente dispersa y fragmentada
ha sido necesario articular fuentes variadas,
tanto édita como inédita, con el
objetivo de analizar de forma continuada la movilización
de la guerrilla en sus diferentes frentes de acción.
En este sentido han sido relevantes los partes
militares de las sucesivas campañas realizadas
desde Chile; los informes y correspondencia de
los puestos fronterizos así como notas
e informes de situación emitidas por gobernadores
y autoridades del Ministerio de Guerra a un lado
y al otro de la cordillera durante el período
estudiado. De igual modo la lectura de tratados,
parlamentos y acuerdos entre los gobiernos y los
grupos pincheirinos ha proporcionado matices significativos
a lo largo de la investigación. También
se ha considerado el aporte de viajeros (Poeppig,
1960 y Haenke, 1942, entre otros) que transitaron
por sectores de la región en cuestión
hasta algunas cartas personales enviadas por los
hermanos Pincheira y sus principales lugartenientes
a autoridades chilenas, mendocinas y porteñas.
2. Resignificando la versión tradicional
Las guerras de independencia no transformaron
abruptamente las estructuras coloniales sino que
plantearon una compleja transición política,
en cuyo marco observamos que las transformaciones
fueron muy lentas y mucho más conflictivas
de lo que usualmente se sostiene. Durante las
primeras décadas del siglo XIX, la convivencia
entre la tradición monárquica con
las ideas revolucionarias fue muy tensa. De hecho,
la tradición colonial estaba demasiado
arraigada, particularmente en las fronteras andinas
del sur, como para imponer sin más un nuevo
orden. Esto significa que durante años
persistieron viejas estructuras que retardaron
la emergencia de los estados nacionales.
Después que los realistas de Chile fueron
derrotados en la batalla de Maipú en 1818,
se trasladaron al sur del Bio Bio con la alianza
de grupos araucanos. Hacia 1822 comenzaron a asentarse
en las tierras de los pehuenches al otro lado
de la cordillera, enfrentando a los independentistas
durante casi 15 años en forma de guerrilla
armada hasta 1832.
La alianza con algunos grupos araucanos y pehuenches
garantizó la notoria capacidad de movilización
que caracterizó a estas fuerzas de resistencia.
La frontera surandina quedó de este modo
anclada en una tradición colonial que legitimaba
la lucha contra los insurgentes que habían
"usurpado" el poder. La alianza hispano-criollo-pehuenche
es interesante si recordamos que la sociedad pehuenche
siempre se había resistido a la dominación
española, manteniendo el control de sus
tierras frente a las pretensiones del blanco.
¿Cuáles fueron los factores que
unieron a antiguos enemigos?; ¿Cuáles
fueron las pautas de esta relación y cómo
funcionó durante tantos años?,¿
Cuáles fueron los intereses y beneficios
de cada uno? y ¿cómo se articularon
las redes socioeconómicas y políticas?.
Estos son algunos de los interrogantes que estimularon
el abordaje de la presente investigación.
Durante este período de lucha sin cuartel
entre los dos bandos, conocido como "guerra
a muerte", se entretejieron intrincadas redes
de intercambios, vínculos, intereses, adhesiones
políticas y venganzas que interactuaron
a ambos lados de los Andes. De tal modo, los límites
de la contienda quedaron desdibujados entre viejos
y nuevos elementos, entre lealtades efímeras
y rumbos inciertos.
Sin embargo, la historia tradicional ha estado
centrada en la dicotomía "patriotas"
vs "realistas", mostrando una lucha
entre dos bandos definidos ideológicamente.
S in dudas, conocemos mayor detalle acerca de
los primeros en detrimento de los segundos pero
podríamos afirmar que la pugna no estaba
tan claramente delimitada y que tuvo rasgos muy
distintos a los que muestra la historiografía
liberal de fines del siglo XIX a través
de sus principales exponentes como Benjamían
Vicuña Mackena, Diego Barros Arana, Tomás
Guevara y Claudio Gay, entre otros, cuya impronta
llega hasta la actualidad.
Estos enfoques impusieron la idea de que el gobierno
independiente de Chile estaba amenazado por lo
que llama indistintamente "guerrilla",
"montoneras", ";hordas de delincuentes";
y ";bandas de forajidos";, pretendiendo
generalizar los problemas que se evidenciaban
al sur de Chile. La profunda crisis social y económica
en la que ciertamente estaba inserta la población
sureña incrementó notablemente la
delincuencia y el vagabundaje. Estos "males"
aparecen como la causa de todos los conflictos
de la época revolucionaria dejando minimizada
la formación simultánea de una guerrilla
como expresión política, organizada
y jerarquizada internamente, con una estratégica
movilización militar y con el claro objetivo
político de frenar el avance de los grupos
separatistas.
En tal sentido, los rótulos conocidos
y la periodización impuesta no nos permiten
visualizar la real complejidad del proceso emancipador
ni la relevancia que tuvieron los actores sociales
vinculados al mundo fronterizo. En la medida que
abrimos el plano de análisis observamos
otros protagonistas, otros escenarios y otros
problemas que interactúan dinámicamente
pero que están tergiversados o dispersos
en una historia fragmentada.
Desde mediados del siglo XIX se construyó
una imagen del norte como centro civilizador frente
al sur como sede de la barbarie, imagen que habría
perdurado hasta bien entrado este siglo, tal como
destaca José Bengoa ( 1992:127 ). Las provincias
del sur adhirieron a la causa del rey, no tanto
por defender la tradición colonial sino
porque las ideas emancipadoras emergentes traían
consigo nuevos peligros. De hecho, la mayoría
popular había estado sumida en una situación
de miseria y opresión desde hacía
tiempo. El rol hegemónico de Santiago marginaba
al sur y no ofrecía solución alguna
a la crisis social y económica. También
una mirada oficial como la de Benjamín
Vicuña Mackenna reconocía que por
aquellos años ";la patria sólo
era Santiago, el resto del país era realista
";. Este conflicto fue en aumento generando
un caldo de cultivo para las manifestaciones contra-revolucionarias.
De tal modo que el sur, realista por tradición,
se convirtió en el centro de los defensores
del orden colonial.
Esta guerrilla estuvo liderada por hábiles
y experimentados "caudillos" que habían
participado en el ejército real y que levantaban
la bandera del rey por donde circulaban. Como
es de esperarse, la historia nacional de ambos
países casi no registran a estos líderes
de la oposición, salvo cuando se ilustran
los atributos de los "enemigos de la patria".
De igual modo s e ha insistido en que las guerras
de independencia profundizaron el desarraigo,
el vagabundaje y por supuesto el bandolerismo.
Que por doquier aparecían "nubes de
mendigos y delincuentes" asaltando villas
y que este fenómeno social intranquilizaba
a la elite santiaguina. Si bien no puede negarse
que el bandidaje era un problema endémico
en Chile no por ello es un rótulo generalizante
ni explica por sí mismo las situación
reinante en esos años de intensa confrontación
política.
Creemos conveniente diferenciar la ";guerrilla";
como expresión político-militar
y el ";bandolerismo"; como expresión
social. Ambos expresiones emergieron de la profunda
crisis reinante y terminaron retroalimentándose.
De hecho la guerrilla se nutrió del bandolerismo
pero también sumó el descontento
y el rechazo al gobierno santiaguino de diversos
sectores sociales que vieron en l a defensa de
la tradición colonial un modo de resistir
al caos provocado por los "patriotas".
Incluso l a adhesión de delincuentes comunes
y oportunistas a quienes se los pudo pensar poco
interesados en los objetivos políticos,
se sumaban como activos partícipes en las
filas realistas para resguardar sus intereses
o bien para sobrevivir al amparo de los caudillos
fronterizos.
La guerrilla por definición está
centrada en acciones bélicas caracterizadas
por combates que difieren de los convencionales
porque la guerrilla utiliza básicamente
el factor sorpresa: ataca y huye ( De La Vega,
1992:152-155 ). En este caso, vemos que los grupos
de acción evitaban cautelosamente iniciar
acciones en condiciones que evaluaba desfavorables
o en las que el enemigo mostraba cierta superioridad.
Por eso una de sus tácticas más
usuales consistía en avanzar en pequeños
grupos que se dispersaban atacando simultáneamente
en distintos lugares logrando dar una sensación
de poderío y capacidad. Esto generaba una
especie de efecto paralizante produciendo impotencia
en el enemigo que se veía reducido a la
defensiva. Además los grupos de la guerrilla
se encargaban puntualmente de quitarle los recursos
al enemigo, destruir sus comunicaciones y fuentes
de abastecimiento. Pero el factor bélico
es más importante cuando está ligado
a tres condiciones básicas que suelen fomentar
la organización de una guerrilla: una situación
socioeconómica precaria, una población
ideológicamente afín y un ambiente
geográfico apropiado ( De La Vega, 1992:152-155
). Esta conjunción de factores se fue profundizando
durante la transición política y
potenció el accionar de las montoneras
pincheirinas durante más de una década.
En cuanto al "bandolerismo" se hace
necesario ampliar la perspectiva de análisis
tradicional para poder comprender el rol que jugaron
ciertos actores "marginales" de la época.
Como sabemos, las guerrillas realistas, los disidentes,
los opositores, han sido generalizados bajo el
rótulo de "bandidos" sin mayor
protagonismo (5) . Para la historiografía
tradicional la exclusión de este conjunto
de sujetos ha sido un objetivo puntual, reservando
para ellos todo tipo de calificativos peyorativos.
Sin duda, la participación de esos ";otros";
en el proceso estudiado incorpora matices interesantes
que logran poner en tela de juicio muchas de las
interpretaciones más difundidas.
Consideramos entonces que bandidaje y guerrilla
aparecen como dos fenómenos sociales diferentes
pero estrechamente vinculados durante el período
estudiado. En la medida que las elites revolucionarias
asentadas en Santiago y en Buenos Aires no lograban
imponerse la guerrilla aumentaba sus filas y mostraba
una sorprendente y muy esquiva movilización
en todos los frentes de la frontera sur.
A la luz de la documentación trabajada,
sostenemos que la imagen de grupos de bandidos,
delincuentes y salvajes que, en forma aislada
y circunstancial "robaban y asesinaban por
doquier" para luego protegerse en la "impunidad
de la frontera", es sólo una versión
muy simplista. Por esta misma razón, los
comportamientos colectivos dados en las áreas
fronterizas y periféricas durante estas
décadas han sido hasta ahora parcialmente
explicados. Sin duda, la participación
de esos ";otros"; en el proceso estudiado
incorpora matices interesantes que ponen en tela
de juicio muchas de las interpretaciones más
difundidas. La investigación nos va mostrando
que la rivalidad entre "patriotas" y
"realistas" fue una nítida pugna
por los espacios de poder aún después
de la derrota en Maipú. Aunque desde Santiago
se insistiera en despreciar las posibilidades
de los españoles que se habían refugiado
en la Araucanía, éstos seguían
respondiendo a las directivas del virrey Pezuela
vigente en Perú. Ambos bandos consideraban
legítima su lucha en el marco del orden
que defendían, ámbito en el cual
todos los partícipes fueron buscando el
modo de reposicionarse.
3. En medio de la pugna política
La confrontación política provocó
años de violencia extrema, de inestabilidad
institucional y de una gran inseguridad social
contaminando la vida cotidiana del conjunto. La
guerra sin cuartel fue adquiriendo mayor complejidad
y propició todo tipo de conflictos involucrando
paulatinamente a otras regiones y grupos. Desde
la Araucanía hasta las pampas bonaerenses
emergió una frontera de guerra en la que
interactuaron indígenas, criollos, españoles
y mestizos.
En medio de esta pugna, ya se dijo, los límites
de la contienda no estaban claros. De hecho era
muy común y reiterado que miembros de un
bando pasaran a las del contrario. Ambos bandos
cometían los mismos hechos "aberrantes"
por los que se perseguía al enemigo. Peleaban
a muerte de un lado y atraídos por un indulto
delataban a quienes habían sido sus compadres.
Nada estaba claramente definido entre unos y otros
que se excluían sistemáticamente.
Se buscaba la paz haciendo la guerra, se traicionaban
lealtades, se incumplían pactos y se negociaba
con el mal menor. Los patriotas luchaban por el
poder y los realistas también. Los patriotas
querían eliminar a los "rebeldes e
insurgentes", los realistas también.
La lucha por la independencia plantea así
un conflicto político de connotaciones
muy profundas. La cruenta lucha no tenía
alternativas: vencer o morir, tales fueron los
términos utilizados por la literatura decimonónica.
Sin embargo, la alternativa de sobrevivir debió
ser el mayor de los desafíos.
Toda la línea de la frontera sur generó
una situación de conflicto permanente para
los centros del poder criollo que con frecuencia
vieron jaqueados sus ideales políticos.
A esto se debe, según registramos en la
documentación, algunos acuerdos y propuestas
de colaboración entre los gobiernos de
Santiago, Mendoza y Buenos Aires para erradicar
en conjunto la amenaza realista. La amplia franja
comprendida entre la Araucanía, la nordpatagonia
y las pampas fue un ámbito de movilización
militar, de alianzas interétnicas, de negociaciones
políticas en medio de los tradicionales
circuitos económicos indígenas que
dinamizaban toda la región. Mecanismos
formales e informales se entremezclaron en el
accionar de ambos bandos. La magnitud que adquiere
esta pugna por el poder se comprende mejor a través
de las redes de poder que comenzaron a construirse.
4. Fuerzas de resistencia en las fronteras
Inicialmente el caudillo de estas fuerzas fue
el chileno Vicente Benavídes, designado
por el mismo Virrey Pezuela que desde Perú
alentaba a los grupos realistas a sostener la
resistencia armada en las posesiones del sur,
aprovechando el apoyo de los grupos indígenas.
El plan trazado tenía como objetivo provocar
la dispersión y la división de las
fuerzas regulares para el desgaste de sus precarios
recursos, por eso los pro-realistas se movilizaban
en montoneras que les permitía actuar simultáneamente
en distintos frentes de la extensa frontera. Logrado
este objetivo, se tenía planificado mover
las fuerzas desde el sur en una ofensiva hacia
el norte, es decir hacia Santiago y Buenos Aires.
La organización de Benavídes abarcó
prácticamente todo el espacio fronterizo
al sur del Bio Bio dividido en tres regiones.
Mientras el líder estaba a cargo de la
región de los llanos centrales; el cura
Juan Antonio Ferrebú comandó el
sector occidental o costero y los cuatro célebres
hermanos Pincheira -chilenos de reconocida adhesión
realista- se dedicaron al área cordillerana.
En 1822 Benavídes fue vencido y fusilado
y le sucedió por un breve lapso Juan Manuel
Picó, un destacado militar español
que siguió con los mismos objetivos. Tanto
Picó como Ferrebú rechazaron el
ofrecimiento de indulto que les hizo el gobierno
chileno y desaparecieron de la escena en 1824,el
primero asesinado y el segundo fusilado. Llegó
entonces el momento de José Antonio Pincheira,
el menor de los cuatro "célebres"
hermanos Pincheira, quien se mantuvo al frente
de la guerrilla hasta su derrota en 1832.
Los Pincheira habían sido hábiles
partícipes de la lucha entre "realistas"
y "patriotas". Se habían destacado
comandando los grupos de guerrilla desde 1817,
movilizándose alternativamente a ambos
lados de la cordillera, contando con el apoyo
de diversos grupos sociales que rechazaban la
propuesta revolucionaria. Particularmente, la
alianza sostenida con los caciques pehuenches
fue muy importante porque permitió que
d esde 1822 las huestes guerrilleras comenzaran
a asentarse en sus valles andinos. La población
migrante aumentó a partir de 1824 con la
derrota de los realistas del Perú en la
batalla de Ayacucho. Aún así, siempre
existía alguna esperanza de que la Corona
enviara los auxilios que prometía para
frenar el avance de los ";osados separatistas";.
Estas promesas a veces fueron reales y otras parecen
haber sido inventadas para dejar correr el rumor,
aunque de una u otra forma, siempre se lograba
intranquilizar al enemigo. Por otra parte, estas
promesas de auxilios debieron ser un gran aliciente
para que la guerrilla siguiera en acción.
Los centros operativos pincheirinos se ubicaron
no sólo en Neuquén sino también
en Mendoza, la Pampa y Río N egro, diseñando
una red de comunicación y circulación
ampliamente operativa a los fines de la guerrilla
(6). Desde sus asentamientos los pincheirinos
accedían directamente a la región
de Antuco y desde allí se comunicaban con
Los Angeles, Concepción y otras varias
poblaciones vecinas. Su radio de acción
llegó a ser muy amplio y rápidamente
las fronteras de Mendoza, San Luis, Córdoba,
Santa Fe, Buenos Aires, llegando hasta Carmen
de Patagones y Bahía Blanca sintieron la
amenaza de estas huestes.
La organización militar de los realistas
sumada al dominio que los indígenas tenían
del terreno, rutas y pasos cordilleranos les otorgó
ventajas considerables. El hecho de que los pro-realistas
disponían de mejores y mayores recursos
que las tropas regulares se verifica reiteradamente
en la documentación oficial a través
de las notas enviadas por los jefes militares
reclamando las partidas asignadas que no llegaban.
Esta situación, habitual en las fronteras
de la época, generaba múltiples
inconvenientes que terminaban por limitar el rendimiento
de las fuerzas regulares (7). En contrapartida,
los grupos pincheirinos mostraban tener una mayor
capacidad operativa y oportunos contactos para
hacerse de los recursos de forma rápida
y eficaz. A su vez, los circuitos de intercambio
controlados por los indígenas aliados a
la guerrilla permitían el acceso a abundantes
recursos que las autoridades difícilmente
podían controlar.
Las desventuras de las tropas oficiales persiguiendo
a las montoneras tenían un costo muy alto
y provocaban el desgaste de los recursos disponibles,
en particular de los caballos. La movilización
de las tropas era muy difícil con hombres
desmoralizados y en las precarias condiciones
que describen las fuentes:
";... las campañas de aquella época
no se podían sostener con soldados de a
pie, desde que el enemigo no se batía sino
por medio de guerrillas montadas y con indios
auxiliares que nacen y mueren sobre el lomo del
caballo. Vemos por esto, a aquél ejército
fraccionado, débil, encerrado dentro de
plazas amuralladas, reducido, en fin, a virtud
de una extraña anomalía, estrictamente
a la guerra defensiva en el corazón de
nuestro territorio..." (8).
5. Hacia el interior de la guerrilla
En anteriores presentaciones nos hemos dedicado
a profundizar el liderazgo ejercido por José
Antonio Pincheira estudiando sus vínculos,
sus estrategias para obtener recursos materiales
y las tácticas en el plano político.
Sin duda, la legitimación de este liderazgo
permitió que la resistencia se mantuviera
movilizada durante 15 años (Varela y Manara,
2001). No por ello la organización estuvo
exenta de conflictos internos, producto de las
disidencias y desacuerdos entre sus integrantes.
Llama la atención las discrepancias entre
dos de los hermanos Pincheira: Pablo y José
Antonio. El primero parece haber sido el más
aguerrido, conocido por sus reacciones violentas
y su afán de asaltar un poblado tras otro
con total impunidad, según las fuentes
oficiales. Mientras que el segundo se destacaba
por sus estrategias diplomáticas, por su
capacidad racional de operar las fuerzas y por
su férrea adhesión a la causa realista
a la cual se mostró leal aún después
de ser capturado.
La relación entre Pincheira y los militares
españoles como Picó y Senosiaín
no era fácil pero advertimos era menos
turbulenta de lo que las fuentes oficiales sugerían,
probablemente con la intención de generar
rivalidad entre los criollos chilenos y los realistas,
apostando a una ruptura interna. La elite santiaguina
admitía como jefes de la oposición
a los españoles, como el General Picó,
mientras que a los Pincheira los relegaba al plano
de "caudillejos" equiparándolos
a una "horda de delincuentes".
Definir a la guerrilla prorealista resulta bastante
complejo porque combina elementos diversos en
su interior. Por un lado, como ya se dijo, existía
una fuerza organizada con objetivos políticos
y estrategias de acción, y por otro lado,
la participación de heterogéneos
grupos sociales que seguían a la guerrilla
por diversos motivos y circunstancias, incluidos
desertores, delincuentes comunes y oportunistas
que fueron enquistándose en el seno de
la guerrilla. Dicha heterogeneidad social estaba
expresando en su conjunto el descontento y la
rebeldía popular frente a los cambios bastantes
inciertos. Esta interacción reelaboró
vínculos y comportamientos que dinamizaron
toda la frontera sur y alimentaron la contienda
política.
La composición de la guerrilla era realmente
muy diversificada como también los motivos
por los que cada cual justificaba la adhesión.
Españoles, chilenos, mestizos e indios
entraron en contacto. Desde hacendados ricos hasta
campesinos pobres, toda la sociedad del sur se
vio comprometida en algún sentido. Cientos
de hombres, mujeres, niños y ancianos se
asentaron en las tierras protegidas por las fuerzas
pincheirinas. Entre ellos se contaban militares
españoles que habían quedado dispersos
después de la muerte de Benavídes;
representantes del clero dipuestos a recuperar
su rol relevante y los recursos que le habían
asignado los Borbones; hacendados chilenos que
veían destrozadas o confiscadas sus propiedades
por las guerras de independencia y comerciantes
que se beneficiaban vendiendo solapadamente mercancías
demandadas por los grupos de la resistencia. También
los pequeños campesinos e inquilinos del
sur adhirieron al movimiento, convencidos de que
los aires revolucionarios agudizaban aún
más la crítica situación
de hambruna, opresión e injusticia que
sobrellevaba el ámbito rural desde tiempo
atrás (9). Asimismo, ingresaron a sus filas
numerosos desertores del ejército revolucionario,
mal pagados y hambreados en busca de mejores posibilidades
al amparo del enemigo. También formaban
parte mujeres y niños cautivados en los
múltiples ataques a haciendas y poblados
que posteriormente eran utilizados en el campo
de las negociaciones. En aquél convulsionado
escenario el accionar de la guerrilla también
fue propicio para la incubación de todo
tipo de actos delictivos y vandálicos mediante
la participación de bandas de cuatreros
que se escudaban bajo la insignia monárquica.
Tal como vemos, la emancipación y la construcción
de un estado moderno provocaba más temores
que buenos augurios, y generó la abierta
oposición de la sociedad sureña
al nuevo orden republicano. Esto involucró
además de gran parte de las comunidades
mapuches y pehuenches, a hacendados, comerciantes,
misioneros, militares y campesinos. Consideramos,
que dadas las circunstancias de esta guerra, la
incorporación a la guerrilla no implicaba
estrictamente un compromiso ideológico,
sino también un modo de sobrevivir para
algunos y de conservar beneficios para otros.
En realidad, no era la primera vez que los habitantes
de la región sur se sumaban a los realistas
porque ya lo habían hecho durante la Reconquista
y, sobre todo, después de la batalla de
Chacabuco (1817). Uno de los referentes de la
historiografía decimonónica chilena
como Diego Barros Arana, señala que la
prolongación de la guerra, los desmanes
y violencias cometidos por algunos oficiales patriotas
sumado a las depredaciones que estos hacían
en los campos, los robos de caballos y víveres
hicieron que aquellas poblaciones lamentaran la
pérdida de la antigua tranquilidad alimentando
el espíritu de resistencia (Barros Arana,
1884:parte IX). Según Encina, algunas ciudades
como Chillán continuaron siendo realistas,
no tanto por la causa del rey sino por oposición
a la revolución que era por entonces sinónimo
de anarquía, robos y asaltos que tornaban
imposible la vida (Encina, 1947).
La conjunción de todos estos grupos, más
allá de los motivos de la adhesión
de cada uno, permitió la conformación
de una fuerza contra-hegemónica que expresaba
claramente su profundo rechazo al gobierno revolucionario.
De cualquier manera, la figura del rey y la tradición
colonial, fue el sustento ideológico que
dio cohesión al descontento popular, canalizado
a través de una guerrilla legitimada como
fuerza política. Indudablemente, la gran
mayoría de la población sureña
no reconocía la legitimidad asumida por
las autoridades republicanas. La tradición
colonial estaba muy arraigada y los cambios revolucionarios
no garantizaban mejores condiciones de vida. La
guerrilla permitía mantener viva la idea
del regreso del rey y de un orden que se había
perdido. Asimismo, se fueron perfilando otros
liderazgos internamente que comenzarán
a hacer su propio juego hacia 1830, llegando a
competir con José Antonio Pincheira por
la conducción de las fuerzas. En estos
años fueron frecuentes la conformación
de coaliciones de fuerzas que, aunque poco duraderas
e inestables, resultaban necesarias para posicionarse
en el campo político.
6. La aldea de los ";rebeldes";
Sin duda uno de los factores que proporcionó
capacidad operativa a José Antonio Pincheira
fue la conformación de una numerosa aldea
de más de 6000 habitantes en los ricos
valles de Varvarco y Epulafquen, corazón
de las tierras pehuenches. El traslado a estas
tierras fue un cambio decisivo que garantizó
que los pro-realistas se preservaran durante una
década en medio de las guerras por la independencia.
Esta villa modificó el habitual patrón
de asentamiento indígena de tolderías
dispersas. E spañoles, criollos, indios
y mestizos generaron una convivencia particular
bajo el liderazgo de los Pincheira, sumando elementos
a los preexistentes.
Las casas de barro y paja típicas de allende
los Andes comenzaron a levantarse a cierta distancia
de las tolderías conformando una aldea
estable, donde las familias organizaban el trabajo
para su manutención. Las fuentes de época
disponibles brindan poca información al
respecto pero encontramos en las memorias del
Coronel chileno Jorge Beauchef algunos datos interesantes
registrados en su entrada a tierras pehuenches
en 1827. Beauchef describe grandes y cómodas
casas de paja de los jefes principales, rodeadas
de numerosas casuchas de cuero fácilmente
transportables de parientes y amigos que seguían
a los montoneros y las de los cautivos (Feliú
Cruz, 1964:cap. LXXVI).
La comunidad de Varvarco generó un modo
de vida propio, en medio de un espacio natural
muy propicio en el que lograba autoabastecerse.
La convivencia estaba regida por leyes de orden
y justicia que en particular J. A. Pincheira hacía
prevalecer. La aldea central estaba comunicada
con los distintos campamentos ocupados en función
del traslado de los ganados de la veranada a la
invernada, característico de la práctica
trashumante. La construcción de un puente
colgante sobre el río Neuquén, facilitaba
la comunicación y permitía una fácil
circulación de personas y mercancías
Se seguía con la tradición familiar
y las costumbres religiosas de la colonia por
lo que se levantó una capilla que tuvo
su capellán, el Fray José Antonio
Gómez, franciscano de Chillán que
celebraba misas y bautismos. Hay datos acerca
de juegos de azar y carreras de caballo como momentos
de guitarreadas, canto y baile. Algunos pobladores
de la pre-cordillera recibían a los jefes
de la guerrilla que solían bajar de noche
a aprovisionarse de aguardiente, tabaco, naipes
y, en otros casos, a divertirse en las posadas
o fondas cercanas a Chillán.
Familias enteras del sur chileno emigraron a
los asentamientos de los Pincheira en territorio
argentino desde 1822. Esta numerosa población
tenía poco que ganar pero todo por perder,
así que la guerrilla le garantizaba al
menos protección militar y recursos. Según
la versión oficial, toda esa gente había
sido cautivada, cuando en realidad, la mayoría
se habían trasladado voluntariamente para
sobrevivir. Mientras tanto José Antonio
Pincheira se ocupaba de negociar y posicionarse
frente a las autoridades del pretendido nuevo
orden.
También la participación de las
mujeres chilenas fue significativa. Madres y esposas
de los hombres que estaban con los Pincheira enviaban
frecuentemente víveres, vestimenta, regalos
y tabaco, además eran muy hábiles
para obtener información y difundir rumores
según fuera conveniente. Muchas de ellas
fueron perseguidas y castigas bajo el cargo de
espías y colaboracionistas. No faltaron
algunas mujeres de prestigio dentro de la sociedad
chilena que contribuyeron con su fortuna y contactos
(10).
La forma de operar incluía el uso de espías
dispersos en diferentes puntos de la zona que
proveían información acerca de los
movimientos del enemigo y la existencia de ganado
en las haciendas fronterizas. No faltaron los
campesinos que conociendo los caminos y atajos,
sirvieron de guía a los montoneros en sus
incursiones, servicio que se remuneraba.
La captura de ganado a las haciendas a ambos
lados de los Andes fue uno de los objetivos centrales
de los pincheirinos, y en este sentido, fue fundamental
la colaboración de los pehuenches, como
veremos a continuación.
7. El protagonismo de los pehuenches
La alianza de los caciques pehuenches fue un factor
clave para la supervivencia de la guerrilla. En
estas áreas fronterizas, la convivencia
de hispano-criollos e indígenas generó
un espacio de influencias mutuas, donde se desdibuja
el rol de los dominadores y el de los dominados.
Historiadores clásicos difundieron la versión
de que los pehuenches habían caído
bajo el yugo de los "bandidos" y que
eran maltratados por estos obligándolos
a cometer saqueos y malones. La documentación
da cuenta de una situación muy diferente.
En primer lugar, cabe considerar que los ricos
valles para la cría y engorde de los animales
que caracterizaban la geografía del norte
cordillerano neuquino , estaban integrados a un
espacio mayor, formado por la Araucanía,
las Pampas y el resto de la Patagonia argentina.
A partir del siglo XVIII Neuquén se articuló
en un amplio circuito como región de abastecimiento
(11), especialmente de los centros de Chillán
y Antuco que exportaban carnes saladas, cueros
y sebos que industrializaban los hacendados trasandinos
a través del puerto de Talcahuano, al mismo
tiempo que los indígenas del sur de la
actual provincia colocaban sus arreos en el mercado
valdiviano (12).
En esta región social y económicamente
articulada, los valles neuquinos resultaban ser
muy estratégicas como nudo de caminos entre
Argentina y Chile y como área de protección
para todos los grupos vinculados al arreo de ganado
y a las operaciones de la guerrilla. Una cordillera
con pasos relativamente bajos permitió
preservar la interacción del espacio araucano-pampa
y patagónico mediante la circulación
de individuos, patrones culturales, productos
de intercambio, vínculos parentales y adhesiones
políticas en tiempos de la revolución
(13) . El dominio de estos boquetes fue central
para la logística de las montoneras.
Fueron muy variados los beneficios que proporcionó
a los hermanos Pincheira la alianza con los pehuenches:
centenares de hombres de lanza, variedad de recursos
para la subsistencia; información, refugio,
acceso a los pasos cordilleranos, facilidades
para el comercio, ventajas para la movilización
de hombres y el transporte de los bienes, acceso
a circuitos consolidados para el intercambio o
el malón además de muy estratégicos
contactos con otras parcialidades. Puede decirse
que los pehuenches fueron prácticamente
el sustento de la guerrilla pro-realista durante
esos años (Varela y Manara, 2003).
8. Razones de la alianza hispano-criollos
y pehuenches
No es fácil interpretar las causas que
generaron las adhesiones políticas de los
líderes mapuches y pehuenches en el nuevo
escenario creado por la independencia. También
llama la atención que estos grupos que
habían resistido permanentemente al dominio
del blanco y a sus ansias de expansión
sobre sus tierras, protegieran a las tropas realistas
y avalaran su accionar prestando toda su colaboración.
Las explicaciones tradicionales tales como el
apetito del botín, el deseo irrefrenable
de violencia, el primitivismo o salvajismo, la
sed de venganza, entre otras, resultan muy superficiales.
A diferencia de aquellos argumentos, consideramos
que existieron al menos tres buenas razones para
comprender esta adhesión a la causa del
rey y en contra de los patriotas. Estas razones
se remontan a la efectiva política de pacificación
desplegada por los Borbones a partir de 1780:
a.-los parlamentos, b- el accionar del los Franciscanos
y c.-. la continuidad de los circuitos indígenas.
a.La política reformista de los Borbones,
en especial la de Carlos III, se esmeró
en conseguir la lealtad de los indígenas
hasta entonces no sometidos. Era necesario pacificar
las fronteras hostiles para completar el plan
de las reformas. Los nativos habían sacado
buen provecho de la incorporación de las
armas españolas y del caballo constituyendo
una seria amenaza para la viabilidad económica
de las colonias y para la integridad de los territorios.
De mantener la guerra con los indígenas
aumentaba las posibilidades de que éstos
se aliaran con Inglaterra - principal enemigo
de la corona- y que ésta se adueñara
de las costas atlánticas y pacíficas
de la Patagonia hasta el estrecho de Magallanes.
Las buenas relaciones facilitaron varios proyectos:
los estudios geográficos y científicos
en los territorios del sur y de los grupos indígenas
que dominaban los mismos; la búsqueda de
nuevas rutas para facilitar la comunicación
con Chile y dinamizar el comercio hasta fundar
establecimientos y fortificaciones asegurando
la soberanía española en estas tierras
(14). No casualmente, en estos años numerosos
viajeros ingresaron en el territorio nordpatagónico,
dejando valiosos relevamientos.
En suma, las tierras sureñas se revalorizaron
en las últimas décadas del siglo
XVIII. No hay duda de que existió un importante
acercamiento de los blancos al mundo indígena.
La política de atracción y ayuda
militar fue ejecutada por el Comandante de Armas
y Fronteras de Mendoza, José Francisco
de Amigorena y Ambrosio O'Higgins desde Chile.
A través de los parlamentos se los reconoció
como legítimos soberanos de sus territorios
y se les asignó un sueldo correspondiente
a la jerarquía militar. En ocasiones las
autoridades virreinales recurrieron a la estrategia
de elegir al cacique-gobernador, promoviendo a
los caciques con honores, agasajos, regalos y
títulos (15), con la idea de privilegiar
algunas cabezas para el diálogo y evitar
el inconveniente de tratar con todos los loncos
de igual jerarquía (Méndez Beltrán,
1982). También se acordó que las
comitivas indígenas se llegaran hasta Buenos
Aires a recibir sus dádivas y así
lo hicieron desde lugares alejados como las Salinas
o desde la Patagonia (16). Todo formaba parte
de una estrategia global para asimilar directa
y pacíficamente al indígena a la
sociedad colonial. Estas modalidades fueron acentuando
la jerarquización, la distribución
del poder y del prestigio entre los indígenas.
Los pactos incluían la cooperación
contra enemigos comunes y la conciliación
o intervención en conflictos intertribales.
En medio de tradicionales luchas intestinas la
corona apoyó a los pehuenches para neutralizar
a sus enemigos huinches. Esto se corrobora en
el acta levantada en el parlamento a orillas del
Salado en 1787 entre Amigorena y la nación
Pehuenche (17). En estas circunstancias éstos
se reconocieron legítimos vasallos dispuestos
a colaborar para frenar el avance de los araucanos
a través de los pasos fronterizos.
Los elevados montos destinados para los obsequios
de los caciques se justificaban porque lograban
desmovilizarlos, a tal punto que las autoridades
coloniales reconocían que de faltar los
recursos prometidos tambaleaban las lealtades
obtenidas. El desarrollo de una economía
ganadera (18) al interior de la sociedad indígena
fue otro aspecto a favor de los hispanocriollos,
ya que hizo que el recurso del malón fuera
cada vez menos necesario.
Una vez inaugurada la etapa indep e ndentista,
todos aquellos tratados firmados con las autoridades
borbónicas fueron permanentemente invocados
por los indígenas para no perder los derechos
adquiridos. Los separatistas no reconocieron estos
beneficios predisponiendo a los caciques en contra
del nuevo orden. Así los pehuenches se
incorporaron activamente a la guerrilla alegando
el puntual rechazo a la política de los
revolucionarios, ya que no estaban dispuestos
a resignar los beneficios del status adquirido
con anterioridad y tampoco a arriesgar el control
de los circuitos comerciales.
b. Los franciscanos de Chillán también
tuvieron una participación efectiva como
instigadores de la guerrilla, a la que se sumaron
como consejeros y secretarios. Asumieron la defensa
de la monarquía, y del cristianismo convencidos
de que como "hijos de Dios y amantes del
rey era un deber hacerlo". Cuando O'Higgins
fue nombrado Director Supremo en 1817 clausuró
el Colegio de Propaganda Fide porque los frailes
seguían manteniendo su tradicional adhesión
a la Corona, fomentando entre las parcialidades
indígenas y el campesinado el rechazo al
nuevo gobierno. Con el cierre del colegio los
frailes se refugiaron en las tolderías
de los indígenas de la Araucanía
desde donde muchos caciques habían enviado
a sus hijos al colegio ";de naturales";.
Allí permanecieron como activos partícipes
acompañando a las montoneras, bendiciendo
a los grupos y celebrando misas y bautismos.
Los franciscanos como maestros e ideólogos
supieron alentar a la población del sur
en general a sumarse a las filas de la guerrilla
realista. Parte de la educación que difundían
incluía la propaganda nefasta de los patriotas
como enemigos del rey y seres crueles y vengativos
a los que consideraban herejes. Esta formación
la recibieron entre otros, el mismo Vicente Benavídes
y José Antonio Pincheira, lo cual explica
el profundo recelo de éstos hacia los patriotas
y hacia los militares extranjeros que tenían
en sus filas como O'Carrol, Beauchef, Viel, entre
otros (19).
c. Uno de los mayores inconvenientes que había
enfrentado la política Borbónica
para pacificar las fronteras surandinas fue la
existencia de un complejo circuito mercantil de
larga data que integraba a distintas etnias indígenas.
Este espacio económico articulado, conformaba
una frontera cohesionada en torno a intereses
diversos que vinculaban las redes capitalistas
con las indígenas que no fueron desarticuladas
(Pinto Rodríguez, 1996) . En tales circunstancias
la metrópoli poco podía innovar,
salvo estimular el aumento del consumo de productos
europeos y convertir a los indios en productores
de bienes y manufacturas regionales que no plantearan
competencia con los productos metropolitanos.
Si bien el comercio con el indígena no
era un mercado demasiado importante para las mercancías
españolas, sí era relevante como
fuente de abastecimiento para los fuertes y mercados
hispano criollos. Por esto, la política
borbónica no afectó el normal funcionamiento
de los circuitos indígenas ni a sus beneficiarios.
Optó por no intervenir directamente en
el espacio fronterizo y garantizar los mecanismos
de la pacificación
Resulta interesante observar cómo durante
las dos últimas décadas del siglo
XVIII los indígenas no sólo aceptaron
la paz con los hispanocriollos, sino que también
tendieron a buscarla. La posibilidad de un mayor
intercambio y colocación de sus productos
en las plazas y fuertes españoles y, por
supuesto, la abundante cantidad de dádivas
y regalos recibidos, resultaban altamente atractivos.
La paulatina diferenciación social que
se fue operando en la sociedad indígena
fue demandando una mayor cantidad de bienes exóticos
de origen europeo, utilizados como símbolo
de prestigio y riqueza. La paz era un buen camino
para obtenerlos. La pacificación producto
de arduas negociaciones, en definitiva, fue un
buen negocio para ambas partes.
Al comenzar las guerras de independencia el mundo
de los pehuenches del norte se encontraba articulado
a un amplio circuito económico sostenido
por un entramado de relaciones inter e intra tribales.
Los pehuenches controlaban los pasos fronterizos
de la conocida rastrillada del norte, red de caminos
por la que circulaba el ganado pampeano hacia
Chile. Estos eran intermediarios entre la pampa
húmeda que producía ganado y los
mercados chilenos con su habitual demanda de los
mismos.
Por la rastrillada del norte los pehuenches se
conectaban con los centros de Antuco, Los Angeles
y Chillán, a través del puerto de
Talcahuano. Estos realizaban transacciones con
otros grupos provenientes de las pampas, que les
traían grandes arreos desde Buenos Aires.
Los indígenas de Mamuil Mapu, por acuerdos
previos, les facilitaban el tránsito hasta
llegar al río Colorado para desde allí
acceder a los campos de engorde de los valles
cordilleranos (20). Una vez que los animales estaban
recuperados de la travesía se los conducía
a Chile por los pasos que los pehuenches bien
dominaban, especialmente el de Antuco-Pichachén
que los conducía a Concepción, el
de las lagunas de Epulafquen que los conducía
a Chillán y más al norte transitaban
por el paso mendocino llamado Cerro Campanario.
La mercantilización de este vasto espacio
determinó la especialización regional
dentro de él. En estos circuitos se coordinaban
e interactuaban diferentes grupos asentados en
extensas áreas, cada cual con sus propias
características, sus propias prácticas
e intereses y en función de sus recursos.
La organización de estos circuitos requería
de la división de tareas, conocimientos
específicos, manejo del territorio, usufructo
de los recursos disponibles y control de redes
de vínculos por parte de cada uno de los
grupos involucrados.
Estos mismos circuitos se consolidaron sobre
redes parentales cada vez más amplias aumentando
a su vez el nivel de conflictividad entre los
líderes de cada segmento del circuito que
agudizaron la pugna por la hegemonía y
los recursos. La complementariedad económica
de los grupos muestra también su interdependencia,
por esto era muy efectivo y necesario mantener
alianzas y acuerdos. Las redes de intercambio
ponían en contacto a diferentes parcialidades
en ciertos puntos estratégicos, por ejemplo
en Choele Choel, enclave de la Nordpatagonia donde
aucaces, pampas, puelches y patagones australes,
llegaban anualmente a intercambiar sus mercancías,
tal como señaló D´Orbigny
a principios del siglo XIX. Estas redes se ampliaban
con las relaciones que los pehuenches mantenían
con indígenas del sur (21).
En tiempos de los Pincheira es importante observar
que los circuitos indígenas de la etapa
colonial no solo permanecieron vigentes sino que
se complejizaron con el incremento de los malones.
En cierto modo, la presencia de los Pincheira
activó la economía fronteriza. Los
malones en gran escala y los permanentes asaltos
a pueblos fronterizos garantizaron a los partícipes
miles de cabezas de ganado (22), dinero y alimentos.
Lo obtenido cubría las necesidades básicas
y les proporcionaba un importante excedente para
comercializar en las plazas chilenas. Las sumas
de dinero se destinaban casi exclusivamente para
conseguir armas, pólvora y municiones.
El resto de los productos demandados por los asentamientos
pincheirinos se obtenían mediante el trueque
con indígenas y principalmente con los
habitantes de Linares, Chillán y San Carlos.
Los partes militares dejaron constancia de la
abundancia de ganados que poseían y que
hacían circular en las fronteras merced
a los saqueos a las haciendas vecinas (23). Los
malones generalizados como "invasiones de
los pincheirinos" eran organizados en forma
conjunta entre hispanocriolllos e indígenas
o bien por separado.
En el contexto estudiado diferenciamos dos tipos
de malones. Por un lado, aquellos que consistían
básicamente en el robo y saqueo a diferentes
poblados o haciendas para hacerse de una buena
cuota de recursos, en especial ganados y cautivas,
tal como era más o menos habitual entre
las tribus. Por otro lado, los malones planificados
como parte de una estrategia mayor en el marco
de la confrontación bélica. Estas
empresas alcanzaban mayor dimensión en
la medida que se sumaban los recursos humanos
y materiales de los partícipes logrando
potenciar las posibilidades operativas. El botín
obtenido era distribuido entre los caciques según
habían aportado para la ocasión.
Los pincheirinos contaban con abundantes recursos
y dinero de los que podían disponer de
manera inmediata. La documentación trabajada,
en especial la relacionada con la frontera sur
de Mendoza, reitera la existencia de frecuentes
rumores acerca de que los pincheirinos se estaban
organizando para atacar. Ante el temor de que
el ataque se concretara, dada la violencia característica
y las ventajas que sacaban las huestes enemigas,
las autoridades movilizaban sus escasos recursos
y pedían la colaboración a gobiernos
vecinos para enfrentar a los "bárbaros".
Esto mantenía ocupado y preocupado al ejército,
siendo esto parte del objetivo de los pro-realistas.
Los malones eran la principal fuente de abastecimiento
de los pincheirinos. Con lo obtenido se cubrían
las demandas de la numerosa población pro-realista
y quedaba un apreciable excedente que se utilizaba
para intercambiar con los indígenas, con
comerciantes y hacendados de la frontera y con
personajes influyentes de la política de
Mendoza y Chile. Los dos últimos cumplían
varios servicios, por ejemplo, realizaban transacciones
económicas que los montoneros no podían
efectuar por su clandestinidad, conseguían
diversas especies, particularmente armas y municiones
y brindaban protección e información
a la guerrilla . Estos contactos debieron ser
muy efectivos porque las autoridades, alertadas
de la impunidad con que los emisarios pincheirinos
conseguían los pertrechos bélicos
prohibieron la venta libre de pólvora en
1826.
9. Entramados y coaliciones de fuerzas
El espacio andino fue el ámbito donde
se dirimieron hegemonías y liderazgos y
las coaliciones fueron la resultante de la pugna
por los espacios de poder. Para los patriotas
era indispensable pacificar las fronteras para
terminar con la inseguridad y la violencia que
padecían pobladores, fortineros y hacendados
a causa de los reiterados malones. Para los Pincheira
la negociación no parecía tan indispensable
ni urgente, porque precisamente su objetivo era
mantener el peligro latente en las fronteras para
tener ocupado y preocupado al enemigo y con ello
evitar la consolidación de sus planes políticos.
Es en el mismo discurso de los realistas y patriotas
en donde encontramos las distintas motivaciones
en juego. Los pro-monarquistas difundieron los
peligros que implicaba el gobierno republicano
destacando las bondades del orden colonial. Los
patriotas por su parte, consideraban nefasto el
pasado colonial y se mostraron proclives a defender
los lazos con la Araucanía y a establecer
un sistema de alianzas que beneficiara a ambas
partes. Ello aseguraría a los grandes lonkos
el apoyo del gobierno y del ejército chilenos,
el resguardo de sus vidas, familias y bienes.
Esta protección y defensa fue bien vista
por los líderes abajinos y sus aliados,
los cuales pensaban en sacar ciertas ventajas
sin perder su status al integrarse a la sociedad
chilena. No ocurrió lo mismo con los arribanos,
tradicionales enemigos de los abajinos, que se
declararon realistas y se unieron a los llanistas,
costinos, luego se sumaron a los criollos Pincheira,
pehuenches, algunos boroganos y ranqueles de las
pampas conformando una poderosa coalición
de fuerzas hasta 1832 (24).
Esta red se complejizó notablemente en
la medida que se sumaban vínculos con unitarios
u ocasionalmente con federales y desertores de
ambas facciones. A partir de 1830 la política
de Rosas generó alianzas con los "indios
amigos" y buscó intensamente desmantelar
los vínculos que sostenían a J.
A. Pincheira, coaligando a los enemigos y desertores
de las filas del caudillo opositor (Ratto, 1996).
Como resultado observamos un entramado aún
difícil de descifrar.
La activa participación mapuche y la ocupación
de enclaves estratégicos por parte de los
contingentes trasandinos no habría modificado
en demasía el funcionamiento de la actividad
ganadera ni el control efectivo de los pehuenches
sobre los valles y pasos cordilleranos. Los acuerdos
y relaciones de parentesco de los indígenas
de Neuquén con las etnias provenientes
de Chile aseguraron la obtención y circulación
de los bienes en los términos tradicionales.
Inferimos que la alianza entre los Pincheira,
mapuches y pehuenches, contribuyó a la
consolidación y ampliación de los
circuitos mercantiles preexistentes, sin embargo
los conflictos intestinos se agudizaron y elaboraron
una intrincada red de alianzas que impulsaron
a los grupos indígenas a involucrarse activamente
en las guerras de la independencia. Las alianzas
con las facciones unitarias y federales generaron
un entramado aún difícil de descifrar.
Estos datos muestran la complejidad de las relaciones
intertribales en la Patagonia norte ya a fines
del siglo XVIII. A partir de la interacción
del intercambio, el maloneo, la guerra, el emparentamiento
entre los distintos grupos y las adhesiones políticas
se fueron incorporando nuevos elementos en el
macro espacio fronterizo del sur andino.
El panorama descripto se complejizó con
la entrada masiva de grupos araucanos a territorio
argentino a partir de 1820. La expansión
demográfica mapuche que caracteriza a la
última etapa de la "araucanización
de las pampas", motivada por fuerzas centrípetas
y centrífugas, comenzó a inquietar
a las poblaciones indígenas de las pampas
obligándolas a competir por los espacios
y recursos (25). La penetración mapuche
fue ganando espacio hacia el noreste de Neuquén
impactando sobre los tehuelches septentrionales
de Río Negro y sobre los grupos pampas
que perdieron su supremacía en lugares
económicamente estratégicos como
Sierra de la Ventana y Salinas Grandes. La llegada
de los pincheirinos incrementó dicha complejización
en la medida que las redes mercantiles tradicionales
se articularon con las redes de la contienda política.
Como consecuencia comenzó a delinearse
un entramado de lealtades y venganzas en el que
se sumergieron realistas, criollos e indígenas
para dirimir conflictos, legitimar liderazgos
e imponer hegemonías en pugna que excede
el ámbito fronterizo como tal. En este
sentido, la clásica dicotomía centro-periferia
queda sin efecto ante la profunda interacción
que se pone en evidencia.
Al estudiar la conformación de las alianzas
se advierte que las adhesiones de los grupos nativos
a uno u otro bando eran pensadas como una estrategia
para enfrentar a los rivales. La lógica
de estas alianzas implicaba alinearse con los
opositores del enemigo para potenciar los recursos
humanos y materiales. Es decir, que las rivalidades
tradicionales entre los caciques de las distintas
parcialidades es un factor a tener en cuenta para
comprender la decisión de adherir al bando
realista o patriota, y dentro de este último
a la facción unitaria o federal. Rivalidades
y competencias intertribales terminaban por definir
la confrontación de las fuerzas en las
fronteras. Por eso, las antiguas discordias, como
por ejemplo, entre los líderes arribanos
y abajinos o entre pehuenche y los huilliches,
son fundamentales de tener en cuenta. Si bien
un análisis específico de estas
cuestiones excede el objetivo planteado es interesante
considerar el gran el temor que generaba en los
gobiernos centrales las alianzas que pudieran
efectivizarse entre varias agrupaciones, porque
caoaligadas podían convertirse en una fuerza
más que formidable. Ya era de temer la
conocida alianza de los Pincheira con los boroanos
y la de éstos con Llanquetruz y por último
la de este conjunto con los unitarios, esto podría
llegar a ser, dado el caso, una situación
prácticamente insuperable para las provincias
federales.
En cuanto a los grupos indígenas que se
aliaron a los realistas pensamos que lo hicieron
en base a las pautas de relación elaboradas
durante los últimos años de la política
borbónica. La defensa del status adquirido
por los caciques así como beneficios económicos
y tratados de intercambios fueron motivos suficientes
para pretender mantener el orden tradicional.
Desde esta perspectiva el comportamiento político
de los indígenas aparece como una de las
cuestiones más controvertidas en esta investigación.
La ideología realista legitimaba a los
indígenas a combatir la instauración
del nuevo orden político e impulsaba la
figura del rey como garantía de una tradición
que los revolucionarios no sólo habían
trastocado sino que además no daban buenas
y claras señales de superar. En este contexto
las guerras intestinas y las rivalidades ancestrales
entre los líderes indígenas del
ámbito fronterizo fueron un factor de peso
para alinear las fuerzas.
Las adhesiones a uno u otro bando permitieron
que algunos caciques pudieran posicionarse mejor
en la contienda política logrando incrementar
su prestigio y las posibilidades de extender su
poder, espacios y recursos. En defensa de lo propio
los jefes indígenas también debieron
elaborar estrategias para sortear los vaivenes
políticos.
Una muestra de estas intrincadas relaciones se
observa claramente entre los caciques pehuenches
que combatieron a favor del antiguo régimen
apoyando la organización pincheirina, como
Neculmán, Mulato y el poderoso y temido
Martín Toriano. Este último era
el gran rival de Luis Melipán, asumido
aliado de los independentistas chilenos junto
a su amigo el cacique Venancio Coñuepán
muy vinculado a los indígenas de las pampas
bonaerenses aliados al gobierno de Buenos Aires
(26). Pero no todos los aliados pinchierinos de
la primera hora se mantuvieron leales hasta el
final. El mismo Toriano buscó el modo de
alejarse de Pincheira a partir de 1826 y hacer
su propio juego a través de coaliciones
con otros grupos de las pampas y de negociaciones
con Rosas hasta que finalmente murió sin
lograr sus objetivos (Fernández, 2000b).
Venancio Coñuepán, firme defensor
de los patriotas es otro claro ejemplo en cuanto
a viejas rivalidades intestinas que se trasladaron
desde Chile a territorio argentino. Coñuepan
mantenía una tradicional enemistad con
los llanistas boroganos aliados al bando realista.
En 1827 fue enviado por el gobierno de Chile para
perseguir a los indígenas realistas, entre
ellos a algunos boroganos asentados en las pampas.
Estuvo muy comprometido con la política
de Rosas, empeñado en destruir la coalición
pincheirina y atraer a los caciques a su causa.
Despúes de la desaparición de Pinchara,
Coñuepán siguió participando
en los enfrentamientos interétnicos de
las pampas, insistiendo en aniquilar a los que
habían sido pro-monárquicos. Es
decir, que las políticas seguidas por cada
una de las partes de la contienda respondieron
a diversos factores y estímulos desafiando
todo el tiempo la capacidad de respuesta que cada
cual podía generar frente al enemigo.
De la interacción entre grupos coaligados
emergieron profundas transformaciones socio-políticas
y económicas que afectaron a todas las
partes intervinientes. Los patrones bélicos
se agudizaron incrementando la violencia reinante
y con ella la anarquía que caracterizó
a este período. También se produjo
una mayor militarización e intensificación
de los conflictos fuera y dentro del mundo de
fronteras. Aparecieron nuevas pautas comerciales
regidas por nuevas demandas que hicieron aún
más codiciados los recursos y los pasos
cordilleranos. Asimismo, comenzaron a perfilarse
nuevos liderazgos que en competencia por los espacios
de poder generarán nuevas alianzas a partir
de la derrota de José Antonio Pincheira.
Hacia 1830 la otrora poderosa guerrilla comenzó
a mostrar síntomas de su decadencia. Varios
factores contribuyeron para ello: el desgaste
de una guerra tan prolongada; las bajas producidas
en los reiterados enfrentamientos; los conflictos
en el seno de su organización; las propuestas
de indulto del gobierno chileno a sus principales
activistas a cambio de información; la
muerte y dispersión de caciques aliados,
entre otros factores. Sin duda la balanza se estaba
inclinado a favor de las repúblicas. Los
ejércitos de Chile y Argentina mejoraban
sus condiciones en la medida que las fuerzas pincheirinas
iban desarmándose. En 1832 el Gral. Chileno
Manuel Bulnes logró vencer al último
líder de la guerrilla después de
los reiterados fracasos que había tenido
el ejército chileno. José Antonio
Pincheira fue indultado por el gobierno chileno
permitiéndole vivir en adelante con su
familia en una pequeña hacienda de su posesión.
Llamativamente, en ningún momento el gobierno
chileno logró que Pincheira negara o abandonara
su adhesión a la causa del rey, aunque
sin lugar a dudas, esto ya no tenía las
mismas connotaciones que años anteriores.
10. A modo de conclusión
A la luz de lo expuesto, el período 1818-1832
adquiere una gran complejidad y nos permite comprender
la real dimensión del proceso emancipador.
Las razones son tan variadas como profundas. La
transición del orden colonial al republicano
llevó años de violentos enfrentamientos
hasta que paulatinamente se fueron depurando los
elementos en pugna.
Fuertes antagonismos políticos y luchas
facciosas dominaron el escenario por aquellos
años y la frontera sur se convirtió
en el nuevo espacio de la confrontación.
Toda la sociedad en su conjunto, hispana- criolla
e indígena- quedó articulada a través
de dinámicas redes socio-económicas,
políticas e ideológicas, prácticamente
sin la opción de permanecer neutral.
Las amplias connotaciones que giraron en torno
a la guerrilla realista y el protagonismo de sus
caudillos justifican la preponderancia que hemos
dado al tema. La resistencia organizada es un
claro indicativo de la supervivencia del legado
colonial y al mismo tiempo del rechazo a la nueva
política. La activa participación
de la sociedad indígena, destacando el
rol de los pehuenches del norte cordillerano de
Neuquén, fue un factor clave en esta guerra
sostenida. La lucha política entre "patriotas"
y "realistas" se instaló en medio
de guerras inter e intra tribales para establecer
hegemonías en el ámbito pampeano-nordátagonico.
Estas disputas se centraban en el control de los
pasos cordilleranos, en el dominio de segmentos
de los circuitos mercantiles conectados a un dinámico
comercio fronterizo y en la competencia por los
recursos. En este sentido, los circuitos comerciales
funcionaron como complejas y dinámicas
redes articuladoras de regiones, comunidades e
intereses a la vez que garantizaron el tráfico
de lealtades y adhesiones políticas. Sobre
estas redes se fueron edificando redes parentales
y coaliciones políticas cuyos matices profundizan
el protagonismo de las fronteras del sur en el
proceso emancipador.
Notas
1. Una versión más acotada de este
tema fue presentado como "Redes de poder
y confrotación de fuerzas en la frontera
surandina. (180-1832) en: XIX Jornadas de Historia
Económica realizadas en San Martín
de los Andes, Neuquén, en octubre de 2004.
2. Algunas de las obras más influyentes
hasta la actualidad son la de Diego Barros Arana,
Miguel Luis Amunátegui y Tomás Guevara,
entre otros. Para esta temática resulta
especialmente significativa la publicación
de Vicuña Mackenna,1972
3. Específicamente sobre el tema de los
Pincheira no hay demasiadas publicaciones. Cabe
destacar los aportes de Álvarez, 1972,
Contador Valenzuela, 1998 y Fernández,
2000a.
4. El relevamiento de fuentes se realizó
en el Archivo de Santiago de Chile, Archivo General
de la Nación Argentina, Archivo Provincial
de Mendoza, Archivo Histórico de Chos Malal,
Centros de Documentación de Bahía
Blanca y Biblioteca Vignati en Trelew.
5. La obra de Hobsbawm contribuyó a dar
un renovado impulso al tratamiento del bandolerimso
social. El autor llamó la atención
sobre el bandolerismo como un fenómeno
mucho más complejo de lo que se había
pensado. Para Hobsbawm, el prototipo del bandolero
es ";Robin Hood";, diferenciando a este
";ladrón noble"; del bandolero
";luchador";, como pueden ser los miembros
de una guerrilla, y el ";vengador";.
La influencia de Hobsbawm es muy visible en abordajes
actuales y ha generado un interesante debate para
nuevos estudios de casos y utilización
de fuentes innovadoras. Hobsawm , 1974.
6. Varios pasos al norte de la cordillera (Copulhue,
Las Lagunas-Alico, Pichachén-Antuco, El
Saco y Barrancas) facilitaban el tránsito
entre Chile y Argentina. Los principales centros
de operación de los montoneros en Chile
se ubicaban Los Maitenes y Roble Huacho y un asentamiento
conocido como ";la cueva de los bandidos
Pincheira";, cerca de Chillán. En
Argentina los valles de Varvarco y las lagunas
de Epulauquen fueron los puntos privilegiados
pero además estaban los asentamientos ubicados
en Jirones, Payén Matru y El Manzanito
en Mendoza y Chicalco y el paraje de Limay Mahuída
en La Pampa. Por el sur, las fuerzas pincheirinas
se movilizaban hasta las márgenes del río
Agrio, donde estaban los dominios de caciques
aliados como Neculmán, Toriano, Canumilla
y El Mulato. Los Pincheira ubicaron un tercer
campamento en Chadileo, a orillas del río
Colorado, punto estratégico de las rastrilladas
que iban desde el Comahue, al Oeste y desde Choele
- Choele, en río Negro, por el Sur. Finalmente,
en Carhué, en un territorio controlado
por los boroanos desde comienzos de 1820, se ubicaba
el cuerpo militar conocido como la Vanguardia
de la Banda.
7. Los informes y cartas enviados por las autoridades
desde los puestos fronterizos son reiterativos
al respecto, tanto en la región del Bio
Bio, al sur de Mendoza y en los fortines sobre
el Atlántico. Los ejemplos son numerosos
nos remitimos al siguiente: en 1820 el Gral. Freire
envió una nota de renuncia, alegando como
causa las malas condiciones en que estaban sus
hombres y los serios problemas de salud que esto
le habían acarreado. Después de
varias promesas, finalmente incumplidas, lo persuadieron
a seguir en su puesto de mando. Cfr.: Carta de
Freire al Director O'Higgins, Concepción,
1820. Transcripta en: Vicuña Mackenna,
1972.
8. Carta de San Martín a O´Higgins.
Mendoza, 30 de abril de 1919. Documentación
del Archivo privado del General O´Higgins,
transcripta en Vicuña Mackenna, 1972: 118-119.
9. El relato de un viajero alemán que
recorrió parte de Chile durante esos años
proporciona información al respecto. Véase:
Poeppig, 1960:120-125.
10. Por ejemplo, hay información acerca
de que Doña Cruz Arrau de Santa María
Escobedo, heredera de la hacienda ";El Cato";
de la que habían sido inquilinos los mismos
Pincheira, colaboró con la causa del rey.
También sus padres, oriundos de Cataluña,
fueron efectivos colaboradores y ayudaron a los
Pincheira con su fortuna. Cfr.: Fernando Campos
Harriet en su obra ";Los defensores del Rey";,
citado por Maza, 1990.
11. La articulación de estas tierras a
los circuitos económicos andinos y pampeanos
se vincula al modelo propuesto por Carlos Sempat
Assadourian (1982) para el siglo XVII, cuando
el centro minero de Potosí por efecto de
arrastre activó la producción chilena.
Cfr.: Varela y Manara, 1999.
12. Tal como registraron Villarino en el siglo
XVIII y Cox en el siglo XIX. Villarino, Basilio:
Diario del Piloto de la Real Armada D. Basilio
Villarino del reconocimiento que hizo del río
Negro en la costa oriental de la Patagonia el
año de 1782. En: de Angelis, 1972 y Cox,
1863.
13. N umerosos pasos al norte de la cordillera
neuquina facilitaban el tránsito entre
Chile y Argentina: Copulhue, Las Lagunas, Alico,
Pichachén-Antuco, El Saco y Barrancas.
14. En la costa atlántica el peligro inminente
de las ambiciones extranjeras, llevó a
Francisco de Viedma a concretar la instalación
del fuerte de Carmen de Patagones en la desembocadura
del río Negro, colonia que tendría
en el futuro un lugar preponderante en las relaciones
entre los nativos del sur con las autoridades
de Buenos Aires.
15. El Comandante Amigorena nombró a Pichintur
como cacique-gobernador de la nación Pehuenche
y le entregó la insignia correspondiente,
abundante aguardiente y reses para el festejo
en sus toldos, según consta en el Acta
del parlamento de 1787. Amigorena también
les dio a los Pehuenche el título oficial
de soldados distinguidos de la Corona por su colaboración.
16. Muchos caciques patagónicos recibían
regalos y provisiones en Carmen de Patagones.
Por ejemplo, cuando Villarino (1782) pasó
por el sur de Neuquén, se entrevistó
con el cacique Chulilaquín del Collón-Cura,
quien precisamente iba camino al fuerte a recibir
sus regalos.
17. Acta del Gran Parlamento a orillas del Río
Salado efectuado el 11 de octubre de 1787. Transcripto
por Gregorio Alvarez en la obra ya citada. pp.
116-118.
18. Acerca del funcionamiento de un modelo de
economía pastoril especializada véase:
Mandrini, 1994.
19. Para ampliar sobre este tema puede consultarse
la publicación de Pinto Rodríguez,
1988.
20. Luis de la Cruz había presenciado
durante su tránsito por el río Colorado
la llegada de más de 10.000 cabezas de
ganado mayor además del lanar. Cruz [1806]
1969.
21. Luis de la Cruz fue informado acerca de los
viajes de Manquel, cacique gobernador pehuenche
a las tierras del cacique patagón Cagnícolo:
Cruz [1806] 1969: 128-9
22. En 1826 los documentos del Ministerio de
Guerra daban cuenta de los robos a gran escala,
que sumaban miles de animales que los pincheirinos
trasladaban de las haciendas argentinas al territorio
chileno. En: Contador Valenzuela, 1989:217-218.
23. Partes militares del Gral. M. Bulnes durante
su expedición contra los Pincheira en 1832.
En: Barros Arana, 1897:vol.XV,
24. Chile hizo varios intentos para destruir
a los guerrilleros en sus propios reductos aunque
sin éxito. Tal fue el caso del coronel
Clemente Lantaño en 1823, Pedro Barnechea
en 1826, la expedición del General José
Manuel Borgoño. Finalmente en 1832 el General
chileno Manuel Bulnes logró desarticular
a la organización en las lagunas de Epulafquén.
25. Al respecto véase el análisis
de Marta Bechis, 1998.
26. Si consideramos los partes oficiales podríamos
hacer una larga lista de otros caciques vinculados
a las chilenos Pincheira. Así vemos figurar
a Chuica, Trequeman, Pichun, Choikian, Millalem,
Pichun y Caripil entre otros tantos.
Bibliografía
ÁLVAREZ, Gregorio. 1972. Neuquén,
Historia, Geografía y Toponimia . Buenos
Aires. Ministerio de Cultura y Educación
de la Nación. Volumen 1.
BARROS ARANA, Diego. 1884. Historia de Chile
. Santiago: Rafael Joves.
BARROS ARANA, Diego. 1897. Historia Jeneral de
Chile . Santiago: Palacios.
BECHIS, Marta. 1998. "La etnia mapuche en
el siglo XIX, su ideologización en las
pampas y sus intentos nacionistas". En: Revista
de estudios Trasandinos . Santiago de Chile. Número
3. p. 139-158.
BENGOA, José. 1992. Conquista y barbarie
. Santiago de Chile: Sur.
CONTADOR VALENZUELA, Ana María. 1989.
Bandidaje y Guerrilla. Tesis de Maestría,
Santiago de Chile.
CONTADOR VALENZUELA, Ana María. 1998.
Los Pincheira . Un caso de bandidaje social .
Santiago de Chile: Bravo y Allende.
COX, GUILLERMO. 1863. Viaje en las regiones septentrionales
de la Patagonia 1862-1863 . Santiago de Chile:
Imprenta nacional.
CRUZ, Luis de la. 1969. "Viaje desde el
puerto de Ballenar hasta la ciudad de Buenos Aires".
En: de ANGELIS, Pedro (comp). Colección
de obras y documentos relativos a la historia
del Río de la Plata. Buenos Aires: Plus
Ultra . Volumen II.
de ANGELIS, Pedro. 1972. Colección de
obras y documentos . Buenos Aires: Plus Ultra.
Volumen VIII.
DE LA VEGA, Julio. 1992. Diccionario Consultor
Político . Buenos Aires: Librograf.
ENCINA, Francisco Antonio. 1947. Historia de
Chile . Santiago: Nascimento. Volumen VII
FELIÚ CRUZ, Guillermo. 1964. Memorias
militares para servir a la historia de la independencia
de Chile del Coronel Jorge Beauchef . Santiago:
A. Bello.
FERNÁNDEZ, Jorge. 2000a. El coronel Pincheira
. Buenos Aires.
FERNÁNDEZ, Jorge. 2000b. Estudio de política
aborigen pampeana, 1827.1832. Cuadernos del Instituto
Nacional de Antropologia y Pensamiento Lationoamericano.
Número 19.
HAENKE, Thaddaeus Peregrinus. 1942. Descripción
del reyno de Chile . Santiago de Chile: Nascimento
Ed.
HOBSAWM , Eric. 1974. Rebeldes primitivos . Barcelona:
Ariel.
MANDRINI, Raúl. 1994. ";Las transformaciones
de la economía indígena bonaerense
(1600-1820). En: MANDRINI, Raúl y REGUERA,
Andrea (eds). Huellas en la tierra . Tandil: IEHS.
MAZA, Isidro. 1990. Revista de Estudios Regionales
. Mendoza. Número 6.
MÉNDEZ BELTRÁN, Luz María.
1982. ";La organización de los parlamentos
de indios en el siglo XVIII";. En: VILLALOBOS,
Sergio, et. al. Relaciones fronterizas en la Araucanía
. Santiago: Universidad Católica de Chile.
PINTO RODRÍGUEZ, J. 1996. "Redes
indígenas y redes capitalistas. La Araucanía
y las Pampas en el siglo XIX". En: BONILLA,
Heraclio y GUERRERO, Amado (comps). Los pueblos
campesinos de las Américas. Etnicidad,
cultura e historia en el siglo XIX. Bucaramanga:
Universidad Industrial de Santander. p.137-153.
PINTO RODRÍGUEZ, J., CASANOVA GURDA, H.
y URIBE GUTIÉRREZ, S. 1988. Misioneros
en la Araucanía. 1600-1900. Temuco: Universidad
de la Frontera.
POEPPIG, Eduardo. 1960. Un testigo en la alborada
de Chile (1826-1829). Chile:Zigzag.
RATTO, Silvia. 1996. ";Conflictos y armonías
en la frontera bonaerense. 1834-1840";. En:
Entrepasados. Número 11.
SEMPAT ASSADOURIAN, Carlos. 1982
VARELA, Gladys y MANARA, Carla. 1999. "Particularidades
de un modelo económico de un espacio fronterizo
nordpatagónico. Neuquén, siglos
XVIII y XIX". En: Quinto Sol . Santa Rosa,
Número 3. p. 83-107.
VARELA, Gladys y MANARA, Carla. 2001. "Tiempos
de transición en las fronteras surandinas:
de la colonia a la república". En:
BANDIERI, Susana (coordinadora). Cruzando la cordillera.
La frontera argentino chilena como espacio social.
Neuquen: CEHIR-UNCo. Primera parte. p. 31-63.
VARELA, Gladys y MANARA, Carla. 2003. "Desde
la periferia a los centros de poder. Las relaciones
inter-étnicas y sus articulaciones en la
frontera surandina". En: MANDRINI, Raúl
y PAZ, Carlos (comps). Las fronteras hispanocriollas
del mundo indígena latinoamericano en los
siglos XVIII y XIX . Tandil: IEHS/CEHIR/UNS.
VICUÑA MACKENNA, Benjamín. 1972
[1868]. La guerra a muerte . Santiago de Chile:
Francisco Aguirre.
Fecha de recibido: 17 de junio de 2005.
Fecha de publicado: 23 de diciembre de 2005
|