San Carlos de Bariloche - -
 

La frontera surandina: centro de la confrontación política a principios del siglo XIX (1)

http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S1515-59942005000100009&lng=pt&nrm=iso

Carla G. Manara

CEHIR. Universidad Nacional del Comahue

Resumen
La preocupación de la historiografía chilena y argentina por explicar la formación de los estados nacionales a partir de las guerras de independencia ha minimizado, cuando no ignorado, la movilización social y política que surgió rápidamente en las fronteras del sur, tierras que estaban efectivamente bajo el control indígena. Este mundo fronterizo comprendía de antaño una vasta región articulada por circuitos mercantiles y contactos interétnicos que se extendían desde las pampas bonaerenses hasta la Araucanía. Dinámicas redes favorecieron la movilización de una guerrilla realista asentada en el actual noroeste neuquino entre 1822 y 1832 bajo el liderazgo de José Antonio Pincheira.En tal contexto, el objetivo de este trabajo consiste en estudiar dicha movilización, los recursos, las estrategias y las alianzas entre los grupos para explicar la emergencia de esta frontera como espacio de la confrontación política. A través del trabajo documental realizado y la relectura de la producción historiográfica tradicional intentamos revertir la escasa relevancia dada a esta frontera en el proceso emancipador y poner en consideración el protagonismo de todos los actores involucrados.

Palabras claves: Independencia-fronteras-guerrilla-indígenas-pugna política

1. Introducción

A comienzos del siglo XIX se produjo en Hispanoamérica un panorama general de manifestaciones independentistas, claros indicadores de la crisis del orden colonial. Los textos fundantes de la historia nacional de Argentina como la de Chile legitimaron versiones muy recortadas y parciales acerca de la transición política entre la vieja tradición monárquica y los nuevos estados-nación. De tal modo, la historia de ambos países se construyó tendiendo a sobredimensionar algunos aspectos del proceso emancipador y omitiendo otros.
Estas historias contadas desde los centros de poder presentaron una imagen estereotipada de los espacios fronterizos así como de todos y cada uno de los actores sociales vinculados a éstos. Las versiones tradicionales terminaron por consolidar tales estereotipos enmascarando situaciones conflictivas y relativizando protagonismos adversos a las elites republicanas. En la actualidad, una buena parte de la historiografía argentina y chilena, más allá de los visibles esfuerzos por revisar el período emancipador, sigue manteniendo las imágenes heredadas. En tal sentido, las fronteras sureñas a partir de 1810 siguen siendo abordadas como periferias de acción secundaria frente a la preeminencia que conservan los estados en formación.

Como punto de partida, consideramos entonces a los espacios fronterizos no sólo como simples periferias de los centros de poder, sino como un centro en sí mismo. Sin duda el ámbito fronterizo surandino constituyó un espacio social de múltiples interacciones y las sociedades indígenas que lo controlaban tuvieron un protagonismo significativo durante el proceso de emancipación y de formación de los estados. En particular, el sector noroeste cordillerano de la actual provincia de Neuquén adquirió especial relevancia durante el proceso estudiado como sede de la disputa por el poder entre "realistas", "patriotas" y los mismos líderes indígenas.

Desde mucho antes de las guerras de independencia, esta región había estado dominada por grupos pehuenches que asentados en valles de ricas pasturas tenían el control de los estratégicos pasos cordilleranos. La región, lejos de estar aislada, interactuaba con otras conformando una macro región cohesionada en su conjunto por complejos circuitos mercantiles que se extendían desde la Araucanía hasta las pampas bonaerenses. De este modo, distintas parcialidades mantenían una permanente circulación de individuos e intercambio de ganados y bienes, entretejiendo vínculos sociales, económicos y políticos muy importantes a la hora de comprender la dinámica de todo el espacio fronterizo durante el siglo XIX.

Las fronteras surandinas pasaron a ser el centro operativo de la confrontación política a partir del inicio de la Guerra a Muerte entre "realistas" y "patriotas" en 1818. La organización de una guerrilla pro realista en medio de la Araucanía y su posterior traslado a tierras neuquinas alimentó una compleja y violenta pugna por el poder que mantuvo en vilo a los gobiernos de ambos lados de los Andes. En este contexto, el objetivo central del trabajo consiste en analizar la organización y la movilización de estas fuerzas resistentes al avance revolucionario hasta su derrota en 1832.

La idea de que los mismos circuitos de intercambio se convirtieron en arterias para la politización de toda la región fronteriza a partir de las guerras de independencia, es uno de los aspectos relevantes en este trabajo. Por su propia dinámica, los circuitos facilitaron el tráfico de lealtades partidarias, influencias políticas y redes de venganzas generando una trama de compromisos inter e intra étnicos que incidieron directamente en la violenta guerra entre "realistas" y "patriotas" a la que se sumó, la no menos violenta pugna entre unitarios y federales.

Los avances aquí presentados son el resultado de la revisión y confrontación de obras clásicas y vigentes en la historiografía de Chile (2) sumado a los aportes de investigaciones más actuales (3) y a una diversidad de fuentes primarias relevadas en distintos archivos de ambos países (4). Dado que la información se encuentra básicamente dispersa y fragmentada ha sido necesario articular fuentes variadas, tanto édita como inédita, con el objetivo de analizar de forma continuada la movilización de la guerrilla en sus diferentes frentes de acción. En este sentido han sido relevantes los partes militares de las sucesivas campañas realizadas desde Chile; los informes y correspondencia de los puestos fronterizos así como notas e informes de situación emitidas por gobernadores y autoridades del Ministerio de Guerra a un lado y al otro de la cordillera durante el período estudiado. De igual modo la lectura de tratados, parlamentos y acuerdos entre los gobiernos y los grupos pincheirinos ha proporcionado matices significativos a lo largo de la investigación. También se ha considerado el aporte de viajeros (Poeppig, 1960 y Haenke, 1942, entre otros) que transitaron por sectores de la región en cuestión hasta algunas cartas personales enviadas por los hermanos Pincheira y sus principales lugartenientes a autoridades chilenas, mendocinas y porteñas.

2. Resignificando la versión tradicional
Las guerras de independencia no transformaron abruptamente las estructuras coloniales sino que plantearon una compleja transición política, en cuyo marco observamos que las transformaciones fueron muy lentas y mucho más conflictivas de lo que usualmente se sostiene. Durante las primeras décadas del siglo XIX, la convivencia entre la tradición monárquica con las ideas revolucionarias fue muy tensa. De hecho, la tradición colonial estaba demasiado arraigada, particularmente en las fronteras andinas del sur, como para imponer sin más un nuevo orden. Esto significa que durante años persistieron viejas estructuras que retardaron la emergencia de los estados nacionales.
Después que los realistas de Chile fueron derrotados en la batalla de Maipú en 1818, se trasladaron al sur del Bio Bio con la alianza de grupos araucanos. Hacia 1822 comenzaron a asentarse en las tierras de los pehuenches al otro lado de la cordillera, enfrentando a los independentistas durante casi 15 años en forma de guerrilla armada hasta 1832.

La alianza con algunos grupos araucanos y pehuenches garantizó la notoria capacidad de movilización que caracterizó a estas fuerzas de resistencia. La frontera surandina quedó de este modo anclada en una tradición colonial que legitimaba la lucha contra los insurgentes que habían "usurpado" el poder. La alianza hispano-criollo-pehuenche es interesante si recordamos que la sociedad pehuenche siempre se había resistido a la dominación española, manteniendo el control de sus tierras frente a las pretensiones del blanco. ¿Cuáles fueron los factores que unieron a antiguos enemigos?; ¿Cuáles fueron las pautas de esta relación y cómo funcionó durante tantos años?,¿ Cuáles fueron los intereses y beneficios de cada uno? y ¿cómo se articularon las redes socioeconómicas y políticas?. Estos son algunos de los interrogantes que estimularon el abordaje de la presente investigación.
Durante este período de lucha sin cuartel entre los dos bandos, conocido como "guerra a muerte", se entretejieron intrincadas redes de intercambios, vínculos, intereses, adhesiones políticas y venganzas que interactuaron a ambos lados de los Andes. De tal modo, los límites de la contienda quedaron desdibujados entre viejos y nuevos elementos, entre lealtades efímeras y rumbos inciertos.

Sin embargo, la historia tradicional ha estado centrada en la dicotomía "patriotas" vs "realistas", mostrando una lucha entre dos bandos definidos ideológicamente. S in dudas, conocemos mayor detalle acerca de los primeros en detrimento de los segundos pero podríamos afirmar que la pugna no estaba tan claramente delimitada y que tuvo rasgos muy distintos a los que muestra la historiografía liberal de fines del siglo XIX a través de sus principales exponentes como Benjamían Vicuña Mackena, Diego Barros Arana, Tomás Guevara y Claudio Gay, entre otros, cuya impronta llega hasta la actualidad.

Estos enfoques impusieron la idea de que el gobierno independiente de Chile estaba amenazado por lo que llama indistintamente "guerrilla", "montoneras", ";hordas de delincuentes"; y ";bandas de forajidos";, pretendiendo generalizar los problemas que se evidenciaban al sur de Chile. La profunda crisis social y económica en la que ciertamente estaba inserta la población sureña incrementó notablemente la delincuencia y el vagabundaje. Estos "males" aparecen como la causa de todos los conflictos de la época revolucionaria dejando minimizada la formación simultánea de una guerrilla como expresión política, organizada y jerarquizada internamente, con una estratégica movilización militar y con el claro objetivo político de frenar el avance de los grupos separatistas.

En tal sentido, los rótulos conocidos y la periodización impuesta no nos permiten visualizar la real complejidad del proceso emancipador ni la relevancia que tuvieron los actores sociales vinculados al mundo fronterizo. En la medida que abrimos el plano de análisis observamos otros protagonistas, otros escenarios y otros problemas que interactúan dinámicamente pero que están tergiversados o dispersos en una historia fragmentada.
Desde mediados del siglo XIX se construyó una imagen del norte como centro civilizador frente al sur como sede de la barbarie, imagen que habría perdurado hasta bien entrado este siglo, tal como destaca José Bengoa ( 1992:127 ). Las provincias del sur adhirieron a la causa del rey, no tanto por defender la tradición colonial sino porque las ideas emancipadoras emergentes traían consigo nuevos peligros. De hecho, la mayoría popular había estado sumida en una situación de miseria y opresión desde hacía tiempo. El rol hegemónico de Santiago marginaba al sur y no ofrecía solución alguna a la crisis social y económica. También una mirada oficial como la de Benjamín Vicuña Mackenna reconocía que por aquellos años ";la patria sólo era Santiago, el resto del país era realista ";. Este conflicto fue en aumento generando un caldo de cultivo para las manifestaciones contra-revolucionarias. De tal modo que el sur, realista por tradición, se convirtió en el centro de los defensores del orden colonial.

Esta guerrilla estuvo liderada por hábiles y experimentados "caudillos" que habían participado en el ejército real y que levantaban la bandera del rey por donde circulaban. Como es de esperarse, la historia nacional de ambos países casi no registran a estos líderes de la oposición, salvo cuando se ilustran los atributos de los "enemigos de la patria". De igual modo s e ha insistido en que las guerras de independencia profundizaron el desarraigo, el vagabundaje y por supuesto el bandolerismo. Que por doquier aparecían "nubes de mendigos y delincuentes" asaltando villas y que este fenómeno social intranquilizaba a la elite santiaguina. Si bien no puede negarse que el bandidaje era un problema endémico en Chile no por ello es un rótulo generalizante ni explica por sí mismo las situación reinante en esos años de intensa confrontación política.

Creemos conveniente diferenciar la ";guerrilla"; como expresión político-militar y el ";bandolerismo"; como expresión social. Ambos expresiones emergieron de la profunda crisis reinante y terminaron retroalimentándose. De hecho la guerrilla se nutrió del bandolerismo pero también sumó el descontento y el rechazo al gobierno santiaguino de diversos sectores sociales que vieron en l a defensa de la tradición colonial un modo de resistir al caos provocado por los "patriotas". Incluso l a adhesión de delincuentes comunes y oportunistas a quienes se los pudo pensar poco interesados en los objetivos políticos, se sumaban como activos partícipes en las filas realistas para resguardar sus intereses o bien para sobrevivir al amparo de los caudillos fronterizos.

La guerrilla por definición está centrada en acciones bélicas caracterizadas por combates que difieren de los convencionales porque la guerrilla utiliza básicamente el factor sorpresa: ataca y huye ( De La Vega, 1992:152-155 ). En este caso, vemos que los grupos de acción evitaban cautelosamente iniciar acciones en condiciones que evaluaba desfavorables o en las que el enemigo mostraba cierta superioridad. Por eso una de sus tácticas más usuales consistía en avanzar en pequeños grupos que se dispersaban atacando simultáneamente en distintos lugares logrando dar una sensación de poderío y capacidad. Esto generaba una especie de efecto paralizante produciendo impotencia en el enemigo que se veía reducido a la defensiva. Además los grupos de la guerrilla se encargaban puntualmente de quitarle los recursos al enemigo, destruir sus comunicaciones y fuentes de abastecimiento. Pero el factor bélico es más importante cuando está ligado a tres condiciones básicas que suelen fomentar la organización de una guerrilla: una situación socioeconómica precaria, una población ideológicamente afín y un ambiente geográfico apropiado ( De La Vega, 1992:152-155 ). Esta conjunción de factores se fue profundizando durante la transición política y potenció el accionar de las montoneras pincheirinas durante más de una década.

En cuanto al "bandolerismo" se hace necesario ampliar la perspectiva de análisis tradicional para poder comprender el rol que jugaron ciertos actores "marginales" de la época. Como sabemos, las guerrillas realistas, los disidentes, los opositores, han sido generalizados bajo el rótulo de "bandidos" sin mayor protagonismo (5) . Para la historiografía tradicional la exclusión de este conjunto de sujetos ha sido un objetivo puntual, reservando para ellos todo tipo de calificativos peyorativos. Sin duda, la participación de esos ";otros"; en el proceso estudiado incorpora matices interesantes que logran poner en tela de juicio muchas de las interpretaciones más difundidas.
Consideramos entonces que bandidaje y guerrilla aparecen como dos fenómenos sociales diferentes pero estrechamente vinculados durante el período estudiado. En la medida que las elites revolucionarias asentadas en Santiago y en Buenos Aires no lograban imponerse la guerrilla aumentaba sus filas y mostraba una sorprendente y muy esquiva movilización en todos los frentes de la frontera sur.
A la luz de la documentación trabajada, sostenemos que la imagen de grupos de bandidos, delincuentes y salvajes que, en forma aislada y circunstancial "robaban y asesinaban por doquier" para luego protegerse en la "impunidad de la frontera", es sólo una versión muy simplista. Por esta misma razón, los comportamientos colectivos dados en las áreas fronterizas y periféricas durante estas décadas han sido hasta ahora parcialmente explicados. Sin duda, la participación de esos ";otros"; en el proceso estudiado incorpora matices interesantes que ponen en tela de juicio muchas de las interpretaciones más difundidas. La investigación nos va mostrando que la rivalidad entre "patriotas" y "realistas" fue una nítida pugna por los espacios de poder aún después de la derrota en Maipú. Aunque desde Santiago se insistiera en despreciar las posibilidades de los españoles que se habían refugiado en la Araucanía, éstos seguían respondiendo a las directivas del virrey Pezuela vigente en Perú. Ambos bandos consideraban legítima su lucha en el marco del orden que defendían, ámbito en el cual todos los partícipes fueron buscando el modo de reposicionarse.

3. En medio de la pugna política

La confrontación política provocó años de violencia extrema, de inestabilidad institucional y de una gran inseguridad social contaminando la vida cotidiana del conjunto. La guerra sin cuartel fue adquiriendo mayor complejidad y propició todo tipo de conflictos involucrando paulatinamente a otras regiones y grupos. Desde la Araucanía hasta las pampas bonaerenses emergió una frontera de guerra en la que interactuaron indígenas, criollos, españoles y mestizos.

En medio de esta pugna, ya se dijo, los límites de la contienda no estaban claros. De hecho era muy común y reiterado que miembros de un bando pasaran a las del contrario. Ambos bandos cometían los mismos hechos "aberrantes" por los que se perseguía al enemigo. Peleaban a muerte de un lado y atraídos por un indulto delataban a quienes habían sido sus compadres. Nada estaba claramente definido entre unos y otros que se excluían sistemáticamente. Se buscaba la paz haciendo la guerra, se traicionaban lealtades, se incumplían pactos y se negociaba con el mal menor. Los patriotas luchaban por el poder y los realistas también. Los patriotas querían eliminar a los "rebeldes e insurgentes", los realistas también. La lucha por la independencia plantea así un conflicto político de connotaciones muy profundas. La cruenta lucha no tenía alternativas: vencer o morir, tales fueron los términos utilizados por la literatura decimonónica. Sin embargo, la alternativa de sobrevivir debió ser el mayor de los desafíos.

Toda la línea de la frontera sur generó una situación de conflicto permanente para los centros del poder criollo que con frecuencia vieron jaqueados sus ideales políticos. A esto se debe, según registramos en la documentación, algunos acuerdos y propuestas de colaboración entre los gobiernos de Santiago, Mendoza y Buenos Aires para erradicar en conjunto la amenaza realista. La amplia franja comprendida entre la Araucanía, la nordpatagonia y las pampas fue un ámbito de movilización militar, de alianzas interétnicas, de negociaciones políticas en medio de los tradicionales circuitos económicos indígenas que dinamizaban toda la región. Mecanismos formales e informales se entremezclaron en el accionar de ambos bandos. La magnitud que adquiere esta pugna por el poder se comprende mejor a través de las redes de poder que comenzaron a construirse.

4. Fuerzas de resistencia en las fronteras

Inicialmente el caudillo de estas fuerzas fue el chileno Vicente Benavídes, designado por el mismo Virrey Pezuela que desde Perú alentaba a los grupos realistas a sostener la resistencia armada en las posesiones del sur, aprovechando el apoyo de los grupos indígenas. El plan trazado tenía como objetivo provocar la dispersión y la división de las fuerzas regulares para el desgaste de sus precarios recursos, por eso los pro-realistas se movilizaban en montoneras que les permitía actuar simultáneamente en distintos frentes de la extensa frontera. Logrado este objetivo, se tenía planificado mover las fuerzas desde el sur en una ofensiva hacia el norte, es decir hacia Santiago y Buenos Aires.

La organización de Benavídes abarcó prácticamente todo el espacio fronterizo al sur del Bio Bio dividido en tres regiones. Mientras el líder estaba a cargo de la región de los llanos centrales; el cura Juan Antonio Ferrebú comandó el sector occidental o costero y los cuatro célebres hermanos Pincheira -chilenos de reconocida adhesión realista- se dedicaron al área cordillerana.

En 1822 Benavídes fue vencido y fusilado y le sucedió por un breve lapso Juan Manuel Picó, un destacado militar español que siguió con los mismos objetivos. Tanto Picó como Ferrebú rechazaron el ofrecimiento de indulto que les hizo el gobierno chileno y desaparecieron de la escena en 1824,el primero asesinado y el segundo fusilado. Llegó entonces el momento de José Antonio Pincheira, el menor de los cuatro "célebres" hermanos Pincheira, quien se mantuvo al frente de la guerrilla hasta su derrota en 1832.

Los Pincheira habían sido hábiles partícipes de la lucha entre "realistas" y "patriotas". Se habían destacado comandando los grupos de guerrilla desde 1817, movilizándose alternativamente a ambos lados de la cordillera, contando con el apoyo de diversos grupos sociales que rechazaban la propuesta revolucionaria. Particularmente, la alianza sostenida con los caciques pehuenches fue muy importante porque permitió que d esde 1822 las huestes guerrilleras comenzaran a asentarse en sus valles andinos. La población migrante aumentó a partir de 1824 con la derrota de los realistas del Perú en la batalla de Ayacucho. Aún así, siempre existía alguna esperanza de que la Corona enviara los auxilios que prometía para frenar el avance de los ";osados separatistas";. Estas promesas a veces fueron reales y otras parecen haber sido inventadas para dejar correr el rumor, aunque de una u otra forma, siempre se lograba intranquilizar al enemigo. Por otra parte, estas promesas de auxilios debieron ser un gran aliciente para que la guerrilla siguiera en acción.

Los centros operativos pincheirinos se ubicaron no sólo en Neuquén sino también en Mendoza, la Pampa y Río N egro, diseñando una red de comunicación y circulación ampliamente operativa a los fines de la guerrilla (6). Desde sus asentamientos los pincheirinos accedían directamente a la región de Antuco y desde allí se comunicaban con Los Angeles, Concepción y otras varias poblaciones vecinas. Su radio de acción llegó a ser muy amplio y rápidamente las fronteras de Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, llegando hasta Carmen de Patagones y Bahía Blanca sintieron la amenaza de estas huestes.

La organización militar de los realistas sumada al dominio que los indígenas tenían del terreno, rutas y pasos cordilleranos les otorgó ventajas considerables. El hecho de que los pro-realistas disponían de mejores y mayores recursos que las tropas regulares se verifica reiteradamente en la documentación oficial a través de las notas enviadas por los jefes militares reclamando las partidas asignadas que no llegaban. Esta situación, habitual en las fronteras de la época, generaba múltiples inconvenientes que terminaban por limitar el rendimiento de las fuerzas regulares (7). En contrapartida, los grupos pincheirinos mostraban tener una mayor capacidad operativa y oportunos contactos para hacerse de los recursos de forma rápida y eficaz. A su vez, los circuitos de intercambio controlados por los indígenas aliados a la guerrilla permitían el acceso a abundantes recursos que las autoridades difícilmente podían controlar.

Las desventuras de las tropas oficiales persiguiendo a las montoneras tenían un costo muy alto y provocaban el desgaste de los recursos disponibles, en particular de los caballos. La movilización de las tropas era muy difícil con hombres desmoralizados y en las precarias condiciones que describen las fuentes:
";... las campañas de aquella época no se podían sostener con soldados de a pie, desde que el enemigo no se batía sino por medio de guerrillas montadas y con indios auxiliares que nacen y mueren sobre el lomo del caballo. Vemos por esto, a aquél ejército fraccionado, débil, encerrado dentro de plazas amuralladas, reducido, en fin, a virtud de una extraña anomalía, estrictamente a la guerra defensiva en el corazón de nuestro territorio..." (8).

5. Hacia el interior de la guerrilla

En anteriores presentaciones nos hemos dedicado a profundizar el liderazgo ejercido por José Antonio Pincheira estudiando sus vínculos, sus estrategias para obtener recursos materiales y las tácticas en el plano político. Sin duda, la legitimación de este liderazgo permitió que la resistencia se mantuviera movilizada durante 15 años (Varela y Manara, 2001). No por ello la organización estuvo exenta de conflictos internos, producto de las disidencias y desacuerdos entre sus integrantes. Llama la atención las discrepancias entre dos de los hermanos Pincheira: Pablo y José Antonio. El primero parece haber sido el más aguerrido, conocido por sus reacciones violentas y su afán de asaltar un poblado tras otro con total impunidad, según las fuentes oficiales. Mientras que el segundo se destacaba por sus estrategias diplomáticas, por su capacidad racional de operar las fuerzas y por su férrea adhesión a la causa realista a la cual se mostró leal aún después de ser capturado.

La relación entre Pincheira y los militares españoles como Picó y Senosiaín no era fácil pero advertimos era menos turbulenta de lo que las fuentes oficiales sugerían, probablemente con la intención de generar rivalidad entre los criollos chilenos y los realistas, apostando a una ruptura interna. La elite santiaguina admitía como jefes de la oposición a los españoles, como el General Picó, mientras que a los Pincheira los relegaba al plano de "caudillejos" equiparándolos a una "horda de delincuentes".

Definir a la guerrilla prorealista resulta bastante complejo porque combina elementos diversos en su interior. Por un lado, como ya se dijo, existía una fuerza organizada con objetivos políticos y estrategias de acción, y por otro lado, la participación de heterogéneos grupos sociales que seguían a la guerrilla por diversos motivos y circunstancias, incluidos desertores, delincuentes comunes y oportunistas que fueron enquistándose en el seno de la guerrilla. Dicha heterogeneidad social estaba expresando en su conjunto el descontento y la rebeldía popular frente a los cambios bastantes inciertos. Esta interacción reelaboró vínculos y comportamientos que dinamizaron toda la frontera sur y alimentaron la contienda política.

La composición de la guerrilla era realmente muy diversificada como también los motivos por los que cada cual justificaba la adhesión. Españoles, chilenos, mestizos e indios entraron en contacto. Desde hacendados ricos hasta campesinos pobres, toda la sociedad del sur se vio comprometida en algún sentido. Cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos se asentaron en las tierras protegidas por las fuerzas pincheirinas. Entre ellos se contaban militares españoles que habían quedado dispersos después de la muerte de Benavídes; representantes del clero dipuestos a recuperar su rol relevante y los recursos que le habían asignado los Borbones; hacendados chilenos que veían destrozadas o confiscadas sus propiedades por las guerras de independencia y comerciantes que se beneficiaban vendiendo solapadamente mercancías demandadas por los grupos de la resistencia. También los pequeños campesinos e inquilinos del sur adhirieron al movimiento, convencidos de que los aires revolucionarios agudizaban aún más la crítica situación de hambruna, opresión e injusticia que sobrellevaba el ámbito rural desde tiempo atrás (9). Asimismo, ingresaron a sus filas numerosos desertores del ejército revolucionario, mal pagados y hambreados en busca de mejores posibilidades al amparo del enemigo. También formaban parte mujeres y niños cautivados en los múltiples ataques a haciendas y poblados que posteriormente eran utilizados en el campo de las negociaciones. En aquél convulsionado escenario el accionar de la guerrilla también fue propicio para la incubación de todo tipo de actos delictivos y vandálicos mediante la participación de bandas de cuatreros que se escudaban bajo la insignia monárquica.

Tal como vemos, la emancipación y la construcción de un estado moderno provocaba más temores que buenos augurios, y generó la abierta oposición de la sociedad sureña al nuevo orden republicano. Esto involucró además de gran parte de las comunidades mapuches y pehuenches, a hacendados, comerciantes, misioneros, militares y campesinos. Consideramos, que dadas las circunstancias de esta guerra, la incorporación a la guerrilla no implicaba estrictamente un compromiso ideológico, sino también un modo de sobrevivir para algunos y de conservar beneficios para otros.

En realidad, no era la primera vez que los habitantes de la región sur se sumaban a los realistas porque ya lo habían hecho durante la Reconquista y, sobre todo, después de la batalla de Chacabuco (1817). Uno de los referentes de la historiografía decimonónica chilena como Diego Barros Arana, señala que la prolongación de la guerra, los desmanes y violencias cometidos por algunos oficiales patriotas sumado a las depredaciones que estos hacían en los campos, los robos de caballos y víveres hicieron que aquellas poblaciones lamentaran la pérdida de la antigua tranquilidad alimentando el espíritu de resistencia (Barros Arana, 1884:parte IX). Según Encina, algunas ciudades como Chillán continuaron siendo realistas, no tanto por la causa del rey sino por oposición a la revolución que era por entonces sinónimo de anarquía, robos y asaltos que tornaban imposible la vida (Encina, 1947).

La conjunción de todos estos grupos, más allá de los motivos de la adhesión de cada uno, permitió la conformación de una fuerza contra-hegemónica que expresaba claramente su profundo rechazo al gobierno revolucionario. De cualquier manera, la figura del rey y la tradición colonial, fue el sustento ideológico que dio cohesión al descontento popular, canalizado a través de una guerrilla legitimada como fuerza política. Indudablemente, la gran mayoría de la población sureña no reconocía la legitimidad asumida por las autoridades republicanas. La tradición colonial estaba muy arraigada y los cambios revolucionarios no garantizaban mejores condiciones de vida. La guerrilla permitía mantener viva la idea del regreso del rey y de un orden que se había perdido. Asimismo, se fueron perfilando otros liderazgos internamente que comenzarán a hacer su propio juego hacia 1830, llegando a competir con José Antonio Pincheira por la conducción de las fuerzas. En estos años fueron frecuentes la conformación de coaliciones de fuerzas que, aunque poco duraderas e inestables, resultaban necesarias para posicionarse en el campo político.

6. La aldea de los ";rebeldes";

Sin duda uno de los factores que proporcionó capacidad operativa a José Antonio Pincheira fue la conformación de una numerosa aldea de más de 6000 habitantes en los ricos valles de Varvarco y Epulafquen, corazón de las tierras pehuenches. El traslado a estas tierras fue un cambio decisivo que garantizó que los pro-realistas se preservaran durante una década en medio de las guerras por la independencia. Esta villa modificó el habitual patrón de asentamiento indígena de tolderías dispersas. E spañoles, criollos, indios y mestizos generaron una convivencia particular bajo el liderazgo de los Pincheira, sumando elementos a los preexistentes.
Las casas de barro y paja típicas de allende los Andes comenzaron a levantarse a cierta distancia de las tolderías conformando una aldea estable, donde las familias organizaban el trabajo para su manutención. Las fuentes de época disponibles brindan poca información al respecto pero encontramos en las memorias del Coronel chileno Jorge Beauchef algunos datos interesantes registrados en su entrada a tierras pehuenches en 1827. Beauchef describe grandes y cómodas casas de paja de los jefes principales, rodeadas de numerosas casuchas de cuero fácilmente transportables de parientes y amigos que seguían a los montoneros y las de los cautivos (Feliú Cruz, 1964:cap. LXXVI).

La comunidad de Varvarco generó un modo de vida propio, en medio de un espacio natural muy propicio en el que lograba autoabastecerse. La convivencia estaba regida por leyes de orden y justicia que en particular J. A. Pincheira hacía prevalecer. La aldea central estaba comunicada con los distintos campamentos ocupados en función del traslado de los ganados de la veranada a la invernada, característico de la práctica trashumante. La construcción de un puente colgante sobre el río Neuquén, facilitaba la comunicación y permitía una fácil circulación de personas y mercancías Se seguía con la tradición familiar y las costumbres religiosas de la colonia por lo que se levantó una capilla que tuvo su capellán, el Fray José Antonio Gómez, franciscano de Chillán que celebraba misas y bautismos. Hay datos acerca de juegos de azar y carreras de caballo como momentos de guitarreadas, canto y baile. Algunos pobladores de la pre-cordillera recibían a los jefes de la guerrilla que solían bajar de noche a aprovisionarse de aguardiente, tabaco, naipes y, en otros casos, a divertirse en las posadas o fondas cercanas a Chillán.

Familias enteras del sur chileno emigraron a los asentamientos de los Pincheira en territorio argentino desde 1822. Esta numerosa población tenía poco que ganar pero todo por perder, así que la guerrilla le garantizaba al menos protección militar y recursos. Según la versión oficial, toda esa gente había sido cautivada, cuando en realidad, la mayoría se habían trasladado voluntariamente para sobrevivir. Mientras tanto José Antonio Pincheira se ocupaba de negociar y posicionarse frente a las autoridades del pretendido nuevo orden.

También la participación de las mujeres chilenas fue significativa. Madres y esposas de los hombres que estaban con los Pincheira enviaban frecuentemente víveres, vestimenta, regalos y tabaco, además eran muy hábiles para obtener información y difundir rumores según fuera conveniente. Muchas de ellas fueron perseguidas y castigas bajo el cargo de espías y colaboracionistas. No faltaron algunas mujeres de prestigio dentro de la sociedad chilena que contribuyeron con su fortuna y contactos (10).

La forma de operar incluía el uso de espías dispersos en diferentes puntos de la zona que proveían información acerca de los movimientos del enemigo y la existencia de ganado en las haciendas fronterizas. No faltaron los campesinos que conociendo los caminos y atajos, sirvieron de guía a los montoneros en sus incursiones, servicio que se remuneraba.

La captura de ganado a las haciendas a ambos lados de los Andes fue uno de los objetivos centrales de los pincheirinos, y en este sentido, fue fundamental la colaboración de los pehuenches, como veremos a continuación.

7. El protagonismo de los pehuenches
La alianza de los caciques pehuenches fue un factor clave para la supervivencia de la guerrilla. En estas áreas fronterizas, la convivencia de hispano-criollos e indígenas generó un espacio de influencias mutuas, donde se desdibuja el rol de los dominadores y el de los dominados. Historiadores clásicos difundieron la versión de que los pehuenches habían caído bajo el yugo de los "bandidos" y que eran maltratados por estos obligándolos a cometer saqueos y malones. La documentación da cuenta de una situación muy diferente.

En primer lugar, cabe considerar que los ricos valles para la cría y engorde de los animales que caracterizaban la geografía del norte cordillerano neuquino , estaban integrados a un espacio mayor, formado por la Araucanía, las Pampas y el resto de la Patagonia argentina. A partir del siglo XVIII Neuquén se articuló en un amplio circuito como región de abastecimiento (11), especialmente de los centros de Chillán y Antuco que exportaban carnes saladas, cueros y sebos que industrializaban los hacendados trasandinos a través del puerto de Talcahuano, al mismo tiempo que los indígenas del sur de la actual provincia colocaban sus arreos en el mercado valdiviano (12).

En esta región social y económicamente articulada, los valles neuquinos resultaban ser muy estratégicas como nudo de caminos entre Argentina y Chile y como área de protección para todos los grupos vinculados al arreo de ganado y a las operaciones de la guerrilla. Una cordillera con pasos relativamente bajos permitió preservar la interacción del espacio araucano-pampa y patagónico mediante la circulación de individuos, patrones culturales, productos de intercambio, vínculos parentales y adhesiones políticas en tiempos de la revolución (13) . El dominio de estos boquetes fue central para la logística de las montoneras.

Fueron muy variados los beneficios que proporcionó a los hermanos Pincheira la alianza con los pehuenches: centenares de hombres de lanza, variedad de recursos para la subsistencia; información, refugio, acceso a los pasos cordilleranos, facilidades para el comercio, ventajas para la movilización de hombres y el transporte de los bienes, acceso a circuitos consolidados para el intercambio o el malón además de muy estratégicos contactos con otras parcialidades. Puede decirse que los pehuenches fueron prácticamente el sustento de la guerrilla pro-realista durante esos años (Varela y Manara, 2003).

8. Razones de la alianza hispano-criollos y pehuenches
No es fácil interpretar las causas que generaron las adhesiones políticas de los líderes mapuches y pehuenches en el nuevo escenario creado por la independencia. También llama la atención que estos grupos que habían resistido permanentemente al dominio del blanco y a sus ansias de expansión sobre sus tierras, protegieran a las tropas realistas y avalaran su accionar prestando toda su colaboración. Las explicaciones tradicionales tales como el apetito del botín, el deseo irrefrenable de violencia, el primitivismo o salvajismo, la sed de venganza, entre otras, resultan muy superficiales. A diferencia de aquellos argumentos, consideramos que existieron al menos tres buenas razones para comprender esta adhesión a la causa del rey y en contra de los patriotas. Estas razones se remontan a la efectiva política de pacificación desplegada por los Borbones a partir de 1780: a.-los parlamentos, b- el accionar del los Franciscanos y c.-. la continuidad de los circuitos indígenas.

a.La política reformista de los Borbones, en especial la de Carlos III, se esmeró en conseguir la lealtad de los indígenas hasta entonces no sometidos. Era necesario pacificar las fronteras hostiles para completar el plan de las reformas. Los nativos habían sacado buen provecho de la incorporación de las armas españolas y del caballo constituyendo una seria amenaza para la viabilidad económica de las colonias y para la integridad de los territorios. De mantener la guerra con los indígenas aumentaba las posibilidades de que éstos se aliaran con Inglaterra - principal enemigo de la corona- y que ésta se adueñara de las costas atlánticas y pacíficas de la Patagonia hasta el estrecho de Magallanes.

Las buenas relaciones facilitaron varios proyectos: los estudios geográficos y científicos en los territorios del sur y de los grupos indígenas que dominaban los mismos; la búsqueda de nuevas rutas para facilitar la comunicación con Chile y dinamizar el comercio hasta fundar establecimientos y fortificaciones asegurando la soberanía española en estas tierras (14). No casualmente, en estos años numerosos viajeros ingresaron en el territorio nordpatagónico, dejando valiosos relevamientos.

En suma, las tierras sureñas se revalorizaron en las últimas décadas del siglo XVIII. No hay duda de que existió un importante acercamiento de los blancos al mundo indígena. La política de atracción y ayuda militar fue ejecutada por el Comandante de Armas y Fronteras de Mendoza, José Francisco de Amigorena y Ambrosio O'Higgins desde Chile. A través de los parlamentos se los reconoció como legítimos soberanos de sus territorios y se les asignó un sueldo correspondiente a la jerarquía militar. En ocasiones las autoridades virreinales recurrieron a la estrategia de elegir al cacique-gobernador, promoviendo a los caciques con honores, agasajos, regalos y títulos (15), con la idea de privilegiar algunas cabezas para el diálogo y evitar el inconveniente de tratar con todos los loncos de igual jerarquía (Méndez Beltrán, 1982). También se acordó que las comitivas indígenas se llegaran hasta Buenos Aires a recibir sus dádivas y así lo hicieron desde lugares alejados como las Salinas o desde la Patagonia (16). Todo formaba parte de una estrategia global para asimilar directa y pacíficamente al indígena a la sociedad colonial. Estas modalidades fueron acentuando la jerarquización, la distribución del poder y del prestigio entre los indígenas.
Los pactos incluían la cooperación contra enemigos comunes y la conciliación o intervención en conflictos intertribales. En medio de tradicionales luchas intestinas la corona apoyó a los pehuenches para neutralizar a sus enemigos huinches. Esto se corrobora en el acta levantada en el parlamento a orillas del Salado en 1787 entre Amigorena y la nación Pehuenche (17). En estas circunstancias éstos se reconocieron legítimos vasallos dispuestos a colaborar para frenar el avance de los araucanos a través de los pasos fronterizos.

Los elevados montos destinados para los obsequios de los caciques se justificaban porque lograban desmovilizarlos, a tal punto que las autoridades coloniales reconocían que de faltar los recursos prometidos tambaleaban las lealtades obtenidas. El desarrollo de una economía ganadera (18) al interior de la sociedad indígena fue otro aspecto a favor de los hispanocriollos, ya que hizo que el recurso del malón fuera cada vez menos necesario.
Una vez inaugurada la etapa indep e ndentista, todos aquellos tratados firmados con las autoridades borbónicas fueron permanentemente invocados por los indígenas para no perder los derechos adquiridos. Los separatistas no reconocieron estos beneficios predisponiendo a los caciques en contra del nuevo orden. Así los pehuenches se incorporaron activamente a la guerrilla alegando el puntual rechazo a la política de los revolucionarios, ya que no estaban dispuestos a resignar los beneficios del status adquirido con anterioridad y tampoco a arriesgar el control de los circuitos comerciales.

b. Los franciscanos de Chillán también tuvieron una participación efectiva como instigadores de la guerrilla, a la que se sumaron como consejeros y secretarios. Asumieron la defensa de la monarquía, y del cristianismo convencidos de que como "hijos de Dios y amantes del rey era un deber hacerlo". Cuando O'Higgins fue nombrado Director Supremo en 1817 clausuró el Colegio de Propaganda Fide porque los frailes seguían manteniendo su tradicional adhesión a la Corona, fomentando entre las parcialidades indígenas y el campesinado el rechazo al nuevo gobierno. Con el cierre del colegio los frailes se refugiaron en las tolderías de los indígenas de la Araucanía desde donde muchos caciques habían enviado a sus hijos al colegio ";de naturales";. Allí permanecieron como activos partícipes acompañando a las montoneras, bendiciendo a los grupos y celebrando misas y bautismos.

Los franciscanos como maestros e ideólogos supieron alentar a la población del sur en general a sumarse a las filas de la guerrilla realista. Parte de la educación que difundían incluía la propaganda nefasta de los patriotas como enemigos del rey y seres crueles y vengativos a los que consideraban herejes. Esta formación la recibieron entre otros, el mismo Vicente Benavídes y José Antonio Pincheira, lo cual explica el profundo recelo de éstos hacia los patriotas y hacia los militares extranjeros que tenían en sus filas como O'Carrol, Beauchef, Viel, entre otros (19).
c. Uno de los mayores inconvenientes que había enfrentado la política Borbónica para pacificar las fronteras surandinas fue la existencia de un complejo circuito mercantil de larga data que integraba a distintas etnias indígenas. Este espacio económico articulado, conformaba una frontera cohesionada en torno a intereses diversos que vinculaban las redes capitalistas con las indígenas que no fueron desarticuladas (Pinto Rodríguez, 1996) . En tales circunstancias la metrópoli poco podía innovar, salvo estimular el aumento del consumo de productos europeos y convertir a los indios en productores de bienes y manufacturas regionales que no plantearan competencia con los productos metropolitanos.

Si bien el comercio con el indígena no era un mercado demasiado importante para las mercancías españolas, sí era relevante como fuente de abastecimiento para los fuertes y mercados hispano criollos. Por esto, la política borbónica no afectó el normal funcionamiento de los circuitos indígenas ni a sus beneficiarios. Optó por no intervenir directamente en el espacio fronterizo y garantizar los mecanismos de la pacificación
Resulta interesante observar cómo durante las dos últimas décadas del siglo XVIII los indígenas no sólo aceptaron la paz con los hispanocriollos, sino que también tendieron a buscarla. La posibilidad de un mayor intercambio y colocación de sus productos en las plazas y fuertes españoles y, por supuesto, la abundante cantidad de dádivas y regalos recibidos, resultaban altamente atractivos. La paulatina diferenciación social que se fue operando en la sociedad indígena fue demandando una mayor cantidad de bienes exóticos de origen europeo, utilizados como símbolo de prestigio y riqueza. La paz era un buen camino para obtenerlos. La pacificación producto de arduas negociaciones, en definitiva, fue un buen negocio para ambas partes.

Al comenzar las guerras de independencia el mundo de los pehuenches del norte se encontraba articulado a un amplio circuito económico sostenido por un entramado de relaciones inter e intra tribales. Los pehuenches controlaban los pasos fronterizos de la conocida rastrillada del norte, red de caminos por la que circulaba el ganado pampeano hacia Chile. Estos eran intermediarios entre la pampa húmeda que producía ganado y los mercados chilenos con su habitual demanda de los mismos.

Por la rastrillada del norte los pehuenches se conectaban con los centros de Antuco, Los Angeles y Chillán, a través del puerto de Talcahuano. Estos realizaban transacciones con otros grupos provenientes de las pampas, que les traían grandes arreos desde Buenos Aires. Los indígenas de Mamuil Mapu, por acuerdos previos, les facilitaban el tránsito hasta llegar al río Colorado para desde allí acceder a los campos de engorde de los valles cordilleranos (20). Una vez que los animales estaban recuperados de la travesía se los conducía a Chile por los pasos que los pehuenches bien dominaban, especialmente el de Antuco-Pichachén que los conducía a Concepción, el de las lagunas de Epulafquen que los conducía a Chillán y más al norte transitaban por el paso mendocino llamado Cerro Campanario.

La mercantilización de este vasto espacio determinó la especialización regional dentro de él. En estos circuitos se coordinaban e interactuaban diferentes grupos asentados en extensas áreas, cada cual con sus propias características, sus propias prácticas e intereses y en función de sus recursos. La organización de estos circuitos requería de la división de tareas, conocimientos específicos, manejo del territorio, usufructo de los recursos disponibles y control de redes de vínculos por parte de cada uno de los grupos involucrados.

Estos mismos circuitos se consolidaron sobre redes parentales cada vez más amplias aumentando a su vez el nivel de conflictividad entre los líderes de cada segmento del circuito que agudizaron la pugna por la hegemonía y los recursos. La complementariedad económica de los grupos muestra también su interdependencia, por esto era muy efectivo y necesario mantener alianzas y acuerdos. Las redes de intercambio ponían en contacto a diferentes parcialidades en ciertos puntos estratégicos, por ejemplo en Choele Choel, enclave de la Nordpatagonia donde aucaces, pampas, puelches y patagones australes, llegaban anualmente a intercambiar sus mercancías, tal como señaló D´Orbigny a principios del siglo XIX. Estas redes se ampliaban con las relaciones que los pehuenches mantenían con indígenas del sur (21).

En tiempos de los Pincheira es importante observar que los circuitos indígenas de la etapa colonial no solo permanecieron vigentes sino que se complejizaron con el incremento de los malones. En cierto modo, la presencia de los Pincheira activó la economía fronteriza. Los malones en gran escala y los permanentes asaltos a pueblos fronterizos garantizaron a los partícipes miles de cabezas de ganado (22), dinero y alimentos. Lo obtenido cubría las necesidades básicas y les proporcionaba un importante excedente para comercializar en las plazas chilenas. Las sumas de dinero se destinaban casi exclusivamente para conseguir armas, pólvora y municiones. El resto de los productos demandados por los asentamientos pincheirinos se obtenían mediante el trueque con indígenas y principalmente con los habitantes de Linares, Chillán y San Carlos.

Los partes militares dejaron constancia de la abundancia de ganados que poseían y que hacían circular en las fronteras merced a los saqueos a las haciendas vecinas (23). Los malones generalizados como "invasiones de los pincheirinos" eran organizados en forma conjunta entre hispanocriolllos e indígenas o bien por separado.
En el contexto estudiado diferenciamos dos tipos de malones. Por un lado, aquellos que consistían básicamente en el robo y saqueo a diferentes poblados o haciendas para hacerse de una buena cuota de recursos, en especial ganados y cautivas, tal como era más o menos habitual entre las tribus. Por otro lado, los malones planificados como parte de una estrategia mayor en el marco de la confrontación bélica. Estas empresas alcanzaban mayor dimensión en la medida que se sumaban los recursos humanos y materiales de los partícipes logrando potenciar las posibilidades operativas. El botín obtenido era distribuido entre los caciques según habían aportado para la ocasión. Los pincheirinos contaban con abundantes recursos y dinero de los que podían disponer de manera inmediata. La documentación trabajada, en especial la relacionada con la frontera sur de Mendoza, reitera la existencia de frecuentes rumores acerca de que los pincheirinos se estaban organizando para atacar. Ante el temor de que el ataque se concretara, dada la violencia característica y las ventajas que sacaban las huestes enemigas, las autoridades movilizaban sus escasos recursos y pedían la colaboración a gobiernos vecinos para enfrentar a los "bárbaros". Esto mantenía ocupado y preocupado al ejército, siendo esto parte del objetivo de los pro-realistas.
Los malones eran la principal fuente de abastecimiento de los pincheirinos. Con lo obtenido se cubrían las demandas de la numerosa población pro-realista y quedaba un apreciable excedente que se utilizaba para intercambiar con los indígenas, con comerciantes y hacendados de la frontera y con personajes influyentes de la política de Mendoza y Chile. Los dos últimos cumplían varios servicios, por ejemplo, realizaban transacciones económicas que los montoneros no podían efectuar por su clandestinidad, conseguían diversas especies, particularmente armas y municiones y brindaban protección e información a la guerrilla . Estos contactos debieron ser muy efectivos porque las autoridades, alertadas de la impunidad con que los emisarios pincheirinos conseguían los pertrechos bélicos prohibieron la venta libre de pólvora en 1826.

9. Entramados y coaliciones de fuerzas

El espacio andino fue el ámbito donde se dirimieron hegemonías y liderazgos y las coaliciones fueron la resultante de la pugna por los espacios de poder. Para los patriotas era indispensable pacificar las fronteras para terminar con la inseguridad y la violencia que padecían pobladores, fortineros y hacendados a causa de los reiterados malones. Para los Pincheira la negociación no parecía tan indispensable ni urgente, porque precisamente su objetivo era mantener el peligro latente en las fronteras para tener ocupado y preocupado al enemigo y con ello evitar la consolidación de sus planes políticos.

Es en el mismo discurso de los realistas y patriotas en donde encontramos las distintas motivaciones en juego. Los pro-monarquistas difundieron los peligros que implicaba el gobierno republicano destacando las bondades del orden colonial. Los patriotas por su parte, consideraban nefasto el pasado colonial y se mostraron proclives a defender los lazos con la Araucanía y a establecer un sistema de alianzas que beneficiara a ambas partes. Ello aseguraría a los grandes lonkos el apoyo del gobierno y del ejército chilenos, el resguardo de sus vidas, familias y bienes. Esta protección y defensa fue bien vista por los líderes abajinos y sus aliados, los cuales pensaban en sacar ciertas ventajas sin perder su status al integrarse a la sociedad chilena. No ocurrió lo mismo con los arribanos, tradicionales enemigos de los abajinos, que se declararon realistas y se unieron a los llanistas, costinos, luego se sumaron a los criollos Pincheira, pehuenches, algunos boroganos y ranqueles de las pampas conformando una poderosa coalición de fuerzas hasta 1832 (24).

Esta red se complejizó notablemente en la medida que se sumaban vínculos con unitarios u ocasionalmente con federales y desertores de ambas facciones. A partir de 1830 la política de Rosas generó alianzas con los "indios amigos" y buscó intensamente desmantelar los vínculos que sostenían a J. A. Pincheira, coaligando a los enemigos y desertores de las filas del caudillo opositor (Ratto, 1996). Como resultado observamos un entramado aún difícil de descifrar.

La activa participación mapuche y la ocupación de enclaves estratégicos por parte de los contingentes trasandinos no habría modificado en demasía el funcionamiento de la actividad ganadera ni el control efectivo de los pehuenches sobre los valles y pasos cordilleranos. Los acuerdos y relaciones de parentesco de los indígenas de Neuquén con las etnias provenientes de Chile aseguraron la obtención y circulación de los bienes en los términos tradicionales. Inferimos que la alianza entre los Pincheira, mapuches y pehuenches, contribuyó a la consolidación y ampliación de los circuitos mercantiles preexistentes, sin embargo los conflictos intestinos se agudizaron y elaboraron una intrincada red de alianzas que impulsaron a los grupos indígenas a involucrarse activamente en las guerras de la independencia. Las alianzas con las facciones unitarias y federales generaron un entramado aún difícil de descifrar.

Estos datos muestran la complejidad de las relaciones intertribales en la Patagonia norte ya a fines del siglo XVIII. A partir de la interacción del intercambio, el maloneo, la guerra, el emparentamiento entre los distintos grupos y las adhesiones políticas se fueron incorporando nuevos elementos en el macro espacio fronterizo del sur andino.
El panorama descripto se complejizó con la entrada masiva de grupos araucanos a territorio argentino a partir de 1820. La expansión demográfica mapuche que caracteriza a la última etapa de la "araucanización de las pampas", motivada por fuerzas centrípetas y centrífugas, comenzó a inquietar a las poblaciones indígenas de las pampas obligándolas a competir por los espacios y recursos (25). La penetración mapuche fue ganando espacio hacia el noreste de Neuquén impactando sobre los tehuelches septentrionales de Río Negro y sobre los grupos pampas que perdieron su supremacía en lugares económicamente estratégicos como Sierra de la Ventana y Salinas Grandes. La llegada de los pincheirinos incrementó dicha complejización en la medida que las redes mercantiles tradicionales se articularon con las redes de la contienda política.

Como consecuencia comenzó a delinearse un entramado de lealtades y venganzas en el que se sumergieron realistas, criollos e indígenas para dirimir conflictos, legitimar liderazgos e imponer hegemonías en pugna que excede el ámbito fronterizo como tal. En este sentido, la clásica dicotomía centro-periferia queda sin efecto ante la profunda interacción que se pone en evidencia.

Al estudiar la conformación de las alianzas se advierte que las adhesiones de los grupos nativos a uno u otro bando eran pensadas como una estrategia para enfrentar a los rivales. La lógica de estas alianzas implicaba alinearse con los opositores del enemigo para potenciar los recursos humanos y materiales. Es decir, que las rivalidades tradicionales entre los caciques de las distintas parcialidades es un factor a tener en cuenta para comprender la decisión de adherir al bando realista o patriota, y dentro de este último a la facción unitaria o federal. Rivalidades y competencias intertribales terminaban por definir la confrontación de las fuerzas en las fronteras. Por eso, las antiguas discordias, como por ejemplo, entre los líderes arribanos y abajinos o entre pehuenche y los huilliches, son fundamentales de tener en cuenta. Si bien un análisis específico de estas cuestiones excede el objetivo planteado es interesante considerar el gran el temor que generaba en los gobiernos centrales las alianzas que pudieran efectivizarse entre varias agrupaciones, porque caoaligadas podían convertirse en una fuerza más que formidable. Ya era de temer la conocida alianza de los Pincheira con los boroanos y la de éstos con Llanquetruz y por último la de este conjunto con los unitarios, esto podría llegar a ser, dado el caso, una situación prácticamente insuperable para las provincias federales.

En cuanto a los grupos indígenas que se aliaron a los realistas pensamos que lo hicieron en base a las pautas de relación elaboradas durante los últimos años de la política borbónica. La defensa del status adquirido por los caciques así como beneficios económicos y tratados de intercambios fueron motivos suficientes para pretender mantener el orden tradicional. Desde esta perspectiva el comportamiento político de los indígenas aparece como una de las cuestiones más controvertidas en esta investigación. La ideología realista legitimaba a los indígenas a combatir la instauración del nuevo orden político e impulsaba la figura del rey como garantía de una tradición que los revolucionarios no sólo habían trastocado sino que además no daban buenas y claras señales de superar. En este contexto las guerras intestinas y las rivalidades ancestrales entre los líderes indígenas del ámbito fronterizo fueron un factor de peso para alinear las fuerzas.

Las adhesiones a uno u otro bando permitieron que algunos caciques pudieran posicionarse mejor en la contienda política logrando incrementar su prestigio y las posibilidades de extender su poder, espacios y recursos. En defensa de lo propio los jefes indígenas también debieron elaborar estrategias para sortear los vaivenes políticos.
Una muestra de estas intrincadas relaciones se observa claramente entre los caciques pehuenches que combatieron a favor del antiguo régimen apoyando la organización pincheirina, como Neculmán, Mulato y el poderoso y temido Martín Toriano. Este último era el gran rival de Luis Melipán, asumido aliado de los independentistas chilenos junto a su amigo el cacique Venancio Coñuepán muy vinculado a los indígenas de las pampas bonaerenses aliados al gobierno de Buenos Aires (26). Pero no todos los aliados pinchierinos de la primera hora se mantuvieron leales hasta el final. El mismo Toriano buscó el modo de alejarse de Pincheira a partir de 1826 y hacer su propio juego a través de coaliciones con otros grupos de las pampas y de negociaciones con Rosas hasta que finalmente murió sin lograr sus objetivos (Fernández, 2000b).

Venancio Coñuepán, firme defensor de los patriotas es otro claro ejemplo en cuanto a viejas rivalidades intestinas que se trasladaron desde Chile a territorio argentino. Coñuepan mantenía una tradicional enemistad con los llanistas boroganos aliados al bando realista. En 1827 fue enviado por el gobierno de Chile para perseguir a los indígenas realistas, entre ellos a algunos boroganos asentados en las pampas. Estuvo muy comprometido con la política de Rosas, empeñado en destruir la coalición pincheirina y atraer a los caciques a su causa. Despúes de la desaparición de Pinchara, Coñuepán siguió participando en los enfrentamientos interétnicos de las pampas, insistiendo en aniquilar a los que habían sido pro-monárquicos. Es decir, que las políticas seguidas por cada una de las partes de la contienda respondieron a diversos factores y estímulos desafiando todo el tiempo la capacidad de respuesta que cada cual podía generar frente al enemigo.

De la interacción entre grupos coaligados emergieron profundas transformaciones socio-políticas y económicas que afectaron a todas las partes intervinientes. Los patrones bélicos se agudizaron incrementando la violencia reinante y con ella la anarquía que caracterizó a este período. También se produjo una mayor militarización e intensificación de los conflictos fuera y dentro del mundo de fronteras. Aparecieron nuevas pautas comerciales regidas por nuevas demandas que hicieron aún más codiciados los recursos y los pasos cordilleranos. Asimismo, comenzaron a perfilarse nuevos liderazgos que en competencia por los espacios de poder generarán nuevas alianzas a partir de la derrota de José Antonio Pincheira.

Hacia 1830 la otrora poderosa guerrilla comenzó a mostrar síntomas de su decadencia. Varios factores contribuyeron para ello: el desgaste de una guerra tan prolongada; las bajas producidas en los reiterados enfrentamientos; los conflictos en el seno de su organización; las propuestas de indulto del gobierno chileno a sus principales activistas a cambio de información; la muerte y dispersión de caciques aliados, entre otros factores. Sin duda la balanza se estaba inclinado a favor de las repúblicas. Los ejércitos de Chile y Argentina mejoraban sus condiciones en la medida que las fuerzas pincheirinas iban desarmándose. En 1832 el Gral. Chileno Manuel Bulnes logró vencer al último líder de la guerrilla después de los reiterados fracasos que había tenido el ejército chileno. José Antonio Pincheira fue indultado por el gobierno chileno permitiéndole vivir en adelante con su familia en una pequeña hacienda de su posesión. Llamativamente, en ningún momento el gobierno chileno logró que Pincheira negara o abandonara su adhesión a la causa del rey, aunque sin lugar a dudas, esto ya no tenía las mismas connotaciones que años anteriores.

10. A modo de conclusión

A la luz de lo expuesto, el período 1818-1832 adquiere una gran complejidad y nos permite comprender la real dimensión del proceso emancipador. Las razones son tan variadas como profundas. La transición del orden colonial al republicano llevó años de violentos enfrentamientos hasta que paulatinamente se fueron depurando los elementos en pugna.

Fuertes antagonismos políticos y luchas facciosas dominaron el escenario por aquellos años y la frontera sur se convirtió en el nuevo espacio de la confrontación. Toda la sociedad en su conjunto, hispana- criolla e indígena- quedó articulada a través de dinámicas redes socio-económicas, políticas e ideológicas, prácticamente sin la opción de permanecer neutral.

Las amplias connotaciones que giraron en torno a la guerrilla realista y el protagonismo de sus caudillos justifican la preponderancia que hemos dado al tema. La resistencia organizada es un claro indicativo de la supervivencia del legado colonial y al mismo tiempo del rechazo a la nueva política. La activa participación de la sociedad indígena, destacando el rol de los pehuenches del norte cordillerano de Neuquén, fue un factor clave en esta guerra sostenida. La lucha política entre "patriotas" y "realistas" se instaló en medio de guerras inter e intra tribales para establecer hegemonías en el ámbito pampeano-nordátagonico. Estas disputas se centraban en el control de los pasos cordilleranos, en el dominio de segmentos de los circuitos mercantiles conectados a un dinámico comercio fronterizo y en la competencia por los recursos. En este sentido, los circuitos comerciales funcionaron como complejas y dinámicas redes articuladoras de regiones, comunidades e intereses a la vez que garantizaron el tráfico de lealtades y adhesiones políticas. Sobre estas redes se fueron edificando redes parentales y coaliciones políticas cuyos matices profundizan el protagonismo de las fronteras del sur en el proceso emancipador.

Notas
1. Una versión más acotada de este tema fue presentado como "Redes de poder y confrotación de fuerzas en la frontera surandina. (180-1832) en: XIX Jornadas de Historia Económica realizadas en San Martín de los Andes, Neuquén, en octubre de 2004.

2. Algunas de las obras más influyentes hasta la actualidad son la de Diego Barros Arana, Miguel Luis Amunátegui y Tomás Guevara, entre otros. Para esta temática resulta especialmente significativa la publicación de Vicuña Mackenna,1972

3. Específicamente sobre el tema de los Pincheira no hay demasiadas publicaciones. Cabe destacar los aportes de Álvarez, 1972, Contador Valenzuela, 1998 y Fernández, 2000a.

4. El relevamiento de fuentes se realizó en el Archivo de Santiago de Chile, Archivo General de la Nación Argentina, Archivo Provincial de Mendoza, Archivo Histórico de Chos Malal, Centros de Documentación de Bahía Blanca y Biblioteca Vignati en Trelew.

5. La obra de Hobsbawm contribuyó a dar un renovado impulso al tratamiento del bandolerimso social. El autor llamó la atención sobre el bandolerismo como un fenómeno mucho más complejo de lo que se había pensado. Para Hobsbawm, el prototipo del bandolero es ";Robin Hood";, diferenciando a este ";ladrón noble"; del bandolero ";luchador";, como pueden ser los miembros de una guerrilla, y el ";vengador";. La influencia de Hobsbawm es muy visible en abordajes actuales y ha generado un interesante debate para nuevos estudios de casos y utilización de fuentes innovadoras. Hobsawm , 1974.

6. Varios pasos al norte de la cordillera (Copulhue, Las Lagunas-Alico, Pichachén-Antuco, El Saco y Barrancas) facilitaban el tránsito entre Chile y Argentina. Los principales centros de operación de los montoneros en Chile se ubicaban Los Maitenes y Roble Huacho y un asentamiento conocido como ";la cueva de los bandidos Pincheira";, cerca de Chillán. En Argentina los valles de Varvarco y las lagunas de Epulauquen fueron los puntos privilegiados pero además estaban los asentamientos ubicados en Jirones, Payén Matru y El Manzanito en Mendoza y Chicalco y el paraje de Limay Mahuída en La Pampa. Por el sur, las fuerzas pincheirinas se movilizaban hasta las márgenes del río Agrio, donde estaban los dominios de caciques aliados como Neculmán, Toriano, Canumilla y El Mulato. Los Pincheira ubicaron un tercer campamento en Chadileo, a orillas del río Colorado, punto estratégico de las rastrilladas que iban desde el Comahue, al Oeste y desde Choele - Choele, en río Negro, por el Sur. Finalmente, en Carhué, en un territorio controlado por los boroanos desde comienzos de 1820, se ubicaba el cuerpo militar conocido como la Vanguardia de la Banda.

7. Los informes y cartas enviados por las autoridades desde los puestos fronterizos son reiterativos al respecto, tanto en la región del Bio Bio, al sur de Mendoza y en los fortines sobre el Atlántico. Los ejemplos son numerosos nos remitimos al siguiente: en 1820 el Gral. Freire envió una nota de renuncia, alegando como causa las malas condiciones en que estaban sus hombres y los serios problemas de salud que esto le habían acarreado. Después de varias promesas, finalmente incumplidas, lo persuadieron a seguir en su puesto de mando. Cfr.: Carta de Freire al Director O'Higgins, Concepción, 1820. Transcripta en: Vicuña Mackenna, 1972.

8. Carta de San Martín a O´Higgins. Mendoza, 30 de abril de 1919. Documentación del Archivo privado del General O´Higgins, transcripta en Vicuña Mackenna, 1972: 118-119.

9. El relato de un viajero alemán que recorrió parte de Chile durante esos años proporciona información al respecto. Véase: Poeppig, 1960:120-125.

10. Por ejemplo, hay información acerca de que Doña Cruz Arrau de Santa María Escobedo, heredera de la hacienda ";El Cato"; de la que habían sido inquilinos los mismos Pincheira, colaboró con la causa del rey. También sus padres, oriundos de Cataluña, fueron efectivos colaboradores y ayudaron a los Pincheira con su fortuna. Cfr.: Fernando Campos Harriet en su obra ";Los defensores del Rey";, citado por Maza, 1990.

11. La articulación de estas tierras a los circuitos económicos andinos y pampeanos se vincula al modelo propuesto por Carlos Sempat Assadourian (1982) para el siglo XVII, cuando el centro minero de Potosí por efecto de arrastre activó la producción chilena. Cfr.: Varela y Manara, 1999.

12. Tal como registraron Villarino en el siglo XVIII y Cox en el siglo XIX. Villarino, Basilio: Diario del Piloto de la Real Armada D. Basilio Villarino del reconocimiento que hizo del río Negro en la costa oriental de la Patagonia el año de 1782. En: de Angelis, 1972 y Cox, 1863.

13. N umerosos pasos al norte de la cordillera neuquina facilitaban el tránsito entre Chile y Argentina: Copulhue, Las Lagunas, Alico, Pichachén-Antuco, El Saco y Barrancas.

14. En la costa atlántica el peligro inminente de las ambiciones extranjeras, llevó a Francisco de Viedma a concretar la instalación del fuerte de Carmen de Patagones en la desembocadura del río Negro, colonia que tendría en el futuro un lugar preponderante en las relaciones entre los nativos del sur con las autoridades de Buenos Aires.

15. El Comandante Amigorena nombró a Pichintur como cacique-gobernador de la nación Pehuenche y le entregó la insignia correspondiente, abundante aguardiente y reses para el festejo en sus toldos, según consta en el Acta del parlamento de 1787. Amigorena también les dio a los Pehuenche el título oficial de soldados distinguidos de la Corona por su colaboración.

16. Muchos caciques patagónicos recibían regalos y provisiones en Carmen de Patagones. Por ejemplo, cuando Villarino (1782) pasó por el sur de Neuquén, se entrevistó con el cacique Chulilaquín del Collón-Cura, quien precisamente iba camino al fuerte a recibir sus regalos.

17. Acta del Gran Parlamento a orillas del Río Salado efectuado el 11 de octubre de 1787. Transcripto por Gregorio Alvarez en la obra ya citada. pp. 116-118.

18. Acerca del funcionamiento de un modelo de economía pastoril especializada véase: Mandrini, 1994.

19. Para ampliar sobre este tema puede consultarse la publicación de Pinto Rodríguez, 1988.

20. Luis de la Cruz había presenciado durante su tránsito por el río Colorado la llegada de más de 10.000 cabezas de ganado mayor además del lanar. Cruz [1806] 1969.

21. Luis de la Cruz fue informado acerca de los viajes de Manquel, cacique gobernador pehuenche a las tierras del cacique patagón Cagnícolo: Cruz [1806] 1969: 128-9

22. En 1826 los documentos del Ministerio de Guerra daban cuenta de los robos a gran escala, que sumaban miles de animales que los pincheirinos trasladaban de las haciendas argentinas al territorio chileno. En: Contador Valenzuela, 1989:217-218.

23. Partes militares del Gral. M. Bulnes durante su expedición contra los Pincheira en 1832. En: Barros Arana, 1897:vol.XV,

24. Chile hizo varios intentos para destruir a los guerrilleros en sus propios reductos aunque sin éxito. Tal fue el caso del coronel Clemente Lantaño en 1823, Pedro Barnechea en 1826, la expedición del General José Manuel Borgoño. Finalmente en 1832 el General chileno Manuel Bulnes logró desarticular a la organización en las lagunas de Epulafquén.

25. Al respecto véase el análisis de Marta Bechis, 1998.

26. Si consideramos los partes oficiales podríamos hacer una larga lista de otros caciques vinculados a las chilenos Pincheira. Así vemos figurar a Chuica, Trequeman, Pichun, Choikian, Millalem, Pichun y Caripil entre otros tantos.

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Fecha de recibido: 17 de junio de 2005.
Fecha de publicado: 23 de diciembre de 2005

 


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