Baptista, Mariano
"Latinoamericanos y
Norteamericanos"
Ed. Monte Avila. Venezuela 1990.
pp. 381-388
Rasgos y virtudes
| Dignidad, hombría, grandeza, públicamente ostentadas. La ética "catolica" pone el énfasis en la suerte y la fatalidad (1), el heroismo, el status, y el "impresionar" bien (2) (en italiano fare bella figura), capacidad de sacrificio, sentido de unidad familiar. | Diligencia, moderación, frugalidad, exaltación del trabajo y de la cooperación como medios de salvación personal y de progreso. Sentido común (3). La ética "protestante" pone el énfasis en la regularidad y persistencia en el esfuerzo, así como la toma responsable de oportunidades. |
Acaso por efecto de su desventurada historia, en pocos países de América latina como en Bolivia se percibe un mayor grado de fatalismo. Guillermo Francovich (Los mitos profundos de Bolivia) sostiene en efecto, que "los bolivianos tienen el sentimiento de estar condenados a un ineludible infortunio. No se trata solo de una conciencia de las dificultades y problemas que el país, como todos los países del mundo con mayor o menor intensidad, tiene. Tampoco es la expresión de un desfallecimiento moral o la exacerbación de un pesimismo circunstancial. Es la creencia que el boliviano tiene de que una fuerza hostil, un poder nefasto, condena al país a una penosa existencia y que lo hace su víctima inocente, impidiéndole alcanzar la plenitud de su ser.
Señala el mismo autor que el país no profesa rencor hacia sus vecinos por las sucesivas mutilaciones territoriales de que ha sido objeto, salvo a Chile por la forma inicua del despojo de su litoral maritimo, y no les guarda rencor porque percibe en esas mutilaciones la acción de la fatalidad. Y añade Francovich: "Bolivia se siente efectivamente a sí misma como un país perseguido. En medio de sus nativas montañas que, con su grandiosidad y lejanía parecen hacer mayor su desamparo, el país alimenta el sentimiento de su propia impotancia frente al sino adverso". Y ese mito del sino adverso se expresa en una actitud de resignacion y otra de masoquismo, transfiriendo la responsabilidad de lo que sucede a otros, a los extranjeros, al imperialismo, etc.
En su "Relato de Sergio Stepansky" uno de sus poemas más conocidos, el colombiano mezcla en una sola pócima, los ingredientes del juego y la fatalidad:
Pero quizá nadie ha expresado con más profunda convicción esta dependencia de la "suerte" y la fatalidad, que el peruano César Vallejo. En el poema "Los dados eternos" habla de la injusticia todopoderosa. En "La de a mil" es el propio Dios cuya bondad está sin embargo limitada por el sino de cada cual:
La muerte parece ser la única respuesta a ese juego de azar que es que es el diario vivir:
En "Los heraldos negros" alcanza el culmen de su fatalismo:
Vallejo blasfema contra Dios, se conduele de El: "porque jamás sonríes; porque siempre debe dolerte mucho el corazon"; y finalmente, en su hondo pesimismo, piensa que el azar, el absurdo están por encima de la voluntad suprema:
En México confluyen las vertientes españolas e indígenas para acentuar el fatalismo del país y hacer burla de todo concepto de planificación para el futuro. Señala Alan Riding (op. cit): "Pensando que el curso de los acontecimientos está predeterminado, los mexicanos no encuentran gran justificación para disciplinarse en una rutina. Los empresarios pretenden obtener utilidades rápidas y abundantes, en lugar de intentar la expansión del mercado a largo plazo; los individuos prefieren gastar o ahorrar para una fiesta, pero no para un banco, e incluso la corrupción refleja el concepto de aprovechar la oportunidad en el momento y enfrentar las consecuencias después. Los departamentos de planificación han existido desde hace mucho tiempo en el gobierno, pero sus planes pertenecen al reino de la fantasía, y hacen las veces de manifestaciones idealistas de buenas intenciones, en lugar de series de objetivos por alcanzar. La ambición, en un sentido estadounidense meritocrático, prácticamente no existe fuera de las clases medias urbanas. El mexicano quizá trabaje tanto como sus antecesores indigenas, pero suena con emular a sus antepasados españoles, a aquellos que llegaron a conquistar y no a trabajar; la imagen del éxito es más importante que cualquier logro concreto. El tiempo mismo entraña reglas que deben desafiarse. Cotidianamente, la puntualidad parece poco valiosa, ya que no vale la pena truncar nada importante o grato en aras de un compromiso futuro: el llegar a tiempo, se conciertan citas, tanto con un ejecutivo como un fontanero de barrio, con pocas esperanzas de que sean cumplidas y nadie se molesta mucho cuando no se respetan. La costumbre del ausentismo después del fin de semana ha llegado a institucionalizarse en el "San lunes", que en sí se considera explicación suficiente. En muchas ocasiones la lógica no funciona: una sirvienta puede abandonar su empleo el día antes de recibir su pago, meramente porque sintió ganas de irse. Por consiguiente, el síndrome del mañana no es síntoma de ineficiencia o pereza crónica, sino más bien evidencia de una filosofía del tiempo totalmente diferente. Si el pasado está seguro, el presente se puede improvisar y el futuro vendrá por sí mismo. Así, los desastres que les acontecen a los mexicanos no son desengaños importantes, puesto que están considerados como inevitables".
"El ni modo con su connotación de mala suerte, o de que no había forma de prevenir el revés, es la respuesta normal ante un error o accidente. Las derrotas físicas incluso sirven para realzar el valor de los triunfos espirituales y subrayar la supremacia del espíritu sobre el cuerpo. El fatalismo es compañero de los indígenas. Las civilizaciones prehispánicas buscaban 'señas' del futuro en el comportamiento de la naturaleza-de sus dioses-, pero en modo alguno se sentían capaces de influir en los acontecimientos. En la época postcolonial, la Vírgen de Guadalupe desempeñó el mismo papel, ofreciendo la esperanza de milagros, pero sin engendrar amargura cuando las peticiones quedaban sin respuestas".
Como en todas partes, las canciones populares recogen lealmente el ánimo colectivo. Hay una mexicana que dice: "No vale nada la vida / la vida no vale nada / empieza siempre llorando y asi llorando se acaba / por eso es que en este mundo / la vida no vale nada"
En el capítulo sobre "la cita de las magias" en su Continente de siete colores German Arciniegas aduce que "por la parte mora, lo que principalmente llega América son los naipes, que ya podían considerarse como atributo de España. El naipe, para el que se embarca en la conquista como para el que demora en la colonia, es tan necesario como el pan y las cebollas... Ios españoles enloquecían por tener naipes. Llegaron en la conquista, acabadas las barajas, a hacerlas de corteza de árboles. Luego se imprimieron lo mismo en México que en Cartagena. El impuesto sobre las barajas llegó a ser una renta tan importante como la del tabaco o la del aguardiente".
"El naipe forma parte integrante de nuestra vida nacional-indica Martínez Estrada (op. cit)-, porque viene a ser como el antiguo trípode de tentar el destino y de penetrar en los misterios del porvenir. Esto nos gusta sobremanera, sobre todo cuando no exige cavilar. Azar y adivinación: dos formas de la incapacidad de vivir con valentía en el presente. Al juego se entregaron los primeros conquistadores, quienes con sus rencillas domésticas y con toda la secuela del tahúr señorial, dejaron en el naipe su testamento y sus bienes. Larga fue la prole de sus litigios y apuestas, enredados en los actos más simples de la vida cotidiana, y la vasta llanura se adecuaba el ocio activo del jugador de cartas que al mismo tiempo huelga, trace sociedad, conversa, tienta la suerte y tiene ocupadas las manos. En las crónicas de antaño figura el naipe junto al alcohol como reverso de una moneda corriente".
Ello coincide con lo que en el Alto Perú, en todo el ámbito colonial español, se decía de los varones que rendían culto a las tres "bes" vino, baraja y verija.
2
Naturalmente hay virtudes que terminan por ser defectos cuando se desnaturaliza su esencia. Es lo que sostiene el venezolano Gustavo Coronel ("Resumen", Caracas 2/11/75) cuando afirma que "El venezolano tiene el síndrome del beau gest, de la acción redentora, del sacrificio por los demás, de la generosidad ilimitada, del espíritu de servicio extraordinario. Nadie como nosotros pare acudir con presteza al auxilio del hermano que se ahoga, del damnificado por el terremoto, de quien se muere de hambre. Asi como el poeta lírico inglés, quien confesaba que le era más fácil morir por la mujer que amaba que vivir con ella, al venezolano le resulta más fácil ser heroe que ser simplemente ciudadano. Y esto, pensamos, podría ser la expresión quintaesenciada, escondida, sublimada, de un gran complejo, de un gran temor a no saber hacer bien las cosas cotidianas. Ese temor a enfrentarnos con la realidad de día a día, a administrar bien el ingreso familiar, a echarnos encima la responsabilidad por el verdadero progreso (ordeñar la vaca, preparer la tierra, estudiar la lección, trabajar la mina, servir al cliente con cortesía y respeto), podría ser el verdadero obstáculo en el camino hacia nuestra madurez definitiva. Somos todavía como el niño que prefiere acudir con frecuencia a los padres (Bolívar, Bello, Miranda) en busca de inspiración y de apoyo moral, sin querer aceptar el hecho de que ya nuestros padres han muerto, de que somos huérfanos y de que el mundo donde debemos luchar y triunfar ya no es el mismo mundo de nuestros padres".
"En otras palabras, nuestra altisonante predica sobre la suficiencia del venezolano para manejar su destino, sobre la capacidad del venezolano para progresar sin muletas espirituales o materiales debe ir acompañada por una real expresión de madurez. Madurez, en los tiempos que corren, significa estar alertas al futuro, estar orgullosos de nuestros antepasados sin caer en el narcisismo histórico: significa estar claramente conscientes de nuestras virtudes y de nuestras debilidades; significa el desierto del nacionalismo xenofóbico y parroquial; significa conciencia ciudadana en lugar de conciencia de clase; significa trabajo de equipo por sobre el deseo de autoglorificación. Significa muchas otras cosas pero, en esencia, significa la elevación del venezolano común, trabajador, honesto, responsable, dedicado, sobre el venezolano mágico, sobre el venezolano providencial: la victoria de lo permanente sobre la accidental."
El norteamericano Joseph Page, que ha trabajado durante ocho años en una biografía, en dos tomos, de Perón, quiza la más completa que se haya hecho hasta ahora, señala que "una característica de profundo impacto en la vida política es el excesivo individualismo de los argentinos, que proviene, en gran parte, de su obsesión por el sentido de la dignidad personal, muy propio de las culturas latinas. El comportamiento agresivo para manejar-durante años no existieron señales de tránsito en Buenos Aires-, el rechazo a la disciplina de esperar turno en una cola ... un estilo de vida que exalta el brillo personal ... Cada argentino no solo tiene sus propias ideas políticas sino que está convencido de la sabiduría irrebatible de las mimas".
Algo parecido encuentra que sucede H.C.F. Mancilla en Bolivia donde "de acuerdo a viejos cánones hispanos no explicados teóricamente, pero de total validez en la praxis, el valor de una persona o un grupo no reside en sus cualidades intrínsecas, sino en sus manifestaciones external y sobre todo, en el dictamen de la opinión pública local. Un trabajo honrado pero de dudoso orígen. Su fundamento no importa gran cosa pues la mentalidad colectiva tiene mala memoria y se deja guiar por fenómenos superfciales tales como la moda del día, el renombre pasajero y la fortuna adquirida fugazmente. A esta concepción del éxito estan igualmente dedicados los esfuerzos de los políticos. Tal exaltación de lo casual y lo exterior crea la atmósfera ideal para el desenvolvimiento de la hipocresía, la deslealtad y la ambición desmedida. La distancia entre lo que se dice y lo que se hace es el corolario lógico de esta moral deplorable"
3
Alberto Gutiérrez (op. cit) destacaba que en Estados Unidos solo espíritus prácticos estan llamados a prevalecer y a triunfar. Y añadía: "Allí no se buscan los ideales de la poesía de la inspiración y del arte sino los temperamentos fuertes, las inventivas osadas y enérgicas... La lucha no tiene otro objetivo ni otro estimulo que la riqueza, no como satisfacción de necesidades materiales sino como objetivo indefinido de su perfeccionamiento y su pode. En Estados Unidos no se persigue la fortuna para asegurar el bienestar o simplemente la subsistencia material; es el unico ideal de sus esfuerzos". Su imagen de los capitanes de industria de principio de siglo es la siguiente: "Un hombre diez veces millonario o cien veces millonario, que ha alcanzado todo el poder y toda la suma de satisfacciones a que puede aspirar la ambición humana, no se detendrá en el camino de sus especulaciones ni se habrá aliviado en él la fiebre insaciable de la ganancia. Desplegará la misma suma de energías y de esfuerzos que un obrero que trabaja por la subsistencia cotidiana. No hay sino hombres de trabajo, que marchan indefinidamente en pos de la conquista del capital, sin limite y sin terminó".
Jacques Maritain (op. cit.) encuentra que las características básicas del pueblo norteamericano son la generosidad, la buena voluntad, el sentido de humanitarismo o camaraderie y la confianza en los demas. El filósofo francés que vivió un cuarto de siglo en Estados Unidos, señala que lo que más aprecia el pueblo francés es la inteligencia, pero en contradicción con la bondad, lo que no obsta naturalmente paraa que en Francia haya también gente muy buena. El se refiere sin embargo a la escala de valores que la gente tiene en mente y que usa en la vida ordinaria o en su conducta social. "Ser bueno en Francia es sinónimo de ingenuidad, inmadurez o simplemente torpeza. La maldad, la malicia, pareciera que son condiciones requeridas por la inteligencia", añade. La primera impresión que tuvo al volver a Europa es que estaba entrando a un nido de avispas y que era picado por todos lados. ¿ No es esto lo que les sucede también a los sudamericanos que vuelven a sus paises?
Otro autor francés, Raymond Cartier, que como periodista ha recorrido muchas veces el territorio de la Unión, en su libro Las 48 Américas, (1954) en el que traza un panorama de Estados Unidos, estado por estado, ofrece al terminó un capítulo de conclusiones destruyendo varios de los mitos que los europeos alimentan acerca de ese país, entre ellos el de la presunta "juventud" norteamericana frente a la "madurez" o la "seriedad" europeas. Lo que sucede, dice Cartier, es que "con medios mucho más amplios, conservan más audacia y optimismo" que los europeos. "por regla general-añade- están completamente desprovistos del cinismo que forma parte del carácter francés, asícomo también del humor cada vez más negro de los ingleses y de la gruñona neurastenía alemana. La malevolencia que impera en las relaciones sociales europeas existe en un grado ínfinitamente menor entre americanos. Estos adoptan asé cierto aire de ingenuidad que acentuan frecuentemente con una alegría exuberante y con una extremada generosidad en su apreciacion del ingenio. No existe fundamento sin embargo, para deducir de ello, ese calificativo de "niños grandes" que para tantos europeos resume de una manera absolutamente satisfactoria a los americanos y a su psicología".
Para Julian Marías (op. cit.) el "utilitarismo" norteamericano no debe confundirse con "materialismo" o "economísmo"... "significa más bien el imperio de la "conveniencia". "El supuesto de la vida americana es que si a alguien se le propone algo que le conviene, acepta; en otros lugares no ocurre asi, y mil errores vienen de olvidarlo. Lo inverso es lo que se expresa gráficamente en nuestra formula "quedarse uno tuerto por dejar ciego a otro", y esto es lo que no hace el americano. De ahí la falta de hostilidad espontánea , gratuita y sin porque, floreciente en otras latitudes o longitudes; el americano es también capaz de hostilidad, no faltaba más; pero casi siempre es por algo concreto, y normalmente prefiere egregar benevolencia".
"Una de las razones de esto es la situación de las clases sociales. Las hay sin duda, aunque con cierta nivelación, sobre todo porque el nivel inferior es muy alto, y es cuestión delicada determinar su principio y su función; pero es esto lo que aquí me interesa. En Europa venimos de la destruccion de las clases sociales y su transformación en detritus. En Estados Unidos hay una peculiar instalación y satisfacción de cada clase o fracción social en sí misma. La diferencia principal que existe entre el 'hombre del pueblo' y el 'proletario> es que el primero tiene una 'forma' de vida en la cual se instala y a la que se adhiere; siente su condición como algo propio y estimable, y dentro de ella desea cuanto desea; se podría emendar la proletarización como el fenómeno general de perdida de la forma social y con siguiente descontento; la proletarización en este sentido de 'todas las clases sociales', incluso la aristocracia, es un gran peligro europeo..."
La vida americana es "dura", pero "dulce" (dulce, no se opone a duro sino a amargo o agrio). Se trabaja mucho: cuesta ganar el dinero, hay que ir y venir, pasar frio y calor, arreglar la casa, cuidar el jardín, quitar la nieve, criar a los ninos. Pero todo eso tiene cierta dulzura. El contorno humano es acogedor y suave. La dureza es solo de las cosas o de lo impersonal: el frío, la nieve, el calor, los reglamentos, los impuestos.
"Una vida limitada, una vida absorta en si misma impregnada de la sustancia de lo cotidiano. Esta es la delicia de la vida americana. Vista desde Europa, sin duda resulta deficiente porque, se echan de menos muchas cosas; el americano, nacido dentro de ella, que no la compara con otra ni viene de mundos distintos, va en ella como una cuna. He de confesar que yo, archieuropeo, después de haber hecho el intento de vivirla desde dentro, desde ella misma, la encuentro entrañable; no soy capaz de ver lo que le falta y pasar por alto lo que nos da y hoy no tenemos. Para emplear la frase de Unamuno, diría que me complazco en 'la plenitud de su limitación'. Y me parece poco inteligente hacerle ascos a esa limitación en nombre de los 'espíritus superiores' porque la forma de vida, como la religión, como el mundo mismo, es 'para todos'; no para las mesas, sino pare 'cada uno'. El nivel economico e industrial americano ha permitido que 150 millones de hombres (1955) vivan humanamente. Se piensa en lo que eso significa de posibilidades, incluso morales, para los unos, de justificación para los demás?. Es esto más urgente que el arte abstracto, la literatura engagee o los "principios". Sin contar con que los hombres superiores lo son y ejercen su función rectora sin necesitar que los dem´ss se fatiguen en mimarlos."
"Se trata en todo ello, más que de otra cosa, de una cuestión mental: el americano sabe a que atenerse."
Saben a hacer también las cosas por su cuenta. En las librerías nortemericanas hay secciones dedicadas a los libros del género de do it yourself (hágalo usted mismo). También se publican revistas especializadas en diversas artesanías y oficios, desde la construccín de una casa hasta el ensamblado de una avioneta o una lancha y de las cuales la más difundida es "Mecánica popular". La medicina y la salud, la jardinería y la Culinaria figuran entre los temas que interesan más al público.