Mayor, Federico.
¿Y el desarrollo?



¿Y el desarrollo?

"Un árbol al que se ayuda a crecer nutriendo sus raíces, pero no tironeando de sus ramas."

No, no es la libertad la causante de los graves problemas que enfrentan hay numerosos países del Este; es la opresión que durante tanto tiempo tuvieron que soportar. No, no es la situación económica actual, ni el Destino, lo que mantiene apenas en el nível de supervivencia a los países llamados desde hace décadas "en desarrollo"; son nuestros comportamientos, de unos y otros, a ambos lados de la línea divisoria de la riqueza; son nuestras concepciones acerca de la forma de dar ayuda para el desarrollo, y de recibirla.

Es posible, en efecto, recibir esa ayuda como el don milagroso que va a transformer las calabazas en carrozas y convertir los desiertos en vergeles, y permanecer, entonces, esperando indefinidamente el prodiglo, como a Godot. La solución a los diversos problemas de los países en desarrollo no se halla fuera de sus fronteras. Ni fuera de su alcance. La clave está en sus manos, en la voluntad política de transformar de punta a cabo las prioridades nacionales, de basar la democracia en el conocimiento y el civismo, y de lograr que el desarrollo sea asunto de todos, el resultado de la creatividad y del empeño de cada cual en la fatiga del esfuerzo como en el disfrute del descanso.

Una esquizofrenia mortífera

En cuanto a la ayuda al desarrollo, hay que proclamarlo sin ambages, el enfoque que ha prevalecido hasta hoy-el de "lo económico" ante todo-ha sido erróneo. El crecimiento es sin duda el motor del progreso, pero no resume el desarrollo. Debemos cambiar radicalmente de rumba si queremos evitar que la intolerable y omnipresente asimetría de nuestro mundo, el foso entre riqueza y miseria, a escala internacional como en el seno de cada nación, esa esquizofrenia colectiva, se vuelva mortífera para la especie humana.

Y digo mortífera, pues la pobreza y el hambre matan. Como la guerra. Diariamente aniquilan la esperanza y la dignidad de miles de seres humanos y quitan la vida a miles de otros, en su mayoria niños. Luchar contra la miseria es, pares, un imperativo económico, social, político, ético, "pol- ético".

Hoy más que nunca el desarrollo constituye el objetivo común de la humanidad. Ese destino compartido es resultado de la interdependencia económica, de la densa trama de relaciones humanas que el auge de las comunicaciones consolida sin cesar, pero también del carácter planetario de nuestros males-droga, side, contarninación, terrorism, pobreza-que desconocen Las fronteras. Ningún pals puede sentirse a salvo de sus est'ragos. De ahí la necesidad de una nueva concepción de lo quc puede, y debe ser, la seguridad de la especie humana, así como de un nuevo enfoque del desarrollo.

Nos ha llevado varias décadas comprender la complejidad de ese proceso, de cuyos componentes sociales, culturales, e incluso espirituales no es posible desentenderse impunemente. Hemos superado varias atapas, y hemos creído en cada una descubrir la fórmula mágica. De endógeno y autocentrado, o integral, el desarrollo ideal ha pasado a ser sostenible. Hoy hemos comprendido lo esencial, el desarrollo debe en primer lugar despertar todo el potencial del que es a la vez su principal protagonista y su beneficiario final: el ser humano. Del que vive hoy, pero también del que vivirá mañana en la Tierra. Un desarrollo humano sostenible, he aquí la única definición aceptable de nuestro común objetivo.

Un organismo vivo

Ismail Serageldin, vicepresidente del Banco Mundial, ha dado una definición de desarrollo al que aspiramos: "Un árbol al que se ayuda a crecer nutriendo sus raices, pero no tironeando de sus ramas." Una metáfora que tiene el mérito de expresar claramente tres ideas: en primer lugar, se trata de un proceso complejo, con antecedentes y consecuencias, relaciones de causalidad y encadenamientos que es necesario conocer. Segunda idea, vinculada con la precedente, el desarrollo es un proceso global, una totalidad del que ningún elemento puede descartarse-lo que hace necesario un enfoque interdisciplinario e intersectorial. Tercera noción, fundamental: es un proceso por definición dinámico, a semejanza de un organismo vivo, hacia el cual se impone una actitud de rigor y de respeto, tanto más cuanto que, dentro del reino de lo viviente, "es del ser humano de quien se trata".

En la esfera del medio ambiente como en la de la justicia social o la evolueión demográfica el cambio de rumbo supone una profunda transformación de las mentalidades, así como de los sistemas de distribución de las riquezas y de las formas de producción y de consumo-y ello en todo el mundo.

He aquí una tarea de largo aliento, que exige por ello que se la emprenda sin demora. Cambios tan radicales requieren la participación de todos, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, ricos y pobres, del hemisferio Norte como del hemisferio Sur. Razón de más para que ese cambio uníversal comience aqui y ahora, en el luger donde viva, en mi casa, mi barrio, mi aldea, mi ciudad. Es a nivel municipal, a nivel local, donde se elaboran y prueban, día a día, las soluciones capaces de salvar el mundo.