Rodríguez Estrada, Mauro.
Psicología del mexicano.
Capítulo 6. pp. 49.
Mc Graw-Hill, México.
La dependencia ancestral
Objetivos
a) El cuadro general
Oficialmente México es un país independiente desde 1821. Uno de los monumentos más conspicuos de la ciudad capital es la Columna de la Independencia erigida en el Centenario del grito de Dolores (1810-1910). Es un símbolo nacional muy querido.
Pero una cosa es el área jurídica y otra muy diferente el área psicológica; una cosa son las leyes escritas y otra las vivencias de la población.
El mexicano del México independiente acusa fuertes dependencias.
En seguida enumeramos las principales, con algunos de sus síntomas:
a) Dependencia del gobierno:
b) Dependencia de lo divino o sobrenatural:
A este propósito observó Octavio Paz que, tras tantos
siglos de ser manipulado y engañado, el mexicano ya no
cree más que en dos cosas: la Virgen de Guadalupe y la
lotería nacional
c) Dependencia de la familia:
d) Dependencia del medio ambiente:
Todo mundo depende del medio ambiente; y esto es normal. Pero
el mexicano se pasa de la raya: además de imitar demasiado
a los extranjeros primermundistas, existe mucho mimetismo social.
"Y ahora, ¿seremos al fin capaces de pensar por nuestra
cuenta?" preguntaba Octavio Paz
e) De las tradiciones:
f) De la naturaleza:
Sus inmensos recursos naturales ponen a los mexicanos la tentación
de confiarse en riquezas no creadas por el esfuerzo y el trabajo.
Caso clásico: el petróleo. Más de algún
crítico comentó en los años de la abundancia
lopez-portillista que el oro negro promete redimir a la torturada
economía mexicana, como si fuera una nueva Virgen de Guadalupe.
g) De los poderosos vecinos:
"El mexicano no es responsable de nada: si de sus fracasos, el culpahle será Dios, el gobierno, la Iglesia o hasta las malditas transnacionales; si de sus éxitos, será su manager, sea local o extranjero, y la Virgen de Guadalupe".
El porque de todo esto queda ya explicado atrás y se ampliará
en el capítulo 7.
Aquí resumimos:
b) El fenómeno del paternalismo
Hay en la conciencia mexicana una orfandad traumática, un fantasma del padre ausente. Huelga documentarlo tras todo lo que llevamos dicho.
Que el mexicano necesite una figura paterna idealizada, se vio confirmado en las dos visitas del Papa (1979, 1990).
Para quien sabe leer en clave psicológica, es claro que no negamos nuestra herencia colonial; no hemos superado el prototipo del padre ausente, el padre que menosprecia a la mujer y contrarresta su ausencia física con presencias esporádicas dominantes, que pide acatamiento y exige reconocimiento de su imagen de hombre fuerte: el padre autoritario, hostil y agresivo, duro, macho; pero idealizable e idealizado.
Con tal patrón crecen los hijos varones, y a su tiempo los más duros reproducirán el modelo, en tanto que los más débiles se identificaran con la madre.
Hace 240 años , en ocasión de una concentración de los habitantes de México frente al palacio virreinal, no para protestar sino para suplicar que se detuviera la aplicación de un decreto del rey Carlos III, el virrey conde de Lacroix increpó a los mexicanos desde el balcón del palacio: "... Nacidos sois para obedecer y callar, y no para opinar en los altos negocios de la república".-Nótese que república significa cosa pública.
Un pueblo tan dominado y reprimido es, por la lógica de la vida, fácil presa del caudillismo y del caciquismo. No es posible pensar en gobernantes demócratas en países de esclavos, o de niños.
En general el político mexicano es un logrero audaz y un
explotador sin escrúpulos: anda detrás de sus propios
intereses, no de los de la comunidad. Pero cada pueblo tiene el
gobierno que se merece y que lo refleja y que él admite.
Al presidente mexicano se le rinde, se le inciensa, se le tributan
los elogios más exagerados, se multiplican los símbolos
de su importancia y se despliegan en torno a el escenografias
de lujo: himnos marciales, nutridas escoltas, cientos de guaruras,
motociclistas, patrullas, cortejo de "notables" en sus
viajes, suspensión del tráfico... Perdido o disminuido
el poder del ejercito y el de la Iglesia, se ha agigantado la
figura del presidente. Y con esto ya estamos entrando al tercer
punto.
c) Un pueblo manipulado
La nación mexicana ha sido siempre el proyecto de una minoría, sentenció hace 50 años Octavio Paz.
Y añadimos nosotros: En todo momento de su historia ha sido y es una mesa manipulada por unos cuantos; más que verdaderas comunidades, muchedumbres anónimas, dependientes, casi como dependían de sus "padres" europeos los indios de los pueblos de indios.
Los ciudadanos aprendieron a solicitar favores en vez de exigir respeto a derechos. Y así ha sido ya por cuatro siglos.
Ni nos conmueven las paradojas: La CNC (Confederación Nacional Campesina) no fue creada por los campesinos ni a iniciativa de los campesinos, sino por un presidente de la República (Lázaro Cárdenas, 1935).
La CTM (Confederación de Trabajadores de México) también nace de arriba, no de abajo; se constituye con el fin de abolir el sistema capitalista (1936), y pronto se convierte en órgano del gobiemo y en sostén del status quo. Todo mundo sabe que Fidel Velázquez, el líder etemo, se entiende más con las cúpulas del poder que con sus representados.
Y el pueblo bajo aguanta resignado, como si no hubiera historia sino destino; como si la acción humana careciera de poder creativo.
Sirva de colofón a estas reflexiones la comparación de los conceptos que los mexicanos y los norteamericanos tienen sobre una misma palabra: "respeto".
Para el mexicano respeto connota e implica "obedecer", "amar", "sentir afecto" y cosas parecidas.
Para el norteamericano respeto implica "sentido democrático", "admirar a las personas por sus cualidades", "ser considerado con los sentimientos e ideas de la gente", "brindar oportunidades de expresión y de crecimiento".
Mientras el mexicano tiende a ser automodificativo y pasivo, el gringo es activo en sus estilos de confrontación a los problemas de la vida; el gringo tiende a ser hombre del futuro, el mexicano hombre del pasado.