Huerta, David E.
Guerra de pantallas
La lucha sostenida por ambas televisora se ha basado en mostrar al
público los índices de audiencia y credibilidad, -¿qué
no sería mejor mostrar al público el contenido de la programación?
Al parecer, las dos grandes televisoras del País han entrado en una batalla frontal por ganar clientes publicitarios para el próximo año. En los últimos días han estado apareciendo desplegados mostrando los altos niveles de rating que posee cada empresa o el alto crecimiento que han mostrado en los últimos años.
En nuestro tiempo, la televisión se ha convertido en el medio de comunicación masiva más importante y, por lo tanto, en una fuente de información y entretenimiento diario. Además, por que no decirlo, en un medio de promoción e inspirador de modelos de comportamiento y valores para la sociedad.
Según una encuesta publicada en el periódico Reforma el 14 de febrero de 1995, en la Ciudad de México el 24 por ciento de los mexicanos ve un promedio de tres horas de televisión diariamente.
Esto significa que, en un año, el 24 por ciento de la población observará la televisión mil 95 horas, y si suponemos que llegue a vivir 75 años, ese segmento verá un total de 82 mil 125 horas de televisión a lo largo de su vida, es decir, casi 3 mil 422 días. Para que se entienda mejor, si ese porcentaje no hiciera otra cosa mas que ver televisión estaría frente al monitor nueve años seguidos. Imagínese al final de sus días la inscripción que llevaría su lápida.- "Aquí yace nuestro(a) querido(a) padre(madre), quien dedicó más de nueve años de su vida a la televisión".
Televisión Azteca y Televisa han estado sosteniendo en los últimos días una guerra frontal para tratar de ganar o de no perder a sus clientes. En lo personal, pienso que este tipo de guerras desgasta mucho y posiblemente pueda surgir un ganador, pero, ¿cuál es el objetivo que se persigue?
Por un lado, Televisión Azteca ha puesto su mirada en Televisa, en ganarle sus clientes, puesto que por obvias razones sabemos que esta empresa ha dominado el medio por muchos años.
Creo, definitivamente, que Televisión Azteca está creciendo, pero ¿hasta dónde llegará? Su lucha parece estar enfocada a lograr lo que Televisa ha hecho, ¿qué no sería mejor apuntar hacia arriba? ¿A qué costo Televisión Azteca está buscando ganar rating en su programación?
¿Y Televisa? Si realmente sigue teniendo los mayores ratings de audiencia, por qué mirar hacia atrás por que no mirar hacia adelante para construir una mejor televisión si se han cometido errores o tropiezos en el pasado. ¿no sería tiempo de corregir y seguir avanzando con la mirada hacia adelante?
La lucha sostenida por ambas televisoras se ha basado en mostrar al público los índices de audiencia y credibilidad, ¿qué no sería mejor mostrar al público el contenido de la programación?
La televisión es una propulsora de los valores de la sociedad y de su cultura, ¿qué es lo que realmente están transmitiendo las televisoras en este momento? ¿Realmente son propulsoras de nuestros valores y de nuestra cultura? o ¿se quiere ganar audiencia a cualquier costo?
Para darles una idea, basta ver en una hora de programación "normal" de la televisión la cantidad de hechos violentos que suceden y, quizás, como dirían los autores de Big World, small screen, "la programación para niños posee un mayor índice de hechos violentos."
Hay programas cuya temática es en si violenta; en otros se presenta la "solución", el "último recurso" para resolver un problema de injusticia o abuso. UD alto porcentaje de los programas transmite la falsa idea de la riqueza que lleva a la felicidad, es decir, quien más tiene, más feliz es. Del sexo, para qué hablar, si se ve como un fin en sí mismo que nada tiene que ver con el verdadero amor, la responsabilidad y el compromiso.
Hace unos días me enteré del ejemplo de algunas compañías que han puesto como condición para hacer publicidad de su empresa en los medios la integridad del contenido de la programación. Esta actitud debería ser seguida por el resto de las compañías.
No podemos basar nuestro apoyo a una y otra televisora por el simple hecho de que tenga mayor audiencia, deberíamos condicionar nuestro apoyo a los programas o televisoras que forman el sentir y sentido de nuestra propia cultura y nuestros valores.
Los padres de familia deberían contribuir activamente a formar en los propios hijos hábitos al mirar la televisión que lleven a un sano desarrollo humano, moral y espiritual.
La televisión no necesita de tantos años dedicados por uno mismo, su familia sí los necesita. Tu comunidad y tu país necesitan ese tiempo.