Lorenzo Meyer


SER JOVEN AL FINAL DEL SIGLO XX

Al finalizar, este siglo ha acelerado su ritmo de cambio -político, social y económico- pero en sentidos contradictorios. Por un lado -el positivo- la democracia política sigue ganando terreno e incluso el sistema de poder en México está dejando de ser lo que fue por más de medio siglo: una arena dominada por un partido de Estado y una Presidencia autoritaria.

Por el otro -y este es el lado negativo- la democracia social está perdiendo terreno, mucho y con mucha rápidez. El capitalismo neoliberal casi ha destruido al "Estado Benefactor" que surgió de las dos guerras mundiales y en el horizonte se perfila un futuro donde las desigualdades se acentuarán y donde los perdedores en la lucha del mercado -individuos, grupos, regiones y países completos- simplemente no tendrán defensa.

Tras la desaparición de su gran rival - "el socialismo real" - el capitalismo neoliberal ya no se siente obligado a ser cuidadoso con los que están en el fondo de la pirámide social. En efecto, los proletarios del mundo ya no tienen qué o quien los una, como sugería el "Manifiesto Comunista", y tras la desaparición de la URSS y de los partidos comunistas tradicionales, el capital, que hoy es realmente global, ya no cree que haya necesidad de hacer concesiones a los explotados para evitar que estalle la revolución, antaño tan temida.

Hoy los Gobiernos parten del supuesto que este fin de siglo es también el de la muerte de las revoluciones, el de "fin de historia". Podrá haber violencia étnica, conflictos entre civilizaciones, etcétera, pero ya no la gran revolución socialista. ¿Será?

En fin,las nuevas reglas económicas son las de un capitalismo sin límites, dominado por una lógica darwiniana, donde la solidaridad y el sentido de responsabilidad social están casi ausentes y donde los más jóvenes están también, entre los más desprotegidos.

¿Conquistar el Mundo?

Sir Winston Churchill, a los 56 años, y refiriéndose a su propia experiencia, aseguró que en la medida en que el joven fuese generoso, sincero e intenso, nunca podría hacerle daño al mundo, al menos no de manera significativa, pues ese mundo había sido hecho precisamente para ser conquistado por la juventud (Rowing Comission? My Early Life, 1930). La idea es atractiva, pero si era falsa entonces lo es mucho más ahora.

Es verdad que pocos jóvenes pueden hacerle daño al mundo, pero en cambio el mundo, y especialmente el de ahora, sí puede hacerles daño, y mucho, a millones de ellos, para los cuales ni el presente ni el futuro ofrecen formas de trabajo y autorrealización que conduzcan a una vida digna y satisfactoria.

En cualquier lugar o época, sólo unos cuantos tienen oportunidades como las que tuvo Churchill desde que nació en el palacio de Blenheim hasta el fin de sus días.

Para el grueso de los jóvenes, especialmente los de hoy y aquí, su problema principal no consiste en saber aprovechar bien las oportunidades que se les ofrecen, sino en algo más básico; en encontrar las pocas oportunidades que hay para encausar su energía e imaginación, desarrollar sus potencialidades y concretar su creatividad.

El mundo actual es particularmente injusto y mezquino en posibilidades con el joven mexicano promedio y reserva su generosidad -y mucha- para el pequeño grupo de los herederos de quienes se están beneficiando de la tendencia muncial a la concentración de la riqueza y de las oportunidades.

Oportunidades Escasas

De acuerdo con las proyecciones, en el México del año 2000, aquellos hombres y mujeres cuyas edades fluctúen entre los 20 y los 35 años representarán el 26.91% de la población, es decir 27 millones y medio de personas (Banamex-Accival, México Social. Estadísticas seleccionadas, 1994-1995, 1996, pp. 93-94) Para la mayoría de ellos, encontrar empleo digno y adecuadamente remunerado va a ser su principal desafío, pues serán escasos. En nuestro País la explosión demográfica del pasado reciente está lanzando anualmente a poco más de un millón de jóvenes a un mercado laboral sin gran dinamismo.

Hace tiempo que la economía formal no está creando plazas a la velocidad y la naturaleza que la demanda social exige.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta medidados de los años 70, el crecimiento anual promedio del producto interno bruto de México fue del 6 % , es decir, doblaba la tasa de crecimiento demográfico y abría muchos puestos en fábricas y comercios. Sin embargo, a partir de 1976, y como resultado del agotamiento del viejo modelo de crecimiento por la vía de la protección y la sustitución de importaciones, el comportamiento de la economía cambió en sentido negativo.

La transformación forzosa y rápida a mediados de los años ochenta de las reglas económicas básicas, lanzó a un México sin preparación, a un proceso de globalización que culminó en 1994 cuando entró en vigor un Tratado de Libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

El costo de esa tansformación que destruyó a una parte de la vieja planta industrial y de servicios aún se sigue pagando y lo muestran las cifras entre 1982 y 1996 el crecimiento probedio del PIB fue de apenas 3% -la mitad de lo que había sido en el período anterior- , y aunque el índice de crecimiento demográfico disminuyó gracias a un mejor control de la natalidad -2 % anual- ese hecho aún no se refleja en una menor demanda de empleo pues los jóvenes de hoy están solicitando un lugar como productores en la ecoomía, nacieron en los años de la gran explosión demográfica.

La insuficiencia en la creación de puestos de trabajo salta a la vista al comparar las plazas formales existentes en 1980 y en 1995. El total pasó de 20.3 millones a 22.9 millones; un crecimiento de apenas 12% en 15 años, menos del 1% anual en priomedio (Banamez, Op.Cit.p452). El déficit, por tanto, es de 12 millones de puestos.

¿Qué ha sucedido con aquéllos que no pudieron encontrar lugar en la economía formal?. Para los de las clases populares, el subempleo o la migración a Estados Unidos, sobre todo la ilegal, fue un salida frecuente. De cara al futuro, resulta que ambas soluciones se han tornado cada vez más difíciles, pues la economía informal ya llegó a un punto de saturación la legislación y acción norteamericanas en contra de los trabajadores indocumenados mexicanos se ha endurecido. El crecimiento actual de la economía no conlleva a una expansión proporcional del empleo como antes era el caso; la globalización obliga a producir más y mejor con menos trabajadores y en menores condiciones de seguridad en el empleo, y este es un problema mundial y , también muestra que algo está podrido en la Dinamarca de la Globalización.

Hoy el fantasma que recorre Europa al igual que una buena parte del resto del mundo no es el comunismo sino el desempleo o subempleo, las bajas remuneraciones y prestaciones y la inseguridad en el mismo.

Las víctimas de este fenómeno son de todas las edades y condiciones, pero sus peores efectos se producen entre los jóvenes pues los frustra justo cuando están en la posición más vulnerable -cuando están formando su identidad- y por tanto, el daño moral puede ser devastador.

El problema se deberá enfrentar políticamente y con algo más que con programas coyunturales como "Solidaridad" o "Progresa", pues no se puede simplemente dejar tan vital asunto a las fuerzas del mercado; la economía solo recogerá a los mejor preparados pero marginará a los que no tengan la educaicón adecuada -y las conexiones sociales apropiadas-, que son la mayoría, con lo que se incrementará la marginalidad social y la inviabilidad de la vida en común.

Si seguimos como vamos, el resultado para muchos jóvenes será la frustración individual y la vida sórdida, pero para otros la respuesta será -de hecho lo es ya- la búsqueda de su salvación individual por el camino de un choque de frente y violento con el sistema social y político o , lo que es más fácil, el crimen individual u organizado, en especial en el narcotráfico.

Lo que está en juego

El término "jóvenes" es una categoría muy vaga que engloba a un grupo social separado por variables más importantes que la edad, como son la educación, la clase social, la región, el género, etcétera. En cualquier caso, el desafío que se presenta al grueso de los mexicanos que es el hacer frente a una relativa estrechez de oportunidades, a un sistema social que aumenta la desigualdad entre clases y regiones, y a una estructura de poder que se está abriendo lentamente a la democracia política pero no a la social, y la primera sin la segunda pierde mucho de su sentido y todo el proceso puede conducir a una regresión, a una transición fallida.

Francis Bacon, el filósofo y ensayista inglés, señaló en el siglo XVII que los viejos tienden a poner muchos reparos, consultan demasiado antes de actuar, se aventuran poco y finalmente se contentan con llevar las cosas no hasta sus últimas consecuencias sino simplemente hasta lograr un éxito mediocre.

En contraste, y siempre según las ideas de Bacon, los jóvenes están mejor capacitados para para inventar que para juzgar, para ejecutar que para asesorar, y para emprender un proyecto nuevo que para sostener el existente (The Essayes con counsels, Civil and Moralt, 1625).

Si en México hay un tiempo para la juventud, en el sentido de Bacon más que en el de Churchill, es decir para emprender un proyecto distinto del vigente, por injusto e inviable, es ahora. øLo sabrán y podrán aprovechar esos jóvenes? Por su bien es necesario que así sea , pero antes deben continuar el proceso de demolición de lo heredado: del México corrupto y antidemocrático, que ha sido herido por la movilización social de los últimos años, pero que aún está vivo y puede buscar la revancha.

Lorenzo Meyer es historiador e investigador del Colegio de México.