Carlos Monsivais
El Futuro de la cultura latinoamericana
Editorial el Sol, Periódico el Norte
4 Feb 2001
Profecias que implican la fe en la existencia del por venir
Por lo menos en lo relativo a sus componentes básicos, se mantendrá intacta la identidad cultural latinoamericana. Persistirán el idioma, la religión, las tradiciones, pero con algunas salvedades ya hay ostensibles:
-El catolicismo seguirá siendo la religión mayoritaria, pero a su lado crecerán numerosas opciones, y zonas de agnosticismo y de ateísmo funcional (la expresión es de obispos católicos). Nadie, por ejemplo, quitará de los corazones de millones de mexicanos a la Virgen de Guadalupe; nadie, tampoco, podrá decir con veracidad que el mexicano que no es guadalupano es un apátrida.
-El español será sin duda, con la excepción obvia de Brasil, el lenguaje dinámico hablado y a veces escrito por cientos de millones. Pero el castellano que se ha conocido seguirá concentrándose en un vocabulario muy restringido, y seguirá mutando debido a la influencia del ingles, fenomeno internacional por otra parte. Se admita o no, y por la simple presión de los avances tecnológicos, las industrias culturales, las grandes migraciones y la moda, el uso del spanglish se generaliza en todas las clases sociales.
Con frecuencia, al ver los noticieros, si me propongo entender el discurso de un político lo traduzco mentalmente al inglés, y luego, como puedo, al español. Esta triangulación es una situación extrema, pero la fuerza imperial del inglés modifica, insensiblemente, algunas estructuras sintácticas, y todo el nuevo vocabulario viene de la tecnología o de la industria cultural de Norteamérica.
Véase por ejemplo el uso cada vez más generalizado del adjetivo antes del sustantivo, no por razones prosódicas sino de obediencia mecánica a las reglas de otro idioma. Uno de los momentos que permiten observar la implantación del spanglish: el Presidente Ernesto Zedillo diciéndole a una vendedora indígena: "No traigo cash".
-En el habla coloquial las nuevas malas palabras serán aquellas que obligan a ir a un diccionario ("Habló de los estípites y le recordé que había damas presentes"). Ahora, si alguien dice: "Me van a perdonar las señoras" la respuesta previsible será: "Vete con tu hipocresía machista al carajo".
-Un sector muy significativo de los jóvenes seguirá percibiendo sus cuerpos como ámbitos de la experimentación y la metamorfosis continua. El "piercing" y los tatuajes informan entre otras cosas de la conversión de los cuerpos en happenings u obras de arte experimental.
-No disminuirá en lo mínimo el papel central de la música como clave del comportamiento (cientos de miles quieren vivir, literalmente, a ritmo de rock o de tecnocumbia).
-La censura continuará fracasando. Hasta hace unos años la censura era el Super Yo de América Latina, pero su hegemonía quedó destruida por la acción conjunta de la tecnología y el dosarrollo cultural (Consejo a los funcionarios represivos: si quieren boicotear una pelicula o una obra de teatro, sólo tienen que recomendarla ardientemente).
"Lo que no le creo es que tenga clasificados sus traumas por orden alfabético"
Se ha modificado el mapa de la psicología social, y eso implica el desplome de un conjunto de inhibiciones y de dos tótems antes omnipresentes: el miedo al qué dirán y el temor al ridículo.
Un ejemplo latinoamericano tipico: los talk-shows. Al margen de la opinión que de ellos se tenga, y la mia es muy negativa por el metodo de humillar a los participantes, es notable su poder de convocatoria. No sólo todos se sienten con derecho a los 15 minutos de fama augurados por Andy Warhol a los seres terrestres; también, cunde una convicción: el destino de cada persona es de la manera más literal posible, convertirse en una telénovela, género que escapa crecientemente de la pantalla chica para renacer en las tramas vitales. No sólo -es la impresión- son demasiados los que consideran a sus vidas tramas de telenovela, sino que han telenovelizado su realidad.
La mujer que engaña al marido siéndole absolutamente fiel, la madre apenada con sus vecinas porque de sus nueve hijos ningunon es homosexual, el stripper que por sentimiento de culpa duerme con el abrigo puesto, se sienten en rigor telenovelas a la espera de patrocinadores.
Dicho sea de paso, este genero repercute notablemente en la vida social y política, al imponerse como requisito obligatorio de los acontecimientos el ritmo de las revelaciones. A fin de cuentas, una telenovela es el relato de una pareja, una familia o un grupo atrapados en la telaraña de vínculos inconfesables que se van develando con regularidad.
Por eso, la justa aplicación del término telenovelas a las historias de los hermanos Salinas de Gortari en México, de Carlos Menem en Argentina, de Fujimori y Montesinos en Perú. Son narraciones tan interminables como la acumulación del abuso de poder, y basta la emisión de un programa televisivo para precipitar las caídas que antes correjían a cargo de las multitudes enardecidas en las calles.
"Le leí un poema y me preguntó que por qué le había quitado la música"
Ha cambiado y continua haciendolo el ámbito de las grandes identificaciones espirituales. Así por ejemplo, de mediados del siglo 19 a mediados del siglo 20, la poesía es el género popular que, junto con la música e incluso con más énfasis, se responsabilizaba de la sensibilidad colectiva abarcando a los analfabetas que la memorizan devocionalmente.
Gracias a la poesía, se descubren las potencias del idioma y las iluminaciones que una solo imagen desata. Y era una sola sombra larga. La espiritualidad en la vida secular mucho le debe a los poetas modernistas en el tránsito del siglo 19 al siglo 20 (en especial Rubén Darío), y luego, en la adaptación a la modernidad, los sentimientos espirituales se nutren de la poesía de -entre muchos otros- Neruda, César Vallejo, Borges, Octavío Paz.
Los poetas representan el idioma nacional y el idioma a secas, y vitalizan el idioma de sus lecturas y de muchos otros. Y en esto, como en casi todo, no hay fronteras, como lo prueba la influencia de los clásicos españoles, y Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. A los poetas les toca dictaminar los estremecimientos del oyente o el lector, y su prestigio se traslada a las canciones populares, de los boleros de Agustin Lara a los valses peruanos.
En el territorio de los vislumbramientos que prestigían las conductas íntimas, a la poesía la complementan y en algún momento casi la arrinconan la novela y el cine. El deseo de captor el ritmo de las sensaciones nuevas y las vias de las transformaciones personales, lleva por ejemplo a los jóvenes de los añoss 60 a leer con devoción "Paradiso", "Rayuela", "La ciudad y los perros", "Juntacadeveres", "La traición de Rita Hayworth", "Tres tristes tigres" y "La región más transparente", las descodificaciones y codificaciones de la realidad que importa.
Y a lo largo del siglo 20, el cine es sin duda el espacio de romoción de prejuicios y de creaci6ó de modelos de vida, de mitos que ajustan las sensaciones de éxito y de fracaso, de pautas de la conducta inevitable que unos meses o unos minutos antes se consideraban impensables.
¿Qué reemplaza a estos guías de las metamorfosis individuales y colectivas? Con lo anterior no digo que la poesía y la narrativa hayan perdido sus facultades genésicas; sólo apunto al hecho evidente: su influjo mitico se ha evaporado en buena medida, concentrándose en sectores de cultura libresca Al irrumpir las leyes del mercado, la novela importa pero de otra manera y Star Wars seduce, pero no cambia la vida como lo hacian las peliculas de aventuras de 1935 o l940.
Y el reemplazo propuesto, la televisión, posee un efecto distinto, profundísimo a corto plazo, pero carente del brillo del prestigio íntimo, no sólo por su naturaleza que consiste en hechos efímeros, sino porque su masificación impide considerarla el espejo ideal de cada persona "Si en el mismo estanque se contemplan todos mis vecinos, yo no puedo ser Narciso". Y si la televisión no actua como el llamado dramático en el camino a Damasco ("Saul, Saulo, ¿por qué no me apagas de vez en cuando?") su condición de vanguardia se anula. En el caso de la televisión, sin duda, se cumple el lema de Marshall McLuhan: "EI medio es el mensaje". Y la mayor parte de las veces, el medio es la moraleja.