VARONES, NEOMACHISMO

Y PLANEACION FAMILIAR

 

por Luis Leñero Otero

 

 
 
 
 
I. INTRODUCCION
 
1. EL ESTUDIO DE LA CONDICION MASCULINA
 
En los últimos años, la profusión de estudios sobre la condición femenina es clara muestra del interés por el cambio de los roles de la mujer, tanto en la vida privada como en la pública y social.
 
Esta preocupación ha sido introducida no sólo por los movimientos feministas, más o menos radicales, sino también por amplios sectores humanistas de la sociedad civil, lo mismo que por diversos órganos operativos y legislativos de la sociedad política y de los gobiernos y entidades internacionales. A todos ellos les ha parecido importante entender la perspectiva femenina en la vida contemporánea en el momento en que la misma realidad marca procesos ineludibles de cambio en las relaciones entre ambos sexos, lo mismo en el ámbito de la sociedad global que en el seno de la vida privada.
 
Los impactos de estos cambios -pero también de las resistencias a ellos- parecen tener una importancia y un alcance ilimitados. Tras la cuestión de la mujer en su ancestral dependencia frente al varón, y en la mutación de su postura, se hallan muchos problemas y nuevas expectativas de la vida moderna.
 
La planificación familiar ha tenido una participación muy importante en este asunto. Las principales protagonistas en el proceso de regulación de la reproducción biológica han sido, como cabe suponer, las mismas mujeres. En ellas ha recaido -incluso en una perspectiva masculina- la responsabilidad del uso de anticonceptivos.
 
Si en otras épocas se pedia a la mujer que asumiera su vocación femenina como una misión básicamente maternal y procreativa (de hecho se lo imponia el hombre como planeador de la vida colectiva), ahora, en el seno de un planeta que obliga a desacelerar el crecimiento demográfico de la humanidad, se le demanda que cambie su rol procreativo y que se convierta tempranamente en usuaria de métodos anticonceptivos diseñados precisamente para ella.
 
Hay en todo esto una perspectiva de género masculino que a veces, con ropaje de interés por la mujer en su nuevo desarrollo, encuentra una renovada forma de mantener su control sobre ella. Sin embargo, sigue presente, en el fondo, la unilateralidad de una planeación demográfica, médico -sanitaria, y hasta familiar -en su ámbito microsocial-, en la cual reaparece el punto de vista masculino como enfoque unidimensional.
 
Apenas en la década de los ochenta surgió una nueva corriente de análisis y de visión, aplicable a todos los campos de la vida humana, pero particularmente al que involucra la vida familiar, y, consecuentemente, la planeación y planificación de la familia. Se trata de la llamada "perspectiva de género".
 
Esta corriente ha significado un replanteamiento de la cuestión feminista en su frecuente postura sexista, en la que se ha preconizado una reivindicación por parte del sexo dependiente y el consecuente ataque al sexo "enemigo". En la postura sexista se ha afirmado que la mujer debe alcanzar la posición dominante o, al menos, una defensa activa de sus derechos de igualdad y equidad ante el varón. Con ello se ha rebatido la validez de los supuestos tradicionales, que trataban de mantener un equilibrio familiar y social basado en la reafirmación del papel femenino como madre y ama de casa, dependiente del varón.
 
En la nueva óptica, en cambio, se descubre un nuevo principio de partida: aparece una perspectiva de carácter mixto, propia de la especie bisexual humana. Ésta no puede ser sino dual en su concepción de la vida. Pero la dualidad implica necesariamente darse cuenta de cómo ve al mundo el género femenino, al lado del masculino, y viceversa. Con ello se desenmascaran las posturas unilaterales -en buena parte encubiertas e implícitas- propias de las actitudes paternalistas o maternalistas.
 
Para lograr lo anterior es preciso, en especial, decodificar las actuales visiones constructivas de la vida social, masculinistas y unilaterales, propias de los campos de la organización humana: la economía, la política, la cultura, la religión, la organización familiar; esto comprende una buena parte de las pautas de la vida social en sus diversos ámbitos y en los campos de la acción institucionalizada.
 
De hecho, la perspectiva de género femenina tiene ángulos que hasta ahora han sido considerados subalternos, "informales" o puramente complementarios de la visión masculina. Su presencia ha sido vista más bien como aleatoria de esta última, o, en el mejor de los casos, sólo para tenerla en cuenta en ciertas subáreas de la vida privada, a las que se considera propias de la participación de la mujer. Por ello, recuperar la perspectiva de género femenina es condición esencial para que ésta replantee la cuestión de la vida humana en términos de dualidad, integrada a la masculina en condiciones de paridad: es más bien una dinámica dialéctica que busca lograr una síntesis compleja en la dualidad de perspectivas.
 
Pero en esta tarea, no puede perderse la conciencia de la perspectiva masculina, si en verdad se pretende alcanzar la integración de dicha dualidad en una adecuada reciprocidad de perspectivas.
 
La misma óptica masculinista, al ser reafirmada en la hegemonía definidora y codificadora de la vida (en un sentido conceptual, racionalizador), queda deformada. Habrá que redescubrirla en su naturaleza humana, equiparable a la perspectiva femenina, tanto en lo biopsíquico como en lo sociocultural.
 
Hay muchas paradojas al respecto, en las cuales lo que se proclama y se subraya como definición inequivoca hecha por el varón socializado, significa la pérdida de su propia consistencia, encubierta por las apariencias de un machismo más o menos inseguro. Esto sucede precisamente porque al tratar de ignorar o subestimar la versión femenina, más fácilmente se cae en ella, aunque de manera informal y oculta, sin clara conciencia de ello. La ambivalencia y el ocultamiento suelen crear entonces una equivoca cortina de humo sobre la perspectiva dual de género, que atenta contra la relación equitativa de los sexos: se presenta entonces, en muy diversas formas, el sexismo autoctático y revanchista.
 
De lo anterior se desprende, más que una afirmación definida sobre la condición masculina y femenina, la necesidad de descubrir una y otra perspectiva en cuanto tales. No basta que se haga sólo por el lado de la mujer; es preciso intentar ese descobrimiento también por el lado del varón, es decir, buscar la dualidad de perspectivas.
 
No se reconocerá el cambio en los roles de la mujer, de sus actitudes y conductas, mientras no se logre descubrir la perspectiva, las actitudes y los cambios que, en paralelo, experimenta el hombre. No podrán alcanzarse logros consistentes en el desarrollo y cambio de la mujer mientras sólo se trabaje por la parte femenina, sin una labor concomitante por el lado del varón.
 
La pista ha tenido ya importantes seguidores. Algunas disciplinas de las ciencias humanas han avanzado ya en esta búsqueda de la perspectiva de género dual y distinta, pero necesariamente integrada, de una u otra manera, en la visión de lo que es el ser humano, a partir de su dualidad encontrada y dialéctica. No es nuestro propósito hacer aqui una revisión de todos esos antecedentes, sino más bien asentar un camino ya abierto en muchas inquietudes reflexivas y sistematizadas.
 
Quizá uno de los principales avances analiticos ha sido el trabajo realizado en el campo de la psicología y del psicoanálisis, a partir de Freud -a pesar de su tesis sexista-, pero, sobre todo, desde el enfoque jungiano de los arquetipos anima y animus, presentes de una manera simbiótica tanto en el hombre como en la mujer.
 
Filósofos y pensadores de diversas corrientes han incursionado en la cuestión fenomenológica de lo femenino y lo masculino, tanto desde la postura arquetípica de un sentido común elevado a noción ontológica del "eterno femenino" (o incluso de la masculinidad como sentido del ser hombre), como desde una postura más profunda en la búsqueda de lo humano. Basta nombrar a un Gastón Bachelard, a un José Ortega y Gasset, a quienes podemos considerar próximos a nosotros por su influencia intelectual.
 
Hay también un importante y cuestionado avance en la perspectiva de la sociobiología, en la que la cuestión de la naturaleza masculina y la famenina se plantea a partir de la información biogenética y biofisiológica, pero en la que se vinculan los hechos y hallazgos con las prácticas socioculturales que tienden a acentuar diferencias o a negarlas del todo, dentro de concepciones más o menos culturales e ideológicas.
 
Pero hay también dentro de nuestro propío medio intelectual, una fuerte corriente sobre el carácter del mexicano. Son innumerables las referencias a un estereotipo machista, paralelo a un marianismo caracterizador de la condición dependiente femenina, en el contexto de la cultura tradicional. Entre los múltiples autores que han incursionado podemos mencionar aquí, así sea de paso, a los de enfoque psicoanalítico, desde Samuel Ramos -adleriano-, ya clásico, a Santiago Ramírez, Francisco González Pineda, Anicoto Aramoni, José Gómez Robleda; o a escritores como Octavio Paz, con su Laberinto de la soledad, Elvira Bermúdez, Rosario Castellanos y muchisimos más que en su propia obra literaria delinean la caracterología estereotípica del hombre y la mujer mexicanos de ciertos sectores, pero identificados como modelos prototípicos.
 
En un enfoque sociológico más sistematizado, hay menores aportaciones originales: José Iturriaga retoma buena parte de los planteamientos comunes y los precisa con una perspectiva más sociológica, y Raúl Béjar revisa criticamente este panorama de estereotipos apuntados como visión sintética, casi siempre apurada y puramente intuitiva: habla del mito del mexicano (hombre y mujer).
 
En la búsqueda actual, en cambio, aparecen nuevas versiones y reflexiones o análisis más científicos, aunque muchas veces se vuelva a caer en los lugares comunes de los mitos ya tachados de simplistas por Béjar y por Carrión; es el caso de Alan Riding o de Gabriel Careaga, que no parecen llegar a un análisis científico propiamente dicho.
 
Digno de mención es el avance, en un nivel más bien conceptual y propositivo, hecho por múltiples equipos de investIgadores, entre los cuales resaltan los estudios e investigaciones sobre la mujer, que por razones de espacio no podemos mencionar aqui en detalle.
 
Sobre la cuestión masculina en particular, el Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social ha tenido un gran acierto en compilación y publicación de ponencias de coloquios sobre la psicología de lo masculino, que han sido organizados por dicho instituto.
 
También hay avances de investigación empírica sobre la condición del varón, o sobre su sexualidad, aunque todavía escasos; en cambio, sobre las actitudes de los mexicanos, en general, en su conciencia de su propio ser, sentir y valorar, han aparecido nuevos trabajos: basta mencionar las investigaciones del Centro de Estudios Educativos sobre "Cómo somos los mexicanos, la de Fomento Cultural Banamex dirigida por Enrique Alducín Abitia, y los trabajos investigativos del Instituto Mexicano de Estudios Sociales desde hace ya algunos años, hasta llegar al presente estudio, bajo el marco institucional de la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar, MEXFAM.
 
Nuestro propósito en esta publicación es más bien modesto, como aporte de información obtenida de primera mano mediante una encuesta debidamente diseñada para relacionarla, en forma directa, con el tema de la participación masculina en la planeación familiar. La analizamos de manera más bien descriptiva, aunque en forma sistemática e interpretativa sobre las respuestas obtenidas en una primera instancia. Pero para enfocar más precisamente el tema de interés en esta investigación, permítasenos introducir algunas reflexiones preliminares en cuanto a esta referencia masculina en el estudio y práctica de los programas de planificación familiar.
 
2. EL ESTUDIO DE LA PLANEACI0N FAMILIAR EN LA
PERSPECTIVA DE GENERO DE LOS VMONES
 
Los estudios sobre la planificación familiar han tenido casi siempre una óptica pragmática más que explicativa. Incluso son pocos los trabajos de evaluación sobre los efectos reales de los programas, desde su promoción inicial hasta sus logros operativos; más aun si nos referimos al conocimiento de los efectos derivados en la vida familiar y social.
 
Hay, sin embargo, una abundante información proveniente de encuestas y estudios de carácter demográfico y sociodemagráfico. Pero en casi toda esta información apenas si aparece un análisis específico sobre los mismos varones involucrados; por ejemplo, en el registro y clasificación de estudios de investigación sobre conocimientos, actitudes y prácticas de métodos de planificación familiar por parte de los usuarios, incluido en el banco bibliográfico de la Dirección General de Planificación Familiar de la Secretaría de Salud, es mínima la referencia a los varones como sujetos estudiados: mientras que aparecian 25 estudios registrados que tratan directamente sobre la conducta reproductiva de las mujeres en edad fértil, sólo había dos referidos a los varones.
 
El IMES realizó, en 1968, un estudio que acaso fue el primero aplicado a varones, paralelamente a uno hecho sobre las mujeres (fue una encuesta de parejas, por separado). Sin embargo, el análisis de los datos obtenidos fue publicado en tres obras cuyos títulos no explicitaban este hecho de investigación. Posteriormente el mismo IMES llevó a cabo una importante investigación sobre lideres (la mayoría varones), en la que se obtenia información no sólo de sus opiniones sobre las políticas y programas de planeación familiar, sino también de sus condiciones personales en la óptica de la reproducción de sus familias.
 
Otros estudios también se acercaron a esta preocupación para saber cuál era la posición, la fecundidad y la participación del hombre en la reproducción biológica y familiar. Algunos demógrafos negaron la propiedad de un concepto y variable operativa como el de "fecundidad masculina" aduciendo que ésta (la fecundidad) siempre tenia que ser estudiada en referencia a la mujer. Esto demostraba, una vez más, la falta de comprensión de la problemática sociofamiliar y extrafamiliar, casi desconocida en los estudios formales de demografía, al menos hasta entonces.
 
Pero la cuestión ha cambiado grandemente en la preocupación no sólo de los investigadores, sino también en la de los directivos de los programas de planificación familiar.
 
La participación masculina en la planeación familiar no es, lógicamente, ni puramente sexual, ni de carácter particular en cuanto al uso de los métodos propios del varón (condón y vasectomía). Tiene que entenderse a partir de una visión de conjunto, en la que el hombre participa de muchas maneras en la reproducción biosocial, y en la que la perspectiva masculina aparece unida de manera simbiótica con la femenina, y viceversa.
 
Por ello, nuestra investigación está enfocada, primeramente, a una caracterización tipológico-formal de las categorías sociodemográficas a las que pertenecen los distintos entrevistados. En una segunda instancia, hacemos una especial referencia a la cuestión del machismo, en su dimensión psicocultural, en la cual se implican múltiples paradojas; de ahí partimos para aludir al comportamiento sexual del varón adulto y a su vida familiar, en sus diferentes involucraciones. Posteriormente tratamos acerca de las condiciones de la participación masculina en el medio social circundante, y el control que sus diferentes agentes ejercen sobre él, pues con ello podemos captar todo un protagonismo colectivo que influye sobre los diversos casos personales estudiados.
 
En seguida, yendo a la temática de referencia central del estudio, llegamos a la participación corresponsable (o no) del varón en la planeación familiar, y en el uso de anticonceptivos utilizados por él, directa o indirectamente.
 
Como indicamos, el presente análisis es de carácter fundamentalmente descriptivo, pero lo realizamos con una específica óptica interpretativa del dato, no por el dato mismo, sino por su contextualización concreta.
 
Finalmente, en la última parte hemos intentado hacer un diagnóstico explicativo y propositivo. En él planteamos estrategias clave para los programas de planeación familiar, tendientes a lograr la participación efectiva del varón, dentro y fuera del ámbito familiar.
 
NOTAS
 
1.-Es muy abundante la bibliografía sobre los estudios de la mujer, principalmente los desarrollados con una ideología feminista. Baste aquí mencionar la amplia bibliografía sobre la mujer publicada en México por el Conapo en 1985, o la Bibliografía comentada sobre la muJer mexicana editada en 1988 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en su cuaderno número 55.
 
2.-Puede citarse como un buen ejemplo del replanteo teórico-investigativo sobre la "perspectiva de género" en México, el trabajo realizado por Lourdes Benería y Martha Roldán (1987), The Crossroads of Class y Gender (hay edición en castellano del Fondo de Cultura Económica), en la que se reformula la óptica de clase social en relación con la de la perspectiva de género. Sin embargo, nos parece que el marco teórico más radical de la perspectiva de género que hasta ahora hemos conocido lo ha planteado, en su caracteristico estilo intelectual y de lenguaje original, Iván Illich en su obra El género vernáculo (1990). La óptica de Illich nos lleva a una concepción teórica de género opuesta a la de un marco ideológico sexista que impone la visión de un sexo sobre la del otro o, más aún, la de una perspectiva sin género, en la que se usan "palabras clave" aparentemente descargadas de sentido diferenciador de los sexos, pero en la que de hecho se adopta sólo una perspectiva unisexual, aun en referencia a ambos sexos y a la relación de las cosas y de las relaciones y actividades humanas vinculadas a cada uno de los géneros.
 
3.-Son múltiples las referencias que pueden hacerse al respecto, dentro de la corriente feminista. Véase la revisión panorámica sobre el feminismo en Occidente de Andrée Michel (1983). En México también se han adscrito a este movimiento notables especialistas de las ciencias sociales, incluidas en varios grupos, principalmente de antropólogas, sociólogas y periodistas. Citemos por ejemplo las que han trabajado en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) de El Colegio de México; o en las múltiples colaboradoras de la revista Fem o de la Doble Jornada del respectivo diario; u otras diversas integrantes de diferentes centros de investigación. Véase, como ejemplo importante, el grupo que aparece en 1986 en el número 30 de la revista Nueva Antropología, vol. VIII. Los mencionados son algunos de los conjuntos más relevantes en los últimos diez años.
 
4.-Una psicología de lo masculino puede descubrir, en este sentido, una serie de importantes dimensiones simbióticas entre el sentir, el pensar y el querer -consciente e inconsciente- del varón y de la mujer. Estas dimensiones anímicas, muy lejos de ser privativas de la psicología femenina, son compartidas e intercambiadas en la propia identidad de unos y otros. Véase esta tesis, reiterada, en José de Jesús González Núñez, compilador de una serie de estudios breves sobre la psicología de lo masculino y su afectividad, publicados por el Instituto de Investigación en Psicología Clinica y Social (1989).
 
5.-Véase, sobre todo, en S. Freud, "Tres ensayos de teoria sexual" (1905), Obras completas, Vll, Buenos Aires, Amorrortu, 1976.
 
6.-Carl Gustav Jung, Arquetipos de lo inconsciente colectivo, Buenos Aires, Paidós, 1964.
 
7.-Altamente sugestivo y penetrante en su fenomenología de la ensoñación es el aporte de Gastón Bachelard (1985).
 
8.-Rompiendo la doctrina canónica del pensamiento filosófico, como clara expresión de la racionalización en la perspectiva masculina, Ortega y Gusset irrumpe allá por 1924 con una "meditación" profunda: dice que "la verdadera misión histórica de la hembra humana aparece sin claridad por olvidarse que la mujer no es la esposa, ni es la madre, ni es la hermana, ni es la hija. Todas estas cosas son precipitados que da la feminidad, formas que la mujer adopta cuando deja de serlo o no lo es todavia... ¿Pero qué es la mujer cuando no es sino mujer? Yo no podria responder a esta pregunta sin rectificar antes la tradicional noción de los ideales". Y de aquí parece arrancar toda una fenomenología del género femenino y, por contrapartida, del masculino, encontrados en la experiencia amorosa. Véase Estudios sobre el amor (1969), pp.10-11ss.
 
9.-Edward O. Wilson (1980) y sus seguidores han sido rebatidos furibundamente por casi todas las autoras feministas, acusándolos de deterministas a partir de la genética cromosomática de los sexos (la biología como destino según el mismo Freud). Se dice que estas teorias llevan a la reafirmación del modo de distribución del quehacer humano entre el hombre y la mujer. Y como éste se da históricamente en la desigualdad de condiciones socioculturales y en la decisión asignadora por parte del hombre, parece clara la consecuencia práctica de la tesis sociobiológica. Sin embargo, la escuela de la sociobiología es más compleja de lo que consideran muchos de sus impugnadores. Wilson mismo reconoce que, ante las diferencias genéticas de las anatomías y fisiologías masculina y femenina, las sociedades pueden desarrollar opciones culturales: 1) acentuar las diferencias sexuales en la socialización y tareas de uno y otro sexo; 2) "adiestrar a sus miembros para eliminar todas las diferencias sexuales en la conducta"; o 3) "ofrecer iguales oportunidadcs y accesos, pero sin ninguna acción complementaria". Para cualquiera de las opciones hay que asumir el costo del impulso y el posible riesgo de desajustes temporales y generacionales. Hay, en este sentido, en la consideración sociobiológica, una búsqueda que quiere ir más allá de ese determinismo genético, y que se enfrenta, sobre todo, a una inercia cultural ancestral. Parece ser que sólo una perspectiva simbiótica dual de género podría lograr la superación conjunta de los resabios seculares.
 
10.-Samuel Ramos (1951).
 
11.-Santiago Ramírez (1977).
 
12.-Francisco González Pineda (1961).
 
13.-Aniceto Aramoni (1965).
 
14.-José Gómez Robleda (1962).
 
15.-Octavio Paz (1959).
 
16.-Elvira Bermúdez (1955).
 
17.-Rosario Castellanos (1975).
 
18.-José Iturriaga (1987).
 
19.-Raúl Béjar (1979).
 
20.-Jorge Carrión (1971).
 
21.-Alan Riding (1985).
 
22.-Gabrial Careaga (1974, 1977).
 
23.-Instituto de Investigación en Psicologia Clinica y Social, A.C. (1987) Y J. de J. González Núñez (1989).
 
24.-Álvarez Gayou, P. Bonilla, Guido Cole (1987).
 
25.-Alberto Hernández Medina, y Luis Narro Rodríguez (coords.) (1987).
 
26.-Enrique Alducin Abitia (1986, 1991).
 
27.-Véase el prospecto del Instituto Mexicano de Estudios Sociales, A.C. (1981) y la Relación de Proyectos (1991), en los que se registran 250 proyectos de investigación realizados en los 32 años de existencia del Instituto.
 
28.-Véase en la Memoria de la Reunión sobre Avances y Perspecitvas de la Invesitgación Social en Planificación Familiar en México (1988), en especial a Benítez, Vernon, J.L Palma, Lince y Saavedra, Townsend y Atkin, pp. 83-128. Véase la evaluación realizada por nosotros a los programas de población en México (1980-1988): Luis Leñero Otero (1989).
 
29.-Para una relación somera de las diferentes encuestas nacionales sobre fecundidad realizadas en México véase Leopoldo Núñez (1988), pp. 199-203, en donde se mencionan: Encuesta de Fecundidad Rural, México, 1969; Encuesta Mexicana de Fecundidad 1976 (DGE, 1979); Encuesta Nacional de Prevalencia en el Uso de Métodos Anticonceptivos con Módulo de Fecundidad-Mortalidad, 1979 (CPNPF, 1980); Encuesta Rural de Planificación Familiar 198I,(JSPF, 1982); Encuesta Demográfica 1982 (Conapo,1983); Encuesta Nacional sobre Fecundidad y Salud 1987 (SSA, 1988).
 
30.-Banco Bibliográfico sobre Planificación Familiar de la DGPF-Sectetaría de Salud. Véase en Ricardo Vernon (1988), pp. 92-93.
 
31.-Las tres primeras publicaciones referentes a la investigación denominada "Investigación de la familia en México" del IMES, en la que aparecen los primeros datos comparados de la población masculina con la femenina fueron: Luis Leñero O. (1968), María del Carmen Elu de L. (1969), y Óscar Maldonado (1969).
 
32.-Guillermo Santos (1972).