José DelaCerda Gastélum

Francisco Núñez de la Peña

 

 

LA ADMINISTRACION

EN DESARROLLO

Hacia una nueva gestión administrativa

en México y Latinoamericana

 

 
 
LA CULTURA DEL TRABAJO EN MEXICO:
¿CAMBIO O ESTANCAMIENTO?
 
 
INTRODUCCION
 
¿Qué distingue a una organización eficiente de una ineficiente, o a un país altamente productivo de uno poco productivo? Al parecer, la clave está en la cultura de la organización.
 
Para empezar, la cultura del trabajo es distinta entre países, comunidades y organizaciones. Los japoneses parecen ser los líderes en la cultura de calidad, pero esto no significa que no tengan problemas, pues trabajan en exceso y ello está afectando la salud pública. Por eso el Ministerio de Comercio Internacional e Industria de Japón planeó una serie de campañas de promoción del ocio para reducir el valor aparentemente ilimitado que los japoneses aplican a sus empleos.
 
Entre otras cosas, el Ministerio esta enviando una delegación a Brasil y México para estudiar el apoyo gubernamental y comunitario de las actividades de ocio. Les interesa observar la naturaleza del apoyo comunitario para el equipo de futbol Santos de Brasil y para las ejecuciones de mariachi mexicanas.
 
Curiosamente, en países como Brasil y México, e incluso como España, Francia y Estados Unidos, suelen oirse quejas sobre la falta de ética laboral.
 
¿Por qué y para qué trabaja la gente? Estas preguntas no admiten respuestas únicas, pero el sentido del trabajo siempre ha sido una preocupación humana. Los hombres han soñado con una edad de oro cuando el mundo era joven y la tierra rebosaba de lo necesario para el sostenimiento de la vida. Este antiguo mito ha tomado algunas veces la forma, como en Rousseau, de una idealización de la sociedad primitiva, incorrupta por la civilizacion. En nuestros días, las utopías industriales han proyectado un futuro libre del penoso trabajo, gracias a la capacidad de las maquinas o de la robótica. En estas concepciones de una vida mejor, el trabajo se elimina o se reduce. Parece ser que el trabajo, necesario para el mantenimiento de todas las sociedades, también produce aflicción, fatiga, se lleva como una carga.
 
El punto de vista contrario sostendría que el trabajo no es una maldición sino una bendición, que llena útilmente las horas del hombre, transformando en servicio las energías que de otra suerte se desperdiciarían o malgastarían en la ociosidad o en la maldad.
 
El trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra. La antropología, la paleontología, la historia, la sociología, la psicología, etc. parecen testimoniar de manera irrefutable esta realidad.
 
El trabajo ha ascendido en la jerarquía de valores de las sociedades modernas. Las constituciones de todos los países reconocen su trascendencia y establecen el derecho al trabajo. Pero el significado del trabajo difiere según las culturas.
 
¿Qué dicen al respecto las teorías administrativas? Al estudio y la aplicación de conocimientos sobre la forma en que las personas actúan dentro de las organizaciones se le llama comportamiento organizacional, cuyo principal objetivo es la creación de climas-o culturas-organizacionales para que las personas se sientan motivadas a trabajar eficientemente. El resultado debe ser un sistema de triple recompensa en el que se satisfagan las necesidades humanas, los objetivos de la organización y los propósitos sociales.
 
El comportamiento individual dentro de las organizaciones parece impredecible debido a que se origina en valores y necesidades muy arraigados en las personas. Sin embargo, se puede entender, al menos parcialmente, estudiando la cultura-madre de los individuos. Los aspectos fundamentales de una cultura se manifiestan en los hábitos y costumbres, las creencias, especialmente las religiosas y morales, los valores o lo que la mayoría considera bueno y deseable, las actitudes o predisposiciones a pensar o actuar positiva o negativamente en situaciones sociales. Estas dimensiones tienen lugar en la vida diaria de los individuos y los distintos grupos sociales, y están muy influidas por su historia. Los estudios transculturales concluyen frecuentemente que la nacionalidad determina diferencias en factores gerenciales y organizacionales, y éstas se deben en parte a las diferencias culturales.
 
Los aspectos fundamentales de una cultura organizacional se manifiestan en los objetivos, políticas, normas, estructuras, en las relaciones persona-trabajo y en general en las relaciones entre individuos y grupos. Existen tres elementos organizacionales clave en la conformación de una cultura organizacional Ia estructura, la tecnología y el medio ambiente.
 
La estructura define las relaciones formales de las personas dentro de las organizaciones. La tecnología, por su parte, tiene una influencia signicativa en las relaciones de trabajo; aquélla puede permitir que las personas realicen mayor cantidad de trabajo y más calificado, pero también restringe al personal en diferentes formas. Finalmente, las organizaciones no pueden escapar a la influencia del ambiente exterior, porque influye en la conducta de las personas que se relacionan con la organización, afecta sus condiciones de trabajo, le exige competir por ciertos recursos, etcétera.
 
Las personas actúan como seres humanos totales. Hay diferentes rasgos que pueden estudiarse en forma individualizada, pero en última instancia sus conductas laborales forman parte del sistema social vigente y su pasado. La capacidad de un individuo, por ejemplo, no existe separada de sus antecedentes escolares; así como no se pueden separar los hábitos de orden y limpieza del origen familiar, de la misma manera las condiciones emocionales actuales no se desligan de las condiciones físicas de la niñez. En fin, el hombre se completa a sí mismo a través de participar en culturas particulares. Ahí aprenderá conceptos y significados de aplicación vital; símbolos y estructuras mentales que le permitirán adquirir los valores, las creencias, las actitudes, los hábitos y las conductas necesarios para crecer y desarrollarse.
 
Resumiendo, todas las organizaciones tienen una cultura, seguramente muy influida por la cultura propia de sus miembros, la cual también es parte de la cultura de una comunidad, un pueblo, una región o un país. Además, todos los administradores, consciente o inconscientemente, influyen y determinan la cultura. Estos, en su búsqueda racional de objetivos, no sólo son los creadores de la estructura, la tecnología y los sistemas en uso, sino también de símbolos, valores, lenguajes y rituales propios de las organizaciones.
 
Un ejemplo sencillo ayudará seguramente a introducir este tema de la cultura organizacional y laboral. En México, y seguramente en otros países donde los japoneses han instalado empresas, se han querido instituir prácticas de relajación mediante ejercicios conducidos por gerentes japoneses antes de iniciar la jornada de trabajo y en los descansos obligatorios. Ciertamente estas prácticas pueden tener un impacto favorable en el bienestar del trabajador y en su productividad. Sin embargo, ha sido muy difícil convecer a los trabajadores mexicanos del valor de estas prácticas, simple y sencillamente porque son muy ajenas a su cultura, a sus valores, a sus costumbres y en general a su modo de vida.
 
En contraste, una de las peculiaridades de la cultura del trabajo en México es la jocosidad. Zorrilla cuestiona la distinción entre relaciones formales e informales en la organización, pues ha descubierto que la estructura informal, tipificada por las relaciones jocosas, se confunde con la formal (el desempeño de la tarea de transformación del henequén):
 
(...) las relaciones jocosas (...) se presentan como un idioma propio a las relaciones entre trabajadores durante el desempeño de su trabajo. Idioma propio en tanto y cuanto fuera del departamento los trabajadores tomarían como ofensa las mismas bromas. Su presencia dentro de las relaciones de trabajo, independientemente de los individuos que las ejecutan, sitúa a dichas relaciones jocosas dentro de un contexto puramente laboral.
 
Sin duda, uno de los retos de los administradores es administar (planear, organizar, guiar) la cultura de una organización hacia niveles superiores de productividad y eficiencia. Habrá que cambiar algunos rasgos y fomentar o fortalecer otros, pero en todo caso se tiene primero la necesidad de conocer la cultura. No se puede administar lo que no se conoce ni se comprende.
 
Este capítulo trata acerca de la cultura del trabajo y de algunas organizaciones típicas de México. Se basa en las investigaciones empírical hechas en organizaciones y en las reflexiones de pensadores mexicanos sobre la cultura, el ser y las características psicosociales del mexicano. Analizamos algunas implicaciones de estos hallazgos, para asi contribuir a la formación de un modelo de administración de la cultura en las organizaciones mexicanas.
 
 
CULTURA Y ORGANIZACIONES
 
(...) la realidad administrativa no es un absoluto:
más bien, está social y culturalmente determinada.
 
R. T. PASCALE Y A. G. ATHOS.
 
Hasta ahora no hemos proporcionado una definición de cultura. Pero hemos hablado de maneras de ser, de hábitos y costumbres, de valores y actitudes, de motivaciones. Todos estos factores comprende una cultura.
 
Para la antropología la cultura es el conjunto de las características no biológicas del hombre y las consecuencias de ellas en sus logros. Genera modos de vida, formas de pensamiento, maneras de conducta, rituales y sistemas de comunicación simbólica. En la antropología se encuentran las raíces teóricas y los métodos básicos del estudio de las culturas, incluida la organizacional.
 
Las herramientas de la antropología permiten determinar los mecanismos que rigen las formas de vida de ciertos grupos, su modo de actuar, sus relaciones con la comunidad. Por ejemplo, la antropología nos ha permitido conocer el significado del trabajo y la fiesta en una cultura indígena de México. Escribe Pedro de Velasco:
 
Los indios dicen que el blanco es abusivo y bravo (agresivo), que vive poco porque vive demasiado atareado, que es maleducado pues le importan más los negocios que las personas, que no es capaz de mantenerse a sí mismo y que por eso roba al tarahumar. Y la razón de todo esto es que el blanco "no cree como el tarahumar", es decir, porque el blanco no hace fiesta, porque después de 300 años-su religión sigue siendo el trabajo.
 
Para el blanco el tarahumar es supersticioso, borracho y flojo porque sólo piensa en hacer fiesta.
 
Quizá hemos oido hablar de campesinos que no trabajan más aunque se les pague más, pues en sus sociedades pagar más no significa lo mismo que en una sociedad urbana, porque la lógica de satisfacción de necesidades es distinta. De aquí la necesidad de una perspectiva cultural. Pero la antropología es sólo una forma de estudiar el comportamiento humano.
 
En la década de los setenta, los expertos en organizaciones empezaron a interesarse en la cultura; la han definido y han estudiado su relación con la cultura nacional, la función de los líderes en dicha cultura, y estrategias y métodos para crearla, modificarla y cambiarla. El interés ha sido motivado, en gran parte, por el nexo que parece existir entre cultura y productividad, y entre cultura y procesos directivos o gerenciales.
 
Hasta antes de 1980 pocos autores hablaban de cultura organizacional. A partir de la publicación de los libros Teoría Z, El arte de la administración japonesa, En busca de la excelencia y Culturas corporativas, así como de artículos en revistas, se integraron a la jerga administrativa palabras como valores, creencias, principios, supuestos básicos, rituales y otras que se ligaron al término cultura organizacional o corporativa. Y en un lapso muy corto la cultura aparecio como un elemento primordial para la comprensión de la vida organizacional.
 
Por ejemplo, Peters y Waterman, los autores de En busca de la excelencia, descubrieron que
 
las empresas cayos únicos objetivos claros eran los financieros, no marchaban económicamente tan bien como aquellas que tenían un conjunto más amplio de valores.
 
Sin embargo, es sorprendente lo poco que en las actuales teorías sobre la gestión se dice acerca de la formulación de valores y, en especial, sobre las empresas como culturas.
 
Para ellos, la cultura son los valores compartidos de la organizacion. En esto coinciden con Ouchi, quien afirma:
 
La tradición y el ambiente conforman la cultura de una compañía. Es más, este término comprende los valores de una empresa, tales como agresividad, defensa o agudeza, valores todos que proporcionan un modelo para actividades, opiniones y acciones.
 
También las creencias más arraigadas de la organización son, para Ouchi, elementos constitutivos de la cultura. Por su parte, para Pascale y Athos el elemento más importante de una organización son sus objetivos de orden superior. Estos "incluyen los significados espirituales o relevantes y los valores compartidos por las personas dentro de una organización".
 
Segun Deal y Kennedy, los elementos de la cultura son el ambiente externo y los valores, los héroes, los ritos, los rituales y la red cultural de las organizaciones. Para ellos una "cultura fuerte es un sistema de reglas informales que explican a la gente cómo debe comportarse la mayor parte del tiempo".
 
Edgar H. Schein definió la cultura organizacional como el conjunto
 
de supuestos básicos que un grupo específico ha inventado, descubierto o desarrollado en su aprendizaje para afrontar sus problemas de adaptación externa e integración interna, y que han funcionado suficientemente bien para ser considerados validos y, por lo tanto, ser enseñados a los nuevos miembros como la manera correcta de percibir, pensar y sentir en relación con esos problemas.
 
Los supuestos presentan las características de darse por sabidos, ser invisibles y preconscientes; los valores suelen involucrar un nivel mayor y se traducen en declaraciones de misión, guias de comportamiento. Según Schein, si una manera de percibir, pensar o sentir es adecuada para solucionar problemas cada vez que se presentan, a la larga resultara útil también para evitar la ansiedad producida al tener que desarrollar una nueva estrategia en cada ocasión. Por ejemplo, tomar decisiones y actuar puede ser la conducta cultural correcta de una organización proactiva, pero lo contrario puede ser cierto en una organización pasiva.
 
Las manifestaciones culturales de una organización son expresiones o productos que reflejan los valores y creencias básicos de sus miembros. El conjunto de manifestaciones (simbólicas, conductuales, estructurales, materiales) conforman la identidad de una organización. La identidad tiene su fundamento en los principios y valores básicos de la organización. Y mientras más arraigados estén los valores en el personal, menos necesidad habra de orientar explícitamente su conducta. Ouchi afirma al respecto:
 
La cultura de la organización se desarrolla cuando los empleados tienen una amplia gama de experiencias comunes como si fueran piedras de toque a través de las cuales pudieran comunicar infinidad de sutilezas (...) la cultura comun crea un ambiente de coordinación que facilita considerablemente el proceso de toma de decisiones y la planificación de asuntos específicos.
 
Algo similar descubrieron Peters y Waterman:
 
Sin excepción, el predominio y coherencia de la cultura ha demostrado ser una cualidad esencial de las empresas sobresalientes. Además, cuanto más fuerte fuera esa cultura y más orientada estuviera hacia el mercado, menos necesidad había de manuales de normas, organigramas o procedimientos y reglas detallados (...).
 
() Las empresas sobresalientes parecen comprender que todo hombre busca significados.
 
Muchos aspectos relacionados con la cultura preocupan a un número creciente de estudiosos y profesionales de las organizaciones. No obstante, el conocimiento sobre ciertos temas es aún precario, por ejemplo: el papel del liderazgo en la creación y desarrollo de la cultura organizacional, la influencia de la cultura nacional, regional o local sobre la cultura de la organización (y viceversa); el cambio cultural, sus alcances y limitaciones; el origen y desarrollo de los valores organizacionales.
 
En las páginas siguientes se apuntan algunas notas en relación con el binomio cultura nacional-cultura del trabajo. Existe una buena cantidad de estudios empíricos sobre aspectos culturales del trabajo en México. A continuación intentamos una sintesis de sus contribuciones.
 
 
LAS IMAGENES DEL TRABAJADOR MEXICANO
 
¿Cuáles son las imagenes del trabajador mexicano? ¿Qué lo caracteriza? Sugerimos responder, aun cuando esto nos obliga a generalizaciones, haciendo una selección de las cinco palabras más significativas del listado siguiente:
 
activo independiente
adaptable ineficiente
agresivo irresponsable
corrupto jocoso
creativo leal
desconfiado obediente
espontáneo oportunista
flojo ordenado
honesto responsable
imaginativo sensible
improvisado sumiso
impuntual tolerante
incumplido voluble
 
 
Las palabras creativo, flojo, improvisado o espontáneo, jocoso, imaginativo, impuntual, irresponsable y sumiso son parte de una imagen popular acerca del trabajador mexicano. Probablemente algunas de estas características se comprueben en la realidad de ciertos trabajadores mexicanos, pero muchos administradores (y algunos estudiosos) dirigen con base en prejuicios, los cuales se ven reflejados en su práctica profesional. Un administrador convencido de que la gente es floja tenderá a ser intolerante y deaconfiado, usará castigos y buscará vigilar a sus subordinados; y asi se genera, en la línea de la Teoria X de McGregor, el fenómeno de la profecía de autocumplimiento.
 
Tal vez exagerando, un autor afirma que al mexicano no le gusta el trabajo. Según él, al mexicano le molesta
 
Tener que levantarse todas las mañanas a una hora fija (...); caminar de un lado para otro como león enjaulado porque no llega el camión (...); correr para llegar a "checar" a tiempo y encontrarse con la misma gente de siempre ().
 
El mexicano nunca esta conforme con su trabajo y vive repelando de él, aunque tampoco hace nada por superarse y buscar otro. Siempre hace men-ción de la chamba que tienen sus amigos, lo que ganan y las ventajas que tienen con ella; todo es muy superior a lo que el tiene, pero lo curioso del caso es que los amigos a los que hace mención tampoco están a gusto de la suya.
 
Al final de este capítulo se presentan cuatro casos que contienen imágenes de los trabajadores mexicanos y se proponen preguntas para los administradores, intentado cuestionar ciertas creencias tradicionales.
 
Ahora consideremos tres tests acerca de la cultura laboral y organizacional en México, derivadas de la investigación académica acerca del comportamiento laboral de diversos grupos de mexicanos. Este tipo de estudios se concentra principalmente en variables como valores, actitudes, motivos y patrones de conducta. En ellos se subraya la influencia de la cultura nacional, considerada ésta como formas compartidas de vida y pensamiento. La mayoría de los estudios de esta muestra han sido realizados por investigadores extranjeros, principalmente norteamericanos.
 
El mexicano tradicional. La cultura del trabajo en México se caracteriza por la permanencia de valores y actitudes tradicionales, típicos de una sociedad preindustrial (por ej. autoritarismo, idealismo, fatalismo, pasividad, resignación, dependencia, sumisión). Por herencia cultural, el mexicano es sumiso ante la autoridad. El trabajador está normalmente dispuesto a someterse a relaciones de dominación dependencia a cambio de protección paternalista.
 
El mexicano tiende a favorecer sus intereses personales sobre las obligaciones, prefiere cuidar sus relaciones sobre el desempeño e insiste en guardar distancias. Predomina en el la actitud instrumental: el trabajo es sólo un medio para satisfacer necesidades básicas y de seguridad. También son notorias sus actitudes individualistas en busca de imagen y poder y manifiesta poca disposición al trabajo en equipo. Al mexicano tradicional le resulta difícil identificarse con las normas y objetivos de las organizaciones. Fuera de sus marcos familiares es altamente desconfiado e inseguro.
 
El mexicano en conflicto/en transición. El mexicano es un ser en conflicto; el industrialismo rompió su cultura tradicional produciéndole pérdida de identidad, que no ha logrado reestablecer o sustituir. Por eso su personalidad esta fragmentada. El conflicto del mexicano en las organizaciones industriales consiste en valores y actitudes opuestos (particularismo vs. universalismo), grupos de referencia en oposición (familia vs. organización) y conflicto de papeles de trabajo (relaciones vs. desempeño).
 
Por lo tanto, la experiencia del trabajo en las organizaciones modernas representa para el mexicano ambivalencia, ajuste y adaptación o enajenación, satisfacción o frustración, autorrealización o vacio.
 
El mexicano es un ser en transición en quien se combinan valores tradicionales y modernos. Quiere progresar, pero mediante el reforzamiento de sus relaciones y no tanto por su desempeño; cuida su lealtad a la organización pero descuida su eficiencia. Las distinciones jerárquicas son tan fuertes como en el pasado (un empleado es más que un obrero, un jefe más que un empleado). El mexicano en conflicto o en transición quiere satisfacer con el trabajo necesidades de reconocimiento, estatus, afiliación y poder, todas para aliviar su identidad perdida, su notoria autodevaluación y baja autoestima.
 
Se explica así que el mexicano juegue con sus desgracias, vacile con su sufrimiento, se esconda en la broma, el chiste, la peladez. Resiste las condiciones adversas del trabajo a través de la informalidad y la jocosidad; su protesta es típicamente impulsiva y desorganizada. Al mismo tiempo, es notorio el aguante del mexicano, el orgullo por el trabajo duro y su desprecio por el trabajo débil. Combina alta resistencia y abnegación con capacidad y disposición para el trabajo. México es una sociedad en transición; se encuentra entre la tradición y la modernidad, aspirando a encontrar su identidad y a ser un país desarrollado.
 
El mexicano-organización. El mexicano se integra cada vez más a la dinámica de las organizaciones de las sociedades industriales modernas. Los valores tradicionales han dejado su lugar a los modernos. A este mexicano le interesa el desempeño eficiente, el logro, la movilidad, y el progreso y el desarrollo personales. En sus nuevas motivaciones busca la autorrealización y el logro en el trabajo. Este mexicano ha dado muestras consistentes de satisfacción laboral y productividad.
 
 
VALORES, ACTITUDES E INTERESES LABORALES
 
La expresión más común de la cultura se refiere a la manera generalizada y compartida de pensar, vivir y sentir. En los estudios organizacionales se han investigado valores, creencias, actitudes, necesidades, motivaciones e intereses laborales. Desde los años cincuenta se estudia la cultura laboral y organizacional en México. A continuación se presentan algunas de las tendencias más marcadas por estos estudios, las cuales deben tomarse con cautela. Si bien pueden ayudar a comprender las culturas organizacionales, suelen también dar pie a generalizaciones tan inútiles como dañinas.
 
Baja estima. En uno de los primeros análisis acerca de las motivaciones del trabajador mexicano, el psicólogo Rogelio Diaz Guerrero estudió a finales de los años cincuenta una muestra representativa de hombres mayores de 18 años, de la ciudad de México. El autor enumeraba entonces las necesidades que pudieran tener importancia para comprender mejor la motivación y les otorgaba una puntuación (de 1 a 10) y las comporaba con las de un grupo de ejecutivos de alto nivel. Algunas diferencias fueron notables y uno se pregunta si aquéllas se manifestarian en la eficacia del liderazgo y dirección de cada parte.
 
 
CUADRO 7.1
 
LAS MOTIVACIONES DEL TRABAJADOR MEXICANO
________________________________________________________
 
Necesidad Puntuaciones
Díaz Guerrero Ejecutivos
______________________________________________________
 
Amor y ternua. 1.0 3.5
Mejor ambiente físico. 1.0 4.4
Pertenecer a un grupo.
(dentro de la fábrica). 1.0 7.1
Seguridad personal. 2.0 2.6
Salud. 5.0 3.1
Temor a perder el empleo. 5.0 3.6
Mejoría técnica. 5.0 5.5
Hambre. 5.0 5.8
Desarrollo integral. 7.0 7.3
Amistad. 9.0 9.3
Dinero. 10.0 7.5
Sexualidad. 10.0 9.2
Autoestima. 10.0 9.5
Necesidad de diversión. 10.0 9.5
______________________________________________________
 
Mantener la propia estima es, según Diaz Guerrero, la más poderosa necesidad del trabajador mexicano. Dada su intensidad puede no buscarse directamente, sino bajo máscaras distintas, por ejemplo, el dinero. Para Diaz Guerrero el mexicano no se valora en relación con otros ni en relación consigo mismo.
 
Dinero, seguridad y estatus. Uno de los primeros estudios sobre las motivaciones de los ejecutivos mexicanos fue realizado por John Fayerweather 1959). Encontró que estos valoraban altamente los beneficios materiales que pudieran obtener, ya que en su mayoría eran profesionales de la clase media, con recursos limitados, cuyo estandar de vida dependía de sus sueldos. Era preocupante para los ejecutivos su seguridad futura. Según ellos, uno de los principales icentivos para permanecer en una compañía era "el sentido de seguridad y buena paga actual, quieren sentir que la empresa va a ver por ellos cuando sean viejos y ya no sean útiles a ella".
 
En relación con el estatus social, los simbolismos ejercían una fuerte influencia, ya que se basan en la idea de diferenciación social. Fayerweather comentaba entonces que al ejecutivo no le agradaba un trabajo que pareciera ser de estatus económico inferior, aunque poco a poco se diera cuenta de la necesidad de estar en contacto directo con el trabajador. En México, el estatus profesional es una medida tan importante de distinción social como el nivel económico.
 
La mayoría de los ejecutivos no aceptaba su estatus profesional como defininvo y buscaba una mejor posición. Fayerweather concluyó que existe una influencia cultural muy fuerte en la formación de las motivaciones del hombre.
 
Años después, John W. Slocum (1971), con base en la teoría de Maslow estudió a operarios de Estados Unidos (120) y México (115), con el propósito de examinar los efectos culturales en la satisfacción de necesidades: seguridad social, estima, autonomía y autorrealización. Analizó dos plantas de la misma compañía, cuyas políticas y procedimientos eran similares, así como la maquinaria y métodos de producción. Los puestos comparados eran equivalentes y la estructura de ambas plantas era igual.
 
Según Slocum, los trabajadores norteamericanos estaban menos satisfechos que los mexicanos. En seguridad y autonomía la satisfacción es similar pero la diferencia más notable ocurre en la autorrealización, para los norteamericanos está menos satisfecha. Slocum concluye que, en este nivel, los mexicanos por naturaleza (¿cultural?) no tienen grandes expectativas. Los mexicanos trabajan principalmente para proveer a su familia de las necesidades materiales; la seguridad familiar es lo primero, de ahí que la necesidad de seguridad es la más importante y a la vez la menos satisfecha. La autorrealización en un contexto de escasez básica es un elemento secundario.
 
Superación y progreso. Fernando Arias Galicia (1963) estudió los intereses de un grupo de trabajadores del Distrito Federal. Los intereses son aspectos motivacionales conscientes, estructurados según las situaciones, condiciones y aspiraciones de cada individuo. En esta muestra los intereses se inclinaron hacia necesidades superiores: oportunidad para destacar y sobresalir, oportunidad de poner en práctica las propias ideas, seguridad de mantener el empleo, trabajar en un lugar limpio y protegido contra accidentes, tener un jefe comprensivo y justo, gozar de un salario muy superior a las propias necesidades, tener compañeros simpáticos y amigables y disfrutar de más días de descanso y de vacaciones.
 
Poco tiempo después, Joseph A. Kahl (1968) estudió los valores y las actitudes laborales, con base en una teoría del modernismo (T. Parsons), en una muestra de más de 700 trabajadores mexicanos urbanos. Un hombre moderno, dice Kahl, es un activista, planea su vida futura, prefiere la vida en grandes urbes y ve posibilidades de superación. Kahl encuentra en el México de los sesenta que el hombre moderno no exagera su visión del éxito, no favorece las grandes compañías y comparte las tradiciones religiosas, pero en general su retrato sociológico se acerca al del hombre industrial moderno. Para Kahl lo que más gusta del trabajo a los mexicanos son las posibilidades de promoción, la oportunidad de aprender nuevas cosas, la seguridad en el empleo, tener un trabajo interesante o fácil, buenas condiciones laborales, buenas relaciones con los jefes y salario satisfactorio.
 
Según esta muestra de trabajadores, los principales métodos para avanzar son, ademas de ahorrar y abrir un negocio, trabajar cuidadosamente, aprender nuevas destrezas, introducir nuevos métodos de trabajo, obtener mejor educación y ser leal al jefe.
 
El mismo Kahl había estudiado antes las expectativas de carrera laboral de 72 personas (obreros semicalificados, supervisores e ingenieros de una planta industrial moderna). Encontró que las expectativas cambian junto con el proceso de industrialización, pero siempre existe una asociación entre la clase social y la ocupación. El obrero semicalificado, de procedencia rural, encuentra en la fábrica satisfacción laboral; pero el trabajador de media jerarquía, de origen urbano y clase media, puede sentirse frustrado por falta de oportunidades; por su parte, el profesional gerente está satisfecho e integrado a una carrera de prestigio y ascenso continuos.
 
Andrews (1967), con base en la teoría del logro de McClelland, estudió dos organizaciones diferentes: una subsidiaria norteamericana que da oportunidades para el logro, donde el esfuerzo y el logro son recompensados con mejores posiciones y oportunidades, y una organización mexicana, orientada hacia una relación de dominación y dependencia (sumisión, paternalismo), donde se busca la afiliación y el poder, en lugar del logro. Según la teoría, los individuos con una fuerte necesidad de logro trabajan duro en tareas que les dan oportunidades de desarrollo, aunque el avance no depende solamente del desempeño del individuo, sino también de los valores y los juicios de sus superiores. Andrews concluye que la relación paternalista inhibe el logro, ya que tanto control no es compatible con la independencia necesaria para superar metas. Las empresas orientadas al logro fomentan actitudes y acciones productivas en sus miembros.
 
En la década de los setenta, Cone (1973) estudió, con base en una muestra de 250 trabajadores, tres ocupaciones (agricultor, tendero y obrero) en una región de reciente industrialización. Descubre cambios radicales en las concepciones de las tres ocupaciones entre las dos últimas décadas. Los agricultores y los tenderos subvaloran en gran medida sus propias labores, mientras que sus actitudes con respecto al trabajo fabril se hicieron mucho más positivas. Sin embargo, muy pocos trabajadores deseaban cambiar de empleo. Las razones para evaluar alto el trabajo fabril son: mejora la vida familiar y el nivel social; aumenta el nivel de educación; da mayor seguridad en el empleo y remuneración; es un trabajo útil que requiere apoyo familiar y energía, y obrece algo de independencia. Se concedían estos atributos al trabajo fabril a pesar de que no se consideraba más agradable ni más tranquilo que el del campo o el del comercio.
 
Otalora (1979) estudió a trabajadores industriales de supervisión y línea para medir percepciones y actitudes en relación con la movilidad interna y la satisfacción con el trabajo. La satisfacción se asocia con la percepción de oportunidades de progreso. Las promociones ofrecen la posibilidad de incrementar conocimientos y la capacidad propia, tomar decisiones y mayores ingresos. Los principales factores que influyen sobre la promoción son: calidad del trabajo realizado, iniciativa, habilidad sobresaliente par trabajar con gente, lealtad a la compañía, cantidad de trabajo realizado, buen conocimiento profesional, confiabilidad, opinión del jefe y creatividad. Los factores más importantes son las destrezas administrativas y los conocimientos mientras que los factores interpersonales parecen ser poco importantes. Los intereses y orientaciones de los trabajadores son congruentes con la dinámica de las organizaciones de la sociedad industrial, se valora el logro la movilidad y el progreso, el desempeño eficiente y el desarrollo individual.
 
En otro estudio, basado en la teoría de motivación-higiene de Frederick Herzberg, Victoria Nonantzine examina a un grupo de 90 personas (50% mujeres) que laboraban en una institución de crédito (funcionarios con estudios profesionales y comerciales), una de arrendamiento (ejecutivos y empleados con estudios profesionales y comerciales) y una de educación (empleadas recepcionistas, con estudios comerciales) de la ciudad de México.
 
De los cinco factores motivadores (logro, reconocimiento, trabajo en sí, responsabilidad y desarrollo), los tres primeros son mencionados también como causantes de insatisfacción en su ausencia. De los ocho factores higiénicos, todos fueron expresados como insatisfactores si estaban ausentes y satisfactores si se encontraban presentes, con excepción de las condiciones de trabajo.
 
Los principales factores motivadores son: el logro, el reconocimiento y el desarrollo. Los factores higiénicos más frecuentemente mencionados como causantes de insatisfacción son supervisión y relaciones interpersonales. Este estudio encuentra diferencias según el nivel educativo, la jerarquía y el sexo.
 
Brehm y Muller, utilizando también la teoría de Hezberg, estudiaron en 1982 una muestra de 347 ejecutivos (directores, gerentes generales y gerentes de segundo nivel, graduados del IPADE), de las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey, pare conocer sus índices de satisfacción. El índice intenta medir las necesidades que el personal busca satisfacer al trabajar en una empresa: trabajo, dinero y prestaciones, desarrollo personal, oportunidades, condiciones físicas, comunicación, grupo de trabajo, productividad, compañía en general.
 
Brehm y Muller concluyen lo siguiente: las áreas de alta importancia y baja satisfacción agrupan a las necesidades relacionadas con la organización: jefe, productividad, grupo de trabajo. Por su parte, las áreas de baja importancia y alta satisfacción son el trabajo mismo, el desarrollo personal, las condiciones físicas, los sueldos y las prestaciones.
 
Muñoz Izquierdo (1987), basado en una encuesta nacional, examina las actitudes ante el trabajo personal, las relaciones con la jerarquía en el trabajo y algunos aspectos económicos y sociales del mismo. De las actitudes ante el trabajo personal, estudió la satisfacción, el orgullo, la valoración del trabajo en relación con el descanso, la orientación hacia el logro y la libertad de decisión.
 
Los entrevistados señalaron el grado de satisfacción: 90% eligió valores de 50% en adelante; 57% escogió entre 80 y 100%. Los más satisfechos desempeñan altos cargos y los menos satisfechos son los obreros y los campesinos. Por otra parte, 84% afirma sentir mucho o bastante orgullo por su trabajo. Las respuestas en relación con la orientación hacia el logro reflejan conductas orientadas hacia metas de superación personal, así como la disposición a desempeñar tareas para ello; 62% de los entrevistados tuvo índices de motivación entre 60 y 100%. Como era de esperar, las respuestas de quienes desempeñan altos cargos se concentran alrededor de los mayores índices de orientación al logro y los bajos índices corresponden a personas de menores ingresos. Lo mismo se observa en la correlación entre la orientación hacia el logro y la escolaridad.
 
Responsabilidad con dignidad. Alduncin (1986) estudió las motivaciones para trabajar, que son función de los valores individuales y sociales. Las cualidades de un buen trabajador y de un buen compañero reflejan la valoración de los mexicanos en relación con el trabajo.
 
Sin duda, la responsabilidad es el atributo más importante en un buen trabajador, cualidad más reconocida por ambos sexos conforme aumentan los ingresos. Le sigue, pero con estima casi 50% inferior, el ser activo, y después inteligente, ordenado y puntual. Todos coinciden en dar la menor importancia a la agresividad y la independencia, pero la mujer aprecia menos la primera y el hombre menos la segunda; en general, los mexicanos consideran a los dos como características indeseables en un buen trabajador, a pesar de que es usual asociar tanto la agresividad como la independencia con la modernidad y las actitudes de logro que promueven el desarrollo económico. Para los mexicanos un buen compañero debe reunir cinco atributos: honrado, amigable, cooperativo, confiable y trabajador. La jerarquía de tales atributos varía con la edad, el sexo la escolaridad y el tipo de trabajo. Por ejemplo, quienes pertenencen al sector moderno menosprecian "ciertos rasgos a tal punto que bien pueden considerarse antivalores: desagrada un compañero de trabajo sacrificado, bromista, indiferente o exigente".
 
Puede notarse que existen grandes ambivalencias. ¿Cuál es pues el tipo de modernidad, o de transición hacia la modernidad, manifiesto en la cultura laboral en México? Alduncin concluye:
 
(...) definimos (los mexicanos) nuestro camino de desarrollo y modernización a través de la creatividad, la innovación, la cooperación y el entusiasmo (...). Creatividad e innovación, muy relacionados, expresan un potencial nuestro que se ha manifestado poco en el contexto del trabajo industrial y la producción.
 
Según este autor, hemos pagado un alto precio en la transición hacia la modernidad al degradar o perder valores como la obediencia, el respeto y el cuidado al hacer las cosas. La actitud en contra de la obediencia expresa un anhelo de ruptura del patrón paternalista y autoritario característico de la cultura mexicana, pero rebasa el ámbito del trabajo hasta lo familiar, político, educativo y religioso. Esta reacción es mas clara en la mujer. Con el respeto se presenta una situación análoga. Otros valores tradicionales, como la lealtad, la destreza y la constancia, resultan importantes, pero en un segundo plano. La puntualidad, por su parte, se asocia con lo moderno.
 
Cultura y situación personal. La amplia investigación de Muñoz Izquierdo demuestra que las valoraciones de los individuos están muy afectadas por ciertas variables situacionales como nivel jerárquico, sexo, edad, nivel de ingreso. Los factores siguientes son valorados como importantes en el trabajo:
 
CUADRO 7.2
 
LA VALORACION DEL TRABAJO
______________________________________________________
Factores %
______________________________________________________
 
Buenos ingresos 71.1
Tener compañeros agradables 58.2
Seguridad en el empleo 57.7
Tener responsabilidad 52.0
Que el trabajo sea útil para la sociedad 51.8
Que el trabajo se adapte a las capacidades de los sujetos 51.8
Que ofrezca oportunidades de ascenso 49.7
Que ofrezca oportunidades de lograr algo 47.6
Que ofrezca oportunidades de tratar a otros 47.1
Que el trabajo sea interesante 44.1
Buen horario 43.0
Que sea un trabajo bien considerado 38.0
Que haya lugar para la iniciativa personal 36.6
Que el trabajo se puade realizar sin demasiada presión 37.7
Vacaciones amplias 27.2
______________________________________________________
 
Los factores económicos (ingresos y empleo) son los más valorados y los relacionados con la comodidad del trabajador (buen horario, trabajar sin presión y disfrutar de vacaciones amplias) ocupan los cuatro últimos lugares, según las frecuencias de entrevistados que los mencionaron.
 
Esta valoración difiere según la ocupación, el tamaño de las organizaciones, las localidades y la edad de los sujetos entrevistados. Por ejemplo, los empleados tienen gran interés en trabajar con compañeros agradables y donde haya oportunidad de ascenso, así como en desempeñar trabajos que exijan responsabilidad. Por su parte, quienes ocupan altos cargos son los que principalmente prefieren trabajos que den lugar a la iniciativa personal y sean útiles para la sociedad e interesantes. En cambio, los campesinos manifiestan un menor interés en tener compañeros agradables, en las oportunidades de ascenso, en desempeñar trabajos que permitan la iniciativa personal, sean útiles para la sociedad, exijan responsabilidad y sean interesantes.
 
Muñoz Izquierdo encontró otras diferencias significativas. Los habitantes de zonas metropolitanas son quienes principalmente se interesan en tener compañeros agradables y oportunidades de ascenso. A su vez, quienes viven en ciudades de menor tamaño se inclinan, principalmente, hacia trabajos interesantes, que no exijan demasiada presión, y ofrezcan buen horario y vacaciones amplias.
 
Muñoz Izquierdo también comparó las respuestas proporcionadas por obreros sindicalizados y no sindicalizados: los primeros prefieren, en proporciones significativamente mayores, trabajos interesantes donde se puedan encontrar compañeros agradables, que ofrezcan seguridad laboral y oportunidades de ascenso, sean útiles para la sociedad y ofrezcan vacaciones amplias.
 
Asimismo, hay diferencias significativas según la edad. Los jovenes de 19 a 24 años se inclinan en mayores proporciones hacia trabajos interesantes; los de 25 a 34 tienen mayor interes en su desarrollo profesional, los de 35 a 54 son quienes en mayor proporción prefieren tener oportunidades de tratar a otras personas, y los mayores de 54 años-en mayor proporción- prefieren trabajos con amplias vacaciones.
 
Por otra parte, es importante entender a qué renuncian los individuos para dedicarse a su trabajo. Renuncian a las actividades siguientes, a las que se dedicarian en el caso de que se redujera la duración de su jornada laboral:
 
CUADRO 7.3
 
EL OCIO POSIBLE
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Actividades %
______________________________________________________
 
Estudiar 50.4
Buscar otro trabajo para aumentar ingresos 45.3
Abrir un negocio propio 31.2
Dedicar más tiempo a la familia y a las amistades 25.5
Hacer algo por los demás 20.2
Tener trabajo para no aburrirse 20.0
Entretenimientos preferidos 16.5
Descansar 5.5
______________________________________________________
 
Las actividades económicas y de superación personal ocupan los primeros lugares. Aquí también se encuentran diferencias por ocupación, tamaño de la empresa, tipos de localidad y edad de la persona.
 
Finalmente, respecto de la importancia del trabajo en la vida del sujeto dos terceras partes de los entrevistados opinaron que sería malo que, en lo futuro, disminuyera la importancia del trabajo en sus vidas.
 
Cultura y situación organizacional. Otro estudio de Arias Galicia (1988) basado en una muestra de 177 personas pertenecientes a tres tipos de organizaciones (modernas, tradicionales y pequeñas), demuestra que las organizaciones modernas tienden a proporcionar más satisfacción.
 
Los diversos tipos de empresas no exhibieron diferencias significativas en cuanto a la creencia en la capacidad de liderazgo e iniciativa de las personas. Pero en las empresas modernas las puntuaciones resultaron más altas en el factor "compartir información y objetivos".
 
El nivel de cumplimiento de las necesidades de seguridad en el empleo fue mayor en las empresas pequeñas y menor en las tradicionales. Las de autoestima resultaron casi iguales en las diversas organizaciones. La insatisfacción de necesidades de seguridad es mayor en las organizaciones tradicionales.
 
Acuerdos y contradicciones. Si alguna enseñanza proviene de esta revisión de la bibliografía es evitar generalizaciones sobre la relación cultura y trabajo. Ciertamente se observan cambios importantes en la mayoria de los grupos sociolaborales, pero también permanecen algunos valores tradicionales muy arraigados. Hemos visto que el nivel de ingresos, la edad, la ocupación y el sexo son factores que provocan diferencias en los valores, actitudes e intereses laborales.
 
Se han formulado varias teorías que asocian valores característicos del trabajo con las categorias de tradición y modernidad. Por ejemplo, Alduncin también descubrió los principales motivos de los mexicanos para laborar: mantener a la familia, tener dinero, satisfacer aspiraciones, educar a los hijos, y comer y vivir
 
Sin embargo, en relación con el ingreso se presentan contrastes. En resumen, las motivaciones afiliativas, aquellas que impulsan a trabajar por alguien y no por uno mismo (mantener a la familia, educar a los hijos, comer y vivir), bajan al incrementarse los ingresos. Las centradas en el desarrollo y los objetivos individuales ascienden con el ingreso (para satisfacer aspiraciones, para aprender e incluso trascender y por gusto, que consideran el trabajo como un fin en si mismo). Esto corrobora empíricamente, para el caso de México, la teoría de Maslow.
 
El patrono y el empleado con mayores ingresos estiman antes que nada satisfacer las aspiraciones, mientras que el trabajador por cuenta propia, el obrero, el jornalero y el ejidatario consideran en primer lugar mantener a la familia, en segundo tener dinero y en tercero comer y vivir. Educar a los hijos ocupa el cuarto sitio en todas las categorías.
 
El estudio de Alduncin es similar a uno de Díaz Guerrero. Entre los dos estudios hay diferencias que no permiten compararlos rigurosamente. Empero, es posible explorar algunas tendencias del cambio ocurrido en 16 años.
 
En 1967 se observaba gran coherencia en las valoraciones de las clases socioeconómicas alta (A), mediana (M) y baja (B). Las motivaciones principales son mantener a la familia, la educación de los hijos, y comer y vivir.
 
CUADRO 7.4
 
CLASE SOCIAL Y MOTIVACIONES PARA EL TRABAJO
______________________________________________________
 
Díaz Guerrero Alducin
Motivaciones 1967 1981
B M A B M A
______________________________________________________
 
Mantener a la familia 1 1 1 1 1 2
Educación a los hijos 2 2 2 4 3 3
Comer y vivir 3 3 3 3 4 6
Por el progreso de México 4 4 5 7 6 4
Por gusto 5 5 4 5 5 5
Por dinero 6 6 6 2 2 1
Porque no hay alternativa 7 7 7 6 7 7
______________________________________________________
 
En contraste, en 1981 hay una dispersión considerable. Sobresalen dos cambios conforme aumenta el ingreso de las personas: la revaluación de un motivo (por el progreso de México) y la devaluación de otro (comer y vivir). Es interesante el avance que registra trabajar por dinero: del penúltimo sitio en 1967, al segundo-para las clases bajas y medias-y al primero-para la alta-en 1981, lo cual sugiere que hoy el trabajo se percibe claramente como medio para enriquecerse, pero no solamente para comer y vivir sino pancipalmente para otros fines no indicados, pero que probablemente tengan que ver con el estatus y el consumo a lo moderno.
 
Un tema controvertido es el papel que juega el salario en la motivación laboral. Alduncin analiza la percepción de la remuneración y su relación con el trabajo desempeñado, por tipo de tarea, ingreso y sexo. De las personas encuestadas en diciembre de 1981, casi 70% considero ester bien pagada, aunque 50% dijo merecer más sueldo. Las categories arriba de la media que se consideran retribuidas satisfactoriamente son negocio familiar, patrono y ejidatarios que además no les preocupa merecer más sueldo. En lugar inferior se situa el resto: obrero, cuenta propia, otros, empleado y jornalero. Quienes poseen medios de producción están satisfechos a pesar de que su ingreso puede no ser alto o incluso menor al que podrian aspirar, como ocurre con muchos ejidatarios y negocios familiares.
 
Asimismo, es muy interesante la correlación positiva entre las creencias de estar bien pagado y merecer más sueldo a medida que sube el ingreso. Es decir, no obstante una apropiada remuneración, o precisamente por ella se produce insatisfacción.
 
Muñoz Izquierdo exploró también las percepciones acerca de cómo se practica (o se deberia practicar) la justicia distributiva. Entre quienes con frecuencia se sienten explotados se encuentran los obreros. Se les planteó un caso hipotético en el cual se aumentaba el salario de una persona por haber trabajado de manera más eficiente que los demás. Aunque la mayoría de los entrevistados consideró como justo tal aumento, entre quienes están en desacuerdo predominan los obreros y entre quienes están de acuerdo, los más jóvenes.
 
Cambio cultural en organizaciones. Para terminar esta revisión de los estudios sobre la cultura del trabajo en México haremos mención de dos casos exitosos de cambio cultural en empresas: Conductores Latincasa y Grupo Vitro.
 
Latincasa instaló en 1977 una planta en San Luis Potosí, ciudad sin tradición industrial, con una cultura del trabajo distinta de la exigida por la empresa. Estas son las reflexiones de tres psicólogos involucrados en un proceso de adaptación cultural:
 
(...) la población llega del medio rural sin una estructura laboral, mental y productiva previa (...).
 
Puede venir el trabajador de un taller pequeño o de un pequeño comercio (...) y de pronto se ve inmerso en una estructura nueva donde para comenzar no se le permite la entrada sino hasta llenar ciertos requisitos (...) e ingresa a trabajar con un jefe desconocido por el cual no siente respeto moral y con unos compañeros deconocidos que además emiten conductas desconocidas para él en el trabajo (...), o sea que introducimos a una persona nueva con unos compañeros tambien nuevos en un lugar donde aún no hay otra cultura fuertemente determinada que permita asimilar a los nuevos miembros. En 1981 la rotación de personal en nuestra planta fue del 73.6%.
 
En 1984 la rotación era menos de la mitad de la de 1981. ¿Que sucedió en el área de recursos humanos? Consciente de la necesidad de "encontrar soluciones adecuadas a nuestra cultura y realidad mexicanas", buscó que cada jefe administrara a sus subordinados de acuerdo con las necesidades de la empresa, pero "consciente de los valores humanos de cada persona". La empresa estableció con claridad sus valores en relación con la administración de personal. En esta, por ejemplo, se quiere
 
que cada jefe inmediato tenga un seguimiento con el personal de nuevo ingreso, que se prolongue hasta el momento en que el supervisor considere que ha asimilado la cultura, las normas y los procedimientos y su productividad sea la adecuada.
 
Por otra parte, Vitro, empresa regiomontana, emprendió un proceso "para modificar la cultura organizacional hacia productividad y calidad", con base en los conceptos de administración participativa y calidad de vida en el trabajo. En primer lugar, se definieron los valores consistentes con los objetivos y las estrategias de la organización. Los ocho componentes de calidad de vida en el trabajo, para los cuales se definieron los valores asociados, los usos y las costumbres derivados y algunas prácticas funcionales fueron: compensación adecuada y equitativa, ambiente de trabajo seguro e higiénico, oportunidad para utilizar y desarrollar la capacidad de los individuos, oportunidad de crecimiento, significado social del trabajo desempeñado, balance entre el trabajo y otros componentes de la calidad de la vida y constitucionalismo en el ambiente de trabajo.
 
LA BUSQUEDA DE EXPLICACION EN LA MEXICANIDAD
 
Consideramos que lo esencial de la cultura está en un modo de ser del hombre, aun cuando en éste no exista impulso creador.
SAMUEL RAMOS.
 
E.K.: ¿De qué está hecha, en dos palabras, la actitud sajona con respecto al mundo hispánico?
 
H.T.: De tres palabras: ignorancia, prejuicio y fascinación.
 
E.K.:¿Cuál de las tres prevalece?
 
H.T.: Me temo que la primera.
 
Introducción
 
La cultura nacional es para la colectividad lo que la personalidad es para el individuo. Así, la cultura determina la identidad del grupo de manera similar a como la personalidad influye en la identidad del individuo.
 
Mexicanos y extranjeros han intentado indagar acerca del ser nacional, de sus aptitudes, motivaciones y valores. La tarea ha sido de filósofos, historiadores, psicólogos, sociólogos, antropológos, literatos, viajeros, periodistas: José Vasconcelos, Antonio Caso, Samuel Ramos, Leopoldo Zea, Jorge Portilla, Emilio Uranga, Jorge Carrion, José Gaos, Salvador Reyes Nevares, Abelardo Villegas, José Moreno Villa, Alfonso Reyes, Rogelio Díaz Guerrero, Santiago Ramírez, Francisco González Pineda, Aniceto Aramoni, Eric Fromm, Raúl Béjar, Ma. Luisa Rodríguez Sola, Oscar Lewis, José E. Iturriaga, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Víctor E. Molina, Alan Riding, Roger Bartra. Así se han construido explicaciones y también generalizaciones excesivas, mitos, estereotipos.
 
Los puntos de vista son a veces similares, a veces contrarios y hasta contradictorios. Para Octavio Paz, la preocupación por la caracterización y sentido de las singularidades de la cultura mexicana no es superflua:
 
Lo que nos puede distinguir del resto de los pueblos no es la siempre dudosa originalidad de nuestro carácter-fruto, quizá, de las circunstancias siempre cambiantes-, sino la de nuestras creaciones.
 
Pero hay visiones contrarias. Roger Bartra afirma que
 
el carácter del mexicano es una entelequia artificial: existe principalmente en los libros y discursos que lo describen o exaltan (...) solo tiene, digamos, una existencia literaria y mitológica (...) es una construcción imaginaria que ellos mismos hen elaborado. En realidad, los ensayos sobre "lo mexicano" se muerden la cola.
 
Sin embargo, para nuestros fines, no podemos desconocer que la cultura mexicana es el marco donde se ubican las culturas organizacionales. Obviamente, hay diversas culturas organizacionales, pero existen algunos denominadores comunes a ellas-surgidos de las ideas, valores y sistemas simbólicos compartidos en la cultura nacional. Por ejemplo, Hofstede ha identificado cuatro características que permean las culturas organizacionales mexicanas: alto índice de distancia frente al poder, alto índice de temor a la incertidumbre, bajo índice de individualismo y alto índice de masculinidad. Un alto índice de distancia frente al poder repercuta en que las organizaciones sean más centralizadas y en que el estilo de liderazgo sea predominantemente autocrático y paternalista; un bajo índice de individualismo trae como consecuencia que los empleados se comprometan con su organización de una manera moral, a cambio de que esta les cuide como si fueran sus hijos, y que los gerentes tiendan a ser más tradicionales y valoren más su seguridad y sus relaciones.
 
Pero veamos que dicen los estudios sobre el mexicano, los cuales, de una manera u otra, han sido el punto de partida para las investigaciones acerca de la cultura del trabajo en México.
 
Los estudios de lo mexicano
 
Antes de iniciar este repaso, convendría plantear una visión de conjunto acerca de la cultura mexicana. Elsa C. Frost afirma que todo se reduce en última instancia a precisar la importancia del elemento indígena, lo más radicalmente nuestro.¿Cultura mestiza o criolla? Somos occidentales e hispanoamericanos, pero con ello no logramos distinguirnos de otros pueblos con la misma tradición y las mismas trayectorias. Y, al parecer, el elemento que nos hace peculiares es el indígena.
 
(...) si se concede que México es algo más que una nueva España es porque se toma en cuenta la presencia del indio. Ahora bien, desprovisto ya por entero de su tradición cultural o conservando sólo algunos restos (...) su influencia será casi imperceptible, semejante a la de la sierra misma. Se tratara, en tal caso, de una cultura criolla (...).
 
Pero si, por el contrario, aceptamos (...) que la cultura precortesiana no fue destruida del todo y que ha ido permeando lentamente lo impuesto por la Conquista, habremos de concluir que la cultura mexicana es mestiza.
 
Con base en el examen de cuatro aspectos culturales-político, literario, religioso y artístico-Frost concluye:
 
A partir de la Independencia es posible comprobar en la cultura mexicana una tendencia consciente hacia la recuperación indigena (...) hacia la mestización, que parece haberse alcanzado ya en aquellos sectores en que una tradición indígena mas rica propició el trabajo.
 
Una vieja manía nacional ha sido aislar la esencia de lo mexicano definirla, robustecerla, identificar sus raíces, buscarle desarrollos e influencias. El historiador Luis González y González escribió lo siguiente:
 
Lucas Alamán diagnostica por 1850 la ciclotimia del ser de México, la trayectoria fluctuante de la autoestimación nacional. A periodos de fe en las riquezas efectivas y potenciates del país, en la aptitud física e intelectual de sus hombres y en su ejército, suceden etapas de melancolía, de una profunda sensación de inferioridad étnica y geográfica, sentir contra el que se reacciona en seguida para caer otra vez en actitudes de engreimiento y sobrestimación.
 
La oscilante línea de sentires y creencias sobre México y los mexicanos es sin duda efecto de vicisitudes históricas nacionales y también causa de las mismas. Las etapas de nacionalismo ufano suelen darse en épocas de bonanza económica, innovaciones culturales y concordia social (...). Las etapas de depresión nacen en horas de crisis, esterilidad y desasosiego.
 
En esta discusión acerca de nuestro carácter cultural han participado diversos pensadores. Revisemos ahora algunos estudios filosóficos, psicosociológicos y literarios de lo mexicano.
 
La perspectiva filosófica plantea preguntas en relación con el ser, con base en dos tendencias. Una se base en la proposición según la cual toda filosofia está determinada por la circunstancia peculiar en que se da; Reyes, Caso, Uranga, estudian al mexicano como tal, al margen de los demás hombres. La segunda tendencia pretende conocer las peculiaridades del mexicano en un contexto universal, aspecto desarrollado principalmente por Zeal la preocupación por explicar la realidad que rodea al mexicano se inicia en el siglo xx con Caso y Vasconcelos. Dice Abelardo Villegas:
 
La Revolución representa para Caso el momento catártico en que, liberados de un orden falso y nocivo que pretendía deformarnos, tendemos la vista hacia adelante pare saber que es lo que nos conviene, e inmediatamente nos damos cuenta de que "los mexicanos todos habremos de seguir siendo mexicanos; esto es, llevaremos implicitas las limitaciones y determinaciones de nuestra historia".
 
Otra motivación que llevó a Caso a profundizar acerca del mexicano fue la necesidad-según él-de crear instituciones, formas de gobierno, regímenes políticos y sociales adaptados a las condiciones geográficas, políticas, históricas y culturales del país, para dejar de imitar lo europeo y lo norteamericano.
 
La inquietud de Vasconcelos es similar. Según él, el iberoamericano contrapone al anglosajón un amplio espíritu de comprensión, libertad espiritual ajena a todo prejuicio y limitación, características de la conciencia europea, independientemente de sus pretensiones de universalidad.
 
Samuel Ramos publicó en 1934 El perfil del hombre y la cultura en México, donde apunta vicios y defectos de la psicología del mexicano particularmente su tesis del complejo de inferioridad.
 
Tal vez nuestros errores son errores de juventud que la madurez corregirá. Nuestra psicología es la de una raza en la edad de la fantasía y la ilusión que sufre por ello fracasos hasta que logre adquirir un sentido positivo de la realidad. Creo en la salvación de México, porque nuestra raza no carece ni de inteligencia ni de vitalidad.
 
Leopoldo Zea, en Conciencia y posibilidad del mexicano, parte del "extraordinario cambio que está sufriendo la conciencia del mexicano al enfrentarse a su realidad (...). El mexicano va adquiriendo una gran seguridad al expresar lo que considera, como propio, sin timidez ni ocultaciones. Por su parte, Uranga, en Análisis del ser del mexicano", intenta hacer una ontología; segun este autor el mexicano es el ser accidental, un ser que sufre no un complejo de inferioridad, sino una inadecuación en relación con las exigencias de su medio ambiente.
 
El estudio del mexicano mediante la psicología y el psicoanalisis ha sido obra de Santiago Ramírez, Francisco González Pineda, José Gómez Robleda, Aniceto Aramoni, entre otros. Según Ramírez, la mayor parte de las perturbaciones del mexicano actual son debidas al choque entre dos culturas: la indígena y la española. El español impone su cultura tanto al indígena como al mestizo. La repercusión en la estructura mental de los indígenas y mestizos dejó, principalmente en los últimos, rasgos mentales que perduran hasta la fecha.
 
El mestizo va a equiparar paulatinamente una serie de categorías: fuerza, masculinidad, capacidad de conquista, predominio social y filiación ajena al suelo, van a cargarse con fuerte signo masculino. Debilidad, femineidad, sometimiento, devaluación social y fuerte raíz telúrica, serán rasgos femeninos e indígenas.
 
González Pineda aborda algunos aspectos de la psicología de México como pueblo y llega a la conclusión de que el Yo nacional es esquizoide. El Yo esquizoide, en su imposibilidad de establecer contacto genuino y total con los objetivos exteriores, con la realidad, busca siempre en ellos una proyección interna parcial, por lo que deforma la realidad. Necesita estudiarla, la quiere imitar, la percibe como demasiado ideal y quiere ser como sus idealizaciones para evadir su propia realidad, muchas veces insoportable.
 
Aramoni estudia mediante el psicoanálisis los rasgos del machismo, sus implicaciones sociopsicológicas y criminológicas. Analiza los antecedentes históricos de la familia, en especial el papel de la madre en la formación de ese rasgo, que el autor hace exclusivo del mexicano. Esto es resultado de un sentimiento de minusvalia, al que se agrega un pasado histórico que sigue influyendo sobre él.
 
Dos puntos de vista literarios acerca del carácter y modos de comportamiento del mexicano pertenecen a las obras de Alfonso Reyes y Octavio Paz. En La x en la frente Reyes ve al mexicano reservado, mesurado, sobrio y desconfiado, y estas cualidades lo predisponen a ser un pueblo científico por excelencia. Habla del mexicano europeizado, de la magnanimidad al poner apodos, de sus necesidades físicas y de sus posibilidades de iniciar cualquier tema universal, sin por ello dejar de ser mexicano.
 
En nuestro pueblo, como en todos, hay, pues, características manifiestas y cualidades posibles o latentes, que aún no se han revelado por las estrechas circunstancias de angustia vital en que nos desenvolvemos hasta ahora.
 
()
 
Entre las características manifiestas y las virtudes latentes hay una gama intermedia de indicios, que nos permiten desde ahora sospechar algunos desarrollos futuros de nuestro pueblo, cuando se lo ponga en situación de crear en el bienestar.
 
Uno de los estudios indispensables es El laberinto de la soledad, publicado por primera vez en 1950. Muchos de sus conceptos continúan siendo empleados: la máscara, el ninguneo, el mexicano como fruto de la violación. Dice Paz acerca de nuestro hermetismo:
 
Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa. Plantado en su arisca soledad, espinoso y cortes a un tiempo, todo le sirve para defenderse: el silencio y la palabra, la cortesía y el desprecio, la ironía y la resignación (). En suma, entre la realidad y su persona establece una muralla, no por invisible menos infranqueable, de impasibilidad y lejanía. El mexicano siempre esta lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos, también de sí mismo.
 
Y de la significacion de la fiesta, ocasión de abrirnos, de participar, de comulgar con los semejantes, de liberarnos, así sea momentáneamente:
 
El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos.
 
Antes de terminar este repaso, conviene referirse a algunas tendencias en el análisis cultural en México, planteadas por Joaquín Peón, que impiden un entendimiento más objetivo y crítico de la cultura en las organizaciones.
 
o Psicologismos simples. Con frecuencia se habla de cultura en términos de actitudes o de conductas. Una cosa son los rasgos de la personalidad y otra los valores o creencias de las personas. Lo cultural se adquiere en un medio ambiente, grupo social o incluso en una organización, porque los miembros de esa familia o unidad social ya comparten y asi imponen esa interpretación de la realidad y ese sistema de creencias y valores o de formas de responder a su medio ambiente.
 
o Superficialismo mágico. En algunas organizaciones se trata el tema de la cultura con superficialidad y como algo mágico. En el análisis cultural, los hechos hablan con mucha más fuerza que las palabras.
 
o Cultura ideal y cultura real. La cultura de una empresa no es lo que se manifiesta en su misión organizacional o en su declaración de filosofía o en su listado de valores. Esto es sólo un listado de deseos, que normalmente nada o muy poco tiene que ver con la realidad cultural.
 
o Patrioterismo. Tendencia a exagerar las virtudes de lo mexicano creando mitos y visiones utópicas.
 
Antinacionalismo y malinchismo. Tendencias a la autodenigración y a la exaltación de lo extranjero.
 
o Estereotipismo. Descripción repetitiva de rasgos culturales del mexicano, basada en mitos comunes más que en una investigación seria. Por ejemplo, se dice que el mexicano es flojo y esto puede convertirse en profecía autocumplida.
 
Los valores de los mexicanos
 
Al revisar la bibliografía sobre la cultura de trabajo en México hicimos referencia a dos estudios-basados en encuestas nacionales-sobre los valores; ellos muestran las bases que motivan y guían la toma de decisiones y el comportamiento de los mexicanos (de los ochenta) o intentan descubrir y explicar las motivaciones y aspiraciones más profundas de los hombres y las mujeres de nuestro país, con el fin de proporcionar una base para comprender y darle significado a las acciones sociales, con lo cual los motivos, las intenciones y la conducta, tendrían sentido. Los estudios no tratan de conocer al mexicano, sino los valores y actitudes concretas de conjuntos de mexicanos, hombres y mujeres, en situaciones y circunstancias específicas.
 
Las investigaciones obtuvieron resultados similares y complementarios; detectaron valores tradicionales y nuevos, y representan un complemento de los estudios mencionados en el inciso anterior. Una de ellas proporciona además un perfil sociopsicológico, basado en una tipología (Ackoff-Emery) relacionada con la modernidad.
 
El tipo principal en México es el interactivo la postura interactiva se relaciona con el antimodernista, para quien se deben desarrollar fuerzas hasta ahora negadas y reprimidas. Este tipo abarca entre 50 y 60% de los mexicanos según la actitud de que se trate, con dos excepciones: las actitudes ante las costumbres y tradiciones y ante el éxito.
 
Esto puede indicar que el mexicano, al sentir la pérdida de sus usos y legados por generaciones, reaccione defensivamente. Lo segundo revela un anhelo de progreso e incorporación al mundo moderno. Las dos circunstancias ponen de relieve que en cierta medida hemos pérdido raíces, sin llegar todavía al desarrollo y bienestar que pretendemos..
 
De las encuestas sólo tomaremos algunos datos significativos. Según una, el orgullo de ser mexicano alcanza un índice de 9 sobre 10; 65% de los entrevistados se sienten muy orgullosos. Pero más de la mitad-según la otra-están insatisfechos con los logros nacionales.
 
La laboriosidad es un valor en el mexicano, pero es valor subordinado. Si se ven las cualidades que deben fomentarse en los niños, las pasivas (buenos modales, sentido de responsabilidad, honestidad con los demás, obediencia, tolerancia y respeto por los demás) están muy por encima de las activas (independencia, imaginación, sobriedad y espíritu de ahorro, determinación y perseverancia, sentido de mando y liderazgo). La responsabilidad es el atributo sobresaliente del buen trabajador y al final de la escala están la agresividad y la independencia.
 
En el sentimiento, las actitudes, las valoraciones y los comportamientos, la familia aparece como la institución social fundamental. Pero la confianza en otras instituciones sociales es apenas regular. Al parecer los mexicanos no confiamos mucho en los demás: respuestas muy comunes fueron "debemos proceder con cautela" y "hoy la gente está menos dispuesta a ayudar". La confianza mutua entre jóvenes y viejos es baja.
 
El mexicano tiene una moral bastante estricta, más espontánea que conceptual, muy privatizada y poco orgánica. Por otra parte, su fe en Dios y su religiosidad son muy altas.
 
Entre otros resultados se observa que la mujer "se ha revalorado ante si misma y ante los demás". "Vive el proceso de modernizacion." Pero para los mexicanos de menor escolaridad e ingreso los papeles primordiales de la mujer siguen siendo el cuidado familiar, la atención del hogar y la procreación.
 
Con base en las encuestas se puede afirmar que los valores han cambiado en México. En las investigaciones revisadas se detectan diferencias según la edad, la escolaridad, el ingreso, el sexo y el tamaño de las localidades donde residen los mexicanos. Muchos de los cambios se asocian al avance de la modernización, la urbanización y la escolarización. Pero también se fortalecen valores: la familia es el espacio vital fundamental y punto de referencia para otras realidades; la religiosidad es altamente significativa, y la patria, entendida como la gran familia, como estilo compartido, como sensibilidad compartida, sigue siendo válida para los mexicanos.
 
Las investigaciones señalan la tendencia de los cambios, indican lo que otros muchos signos están ya diciendo. Para un historiador
 
de lo visible a simple vista (...) se deduce que (...) la quiebra de los valores establecidos es un hecho, que la juventud mexicana de ahora rompe con el pasado. Todo presente da la impresión de ser ruptura del pasado, pero el actual quizá no sea un presente típico (...). Desde mediados del presente siglo se percibe la decrepitud galopante de las creencias y las costumbres de la modernidad y el asomo de algo todavía sin nombre (...).
 
(...) Lo razonable es oir sin aspavientos los indicios del futuro inmediato (). Irrumpe en esta nación, igual que en otras muchas, un nuevo modo de sentir y un nuevo modo de pensar.
 
 
CONCLUSIONES
 
Ahora que las corrientes modernas de administración están poniendo atención en la cultura, resulta indispensable reflexionar acerca de los aspectos de la cultura mexicana-en transición hacia la modernidad-que probablemente no hemos sabido detectar, respetar y desarrollar en las organizaciones.
 
Diversos autores extranjeros interesados en la administración comparativa han reconocido que los logros y los medios que utilizan los gerentes en diversos países, a pesar de que hacen tareas similares, son influidos por sus creencias, costumbres y valores, los cuales están conformados por el entorno en que operan. Por ello se cuestionan la adaptabilidad de las teorías y técnicas administrativas y se han interesado en los efectos de la transferencia de tecnologías administrativas. En muchos casos, hay un supuesto implicito acerca del trasfondo cultural: las actitudes y los valores de los mexicanos son tradicionales (no modernos), lo cual impide la eficacia y la eficiencia de las organizaciones. Pero no es posible afirmar que hay culturas inferiores o superiores; sólo hay culturas distintas.
 
Eva S. Kras ha detectado los aspectos del estilo administrativo norteamericano que a su juicio son adaptables a México, "aquellos que ya están en proceso de cambio". Sin embargo, conviene referirnos a los que ella considera no adaptables:
 
hay cierto número de tradiciones y valores culturales de profundo arraigo en la sociedad mexicana. Se perciben en todos los aspectos del mundo del trabajo (...). Estos son valores que ningún mexicano desea perder o cambiar y que por eso no se veran afectados básicamente por ninguna idea nueva o método importado.
 
Kras menciona entre aquéllos a la familia ("prioridad fundamental. Afectará por este hecho en forma permanente, las actitudes hacia el trabajo y la movilidad"), la sensibilidad ("rasgo de la personalidad asociado con el sentido estético (...). Por eso, se debe estar consciente de la necesidad de la diplomacia para evitar lastimar susceptibilidades (...) todas las manifestaciones del sentido estético continuarán en la situación del trabajo"), el tiempo ("el mexicano medio sigue 'trabajando para vivir' y los aspectos del placer dentro de su vida siguen siendo muy importantes en su punto de vista general. El tiempo se sigue considerando una restricción muy molesta, vinculada con su vida de trabajo"), la ética ("si se la entiende como una veracidad en el sentido absoluto, seguirá influida por la prioridad aplicada al evitar confrontaciones y pérdidas de prestigio"), el estatus y el logro ("La influencia persistente de familiares y amistades en la vida privada y en la vida profesional es incuestionable. Por eso, los ascensos (...) seguirán fuertemente influidos por los contactos familiares y los amigos influyentes. Por eso, el logro seguirá ocupando un segundo lugar en términos de reconocimiento y de status").
 
Podemos estar o no estar de acuerdo con las conclusiones de la investigación de Kras, pero es inteligente seguir estudiando las dimensiones culturales en México que conforman la vida organizacional y los estilos de liderazgo y dirección.
 
En los últimos quince años hemos escuchado innumerables explicaciones, análisis y diagnósticos de las causas de la crisis de México. La evolución del país ha ido dando forma a una manera particular de ser, pensar y actuar que, convertida en cultura, engloba e influye en nuestras acciones. Uno de los componentes que engloba la cultura es la valoración y las actitudes hacia el trabajo. Diversos países asiáticos, limitados en recursos naturales, cuentan al parecer con culturas más preparadas que la mexicana para hacer presencia en el mundo actual.
 
¿Es posible cambiar la cultura organizacional y laboral? ¿Es deseable? ¿Hacia dónde debería cambiarse? ¿Cuales valores típicos de la sociedad mexicana o de la cultura contemporánea universal favorecerán más el desarrollo de las personas dentro de las organizaciones mexicanas? ¿Es posible potenciar algunos rasgos del mexicano?
 
Hay pocos escritos que exploran los rasgos de los mexicanos, no como algo que requiere cambiarse, sino potenciarse. Peón ha señalado algunas características del mexicano-mencionadas en las investigaciones sobre comportamiento laboral-que encierran un potencial. (Ver cuadro 7.5.)
 
CUADRO 7.5
 
RASGOS POTENCIALES DEL MEXICANO
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INDIVIDUALISMO
Característica Potencial
 
Orgulloso, terco Persistente
Aventurero Tomador de riesgos
Voluble Adaptable, flexible
Búsqueda de poder Influyente
Desconfiado de los elementos Calculador,previsor
Intuitivo Rapidez de respuesta
Criterio subjetivo Discriminar
Evitar ser igual Original
Improvisado Creativo
Despreocupado Enfrenta la incertidumbre
Oportunista Modifica normas poco
Funcionales
Idealista Altos retos
"Para mañana" Integrar su vida "hoy"
 
SOLIDARIDAD
 
Característica Potencial
 
Tendencia a agruparse Compartir, relacionarse
Leal Comprometido
Apasionado, emocional Sensible
Buen humor, relajado Disfrutar
Confia en el amigo Comprometerse
Temor a decidir solo Decidir en consenso
Espontaneidad No depender de estructuras
rigidas
Talentos creativos Crear
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El cambio de la cultura organizacional de una empresa es muy difícil. Requiere muchos años, un gran liderazgo, tecnologías de cambio (equipos de trabajo, sistemas sociotécnicos, circulos de calidad, etc.). Pero no se trata de imponer valores religiosos, económicos, familiares o sociales a trabajadores.
 
¿Qué debe hacer el administrador en México con el conocimiento acerca de la cultura mexicana, de las concepciones de los mexicanos acerca del trabajo? Los expertos aconsejan encontrar una misión común e implantar un programa de desarrollo organizacional, con un método gerencial y un tipo especial de liderazgo, así como ciertas técnicas en el trabajo. Todas estas dimensiones requieren del uso de simbolismos (por ej. crear lemas, héroes, triunfadores, ritos y rituales) y de buscar la excelencia para emprender el viaje al triunfo. Este es un valor en la modernidad. Los esfuerzos por lograr un cambio cultural en las organizaciones mexicanas en este sentido se observan cada día con más frecuencia.
 
Pero no debemos olvidar, al querer adoptar una teoría o una técnica para resolver una tarea o problema, averiguar su procedencia u origen cultural, y detectar los supuestos y valores básicos que conlleva, para ver si concuerdan, o son próximos, o son susceptibles de ser absorbidos por la organización que los recibe. Proceder de otro modo es exponerse al fracaso. En México hemos importado indiscriminadamente teorías, métodos y técnicas organizacionales de otros países. Y con frecuencia pasamos por alto, por ejemplo, que la cultura de Estados Unidos no tiene las mismas características que la mexicana. Desde los años ochenta estamos tratando de adoptar la moda japonesa y corremos el mismo peligro en que caímos al copiar los modelos norteamericanos. En Japón familia y empresa forman casi una unidad social; presentan una homogeneidad en el sistema de valores tanto familiares como de la organización; tienen una manera única de pensar e interactuar dentro de la organización. ¿Son estos elementos comunes a la cultura mexicana?
 
Desde los años ochenta se ha hablado mucho de excelencia. Se publican guías para la excelencia, pero tenemos que traducirlas a la realidad mexicana. La clave está en la propia cultura.
 
Los momentos de crisis y catastrofes en México han sido escenarios para mostrar algunos de nuestros valores: cohesión fraterna, laboriosidad, generosidad, iniciativa, creatividad, responsabilidad, etc. ¿Qué impide en las organizaciones mexicanas que dichos valores se muestren, sean operativos y se mantengan?
 
 
Caso 1. San Lunes
 
¿Cuáles eran las motivaciones para el trabajo de los artesanos mexicanos del siglo XIX? ¿Por qué y para que trabajaban? Si un administrador tomara como válida la descripción siguiente, ¿cuál sería su comportamiento para aumentar la eficiencia de los artesanos?
 
Manuel Payno, novelista del siglo XlX, ha hecho una descripción "San Lunes"-de lo que en términos modernos llamaríamos cultura del trabajo en México, cuando la estructura ocupacional era otra. Según el censo de 1895, la distribución de la población económicamente activa por categorías socioprofesionales era la siguiente:
 
Trabajadores agrícolas y de recolección 52.3 %
Artesania e industria 16.4
Propietarios rurales 6.1
Criados domésticos 5.5
Propietarios no agrícolas y empresarios 4.3
Servicios diversos 3.1
Empleados de establecimientos privados 2.2
Trabajadores de minas 1.8
Estado y clero 1.3
Trabajo intelectual 0.5
Otros; profesión desconocida 6.5
 
 
Pues bien, de la segunda categoría, Payno hizo la descripción siguiente:
 
Glorioso, magnífico, espléndido para los artesanos de México, no tienen durante la semana otra idea, otro pensamiento, otra ilusión. Desde el martes los días de la semana le parecen una eternidad; y sin embargo, trabajan y trabajan, velan y se fatigan, y se cortan las manos con los instrumentos y hacen los más grandes esfuerzos parea entregar la obra el sábado o domingo y todos estos sacrificios, todos estos afanes son porque de llegar tiene el glorioso, el suspirado San Lunes. jQuién piensa en el porvenir! jA quién le ocurre echar en una alcancia un poco, una mínima parte del jornal para que tengan siquiera que comer durante tres o cuatro días! (...). Los hijos andan sin zapatos, no pueden ir a la escuela porque no hay cuartilla para comprarle en caso de Abadiano un silabario y una tabla de cuentas; el casero toca la puerta, y no hay para pagarle la renta; la accesoria sin una silla; todo dada al diablo; pero ¡como ha de ser de otra manera! Es viernes ya jgracias a Dios! San Lunes esta cerca, es necesario sacrificarlo todo por este día sagrado que los artesanos mexicanos observan con más exactitud que los musulmanes el Ramadán. Sólo que entre los asiáticos es el ayuno, y entre los americanos la hartura, la indigestion y la crápula.
 
El domingo suele el artesano que no ha concluido la obra, trabajar medio día para entregarla a las doce y cobrar su precio o percibir el resto de su raya.
 
Algunos se quedan en su caso, se tiran en su petate cansados y fatigados del trabajo, se estiran, se revuelcan para hacerse ellos mismos una especie de masaje, que vuelve a las coyunturas cansadas su elasticidad, y concluyen por dormirse. Otros, los más arreglados y hombres de bien, ayudan a la mujer a peinar a los muchachos y salen muy planchados y limpios a la misa de doce en la porroquía, regresan, sacan sus sillas al patio de la casa de vecindad y se sientan al sol, a platicar con los vecinos. A la tarde, como buenos padres de familia, van a la maroma de la calle de Arsinas o a los títeres o entremeses del teatro de Alconedo; pero siempre hay algo secreto y reservado entre ellos y la familia, y es el San Lunes. Guardan lo que pueden de dinero, se marchan de la casa a escondidas, porque las mujeres o las queridas se oponen generalmente a las festividades de San Lunes, y regresan las más de las veces heridos o contusos, sin un ochavo en la bolsa, si no es que van a pasar la noche a la Diputación.
 
Caso 2. Alfabeto, pan y jabón
 
¿Cuál era la jerarquía de necesidades de la mayoría de los mexicanos a la mitad del siglo XX? Si un administrador comprometido con la excelencia de su organización tomara como válida la descripción siguiente, ¿cuál sería su comportarniento para desarrollar las cualidades de los trabajadores mexicanos? ¿Qué impide en las organizaciones mexicanas que el potencial de la gente se muestre, sea operativo y se mantenga?
 
Alfonso Reyes, humanista del siglo XX mexicano, en sus reflexiones sobre el mexicano hizo, antes de que el país entrara de lleno a la industrialización, una descripción útil desde el punto de vista de la cultura del trabajo en México: "Alfabeto, pan y jabon":
 
Dejarse guiar por los ojos no es un mal método, a condición de andar sobre aviso. A primera vista, lo que más resalta e impresiona es la pobreza general de los mexicanos. Acaso sea nuestro mal por excelencia (...).
 
Hay dolores fecundos; hay amarguras que hunden, pero luego hacen rebotar, o rebrotar, desde el fondo las virtudes humanas. La pobreza misma, la "fiel compañera de Grecia" que decían los antiguos, modela excelencias nacionales. La lucha contra los ambientes impropicios engendra el músculo de las grandes civilizaciones, mucho más que las gratuidades de los paraisos terrenos. Pero si la escasez o el obstáculo aniquilan la posibilidad, es decir la esperanza humana, entonces los pueblos simplemente se desnutren y se consumen.
 
(...) Cuando la lucha es elemental y áspera, cuando el poco dinero está en manos de los gobiernos, y los hombres se disputan ansiosamente los cargos públicos como único medio de tener comida y respeto ¿A dónde irán las cualidades latentes? Se desarrollan la garra y los colmillos, no la inteligencia ni la conducta. ¿El perfil del hombre mexicano, Samuel Ramos, amigo admirado y querido? Lo veremos claro cuando alimentemos a nuestro hombre, cuando lo reconciliemos con la existencia, cuando pueda disfrutar de cierta autarquía.
 
¿Cual será entonces este perfil? ¿Qué dara de si nuestra gente cuando haya resuelto y edificado la base de sustentación? (...). Hasta hoy todos vivimos aquí un poco a trompicones, y menos mal los que de veras podemos llamarnos privilegiados. Pero nosotros mismos traemos cara de mala conciencia. Sabemos que hay cadáver en la bodega. Cuando pensamos en el país, vagamente nuestra subconsciencia nos representa inmensos reductos de poblaciones que arrastran una existencia infrahumana. ¿Qué será este pueblo, una vez que todos sus hombres hayan tenido acceso al Hombre? Entonces, y sólo entonces, sabremos lo que da de sí nuestro pueblo.
 
(...) "Alfabeto y jabon", decía hace años José Vasconcelos, pensando en la necesidad de reconstruir biológica y culturalmente nuestra sustancia humana. Alfabeto, pan y jabon, hay que decir. Y todo lo demás se os dará por añadidura.
 
 
Caso 3. La indisciplina, el desorden y el "ahí se va"
 
Imagínese a un gerente de una empresa mediana en México a quien se ha confiado un programa de calidad-productividad. Esta persona cree que los rasgos predominantes de la cultura laboral mexicana son la indisciplina y el desorden, el "ahí se va" y el "valemadrismo", la mediocridad, la irresponsabilidad, el incumplimiento, la impuntualidad, el faltismo. ¿Qué éxito le augura?
 
Victor E. Molina escribió con desenfado, en la década de los ochenta del siglo XX, dos libros acerca del mexicano. De ellos entresacamos algunos párrafos que reflejan los rasgos antes mencionados.
 
o Botellas de refrescos vacías o a medio consumir sobre los escritorios, cajas con documentación revuelta por todos lados, polvo, papeles útiles o inútiles en el suelo, archivos desordenados donde cada quien toma lo que le viene en gana y nadie regresa nada a su lugar; (...) personal que llega tarde, corrillos por todas partes (...). Jefes que no dan ejemplo y exigen a veces a los demás lo que ellos no cumplen (...). Relojes parados o siempre atrasados por faIta de atención (...).
 
Letreros con instrucciones que nadie cumple (...). El tablero de avisos lleno de comunicaciones meses atras colocadas. Los sanitarios sucios, faltando siempre papel (...).
 
La pachorra para que los obreros inicien las labores no superados por los empleados; el poco interés por hacer bien el trabajo; la búsqueda de pretextos para no laborar o hacer lo menos posible (...); los frecuentes errores que provocan pérdidas a la empresa y el poco aprovechamiento integral de la materta prima que hacen aumentar el desperdicio; las enfermedades simuladas que provocan un descanso de tres días o las visitas periodical al Seguro Social (...).
 
o Si algo no quedo bien ajustado pues "ai se va". Si la pintura está fresca pero urge el embarque, pues "ai se va". Si el logotipo de la compañía está chueco, pues "ai se va" (...).
 
Pero no sólo el "ai se va" es la norma para hacer las cosas en nuestras empresas, sino en adición a ello está el valemadrismo que no representa sino el más grande desprecio a la autoridad. Las cosas se hacen mal y a sabiendas de que no están bien hechas, cuando se reclama lo pésimo que resulto el trabajo surge la expresion de "me vale madre".
 
o En nuestro país nadie puede ir de prisa porque a las primeras de cambio tiene que detenerse esperando que algún irresponsable se disponga a cumplir la parte que le corresponde dentro del trabajo programado (...). "Es que no sabía", "es que me equivoque", "disculpe que le haya dado esto por aquello", "perdone pero se me olvido"; estas y otras frases son el pan nuestro de cada día y contra eso nada se puede hacer.
 
o "El ofrecer no empobrece, el cumplir es lo que aniquila" reza un refrán que encierra una gran verdad. En nuestro país todo el mundo ofrece, lo mismo el político que el empresario o el trabajador. "Te prometo que de aquí en adelante voy a..." es lo más común (...).
 
Esta falta de cumplimiento se refleja, después, en una cadena en donde por no cumplir uno no cumplen tampoco los demás de ahí que en nuestro país todo lleva su tiempo. "La cosa es calmada" ()
 
o La puntualidad nunca ha sido virtud del mexicano. Que algo salga una ocasión como se desea es una mera casualidad. Lo usual es que haya que esperar y esperar, virtud esta que hay que ejercitar una y otra vez hasta adquirir el hábito de la paciencia.