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Sociología Unidad II
Reglas

Las reglas del método sociológico
Durkheim, E
Capítulo I
¿Qué es un hecho social?
Se aplica el nombre de hecho social a casi todos los fenómenos que tienen lugar en la sociedad a condición de que presenten cierta generalidad y algún interés social.

La conciencia pública impide todo acto que la ofenda a través de la vigilancia que ejerce sobre la conducta de los ciudadanos y de las penas especiales de que dispone.

Tenemos entonces un orden de hechos que presentan características muy especiales: consisten en maneras de actuar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo y dotadas de un poder coercitivo en virtud del cual se imponen.

Como los ejemplos que acabamos de citar (reglas jurídicas, morales, dogmas religiosos, sistemas financieros etc) consisten en creencias y prácticas constituidas, según lo que precede podría creerse que sólo hay hecho social donde hay organización definida. Pero hay otros hechos que tienen el mismo ascendente sobre el individuo y la misma objetividad. Son las llamadas corrientes sociales. Somos víctimas de la ilusión de que las creamos nosotros cuando en realidad son exteriores a nosotros.

Toda educación es un esfuerzo continúo para imponer al niño maneras de sentir y actuar, a las que no hubiera llegado espontáneamente. Esa coacción deja de efectuarse porque el niño origina hábitos y tendencias internas. Según Spencer eso debería dejar de realizarse y dejar al niño en completa libertad. La educación tiene por objeto construir al ser social. Esa presión es ejercida por la sociedad a través de intermediarios como los los padres y los maestros.

No es la generalidad lo que establece un hecho social. Lo que lo constituye son las creencias, las tendencias, las prácticas del grupo tomado colectivamente, en cuanto a las formas que revisten los estados colectivos refractándose en los individuos con cosas de otra especie. Es un estado del grupo que se repite en los individuos porque se les impone. Está en cada una de las partes porque está en el todo y no en el todo porque está en todas las partes. Un sentimiento colectivo que estalla en un grupo humano no expresa simplemente lo que había de común entre todos los sentimientos individuales.

La sociología comprende un grupo determinado de fenómenos. Un hecho social se reconoce por el poder de coerción externa que ejerce o es susceptible de ejercer sobre los individuos y la presencia de ese poder se reconoce a su vez, ya sea en la existencia de alguna sanción determinada o en la resistencia que ese hecho opone a toda empresa individual que tienda a violarlo.

La coacción es fácil de establecer cuando se traduce exteriormente a través de alguna reacción de la sociedad, como es el caso para el derecho moral, las creencias, las costumbres, hasta las modas. Pero cuando es indirecta, como la que ejerce una organización económica no se hace notar tan fácilmente.

La sociología no puede desentenderse de lo que concierne al sustrato de la vida colectiva. Sólo es posible estudiar esta organización a través del derecho público, ya que este derecho el que la determina, así como determina nuestra vida doméstica. La estructura política de una sociedad es sólo la forma de la que los segmentos que la componen se han acostumbrado a convivir.

El nombre de morfológico lo reservaremos para los hechos sociales que conciernen al sustrato social, pero sólo a condición de no perder de vista que son de la misma naturaleza que los otros.

Hecho social es toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer una coacción exterior sobre el individuo; o bien, que es general en la extensión de una sociedad dada, conservando una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.

Capítulo II
Regla relativas a la observación de los hechos sociales

La primera regla es que los hechos sociales son cosas.

1.
La reflexión es anterior a la ciencia, siendo esta un reflejo de ella. El hombre ajusta sus conductas a las cosas que lo rodean. En lugar de observar las cosas, de escribirlas y compararlas, nos contentamos con tomar conciencia de nuestras ideas, analizarlas y combinarlas. En lugar de una ciencia de las realidades hacemos un análisis ideológico. Los conceptos no son sustitutos de las coas. Una representación de una cosa puede estar en condiciones de desempeñar útilmente este papel siendo teóricamente falsa. Ordenamos nuestro tiempo en base a ilusiones más allá de que la ciencia muestra la verdad acerca del movimiento de los astros. Las cosas sociales sólo se realizan a través de los hombres, son un producto de la actividad humana. Lo único que existe es pasible de ser observado, son sociedades particulares que nacen se desarrollan y mueren independientemente las unas de las otras.
Comte habla de desarrollo de las sociedades pero lo toma desde el punto de vista la humanidad.

Los moralistas no han llegado todavía a la sencillísima idea de que así como nuestra representación de las cosas sensibles vienen de las mismas cosas y las expresa más o menos exactamente, nuestra representación de lo moral viene del espectáculo mismo de las reglas que funcionan ante nuestro ojos y las representan esquemáticamente. Son estas reglas y no nuestra sumaria visión de ellas la que constituye la materia de las ciencia.

Stuart Mill dice que la economía política tiene por finalidad los hechos sociales que se producen en vistas de la adquisición de riquezas. Pero cuando se piensa en los innumerables hechos de que debe dar razón una teoría así, ¿cómo otorgar valor a los hechos presentados aisladamente al azar de la sugestión? Tanto en economía política como en moral la parte de la investigación científica está muy restringida, mientras que la del arte es preponderante. La ley de la oferta y la demanda es una lógica que en nada se parece a las leyes naturales. Las leyes naturales expresan como son las cosas y no como es bueno que sucedan.

Los fenómenos sociales son cosas y como tales deben ser tratados. Por lo tanto no se las puede alcanzar directamente sino a través de la realidad fenoménica que las expresa. Nos es preciso tomar los fenómenos sociales abstraídos de los sujetos conscientes que se los representan, hay que estudiarlos desde fuera como cosas exteriores.

La sociología nace cuando se puede considerar a los hechos sociales como externos y no desde el punto de vista de la conciencia que los experimenta.

2.
Reglas

1º Hay que descartar sistemáticamente las prenociones.
2º se debe definir el objeto de investigación.
3º Evitar
los datos sensibles que puedan derivar de la sensibilidad del observador y retener lo que presenten un grado de objetividad importante.

EMILE DURKHEIM: CAPITULO 1 "QUE ES UN HECHO SOCIAL?".

Un hecho social es toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer una coacción exterior sobre el individuo; o bien, que es general en la extensión de una sociedad dada; conservando una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.

Hechos sociales: orden de hechos que presentan características muy especiales. Consisten en maneras de actuar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo y dotadas de un poder coercitivo en virtud del cual se le imponen.
Lo que los constituye son las creencias, las tendencias, las prácticas del grupo tomado colectivamente.

Un hecho social es distinto de sus repercusiones individuales.

Los hechos sociales constituyen el dominio de la sociología. Solo comprende un grupo determinado de fenómenos. Un hecho social se reconoce por el poder de coerción externa que ejerce o es susceptible de ejercer sobre los individuos, y la presencia de ese poder se reconoce en la existencia de alguna sanción o en la resistencia que ese hecho opone a toda empresa que tienda a violarlo.

Real Sociedad

La construcción social de la realidad
Berger y Luckman
II. La sociedad como realidad objetiva
1. Institucionalización

a) organismo y actividad
Todos los animales no humanos viven en mundos cerrados cuyas estructuras están predeterminadas por el capital biológico de las diversas especies animales. El hecho de que el hombre en un lugar sea nómade y en el otro sedentario no puede explicarse en términos de procesos biológicos. La peculiaridad de la constitución biológica del hombre radica más bien en los componentes de sus instintos. La peculiaridad del organismo humano se basa en su desarrollo ontogenético. El proceso por el cual se llega a ser hombre se da por una interrelación con el ambiente.

El ser humano en proceso de desarrollo se interrelaciona no sólo con un ambiente natural determinado sino también con un orden cultural y social específico mediatizado para él por otros significantes a cuyo cargo se halla. No hay naturaleza humana en el sentido sustrato establecido biológicamente que determine la variabilidad de las formaciones socio-culturales. El hombre construye su naturaleza es decir que se construye a sí mismo.

Los mismos procesos sociales que determinan la plenitud del organismo producen el yo en su forma particular y culturalmente relativa y no se lo puede entender si se lo separa del contexto social en que se desarrolló. La experiencia que el hombre tiene de sí mismo oscila siempre entre tener un cuerpo y ser. Es una vinculación excéntrica. La autoproducción del hombre es una empresa social. El hombre es un ser social.

¿De donde deriva la estabilidad del orden humano que existe empíricamente? En primer lugar podemos decir que todo desarrollo individual del organismo está precedido por un orden social dado. En segundo lugar podemos decir que la apertura al mundo está siempre precedida por el orden social.

¿Cómo surge el orden social? El orden social es un producto humano realizado por el hombre en su continúa externalización. Aunque ningún orden social existente pueda derivar de datos biológicos, la necesidad del orden social surge del equipo biológico del hombre.

b) Orígenes de la institucionalización
Toda actividad humana está sujeta a la habituación. Todo acto que se repite con frecuencia, crea una pauta que luego puede reproducirse con economía de esfuerzos y que es aprendida como pauta por el que la ejecuta. Además, la habituación implica que la acción de que se trata puede volver a ejecutarse en el futuro de la misma manera y con idéntica economía de esfuerzos.

Las acciones habitualizadas retienen, por supuesto, su carácter significativo para el individuo, aunque los significados que entrañan llegan a incrustarse como rutinas en su depósito general de conocimiento que da por establecido y que tiene a su alcance para proyectos futuros. La habituación restringe las opciones. La habituación abre un primer plano a la deliberación y la innovación. Estos procesos de habituación preceden a toda institucionalización.

La institucionalización aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habitualizadas por tipos de actores. Toda tipificación de esa clase es una institucionalización. Las tipificaciones de las acciones habitualizadas que constituyen las instituciones, siempre se comparten, son accesibles a todos los integrantes de un determinado grupo social, y la institución misma tipifica tanto a los actores individuales como a las acciones individuales.

Las instituciones tienen una historia de la cual son productos. Es imposible entender una institucionalización sin entender el proceso histórico que la produjo. Las instituciones por el hecho mismo de existir, también controlan el comportamiento humano estableciendo pautas definidas de antemano que lo canalizan en una dirección determinada, en oposición a las muchas otras que podrían darse teóricamente. Decir que sector de actividad humana se ha institucionalizado ya es decir que ha sido sometido al control social.

En la experiencia concreta las instituciones se manifiestan generalmente en colectividades que abarcan grandes cantidades de gente. Si consideramos el factor más importante de socialización es el lenguaje. La biografía del individuo se entiende dentro de la historia objetiva de la sociedad. Las instituciones están fuera del individuo y resisten todo intento de cambio. El individuo debe salir para comprenderlas.

El proceso por el cual los productos externalizados de la actividad humana alcanzan el carácter de objetividad se llama objetivación. La relación entre el mundo y el hombre es dialéctica. Es decir interactúan. La externalización y la objetivación son momentos de un proceso dialéctico. El tercer momento es la internalización por la que mundo social objetivado vuelve a proyectarse en la conciencia humana durante la socialización.

Tres momentos dialécticos de la realidad social
1.
La sociedad es un producto humano
2. La sociedad es una realidad objetiva
3. El hombre es un producto social

Tradición

Sólo con la transmisión del mundo social a la nueva generación aparece verdaderamente la dialéctica social fundamental en su totalidad. Sólo al aparecer una nueva generación puede hablarse de mundo social. La nueva generación recibe la realidad más como tradición que como recuerdo biográfico y se les debe transmitir con diversas fórmulas de legitimación. Cuanto más se institucionaliza el comportamiento, más previsible y más controlado se vuelve.

La lógica de las instituciones no reside en las instituciones y sus funcionalidades externas sino en la manera como estas son tratadas cuando se reflexiva sobre ellas. Es decir que la conciencia reflexiva superpone la lógica al orden institucional. El lenguaje proporciona la superposición fundamental de la lógica al mundo social objetivado. Sobre el lenguaje se construye el edificio de legitimación, utilizándolo como instrumento principal. La lógica que así se le atribuye al orden institucional es parte del acopio de conocimiento socialmente disponible y que como tal se da por establecido.

Si la integración de un orden institucional puede entenderse sólo en términos del conocimiento que su miembros tiene de él, síguese de ello que el análisis de dicho conocimiento será esencial para el análisis del orden institucional en cuestión. El conocimiento primario con respecto al orden institucional se sitúa en el plano pre teórico: es la suma de lo que todo saben sobre un mundo social. Es un cuerpo de conocimiento que provee las reglas de comportamiento institucionalmente apropiadas.

Este conocimiento define los roles. El conocimiento relativo a la sociedad es pues una realización en doble sentido de la palabra: como aprehensión de la realidad social objetiva y como producción continua de esa realidad. Mediante este conocimiento se objetiva todo un sector del mundo social Este cuerpo de conocimientos se pasa a la siguiente generación. Se aprende como realidad objetiva y se internaliza como subjetiva.

c) sedimentación y tradición

La conciencia retiene solamente una pequeña parte de la totalidad de las experiencias humanas, parte que una vez retenida se sedimenta, vale decir, que esas experiencias quedan estereotipadas en el recuerdo como entidades reconocibles y memorables. Por medio del lenguaje las experiencias se vuelven transmisibles con facilidad y las vuelven accesibles en general y permite que se agreguen nuevos conocimientos. El lenguaje se convierte en depositario de una gran suma de sedimentaciones colectivas que se puede adquirir.

La transmisión del significado de una institución se basa en el reconocimiento social de aquella como solución permanente a un problema permanente de una colectividad dada. Los significados institucionales deben grabarse poderosamente en la la conciencia del individuo.

Los significados objetivados de la actividad institucional se conciben como un conocimiento y se transmiten como tales. Una parte de ese conocimiento. Se considera relevante a todos y otra sólo a ciertos tipos. Toda transmisión requiere cierta clase de aparato social vale decir que algunos individuos son receptores y otros transmisores.

Rolitos

d) Roles
La tipificación de las formas de acción requiere que éstas posean un sentido objetivo, lo que, a su vez, requiere una objetivación lingüística. Una acción y su sentido pueden aprehenderse aparte de su realización individual y de los procesos subjetivos variables asociados a ellos. El actor se identifica con las tipificaciones de comportamiento objetivadas socialmente in actu pero vuelve a ponerse a distancia de ellas cuando reflexiona posteriormente sobre su comportamiento.

Podemos hablar de roles cuando esta clase de tipificación aparece en el contexto de un cúmulo de conocimiento objetivizado, común a una colectividad de actores. Los roles son tipos de actores en dicho contexto. Se advierte que la construcción de tipologías de roles es un correlato necesario de la institucionalización del comportamiento. Las instituciones se encarnan en la experiencia individual por medio de los roles, los que objetivizados lingüísticamente, constituyen un ingrediente esencial del mundo objetivamente accesible para cualquier sociedad. Al desempeñar roles los individuos participan en un mundo social; al internalizar dichos roles, ese mismo mundo cobra realidad para ellos subjetivamente.

Cualquier realización de un rol concreto se refiere al sentido objetivo de la institución y, por ende, a las otras realizaciones de roles que la complementan, y al sentido de la institución en su conjunto. Los roles que representan simbólicamente el orden institucional total se han localizado las más de las veces en las instituciones políticas y religiosas.

e) Alcances y modos de institucionalización
¿Cuál es la dimensión del sector de actividad institucionalizada comparado con el que queda sin institucionalizar? Es obvio que en esta cuestión existe variabilidad histórica ya que las diferentes sociedades conceden un margen mayor o menor para acciones no institucionalizadas.

Es posible concebir una sociedad en la que la institucionalización sea total. En dicha sociedad, todos los problemas serán comunes, todas las soluciones para ellos serán objetivas socialmente y todas las acciones sociales estarán institucionalizadas.

La construcción

La construcción social de la realidad
Berger y Luckman
II. La sociedad como realidad subjetiva
1. Internalización de la realidad

a) Socialización primaria
La sociedad existe como realidad objetiva y subjetiva, cualquier compresión teórica adecuada de ella debe abarcar ambos aspectos. El proceso dialéctico que sucede consta de tres momentos: externalización, objetivación e internalización. Los tres momentos caracterizan simultáneamente a la sociedad. Estar en la sociedades participar de su dialéctica. El individuo nace con la predisposición hacia la sociedad y luego llega a ser miembro de ella. Es inducido a participar de esa dialéctica.

El punto de partida es la internalización o aprehensión o la interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo. La internalización constituye la base, primero para la comprensión de os propios semejantes y, segundo para la aprehensión del mundo en cuanto realidad significativa y social. En la forma compleja de internalización, yo no sólo comprendo los procesos subjetivos momentáneos del otro, comprendo el mundo en el que vive y ese mundo se vuelve mío. No sólo vivimos en el mismo mundo sino que participamos cada uno en el ser del otro. Cuando el individuo llega a este grado de internalización puede considerárselo miembro de la sociedad. Este es un proceso ontogenético.

La socialización primaria es la niñez hasta que el individuo se convierte en miembro de la sociedad. La socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializados a nuevos sectores del mundo objetivo de una sociedad. Todo individuo nace dentro de una estructura social objetiva en la cual encuentra a los otros significantes que están encargados de su socialización y que le son impuestos. El yo es una entidad reflejada, porque refleja las actitudes que primeramente adoptaron para con él los otros significantes, el individuo llega a ser lo que los otros significantes lo consideran.

Cuando el otro generalizado se ha cristalizado en la conciencia, se establece una relación simétrica entre la realidad objetiva y la subjetiva. Lo que es real por fuera se corresponde con lo que es real por dentro. El lenguaje es el vehículo principal de este proceso continuo de traducción en ambas direcciones. Esta simetría entre realidad objetiva y subjetiva no es total. Ningún individuo internaliza la totalidad de lo que se objetiva como realidad en su sociedad. La socialización primaria es más fuerte que la secundaria ya que se construye ahí el primer mundo del individuo. La socialización primaria finaliza cuando el concepto del otro generalizado se ha establecido en la conciencia del individuo.

b) socialización secundaria
La socialización secundaria es la internalización de submundos institucionales o basados sobre instituciones. Es la adquisición del conocimiento específico en roles, estando éstos directa o indirectamente arraigados en la división del trabajo. Mientras la socialización primaria no puede efectuarse sin la identificación con carga emocional del niño con sus otros significantes, la secundaria puede prescindir de ellos.

c) Mantenimiento y transformación de la realidad subjetiva
Como la internalización nunca se termina y los contenidos que la misma internaliza enfrentan continuas amenazas a su realidad subjetiva, toda sociedad viable debe desarrollar procedimientos de mantenimiento de la realidad para salvaguardar cierto grado de simetría entre la realidad objetiva y subjetiva. La realidad de la vida cotidiana se mantiene porque se concreta en rutinas, lo que constituye la esencia de la institucionalización.

2. Internalización y estructura social
La socialización siempre se efectúa en el contexto de una estructura social específica. El análisis micro-sociológico o socio-psicológico de los fenómenos de internalización debe siempre tener como trasfondo una comprensión macro-socilógica de sus aspectos estructurales.

Pinky y Cerebro

Obras Escogidas
Marx y Engels
Parte I
Feuerbach. Contraposición entre la
concepción materialista e idealista
2. Premisas de las que parte la interpretación materialista de la historia

La primera premisa es la existencia de seres humanos vivos. El primer estado real comprobable es, por lo tanto, la organización corporal de estos individuos y, como consecuencia de ello, su comportamiento hacia el resto de la naturaleza.

El hombre se diferencia de los animales en que comienza a producir sus medios de vida, paso que está condicionado por la organización corporal. Al producir sus medios de vida el hombre produce indirectamente su propia vida material. Esto depende de los medios naturales que se encuentran a su alcance en forma acabada y que pueden ser reproducidos.

Lo que los individuos son coincide con su producción tanto como con el modo en que lo producen. Lo que los hombres son depende de las condiciones materiales de su producción. Esta producción sólo aparece al multiplicarse la producción presuponiendo un intercambio entre los individuos que está determinado por la producción.

3. Producción e intercambio. División del trabajo y formas de propiedad: tribal, antigua y feudal.
Las relaciones entre una naciones y otras dependen de la extensión en que cada una de ellas haya desarrollado sus fuerzas productivas, la división del trabajo y el intercambio interno. El grado de desarrollo de la división del trabajo de una nación indica hasta donde se han desarrollado en ella sus fuerzas productivas.

La división del trabajo dentro de una nación se traduce, ante todo en la separación del trabajo industrial y comercial respecto del trabajo agrícola y con ello en la separación de la ciudad y del campo y en la contradicción de intereses de uno y otro. A su vez cada rama de trabajo se diversifica en sectores. Las posición que ocupan los distintos sectores está dada por el modo de explotación en el trabajo agrícola, industrial y comercial.

Las distintas etapas de desarrollo son distintas etapas de la propiedad. Cada etapa de la división del trabajo determina también las relaciones de los individuos entre sí, en lo que respecto al material, el instrumento y el producto del trabajo.

La primera forma de la propiedad es la propiedad de la tribu. La propiedad tribal presupone una gran cantidad de tierra sin cultivar. No hay desarrollo de la división de trabajo la cual es familiar. La organización social también es una ampliación del organización familiar. La esclavitud se va desarrollando incipientemente al crecer demográficamente la población y al aumentar el comercio, las guerras y el trueque.

La segunda forma de la propiedad está representada por la antigua propiedad comuna y estatal, que surge como resultado de la fusión de varias tribus para formar una ciudad y en la que sigue existiendo la esclavitud. Se desarrolla la propiedad privada junto a la comunal. Se va desarrollando la propiedad privada mobiliaria e inmobiliaria. Sólo como comunidad los ciudadanos del estado pueden ejercer su poder sobre os esclavos que trabajan para ellos, lo que de por sí los vincula a la forma de la propiedad comunal.

Es la propiedad privada en común de los ciudadanos activos del Estado, obligados con respecto a los esclavos a permanecer unidos en este tipo natural de asociación. Esto explica porque toda la organización de la sociedad apoyada en estas bases y con ella el poder del pueblo decaen a medida que va desarrollándose la propiedad privada inmobiliaria. La división del trabajo aparece ya más desarrollada. Nos encontramos con la contradicción entre la ciudad el campo. La relación de clases entre ciudadanos y esclavos ya ha adquirido su pleno desarrollo. Con el desarrollo de la propiedad privada, surgen las mismas relaciones con que nos encontraremos en la propiedad privada de los tiempos modernos.

La tercera forma de propiedad es la propiedad Feudal o propiedad estamental. Así como la antigüedad partía de la ciudad, la edad medieval partí del campo. La agricultura debilitada, la industria languidecía, el comercio cayó en un sopor y la población urbana y rural decreció. Estos factores más la influencia del ejército germánico hicieron que se desarrollara la propiedad Feudal. La nobleza tenía poder sobre los siervos, era una asociación frente a la clase productora dominada.

A esta sociedad feudal de los señores le correspondía la asociación de artesanos en las ciudades. Allí la propiedad era el trabajo de cada uno. La necesidad de asociarse para hacer frente a la sociedad de Señores. Surgieron los gremios. Se desarrollaron las clases de maestros y aprendices.

Entonces en el campo estaban los propietarios y los siervos, en las ciudades estaban por un lado los pequeños capitales y por el otro los oficiales y los gremios. Al frente de la organización de la clase dominante figura un monarca.

4, Esencia de la interpretación materialista de la historia. Ser social y conciencia social.
Determinadas individuos que como productores, actúan de un modo determinado, establecen entre sí relaciones social y políticas determinadas. La observación empírica necesariamente debe poner de relieve la conexión existente entre la organización política y social y la producción. Allí donde termina el pensamiento especulativo, en la vida real comienza la ciencia real y positiva, la exposición de la acción práctica, del proceso práctico de desarrollo de los hombres.

Parte II.

1. Condiciones de la verdadera liberación de la gente
La liberación del hombre no puede llevarse a cabo en el mundo real que por medios reales. No se puede liberar a la gente sin tener garantizada la producción de bienes. La liberación es un problema histórico y no mental y conducen a ella las relaciones históricas, el estado de la industria, el comercio, la agricultura, el intercambio

2. Crítica del carácter contemplativo y de la inconsecuencia del materialismo de Feurerbach.

Para el materialismo práctico, es decir, para el comunista, de lo que se trata, es de revolucionar el mundo existente. La concepción de Feurerbach del mundo sensible se limita, por un aparte, a su mera contemplación y, por otra parte, a la mera sensación.

3. Relaciones históricas primitivas o aspectos fundamentales de la actividad social: producción de medios de vida, surgimiento de nuevas necesidades, producción de los hombres (familia, intercambio, conciencia)
La primera premisa de toda existencia humana y por consiguiente de toda la historia es que los hombres, para hacer historia se hallen en condiciones de poder vivir.

El primer hecho histórico
es, por consiguiente la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades.

El segundo hecho es que la satisfacción de esta primera necesidad, la acción de satisfacerla y la adquisición del instrumento necesario para eso conduce a nuevas necesidades y esta creación de nuevas necesidades constituye el primer hecho histórico.

El tercer factor que interviene desde el comienzo en el desarrollo histórico es que los hombres que renuevan diariamente su propia vida comienzan al mismo tiempo a crear otros hombres. Se constituye la familia. Es la primera relación social y más tarde cuando aumentan los hombres y se crean nuevas relaciones sociales pasa a ser secundaria.

Estos tres aspectos de la actividad social no son tres etapas separadas sino que son momentos. La producción de la vida, tanto de l apropia en el trabajo, como de la ajena en la procreación, se manifiesta inmediatamente como una doble relación social, en el sentido de que se entiende como una cooperación de distintos individuos. De esto se desprende que un modo de producción determinado lleva siempre aparejado un modo de cooperación determinado. Modo de cooperación que una fuerza productiva. Por ello la historia del hombre debe siempre asociarse a la historia de la industria y el intercambio. Se manifiesta por lo tanto una conexión materialista de los hombres entre sí.

Sólo ahora, después de haber considerado cuatro momentos, cuatro aspectos de las relaciones históricas originarias, tomamos en consideración que el hombre tiene también conciencia. Solamente ahora, después de haber considerado ya cuatro momentos, cuatro aspectos de las relaciones originarias históricas, caemos en la cuenta de que el hombre tiene también «conciencia».

Pero, tampoco ésta es desde un principio una conciencia «pura». El «espíritu» hace ya tratado con la maldición de estar «preñado» de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir también para mí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios de relación con los demás hombres. Donde existe una actitud, existe para mí, pues el animal no tiene «actitud» ante nada ni, en general, podemos decir que tenga «actitud» alguna. Para el animal, sus relaciones con otros no existen como tales relaciones. La conciencia, por tanto, es ya de antemano un producto social, y lo seguirá siendo mientras existan seres humanos.

La conciencia es, en principio, naturalmente, conciencia del mundo inmediato y sensorio que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas, fuera del individuo consciente de sí mismo; y es, al mismo tiempo, conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta al hombre como un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable, ante el que la actitud de los hombres es puramente animal y al que se someten como el ganado; es, por tanto, una conciencia puramente animal de la naturaleza (religión natural).

Esta conciencia gregaria o tribal se desarrolla y se perfecciona después, al aumentar la productividad, al incrementarse las necesidades y al multiplicarse la población, que es el factor sobre que descansan los dos anteriores. A la par con ello se desarrolla la división del trabajo, que originariamente no pasaba de la división del trabajo en el acto sexual y, más tarde, de una división del trabajo espontáneo o introducida de un modo «natural» en atención a las dotes físicas (por ejemplo, la fuerza corporal), a las necesidades, a las coincidencias fortuitas, etc., etc. La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el trabajo material y el mental.

4. La división social del trabajo y sus consecuencias: la propiedad privada, el Estado, la «enajenación» de la actividad social

Con la división del trabajo, que lleva implícitas todas estas contradicciones y que descansa, a su vez, sobre la división natural del trabajo en el seno de la familia y en la división de la sociedad en diversas familias opuestas, se da, al mismo tiempo, la distribución y, concretamente, la distribución desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido.

La esclavitud, todavía muy rudimentaria, ciertamente, latente en la familia, es la primera forma de propiedad, que, por lo demás, ya aquí corresponde perfectamente a la definición de los modernos economistas, según la cual es el derecho a disponer de la fuerza de trabajo de otros. Por lo demás, división del trabajo y propiedad privada son términos idénticos: uno de ellos dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de ésta.

La división del trabajo lleva aparejada, además, la contradicción entre el interés del individuo concreto o de una determinada familia y el interés común de todos los individuos relacionados entre sí, interés común que no existe, ciertamente, tan sólo en la idea, como algo «general», sino que se presenta en la realidad, ante todo, como una relación de mutua dependencia de los individuos entre quienes aparece dividido el trabajo.

Precisamente por virtud de esta contradicción entre el interés particular y el interés común, cobra este último, en cuanto Estado una forma propia e independiente, separada de los reales intereses particulares y colectivos y, al mismo tiempo, una forma de comunidad ilusoria, pero siempre sobre la base real de los vínculos existentes, dentro de cada conglomerado familiar y tribal, tales como la carne y la sangre, la lengua, la división del trabajo en mayor escala y otros intereses y, sobre todo, como más tarde habremos de desarrollar, a base de los intereses de las clases, ya condicionadas por la división del trabajo, que se forman y diferencian en cada uno de estos conglomerados humanos y entre las cuales hay siempre una que domina sobre todas las demás.

De donde se desprende que todas las luchas que se libran dentro del Estado, la lucha entre la democracia, la aristocracia y la monarquía, la lucha por el derecho de sufragio, etc., no son sino las formas ilusorias bajo las que se ventilan las luchas reales entre las diversas clases. Y se desprende, asimismo, que toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque ésta, como ocurre en el caso del proletariado, condicione en absoluto la abolición de toda la forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar, a su vez, su interés como interés general, cosa que en el primer momento se ve obligada a hacer.

Por otra parte, la lucha práctica de estos intereses particulares que constantemente y de un modo real se oponen a los intereses comunes o que ilusoriamente se creen tales, impone como algo necesario la interposición práctica y el refrenamiento por el interés «general» ilusorio bajo la forma del Estado.

En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le viene impuesto y del que no puede salirse Esta plasmación de las actividades sociales, esta consolidación de nuestro propio producto en un poder material erigido sobre nosotros, sustraído a nuestro control, que levanta una barrera ante nuestra expectativa y destruye nuestros cálculos, es uno de los momentos fundamentales que se destacan en todo el desarrollo histórico anterior. El poder social, es decir, la fuerza de producción multiplicada, que nace por obra de la cooperación de los diferentes individuos bajo la acción de la división del trabajo, se les aparece a estos individuos, por no tratarse de una cooperación voluntaria, sino espontánea, no como un poder propio, asociado, sino como un poder ajeno, situado al margen de ellos, que no saben de dónde procede ni a dónde se dirige y que, por tanto, no pueden ya dominar, sino que recorre, por el contrario, una serie de fases y etapas de desarrollo peculiar e independiente de la voluntad y los actos de los hombres y que incluso dirige esta voluntad y estos actos.

5. Desarrollo de las fuerzas productivas como premisa material del comunismo. Con esta «enajenación», para expresarnos en términos comprensibles para los filósofos, sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder «insoportable», es decir, en un poder contra el que hay que hacer la revolución, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente «desposeída» y, a la par con ello, en contradicción con un mundo de riquezas y de educación, lo que presupone, en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al misma tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la existencia puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior; y, además, porque sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa «desposeída» se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos histórico-universales, empíricamente universales, en vez de individuos locales.

Sin esto,
1) el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local,
2) las mismas potencias de relación no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples «circunstancias» supersticiosas de puertas adentro.
3) toda ampliación de la relación acabaría con el comunismo local. El comunismo, empíricamente, sólo puede darse como la acción «coincidente» o simultánea de los pueblos dominantes, lo que presupone el desarrollo universal de las fuerzas productivas y el intercambio universal que lleva aparejado.

Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente.

6. Conclusiones de la concepción materialista de la historia: continuidad del proceso histórico, transformación de la historia en historia universal, necesidad de la revolución comunista.

La historia no es sino la sucesión de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas de producción transmitidas por cuantas la han precedido; es decir, que, de una parte, prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que, de otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, lo que podría tergiversarse especulativamente, diciendo que la historia posterior es la finalidad de la que la precede.

Cuanto más se extienden, en el curso de esta evolución, los círculos concretos que influyen los unos en los otros, cuanto más se destruye el primitivo encerramiento de las diferentes nacionalidades por el desarrollo del modo de producción, del intercambio y de la división del trabajo que ello hace surgir por vía espontánea entre las diversas naciones, tanto más la historia se convierte en historia universal, y así vemos que cuando, por ejemplo, se inventa hoy una máquina en Inglaterra, son lanzados a la calle incontables obreros en la India y en China y se estremece toda la forma de existencia de estos Estados, lo que quiere decir que aquella invención constituye un hecho histórico-universal.


Resumiendo, obtenemos de la concepción de la historia que dejamos expuesta los siguientes resultados:

1) En el desarrollo de las fuerzas productivas se llega a una fase en la que surgen fuerzas productivas y medios de intercambio que, bajo las relaciones existentes, sólo pueden ser fuente de males, que no son ya tales fuerzas productivas sino más bien fuerzas destructivas (maquinaria y dinero); y, a la vez, surge una clase condenada a soportar todos los inconvenientes de la sociedad sin gozar de sus ventajas, que se ve expulsada de la sociedad y obligada a colocarse en la más resuelta contradicción con todas las demás clases; una clase que forma la mayoría de todos los miembros de la sociedad y de la que nace la conciencia de que es necesaria una revolución radical, la conciencia comunista, conciencia que, naturalmente, puede llegar a formarse también entre las otras clases, al contemplar la posición en que se halla colocada ésta.

2) que las condiciones en que pueden emplearse determinadas fuerzas productivas son las condiciones de la dominación de una determinada clase de la sociedad, cuyo poder social, emanado de su riqueza, encuentra su expresión idealista-práctica en la forma de Estado imperante en cada caso, razón por la cual toda lucha revolucionaria va necesariamente dirigida contra una clase, la que ha dominado hasta ahora.

3) que todas las anteriores revoluciones dejaban intacto el modo de actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de ésta, una nueva distribución del trabajo entre otras personas, al paso que la revolución comunista va dirigida contra el carácter anterior de actividad, elimina el trabajo y suprime la dominación de todas las clases, al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la actual sociedad.

4) que, tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución; y que, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases.

7. Resumen de la concepción materialista de la historia.
Esta concepción de la historia consiste, pues, en exponer el proceso real de producción, partiendo para ello de la producción material de la vida inmediata, y en concebir la forma de intercambio correspondiente a este modo de producción y engendrada por él, es decir, la sociedad civil en sus diferentes fases como el fundamento de toda la historia, presentándola en su acción en cuanto Estado y explicando a base de él todos los diversos productos teóricos y formas de la conciencia, la religión, la filosofía, la moral, etc., así como estudiando a partir de esas premisas su proceso de nacimiento, lo que, naturalmente, permitirá exponer las cosas en su totalidad (y también, por ello mismo, la interdependencia entre estos diversos aspectos). Esta concepción, a diferencia de la idealista, no busca una categoría en cada período, sino que se mantiene siempre sobre el terreno histórico real, no explica la práctica partiendo de la idea, sino explica las formaciones ideológicas sobre la base de la práctica material, por lo cual llega, consecuentemente, a la conclusión de que todas las formas y todos los productos de la conciencia no pueden ser destruidos por obra de la crítica espiritual, mediante la reducción a la «autoconciencia» o la transformación en «fantasmas», «espectros», «visiones» , etc, sino que sólo pueden disolverse por el derrocamiento práctico de las relaciones sociales reales, de las que emanan estas quimeras idealistas; de que la fuerza propulsora de la historia, incluso la de la religión, la filosofía, y toda teoría, no es la crítica, sino la revolución. Esta concepción revela que la historia no termina disolviéndose en la «autoconciencia», como el «espíritu del espíritu», sino que en cada una de sus fases se encuentra un resultado material, una suma de fuerzas productivas, una actitud históricamente creada de los hombres hacia la naturaleza y de los unos hacia los otros, que cada generación transfiere a la que le sigue, una masa de fuerzas productivas, capitales y circunstancias, que, aunque de una parte sean modificados por la nueva generación, dictan a ésta, de otra parte, sus propias condiciones de vida y le imprimen un determinado desarrollo, un carácter especial; de que, por tanto, las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que éste hace a las circunstancias.

8. Inconsistencia de toda la concepción anterior, idealista de la historia, sobre todo de la filosofía alemana posthegeliana
Toda la concepción histórica, hasta ahora, ha hecho caso omiso de esta base real de la historia, o la ha considerado simplemente como algo accesorio, que nada tiene que ver con el desarrollo histórico. Esto hace que la historia se escriba siempre con arreglo a una pauta situada fuera de ella; la producción real de la vida se revela como algo prehistórico, mientras que lo histórico se manifiesta como algo separado de la vida usual, como algo extra y supraterrenal. De este modo, se excluye de la historia la actitud de los hombres hacia la naturaleza, lo que engendra la oposición entre la naturaleza y la historia. Por eso, esta concepción sólo acierta a ver en la historia los grandes actos políticos y las acciones del Estado, las luchas religiosas y las luchas teóricas en general, y se ve obligada a compartir, especialmente, en cada época histórica, las ilusiones de esta época. Por ejemplo, si una época se imagina que se mueve por motivos puramente «políticos» o «religiosos», a pesar de que la «religión» o la «política» son simplemente las formas de sus motivos reales, el historiador de la época de que se trata acepta sin más tales opiniones.

9. Crítica suplementaria de Feuerbach y de su concepción idealista de la historia.
De estas consideraciones se desprende, asimismo, cuán equivocado está Feuerbach cuando (en la "Wigand's Vierteljahrsschrift", 1845, vol. 2) se declara comunista al calificarse como «hombre común», convirtiendo esta cualidad en un predicado «del Hombre» y creyendo, por tanto, reducir de nuevo a una mera categoría la palabra «comunista», que en el mundo existente designa a los secuaces de un determinado partido revolucionario. Toda la deducción de Feuerbach en lo tocante a las relaciones entre los hombres tiende simplemente a demostrar que los hombres se necesitan los unos a los otros y siempre se han necesitado. Quiere establecer la conciencia, en torno a este hecho; aspira, pues, como los demás teóricos, a crear una conciencia exacta acerca de un hecho existente, mientras que lo que al verdadero comunista le importa es derrocar lo que existe.

Parte III

1. La clase dominante y la conciencia dominante. Cómo se ha formado la concepción hegeliana de la dominación del espíritu en la historia.
Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación.

Ahora bien, si, en la concepción del proceso histórico, se separan las ideas de la clase dominante de esta clase misma; si se las convierte en algo aparte e independiente; si nos limitamos a afirmar que en una época han dominado tales o cuales ideas, sin preocuparnos en lo más mínimo de las condiciones de producción ni de los productores de estas ideas; si, por tanto, damos de lado a los individuos y a las situaciones universales que sirven de base a las ideas, podemos afirmar, por ejemplo, que en la época en que dominó la aristocracia imperaron las ideas del honor, la lealtad, etc., mientras que la dominación de la burguesía representó el imperio de las ideas de la libertad, la igualdad, etc. Así se imagina las cosas, por regla general, la propia clase dominante. Esta concepción de la historia, que prevalece entre todos los historiadores desde el siglo XVIII, tropezará necesariamente con el caso de que imperan ideas cada vez más abstractas, es decir, que se revisten cada vez más de la forma de lo general.

En efecto, cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de la universalidad, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta. La clase revolucionaria aparece en un principio, ya por el solo hecho de contraponerse a una clase, no como clase, sino como representante de toda la sociedad, como toda la masa de la sociedad, frente a la clase única, a la clase dominante.

Y puede hacerlo así, porque en los comienzos su interés se armoniza realmente todavía más o menos con el interés común de todas las demás clases no dominantes y, bajo la opresión de las relaciones existentes, no ha podido desarrollarse aún como el interés específico de una clase especial. Su triunfo aprovecha también, por tanto, a muchos individuos de las demás clases que no llegan a dominar, pero sólo en la medida en que estos individuos se hallen ahora en condiciones de elevarse hasta la clase dominante. Cuando la burguesía francesa derrocó el poder de la aristocracia, hizo posible con ello que muchos proletarios se elevasen por encima del proletariado, pero sólo los que pudieron llegar a convertirse en burgueses. Por eso, cada nueva clase instaura su dominación siempre sobre una base más extensa que la dominante con anterioridad a ella, lo que, a su vez, hace que, más tarde, se ahonde y agudice todavía más la oposición entre la clase no dominante y la dominante ahora. Y ambos factores hacen que la lucha que ha de librarse contra esta nueva clase dominante tienda, a su vez, a una negación más resuelta, más radical de los estados sociales anteriores de la que pudieron expresar todas las clases que anteriormente habían aspirado al poder. Por tanto, todo el truco que consiste en demostrar el alto imperio del espíritu en la historia (de la jerarquía, en Stirner) se reduce a los tres esfuerzos siguientes:

Nº 1. Desglosar las ideas de los individuos dominantes, que dominan por razones empíricas, bajo condiciones empíricas y como individuos materiales, de estos individuos dominantes, reconociendo con ello el imperio de las ideas o las ilusiones en la historia.

Nº 2. Introducir en este imperio de las ideas un orden, demostrar la existencia de una conexión mística entre las ideas sucesivamente dominantes, lo que se logra concibiéndolas como «autodeterminaciones del concepto» (lo que es posible porque estas ideas, por medio del fundamento empírico sobre que descansan, forman realmente una conexión y porque, concebidas como meras ideas, se convierten en autodistinciones, en distinciones establecidas por el propio pensamiento).

Nº 3. Para eliminar la apariencia mística de este «concepto que se determina a si mismo», se lo convierte en una persona, «Autoconciencia» o, si se quiere aparecer como muy materialista, en una serie de personas representantes del «concepto» en la historia, en los «pensadores», los «filósofos», los ideólogos, concebidos a su vez como los productores de la historia, como el «Consejo de los Guardianes», como los dominantes. Con lo cual habremos eliminado de la historia todos los elementos materialistas y podremos soltar tranquilamente las riendas al potro especulativo.

La Mercancía.
Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor.
(Sustancia y magnitud del valor)
La riqueza de las nacionesse expresa en mercancías atendiendo a su calidad y cantidad.
La utilidad de un objeto lo convierte en valor de uso.
Valor de cambio: a primera vista es una relación cuantitativa; proporción en que se cambio un valor de uso de una clase por otro.
Si prescindimos del valor de uso, sólo conservaremos una cualidad: ser producto del trabajo.

Valor de cambio: materialización de trabajo humano abstracto.
Magnitud de valor: cantidad de trabajo socialmente necesario ... para su producción. Por lo tanto cambia al cambiar la productividad, la materia prima, los instrumentos de producción y la capacidad del trabajador.

Doble carácter del trabajo representado por la mercancía.
Productor en el mismo acto de valor de uso y de valor de cambio.

La forma del valor o valor de cambio.
Valor de mercancía: relación de valor entre dos mercancías, donde la primera funciona como forma relativa del valor y la segunda como forma equivalente.

Forma simple, concreta o fortuita de valor.
Los dos polos de la expresión del valor: forma relativa del valor y forma equivalencial.

La forma relativa del valor.
Contenido de la forma relativa del valor.

Valor de una mercancía se expresa en el valor de uso de otra; por ser conmensurables y comparables son reducidas a la misma unidad.
Determinabilidad cuantitativa de la forma relativa del valor.

La forma equivalencial.
La posibilidad de cambiarse directamente por otra mercancía.
No encierra ninguna determinación cuantitativa de valor... el valor de uso se convierte en forma o expresión de su antítesis, o sea del valor.

Trabajo concreto se convierte en expresión de trabajo humano abstracto. El trabajo privado pasa a ser trabajo social.

La forma simple del valor, vista de conjunto.
"Sólo en una época histórica dada de progreso, aquella que ve en el trabajo invertido para producir un objeto de uso una propiedad "materializada" de este objeto o sea su valor, se convierte el producto del trabajo en una mercancía".

ISSN 1853-5593
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Proverbio árabe:
Cree en Alá...
... pero ata tu camello...